A DIEGO TORRES

“Poder ayudar con una canción y estar presente dando fuerza a alguien es algo maravilloso”. Así de claro y mirándome a los ojos, me lo dijo Diego Torres antes de subirse al escenario del teatro Calderón de Madrid. Permíteme que no te trate de Usted porque sabes que estuviste presente durante toda mi lucha. Marcaste, desde la distancia y sin saberlo, un día inolvidable. Tú me enseñaste a buscar la fuerza que había en mí y la cual yo desconocía. Y gracias a aquel veinticinco de marzo de dos mil seis todo se tiñó Color Esperanza. Esa esperanza que estaba cargada de SueñosSabía que tarde o temprano iría Abriendo Caminos. Y Andandodía a día, sabiendo que vivo de regalo, ha sido precisamente, la vida la que me regaló no solo conocerte sino charlar contigo y saber que Siempre hay un camino en el que los recuerdos están a flor de piel  y los tuyos y los míos se cruzan.

Y se cruzan cuando hablamos de tu madre. Esa mujer luchadora que te enseñó a amar tu profesión y, por supuesto, la vida. Te educó en “el amor y el respeto por el público y por el arte” y eso se nota. Querido Diego, no podré olvidar la dedicatoria especial que nos hiciste a mi madre y a mí. Esos momentos ya son un recuerdo de esos que se etiquetan como inolvidables. Comparto contigo que las madres siempre nos dan grandes lecciones y, sin duda, si ella era una luchadora tú también lo eres. Y si hablamos de luchar, el día que ella se fue de este mundo, yo volví a nacer. Es cierto que Todo cambia y todo se termina y ese día gané la batalla a la leucemia, ésa que me había arrebatado las riendas de mi vida. ¡Qué caprichosa es ésta! Pero que lindo, como dicen los argentinos, que tú y yo hayamos compartido recuerdos. Eso sí, reconozco que tenía la carne de gallina y los ojos algo vidriosos. Pero bueno, como somos optimistas y no nos faltan motivos para sonreír, pensemos en el futuro.

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Los abrazos siempre nos llenan de energía y el De Diego Torres fue especial. “Siempre avanti, nunca indietro” 

Ese futuro incierto en el que hay que Tratar de estar mejor. Qué será de nosotros no lo sé, pero desde luego con la actitud que tenemos ante la vida vendrá cargado de buenas experiencias y sensaciones. Ésas que transmites a los que te rodean siempre con una sonrisa en el rostro y, por supuesto, las que derrochas subido en el escenario. Eres un artista integral. Sé que amas mi país, que disfrutas de su gente, de su riqueza, de su gastronomía entre la que destacas la tortilla de patatas… Ésta también es mi debilidad. Cuando quieras estás invitado a una. Incluso, podemos ver alguna de tus películas favoritas: Big Fish o Cinema Paradiso. De momento, te prometo leer Justo antes de la felicidad de Ledig Agnes tal y como me recomendaste. Diego, puedes presumir de muchas cualidades y te honra reconocer que eres impuntual (aunque estás mejorando) y lo más importante, los años y tu hija, de quien presumes como orgulloso papá, te han enseñado a ser más paciente, a no preocuparte demasiado, a dar un descanso a tu cabeza… En definitiva, has aprendido a tolerar y ésta es una gran virtud.

Dices que “La música une” y no te falta razón. Llenaste el teatro, te entregaste a tu público. Ése que llevaba mucho tiempo esperándote, de hecho, ni tú recuerdas cuál fue La última noche que le dedicaste a tu gente de España. Cambiaste las sensaciones del lunes proclamando Hoy es domingo. Desde luego, mejor no pudo empezar la semana. Nos regalaste un gran espectáculo acompañado de tu equipo, de tus amigos de Ketama y de tu compatriota Gerónimo Rauch. Gracias por Dejarme estar un ratito contigo; sabiendo que ese momento  No lo soñécomo sí lo hice hace años en la cama de un hospital. Te has ido de Madrid prometiendo Volver. Te has llevado mucho cariño y has dejado mucho más que Un poquito de ti. A mí me llenaste de fuerza, de energía, de emoción… Pero lo más importante, es que todo lo vivido y tú lo sabes bien es gracias a que Aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Cumpliendo 13 años… Gracias a mi donante de médula

Me acuerdo de ese día como si fuera ayer. Sabía, desde el momento en el que me desperté, que había un antes y un después de aquel catorce de septiembre. En las noches de desvelo soñaba cómo sería “el día cero”. Y ese día había llegado. Me ilusionaba pensar en que el final estaba más cerca, en que volvería a tomar las riendas de mi vida, en que podría ser la joven que de la noche a la mañana cambió la universidad por el hospital… Me ilusionaban muchas cosas, pero también, estaba nerviosa, tenía miedo, tenía la incertidumbre y las dudas que solo el tiempo podría resolver. Siempre pensé que todo iba a salir bien porque esa era la actitud con la que había afrontado los duros ciclos de quimioterapia. Mi familia, mis amigos y mis médicos me acompañaron en los buenos y los malos momentos y en un día tan importante no podían faltar.

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Sonriendo a la vida

Aquella mañana seguí con mi rutina del hospital, sabiendo que por la tarde todo cambiaría. La tranquilidad daría paso al frenético ritmo del trasplante en el que las enfermeras no dejaban de entrar y salir. Mi doctora venía a comprobar que todo iba bien y ya entrada la noche y comiéndome un montadito de lomo con queso, el trasplante finalizó. Estaba cansada pero el miedo dio paso a la esperanza y a una vitalidad que comenzaron a llenarme de energía. Ya pensaba en los días que me quedaban para salir del hospital. Por fin, el día cero iba a dar paso a muchos días más. Ya son más de cuatro mil setecientos. Trece años en los que he podido vivir muchas aventuras y experiencias y, lo más importante, he podido cumplir muchos de los sueños que tenía cuando estaba en la cama de las distintas habitaciones del hospital de La Princesa. Y todo gracias a ese donante alemán que me regaló vida y al que estaré eternamente agradecida.

Confieso que en ese catorce de septiembre se puso el broche final a unos meses muy duros, muy inciertos, en los que la vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar, que los peros no son tan peros, que las cosas hay que afrontarlas como vienen y, lo más importante, que de todo lo malo hay que quedarse con lo mejor. No os voy a negar que lloré, que me enfadé, que me decepcioné, que me impacienté porque mentiría, pero también es justo decir que de todos esos momentos aprendí, gracias a la fuerza de la vida, a reponerme, a creer en mí, a sacar fuerzas no sé de dónde, en definitiva, a luchar por mí, por mi familia, por mis amigos y todo aquello que un día la leucemia me arrebató de repente. Pues bien, hoy tengo un gran motivo que festejar. Hoy, para mí, no es un día cualquiera. La vida, ésa que solo se vive una vez, cuando da una segunda oportunidad la exprimes al máximo, porque ha sido ella la que te ha enseñado a vivir y a valorar. Y precisamente, con los recuerdos volviendo a mi cabeza, hoy brindo por mi donante, por la salud, por los sueños, por mi familia, por el futuro… En definitiva, brindo porque Aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

Color Esperanza

Una imagen vale más que mil palabras y en su abrazo se concentraron muchos sentimientos. La vida es caprichosa y hace trece años me enseñó a pintarme no solo la cara sino la rutina de color esperanza. Hace unos días me recordó por qué no hay que rendirse, por qué quiero luchar, por qué los sueños se cumplen, por qué siempre hay motivos para sonreír y lo más importante, hizo que el dieciocho de junio llevara la firma de Diego Torres adjunta a mi Hashtag personal Aún tengo la vida.

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Con Diego Torres después de escuchar Color Esperanza

Es imposible que olvide el veinticinco de marzo del dos mil seis. Ese fue el día en el que esta canción lo cambió todo. Acababa de ingresar en el hospital para el segundo ciclo de quimioterapia. Mi ánimo escaseaba y mis dudas aprovecharon mi debilidad para dejarme sin ilusión hasta que un buen amigo decidió darme una gran sorpresa. Cuando me dedicó esta canción en la radio, todo cambió. No voy a negar que lloré durante los tres minutos que dura, porque han pasado los años y lo sigo haciendo. Solo tres acordes de la melodía hacen que mis ojos se vuelvan vidriosos y tras “sé que hay en tus ojos con solo mirar” no puedo contener las lágrimas. El tiempo ha ido curando las heridas pero Color Esperanza sigue pellizcando muy fuerte el corazón. Me recuerda mi pasado, obviamente, pero me recuerda, sobre todo, la fuerza que descubrí en mí en aquella habitación del hospital de La Princesa. Mi madre me acompañaba, me dio la mano y me dijo: “Vamos a por ello”. Las enfermeras vinieron a mi habitación, precisamente, para darme esos abrazos que lo cambian todo. Además, Color Esperanza me recarga de energía para afrontar los retos de la vida porque no todas las lágrimas son tristes. Éstas son de victoria. Muchas personas estuvieron conmigo cuando la leucemia tomó las riendas de mi vida. Cada una de ellas tenía su papel en esa batalla y Diego Torres le puso banda sonora, una banda sonora que me sigue acompañando porque la música para mi es imprescindible. De hecho, hoy es su día y habrá que celebrarlo.  Que razón tenía Nietzsche al afirmar que sin la música la vida sería un error.

Esa vida que solo se vive una vez, pero que cuando te da una segunda oportunidad es por algo. Fue ella la que me hizo un regalo. Me permitió cumplir un sueño porque en un segundo todo cambió. Quiso que me encontrara con Diego Torres. Fue una llamada de la Cadena Cien la que lo provocó todo. Me temblaban las piernas y mi corazón palpitaba más deprisa. No desvelaré cómo fue la grabación del De Cerca con Antonio Hueso pero sí os diré que esa tarde que viví en el restaurante Tatel  será difícil de olvidar. Solo puedo dar las gracias a todos, por supuesto, con mención especial al argentino y  a mi donante de médula alemán. Llevo trece años viviendo de regalo y, solo por eso, disfruto cada experiencia al máximo para tener los mejores recuerdos posibles. Seguiré escuchando y cantando Color Esperanza entre lágrimas, no todo lo cura el tiempo. Dice la canción La vida es un Vals de Diego Torres que “si cada lágrima te hace más fuerte, muerde la vida con uñas y dientes, hoy puede ser, que todo empiece a cambiar”.

Y algo cambió porque me recargasteis de fuerza para seguir adelante. Continuaré peleando por cumplir mis sueños, y por supuesto no dudéis de que seguiré “pintándome la cara color esperanza” para “tentar al futuro con el corazón”. Tengo claro que “es mejor perderse que nunca embarcar”. Gracias.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

13 de junio: No es un día cualquiera

Cada día es único e irrepetible, pero hay días y días. Los aniversarios están para celebrarlos y más aún cuando es una fecha que marcó un antes y un después. Es verdad que el número trece tiene muchos detractores porque las supersticiones siempre están ahí. Confieso que nunca creí en ellas y después de aquel trece de junio aún menos. Es más, era martes y trece y se cumplen, precisamente, trece años desde que escuché a mi hematóloga decir: “Jimena, tienes un donante de médula compatible”. Llevaba meses soñando con ese momento. Me imaginaba cómo sería y llegó cuando menos me lo esperaba. Recuerdo aquel día perfectamente. Aquella habitación del hospital, aquella cama y lo más importante, la cara de mi madre llena de emoción al escuchar a mi doctora pronunciar esas palabras. Esos abrazos serán inolvidables porque en el ambiente, a pesar de mi situación, se respiraba felicidad, se respiraba alegría, se palpaba la emoción. Son recuerdos que eternamente me pondrán la carne de gallina. Son recuerdos cargados de sentimientos y éstos siempre llegan al corazón.

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Aún tengo la vida

Ahí todo cambió. Ese sueño se había convertido en realidad. El día del trasplante estaba más cerca y el principio del fin tenía una fecha señalada. ¿Es o no es motivo para celebrar cada año el 13 de junio?

Dicen que mirar al pasado no es bueno, hay días que sí lo es. Porque hoy no es un día cualquiera. Hoy recuerdo cómo estaba y cómo estoy hoy en día. Hoy recibí la mejor noticia que me han dado en la vida. Hoy me llené de más fuerza para superar esa leucemia que había tomado las riendas de mi vida. Hoy todo se tiñó de Color Esperanza. Hoy me siento afortunada. Hoy supe que alguien me iba a hacer el mejor regalo, me iba a regalar vida. Hoy no es un día más, es un día marcado en mi calendario personal. Hoy es un día de fuerza, de alegría, de esperanza, de emoción, de valentía… a pesar de que tenía miedo al trasplante como es lógico. Lo desconocido siempre abruma, pero hoy descubrí en qué miedo aprendí a ser valiente. Hoy afronté la recta final de la quimioterapia acompañada de los mejores aliados: mi familia, mis amigos, mis doctoras y, por supuesto, mi donante. Hoy aprendí que la unión hace la fuerza, que sin lucha no hay victoria. Hoy puedo brindar por la vida, por los sueños cumplidos, por la generosidad de mi donante, en definitiva, por todo lo vivido hasta aquí. Hoy es trece de junio y aunque no sea martes, es un día que no se olvida. Es un día para celebrar.

Hoy brindaré por todo ello, pero sobre todo, me acordaré de ese joven alemán que me donó médula. Como veis, ser donante de médula es importante, y creedme, que los que están esperando recibir la misma noticia que yo, anhelan escuchar las palabras que lo cambian todo. Porque al escuchar “tienes un donante de médula compatible”, el corazón bombea más deprisa y es, en ese momento, cuando descubres en ti la verdadera fuerza de vida.

Y antes de irme a celebrar el trece de junio, os animo a que os hagáis donantes de médula. No es mucho pedir, pero quizás podáis ser el mejor regalo de alguien…

Yo, aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

A mi madre

Es valiente. Es luchadora. Es cariñosa. Es amable. Es fuerte. Podría seguir usando adjetivos porque se merece muchos calificativos, pero lo puedo resumir diciendo que es única. De niña quería ser como ella y ahora, muchos años después intento seguir todos sus consejos y enseñanzas. No hay ninguna duda de que estoy hablando de mi madre. Hoy, como cada primer domingo de mayo, es el día de la madre y la protagonista eres tú.

No te he regalado flores porque tu misma eres una de ellas. Eres, sin duda, la rosa de mi vida. Una rosa tan especial como la de la película La Bella y La Bestia. Una rosa que se mantiene firme ante la adversidad, pero que no pierde su esencia aunque las situaciones sean complicadas. Eres una rosa sin espinas porque como decía el escritor estadounidense Fitzgerald “puedes acariciar a la gente con tus palabras”, y esto no lo puede decir cualquiera. Eres una rosa que hay que cuidar porque eres sensible y puro sentimiento, pero los que te queremos sabemos como protegerte para que tu día a día sea como te mereces.

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Madre e hija

Dicen que la unión de una madre con su hijo es la más fuerte. Esto no es una hipótesis es una realidad. Juntas hemos vivido muchas experiencias. Las buenas son fáciles de recordar. Hemos ido a conciertos, al cine, de vacaciones, incluso al fútbol, pero también para ser justos con la vida hemos pasado momentos muy duros. Aún así hemos sabido aprender de ellos porque, mano a mano, le ganamos la batalla al cáncer y, mano a mano, también, aprendimos a valorar las pequeñas cosas de la vida. Desde el año en el que todo cambió, nuestra unión se fortaleció; porque de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y eso es lo que hemos hecho para seguir disfrutando intensamente cada minuto que estamos juntas, cada conversación que tenemos, en definitiva, cada momento madre e hija.

Decía George Herbert, poeta británico, que “una buena madre vale por cien maestros” y yo tengo a la mejor. Porque además eres hija de otra gran mujer que nos ha enseñado no solo a ser fuertes sino a no perder la sonrisa. Ya sé, mamá, porque eres como eres. Llevas en los genes la fortaleza y la grandeza de mi abuela y, eso, no hay ninguna ciencia que lo pueda rebatir. Ha sido la vida, a lo largo de los años, la que ha demostrado con hechos cómo sois y cómo nos habéis enseñado a crecer. Gracias a las dos porque madre no hay más que una, pero sentimientos hay demasiados.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

I Carrera Solidaria Donar Médula Burgos

Será la primera de muchas, de eso, no tengo ninguna duda. Y no lo digo porque es la primera vez que me apunto a una carrera sino porque la iniciativa de la Asociación de Donantes de Médula de Burgos ha nacido fruto de la solidaridad, el esfuerzo y el trabajo de quienes persiguen, día a día, fomentar la donación de médula o lo que es lo mismo, la posibilidad de regalar vida a otras personas.

Confieso que como excusa siempre digo que correr es de cobardes, pero en esta ocasión el corazón me decía que no podía negarme. Y cuando el corazón manda hay que obedecer. Pueden ser 21 ó 10 kilómetros pero la distancia es lo de menos. Lo que verdaderamente importa es que todos nos unamos por una buena causa. Conozco muy bien lo que sienten los que están deseando escuchar de su médico la frase: “Tienes un donante de médula compatible”. Hasta que llega ese momento, la esperanza es lo único que motiva a no tirar la toalla porque sabes, perfectamente, que ese es el comienzo de una nueva vida. En mi caso, fue una leucemia la que truncó los sueños que tenía con veintiún años, pero a pesar de todo, seguí construyendo otros anhelos desde las diferentes habitaciones del hospital. Me imaginaba todo lo que quería hacer cuando ganara la batalla. Conté en ella con mi familia, con mis amigos, con mis médicos, en definitiva, con todos los que se unieron a esa lucha y que, al igual que yo, esperaban la noticia más deseada. Y ésta llegó gracias a la generosidad de un donante de médula alemán, que sin conocerme se convirtió en el protagonista de los días más importantes de mi vida. Él lo cambió todo, dio un giro a mi historia y me hizo el mejor regalo que me han hecho nunca.

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En la presentación de Aún tengo la vida

Desde aquel catorce de septiembre han pasado casi trece años en los que llevando por bandera Aún tengo la vida he vivido muchas aventuras y experiencias. He conocido a grandes personas con las que he grabado grandes recuerdos en mi memoria. Entre ellos, el día que conocí a Noelia, a Rosa y a Maitane. Fue en Burgos, mi tierra y, como no podía ser de otra manera, hablamos de la importancia de ser donante de médula en la presentación de mi libro. Ellas saben que cuentan conmigo siempre que lo necesiten y tras leer un Whatsapp suyo hablando de la carrera, mi respuesta automática fue: Allí estaré.

Quedan trece días para que nos veamos en Cardeñadijo, las inscripciones todavía están abiertas. Por eso, os animo a que nos acompañéis porque si la unión hace la fuerza, obviamente, cuantos más seamos, más familias recibirán el apoyo psicológico que necesitan para afrontar con valentía y seguridad una etapa dura pero que dará paso a una mejor. Porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, todo cambia y cada minuto se respira vitalidad.

Y esa vitalidad es la que me lleva a ponerme las deportivas, las mallas y la camiseta y correr por todos los valientes que están luchando como en su día hice yo para ganarle la batalla al cáncer y que pronto gritarán a los cuatro vientos: ¡Tengo un donante de médula compatible!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

¡2.000 trasplantes de médula en La Princesa!

No sé cual será mi número pero lo que sí sé es que gracias a ellos aún tengo la vida. Nos conocimos de repente, sin un plan establecido pero con un único fin: ganarle la batalla al cáncer.

Las riendas de mi vida las tomó una leucemia de la noche a la mañana pero, afortunadamente, yo no estaba sola. Tenía a mi familia, a mis amigos y a un equipo médico que iba a luchar conmigo. La unión hace la fuerza y en los momentos de debilidad siempre había alguien que estaba dispuesto a tirar del carro. Vivimos unos meses muy intensos, escritos día a día en la sexta planta del hospital de La Princesa de Madrid. Pasé por muchas habitaciones en las que aprendí a valorar las pequeñas cosas y lo más importante, aprendí a conocerme a mí misma, a tener claras mis prioridades y a soñar como nunca lo había hecho. Allí, vestida con un pijama azul, anhelaba cruzar la puerta roja de la unidad de trasplantes. Sabía que tenía que tener paciencia y confiar en los médicos porque ellos, mejor que nadie, sabían cómo actuar.

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Aún tengo la vida comienza en el Hospital de La Princesa 

A diario pasaba visita la doctora Arranz, ella fue quien me dio la peor noticia de mi vida: el diagnóstico y también, la mejor: “tienes un donante de médula compatible”. Se convirtió en cómplice de mis días buenos, malos y regulares al igual que la doctora García Noblejas, la cual, tenía buena mano a la hora de hacerme las punciones medulares, eso sí, ella las sufría igual que yo. Mi tocaya, la doctora Cannata también fue participe de esos ciclos de quimio, de esas bajadas de defensas, de esos momentos complicados que con una sonrisa me llenaba de energía. Esa energía que me transmitió desde el primer momento en la consulta la doctora Gómez García de Soria. Ella me acompañó en el día más importante, el día del trasplante. Ella fue quien me llenó de positividad ante lo desconocido. Y gracias a ellas y a todo el servicio de Hematología dejé el miedo a un lado para afrontar la etapa más dura de mi vida.

Una etapa que culminó un catorce de septiembre gracias a la generosidad de mi donante de médula. Gracias a él, recibí la noticia que más anhelaba y pude marcar en el calendario el comienzo de una nueva vida. Se van a cumplir trece años llenos de experiencias, de sueños cumplidos, de aventuras y, lo más importante, cumpliré trece años en los que he vivido tal y como la vida me enseñó a hacerlo en La Princesa, sin ponerle ningún pero y conjugando el verbo vivir con mayúsculas.

Ahora La Princesa celebra los dos mil trasplantes de médula. Trece años después he vuelto a subir a esa sexta planta. Confieso que me temblaban las piernas, ya no está la puerta roja porque la planta ha mejorado. Eso sí, siguen estando al frente grandes profesionales y, sobre todo, grandes personas. Aprendí que de lo malo hay que quedarse con lo mejor y, sin duda, me quedo con esa familia que encontré vestida con una bata blanca y escribió conmigo cada capítulo de Aún tengo la vida. El catorce de febrero no celebraremos San Valentín, celebraremos que estamos enamorados de la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Cumpliendo 12 años… Gracias a mi donante de médula

Parece que fue ayer cuando señalé el día cero en mi calendario particular, pero ya han pasado más de cuatro mil trescientos días o lo que es lo mismo doce años. Ése es el número de velas que tendrá la tarta de este año. Decía Shakespeare que el pasado es un prólogo, y si hoy echo la vista atrás, puedo decir que el del dos mil seis marcó un antes y un después en mi vida. Ese prólogo estaba escrito en un ambiente desconocido para mí que, poco a poco, formó mi día a día. En él no faltaba la fuerza, el coraje, la sonrisa, y por supuesto, alguna que otra lágrima. Aquellos meses fueron duros pero el 14 de septiembre ese prólogo dio un giro literario lleno de esperanza, de generosidad y, sobre todo, de optimismo e ilusión. La misma ilusión con la que afronté el día que más anhelaba; el día en el que todo se tiñera Color Esperanza; el día en el que gracias a mi donante de médula, mi historia comenzara de nuevo.

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Viendo un sueño cumplido: Aún tengo la vida 

Y el primer capítulo, como no podía ser de otra manera, se ubica en aquella habitación del Hospital de La Princesa donde “Hans” llegó a mí. No sé quien es pero yo lo bauticé así porque vino desde Alemania. Mi donante se unió a mi lucha sin conocerme y me trajo el mejor regalo que me han hecho nunca. Me dio vida y puso fin a la leucemia que me había arrebatado las riendas de mi vida. Pasé cinco semanas muy duras en aquella cama, aislada, con pocas ganas de comer… pero con una positividad que me ayudó a pelear hasta el final.

Desde entonces ha pasado mucho tiempo en el que he vivido muchas experiencias, anécdotas y batallas para cumplir con todos los sueños que me alejaban mentalmente de aquella habitación. Me prometí, entre esas cuatro paredes, que buscaría siempre el lado bueno de las cosas, que disfrutaría del día a día porque aprendí que en un segundo todo puede cambiar y, lo más importante, fue la vida, con esta dura lección, la que me enseñó a valorar cada momento, a conjugar el verbo vivir sin añadirle ningún pero, porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, el famoso “solo se vive una vez” lo escribes con mayúsculas.

Por eso, aquel prólogo que comenzó hace doce años tenía que ser modificado y la historia actualizada. De lo primero se ha encargado Javier Ares y de lo demás he sido yo quien me he puesto manos a la obra. Ésta fue otra de mis promesas. Aquella lucha en la que conté con grandes aliados tenía que ser escrita. De nuevo el tiempo me ha llenado de fuerza para escribir lo que en su día fue un sueño. En este cumpleaños o cumplevida no quiero presentes, es más, como Aún tengo la vida ya es una realidad, este es mi regalo para todos los que me apoyaron, me dieron fuerzas y me hicieron sonreír cuando más lo necesitaba. Es un agradecimiento escrito en forma de novela. Quizás una inspiración para los están luchando… Pero hoy, más que nunca, es un gracias a mi donante, a mis doctoras, a mi familia, a mis amigos… Es un sueño hecho realidad, una batalla vencida…  Es el mejor día para celebrar que Aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

¿Y si te haces donante de médula?

No era el día de mi cumpleaños, ni mucho menos el de mi santo. Tampoco había jugado el Atleti de mi corazón pero ese día fue especial, porque todos los que allí nos encontrábamos teníamos algo en común. Unos habían regalado vida y otros la habíamos recibido y, solo por eso, en el ambiente reinaba la generosidad, el agradecimiento, la alegría y, como no, la ilusión por un futuro lleno de sueños por cumplir.

Mentiría si no reconozco que los sentimientos los tenía a flor de piel, porque aunque el tiempo cura las heridas, las cicatrices ahí quedan. Siempre nos recordarán dónde hemos estado, pero también, nos muestran por lo que hemos luchado. Llevo muchos años abanderando mi día a día con Aún tengo la vida porque gracias a la generosidad de mi donante de médula, puedo seguir luchando por cumplir todo aquello que anhelaba en la cama del hospital. Me he preguntado en más de una ocasión cómo será mi donante de médula, qué sintió cuando le dijeron que era compatible conmigo, cómo será ese joven alemán que me hizo la persona más feliz del mundo aquel martes y trece de junio de hace doce años…

Mi donante de médula me regaló vida. Aún tengo la vida.

En fin, muchas cuestiones en las que la imaginación me ha permitido crear a mi Hans. Pero mi Hans ficticio se llenó de sentimiento y algo de realidad cuando conocí a Antonio y a Eduardo. Ellos han sido el “Hans español” de otro luchador que soñaba, como yo, con ponerle punto final al cáncer. Ellos han donado médula y les aseguré que con ese gesto de generosidad llenaron a otra persona de vida, y sobre todo, de mucha fuerza para afrontar el día más deseado, el día del trasplante. Al igual que yo no olvido ese catorce de septiembre, ellos recuerdan cómo fue todo su proceso. Me encantó escuchar como lo cuentan porque era la primera vez que me lo describía alguien que lo había experimentado. Vi en sus ojos la emoción de saber que habían hecho algo muy grande. Con la carne de gallina, mientras oía su historia, me vinieron a la mente muchas imágenes de mi “día cero”. Comprendí lo que Hans había hecho por mi sin conocerme al igual que Eduardo y Antonio. Son dos personas que eligieron unirse a la batalla de alguien con su mejor arma, su médula. Son un claro ejemplo de lo que necesitan muchos luchadores. Tengamos claro que donar médula es regalar vida. Quienes buscan en la habitación de un hospital aliados en la lucha contra cáncer, solo quieren escuchar de la boca de su médico la frase que yo también anhelé: “Tienes un donante de médula compatible”. Creedme que es la mejor noticia que me han dado nunca y espero que muchos se unan a la lista de donantes, porque la unión hace la fuerza.

Aquel día intercambiamos experiencias, anécdotas, vivencias y esperanzas. Sabemos que sin lucha no hay victoria, por eso, no nos rendiremos ante la posibilidad de llenar de nombres la lista de donantes de médula. Queremos que cada vez sean más los que se unan a mi lema y puedan gritar a los cuatro vientos: “Aún tengo la vida”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Aún tengo la vida

No ha sido por pereza, ni mucho menos por falta de ideas o de temas. Ha sido por cumplir un sueño y ese es el mejor motivo que puedo tener para defender mi ausencia durante tanto tiempo. Está claro que el hecho de poder hacer realidad los sueños es lo que hace que la vida sea interesante, y teniendo esto tan claro todo está justificado.

Era algo que me rondaba por la cabeza desde hace doce años y a pesar de que siempre estaba en mi lista de los propósitos de Año Nuevo nunca llegaba a cumplirlo. No sé por qué pero nunca tenía tiempo para ello. Hoy, conozco muy bien el motivo de tanta justificación y entiendo por qué sentí que ahora era el momento de hacerlo. Dicen que el tiempo cura las heridas, me pueden quedar cicatrices pero lo que seguro ha cambiado ha sido la perspectiva de las cosas y sólo por eso, en mi estómago tenía un hormigueo que decía que era ahora o nunca. La vida es caprichosa y sabe cómo mostrar el camino a seguir. Decidí que no iba a continuar poniendo excusas y acepté sentarme frente a la hoja en blanco. Ésta ahora no me daba miedo porque sabía que lo que iba a contar, iba a hacer que me tiraran las cicatrices de la etapa que marcó un antes y un después en mí. Así que con la valentía que me caracteriza, página a página, decidí teclear la historia que envuelve mi lema de vida. Aún tengo la vida nació como novela el pasado 22 de marzo. Ese día el sueño se hizo realidad.

Portada del libro Aún tengo la vida

Viendo el libro y acariciando sus páginas pienso en los recuerdos inolvidables que ese jueves quedaron grabados en mi memoria. Mis amigos, mi familia, mis médicos estaban ahí;  compartiendo las lecciones que la vida me dio. Mi lucha y mi victoria, mis lágrimas y mis alegrías y un sinfín de sentimientos que quedan reflejados en un libro en el que dos jóvenes se enfrentan a sus propios miedos para tratar de encontrarse así mismas. Eso sí, siempre con el color esperanza por bandera y la positividad y optimismo como mejor aliados.

Si algo me enseñó la vida hace doce años es que hay que disfrutar de los momentos, luchar por aquello en lo que se cree y dejar volar la imaginación porque los sueños se cumplen. Revivir lo que pasé no ha mermado mis fuerzas, al contrario, ha recargado mi vitalidad. Me ha hecho recordar muchas enseñanzas, muchas anécdotas y muchos momentos que incluso creía olvidados. Ahora, con el libro en mis manos, pienso que la vida, esa que solo se vive una vez, cuando te da una segunda oportunidad siempre va a ser mejor que la primera. Porque a pesar de todo… Aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)