Cumpliendo 11 años… Gracias a mi donante de médula

“¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!” Esto dijo el autor de Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift y no le falta razón. Se pasan los días, los meses y los años y no nos damos cuenta de que, en definitiva, el tiempo no es un actor secundario en nuestra rutina. El tiempo no vuelve y, por eso, cada minuto es único e irrepetible. La vida está para vivirla y cada uno sabe como buscar en ella esa felicidad que hace que los momentos sean inolvidables. Porque ser feliz depende de cada uno. Únicamente hay que preguntarse cuáles son los ingredientes de la receta de nuestra felicidad. A mí la cocina no se me da bien pero esta receta, sin duda, la tengo bien aprendida.

Celebrando la vida

Hoy, en el día en el que se cumplen once años de mi trasplante de médula, puedo brindar por la vida. Ese regalo de vida, y nunca mejor dicho, que mi donante alemán me hizo sin conocerme. Aquella tarde no la podré olvidar. Recuerdo como vivimos cada minuto de aquello que para mí era desconocido, pero que sabía que ponía punto final a la quimio y a la radioterapia. Y ya, solo por eso, el miedo no estaba invitado a pasar por mi mente. Era el momento de aliarse con la valentía y la fuerza porque únicamente con ellas podía comenzar esa nueva etapa. El anhelado día cero, ya tenía fecha y eso en aquel momento era lo más importante de todo. Está claro que las circunstancias determinan la valoración de las cosas y aquella tarde, tumbada en aquella cama y con múltiples tubos conectados a mí, recuerdo que solo quería terminar de luchar y obtener una victoria para ver en el rostro de mis padres una señal que mostrara el alivio de que todo había ido bien. A pesar de la preocupación y el cansancio, la sonrisa inundó su rostro. Y al verla recordé las palabras de mi doctora cuando me comunicó que tenía un donante compatible: “Jimena, esto se acaba”. Y así fue.

Pasaron los días y aquella habitación se había convertido en “mi hogar”. El tiempo transcurría muy despacio. Y después de seis semanas aislada ahí dentro llegó el día en el que recibí el alta. Apenas podía andar pero el anhelo de salir a la calle era tal que hasta casi echo a correr. Ahí está la fuerza de la vida. Esa fuerza que nunca sabes que tienes hasta que la necesitas. Eso sí, ya en la calle fui feliz con solo sentarme en un banco. Por las pequeñas cosas empieza mi receta de la felicidad. No necesito muchos ingredientes pero lo que no puede faltar en mi día a día es esa sensación de que a pesar de la rutina he tenido vida. He tenido tiempo para mí.

Ahora me toca soplar once velas pensado que las cicatrices ahí quedan. Que no se trata de olvidar sino de aprender a vivir con los recuerdos. Ya dijo Kierkegaard que “la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante”. Por eso, a aquel día cero ya le he sumado más de cuatro mil días más, es decir, más de cuatro mil experiencias más, ya que como aseguraba Scott Fitzgerald: “La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar”. Y en eso también tengo experiencia porque Aun tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

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Buscando la Estrella Polar

Cumplir los sueños es lo que hace que la vida sea interesante, por eso, ver publicado mi primer relato me llena de ilusión y energía para seguir aliándome con las palabras y llenar la fría hoja en blanco con el calor de unos sentimientos, de unas aventuras o lo que las musas prefieran. Hoy, homenajeando a quien siempre me animó a escribir y celebrando un año más de vida y experiencias, comparto Buscando la Estrella Polar con todos vosotros:

Buscando la Estrella Polar

 A mis padres, por ser el mejor ejemplo a seguir

Aquella noche del mes de noviembre, el cielo estaba colmado de estrellas, la luna era casi llena y daba una luz que, aunque no con mucha nitidez, permitía ver en la oscuridad de la noche. Pablo podía escuchar el silencio que alguna vez se veía interrumpido por el “cri-cri” de algún grillo noctámbulo. A lo lejos se divisaban pequeños destellos, eran las luciérnagas que poblaban el jardín, y la magnífica silueta de la montaña que tan bien se conocía. Arropado por una manta tejida a mano, se sentó en su butaca orejera favorita a pesar de que ya no era tan confortable como le gustaría. El paso del tiempo había convertido sus almohadones en cojines tan finos que no superaban el dedo de grosor, su mimbre se encontraba deteriorado pero eso era lo de menos. Porque en ese butacón había leído muchos libros, bebido litros de café y fumado algún que otro cigarrillo, ahora es un exfumador convencido. Pero sobre todo, desde ahí contemplaba la que sin duda es la mejor vista de La Peña, como se conoce a aquel emblemático montículo.

Antes de tomar la postura que más le gustaba, Pablo cogió la taza de chocolate que se había preparado. El humo que desprendía era el calor que él necesitaba. La cogió entre sus manos y se recostó poniendo los pies en el borde de aquella mesa redonda giratoria de cristal y madera. En ese momento miró al cielo, cerró los ojos y empezó a recordar su vida desde su años de infancia.

Visualizó a aquel niño vestido con pantalón corto y la camisa por fuera, los calcetines uno más alto que otro y los zapatos llenos de polvo. Pablito, así le llamaban, era rubio con el pelo siempre revuelto, los ojos verdes, la piel blanca y una sonrisa que enamoraba. Era un crío travieso, lleno de arañazos porque le gustaba correr aventuras por aquellos bosques frondosos. Construyó su casa en el árbol, aquel viejo roble que era tan difícil de trepar, aunque para él no había imposibles. Con la bicicleta recorrió ese valle de arriba abajo y siempre llevaba colgando del bolsillo trasero de su pantalón, su bien más preciado, el tirachinas.

Se acordaba al detalle de su primera brecha, de las veces que había rodado las escaleras de esa casa, de los capones que había recibido, de los puntos que le habían dado en el centro de salud del pueblo. Pero también recordaba las muchas fiestas de cumpleaños que allí había celebrado, las verbenas populares que había festejado, los baños que se había dado con la manguera en el jardín, en definitiva, rememoraba todas las chiquilladas de entonces. Abrió los ojos y éstos comenzaron a cristalizarse. No quería llorar y los volvió a cerrar. De nuevo, los recuerdos inundaron su mente.

De la infancia pasó a la adolescencia, era un joven apuesto que se llevaba a las chicas de calle. Aquellos guateques de los setenta, los pantalones cortos pasaron a ser de campana y al más puro estilo de Fiebre del Sábado Noche, Pablito pasó a ser Pablo. El hombre que seguía siendo hoy en día, cargado de generosidad y bondad pero con el corazón compungido. Las imágenes continuaban proyectándose en su cabeza como si de la película de su vida se tratase y tras unos minutos, Pablo volvió a contemplar la noche. Dio un sorbo al chocolate que había dejado de humear y comenzó a mirar a las estrellas.

Distinguió la Osa Mayor, la Osa Menor y buscaba la Estrella Polar para encontrar el norte que había perdido en los últimos días. Se levantó y poco a poco emprendió un pequeño paseo, bordeó la piscina que había en aquel jardín que recordaba lleno de flores. Sabía que nada volvería a ser como antes. Que el tiempo pasa y todo va cambiando. Pero en su interior seguía viva la llama de su juventud. Aquellas vistas le tenían enamorado, era su paraíso particular y por muchos años que pasaran ese sentimiento no iba a cambiar. Volvió a sentarse, en el corazón notaba pinchazos y ahora sí que dejó salir aquellas lágrimas que había contenido unos minutos antes. Eso le calmaría pero sabía que la ausencia de su madre era irreparable. Ya no estaba. No volvería a escuchar su voz, ni su risa. Solo le quedaba aferrarse a esos recuerdos que habían pasado por su mente, allí donde creció y donde ahora lloraba de melancolía.

De repente escuchó que le llamaban. Era su hija que corrió a abrazarle y se sentó en su regazo como cuando era una niña. Y le dijo:
– Papá, esas gotas saladas son fruto del amor incondicional a una madre, deja que caigan en el jardín y volverán a nacer las flores que tanto le gustaban a la abuela.

A lo que él respondió:
– Tienes razón, la vida me ha premiado contigo y con tu madre. Tu abuela se ha ido pero en ti ha dejado lecciones como la que acabas de darme.
Rosa miró a su padre y añadió:
– No te olvides que la abuelita siempre nos decía: En la vida, ante todo, sed felices.

Padre e hija se levantaron, caminaron unos pasos, alzaron la vista y en el cielo encontraron la estrella que más brillaba, la estrella polar de sus vidas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

De Cercanías y Confidencias con Coti

“Cuando puedas contar tu historia sin derramar lágrimas, sabrás que por dentro ya te curaste.” Parece fácil porque el paso del tiempo dicen que cura las heridas. Pero no siempre que echamos la vista atrás somos lo suficientemente fuertes para afrontar los recuerdos de lo vivido. Ahora bien, reconozco que cuando tengo que hablar de la etapa más dura de mi vida, las lágrimas no llegan a caer por mi rostro. Porque desde entonces, he aprendido a vivir, a disfrutar y sobre todo, a afrontar los retos que la vida me ha ido poniendo por delante, sabiendo que ya soy la triunfadora de la batalla más dura que me ha tocado pelear. Cuando luchas por tu vida y ganas, ya te curtes para lo que venga. Si bien es verdad, siempre quedan cicatrices que marcan dónde has estado pero no a dónde llegarás.

El tiempo ha pasado y me ha llevado a conocer a grandes personas, a vivir en diferentes lugares y, sobre todo, a disfrutar de cada segundo. Por eso, hace meses en menos de un minuto compré la entrada para ver a Coti. No iba a ser mi primer concierto de este año, ni tampoco el último; pero sí iba a ser el más especial. Su gira Cercanías y Confidencias brindaba la oportunidad de ver y escuchar a este argentino en estado puro. Acompañado por sus guitarras, la armónica, el piano y el bandoneón fue interpretando cada uno de sus temas transmitiendo un sentimiento que solo en petit comité puede llegar a poner la carne de gallina. El púbico estaba más que atento a las distintas anécdotas que Coti fue contando ya que cada canción tiene su por qué.

Coti interpretando “Días”

Se cantó Tu nombre, Otra vez, Te quise tanto, Antes que ver el sol… y llegó el momento que me demostró que hay una cicatriz que me pellizca directamente en el corazón. Ya me sabía la historia de la canción y aunque intenté ser fuerte, no lo conseguí. Color Esperanza fue la banda sonora de mi lucha. En un segundo recordé aquel 25 de marzo, día en el que me la dedicó un buen amigo, vi la habitación del hospital donde la escuché, la cara de mi madre y de las enfermeras y, sobre todo, me veía yo postrada en una cama con aquel pijama que era mi uniforme de lucha. Todo eso con tan solo dos acordes. Dejé que las lágrimas salieran porque no tenía ningún motivo para detenerlas. Ya lo dice la canción: “Sé que hay en tus ojos con solo mirar”. Ahora bien, desde anoche, esas gotas saladas ya son más dulces, aunque me siga emocionando una nueva imagen vendrá a mi cabeza… será la de Coti y su guitarra a escasos cinco metros de mi quien ponga, además de lágrimas, una sonrisa en mi cara porque “la tristeza algún día se va” para seguir “tentando al futuro con el corazón”.

Un corazón que palpita al son del día a día, que sabe que “es mejor perderse que nunca embarcar”, que “lo imposible se puede lograr” y que hay que “quitarse los miedos y sacarlos afuera”. Y aun sabiendo lo que este concierto me iba a recordar, puedo afirmar que las dos horas y media que disfruté con Coti serán inolvidables. No fue un concierto más, fue un concierto de cercanías y confidencias que muy pocos pueden hacer.

Con el público en pie, este argentino, padre de dos parejas de mellizos, se despidió de Madrid con su Canción de Adiós… Aunque mejor, si me lo permites, nos decimos “Hasta Pronto”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Unidos por el destino y la pulsera solidaria

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” decía John Lenon, y no le faltaba razón. La vida o el destino siempre nos da sorpresas ya sea para bien o para mal. Y en todas ellas hay grandes lecciones que aprender. Lecciones que pueden marcar cambios en nuestra actitud, en nuestro carácter, en definitiva, en nosotros mismos. Hace años aprendí que hay que afrontar las cosas como vengan porque adaptarse a las circunstancias es vital para sobrellevarlas.

Con fuerza y optimismo resistí aquel doloroso 2006. Recuerdo que tenía muchos planes por hacer pero de la noche a la mañana todo cambió. Mis sueños no se truncaron pero sí se alteraron. Buscaba ganarle la batalla a una leucemia y lo conseguí. Si bien es verdad, la lucha fue muy dura pero aun así me reafirmo en algo que ya he dicho en más de una ocasión: “Nunca me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado”. Mi vida cambió hace once años, me privó de muchas cosas. La década de los veinte fue diferente pero aun así el destino me ha recompensado con otras aventuras y sobre todo con grandes personas que ahora están en mi lista de amigos.

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Con la pulsera de la solidaridad, entre todos lo conseguiremos. Diseño imagen: Daniela Franco

Y en esa lista están María y Carlos. La vida es caprichosa y quiso que nos conociéramos el año en el que celebrábamos nuestro décimo aniversario de la victoria. Mientras yo estaba en el Hospital de la Princesa soñando con un donante de médula, ella y su hijo se encontraban en el Hospital Sant Joan de Déu ganándole la batalla a un sarcoma de Ewing. Todos salimos victoriosos y por supuesto, muy agradecidos a los equipos médicos que lucharon con nosotros. Carlos en aquel entonces tenía solo 8 años y escribió un poema de 20 versos en los que con la inocencia de un niño relató lo que estaba pasando: “Esta enfermedad es una “bolita” / que siempre está “enfadadita”, / a mi me molestó, / y el médico la encontró. / Me hicieron una resonancia, / madre mía, “que ansia”! / después a una habitación me subieron / y allí unos días me tuvieron. / Durante unos días me daban medicación / y yo tenia mucho dolor. / A casa llegué / y feliz me quedé! / Al cabo de un mes me operaron / y una cicatriz me dejaron. / Poco a poco hago recuperación / y ya puedo correr hasta mi habitación. / Espero estar del todo curado. / Para ver a mi profesorado. / Muchas cartas he recibido / gracias a los mejores amigos que he tenido.” De ahí, nació la pulsera solidaria para ayudar a la investigación del cáncer infantil. No es una pulsera cualquiera, es una pulsera cargada de generosidad. Porque los que hemos ganado la batalla al cáncer sabemos que toda investigación es poca. La unión hace la fuerza y juntos podemos conseguir que el cáncer nunca gane.

Carlos consiguió que su madre desterrará de su vocabulario la expresión “yo no podría” por la de “se puede”. Y precisamente como querer es poder, los dos Aun tenemos la vida para cumplir nuestros sueños y para ayudar a los que luchan. Yo ya tengo mi pulsera. ¿Y tú? Únete a nosotros. Te esperamos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Más información en:

Twitter: @graciasati2011

Instagram: @pulserasolidaria

Facebook: Pulsera solidaria por la investigación del cáncer infantil

Mail: graciasati2011@gmail.com

Va por ti, Abuelita

Lleva días rondando por mi cabeza y es que los recuerdos afloran cuando más se necesitan. Hace unos meses te vi por última vez y no podré olvidar esa sonrisa en tu rostro mientras pronunciabas mi nombre. Hoy esa imagen es capaz de cristalizar mis ojos porque te has ido en un día muy señalado para mi.

fullsizerenderPero de ti me quedan muchos recuerdos, muchas conversaciones llenas de consejos, más de algún secreto y sobre todo muchas vivencias. Me enseñaste a ser fuerte porque tú lo eras, me enseñaste a tener carácter porque tú lo tenías, me enseñaste a ser cariñosa porque tú lo eras, me enseñaste tantas cosas… Sé que te echaré de menos pero en mi corazón está tatuado tu recuerdo. Siempre me insistías en que tenía que escribir y recuerdo como te alegraste cuando empecé este blog sin se supieras muy bien lo que era. Hoy, a pesar de todo, puedo agradecerle a la vida todos los momentos que me ha permitido estar contigo. La vida es el libro que nosotros mismos vamos escribiendo, y aunque el tuyo ya está finalizado, yo necesitaré citarte en más de una ocasión…

Y hablando de citas, hace unos días estuve viendo el musical de El Rey León. Y de sus diálogos cargados de lecciones me quedo con las palabras de Mufasa: “Mira las estrellas. Los grandes reyes del pasado nos miran desde las estrellas, así que, cuando te sientas solo, recuerda que esos reyes siempre estarán ahí para guiarte”. Yo ya miraba al cielo y veía a mis dos reyes, Eusebio y José María, ahora además, tendré una reina. Así será difícil que me pierda…

Gracias por tanto, abuelita. Descansa en Paz.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Para esos valientes del Sant Joan de Déu

Cargada de sentimientos se presentó la noche del sábado. Unos sentimientos de esos que pellizcan el corazón y te ponen la carne de gallina. Los que me conocen pueden pensar que estoy hablando de mis sentimientos rojiblancos, pero hay algo mucho más importa a que tu equipo gane o pierda. El sábado, acompañada por buenos amigos, reviví la victoria más importe de mi vida. No me dio tres puntos. De momento, me ha dado diez años más de vida. Y eso, no hay partido de fútbol que pueda igualarlo.

En el Hotel Arts de Barcelona se vivió una noche de lo más solidaria. Bajo el lema “Ajuda’ns a Créixer” y a beneficio del Servicio de Oncología del Hospital Sant Joan de Déu cenamos pensando en la importancia de unirnos para hacer frente al que, sin duda, es nuestro rival común. Cuando el cáncer se cruza en tu vida, las prioridades cambian. A mí, la leucemia me llegó con veintiún años y fue muy duro. Recuerdo los largos días en el hospital, los ciclos de quimio, la espera de las buena noticias, las muchas inyecciones que me pusieron, las temibles punciones medulares… Fueron muchas cosas negativas pero aun así tenía momentos buenos. La sonrisa era mi mejor escudo, mi familia y amigos fueron mis fieles compañeros de batalla y mis doctores se encargaban de crear la estrategia a seguir en esta batalla. Un batalla que tuvo su punto de inflexión en el día que me dijeron que tenía un donante de médula. Eso si que es un premio, y de los gordos. Ahí todo cambió. Y aunque las fuerzas me flojearan, esa “inyección” de ánimo que llegó desde Alemania, me llenó de optimismo y valentía para afrontar el trasplante de médula que tanto anhelaba.

fullsizerenderPues bien, si eso es lo que viví hace diez años, el sábado volvió a pasar todo por mi mente. Mi mesa tenía en un cártel el nombre de Ariadna, una amiga que siempre estará en mi corazón. Si ya es duro lidiar esta batalla siendo adulto, no me quiero ni imaginar como tiene que ser siendo un niño. Lo que hace el Hospital Sant Joan de Déu es impresionante. Sus comienzos no fueron fáciles pero juntando el trabajo de los profesionales y la solidaridad de todos está claro que se logran los objetivos. Y ahora más que nunca, hay que aliarse para hacer frente, de la mejor manera posible, al cáncer que trunca la infancia de los más pequeños. Si la unión hace la fuerza, unámonos con la solidaridad por bandera.

Y si hablamos de banderas, la mía también estuvo en esta noche solidaria. Sonó el Color Esperanza y aunque conseguí retener mis lágrimas en los ojos durante toda la velada; al final con esta canción llegó el momento de dejarlas salir. El tiempo cura las heridas, va borrando los recuerdos pero hay cicatrices muy arraigadas, no a la piel, sino al corazón. Emocionarme en los primeros acordes de está canción es normal. No lloro por que me ponga triste, lloro porque al final de los casi cuatro minutos que dura, me lleva al pasado para cargarme de fuerza y energía para el futuro.

Ahora puedo afirmar que Aun tengo la vida, precisamente, para vivirla. Así que pensando en los pequeños valientes, que están luchando con todo su “coraje y corazón”, dado el día que era, espero que muy pronto “batalla a batalla” se conviertan en los héroes de una guerra, que sin duda, los hará más fuertes.

El sábado mi lugar no era el Vicente Calderón, mi sitio estaba en la Ciudad Condal y mi corazón se unía al del Servicio de Oncología del Sant Joan de Déu y a sus pacientes y familiares. ¡Ahí tenía que estar!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

La sorpresa del Por Ellas

Ya sea en los buenos momentos o en los malos siempre está conmigo, y es que la música nunca dejará de acompañarme. No tengo ninguna preferencia entre los diferentes estilos porque, precisamente, en ellos reside la capacidad de adaptarse a mi día a día. Obviamente, hay canciones que son especiales y tienen una lista de reproducción propia.

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Coti cantando Color Esperanza en el Barclaycard Center (Madrid)

Hablando de ser especial, aun con la voz algo ronca, revivo la noche del pasado sábado. Fue en el Barclaycard Center de Madrid donde más de diez mil personas cantaron por una buena causa: la lucha contra el cáncer de mama. Con el rosa como telón de fondo fueron subiendo al escenario artistas que hicieron vibrar a un público que estaba más que entregado. Muchos se emocionaron cuando Ruth Lorenzo cantó Voces, el himno de este año. Reconozco que fue un momento especial, pero no fue esa canción la que hizo que temblaran mis piernas, mis manos y, por supuesto, que mis ojos dejaran salir esas lágrimas cargadas de recuerdos, unos recuerdos de lucha, de victoria, de alegría, de sufrimiento y de tantas cosas… El responsable de todo ello fue Coti. No me esperaba que cantara Color Esperanza. Este tema fue el himno durante toda mi batalla. Han pasado muchos años y aun sigo emocionándome con los primeros acordes. El 22 de octubre de 2016 ya forma parte de mi historia porque por primera vez lo escuchaba en directo. Acompañada por mi madre viví, o mejor dicho, vivimos un resurgir de aquella batalla que marcó un antes y un después en nuestras vidas. Lo mejor de todo fue el abrazo que nos dimos al acabar esta canción, acabábamos de cumplir un sueño que nació en la cama de un hospital. Menos mal que el argentino continuó con Antes que ver el sol y Nada fue un error para volver a dar ritmo a mi corazón y seguir botando como llevaba haciéndolo todo la noche, aun quedaba una hora de concierto…

Un concierto que acabó con los niveles de adrenalina en lo más alto. Sergio Dalma y su Galilea pusieron el broche final a un Por Ellas difícil de olvidar. Llevaba un mes esperando esta cita y ya forma parte del pasado, sus recuerdos ya están en la memoria, en las fotos, en los videos, pero sobre todo, en mi corazón teñido de color esperanza. Eso sí, lo bueno es que ya queda menos para el Por Ellas 2017. La cuenta atrás ha comenzado…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

Cumpliendo 10 años…Gracias a mi donante de médula

Dicen que el tiempo es relativo, y vaya que si lo es. Diez años han pasado desde aquel día que fue a la vez un principio y un fin. Fue ese donante de médula alemán el que acabó con los duros ciclos de quimio, la radioterapia y los tratamientos para dar comienzo a una “nueva vida”. Gracias a su generosidad puedo decir que vivo de regalo, de un regalo lleno de vitalidad. De lo malo hay que quedarse con lo mejor y aunque a veces es complicado, la vida, ésa que solo se vive una vez, da segundas oportunidades. Y las segundas oportunidades, en este caso, son mejores que las primeras. Ya he dicho en más de una ocasión que cuando una persona lucha por su vida, las prioridades cambian. Y a lo largo de esta década me reafirmo en ese pensamiento que surgió en la cama de un hospital. Las pequeñas cosas y los detalles son los protagonistas, sin duda, de los mejores recuerdos…

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Con el 14 a la espalda pensando en la fuerza de la vida

Aquel día fue el comienzo de otra etapa. Una etapa no muy sencilla pero envuelta en un optimismo y fortaleza superior a la anterior. Después del trasplante solo ansías buenas noticias que a veces llegan a cuenta gotas; pero cuando llegan son la mejor inyección de felicidad. Pasaron los meses y como todo es cuestión de tiempo recuerdo cuando llegó el día en el que me dijeron: “Jimena, haz vida normal”. A lo que respondí: “¿Qué es vida normal?” Mi mundo, esa “vida normal” de una joven de 22 años era algo con lo que había soñado en las insomnes noches de hospital. Pero poco a poco fui retomando las riendas de mi vida. Esas riendas que de la noche a la mañana me habían arrebatado. Recuerdo que me emocioné cuando volví a pisar el Vicente Calderón de la mano de mi padre, lloré en el concierto de Alejandro Sanz abrazada a mi madre disfrutando, precisamente, de El tren de los momentos. Volví a salir de compras, a coger el autobús, a conducir… Todas esas lágrimas compensaron los duros momentos que ya formaban parte del pasado. ¡Volvía a tener una vida que vivir! No podía ser más feliz…

Y esa alegría que llenó de energía mis débiles piernas es una fuente insaciable de optimismo. Una década después, con el Color Esperanza por bandera y cicatrices de luchadora, ando rebosante de fuerza para pelear por mis sueños. Uno de ellos lo cumpliré el próximo 28 de septiembre en la ribera del Manzanares. Del brazo de mi padre acudiré a ver a los equipos de mi corazón: El Atleti y el Bayern. Serán noventa minutos en los que las emociones estarán a flor de piel. Este regalo se lo debía a la persona que compartió conmigo las noches más duras de mi vida. Ganemos o perdamos este partido va por ti, papá. Para el otro, tendré que esperar hasta el 22 de octubre para cantar con mi madre las muchas canciones que se escuchen en el solidario concierto de “Por Ellas”. Fuiste mi confidente, mi valle de lágrimas, mi mayor motivación, así que, va por ellas y por ti, mamá.

A la espera de esos dos días, toca celebrar el día de hoy como se merece. Brindaré por la salud, por los sueños, por los amigos, por mi familia, y por supuesto, por ese anónimo donante de médula que hoy más que nunca me permite decir: Aún tengo la vida

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

Antonio Hueso: Compañero del día

Decía Khadil Gibran, novelista libanés: “No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir”. Y que razón tenía porque los mejores momentos siempre se pasan rodeados de esos “hermanos” que no son de sangre. Los amigos cuesta encontrarlos pero cuando los tienes se convierten en pilares fundamentales. Saben escuchar, saben aconsejar o simplemente, saben estar a tu lado. Y es que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”. A lo largo de la vida he intentado descifrar el mensaje de las personas que se han cruzado en mi camino. Y obviamente, no todas están en mi lista de contactos y solo unas pocas tienen la estrella de “favoritos”… Esa estrella que me indica que aunque no los puedo ver siempre están ahí porque en la buenas y en las malas nunca les falla la cobertura.

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Bajo la Puerta del Sol con Antonio Hueso

La que sí me falla algunas veces es la antena del coche, de mi casa o la aplicación del móvil con la que día a día escucho a un buen amigo. Él es el que pone banda sonora a mis mañanas de once a dos en Cadena Cien. No nos vemos mucho pero cuando lo hacemos solo con mirar a sus ojos sé cómo estás. Alguien me dijo que la mirada es el lenguaje del corazón y me enseñó a interpretar ese mensaje sin palabras. Ahora, estarás “De Cerca” con grandes cantantes y sus fans, sé que es un nuevo reto para ti, pero la vida en si misma es un desafío que todos los días afrontamos…No lo olvides y como suele decirse “Pa´lante como los de Alicante”…

Y eso te viene que ni pintao´… porque a orillas del Mediterráneo eres feliz, disfrutas de la playa, de los tuyos, de tu gente… en definitiva, de los placeres de la vida. Los que te conocemos sabemos que eres amigo de tus amigos, cariñoso, familiar algo que has compartido con el mundo gracias a tu vlog . Esa sí que es una buena idea, porque personas como tú no hay muchas… Hasta aquí todo son virtudes y con la mano en el corazón puedo prometer que no miento. Obviamente, tienes tus defectos… me cuesta asumir que simpatices con el Real Madrid, pero bueno, nadie es perfecto… Antonio Hueso, aquí tienes a una amiga rojiblanca que disfruta del día a día con coraje y corazón. La filosofía colchonera la tengo muy aprendida, así que cuando necesites una inyección de moral… Tú pones la música y yo la letra.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Burgos me “sacia” de recuerdos…

Siempre hay una buena excusa para ir a Burgos. Y no lo digo porque sea mi ciudad natal, sino porque la historia fluye por sus calles, por sus monumentos, por su gastronomía… Es un buen lugar para perderse.

Reconozco que cada vez que voy, lo primero que tengo que tener en cuenta es, sin duda, la previsión meteorológica. Para muchos Burgos es sinónimo de frío, y no seré yo quien niegue esa afirmación pero ¡ojo! porque cuando aprieta el calor en la localidad castellana no hay quien pare. Y así fue. Cerca de los treinta grados marcaba el mítico termómetro que se divisa cuando levantas la vista para contemplar al Campeador. Día atípico no, día de verano. Así que había que disfrutar de Burgos, de sus terrazas y como no, de la familia.

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Con Margarita y Jesús, disfrutando de Burgos y los amigos

Por muy poco tiempo que esté en mi tierra siempre hay visitas “obligadas”. Esta vez, tenía que ir a tomar unas “tapitas” a los sitios en los que desde niña aprendí lo bien que se come en Castilla. Y digo “tapitas” porque fueron el aperitivo de la que fue una comida como Dios manda. Me gusta mucho el jamón serrano, y siempre paso por el Rimbombín a saludar a mi amiga Margarita. Me fui sin verla y sin comerme una Alpargata. Esta me la debes Marga. Sendas cosas me dieron pena pero ya tengo otra excusa para regresar más pronto que tarde.

A pocos metros de allí, entré en la Cabaña Arandina. Sin una bravas no me iba a quedar. No sé si son las mejores o no pero si te las sirve Jesús ya son inigualables. Lleva tras la barra muchos años. Yo ni siquiera había nacido. Pero la simpatía y la sonrisa con la que me recibe siempre son fundamentales para que aunque llueva, nieve o haga calor pase por la Cabaña a darle los buenos días. La experiencia es la madre de la ciencia y Jesús sabe mejor que nadie las muchas historias de las que se ha hablado, se habla y se hablará en la suculenta barra. Es amigo de sus amigos y eso es algo que no tiene precio.

Entre bravas, alpargatas, cojonudos, cojonudas, capataces, tigres y un sinfín de nombres fue un aperitivo de los más variado. Gastronómicamente salí más que saciada. Fue un viaje relámpago pero bien aprovechado. Habrá que ir pensando en el próximo porque me quedan muchas cosas por ver, por comer y sobretodo por recordar. Esto ha sido un Hasta luego, Burgos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)