HABLANDO DE TRIUNFOS

A pesar de que septiembre haya comenzado me resisto a renunciar al verano porque todavía nos quedan muchos días por disfrutar. Afortunadamente, el tiempo nos acompaña y las ganas por seguir aprovechando los rayos de sol son inacabables. De hecho, prometí que iría a Burgos y fui. Vi la grandeza de las famosas “Alas de México” en un entorno excelente, a los pies de la catedral de mi ciudad. Confieso que había cola para tomar la instantánea, pero la espera mereció la pena. Esas alas de libertad para volar a por nuestros sueños son fundamentales. Como fundamental es tener el coraje para hacer frente a lo que sea por convertir esos sueños en realidades. 

Reales son todas las medallas que traen los deportistas españoles paralímpicos que ponen punto final a unos Juegos que pasarán a la historia. Treinta y seis medallas son muchas medallas. De ellas, nueve son de oro, quince son de plata y doce son de bronce. En todas ellas hay un esfuerzo inimaginable, pero también una satisfacción que no hay palabras que la puedan describir. Como abanderada en la ceremonia de clausura, España ha contado con la burgalesa Marta Fernández. Llevo semanas hablando de ella y ella es un ejemplo a seguir. Vuelve con un oro, una plata y un bronce de sus primeros Juegos Paralímpicos. A esta joven promesa le quedan muchas medallas por conseguir. De esto no tengo ninguna duda. Habrá que estar pendiente cada vez que Marta esté dentro de una piscina porque de ella sale vencedora. Estoy muy orgullosa de mi paisana y espero poder hablar con ella muy pronto. Tiempo al tiempo.

Y mucho tiempo han estado subidos a una bicicleta los ciclistas que este año han disputado la Vuelta a España. La “vuelta de las catedrales” acabó el domingo en Santiago. Un lugar emblemático. La Plaza del Obradoiro nos ha dejado estampas preciosas demostrando su grandeza. Los que hemos hecho el Camino de Santiago sabemos de primera mano lo que significa llegar a ese lugar de Galicia. Pero para llegar allí, hagamos memoria y recordemos que la carrera comenzó el pasado 14 de agosto en Burgos, desde la puerta de la fachada principal de su Seo. Desde la capital castellana han recorrido casi tres mil quinientos kilómetros por toda la geografía de mi país. Nos han dejado grandes momentos que pasarán a los anales del ciclismo. Tras ocho etapas llanas, cuatro de media montaña, siete de montaña y dos contrarreloj y sólo dos días de descanso, Roglic se llevó el ansiado maillot rojo siendo la tercera vez que lo consigue consecutivamente. Partía como favorito y no decepcionó. 

Si sigo con el rojo y me centro en  “La Roja” la cosa cambia porque la clasificación para el Mundial pende de un hilo. Un hilo muy fino al que el propio seleccionador no le da importancia. Además, estará satisfecho con la goleada a Georgia del pasado domingo, pero ¡ojo! Porque los números pueden dar grandes sorpresas a favor y en contra…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DISFRUTAR

Continuamos disfrutando del verano como se merece y eso que ya hemos superado el ecuador del mes de agosto. Para muchos, la cuenta atrás de las vacaciones ya ha comenzado. Durante el tiempo estival nuestra rutina cambia y eso es bueno para la mente. Desconectar siempre es necesario ya sea en la playa o en la montaña. El destino es lo de menos cuando de lo que se trata es de disfrutar. Un verbo que hay que conjugar durante todo el año porque la vida se trata de eso. Es cierto que estar ocioso ayuda mucho, pero valorar el presente siempre es importante.

Un presente, que en mi caso, pasa por escuchar las olas del mar y frente a él valoro la complejidad de la situación que vivimos y lo afortunada que soy por poder disfrutar de los míos a quienes tanto he echado de menos en el duro invierno. En unos días tocará cambiar la rutina y no será fácil, pero siempre la ilusión de regresar será la mejor aliada. De momento, y centrándonos en el aquí y ahora, estoy orgullosa de mi tierra porque es un honor que en Burgos haya arrancado este año la Vuelta a España. Su riqueza cultura acompañó a los ciclistas a lo largo de toda la contrarreloj que dejó grandes fotografías para el recuerdo. Este año pasar unos días por las tierras de “El Cid” es una obligación. De hecho, planificar una escapada allí es una idea para afrontar, por ejemplo, el mes de septiembre. Dice el refrán que el que no se consuela es porque no quiere…

Y consuelos, precisamente, es lo que no quiero este año en la Liga y en la Champions. La competición ha comenzado y aunque nunca dejo de creer, me encantaría que los rojiblancos sigan la estela de la temporada pasada. Eso sí, agradecería que bajarán un pelín el nivel de la emoción y no llegar infartando al final. Las copas buscan a sus ganadores y la afición, por fin, podrá volver a entrar en los estadios aunque con limitaciones. Vamos recuperando la normalidad que perdimos. Todavía nos queda camino por recorrer pero estamos más cerca de conseguirla. No nos desesperemos ya que estamos en la recta final. Está siendo todo muy duro, pero la satisfacción de ir recuperando rutinas perdidas bien se merecen una celebración.

Por eso, ahora más que nunca, tenemos que ser optimistas sin bajar la guardia. Respetando las medidas de seguridad y con la vacunación muy avanzada estamos consiguiendo rebajar la curva de esta quinta ola. De nosotros depende que no vengan más. Este virus ha truncado la vida de muchas personas y no podemos permitir que esa cifra siga aumentando. La vida está para vivirla sin ponerle ningún pero, aunque ahora es el momento de cuidarnos los unos a los otros porque la unión hace la fuerza y juntos saldremos de ésta.

Mientras tanto y, como suelo decir, sigamos viviendo, sigamos aprovechando los momentos… con precaución. Esto me recuerda a la canción del mítico grupo Mocedades: Que no se acabe el mundo porque es cierto que “aún quedamos gente para darle vida”. Si hemos resistido, ya sabemos lo que nos toca.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DE BURGOS A SANTIAGO

En Burgos junto a la catedral

Son un referente en nuestras vidas porque son una fuente de sabiduría. La experiencia es un grado y ellos siempre podrán presumir de ella. Los abuelos son inolvidables porque lo que se vive con ellos deja huella para siempre. El tiempo acrecienta los recuerdos ya que a medida que uno va creciendo es más consciente de todo lo que ellos nos han enseñado. Por eso, todos los veintiséis de julio se celebra su día; aunque, es cierto, que a los abuelos se les rinde homenaje a diario. En mi caso, no hay ni un solo día en el año que no recuerde a los míos. 

Y entre recuerdos y homenajes, el VIII Centenario de la Catedral de Burgos ha removido no solo el pasado histórico de mi ciudad sino la memoria de esa niña que creció contemplando la grandeza de la Seo más bonita. Como buena burgalesa solo puedo tener buenas palabras ante su majestuosidad. Se merecía una fiesta de aniversario a la altura y, a pesar de las circunstancias, la tuvo. Se cumple una semana de todos esos festejos, pero quedan más porque este año es su año. Las imágenes con la patrulla Águila sobrevolándola y dejando tras de sí la bandera de España en el cielo radiante de la ciudad, ya están en la historia de ciudad. Por no hablar, de los fuegos artificiales que iluminaron la catedral en la oscuridad de la noche. Se podían haber hecho más cosas, pero la pandemia, de nuevo, nos ha privado de disfrutar al cien por cien de las fiestas. Burgos, precisamente, tiene un número de contagios muy elevado pero no podía renunciar a suspender el aniversario del monumento Patrimonio de la Humanidad. Un Patrimonio de la Humanidad cargado de riqueza en sus ocho siglos de historia pero que, a pesar de estar de celebración, ve amenazadas sus puertas. Concretamente, las de su fachada principal. Las actuales son tres piezas de olmo negro datadas de 1790. Sin embargo, el arzobispado quiere poner tres puertas de bronce que representen a la Santísima Trinidad con un corte realista. Cuando hay que cambiar algo tiene que ser para bien, pero la opinión popular no está a favor de la propuesta de Antonio López. No podíamos tener la fiesta en paz y esto todavía va a dar mucho de que hablar. Menos mal, que los recuerdos son inalterables, pero como buena burgalesa que soy mi opinión está clara y si alguien duda que me la pregunte que se la diré sin filtros, con todo lujo de detalles. Las cosas claras y más cuando tocan uno de mis monumentos favoritos. Siempre que voy a Burgos visito la catedral. Confieso que todavía me falta soplar las velas de su centenario a sus pies y eso que a su lado siempre empequeñeces. Eso sí, también rememoras los buenos momentos vividos que te enriquecen de ilusión para afrontar el paso del tiempo. El futuro que en nada se convierte en pasado, bienvenido sea cuando nos deja momentos que homenajear en nuestra vida.

Por eso, homenajes personales a parte, que continúen los de esta catedral que nos ha visto a crecer a todos los burgaleses. Veremos como en el mes de agosto la Vuelta a España comienza en mi tierra para terminar a los pies de otra catedral, la de Santiago. Burgos está de fiesta, pero Santiago de Compostela también. Han pasado once años, que se dice pronto, desde el último Año Jacobeo. La Vuelta de las Catedrales arranca el catorce de agosto. Todavía queda mucho año para visitar Burgos y adentrarse en la riqueza de su Seo. En ella, por ejemplo, está la tumba del Cid Campeador y su esposa Doña Jimena, su carta de arras y su cofre, la renacentista Escalera Dorada de Diego de Siloé, la sillería del coro, el Papamoscas… Un sin fin cultural que podría comenzar, precisamente, viendo cómo el Papamoscas da las horas dejando con la boca abierta a más de uno y acabar en la Plaza del Obradorio, abrazando al Santo y viendo al Botafumeiro. Burgos es ciudad de paso del Camino de Santiago, un camino que no deja indiferente a nadie, un camino que enriquece no solo culturalmente. Ahí lo dejo … “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” que decía Machado. 

Jimena Bañuelos

Mi columna para El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/24910/de-burgos-a-santiago

EL PODER DE LOS LIBROS

De suspense, de amor, de miedo, de autoayuda, de aventuras, de ciencia ficción… La variedad está en los gustos pero los libros no fallan. Se adaptan a nosotros y nos permiten adentrarnos en un universo alejado a nuestra realidad, una realidad de la que en estos momentos está bien evadirse de vez en cuando. 

Entre el proceso de vacunación, la campaña electoral en Madrid y la crispación en general, celebraremos el próximo viernes el Día del Libro. Una jornada marcada por las rosas y, obviamente, por los libros. La pandemia ha podido modificar nuestra rutina pero el placer de leer es inalterable. Decía el escritor norteamericano Edmund Wilson que “no hay dos personas que lean el mismo libro” y es cierto, porque todo nos influye cuando nos adentramos en sus páginas. Ya se sabe que el recuerdo que deja un libro, a veces, es más importante que el libro en sí. Yo no podría decir cuál es mi favorito porque quedarse con uno solo no es fácil. Si bien es cierto, hay un pequeño grupo que releo con gusto porque sus enseñanzas y sus aventuras siempre son reconfortantes. El escritor francés François Mauriac lo tenía claro: “Dime lo que lees y te diré quién eres, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”. Eso sí, no puedo negar que hay uno que siempre ocupará un lugar especial en mi corazón. Aún tengo la vida nació de mi propia experiencia, de mi propia valentía y sobre todo, de esa lección de vida que marcó un antes y después. En el fondo, cada uno escribe sus propios capítulos y no todos son fáciles, pero sí se puede aprender de cada vivencia. Aún así confieso queleer es un de mi vicios. Me ha gustado desde que era una niña y ahora, más que nunca, son unos buenos aliados para distraer la mente. Ésta se encuentra cargada de demasiada fatiga pandémica y una buena receta para aplacar el hartazgo es, sin duda, un buen libro. 

Sé, como bien dijo Borges, que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo” pero siempre es agradable dar buenos consejos. Leer puede ser un hábito en tu vida, solo hace falta dar, a los libros, esa oportunidad. No siempre se acierta a la hora de elegir, pero también de los errores se aprende. Aconsejar tampoco es una tarea fácil, pero quién te conoce bien sabrá acertar con el adecuado. Es cierto que en mi caso, por ejemplo, es sencillo porque en mis estanterías los hay de todo tipo. En su día dijo Vargas Llosa: “Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, sin duda, es una de las mejores cosas y, por eso, cada 23 de abril hay que rendir homenaje a este sector de la cultura. Precisamente, Miguel Cervantes aseguró que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Por eso, no podemos renunciar a los libros.

Eso sí, a Jorge Luis Borges no le falta razón cuando aseguró que: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Un libro siempre enriquece y eso se nota… Ahora bien, llegados a este punto no me quiero olvidar de los políticos que están en plena campaña para conseguir nuestros votos y para ello, en estos días, lo mejor es parafrasear a Cervantes: “Sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo”. Ahí lo dejo. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/21952/el-poder-de-los-libros

ELLA

Se inició la semana festejando el día de la mujer y en la agenda estaba marcado, no solo el aniversario del peor atentado terrorista que hemos sufrido en España sino que también figuraba en ella el comienzo del confinamiento más estricto. La pandemia hace un año disparó todas las alarmas. Pues bien, en medio de todo esto se inició un encadenamiento de mociones de censura que nos iba dejando perplejos a una mayoría. Los hilos que se mueven en la política, por supuesto, van más allá de la preocupación por los ciudadanos. Mientras asumimos las estrictas medidas incomprensibles y anhelamos con que se acelere el proceso de vacunación; hay quienes están más preocupados por su sillón. Un sillón, que no se nos olvide, elegimos en las urnas libremente a quién se lo damos. 

Precisamente, una cita en las urnas tenemos los madrileños el próximo cuatro de mayo porque Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, decidió hacer frente a quienes la torpedeaban en el poder. Valiente decisión la de esta mujer que disolvió la Asamblea y que llena de coraje instó al electorado a elegir entre: Socialismo o Libertad en su primer tweet tras el golpe en la mesa que dio el pasado miércoles. Nunca se puede subestimar a una persona y ella ha demostrado en más de una ocasión que de arrojo anda sobrada. Quizás sea ella la que le quite el sueño al presidente del Gobierno… Atónito dejó a su vicepresidente, Ignacio Aguado, de Ciudadanos pero la moción de censura que el partido de éste iba a presentar en Murcia hizo saltar las alarmas. Por cierto, una moción que, previsiblemente, fracasará, dejando en el aire la reputación del partido que lidera Inés Arrimadas y al cual muchos ya dan por muerto. Se han oído todo tipo de declaraciones, muchas de ellas muy contradictorias, lo que demuestra que la mentira las acompaña. La revolución interna que se ha producido en este partido tendrá sus consecuencias y el tiempo nos las irá mostrando. Desde fuera su credibilidad es poca y los ciudadanos llevamos un año soportando no sólo la pandemia sino las muchas incongruencias de quienes nos dirigen. Hablar de hartura se me queda corto porque la fatiga pandémica no solo es anímica sino también política y lo que nos faltaba era el espectáculo de la semana pasada. 

Pero el show debe continuar y la vida también. Seguimos conviviendo con un virus que se ha llevado muchas vidas por delante, que está dejando la economía muy tocada, pero aún así hay que mirar al futuro con esperanza. Ésta no se puede perder, no hay moción de censura que consiga acabar con ella. Las vacunas están llegando y los datos demuestran que son eficaces. Me alegra saber que en breve me tocan mis dosis por ser persona de riesgo. Me pincharé sin poner ningún pero porque ese momento será el principio del fin para ir recuperando “cierta normalidad”. Una normalidad que cada vez se echa más de menos aunque tengamos que seguir con precauciones. 

Unas precauciones que si todos respetamos nos ayudarán a evitar la cuarta ola. Creo que con tres ya vamos bien servidos. Es incuestionable que el tiempo pasa, pero desde que se produjo el primer confinamiento parece que ha transcurrido una eternidad. Pongamos freno a esta situación, demos un respiro a nuestros sanitarios y despertemos de esta pesadilla. En nuestra mano está lograrlo más pronto que tarde. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Jimena Bañuelos

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CONJUGACIÓN DEL VERBO VIVIR

No todos los datos van a ser malos. Ya se ha superado el millón de personas inmunizadas y otras miles están esperando la segunda dosis. Poco a poco se llegará a alcanzar la cifra anhelada pero, vacunados o no, hay que seguir extremando las precauciones. Recuperar nuestra vida normal nos va a llevar tiempo aunque me consuela pensar que cada día que pasa es un día menos. Parece que la curva se estabiliza y eso es buena señal. Pensar en positivo es algo a lo que no pienso renunciar y, por eso, me aferro al lado bueno de las cosas. El futuro, con pandemia o sin ella, siempre es incierto, pero el presente es único. Solamente por eso no hay que desaprovechar lo que nos ofrece la vida. 

Es cierto que hay días que se ponen cuesta arriba porque, precisamente, a la pandemia hay que añadirle los contratiempos que la rutina trae consigo. Eso sí, no hay que olvidar que la fortaleza de uno mismo crece en tiempos adversos. Llevamos muchos meses anhelando todo a lo que hemos renunciado y aunque la incertidumbre se adueñe de nuestra “nueva normalidad” no hay que rendirse. Y para no derrumbarse hay estar ocupado. Pensar demasiado puede ser muy perjudicial para nuestro estado de ánimo. Procuro ocupar mis días haciendo lo que más me gusta, pero hasta eso puede llegar a aburrirte de manera soberana. Así que hay que adentrarse en terreno desconocido. La pandemia me está demostrando que entre fogones no me manejo tan mal o que el bricolaje puede ser otra de mis aficiones. Sin duda, en otros tiempos no me lo hubiese planteado. 

Además de seguir con “mis rutinas”, esta semana vuelve la Champions. Otro aliciente. El Atleti está en racha y hay muchas ganas de ver a los de Simeone pelear por la anhelada “Orejona”. Es cierto que echo de menos ir al Metropolitano y confieso que al principio no soportaba ver los partidos de fútbol sin público, pero a todo te acostumbras. Eso sí, el día que los colchoneros volvamos a las gradas no habrá manera de hacernos callar. Romper ese silencio será una señal de victoria porque la pandemia estará más que controlada. Ojalá llegue pronto esa jornada de Liga, de Champions o de la competición que sea. Lo importe siempre será volver y, por supuesto, recordar a quienes, por desgracia, ya no están con nosotros. Hasta entonces, me aferro a los recuerdos. Dicen que no es bueno mirar al pasado pero, dadas las circunstancias, rebuscar en la memoria esos momentos que te hacen sonreír puede ser una buena terapia. 

Si de terapias médicas hablamos, estamos por el buen camino. Afortunadamente la ciencia ha avanzado y los científicos van demostrando cuales son los mejores tratamientos para aplacar al virus. Confiar en su trabajo es fundamental, pero para que lo puedan desarrollar plenamente necesitan que se invierta en ello. Quizás el Gobierno debería tomar nota de esto. De los que nos gobiernan es mejor no hablar porque cada decisión que toman provoca las alabanzas de unos y las críticas de otros. Nunca llueve a gusto de todos, aunque lo único que nos debe preocupar en estos momentos es nuestra salud y para cuidarla hay que empezar por la responsabilidad individual. Ya tendremos tiempo de rendir cuentas con los políticos en las urnas. Ahí se plasmará la valoración que se hace de toda la gestión. Hasta entonces cuidémonos todo lo que podamos sin olvidarnos de conjugar, aunque sea de una manera diferente, el verbo “vivir” en tiempos de pandemia.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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FILOMENA

Hemos pasado del “Año Nuevo, vida nueva” al “año de nieves, año de bienes”. Teníamos ganas de dejar atrás el 2020 y arrancar el 2021 con la esperanza puesta en las vacunas para acabar con la pandemia. De momento, las cifras nos indican que la tercera ola está llegando y es que cuando bajamos la guardia el virus se propaga a gran velocidad. Los Reyes Magos nos llenaron de ilusión ante un año que está, sin duda, cargado de esperanza. Una esperanza que sigue unida a un pinchazo que anhelamos. De momento, la vacunación va lenta y si a esto le unimos la llegada de Filomena, el 2021 ha empezado, sin duda, dejando huella.

Huellas que muchos españoles hemos plasmado en la nieve porque todo el centro de España se tiñó de blanco. Madrid no veía sus calles así desde 1971 y los que hemos visto nevar incesantemente no nos hemos podido resistir a pisar la nieve en su estado más puro. Los adultos sacaron el niño que llevan dentro y no faltaron los esquíes por la Gran Vía, por el Paseo de la Castellana, por Recoletos y por un sin fin de calles que, también, se llenaban de muñecos de nieve y de alguna que otra batalla de bolas. Sin duda, esos ratos provocaron muchas sonrisas debajo de las mascarillas en estos momentos tan difíciles. Eso sí, una cosa es disfrutar un poco de la nieve y otra olvidar que la pandemia sigue sin darnos tregua. Había que tener precaución porque los hospitales no están, precisamente, para llenarse por una irresponsabilidad. Las imágenes de Sol bailando como si de una fiesta se tratase son decepcionantes porque los que siguen velando por nosotros no han parado de trabajar. Quizás un poco de colaboración no estaría de más. Filomena nos ha dejado estampas preciosas del Ayuntamiento, de la Fuente de Neptuno, del Congreso de los Diputados, de Atocha, de Cibeles y de muchos monumentos que nunca habíamos visto con un manto de nieve, pero también ha mostrado el nivel que hay de responsabilidad individual. 

Unas irresponsabilidades que veremos en qué se traducen porque estamos avisados, y las cifras lo demuestran, que los casos siguen aumentando. Desgraciadamente, las restricciones seguirán con nosotros y las consecuencias también están dejando huella. Una huella que no es nada agradable para quienes las sufren en primera persona. Queda todo el año por delante, esperemos que esos “bienes” que el refranero ha atribuido a Filomena sean una realidad. Continuamos en la carrera de fondo para vencer al coronavirus, la Navidad nos va a pasar factura, pero no volvamos a darle alas al Covid-19. Recordemos las medidas básicas que tanto nos recalcan los sanitarios. Es justo ayudarles con nuestra responsabilidad, porque ellos se están poniendo en riesgo para salvar muchas vidas. 

Filomena ya forma parte del pasado, de la historia de nuestro país, pero todavía para hablar de la pandemia tenemos que conjugar los verbos en presente. Quizás, a lo largo de los meses podamos usar el pretérito, en nuestro sentido común está lograrlo. Ya vemos una luz al final del túnel, por cierto hasta su recibo ha subido, pero hasta que salgamos de él usemos la esperanza como aliada porque aunque la situación nos pueda superar somos más fuertes de lo que nos creemos. Superamos el 2020.

A VANIA VILLALÓN

Acude todos los días a Distrito Sur pero con lo bonito que está el centro de Madrid en vísperas de la Navidad teníamos que cambiar de ubicación. Elegimos el mítico Café Gijón como punto de encuentro. Un lugar entrañable porque, en esta ocasión, a ella le tocaba estar al otro lado de la barra. Es cierto que ya tendré tiempo de acudir a “La Parra” y degustar las tapas de Dani, pero ahora es el momento de conocer a Vania Villalón. Esta mexicana llegó a España hace cuatro años y el destino ha decidido que se quede un poco más. Y hay que reconocer que somos afortunados porque su talento es una realidad que disfrutamos de lunes a viernes en “Servir y Proteger”. 

Siempre quiso ser actriz, de hecho, no duda en afirmar: “yo no elegí esta profesión sino que ella me eligió a mí”. Es más, desde niña ya apuntaba maneras. Es joven pero auguro un futuro prometedor para ella porque su alegría, su optimismo y su sonrisa la llevarán a superar esos momentos de dudas que todos tenemos. Además, a pesar de que sea despistada, su tenacidad le lleva a ser una persona persistente. Permíteme que añada que en esta vida, sin lucha no hay victoria. Logró el papel de Dani que tanta ilusión le hace y está “viviendo una experiencia de mucho aprendizaje”. No es para menos ya que sus compañeros de trabajo son, entre otros, Juanjo Artero, Luisa Martín, Fernando Guillén-Cuervo, Eduardo Velasco, Pepa Aniorte… Casi nada. De ellos solo tiene buenas palabras, destaca su humildad, su calidad humana y para ella es “un regalo y un honor” poder aprender observándolos en su día a día. Sin duda, son su ejemplo. Es normal, querida Vania, que a veces pienses que estás viviendo una experiencia onírica.

Pero de onírico nada. Es una realidad y debes disfrutar de ella. Sé que te pareces en algo a Dani, me decepciona que no cocines tan bien como ella, pero si te sirve de consuelo lo mío tampoco es estar entre fogones. Ya disfrutaremos de un buen mole en Madrid, eso sí, no será como el de tu mamá. Será normal que la nostalgia nos acompañe porque extrañar México es muy fácil. Allá está tu familia y cuando hablas de ella los ojos se te ponen vidriosos porque para ti la familia lo es todo. Pronto podrás viajar al país que te vio nacer, un país que bien defines como “mágico, misterioso, alegre, que te hace vibrar” y aunque cueste reconocerlo también es violento. Aún así, quedémonos con lo mejor: “México tiene mucho que vivir, mucho que sentir y mucho para sorprender.”  Coincido contigo porque no puedo negar que algo de tu tierra se quedó en mí para siempre. Quizás podamos cruzar el charco y vivir el “Día de Muertos” que tanto te agrada, pero sigamos tu filosofía de vida y vivamos el presente. De hecho, yo presumo que aún tengo la vida y conocerte ha sido un regalo. Por eso, coincido y comparto tu lema de vida: “Donde estás ahora es donde tienes que estar”. 

Y en el Gijón estuvimos haciendo nuestra particular tertulia. Era imposible no hablar de los libros de Carlos Castaneda que tanto te gustan o de la famosa película La Juventud de Paolo Sorrentino. El Café Gijón es sinónimo de cultura, una cultura que se ha visto perjudicada por la pandemia, pero sabemos que hay que buscar el lado bueno de las cosas y pensar en el futuro con ilusión. Quizás, llegues a interpretar la Lady Macbeth en la versión de Florence Pugh que admiras. Quizás, el verano que viene puedas estar en las playas de México. Quizás, el Año Nuevo te traiga la mascota que anhelas. Quizás… Sé que tienes muchos quizás, pero en vísperas de Navidad, en la que todos soñamos, sabes valorar la importancia de la salud, sabes agradecer lo que este año te ha dado y, lo más importante, sabes vivir el presente. 

Querida Vania, no dejes de sonreír porque la vida te está devolviendo esa sonrisa. Estoy segura de que tu carrera crecerá y celebraremos los éxitos con un buen mezcal. Bailaremos y cantaremos si es preciso porque eso también se te da muy bien. Como bien sabes, la vida me dio una segunda oportunidad y no desaprovecho ninguna invitación. Por eso, sé que el próximo café, con gusto, me lo  tomaré en “La Parra” y me lo servirá Dani. Una Dani que conquista a su público y que derrocha humildad. Una Dani que transmite y con la que te identificas. Una Dani que interpreta Vania Villalón poniendo todo su corazón y que traspasa la pantalla. Y dicho esto, te invito a que sigas viviendo los sueños y soñando la vida. 

Jimena Bañuelos

LUCES

Estrenamos el último mes del año. Un año difícil, duro y que, afortunadamente, tiene los días contados. Diciembre nos trae las fiestas más familiares y con ellas la incertidumbre de saber si podremos reunirnos con nuestros seres queridos. Todavía estamos afrontando la pandemia y, a pesar de las circunstancias, no es momento de bajar la guardia. Es cierto que en algunas ciudades de España las cifras de contagios están dando una tregua, pero aún así no hay que relajarse. Estamos pendientes de las medidas que se van a adoptar, pero quienes derrochan espíritu de Navidad harán todo lo posible para juntarse con los suyos. Eso entraña riesgos y lo peor sería que enero viniera no solo con su famosa cuesta sino con una tercera ola. Eso es mejor ni pensarlo porque también el 2021 nos traerá la vacuna, según dicen.

De momento, vivamos en el presente y disfrutemos de una Navidad marcada por el coronavirus pero, en definitiva, una Navidad. Las luces ya están encendidas y a juzgar por cómo estaban las calles el pasado fin de semana, los ciudadanos anhelamos el pasado. Será de las pocas veces que haya que tirar de recuerdos para desear que todo vuelva a ser como antes. Madrid, no solo presume de sus datos, sino que además su gente ha vuelto a llenar las calles. En la Gran Vía era difícil mantener la distancia de seguridad, pero las mascarillas estaban garantizadas. Los selfies y las fotos con la iluminación eran casi obligatorias, porque la ilusión de ver los árboles o la gigantesca bola te hacen olvidar, aunque solo sea por un momento, la cruda realidad que este año nos ha dejado. Nos guste o no la Navidad hay que celebrarla ya que la pandemia nos ha arrebatado demasiadas cosas. Obviamente habrá que adaptarla, pero me niego a renunciar a ella. 

En treinta días, a golpe de campanada diremos adiós a este horrible año. Es cierto que ha sido devastador, que nos ha borrado la sonrisa en algún momento pero no podemos doblegarnos a él. Hemos sido fuertes durante muchos meses, nos hemos adaptado, en la medida de lo posible, a todo lo que nos han pedido, pero estamos en la recta final y ya se habla de la vacuna. Una vacuna que en el mes de marzo parecía inalcanzable. El tiempo pasa. Las circunstancias parece que lo han ralentizado, pero diciembre ya está aquí. La última hoja del calendario es la que muchos queremos quitar. Paseaba el otro día por la Puerta del Sol y no pude no pensar en el Año Nuevo. Afortunadamente, la gente a la quiero tiene salud y con eso me conformo. Sé que sin ella pocas cosas se pueden hacer, por eso, este año aunque sea por videollamada abrazaré a los míos.

La cuenta atrás ha comenzado, las luces dan el pistoletazo con el que empieza a palparse el ambiente navideño. El sorteo del día 22 es el anuncio de que estamos en Navidad. Ya queda menos y, aunque entiendo que no a todos os pueden agradar las fiestas navideñas, de lo que estoy más que convencida es que la luz que no se puede apagar es la de la esperanza. Su verde tiene que iluminarnos a todos porque es el motor para salir de esta pesadilla. Ahora más que nunca, verde que te quiero verde.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17991/luces

SALVAR LA NAVIDAD

Un mes es lo queda para celebrar la Nochebuena. La cuenta atrás ha comenzado y las medidas para frenar la propagación del virus no dan tregua. Pretenden salvar la Navidad, pero realmente se trata de salvar vidas. Si no nos podemos reunir por el peligro que entraña hay que aceptarlo, asumirlo y pensar que el sacrificio de este año nos servirá para afrontar el 2021 con mejores perspectivas. No podemos olvidar todo lo que ha sucedido desde el mes de marzo. Vino la primera ola y arrasó. Ahora estamos intentando controlar la segunda y aunque la Navidad esté a la vuelta de la esquina hay que priorizar y no correr riesgos. Afortunadamente, la tecnología juega a nuestro favor. Siempre nos quedará la videollamada que nos ponga los ojos vidriosos por no poder estar con nuestros seres queridos, pero por otra parte, esos ojos también se pueden emocionar porque al otro lado se encuentra alguien a quien queremos y, afortunadamente, tiene salud. Dice el refrán que más vale prevenir que curar y todavía estamos a tiempo de asimilarlo. Llegará el día en el que nos abracemos y ese abrazo será, sin duda, el mejor regalo de que todo esto ha terminado. La esperanza está puesta en las vacunas y ya se oye hablar de ellas. Vamos superando, día a día, esta pandemia que nos ha arrebatado demasiadas cosas y todavía nos está dejando grandes lecciones. Aprender a valorar la vida es una ellas. Por eso, vivamos una Navidad diferente. Eso sí, no nos olvidemos que sigue siendo la época más entrañable del año.

Se encenderán las luces para iluminar nuestras calles. Unas calles que han estado desiertas, que también han estado sin vida y que, poco a poco, van recuperando ese trajín al que están acostumbradas. Llega el famoso Black Friday, llega la época de hacer regalos y crear ilusión a pesar de las circunstancias. Siempre digo que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y este año lo mejor han sido mensajes, llamadas, pequeños ratos de café… En definitiva, han sido momentos que de una manera o de otra me han recargado las reservas de fuerza para seguir mirando al futuro con mucha esperanza.

La esperanza es lo último que se pierde, así que aferrémonos a ella. Busquemos esas pequeñas cosas que nos sacan un sonrisa cada día. No siempre es fácil, pero la actitud lo es todo. Hay días que son una auténtica cuesta arriba y parece que todo nos supera, en cambio, hay otros que son más fáciles.

Buscar el equilibrio es complicado, pero está claro que cada mañana sale el sol. 

La vida no es un guion preestablecido. La vamos escribiendo de puño y letra, día a día, minuto a minuto, y segundo a segundo. De hecho, no se nos puede olvidar que en un segundo todo puede cambiar. Seamos conscientes de la responsabilidad individual. Usemos el sentido común. Entre todos doblegaremos la curva y recuperaremos la rutina que el virus se llevó. Estoy convencida de que todos echamos de menos algo del pasado… Ese algo que nos saca una sonrisa, que nos llena de nostalgia, pero que nos da vida… Hoy, por ejemplo, escribo estas palabras con una dosis extra de coraje y corazón. ¿Por qué será?

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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