Saldaña

“Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”. Eso decía el autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry. Tiene parte de razón porque la memoria es selectiva, pero ese no es mi caso. Volver al colegio era la frase que más me costaba pronunciar siendo una niña. Ahora, muchos años después volver a pisar el patio de Saldaña fue algo especial. Fue, sin duda, un torrente de buenos recuerdos. Quizás, la frase apropiada para el pasado 30 de mayo sería la del escritor americano, Joseph Heller: “He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño.”

Porque siendo una niña, en esas aulas de primero de la ESO decidí ser periodista. Una vocación que me llegó muy pronto pero que no cambiaría por nada del mundo. Allí comenzó siendo un sueño que hoy es una realidad. De sueños, precisamente, hablé en el pregón de las fiestas del colegio ante un público que me recordaba a mí. El tiempo ha cambiado algunas cosas pero ha mantenido las más importantes. Las lecciones de vida y valores que aquella niña aprendió aun siguen muy presentes.

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En Saldaña dando el pregón. Con Javi, profesor de Educación Física

Soñar es libre pero para cumplir los sueños hay que trabajar y mucho. No es fácil afrontar las dificultades pero rodeándote de las personas indicadas se puede llegar muy lejos. Nunca me imaginé que daría ese pregón, pero el destino hizo que allí estuviera. No tardé en contestar a Javi cuando me hizo la propuesta porque cuando el corazón habla no hay nada más qué decir. Todavía pude ver cara conocidas. Profesores que me habían dado clase y que continúan al pie del cañón. La memoria es selectiva pero no he olvidado ni sus nombres, ni sus caras y ni las asignaturas que ellos impartían. Fueron años que creía olvidados hasta que volví a entrar por la puerta del colegio y subí las escaleras que me conducían al patio. En definitiva, fue un honor compartir con todos ellos, esos minutos en los que me dejé llevar por mi experiencia en la vida. En definitiva, me dejé llevar por Aún tengo la vida. Porque ese sueño ya es una realidad y comienza, precisamente, en el colegio Saldaña.

Les decía a los alumnos que cuando cumples un sueño puedes llegar “hasta el infinito y más allá” porque ése es su lema en este curso. Es más, la película de Toy Story deja grandes enseñanzas, por ejemplo, la amistad, el trabajo en equipo y la valentía ante lo desconocido. Precisamente, yo no conocía a mi público pero tenía a mi favor que ya había estado en su situación. Ser mayor es lo que quieres cuando eres un niño, y cuando pasan los años, lo importante no es no perder al niño que llevas dentro de ti. Es fundamental mantener ese espíritu ante la vida, porque ella es la responsable de darte las lecciones más importantes. A mí me enseñó a conjugar el verbo “vivir” de una manera muy diferente a como lo hizo mi profesor de lengua. Y tras esa lección ahora recuerdo perfectamente las palabras del escritor irlandés, Bernard Shaw: “Ves cosas y dices, “¿por qué?” Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, “¿por qué no?” En definitiva es: Ahora o nunca.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Llega el final del verano

Cuesta volver, pero ya se sabe que todo lo bueno se acaba. Hasta el cielo se ha teñido de gris para convertirse en el escenario perfecto de las despedidas propias del final de verano. Agosto se acaba y llega septiembre y con él, queramos o no, la rutina que marca nuestros días.

Una rutina que poco a poco va normalizando todos los desórdenes propios de estos meses. Eso sí, para no sufrir la famosa depresión postvacacional es mejor ir adaptándose despacito, ya que éste ha sido el ritmo durante toda la estación estival. Y es que las canciones del verano, por muy populares que sean, siempre a estas alturas de agosto dejan paso, por un momento, al clásico del Dúo Dinámico que a través del compás de sus notas nos traslada a la nostalgia de los momentos vividos.

Momentos en la playa, en la montaña, en la piscina, en el tren, en el avión… y en tantos sitios que nos han llevado a disfrutar y sobre todo a olvidarnos, aunque sea por un instante, de todo aquello que nos borra la sonrisa del rostro. Siempre es fácil recordar esos momentos y por eso, hay que tirar de ellos cuando la rutina se nos haga cuesta arriba. Son la mejor inyección de ánimo que hemos recargado con creces a lo largo del verano. Si bien es cierto, hasta mediados de septiembre no despediremos esta estación pero hay que reconocer que “la vuelta al cole” nos afecta a todos…

Mensaje que los hinchas colchoneros conocen bien

Pero llegados hasta aquí parece que septiembre es el malo de la película y no es así. También viene cargado de nuevos propósitos, de nuevos proyectos, en definitiva, de nuevas ilusiones. Porque la fuente de sueños que hay en nuestro interior es imparable y por eso es, precisamente, el mejor motor que tenemos. Puede ser difícil conseguirlos pero si no se intenta, entonces si serán inalcanzables.

Así que después de este parón veraniego, hay que ir pasito a pasito deshaciendo las maletas para afrontar esta nueva etapa del año como toca. Ya decía Víctor Hugo que “el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Así que con valentía hay que afrontar los retos que se presenten para alcanzar esos sueños que nos conduzcan a muchos más. Y en los momentos en los que haya dudas, me recordó mi buena amiga Karla: “Nunca dejes de crees”. Y dicho esto. Bienvenido septiembre.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

Buscando la Estrella Polar

Cumplir los sueños es lo que hace que la vida sea interesante, por eso, ver publicado mi primer relato me llena de ilusión y energía para seguir aliándome con las palabras y llenar la fría hoja en blanco con el calor de unos sentimientos, de unas aventuras o lo que las musas prefieran. Hoy, homenajeando a quien siempre me animó a escribir y celebrando un año más de vida y experiencias, comparto Buscando la Estrella Polar con todos vosotros:

Buscando la Estrella Polar

 A mis padres, por ser el mejor ejemplo a seguir

Aquella noche del mes de noviembre, el cielo estaba colmado de estrellas, la luna era casi llena y daba una luz que, aunque no con mucha nitidez, permitía ver en la oscuridad de la noche. Pablo podía escuchar el silencio que alguna vez se veía interrumpido por el “cri-cri” de algún grillo noctámbulo. A lo lejos se divisaban pequeños destellos, eran las luciérnagas que poblaban el jardín, y la magnífica silueta de la montaña que tan bien se conocía. Arropado por una manta tejida a mano, se sentó en su butaca orejera favorita a pesar de que ya no era tan confortable como le gustaría. El paso del tiempo había convertido sus almohadones en cojines tan finos que no superaban el dedo de grosor, su mimbre se encontraba deteriorado pero eso era lo de menos. Porque en ese butacón había leído muchos libros, bebido litros de café y fumado algún que otro cigarrillo, ahora es un exfumador convencido. Pero sobre todo, desde ahí contemplaba la que sin duda es la mejor vista de La Peña, como se conoce a aquel emblemático montículo.

Antes de tomar la postura que más le gustaba, Pablo cogió la taza de chocolate que se había preparado. El humo que desprendía era el calor que él necesitaba. La cogió entre sus manos y se recostó poniendo los pies en el borde de aquella mesa redonda giratoria de cristal y madera. En ese momento miró al cielo, cerró los ojos y empezó a recordar su vida desde su años de infancia.

Visualizó a aquel niño vestido con pantalón corto y la camisa por fuera, los calcetines uno más alto que otro y los zapatos llenos de polvo. Pablito, así le llamaban, era rubio con el pelo siempre revuelto, los ojos verdes, la piel blanca y una sonrisa que enamoraba. Era un crío travieso, lleno de arañazos porque le gustaba correr aventuras por aquellos bosques frondosos. Construyó su casa en el árbol, aquel viejo roble que era tan difícil de trepar, aunque para él no había imposibles. Con la bicicleta recorrió ese valle de arriba abajo y siempre llevaba colgando del bolsillo trasero de su pantalón, su bien más preciado, el tirachinas.

Se acordaba al detalle de su primera brecha, de las veces que había rodado las escaleras de esa casa, de los capones que había recibido, de los puntos que le habían dado en el centro de salud del pueblo. Pero también recordaba las muchas fiestas de cumpleaños que allí había celebrado, las verbenas populares que había festejado, los baños que se había dado con la manguera en el jardín, en definitiva, rememoraba todas las chiquilladas de entonces. Abrió los ojos y éstos comenzaron a cristalizarse. No quería llorar y los volvió a cerrar. De nuevo, los recuerdos inundaron su mente.

De la infancia pasó a la adolescencia, era un joven apuesto que se llevaba a las chicas de calle. Aquellos guateques de los setenta, los pantalones cortos pasaron a ser de campana y al más puro estilo de Fiebre del Sábado Noche, Pablito pasó a ser Pablo. El hombre que seguía siendo hoy en día, cargado de generosidad y bondad pero con el corazón compungido. Las imágenes continuaban proyectándose en su cabeza como si de la película de su vida se tratase y tras unos minutos, Pablo volvió a contemplar la noche. Dio un sorbo al chocolate que había dejado de humear y comenzó a mirar a las estrellas.

Distinguió la Osa Mayor, la Osa Menor y buscaba la Estrella Polar para encontrar el norte que había perdido en los últimos días. Se levantó y poco a poco emprendió un pequeño paseo, bordeó la piscina que había en aquel jardín que recordaba lleno de flores. Sabía que nada volvería a ser como antes. Que el tiempo pasa y todo va cambiando. Pero en su interior seguía viva la llama de su juventud. Aquellas vistas le tenían enamorado, era su paraíso particular y por muchos años que pasaran ese sentimiento no iba a cambiar. Volvió a sentarse, en el corazón notaba pinchazos y ahora sí que dejó salir aquellas lágrimas que había contenido unos minutos antes. Eso le calmaría pero sabía que la ausencia de su madre era irreparable. Ya no estaba. No volvería a escuchar su voz, ni su risa. Solo le quedaba aferrarse a esos recuerdos que habían pasado por su mente, allí donde creció y donde ahora lloraba de melancolía.

De repente escuchó que le llamaban. Era su hija que corrió a abrazarle y se sentó en su regazo como cuando era una niña. Y le dijo:
– Papá, esas gotas saladas son fruto del amor incondicional a una madre, deja que caigan en el jardín y volverán a nacer las flores que tanto le gustaban a la abuela.

A lo que él respondió:
– Tienes razón, la vida me ha premiado contigo y con tu madre. Tu abuela se ha ido pero en ti ha dejado lecciones como la que acabas de darme.
Rosa miró a su padre y añadió:
– No te olvides que la abuelita siempre nos decía: En la vida, ante todo, sed felices.

Padre e hija se levantaron, caminaron unos pasos, alzaron la vista y en el cielo encontraron la estrella que más brillaba, la estrella polar de sus vidas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Burgos: el principio de una historia

Siempre me acompaña allá donde voy y es que a medida que pasan los años se ha ido convirtiendo en algo imprescindible. El móvil ya no solo sirve para llamar o mandar mensajes, ya hace de todo. Como buen compañero de viajes ha retratado muchos de mis recuerdos. Sin ir más lejos hace unos días me acompañó por las calles de mi tierra natal. Burgos es una gran fuente de fotografías. Su catedral, El Cid, el Arco Santamaría, El Espolón… son por decirlo de alguna manera, “los básicos” que todo visitante se lleva para el recuerdo pero hay mucho más…

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En la Catedral de Burgos

Frente a la placa que conmemora el famoso juramento de Rodrigo Díaz de Vivar me prometí volver a mi ciudad más pronto que tarde. En ella no sólo viví mi infancia sino que es en Burgos donde tengo toda una biblioteca de imágenes de una gran parte de mi vida. Muchas de ellas no están fotografiadas por ningún teléfono móvil. Antes eran las cámaras y sus carretes las que nos tenían en vilo para saber si una foto había salido bien o mal. No se puede discutir que con el paso de los años la tecnología ha ido ganando protagonismo hasta convertirse en indispensable. Ahora bien, aunque el móvil es un básico de mi bolso, también lo es, un bolígrafo. Me gusta escribir siempre que lo necesito, y a veces, ni la tableta ni el ordenador están conmigo. Por eso, me he acostumbrado a llevar algo muy especial. Fue mi tía Inma la que me regaló un libro en blanco. Muchas son las páginas que tengo que escribir, de eso no hay duda. Serán textos escritos de puño y letra. Seguramente no tendrán ningún premio, pero hay algo que hace que este libro sea especial. Es artesanía con mayúsculas. Del trabajo de sus manos ha nacido este regalo de lo más apropiado. Para mí no hay libreta que pueda igualar esta gran obra. Ahora serán las letras las que deban estar a la altura. Esperemos que así sea.

Y con la firmeza de que aun tengo la vida para seguir batallando por mis sueños, he afrontado la primera página en blanco a pies de la Catedral. Esas primeras palabras son pura motivación, porque de ahí nace la fuerza para seguir escribiendo. Esto me recuerda la popular invocación del juglar en el Poema del Cid que tan bien se sabía mi abuelo, ferviente burgalés: “Por vosotros, los señores, los que en castillos moráis, por vosotros, los burgaleses, los que vivís en ciudad, por vosotros, pueblo llano, hartos ya de trabajar, por las mujeres y niños, que rondan por el ferial, por estos y por los otros, por los de aquí y de allá, vecinos y forasteros que vinisteis al lugar, sin distinción, para todos comienza aquí mi cantar.” Ahora, es el momento de continuar, para guardar esos textos, esos recuerdos y esas vivencias en mi “Cofre del Cid” porque lo que tiene valor sentimental siempre ha de estar a buen recaudo.

¿Te has parado a pensar cómo sería la novela de tu vida?… ¿Te gustaría?… Siempre hay un momento en el que la historia puede dar un giro… Nunca es tarde si la dicha es buena.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

Los recuerdos del terreno de juego

 

He reído y he llorado. He gritado y he enmudecido. He soñado y me he decepcionado. Muchas han sido las situaciones que me han provocado esos sentimientos. La vida te lleva de un extremo a otro como a un péndulo de un reloj. Ella es caprichosa pero depende de nosotros afrontar todos esos momentos. Unos son más fáciles que otros. Aunque, en definitiva, la realidad es ese día a día con el que tenemos que lidiar.

Pero, haciendo un paréntesis en la dura rutina. Hay algo que me evade y que también me hace llorar, me hace reír, me hace gritar, me hace callar y, por supuesto, me hace soñar. Ese algo, en mi caso va teñido de rojiblanco. Guste o no, por algo el fútbol es el deporte rey. En mi memoria hay grabados grandes momentos vinculados con diferentes terrenos de juego. Si bien es verdad, una mayoría están en la Ribera del Manzanares, pero esos recuerdos siempre van acompañados de grandes experiencias. Con mi familia y mis amigos he vivido en numerosas ocasiones noventa minutos que quizás, no hayan sido de buen fútbol pero sí de gran regocijo. Eso es más importante que tu equipo gane o pierda.

FullSizeRenderLos que me conocen saben que el Atlético de Madrid es el equipo por el que sufro. Reconozco que solo he llorado una vez dentro del Calderón. Y el motivo no fue una derrota, fue por algo especial. Tras superar una leucemia, volver a ese estadio de la mano de mi padre era recuperar algo que el cáncer me había quitado. Aquel encuentro fue, sin duda, una victoria personal. Todo volvía a la normalidad.

El fútbol será el deporte rey pero en mi caso comparte el trono. El baloncesto, el tenis, la natación también han grabado imágenes para el recuerdo en mi memoria. Si hay una cosa que tengo clara es que de todo se aprende. El trabajo en equipo, la fuerza de voluntad, el poder de la mente… son algunas cualidades que si están “bien entrenadas” son “la mejor defensa” para frenar las dificultades que la vida, sin arbitraje, nos chuta para intentar meternos un gol. En nosotros está hacerlas frente y pararlas con “coraje y corazón”. Así seguro que levantamos la “copa de la vida”, la copa de la felicidad.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

**Gracias a Óscar Fernández Romero por sugerirme hacer esta reflexión entre la vida y el fútbol.

 

 

Una tarta con diez velas especiales

Son los que nos atormentan aunque intentemos evitarlos pero si tienen que volver a nuestra mente será por algo. Puedo no dormir bien por muchos motivos, eso nos pasa a todos. Pero la de anoche era una noche diferente. Hace diez años cambió mi vida y nunca mejor dicho de la “noche a la mañana”.

FullSizeRenderCada veinticuatro de enero veo el calendario y una revolución de sentimientos se mezclan en mi interior. Es el día del patrón de los Periodistas, profesión que me enamoró desde niña pero además de eso, pienso en aquella sala de espera de urgencias, en aquella fiebre que consumía mis fuerzas, en aquellas horas que atormentaban a los míos, en definitiva, en aquel frío Box en el que pasé la noche sola y con miedo a esa incertidumbre de no saber que me pasaba. Y por si eso no era suficiente, sabía que para mi padre iba a ser su cumpleaños más triste. Pero el destino decidió que así fuera.

Precisamente, ese destino es el que me permite hoy celebrar el cumpleaños de mi fiel compañero de batallas, mi padre. Festejar que hace una década cambió mi vida, no sé si a mejor o a peor, pero cambió. Me arriesgo a decir que me hizo mejor persona. Aquella asignatura de la vida la aprobé, en septiembre, con matrícula de honor, y sus enseñanzas no son fáciles de olvidar. Por eso, habrá que soplar las velas con la ilusión que se merecen. Porque aún nos quedan muchas cosas por vivir para ir renovando los recuerdos que entristecieron esa fecha de cumpleaños. Porque aunque muchos no lo entiendan, cuando mi mente me recuerda la etapa más dura de mi vida, mis ganas de luchar se multiplican.

Así que luciendo una sonrisa en el rostro y mirando al futuro con optimismo, este año cantaré el “Cumpleaños Feliz” sin que nada pueda silenciarlo. Sin duda, el día se merecerá un 10.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

No es un mes cualquiera

 

Hace apenas diez días que comenzó el mes de septiembre. Un mes que lleva marcado en su nombre el final del verano. La rutina del día a día vuelve para convertir la estación estival en un recuerdo cargado de nostalgia. Las vacaciones ya se escriben en pasado. Aunque dicen que no es bueno mirar atrás, quizás recordar las experiencias y aventuras vividas en los dos últimos meses sean las mejores aliadas para enfrentarse con optimismo no sólo al mes de septiembre sino al otoño que en breve llamará a nuestra puerta.

Fe-FrasesPrecisamente, a la puerta de mi mente llegan muchos recuerdos. Es en este mes en el que los sentimientos están a flor de piel. Puedo anhelar las vacaciones, puedo echar de menos la playa pero no puedo olvidar el día cero de mi particular calendario. Fue el catorce de septiembre de hace nueve años. Reconozco que puedo ser fuerte pero siempre digo que no soy de piedra. Cada vez que cruzo el umbral de La Princesa es inevitable que vengan a mi mente imágenes muy difíciles de borrar. Vuelven como un pase de diapositivas pero dejan en mí una dosis extra de energía. Siempre he dicho que nunca me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de las cosas buenas que me ha enseñado. No sólo aprendí a ser fuerte; aprendí algo más importante: A disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, claro está, en el día a día.

Como Aún tengo la vida, las ganas de exprimirla son muchas. En cada amanecer comienzo un nuevo capítulo que tengo que escribir. Tan sólo hay veinticuatro horas para hacer de él todo un bestseller mejor que el del día anterior. Superarse siempre es bueno, además aquí lo importante no es el número de ventas sino el número de sonrisas que he plasmado en el rostro. Porque la felicidad no tiene una fórmula, la felicidad de cada uno tiene su propia receta. Cuesta encontrarla pero una vez que se descubre algo cambia. Aprendí a valorar cada detalle de la rutina, cada gesto y cada palabra y realmente, tras luchar por mi vida fueron esos días de hospital, esas noches sin dormir, ese malestar y aquellas duras batallas las que me enseñaron que ser feliz es lo que cuenta. Porque de lo malo, siempre hay que quedarse con lo mejor. Y sé que lo mejor está por llegar, mejor dicho, está llegando…

Y porque Aún tengo la vida, lo espero con mi mejor sonrisa.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

http://www.descubrecastellon.com/cantando-a-la-vida/

http://www.antena3.com/noticias/salud/jimena-joven-que-superado-cancer-alegro-todo-que-ensenado_2013060200067.html

 

 

 

A los recuerdos de un abuelo

Dicen que las casualidades no existen, en este caso es cierto. Mentiría si dijera que estoy improvisando, simplemente, estoy dejando que las palabras fluyan al exterior. El folio en blanco de Word que es tan frío cuando lo abres, esta vez se llena de sentimiento. Un sentimiento que no nace por casualidad. Surge año tras año cuando llega el chupinazo de San Fermín. Y no es precisamente por la fiesta sino más bien por los recuerdos que ella me trae.

Es el momento, o mejor dicho, es el día en el que puedo reconocer que sólo hay una persona en mi mente. Sus recuerdos son tantos que resurgen muy a menudo. Confieso que fuiste quien me inculcó muchas de las costumbres que hoy en día no quiero perder. Creo que eso mantiene ese vínculo que me hace pensar en ti día a día. Desde niña madrugaba contigo para ver los encierros de Pamplona, hoy sigo haciéndolo. Me inculcaste el sentimiento rojiblanco, porque fuiste el “culpable” de que sea del Atleti. Hoy defiendo mis colores como solo los colchoneros lo sabemos hacer. Gracias a ti conocí el trabajo de una imprenta. hand-od-grandmother-grandchild-7296466Recuerdo las tardes en las que jugaba con los tipos. No sé si ahí nació mi vocación periodística pero desde luego nunca podré olvidar las manchas de tinta, el olor a papel y las miles de letras que allí había. Me conmueve ver a mi padre con la tradicional capa castellana tal como tu la lucías. Eras un burgalés que con orgullo cantabas el himno a tu ciudad y cogida de tu brazo paseé y lucí el traje regional… Podría seguir con muchas cosas más, pero de todas las que podría destacar me quedo con tu carácter. Disfrutabas de las pequeñas cosas de la vida, transmitías optimismo y por ser como eras tu vacío se sigue sintiendo. Hace años que nos dejaste pero en el fondo sigues con nosotros. En mi memoria existe un apartado dedicado a ti. Su nombre es Eusebio y entre comillas he escrito “Suso” como muchos te llamaban. Eras el mejor libro de historias, de refranes, de anécdotas, eras único. Eras mi abuelo.

Hoy más que nunca puedo decir que en algo tan pequeño como una lágrima cabe algo tan grande como un sentimiento. Va por ti, abuelo.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Mirando al mar…

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Llegan a la mente cuando menos te los esperas. Un olor, un sabor, un objeto… pueden despertar en mi interior un torrente de recuerdos. Unos recuerdos cargados en muchos casos de añoranza y melancolía pero en muchos otros de sonrisas y felicidad. Pero es, sin duda, mirando al mar y su inmensidad cuando todas esas emociones van acompañadas por sueños e ilusiones que van y vienen en mi al ritmo de las olas que ven mis ojos.

Unos ojos que si los cierro y me dejo llevar por el mar provocan una oscuridad en la que la fuerza de los pensamientos adquiere especial relevancia. Mi mente se llena de preguntas a las que en muchas ocasiones no tengo respuesta. De esas incógnitas surgen miedos que me pueden hacer dudar pero que no conseguirán amedrentar las ganas de cumplir todo aquello que, por muy grande o pequeño que sea, me llene de felicidad. Ya decía Quevedo que “el ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

No sé si es cuestión del destino o no pero soy de las que cree que todo ocurre por alguna razón. Bajo la luz del sol y mirando al mar me adentro en mi mundo. Ese en el que yo escribo el guión de mis pensamientos y a los que muchas veces no sé que desenlace dar. Ese mundo en el que la imaginación es mi aliada construir el esbozo de los sueños que tengo por cumplir. Mirando al mar pienso y mucho. No sufro por los recuerdos que me trae. Prefiero quedarme con las cosas que me inspira. El mar es fuente de vida y como tal recarga mis baterías. Me llena de energía, me recuerda que Aún tengo la vida. Así que como dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw: “Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.” Manos a la obra.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

 

Hay recuerdos y recuerdos

Mirando por la ventana, a la lejanía sólo se ve un cielo gris. Y es que noviembre se despide del calendario dejando la lluvia como escenario para dar la bienvenida a uno de los meses más entrañables del año. Llega diciembre marcado, sin duda, por la Navidad. La cuenta atrás ya ha comenzado. Las luces ya cuelgan de nuestras calles, los turrones, mazapanes y polvorones inundan los supermercados desde hace tiempo y los recuerdos poco a poco se van apoderando de todos nosotros. No es bueno mirar para atrás pero para hacer el balance de este año no hay más remedio…Eso sí, será mejor quedarse con lo bueno… Los mejores recuerdos son los que nos sacan una sonrisa, y eso, no tiene precio. IMG_6745

Y si hablamos de recuerdos o de nuestro pasado no hay nada como hacer una mudanza para adentrarse en nuestro propio pasado. Si Karina buscaba en el baúl de los recuerdos…en las cajas de nuestra vida se puede encontrar más de un tesoro. No de un alto valor económico, posiblemente, pero sí de un gran valor sentimental. Desprenderse de esas “reliquias” no es fácil pero cuando no hay más remedio… Es mejor recordar que nada es para siempre… Los años pasan y los ciclos de la vida se van cerrando…

Las etapas se van cerrando, los meses agotando y los años van pasando; pero el sentimiento rojiblanco sigue tan vivo como cuando era niña. Siempre estoy orgullosa del Atleti gane o pierda. Es cierto que el futbol levanta pasiones, seas del equipo que seas. Cuando juega el equipo de tu corazón, las pulsaciones se aceleran y los nervios suelen estar a flor de piel, pero de ahí a la violencia hay un gran salto… Un salto intolerable, vergonzoso…por no decir otra cosa… No es agradable ser el protagonista de los titulares informativos cuando se habla de sucesos. El enfrentamiento que esta mañana ha tenido lugar entre aficionados del Atleti y del Deportivo no tiene justificación pero sí muchos calificativos. La violencia y el deporte nunca han hecho, ni harán buena pareja, aunque siempre habrá desalmados que así lo crean. Pero la actitud de unos pocos no representa a toda una afición. Decía Hermann Keyserling: “Generalizar siempre es equivocarse”…Así que cuidado…

Si de recuerdos hablamos, los de hoy, futbolísticamente hablando, son para olvidar. En el Vicente Calderón faltaba un aficionado. Su ausencia era motivo más que suficiente para no celebrar los goles que se han visto en el estadio. El Atleti ha ganado tres puntos, sin embargo, ha sido una amarga victoria.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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