MADRID

No podíamos salir de Madrid, pero sí podíamos salir por Madrid. La decisión estaba clara: A la calle. Eso es lo que pensamos muchos madrileños después de que se decretara el estado de alarma en la ciudad. Dejando al margen las disputas políticas el puente estaba para disfrutarlo y eso no te lo pueden impedir. Adaptarse a la situación era esencial para aprovechar estos días en la capital. Eso sí, viendo las imágenes de la Gran Vía o del Parque de El Retiro, por ejemplo, sugiero al Gobierno que pase lista y compruebe que los madrileños se han quedado en la ciudad, la cual, ofrece muchos planes a pesar de la pandemia. 

Madrid no se merece vivir lo que está pasando y hablo en términos políticos. Madrid fue muy golpeada por la pandemia en sus comienzos, pero supo hacer frente a la adversidad. Los madrileños dieron una lección cumpliendo con todas las recomendaciones y ahora, por culpa de quienes luchan por el poder, su imagen está siendo muy dañada. Algo muy injusto porque Madrid es esa ciudad que te acoge según llegas. Yo no nací en la capital, pero llevo tantos años en ella que es una parte más de mí. Me duele que jueguen con quienes residimos en ella por puro interés político. No somos súper contagiadores aunque dé esa impresión. En España hay ciudades que lo están pasando peor y no llenan titulares. Visto desde fuera es normal que la fotografía que veis esté muy distorsionada. La realidad, en lo que a la pandemia se refiere, bien la conocen quienes están al pie del cañón todos los días y velan por nuestra salud. El resto intentamos vivir, con precaución, el día a día como cualquier español más. Ahora nos han puesto una etiqueta llamada “estado de alarma”, pero quedan más puentes en el calendario y no sé cual será la próxima ocurrencia de unos o de otros. Ya dijo el escritor español Francisco Ayala que “la competencia es tanto más dañina cuanto mayor sea el poder del incompetente”… En fin, lo que tendría que etiquetarnos a todos es “la salud” por el bien común. 

Con la alarma, habrán frenado los desplazamientos, pero también han enfadado a muchos y no todos ellos son madrileños. Para calmar la ira o la rabia no hay vacuna. El tiempo mostrará las consecuencias de las decisiones. De momento, tenemos que afrontar lo que nos queda hasta que los contagios desciendan drásticamente. Esto no va a suceder ni hoy ni mañana, pero llegará el día en que los datos sean reales. Hasta entonces, los madrileños, de nacimiento o no, seremos más fuertes que antes porque nos toca no solo aplacar la curva sino lidiar con la guerra política. Decía Torrente Ballester que “el poder más peligroso es el que manda pero no gobierna” y en estos tiempos, lamentablemente, esto es una evidencia.

Como evidente es que Madrid se merece un respeto. En esta ciudad he vivido grandes momentos, he crecido como persona, he conocido a mis mejores amigos, he librado batallas muy importes, he aprendido de toda la cultura que hay en cada rincón y podría seguir enumerando. Es cierto que también tiene sus cosas malas pero siempre la balanza se vuelca a favor de esta ciudad. No tengo ninguna duda de que esto es por algo, y llegados hasta aquí concluyo con la mítica: “Allá donde se cruzan los caminos / Donde el mar no se puede concebir / Donde regresa siempre el fugitivo/ Pongamos que hablo de Madrid.”

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DECIDIR

En la vida hay que tomar decisiones. Unas veces se acierta y otras veces se aprende del error. Esto es así. Estamos rodeados de incertidumbres y la capacidad para tomar esas decisiones depende, entre otras cosas, de valorar los pros y los contras de éstas. Es cierto, que desde que comenzara la pandemia cada persona se ha tenido que amoldar a ella. Hay quien lo lleva mejor y hay quien no ve un final en esta cuesta arriba. Es complicado mantener el ánimo cuando tu entorno es duro, pero estoy convencida de que los españoles todavía tenemos fuerza para salir adelante. Se avecinan, por lo que dicen, unos meses complicados, pero tenemos que ser conscientes de todo lo que ya hemos superado. Ahora bien, lo que no ayuda siempre estorba y dado que el camino a la cima esta siendo difícil no hay necesidad de ponernos trabas. Está claro que lo que prima es la salud y así debe de ser, pero es vergonzoso ver el enfrentamiento político que hay en estos momentos. 

Sin duda, el hartazgo con la clase política también se palpa en el ambiente. El poder es lo que tiene, pero es injustificable estar todos los días escuchando reproches de unos contra otros mientras el virus sigue contagiando. Es obvio que hay que tomar medidas, pero éstas tienen que ser fruto, en este caso, de un consenso. Los números no suelen mentir, es más, son las personas las que los utilizan a su conveniencia. Lo triste es que esa es la base en la que se deben cimentar las medidas a tomar. No hay duda de que es un problema sanitario, pero no hay que olvidar que también lo es económico. Y las consecuencias de esto último pueden ser muy graves. De momento, la realidad nos muestra su cara más dura. Esperemos que pronto veamos una luz al final del túnel, porque todo lo que está sucediendo en este año va a dejar consecuencias que solo el tiempo nos ayudará a superar.

Precisamente el tiempo parece que transcurre más despacio cuando la situación no es favorable. Añoramos lo que antes ni valorábamos y ahora soñamos con esos momentos cotidianos que considerábamos pura rutina. Muchos ya piensan en la Navidad. No sé si es para evadirse del presente, pero algo me dice que de aquí a diciembre no se pueden hacer planes. Quizás si todos cumplimos con las recomendaciones y los políticos hacen bien sus deberes, algo que dudo, podamos llegar a las fiestas navideñas sin tantas restricciones. Pensar en las celebraciones en estos momentos es más que un sueño, ahora bien, tengo claro que anhelo que llegue Nochevieja para dejar atrás este año.

Un año que tiene más sombras que luces porque el virus lo ha oscurecido todo. La esperanza es lo último que se pierde, aferrémonos a ella y confiemos en la ciencia. Los científicos son los que investigan contrarreloj para dar con la vacuna. Hasta que ésta llegue toda precaución es poca. No hay duda de que hay que cuidarse y utilizar más el sentido común. Sería una buena decisión. Lo de la lucha política mejor lo dejamos para otro día, porque es un tema agotador. En estos momentos, mi mente utiliza todas sus fuerzas para afrontar el presente y sus reveses. Ya habrá tiempo para reflexionar sobre quién se lleva mi voto en las urnas… 

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SE VEÍA VENIR

Mi columna para El Valle de México

Era lo menos deseado, pero la realidad nos está demostrando que las cifras por contagio del coronavirus van en aumento. Hace meses vivimos lo peor de esta pandemia, pasamos un tiempo confinados para doblegar la curva y con la llegada de la nueva normalidad y el verano hemos ido bajando la guardia. Las medidas de precaución siempre han estado ahí aunque no todos las hayan respetado por igual. La estación estival está llegando a su fin y el otoño nos trae, de momento, unos datos que no son nada positivos. Además, los catarros y las gripes están en su época del año favorita. Era obvio que había que tomar medidas. En Madrid, de momento, ya sabemos cómo pretenden frenar los contagios. Los resultados los iremos viendo a medida que pasen los días, pero da pavor recordar lo que sucedió en el mes de marzo. Es momento de actuar, porque con la salud no se juega. Cansa oír las disputas políticas cuando hay un problema de gran envergadura. Ya habrá tiempo para debates políticos y al final seremos los españoles en las urnas los que juzguemos como han actuado quienes nos representan. Estaría bien no olvidarlo cuando lleguen las elecciones, aunque algo me dice que ya se encargarán los interesados de recordarnos como vivimos este año. 

De este año no sé si saldremos más fuertes o no, desde luego, el hartazgo de la situación ya empieza a pasar factura. Se avecinan meses complicados. Meses con menos luz y peor tiempo. Meses en los que hay que ser más fuertes si cabe. Vienen meses en los que podemos reflexionar y aprender de nosotros mismos porque todos estamos viviendo de una manera diferente nuestra vida. Nos hemos tenido que adaptar a las circunstancias y eso no siempre es fácil. Confieso que tengo ganas de que todo esto pase. Veo una luz cada vez que hay buenas noticias de la vacuna, de ahí, que me mantenga optimista y cada día que pasa es un día menos para volver a la verdadera normalidad. Confío en los científicos que están dándolo todo por dar con ese pinchazo que neutralice el virus. Llegará no lo dudo. Hasta entonces, seguiré colaborando con los médicos cumpliendo con las medidas de seguridad. Hay que ayudar a quienes lo están dando todo por velar por nuestra salud.

La salud es algo muy valioso que algunos solo valoran cuando ésta escasea. Un error bajo mi punto de vista porque sin salud pocas cosas se pueden hacer. La pandemia nos está demostrando nuestra fragilidad, pero también nuestra capacidad para afrontar una situación que jamás habíamos vivido. Por eso, todo esto pasará y mientras pasa, aprovechemos el tiempo para vivir porque la vida continua. A este terrible 2020, ya le van quedando pocos meses, hay muchas ganas de dejarlo atrás. Pensar en el año que viene es precipitado, pero lo tiene muy fácil para superar al 2020; de hecho, a mi me esperan todos los planes cancelados en este año. Ojalá se puedan llevar a cabo porque si esto no es así es que la cosa no va bien y me niego a aceptar que el Covid-19 siga copando nuestras vidas. Ser positivo es primordial. Cada uno de nosotros juega un papel fundamental para poner fin a esta pandemia. Somos un equipo triunfador con muchas ganas de escribir otro capítulo de nuestra historia. Pongámonos manos a la obra. 

Jimena Bañuelos

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CON OPTIMISMO Y ESPERANZA

Mi columna para El Valle de México

“Ya no me voy, me quedo” es lo que canta Aitana en uno de sus temas, y eso es, precisamente, lo que anunció Messi después de la “bomba” que soltó hace unos días. Muchos veían al argentino con un pie fuera y comenzaron a vivir su peor pesadilla, en cambio, otros asumieron la decisión como un órdago a la directiva del club. Los ocho goles que recibieron en la Champions pasaron factura y la llegada del nuevo entrenador puso punto final a una etapa con más sombras que luces. Ahora con Messi a las órdenes de Koeman veremos que pasa. Esto no ha hecho más que empezar…

También acaba de empezar la llegada de los niños a los colegios. Desde luego un asunto con más importancia que la no salida de Messi. Las decisiones vinculadas al coronavirus son de una trascendencia vital. Con la salud no se juega y no se pueden repetir los errores del pasado. Es lógico que la incertidumbre reine en el ambiente, pero a estas alturas ya deberíamos estar más que acostumbrados a vivir con ella. No es fácil, y más para quienes les gusta tener todo planificado, pero la vida no entiende de guiones y ahora más que nunca, éstos se escriben día a día. Obviamente, será día a día cuando veamos si los protocolos escolares son viables o no. La teoría es muy fácil de escribir, pero la práctica son palabras mayores. Superaremos este reto al igual que hemos superado todos los cambios que el coronavirus ha provocado en nuestras vidas.

Asumir que nada es como antes cuesta mucho porque cada vez se echan más de menos los abrazos, los besos y las muestras de cariño. Las mascarillas esconden muchas sonrisas cargadas de alegría. Ésa que la Covid-19 intenta borrar de nuestras vidas. Seguimos restando días a la llegada de la vacuna. Ya se barajan fechas para incentivar el optimismo y aunque seguro no hay nada, la esperanza es lo último que se pierde. Afortunadamente la ciencia ha avanzado y los investigadores están trabajando arduamente para dar con ese pinchazo que nos inmunice ante un virus cargado de demasiadas incógnitas.

Desconocemos muchos aspectos. Hasta la cifras que salen día a día son cuestionadas. Los datos oficiales no son creíbles. En España ya hemos superado el medio millón de infectados y el objetivo es frenar los contagios. Insisto en la necesidad de cumplir con las normas para que, cuanto antes, podamos volver a celebrar todas las fiestas aplazadas. No será por falta de ganas. México vive en septiembre su mes más patrio, a pesar de las circunstancias y con las medidas oportunas puedo permitirme brindar con un buen tequila por todos ustedes y por El Valle que cumple treinta años. El 2020 es especial, pero el coronavirus no lo puede eclipsar todo. En “petit comité” todo es posible, y al año que viene, quizás, podamos gritar a voz en grito que lo hemos superado. Queda mucho tiempo pero es el tiempo el que da respuestas. Hasta entonces no nos olvidemos de vivir.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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INCERTIDUMBRES DE SEPTIEMBRE

Mi columna para El Valle de México

Llevamos meses especulando con lo que pasaría en septiembre con la vuelta al cole, con la evolución del virus, con las vacunas… Pues bien, septiembre ya está aquí y ahora nos toca afrontar la realidad. Nos guste o no el verano está llegando a su fin y por muy atípico que éste haya sido siempre es una época excepcional y anhelada en el año. Las vacaciones nos evaden de la realidad, de la rutina, del trabajo y la verdad es que en el 2020 han sido una necesidad. La mente necesita despejarse y cambiar de aires siempre sienta muy bien. Eso sí, siempre respetando las medidas para evitar la propagación del virus. Un virus que ha ido ganando, por desgracia, protagonismo según ha ido avanzado la época estival. Los datos no son buenos y lo que se esperaba para septiembre comenzó en el mes de agosto. Ahora nos toca afrontar lo que venga cumpliendo, más si cabe, con las recomendaciones sanitarias. No hay que olvidar el trabajo titánico que hicieron los sanitarios en los meses en los que el coronavirus estaba en su momento más álgido. Por cierto, la mala gestión por parte del Gobierno español no es una novedad, pero que López Obrador la critique me llama la atención después de ver cómo lo ha hecho él. En fin, no se trata de comparar sino de afrontar la situación tomando las decisiones correctas por el bien de los españoles y también de los mexicanos en su caso.

Decisiones, concretamente, que han tardado en llegar en lo que a la vuelta al cole se refiere. La bicicleta fue una canción del verano, pero no veo yo a los padres en España llevando a sus hijos en ella. Todo está en el aire y solo el tiempo irá mostrando si los colegios han sido capaces de prepararse para la llegada de los alumnos. El Ministerio de Educación, desde luego, no ha hecho grandes aportaciones. Aunque si lo comparamos con el de Universidades, cuyo ministro ha estado desaparecido, su trabajo ha sido decente.  Ya lo dice el refrán, “otro vendrá que bueno te hará”. 

Obviamente, el que no puede desaparecer es el ministro de Sanidad porque todo está vinculado a que prevalezca la salud. Lo bueno de esta semana ha sido anunciar que España empieza su primer ensayo clínico de una vacuna anti-Covid. Hay que apostar por la investigación y estaremos muy pendientes de los resultados de esta vacuna. Hay que darle tiempo al tiempo, pero también hay que ganarle tiempo al tiempo; de hecho, la campaña de vacunación de la gripe se va a adelantar. Todo lo que sea prevenir es bueno.

Septiembre empieza hoy con la misma incertidumbre con la que hemos vivido los últimos meses de este año tan raro. Para los amantes del deporte rey, la guinda al pastel la ha puesto Messi al anunciar que se quiere ir del Barça. Así es la vida y así está siendo el 2020, pero la vida son etapas y ahora mismo, con la que está cayendo y la que se avecina, no me preocupa el destino del argentino; prefiero centrarme en que mi gente esté bien y que los investigadores den con la vacuna que nos inmunice a todos del virus que nos robó la normalidad.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CONCIENCIACIÓN

El tiempo pasa y el mes de agosto está llegando a su fin. Las vacaciones se agotan y con su final toca afrontar todo aquello de lo que nos hemos eludido durante el verano. Da vértigo ver los datos que el coronavirus nos está dejando en los últimos días y superar los cuatrocientos mil casos ya son palabras mayores. España lidera los rankings no, precisamente, por su buena gestión. La pandemia sigue con nosotros y ahora nos enfrentamos a nuevos retos. La vuelta al cole lleva días protagonizando las portadas y no es para menos. Qué hacer y cómo hacerlo son las grandes preguntas que están esperando respuesta. Es cierto que se están apurando las plazos pero hay a quienes les gusta dejar las cosas para última hora y… así nos va.

Nos podía ir mejor si aplicáramos el sentido común y tuviésemos unos líderes políticos a la altura de las circunstancias. El sector sanitario se teme lo que pueda pasar en los próximos meses porque ellos vivieron muy de cerca el inicio de la pandemia. No parece que los casos sean tan graves pero su expansión es muy rápida. Los brotes cada vez son más al igual que los contagios. Es cierto que ahora se hacen más test, pero cuando éste es positivo hay que quedarse en casa nos guste o no. Es el colmo saltarse el aislamiento poniendo en peligro a los demás. Madrid vuelve a estar en el punto de mira aunque también hay más ciudades en las que las cifras abruman. Si no nos concienciamos, mal vamos y las consecuencias las pagaremos todos. No nos están pidiendo tanto; tan sólo el uso de la mascarilla, el lavado de manos y la distancia social. 

El virus no se fue de vacaciones y poco a poco ha vuelto a recuperar su protagonismo. Septiembre siempre ha sido el mes que nos devolvía a la realidad, a la rutina, al colegio y en el que añorábamos lo vivido durante la estación estival. Este año, con la nueva normalidad, nada es lo que fue y todo versa en torno a la COVID-19. La vacuna es lo más buscado y parece que ya hay avances en ella. Sin duda, hay que apostar por la investigación, pero no solo ahora sino siempre. Sus progresos siempre serán en beneficio de todos. Quizás sea el momento de que los gobernantes tomen nota de ello.

De momento, nos toca convivir con el virus extremando las precauciones. Recuperar la normalidad sin que ésta vaya acompañada del adjetivo “nueva” nos llevará un tiempo pero en nuestras manos, nunca mejor dicho, está. Hemos hablado de la vuelta al cole pero cada uno tiene sus preocupaciones. Los aficionados al fútbol se preguntan cuándo volverán a los estadios, los amantes de la música cuando podrán acudir a recintos llenos hasta la bandera, los festivales anhelan ya el verano del año que viene y así un sin fin de cosas. La incertidumbre se ha convertido en nuestra compañera de vida y nos guste o no ha venido para quedarse, al menos, hasta que nos vacunemos contra el protagonista del año. Seamos optimistas y pensemos que cada día que pasa es un día menos que nos queda para volver a recuperar nuestra forma de vida. Entre todos lo conseguiremos pero sin olvidarnos del sentido común. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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UN AGOSTO DE CHAMPIONS POR LA VIDA

Mi columna para El Valle de México

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones ese es agosto. A pesar de la ola de calor y el aumento de los rebrotes hay muchas ganas de disfrutar, aunque siempre con precaución. Y si el Gobierno no va a renunciar a sus vacaciones tal y como está la situación, yo, desde luego, tampoco. Hacer un paréntesis después de lo que hemos vivido es una necesidad. La mente necesita desconectar y evadirse un poco de la realidad. Hacer la maleta siempre hace ilusión y más cuando lo que te espera es el mar, la familia y los amigos. Será un verano diferente, de eso no hay duda, pero aún así, y con cuidado, se puede aprovechar bien el tiempo. 

Agosto nos trae, excepcionalmente, la Champions. Así que los amantes del deporte rey tienen por delante unos partidos de lo más emocionantes. Obviamente, aunque esté de vacaciones no perderé de vista a mi Atleti. Allá donde vaya siempre me acompañan mis colores y este año, el coronavirus ha querido que el espíritu de la Liga de Campeones me acompañe. Sueño con esa copa al igual que muchos rojiblancos y, por eso, hay que seguir apoyando a los de Simeone que lucharán por ella. Deben saltar al terreno de juego derrochando mucho coraje y, por supuesto, mucho corazón porque cada encuentro será una final. Además, los errores pueden salir muy caros. Si bien es cierto, la Champions tiene una deuda pendiente con el conjunto colchonero. El tiempo dirá si “La Orejona” viaja a Madrid, pasa de largo por la Cibeles y se rinde ante Neptuno. Desde luego, el dios del mar le daría una grata bienvenida.

Una buena bienvenida tuvieron los ciclistas en la Vuelta a Burgos. Fue un lujo tener a las grandes figuras recorriendo mi tierra. Ha sido una edición que pasará a la historia. Había muchas ganas de competir sobre las dos ruedas y su etapa final fueron las míticas Lagunas de Neila que proclamaron vencedor al belga Remco Evenepoel. Él se llevó el preciado maillot morado. En el podio le acompañaron el español Mikel Landa y el portugués Joao Almeida. Eso sí, hay que destacar que el colombiano Iván Sosa ganó la etapa reina por tercera vez consecutiva. Su reinado en Neila es indiscutible. La edición cuarenta y dos ya es historia, habrá que ir pensando en la cuarenta y tres porque Burgos tiene mucho que ofrecer a estos grandes deportistas, además, mi ciudad estará de celebración. La catedral celebra su ochocientos aniversario, por eso, la Vuelta a España comenzará a los pies de este gran momento.

Aniversarios y celebraciones aplazadas también me esperan este mes de agosto. La Covid-19 hizo que de mi calendario personal se borrarán muchas fechas, pero su traslado a esta época tampoco está mal. Cada uno es libre de festejar lo que quiera ya que siempre hay algo en la vida que merezca una celebración… No me importaría añadir una Champions, por ejemplo. Eso no depende de mí, pero de mí si depende vivir este verano adaptándome a las circunstancias. Con mascarilla, distancia de seguridad y lo que sea necesario para cuidar de mi salud y la de todos, arranco un mes lleno de experiencias por vivir. “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” dijo John Lennon, pero ahora y dada la incertidumbre que reina en el ambiente, es mejor llevar por bandera el mítico Carpe Diem.

Jimena Bañuelos

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POR UN AGOSTO PRUDENTE

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Mi columna para El Valle de México

Con temperaturas altas, muchos rebrotes pero con ganas de disfrutar así se despide el mes de julio. Un mes que pasará a la historia por cómo hubiera sido si el coronavirus no se hubiese convertido en el protagonista de este año. Sin Tour de Francia, sin Juegos Olímpicos pero con un día del Libro un tanto descafeinado, y así, suma y sigue… Una nueva normalidad a la que es difícil adaptarse en determinados momentos. Los festivales de música están silenciados y los conciertos que hay se pueden contar con los dedos de la mano al igual que su público. Soñamos con el final de esta pesadilla, un final que no sabemos cuando se producirá. Al menos, hasta entonces, tenemos la intención de disfrutar y de vivir la estación estival ya que la incertidumbre del otoño va adquiriendo cada vez más protagonismo. La temida segunda ola parece que está cada vez más cerca pero, quizás, si hacemos bien las cosas podamos surfear en ella. Los rebrotes están aumentando y las medidas para frenarlos se van tomando a cuenta gotas. Ojalá se actúe por la salud de todos. Volver al pasado no es la mejor opción. Marzo y abril quedaron atrás y con ellos unos datos que dan mucho vértigo recordar y, por supuesto, mucha tristeza.

Es cierto que pasamos de la nada al todo de repente y las ganas por salir del confinamiento no nos podían frenar; pero el virus sigue con nosotros y el calor está claro que no lo ha hecho desaparecer. Madrid fue el epicentro de la pandemia en sus comienzos aunque ahora la realidad es muy distinta. La sociedad está concienciada. Obviamente, siempre hay excepciones, pero sí se ven mascarillas por la calle y la distancia de seguridad se procura mantener. Está claro que concienciarse de la realidad es fundamental. Hay que tener precaución pero ésta no implica que no se pueda disfrutar del verano como se merece. Es cierto que el ocio nocturno está sufriendo las restricciones en varias comunidades autónomas y aunque esto esté disgustando a muchos hay que pensar que es por el bien común. Las medidas se toman para prevenir y toda ayuda es buena. Los sanitarios se merecen el apoyo de todos. Ellos han estado en la primera línea para cuidar de nuestra salud y aunque estemos en verano y de vacaciones siguen pendientes de nosotros. La Covid-19 no entiende de fiestas, así que es mejor ayudar a quienes no pararon en ningún momento por nosotros. Los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, etc. Se merecen, además de nuestros aplausos, nuestra responsabilidad. Nos piden muy poco, tan solo, el uso de la mascarilla, la distancia de seguridad y el lavado de manos; creo que podemos cumplir. Quizás, si añadimos un poco de sentido común, la combinación de todos frenarían esos rebrotes que están poniendo en jaque a muchas regiones. Es una responsabilidad de todos y así daríamos un respiro a nuestros sanitarios. Ellos también se merecen sus vacaciones, su descanso y, por supuesto, su tranquilidad ante lo que dicen que vendrá.

Ojalá lo que venga y muy pronto sea la vacuna. Ahí está la clave. Un pinchazo que nos inmunice y nos despierte de esta pesadilla para volver a recuperar la normalidad que hemos perdido. Al menos, de momento, muchos han aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas y de los momentos más cotidianos. De lo malo hay que quedarse con lo mejor, y esa lección es muy importante porque el presente es ahora y en estos tiempos que corren el futuro es más que incierto. Por eso, sin planes a la vista y viviendo el día a día, arrancamos el mes por excelencia de vacaciones. Toca disfrutar, con prudencia, pero disfrutar en definitiva. Hay que adaptarse a las circunstancias aunque eso no es impedimento para sonreír y ser feliz. La felicidad no entiende de recetas y quizás, ahora, haya que cambiar algún ingrediente… Bienvenido sea agosto. Vayamos a por él en la playa o en la montaña.

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DE CELEBRACIÓN

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Mi columna para El Valle de México

No volver para atrás. Ésta es la premisa fundamental para afrontar la nueva normalidad con las precauciones necesarias. Cada día las cifras nos indican que los brotes están aumentando y los contagios también. Es trabajo de todos ser conscientes de la situación en la que nos encontramos. Puede que el verano y las vacaciones nos los estemos tomando como un paréntesis después de todo lo que hemos vivido, pero esto no implica que haya que bajar la guardia. La mascarilla, poco a poco, se ha impuesto por mandato, algo que se veía venir. Sin duda, es la consecuencia de la falta de sentido común y responsabilidad de muchos. Decía Napoleón que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común”, y si queremos frenar a la Covid-19 mientras esperamos la vacuna, ya sabemos lo que tenemos que hacer. No es tan difícil lo que nos piden.

Si hablamos de triunfar, hay que felicitar a los madridistas porque esta Liga tan atípica ya está en su palmarés. Me alegro por mis amigos merengues, pero no dedicaré más espacio a este hecho. Lo único que hay que resaltar es la “no celebración”, ya podían aprender otras aficiones de este ejemplo… Es de justicia reconocer que los blancos dieron una lección de civismo dejando plantada a la Cibeles. Una imagen que pasará a la historia por muchos motivos. No obstante, seguro que más de uno lo festejó en su casa. Eso es lo que hay que hacer en los tiempos que corren. La verdad es que cualquier buena noticia hay que celebrarla, porque este año nos está dejando unos recuerdos muy agridulces.

Finalizada ya la Liga, ahora la vista está puesta en la Champions. Cada partido es una final y ser el mejor equipo de Europa no va a ser tarea fácil. Menos mal que por ser colchonera de corazón llevo escrito a fuego: “Nunca dejes de creer”. De ahí que vea la posibilidad de que el veintitrés de agosto la copa sea rojiblanca. Si esto es así, la celebración en mi casa está garantizada. Ya tengo ganas de volver a oír el himno de la Champions. De momento, y por ser el día que es, me he levantado escuchando “Las Mañanitas”. Hace años soplé las velas en México y desde entonces, además del típico “Cumpleaños Feliz” siempre se cumple con la costumbre que me traje del otro lado del Atlántico. Es cierto que no siempre están bien entonadas, pero la intención es lo que cuenta. Pondré una vela más en la tarta, a ser posible de chocolate, y este año, el calendario ha querido que comparta con El Valle este día tan especial. Brindaré, si es preciso con tequila, por la salud. Apagaré las velas pidiendo los deseos tal y como marca la tradición. Eso sí, por delante, seguro que me espera un año cargado de sueños por cumplir y experiencias por vivir. Los años son solo una cifra, lo importante es la forma en la que los vivimos. Por eso, seamos positivos y pensemos que la situación va a mejorar. Ya queda menos para tener una vacuna que nos proteja del coronavirus y mientras tanto, con la prudencia correspondiente, disfrutemos del día a día. A mí hoy me toca comenzar un nuevo capítulo en mi vida, será el número taitantos y dado que hemos hablado de música lo inauguro con una cita de Beethoven: “Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”. Y dicho esto. Me pongo “manos a la obra”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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VA DE COPAS

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Mi artículo para El Valle de México

Si hay algo que siempre nos acompaña son los recuerdos. Los hay buenos y malos pero como decía, acertadamente, el filósofo estadounidense, John Dewey, “nosotros recordamos, naturalmente, lo que nos interesa y porque nos interesa”. Eso es lo que llevamos haciendo estos días si nos centramos en el deporte rey. Han pasado diez años de la gesta de la Selección Española, pero seguro que todos nos acordamos de cómo vivimos la intensa final del Mundial de Sudáfrica. Fue un día histórico. Un día de los que no se olvidan ya que los chicos de Vicente del Bosque consiguieron lo que España llevaba años anhelando. Es cierto que no empezaron con buen pie, pero saber superarse de las adversidades es fundamental; no solo en el fútbol sino en el día a día. La Copa de campeones viajó hasta Madrid donde la fiesta estaba asegurada. Obviamente no faltó el Waka-Waka de Shakira que se convirtió en la banda sonora del acontecimiento. España cumplió un sueño dejando atrás los fantasmas de los cuartos de final. El tiempo no ha conseguido borrar las instantáneas que nuestra mente almacena de aquella noche. Recuerdo que viví todo el Mundial en Francia, pero para la final algo me decía que tenía que estar rodeada de mi familia y amigos. No me confundí cuando decidí regresar a casa. Eso sí, antes pude presumir por el país vecino de los colores de mi selección. Ellos ya habían sido eliminados. Era orgullo, pero también, era la satisfacción del triunfo. Finalmente, la Copa se tiñó de rojo y los nervios y la tensión de la final merecieron mucho la pena. Imposible es olvidar una noche como esa. Es cierto, que si de recuerdos hablamos, en México viví la hecatombe de la Selección cuatro años después… Algo, sin duda, para olvidar.

Dicen que las finales se juegan para ganarlas, comprensiblemente, las derrotas en estos partidos duelen mucho más. Hay encuentros que se convierten en finales por su trascendencia. Esto lo estamos viviendo en cada jornada de la Liga. Unos se juegan el título, otros; los puestos de Europa y por supuesto, los que están rozando el descenso no se pueden permitir fallar. Del título de Liga mejor no hablamos, posiblemente, se pinte de color blanco; pero la que busca dueño es “La Orejona”. La Champions ya tiene emparejamientos y el Atlético de Madrid ha salido bien parado del sorteo. Está en cuartos y el Leipzig será su rival a batir si quiere alcanzar la semifinal. Ahora más que nunca cada partido es una final. Existe la posibilidad de un Madrid-Barça en una hipotética semifinal y, por supuesto, una final española en Lisboa.

Hemos hablado de recuerdos futbolísticos, escuece siendo colchonera pensar en Lisboa. Por eso, vayamos partido a partido. Agosto será el mes de la Champions League y si el veintitrés los de Simeone pelean por la copa, será bueno citar al escritor francés, Roger Martin du Gard: “La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse”. Quizás sea un buen momento para que el Atlético de Madrid grabe su nombre en “La Orejona”. Todo puede pasar y los recuerdos de Lisboa pueden cambiar. El tiempo lo dirá. Hasta entonces sigamos soñando porque los sueños, a veces, se cumplen.

Jimena Bañuelos

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