CUMPLIENDO 16 AÑOS… GRACIAS A MI DONANTE DE MÉDULA

Olvidar el pasado es relativamente fácil siempre y cuando éste no llame a la puerta de tu mente y entre sin ser invitado. No se puede bloquear aquello que marcó un antes y un después. A veces, lo más duro no es dejar atrás el pasado sino aprender a empezar de cero. Y hace dieciséis años anhelaba que todo saliera bien en mi “día cero”. Un día con el que soñé desde que la leucemia truncara todos mis planes. Aquel cambio de guión fue muy duro para una joven de veintiún años que lo único que quería era disfrutar de los últimos cursos en la universidad. Sin embargo, la vida tenía otros planes cargados de una lección, precisamente, de vida difícil de olvidar. Reconozco que maduré de la noche a la mañana y mis prioridades cambiaron a la misma velocidad. La supervivencia requiere de fuerza y ésta aprendí a sacarla no sé bien de dónde, pero siempre estuvo a mi lado. Reconozco que flaqueé, pero quienes estuvieron conmigo en todo ese proceso fueron, sin saberlo, los motores por los que estaba dispuesta a soñar con el futuro en todas las habitaciones por las que pasé hasta que llegó el día del trasplante médula. 

La incertidumbre no es buena compañera, pero la esperanza siempre prevaleció ante las dudas que iban surgiendo en los diferentes ciclos de quimioterapia. Reconozco que he podido olvidar pasajes de aquel 2006, pero hay capítulos que los llevo grabados a fuego en el corazón y en la memoria. Hoy es un día en el que celebro la generosidad de mi donante y, por supuesto, la vida. Cumplo dieciséis años cargados de grandes momentos y de sueños cumplidos, pero no puedo no emocionarme al revivir en mi mente y sin yo quererlo aquella tarde en la habitación de La Princesa. El ir y venir de la enfermeras, de las auxiliares, de las doctoras y, por supuesto, la imagen de mi madre y mi padre cogiéndome la mano siempre que estaban a mi lado. Ahí reside eso que llaman la fuerza de la vida porque todo iba a cambiar a partir de ese día cero. Se acababa la quimio y la radio y con el paso de los días y los meses volví a tomar las riendas de mi vida. Tenía claro que el miedo no me podía impedir vivir. Poco a poco, todo se fue encarrillando y la segunda oportunidad que me dio la vida me ha llevado a soplar hoy otra vela más. 

Una vela que tiene nombre y apellidos aunque no lo conozca, pero ese donante lo cambió todo. Sé que vivo de regalo y soy consciente de ello, pero sé, también, que el mejor regalo que me han hecho nunca llegó en el peor momento de mi vida. “Tienes un donante de médula compatible” fue la frase de mi hematóloga. No venía envuelta en ningún paquete pero traía una sonrisa, una emoción y una vitalidad inigualable. Soñé con el “día cero” durante meses y cuando pasó todo el proceso a pesar del cansancio sabía que llegaría el momento de volver a disfrutar de la vida como nunca antes lo había hecho. 

Ahora, dieciséis años después, los días previos al 14 de septiembre me desvelan los recuerdos. No sé si el tiempo podrá borrar eso porque el pasado determina el futuro. Todo cambió de repente para mal cuando me dieron el diagnóstico y para bien cuando supe que tenía un donante compatible. Está claro que en un segundo todo puede cambiar. 

No puedo acabar este día de celebración sin hacer un llamamiento a la donación de médula. Muchos  pacientes están esperando marcar el “día cero” en su calendario personal. Un pinchazo de generosidad lo puede cambiar todo y creedme que es inolvidable vivir ese momento. 

Por eso y dado que “aún tengo la vida” brindaré un año más por la salud y sin ponerle ningún pero al verbo “vivir” seguiré luchando por mis sueños. Ya dijo Kierkegaard que “la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante”…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

OPORTUNIDADES

Estamos todos de vuelta para encarrilar el mes de septiembre. Volver a conectar con la rutina es primordial para que la cuesta arriba sea menos dura. Este mes está vinculado a los comienzos, a las oportunidades y son, precisamente estas últimas, las que generan mucha ilusión e incertidumbre. Siempre hay una de cal y una de arena, pero tiene que prevalecer siempre lo positivo. El tiempo será el responsable de saber si estas oportunidades se dan o no. El destino es caprichoso y juega mejor que nadie con la incógnita del futuro.

Un futuro en el que figuran varias celebraciones este mes. Y cuando se trata de festejar no hay disculpa que valga. De todas ellas, hoy me centro en quienes me dieron la oportunidad de formar parte de su familia periodística. El Valle me acogió cuando viví en México demostrándome que la esencia del periodismo todavía vive al otro lado del charco. Su director, Pepe Nader, predica con el ejemplo. Cada día en su columna escribe sin pelos en la lengua. No importa si incomoda o no, pero la realidad es la que le dicta su opinión. Es cierto que la puedes compartir o no pero la libertad nace en sus palabras. El periodismo incomoda y ejercerlo en un país que es líder en los asesinatos de periodistas tiene un valor extra llamado coraje y valentía. Por eso, nunca olvidaré esa oportunidad que me llegó estando muy lejos de mi casa. Dicen que en la vida todo pasa por algo y quizás sea cierto porque tanto lo bueno como lo malo nos va forjando nuestra forma ser, nuestro carácter y, por supuesto, va marcando nuestro camino. 

En mi camino por tierra mexicanas tuve muchas ocasiones en las que crecí como persona. También, profesionalmente, volví a ejercer la profesión que ha sido mi vocación desde niña. Por eso, este mes toca celebrar los treinta y dos años que cumple El Valle. Estaré lejos de esa redacción, de esos amigos que brindarán por muchos años más, pero la distancia no puede impedir que mi mente me llevé hasta allí para abrazar a todos ellos y para agradecer a Pepe y a Sergio Nader que sigan contando conmigo. La verdadera amistad traspasa fronteras y el tiempo tampoco puede con ella porque lo importante y puro siempre prevalece. Llegará el día, estoy segura, de que nos podremos volver a abrazar y los nueve mil kilómetros de distancia se reducirán a cero en la mítica Puerta del Sol de Madrid. Por eso, con estos valores por bandera este mes toca brindar por muchos motivos, pero hay que ir paso a paso y disfrutar cada momento. 

Por eso, los momentos son oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.”

Seamos aventureros. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/37190/oportunidades

VOY A PASÁRMELO BIEN

Los responsables del título de este artículo tienen nombres y apellidos. Llevan muchos años siendo los culpables de que cada vez que pronunciamos esa expresión entonemos en nuestra mente, con más o menos acierto, las notas que en su día escribieron en la partitura. David, Dani, Rafa y Javi o lo que es lo mismo, Hombres G han conseguido que su música pase de generación en generación. Confieso que el de Castellón no fue mi primer concierto en lo que llevan de gira con su último disco “La esquina de Rowland”, pero la sensación de disfrutar, de alegría, de buen rollo sigue intacta. No afecta el número de veces que los veas sobre el escenario porque la premisa de “voy a pasármelo bien” no falla. Ellos abanderan esta expresión y con ese tema arrancaron su show y dieron rienda suelta a las voces de un público que estaba entregado a ellos. Obviamente, sonaron temas de “La esquina de Rowland”, pero no faltaron los clásicos en los que los espectadores enloquecieron. No importó el calor, ni la humedad porque Hombres G consiguió que todos sudáramos la “gota gorda” al compás que nos iban marcando. Ya nos avisó David Summers que están a punto de cumplir los 40 años sobre los escenarios, así que habrá que ir preparándose para la próxima gira. Nunca viene mal que nos recuerden que en la vida hay que pasarlo bien.

Os animo a disfrutar de ellos en directo, pero si no es posible no hay disculpas que valgan porque el viernes se estrena en los cines la comedia por excelencia de este verano. El ritmo lo ponen “Hombres G” con una banda sonora que hace que se te vayan los pies en la propia butaca. Además, si eres de los que te arrancas a cantar a las primeras de cambio, también lo harás en la sala del cine. “Voy a pasármelo bien” te traslada al pasado y al presente al mismo tiempo. Te cuenta una historia de amor, de amistad, de recuerdos, de añoranza pero también consigue sacarte muchas sonrisas y más de una carcajada y, eso, en los tiempos que corren es una necesidad urgente. La película que dirige David Serrano tiene un guión brillante. Es amena y muy entretenida. Raúl Arévalo, Karla Souza y Dani Rovira encabezan un cartel en el que no hay que perder de vista la espectacular interpretación de los más jóvenes. Su talento te traslada al año 1989, a los recuerdos de la EGB y todo lo que esa época supuso. El paso del tiempo va cambiando a las personas. Las va moldeando, pero muchas veces la esencia de ellas permanece intacta. Y es ésta, precisamente, la que hace que los recuerdos inolvidables cobren más fuerza. El destino también juega sus bazas en el cine y en la vida real; en el antes y en el ahora como se puede ver en esta película. Os animo a verla y sobretodo a disfrutarla dejándoos llevar por lo que ella os transmita. Sentimientos hay muchos y buena música también. Avisados estáis.

En definitiva y con el permiso de David, de Dani, de Rafa y de Javi me atrevo a decir que “Voy a pasármelo bien” es el título de este artículo, el título de una canción y el de una película, pero siendo sincera debería ser un lema que abandere nuestras vidas porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, como es mi caso y vives de regalo, lo único que deseas en el día a día es pasártelo bien y sonreír a pesar de las dificultades. Unos días te levantarás dando un salto mortal y otros medio dormido y arrastrando las zapatillas, pero lo importante es recordar que estamos aquí y que el presente vuela. Por eso, mientras pueda y gracias a que “aún tengo la vida” no negaré que “voy a pasármelo bien”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36248/voy-a-pasarmelo-bien

13 DE JUNIO

Avisados estábamos y el presente ha confirmado que estamos pasando mucho calor para la época del año en la que nos encontramos. La primera ola de calor ha llegado para hacernos sudar la gota gorda, como suele decirse. Menos mal que llevamos años siendo resilientes y ahora, que el termómetro se ha desatado también hay que saber adaptarse a las circunstancias. De poco sirve quejarse ante algo que no está en nuestras manos. Llevarlo lo mejor posible es nuestra mejor opción. El tiempo pasa y con él esta ola. Eso sí, no hay que olvidar que el verano está a la vuelta de la esquina y con él llegará, lógicamente, el calor. No vaya a ser que haya alguien que se sorprenda.

Sorpresas te da la vida continuamente. Las inesperadas si son buenas son fáciles de llevar, pero cuando no son así es normal que se nos atraganten. La perspectiva con la que afrontamos las distintas situaciones depende de nosotros mismos. Saberlo gestionar mentalmente es vital, porque es ahí donde radica nuestra fuerza más importante. Mucho se está hablando de ella últimamente y aunque ésta haya pasado desapercibida durante mucho tiempo, nunca es tarde para remediar ese vacío. 

Un vacío que hay que cuidar a diario y siempre habrá un día especial que recargue esa fuerza a niveles muy altos. A veces, el pasado, al que dicen que no hay que mirar, también ayuda. Algo así me pasa a mí cada 13 de junio. Ayer no fue un día cualquiera. Ayer fue el día en el que recibí la noticia más importante de mi vida y, por eso, ese recuerdo cargado de alegría es una fuente insaciable de optimismo, que cada año viene a mi mente para recordarme que ser feliz es lo que cuenta y que soy fuerte porque la vida me enseñó la fuerza que hay en mí. Cuando te dicen: “Tienes un donante de médula compatible”, todo cambia. El guion da un giro de ciento ochenta grados cargado de esperanza y agradeciendo a quien ha hecho posible todo eso. La generosidad abandera esa frase que anhelas escuchar cuando estás haciendo frente, como fue mi caso, a una leucemia. ¡Bendita frase! Y ¡Bendito donante! 

Los problemas son menos problemas cuando el contexto cambia. Quizás una ola de calor no sea para tanto y mucho menos después de todo lo que llevamos superando en los últimos dos años. El pasado está ahí por algo y aunque no hay que vivir anclado a él, si éste es una fuente que nos llena de vitalidad no hay ningún motivo para renunciar a él. Cada de 13 junio, mi mente regresa a esa habitación del hospital, a esa hora y momento en el que todo cambió. He podido olvidar muchas cosas de aquella época porque la mente es selectiva, pero aquel martes y trece está grabado a fuego en mi mente, en mi corazón y en mi sangre. Ayer recordé como estaba hace dieciséis años y como estoy hoy en día. Recuperar las riendas de mi vida era lo que más anhelaba y ahora deseo cumplir los sueños que me quitan el sueño. 

Y llegados hasta aquí, con calor o sin él, sólo puedo recordar al escritor y médico irlandés, Goldsmith cuando dijo: “El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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 MAMÁ

Mayo no podía comenzar mejor. El mes de las flores arranca celebrando el día de la madre. Precisamente las flores son un buen regalo para esas fieles compañeras de vida que están dispuestas a todo por ver una sonrisa en el rostro de sus hijos. Decía el poeta británico George Herbert que “una buena madre vale por cien maestros” y yo, dejando la objetividad a un lado, tengo a la mejor. Ella me escucha. Me entiende. Me apoya. Me aconseja. Me enseña… y tantas y tantas cosas más… De niña siempre decía que de mayor quería ser como ella y ahora que he crecido soy lo que soy gracias a ella. No tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por mí a cambio de una sonrisa. Una sonrisa que, como hija, también quiero de vuelta porque su felicidad también es la mía.

Es cierto que este año no te he enviado flores, ni te he comprado bombones o tu perfume favorito, te mando estas palabras. No estamos juntas pero el escritor estadounidense Fitzgerald decía que “puedes acariciar a la gente con tus palabras”, al menos yo lo creo así. Siento que estás conmigo aunque no te tenga. Podía haber escrito de muchos temas, pero hoy me apetecía escribir de ti. Las palabras pronunciadas se las lleva el viento pero las escritas permanecen y eso es, precisamente, lo que quiero. Me vienen a la mente muchos recuerdos porque juntas hemos pasado momentos inolvidables, tanto buenos como malos, y estos dejan huella. Hemos ido a conciertos, al cine, de vacaciones, incluso al fútbol, pero también para ser justos con la vida hemos pasado momentos muy duros. Aún así hemos sabido aprender de ellos porque, mano a mano, le ganamos la batalla al cáncer y, mano a mano, también, aprendimos a valorar las pequeñas cosas de la vida.

Esas huellas quedan marcadas en el lugar más importante. El corazón no olvida aquello que le hace vibrar. La vida nos ha puesto a prueba en muchas ocasiones, pero le hemos demostrado que juntas, además de ser un buen equipo, sabemos afrontar todo lo que se nos ponga por delante. Han pasado los años y la unión se ha hecho más fuerte. Esa unión se ha convertido en un vínculo inquebrantable. Ni la distancia puede impedir que los sentimientos estén a flor de piel porque estemos donde estemos siempre te sentiré muy cerca. Afortunadamente, la tecnología ha evolucionado mucho y ahora podemos vernos cuando queramos. No puedo negar que la nostalgia hace que te eche de menos, pero lo importante es que estás ahí las veinticuatro horas del día todos los días del año. Por eso, aunque el primer domingo de mayo sea tu día, la verdad es que tengo motivos para celebrarte los trescientos sesenta y cuatro días restantes. 

Eres valiente, luchadora, alegre, cariñosa, amable, fuerte… Podría seguir usando adjetivos porque te mereces muchos calificativos, pero lo puedo resumir diciendo que eres única. Madre no hay más que una y, por eso, tu valor es incalculable. Ya estoy restando los días para poder abrazarte y celebrar junto a ti que seas mi madre, mi mejor amiga y mi todo. Va por ti mamá, quiero verte sonreír siempre y si para ello tengo que mover cielo y tierra no dudes que lo haré porque ser feliz es lo que cuenta y tú te mereces lo mejor. Gracias por todo porque sé que eres la sombra que nunca se aleja y el reflejo que me inspira.  

Te quiere, tu hija.   

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SUEÑOS

“La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. Estas palabras de Paulo Coelho son de sobra conocidas pero en ellas se alberga todo un mundo lleno de ilusiones. Los sueños son ese motor que nos mueve a transformarlos en una realidad. Soñar es, a su vez, alejarse del presente y abstraerse a nuestro mundo más personal. Ese mundo en el que las sonrisas nacen por sí solas mientras la mente elucubra como puede ser la conversión de la imaginación a la existencia. Ese momento, sin duda, es pleno y su satisfacción lo inunda todo y hasta contagia la felicidad a quienes han vivido como luchabas por él.

Una felicidad que siempre es bien recibida porque los momentos malos llegan solos. Hay que reconocer que es un placer ser cómplice de todo este proceso cuando la persona te importa. La alegría compartida siempre se multiplica y hoy en día es más que necesario. Llevamos unos años en los que hemos luchado contra la adversidad, pero a pesar de todo hay que seguir soñando. Habrá sueños aplazados, sueños a corto plazo, sueños que parecen inalcanzables, pero en la vida todo es posible porque los límites nos los ponemos nosotros mismos. Nuestra mente es nuestra mejor aliada pero también nuestro mayor enemigo. Por eso, la constancia no nos puede faltar. Es muy fácil decirlo pero no tanto llevarlo a cabo porque cuando la pereza entra en juego hay que prender con más llama la mecha de los sueños. “Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos” como decía el escritor irlandés George Bernard Shaw.

Y volviendo a Coelho, “nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.” Una señales que verás cuando estés despierto y afrontes el reto que tantos momentos en babia y noches de desvelo llevas sobre tus hombros. Precisamente, hace cuatro años cumplí un gran sueño que ahora es un bonito recuerdo. En mis manos está “Aún tengo la vida”. Un libro que cuenta una historia que me duele recordar, pero que a su vez me llena de fuerza para afrontar el futuro y la incertidumbre. Fue un sueño durante muchos años y ahora que es una realidad he dejado atrás   el camino que me llevó a afrontar las muchas horas que pasé delante del ordenador poniendo en orden toda esa historia. Obviamente, en todo ese proceso surgieron muchas anécdotas y tuve mis cómplices. Nunca podré olvidar el 22 de marzo del 2018 porque la felicidad inundó su presentación. Su puesta de largo fue un momento mágico porque el sueño se hizo realidad. No era un sueño cualquiera y, por eso, su aniversario es digno de celebrar. 

Sigo soñando la vida y viviendo los sueños porque gracias a que aún tengo la vida continuo construyendo castillos en el aire que poco a poco se irán afincando. Aprendí que sin lucha no hay victoria, pero sin esfuerzo tampoco hay sueños por cumplir. Por eso, hoy cojo el libro en mis manos recordando esa tarde inolvidable y pienso que la vida, esa que solo se vive una vez, cuando te da una segunda oportunidad siempre va a ser mejor que la primera. Me quedan muchos sueños por cumplir y ganas no me faltan. Aniversarios como el de hoy hacen que las excusas y los miedos sucumban al poder de los sueños. A por ellos que para eso está la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SU ABRAZO

Vivimos un presente marcado por muchos aspectos negativos ya que los acontecimientos no nos dan tregua, depende de nosotros buscar el lado bueno de las cosas y extraer todo aquello que nos dibuje una sonrisa en el rostro. Está claro que lo importante es ser feliz y para ello no existe una receta única. Cada persona es un mundo y cada ingrediente tiene efectos muy diferentes en cada persona. Nadie puede imponer sus principios porque quizás estos no ayuden a quién realmente lo necesite. Para ello, lo mejor es ser empático. Un abrazo puede ayudar más que las palabras vacías que se suelen emplear. Lo cierto es que los amigos de verdad saben como levantar el ánimo y encender los motores de la motivación que arranquen en nosotros esa ilusión que lo encauza todo. 

En los malos momentos es cuando se conoce de verdad a las personas. Es ahí cuando puedes descubrir una realidad que puede doler mucho cuando éstas no responden como te esperas. A lo largo de la pandemia hemos experimentado una montaña rusa de sentimientos y, ahora que se va recobrando la normalidad, nos estamos dando cuenta de que ésta no es tan normal porque los efectos del coronavirus están pasando factura a toda una sociedad. Es el momento de preocuparnos, entre otras cosas, de nuestra salud porque la fuerza de la mente es la que nos mueve. Alejarse de lo que nos hace daño está en nuestra mano y si se necesita ayuda de profesional no hay ningún tabú para reconocerlo. Eso sí, rodearse de quien te quiere de verdad es fundamental. 

Por eso, esta semana tengo marcado en el calendario un día muy especial. El sábado celebraré el Día del Padre como nunca lo haya hecho porque la distancia nos ha mantenido lejos, pero su presencia ha estado en mi día a día más que nunca. Él me ha dado mucho y tan sólo me pide que sonría. Fue mi fiel compañero de batallas en la etapa más dura de mi vida y juntos ganamos esa “guerra”. Ahora sigue a mi lado para lidiar con todo lo que surja porque el destino es caprichoso y nunca sabes lo que te va a poner por delante. Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros”, y así es, las mejores lecciones siempre se aprenden con un gran ejemplo, sin duda, el mío es de matrícula de honor. Me acusan de ser la niña de tus ojos, y si ese es mi mayor delito, acepto la condena. Y puestos a elegir prefiero una cadena perpetua. Tengo que reconocer que no eres el responsable de que sea del Atleti pero sí de que sea como soy. Festejaremos que es tu día por ser 19 de marzo, pero ya sabes que todos los días tenemos algo que celebrar. Cualquier excusa es buena para ver la felicidad reflejada en tu rostro. Es cierto que madre no hay más que una y su valor es incalculable pero un padre, si es como tú, no tiene precio. No te cambiaría por nada. 

Es cierto, como decía Jardiel Poncela que “por muy severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre” pero en la vida de todo se aprende. Dice el refranero que “quien bien te quiere te hará llorar”, pero cuidado, porque las lágrimas no siempre son de tristeza. Son mares de sentimientos que no todos entienden pero nuestra complicidad sí. Eres capaz de reiniciar mi mundo con tan solo un abrazo. Por eso, el próximo sábado te recibiré esperando la mejor medicina y luciendo la mejor sonrisa. Es la bienvenida que te mereces y sé que no hay mejor regalo que éste. En definitiva, seamos felices porque estando juntos no necesitamos nada más.   

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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UN GORDO LLENO DE VIDA

Su sonido es inconfundible y su banda sonora consta de números y premios. Si hay un día al año en el que todos despertamos con una ilusión especial es el 22 de diciembre. El sorteo extraordinario de la Lotería da el pistoletazo de salida a la Navidad. Los sueños que nos han acompañado desde que compramos nuestros décimos pueden tener ese empujón económico que necesitamos, pero está claro que las probabilidades son muy pocas. Menos mal que de ilusión también se vive. 

Precisamente, si hablamos de vivir estamos atravesando una época muy dura. “El Gordo” llenará de euforia a los agraciados pero todos tenemos que estar pendiente del verdadero gordo que nos acompaña día a día. La salud es fundamental y la pandemia nos ha enseñado a valorarla aún más. Con ella puedes pelear por cumplir esos sueños que te desvelan. Sin ella poco se puede hacer porque cuando ésta se pierde siempre adquiere un gran valor. Un valor que está en alza desde que el coronavirus lo cambió todo. 

Adaptarse a esos cambios también es importante porque la vida no tiene un guion preestablecido. Jugar nuestras cartas es nuestra mejor opción, aunque el destino también pone de su parte. Mañana, el azar juntará un bolita con un número y otra con el mayor premio. Quienes lo tengan abrirán todos los informativos y derrocharán esa felicidad que solo se ve en este día tan señalado. Ahora bien, hay otros “gordos” en la vida. Unos “gordos” que son más importantes que el que sale mañana, de hecho, te pueden cambiar la vida o regalar vida como fue mi caso.

No puedes huir de tu pasado cuando éste está en tu presente. Convives con él y, por eso, intentas centrarte en lo positivo. De hecho, el destino ha querido que recientemente ese pasado me haya recordado lecciones que tenía algo nubladas. Obviamente, la principal es que “aún tengo la vida” y si a eso me aferré hace quince años no lo puedo soltar ahora. Aquel donante lo cambió todo. Ese “gordo” es el mejor premio que me ha dado la vida. Gracias a él he podido celebrar, de momento, quince navidades. Por eso, aunque comienza una época de nostalgia por los que no están en la que los sentimientos están, en muchos casos, a flor de piel hay que brindar con las personas que quieres por la salud y por un futuro cargado de ilusión. A mi “gordo” le debo sonreír todos los días por la vida que me ha dado. Una vida que me enseñó a elegir lo que me hace feliz. El futuro siempre es incierto pero es de valientes afrontar lo desconocido. Decía el filósofo alemán, Friedrich Nietzsche: “Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Del pasado me quedo con todo aquello me ha hecho ser la persona que soy hoy en día. Me enseñó a ser fuerte, a ser resiliente, a ser positiva, a luchar por lo que quiero y, por supuesto, a celebrar cada Navidad. “El gordo” lo cambió todo. Vivo el presente y ahora este presente tiene villancicos como banda sonora, luces por doquier, dulces que cumplen con las tradiciones y muchos momentos por disfrutar. 

Es tiempo de celebrar la Navidad. Es nuestro ahora y el ahora en un suspiro es pasado. Cada uno es autor de su historia, yo la mía la quiero escribir de tal manera que si tengo que releerla sea capaz de sacar una sonrisa. Esto depende de mí. Todo es cuestión de actitud. Así es la vida.

¡FELIZ NAVIDAD!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

CUMPLIENDO 15 AÑOS… GRACIAS A MI DONANTE DE MÉDULA

Ha pasado el tiempo y no he dejado de festejar este día como si del primer aniversario se tratase. Hoy se cumplen quince años de mi “día cero”, un día que jamás podré olvidar porque, sin duda, marcó un antes y un después no solo en el 2006 sino en el resto de mi vida. Ya nada iba a ser como antes porque la leucemia se encargó de cambiarlo todo de la noche a la mañana. La Jimena que se miraba en el espejo durante aquella época se fue descubriendo a ella misma. Aprendí a afrontar mis miedos, a sacar fuerzas que no sabía que tenía, a valorar los pequeños detalles, a conocer a las personas, a aceptar todos los cambios que la enfermedad produjo en mi cuerpo… Pero tenía claro que no iba a ceder al desánimo, al pesimismo, a la decepción porque mi mente no estaba preparada para eso. No pensaba rendirme porque mis hematólogas siempre estuvieron ahí para responder mis dudas, para darme ánimos y, por supuesto, para librar todo tipo de batallas. 

Cada veinticuatro horas, de hecho, teníamos una batalla diferente. La quimio y sus efectos, las náuseas y sus vómitos, los dolores y sus analgésicos, y cómo olvidar las punciones medulares. No obstante, en mi mente solo había una palabra: Donante. Necesitaba un donante de médula compatible que lo cambiara todo. La incertidumbre no siempre fue fácil de llevar pero siempre tuve la mejor compañía, los mejores aliados para ayudarme a superar los contratiempos. En aquellas habitaciones del hospital pasé muchas noches de insomnio aunque siempre supe que algún día podría celebrar con mis aliados la noticia que más deseaba. Y sin avisar, llegó ese día y las palabras mágicas: “Jimena, tienes un donante de médula compatible. Esto se acaba.” Por fin, tuve una fecha que marcar en el calendario y una imagen imborrable en la memoria que sepultara los malos momentos que tantos estragos me habían dado. 

Mi madre fue testigo de la noticia de mi hematóloga y supimos, con una mirada cómplice entre lágrimas de emoción, que el 14 de septiembre sería el principio del fin para volver a retomar las riendas de mi vida. Mi padre, por supuesto, fue el siguiente en recibir la buena nueva y después todos mis aliados. Tenía 22 años cuando recibí el mejor regalo que nunca me han hecho. Era consciente de que alguien que no me conocía me estaba regalando vida y eso, por muchos años que pasen no se olvida jamás. Aquella tarde de hace quince años fue muy intensa, de mucho trasiego y  no voy negar que el miedo intentó entrar en la habitación 604 del hospital de La Princesa, aunque no lo consiguió. Ahí solo hubo vida y sueños. Muchos sueños que volvieron a mi mente al igual que muchos planes por hacer con mis seres queridos. Ahora, con una sonrisa, puedo asegurar que he cumplido sueños, promesas y que sigo viviendo de regalo gracias a ese joven alemán. 

Y viviendo de regalo es curioso que, últimamente, varios amigos me hayan dicho que cuando están conmigo les regalo vida. No sé si regalo vida, pero desde luego fue la vida la que me enseñó en primera persona a vivirla, a saber priorizar, a saber que batallas quiero librar porque, obviamente, no todo es de color rosa y, sobre todo, me enseñó a ser yo misma, a buscar mi felicidad, la cual pasa por ver feliz a los que me importan, ya que, en definitiva, ser feliz es lo que cuenta. En un segundo todo puede cambiar, prueba de ello es que la misma persona que me dio la peor de noticia de mi vida también me dio la mejor.

Hoy tengo un gran motivo para brindar por la salud, por la generosidad y, por supuesto, por la experiencias que el futuro me depare. Quince años han dado para mucho y estoy agradecida de todo lo que he disfrutado. La vida, esa que sólo se vive una vez, cuando da segundas oportunidades es por algo. Seguiré sonriendo al presente porque motivos no me faltan y seguiré animando a todo el que pueda a hacerse donante de médula. Un gesto que puede dar un giro de ciento ochenta grados en la vida de quien anhela, lo mismo que deseaba yo escuchar hace quince años. Por eso, hoy, más que nunca, me emociono al pronunciar en voz alta que Aún tengo la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

CARTA A MELENDI

Concierto de Melendi en Castellón

Han pasado tres años desde que no nos vemos, tres años que han sido una eternidad. De repente, todo cambió y si tú echabas de menos a tu público, tu público te echaba de menos a ti. Era tu cuarto concierto de esta gira que por fin se ha podido realizar. La parada era en Castellón, una tierra que se volcó contigo desde que saliste al escenario. Auguró Carlos Latre imitando a Raphael que sería una gran noche y, permíteme que te diga que lo fue.

Hemos sido “guerreros” ante una pandemia que nos ha hecho valorar las pequeñas cosas. Quizás, nos haya enseñado a vivir, pero como bien dijiste este periodo de introspección ha dado para mucho. Te confieso que en el confinamiento puede que tuviera un “violinista en mi tejado” bastante triste mientras resistíamos el encuentro con nosotros mismos. Además, con la incertidumbre que reinaba en el ambiente puede que hasta creciera un “jardín con enanitos” en mi cabeza con tal de evadirme de la cruda realidad. Pero el tiempo, querido Melendi, ha querido que nos reencontráramos y a pesar de la mascarilla y las medidas de seguridad, los sentimientos no cambian. Dicen que hay pastillas para todo pero, sin duda, la mejor es ver disfrutar a la gente que quieres. Eso cura más que nada y en los tiempos que corren, eso vale oro. La noche del sábado, respirando el olor a mar sanaron las heridas del alma porque la emoción, la adrenalina y la felicidad se respiraba en el ambiente. No sé si fue “casualidad o destino” que te viera sobre el escenario con mis amigos Claudia, Ely y Sergio pero me alegro de que mi primer concierto desde que llegó el coronavirus a nuestra realidad fuera con ellos. Esto será inolvidable.

Si tú hiciste una “promesa” yo también. Y las promesas hay que cumplirlas y no hay peros que valgan. Tal vez algún “casi” pero como bien cantas en “casi se quedó” porque no hay lucha sin victoria. La vida me enseñó qué batallas quiero luchar, por eso, a voz en grito canté “ella no es solamente lo que ves, a ella ni tú ni nadie le para los pies” porque tienes razón hay que dejarnos bailar. Una canción que no sabía si estaba en tu repertorio, pero que me hizo especialmente feliz vértela cantar en directo. Significa mucho porque es muy fácil poner límites a los demás o cuestionar su valía sin ni siquiera dar una oportunidad. Seguro que todos sabemos de lo que hablo a estas alturas…

Pero bueno, está claro que siempre de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Esos abrazos, esas bromas, esos gritos de “Melendi, Melendi” que tanto añorabas te los regaló un público que estaba entregado a ti. La vida es eso y durante dos horas olvidamos la cruda realidad porque evadirse es bueno y contigo como banda sonora nada podía salir mal. El sábado hubo “lágrimas desordenadas” cargadas de mucha nostalgia, de muchos recuerdos, de mucha ilusión… En definitiva, los sentimientos, a veces, salen por los ojos y son salados. Ahora bien, estoy convencida de que algún día dejaremos al virus “tocado y hundido”.

Querido Melendi, pensaba que esta carta iba a ser “sin remitente” pero me he dado cuenta de que no es posible. Por eso, la firma una servidora que va “caminando por la vida sin pausa pero sin prisa” porque llevo quince años viviendo de regalo y puedo gritar a pleno pulmón que Aún tengo la vida”.

Jimena Bañuelos

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Déjala que baile