
La actitud es vital ante todo y mientras acudía “en mi coche” al recinto ferial de Castellón me repetía a mí misma: “Voy a pasármelo bien”. Y así fue. Por eso, el domingo no “me levanté dando un salto mortal ni echando un par de huevos en mi sartén” porque después del concierto de Hombres G lo que más necesitaba era un café que me devolviera a la realidad. Era la única manera de recuperarme de semejante resaca emocional. Eso sí, “me siento bien”.
Sabíamos que con ellos íbamos a revivir “los mejores años de nuestra vida” y de sus vidas porque sus canciones han ido pasando de generación en generación y eso se notó en el público que acudió para verlos en un directo de pura música, de puro sentimiento y sobre todo, de pura nostalgia. Hombres G no solo llenan recintos; llenan recuerdos. Cada acorde era un viaje a otra época, una sucesión de momentos compartidos entre padres, hijos y amigos que crecieron con canciones que siguen sonando igual de vivas que el primer día.
Hombres G y su público son esos “dos imanes” destinados a encontrarse. Si ellos dicen “Te necesito” a sus fans, después solo les queda un “Te quiero” con respuesta universal. No hay ningún ataque de las “chicas cocodrilo” que no hayan superado David, Javi, Daniel y Rafa porque, aunque no son “Indiana”, tampoco hace falta que se vayan a “Nassau”, porque incluso allí, donde suenan sus canciones, éstas terminan encontrando casa. Y es que no hay manera posible de evitar decir “No te escaparás” cuando la música es el motor de unas personas muy queridas por la gente. Se llevaron, sin duda, el cariño de un público que estaba rendido a ellos desde que sonaron los primeros acordes.
Ellos notaron que queríamos cantar, por eso no dudaron en pedirnos que “Nos soltáramos el pelo” y “Visitáramos su bar” para darlo todo al ritmo que nos iban marcando. Eso sí, tenían claro que algún “Chico tenía que cuidarse”, pero esa lección ya estaba bien aprendida sabiendo que desde hace años “Marta tiene un marcapasos”. Sinceramente, no nos llevaron a “Venezia”, pero nos dejaron “Temblando” solo con “Un par de palabras”. Saben que el cariño es mutuo y por eso, después de dos horas, la gente quería más.
Y cuando llegó el final, el recinto entero se rindió a ese grito compartido de “Devuélveme a mi chica”. Una canción convertida ya en un himno generacional que no necesita presentación ni explicación. Fue en ese instante en el que la noche se convirtió en inolvidable. Todo encajó: las luces, las voces, las miradas y esa emoción colectiva que ya rozaba la despedida. Algunos afónicos, otros con alguna que otra picadura, pero en el fondo todos con una sonrisa en el rostro como reflejo de una felicidad inigualable. Cuando Hombres G suena, se canta hasta el final. Y ahí, en ese último acorde, quedó la certeza de haber vivido una noche que no se olvida, de las que se guardan sin esfuerzo, como un recuerdo que vuelve solo cuando vuelve a sonar una canción.
Es lo que tiene la música: que a veces no hace falta entenderla, solo vivirla, dejar que te atraviese y te devuelva, aunque sea por una noche, a ese lugar donde todo encaja y todo suena un poco mejor. Porque al final, entre voces rotas y canciones coreadas a pleno pulmón, uno descubre que la emoción también tiene su propia banda sonora.
Hasta pronto, Hombres G
Jimena Bañuelos
Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/05/25/hombres-g-una-noche-para-recordar/
Hermoso artículo, en el que la melancolía cristaliza en belleza literaria.