RETOMAR LO QUE UN DÍA SE PARÓ

Reconozco que son abrumadoras las noticias que leo cada día sobre la situación de la pandemia en México. Están pasando por el peor momento. Aquí lo vivimos no hace tanto, aunque a juzgar por determinadas situaciones que se ven por la calle da la sensación que muchos se han olvidado de lo sucedido… Todos deberíamos ser conscientes de que la precaución tiene que ser nuestra compañera durante un tiempo. “Más vale prevenir que curar” dice el refrán. Eso sí, ésta no está reñida con que podamos disfrutar de todo lo que nos hemos privado en los últimos meses. La fase uno de la desescalada ya es historia, y ahora el panorama es muy diferente. Quizás, con el verano a la vuelta de la esquina, las ansias por movernos y las vacaciones rondando por nuestra mente, perdamos la perspectiva de la “nueva normalidad” que tanto nos han vendido. La mascarilla, nos guste o no, ha venido para quedarse un tiempo. ¿Cuánto? No lo sé, pero incorporarla a nuestra rutina cuanto antes es, simplemente, algo que nos beneficia a todos. Hemos pasado mucho como para retroceder al punto de partida.

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7 de marzo en el Wanda Metropolitano

Un punto de partida que muchos tienen marcado en el calendario. Oficialmente, el estado de alarma comenzó el quince de marzo aunque antes de esa fecha hubo días críticos. Vivíamos pensando que no era nada, porque así nos lo habían hecho creer y, de repente, el coronavirus nos dio una bofetada que nos bajó de la nube en la que estábamos. Wuhan nos parecía muy lejano y de lo de Italia ya ni hablamos. Yo pasé de estar en el Wanda Metropolitano viendo al Atleti contra el Sevilla, a verme en casa sin poder salir. Aquel partido será difícil de olvidar por muchos motivos. Por una parte, lo disfruté al máximo. Animé a los míos como se merecen, sufrí con los penaltis y, lo más importante, cumplí la tradición de ir con mi padre, una temporada más, a nuestra casa futbolísticamente hablando. En cambio, por otra parte, ahí empezó a palparse que algo iba a pasar. Cuesta asumir que los planes, a veces, hay que cancelarlos sobre todo cuando está en juego la salud de las personas. Lo que vino después es de sobra conocido, pero lo que viene ahora lo vamos descubriendo a medida que pasan los días. Quizás, muchas personas nunca hayan vivido con la incertidumbre, pero vivir el presente es esto. No hacer planes. De hecho, los ingredientes de la “nueva normalidad” se van conociendo por días, a pesar de las muchas rectificaciones institucionales. Acostumbrarse a lo nuevo es lo que nos toca, aunque sea por un tiempo. De hecho, y ya que he hablado del Atleti, es un placer saber que los de Simeone vuelven a saltar al terreno de juego en San Mamés. No habrá público, pero sí una afición que arropará a los suyos esté donde esté. No serán partidos fáciles porque el fútbol necesita a sus hinchas y más si hablamos del Atlético de Madrid. Aún así, es el momento de mostrar el auténtico coraje y corazón que nos abandera porque en la situaciones difíciles es dónde se demuestra la fortaleza de uno mismo. Y si algo me ha enseñado el Atleti es que es capaz de hacer lo imposible en situaciones muy complicadas. No olvidemos, por ejemplo, lo que pasó en Anfield… La memoria es selectiva, y hay que quedarse con lo mejor para afrontar el futuro que nos espera con optimismo y valentía. Ahora, no hablo de fútbol, hablo de la vida.

Por eso, concluyo tarareando a un gran colchonero, Dani Martín, que pronto estará por México: “Que bonita la vida /Cuando baila su baile / Que se vuelve maldito /Cuando cambia de planes /Ahora juega contigo /Otras tantas comparte /Que bonita la vida /Y tan bonita es / Que a veces se despista…” No nos despistemos con tonterías, afrontemos el presente que es lo único que tenemos seguro.

Jimena Bañuelos 

Enlace al artículo de El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12865/retomar-lo-que-un-dia-se-paro

LA REALIDAD

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Mi columna para El Valle de México

Junio está recién estrenado y con él llega el esperado verano. A estas alturas otros años ya estaba más que planificada la estación estival, pero el 2020 ha querido que la incertidumbre dejara en el aire todos nuestros planes. Las cancelaciones de festivales, de conciertos, de viajes… empezaron en marzo y todos los eventos de ocio se fueron cayendo de los calendarios, uno tras otro, como si de fichas de un dominó se tratasen. Lógicamente el que inició el proceso fue un virus desconocido que, día a día, fue mostrando su letalidad y capacidad para propagarse. Con él llegó el estado de alarma, una alarma que nos llenó a todos de preguntas, de dudas, de miedo, en definitiva, nos llenó de una fragilidad que hasta entonces una gran mayoría desconocía sobre sí misma. Es cierto que los meses han pasado y ahora todo se ve de otra manera. La memoria es selectiva y, quizás, quiera borrar de nuestra mente las duras imágenes que hemos visto. Ese pasado está demasiado cerca como para obviar lo que supondría no respetar las reglas básicas en el momento en el que nos encontramos.

Ahora, salimos a la calle, nos sentamos en las terrazas, volvemos a entrar en las tiendas; pero hay demasiados matices que demuestran que no es la normalidad de antes. Posiblemente tener precaución sea lo más sensato, porque hemos pasado de no poder hacer nada a de repente querer abarcar en poco tiempo lo que no hemos podido hacer en meses. La primavera confinada nos ha dejado unos recuerdos difíciles de entender ya que nadie creía que podía vivir una situación tan terrible cómo la que hemos pasado. El verano pide paso para marcar un antes y un después. Sin duda, en la noche de San Juan, si se pudiera celebrar, se quemarían los peores momentos de este año. Seguro que no nos costaría encontrar ese momento en el que el confinamiento se nos puso cuesta arriba. Esa mágica noche llega también cargada de deseos. Obviamente, hay que pensar que lo mejor está por llegar. Ojalá sea en forma de vacuna y que ésta marque el final de esta pesadilla. También puede tener la forma de un abrazo, de una caricia, en definitiva, una muestra de los sentimientos que han sido retenidos durante más de una cuarentena.

Junio marca el ecuador de un año que prometía ser muy diferente. Los “felices años veinte” no tienen nada que ver con lo que hemos pasado hasta ahora. El 2020 pasará a la historia escrito en riguroso luto porque han sido muchos los que han perdido a un ser querido. Por mucho que mejore en los próximos meses, si es que lo hace, nada vale más que una vida. Así de dura es la realidad. No obstante, hay que seguir viviendo porque hemos visto lo efímero que es el presente. John Lennon aseguró que “lo que importa no es pensar en el pasado ni en el futuro. Lo importante es cargar con el ahora.” Un ahora en el que vamos avanzando de fases para encauzar el verano. Nos podemos permitir hacer algunos planes a corto plazo porque, por desgracia, la incertidumbre sigue con nosotros al igual que el virus. Aún así, hay que ser optimistas y apoyar a los científicos que están buscando la anhelada vacuna para inmunizarnos del enemigo común, el cual, ha traspasado muchas fronteras.

Mientras tanto, no olvidemos que la vida continúa. El escritor francés, Gustave Flaubert dijo: “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”. En definitiva, ¡vivamos! porque día que pasa, día que no vuelve.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12654/la-realidad

ALGO IRRENUNCIABLE: MIS PRINCIPIOS

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Mi columna para El Valle de México

Es cierto que vamos avanzando y restando días para que todo esto acabe, pero la incertidumbre nos impide marcar en el calendario la fecha señalada. No hay que perder el tiempo cuestionándose cuándo llegará el día puesto que todo dependerá de muchos factores y, por desgracia, eso no está en nuestras manos; aunque me reitero en afirmar que el sentido común tiene que ser fundamental. No importa en qué fase nos encontremos porque sólo con él podemos ir rebajando las cifras que tanto nos atormentan. Hablar de repunte pone los pelos de punta, pero no hay que olvidar que el virus sigue con nosotros y, por eso, no hay que bajar la guardia. Llevamos mucho ganado y no es momento de tirarlo todo por tierra. Ni un paso atrás es la mejor actitud y aunque el cansancio, la agonía, el estrés y hasta la ansiedad quieran batir nuestras fuerzas, pensar en los abrazos, las celebraciones y los momentos que nos esperan con nuestros seres queridos son la mejor motivación para no venirnos abajo.

Cuento los días que llevo de confinamiento, pero cuento también los días para ir recuperando la normalidad, pero no “la nueva normalidad” que nos vendió el presidente del Gobierno sino la normalidad que tenía antes de que todo comenzara. Sé que ésta tardará algo más, pero estoy convencida de que llegará. Ahora, quizás, eso sea un sueño pero siempre he creído que los sueños se convierten en realidad si se trabaja por ellos. No va a ser fácil, pero no es imposible siempre y cuando todos rememos en la misma dirección. Anhelo esa libertad que abanderaba mi vida. La misma que me permitía disfrutar de ella según “me lo pedía el cuerpo”. No había horarios, ni condiciones, ni fases, ni medidas absurdas… Simplemente, había unos principios que siguen siendo irrenunciables para mí, un sentido común inalterable y una única verdad: la vida está para vivirla extrayendo todo su meollo. ¡Ojo! Esto no quiere decir que ahora no lo esté haciendo porque hasta del confinamiento se aprende y mucho. En las situaciones complicadas descubres cosas de ti que ni tú mismo conocías, las cuales, también son importantes. No os contaré mis secretos porque desde que la vida me cambió hace catorce años, cada día descubro algo nuevo en mí. De hecho, cuando vives de regalo ya nada vuelva a ser como antes.

Eso sí, puedo confesar que este confinamiento me ha demostrado que entre fogones no me desenvuelvo mal, que me he puesto al día en las series que tenía pendientes de ver, que la lectura combate el aburrimiento acortando las horas mientras te adentras en grandes historias y, sobre todo, me ha reafirmado algo que ya tenía claro: Necesito muy poco para ser feliz. Lógicamente, cada persona es un mundo, y por eso, las críticas banales caen en saco roto, porque en mi mundo gobierno yo. De hecho, no necesito palabrerías ajenas porque, insisto, el sentido común y una personalidad forjada por el trabajo, la lucha, el esfuerzo, y obviamente, la vida, me han demostrado que el tiempo es uno de mis bienes más preciados. Por eso,  no tengo tiempo que perder ante quien no se lo merece, y en estos momentos, los políticos y sus ruedas de prensa vacías de contenidos sensatos son un claro ejemplo. Saldremos de esta situación, no lo dudo, pero muchos no podrán mirar a los ojos a quienes han mentido. Ya dijo Fiodor Dostoievski: “El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a un punto en que no puede distinguir la verdad dentro de él, y por tanto, pierde todo respeto por sí mismo y por los demás.”

Ahí lo dejo y si alguien se da por aludido, no es mi problema, sino el suyo.

 

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12061/algo-irrenunciable-mis-principios

ANTE LA NUEVA FASE: SENTIDO COMÚN

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Mi columna para  El Valle de México

Y llegó el día de salir a la calle. El día que muchos estaban esperando ya que el confinamiento empezaba a ponerse cuesta arriba. ¿A quién le importan las fases que ha marcado el gobierno? Sinceramente, a muy pocos. Ni siquiera he intentando entenderlas porque todo dependerá de cómo vayan evolucionando los datos. Eso sí, los chistes parodiando las fases como si de las “partes contratantes” de los famosos hermanos Marx se tratasen no tienen precio. La verdad es que durante este tiempo de aislamiento el sentido del humor se ha mantenido porque las declaraciones de los diferentes ministros han dado mucho juego y me temo que lo seguirán haciendo.

A estas alturas y después de haber perdido la cuenta de los días que llevo en mi casa, me sé los horarios en los que puedo salir a hacer deporte, a caminar o a lo que me plazca, porque nadie me puede obligar a que mi corazón marque determinadas pulsaciones. Demasiado hemos aguantado ya. La mascarilla solo será obligatoria en el transporte público, aunque no hay que olvidar que el virus sigue estando entre nosotros y que ya tenemos mucho ganado en esta pandemia que nos cambió la vida de repente. Quizás hablar de sentido común sería más lógico aunque, visto lo visto, no sé yo si todo el mundo está dispuesto a ponerlo en práctica. Ya hemos perdido el mes de abril, poco a poco, podemos disfrutar del mes de mayo y, quizás, si hacemos bien las cosas, podamos dar la bienvenida a un verano, algo condicionado, pero, al fin de cuentas, a un verano que de por sí lleva implícito el verbo “disfrutar”.

Disfrutar es lo que queremos, es lo que anhelamos desde que nos encerramos entre las cuatro paredes de nuestras casas. Cada uno sabe cómo conseguir que su rostro luzca una sonrisa. La felicidad no entiende de recetas pero, sin duda, es la mejor medicina para quienes soñamos con abrazar a nuestra familia, ver a nuestros amigos o simplemente despertarnos cada mañana con la salud en plena forma. Hace tiempo que mis prioridades cambiaron y ahora, en este confinamiento, me he dado cuenta que aquella dura lección de vida me preparó para un presente que ha cambiado radicalmente. Reconozco que me ha traído recuerdos porque la mascarilla, por ejemplo, solo la podía asociar a aquel inolvidable 2006. Ahora, ha vuelto para quedarse un tiempo. Que es incómoda, ya lo sé, pero que te protege también. Sinceramente, mi sentido común me invita a ponérmela y suelo hacerle caso porque nunca me ha fallado. Y como la mascarilla muchas cosas más. A todo se acostumbra uno.

El “ahora” es diferente, pero no es una “nueva normalidad” como dijo el presidente del Gobierno. La normalidad que conocíamos forma parte el pasado. Ahora comenzamos una nueva etapa que nada tendrá que ver con la anterior. Y aunque el coronavirus, de momento, siga con nosotros, cada uno puede poner en práctica lo que el confinamiento le ha enseñado. Unos tendrán cicatrices de por vida y otros, los más afortunados, motivos para disfrutar el presente de verdad, sin ponerle peros ni quejas constantemente. Estamos despertando de una pesadilla que solo el tiempo irá borrando de nuestra memoria, pero hasta entonces, vivamos hoy porque, sinceramente, el mañana es una gran mentira.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11851/ante-la-nueva-fase-sentido-comun

EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS: DÍAS, RECUERDOS E IMAGINACIÓN

Día a día han pasado ya más de treinta desde que me confiné en mi casa. La situación fuera no es fácil y dentro, a veces, tampoco. La mente es nuestra mayor aliada pero no siempre está dispuesta a remar en la misma dirección. Los pensamientos se amontonan. Los buenos recuerdos nos sacan una sonrisa, nos dan ese matiz que alegra la cuarentena, pero cuando éstos no son tan buenos los días se ponen muy cuesta arriba. Si ya estamos en una carrera de fondo en la que necesitamos mucha energía para resistir a la tempestad, para qué vamos a ponernos más obstáculos. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero tengo claro que no voy a ceder a ese letargo al que la monotonía del día a día me quiere llevar. Me niego a sentir que vivo en el día de la marmota. Ser fuerte desde mi casa es mi mejor opción. Disfrutar del tiempo es mi mayor motivación. Es cierto que los recursos se pueden agotar, pero ahí está la mente para pensar en cómo hacer que cada día sea diferente. Unos hablaré más por teléfono, otros me dedicaré a leer, escribir, ver series… Eso es lo típico pero hay más opciones.

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En el paseo de El Espolón (Burgos)

De momento, no me ha dado por la repostería pero tentada he estado. Al menos tengo los ingredientes necesarios para ponerme manos a la obra. Quién sabe si llegará el día en el que me pringue de harina y me ilusione con mancharme la nariz con ella como cuando era una niña. La verdad es que este confinamiento me está enseñando al “Masterchef” que llevo dentro y el cual desconocía. He aprendido que todo es posible, aunque seamos sinceros, y dado que la Semana Santa ha pasado, lo de hacer torrijas me ha dado vértigo. Mi abuela tiene el listón demasiado alto. Quizás dentro de un año y con la técnica mejorada entre fogones debute con ellas.

Nunca pensé que mi saco de boxeo iba a hacerme tanta compañía. Cuando lo veo me trae grandes recuerdos de mi México querido. Allí dejé a grandes personas con las que viví grandes experiencias. Y ahora, mientras frenamos al Covid-19 cada vez que hablo con una de ellas viajo a ese país maravilloso con la imaginación, porque ésta no tiene límites. Gracias a ella pienso en la playa, escucho el mar, paseo por El Espolón de mi querido Burgos… visualizo todos esos lugares en los que he ido escribiendo los capítulos del libro de mi vida. Este confinamiento será uno más. Estará lleno de momentos difíciles, de anécdotas curiosas, pero enriquecedor a su vez. Aprendí hace catorce años que las pequeñas cosas tienen un gran valor y esta situación ha reafirmado aquella lección. Posiblemente, cuando esto pase habrá cambios en nuestras rutinas, pero hay algo que tengo claro; la vida no se planifica, la vida se vive porque en un segundo todo puede cambiar. Por eso, y dado que la incertidumbre del final de todo esto no está marcada en el calendario, pienso cuando volveré a salir a la calle, cuando me tomaré los cafés pendientes con mis amigos, cuando volveré a ir a un concierto o al cine, cuando viajaré a ver a mi familia… Cuando, cuando, cuando… Eso sí, la vida trae cambios, pero las cosas verdaderamente importantes siempre prevalecen.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)