HASTA PRONTO, GRIEZMANN

Hay despedidas que se anuncian y, aun así, nunca terminan de asumirse. Duelen, pero siempre es mejor decir “hasta pronto” que “adiós”. No hay forma de prepararse para ellas porque, cuando llegan, dejan un silencio extraño que suele ir acompañado de los recuerdos más importantes. Algo así sucedió con Antoine Griezmann y su último baile en el Metropolitano. La familia rojiblanca lo echará de menos porque se va “El Principito”. Un colchonero más que entendió desde el principio que el Atlético de Madrid no es un equipo cualquiera, porque no basta solo con ser futbolista; también hay que comprender que en esa camiseta existe una manera de entender el fútbol desde la entrega, la pasión y la cercanía. Y eso tiene un valor enorme.

Vivimos pendientes de los partidos, de los goles y de los puntos. Todo esto dura poco porque un triunfo se olvida al día siguiente y una derrota se convierte rápidamente en otra conversación. Sin embargo, hay jugadores que consiguen romper esa barrera de lo inmediato para instalarse en un lugar mucho más profundo: la memoria emocional de las personas. Griezmann pertenece a ese grupo. Porque más allá de sus cifras, de sus títulos o de sus asistencias, se ha ganado el corazón de una afición y eso, sinceramente, no tiene premio que lo iguale.

El Atlético de Madrid no es un equipo cualquiera. Es una forma de entender la vida que solo los que palpitan con ritmo rojiblanco pueden comprender. Su identidad está construida desde la fidelidad, la resistencia y, por supuesto, el sufrimiento. Pero un colchonero no solo valora las victorias, también el compromiso, el sacrificio y la verdad con la que los suyos defienden los colores. Decir que “luchan como hermanos” no son palabras vacías; es una declaración de intenciones. Por eso, cuando un jugador logra entender lo que significa vestir esta camiseta, se convierte en algo más que un deportista. Se transforma en uno de los nuestros. Y Griezmann, con el paso de los años, ha terminado siendo un miembro más de la familia rojiblanca.

Es cierto que su camino no fue perfecto, pero todos nos equivocamos alguna vez. Porque el fútbol, como la vida, también está lleno de errores, de dudas y de segundas oportunidades. Quizá ahí reside una de las lecciones más humanas de esta historia. A veces uno necesita irse para comprender verdaderamente cuál es su hogar. Y Griezmann volvió. Volvió porque entendió que hay lugares que trascienden lo profesional y se convierten en emocionales. Regresó para reencontrarse con una afición que, pese al dolor inicial, terminó abrazándole de nuevo desde el cariño y la memoria compartida. Eso también habla de los valores que rodean al Atleti: la capacidad de perdonar, de resistir y de mantenerse fiel incluso cuando las circunstancias no son sencillas. Por eso su despedida duele tanto. Porque no se marcha solo un delantero. Se despide un jugador que celebraba los goles como un niño, que entendía la importancia del escudo y que supo convivir con la presión sin perder nunca cierta naturalidad. “El Principito” deja algo más que estadísticas. Deja recuerdos. Y, al final, eso es lo que verdaderamente permanece. “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Las despedidas también sirven para valorar lo vivido. El fútbol tiene esa capacidad maravillosa de unir recuerdos personales con emociones colectivas. Todos los aficionados guardamos un partido, un gol o una celebración de Griezmann asociada a un momento concreto de nuestras vidas. Tal vez por eso las despedidas en el deporte nunca son solo deportivas, sino también sentimentales.

Antoine Griezmann se marcha del Atlético de Madrid dejando algo que no se compra ni se entrena: cariño sincero. Y eso, en cualquier ámbito de la vida, es probablemente el mayor éxito que alguien puede alcanzar. Siempre serás un colchonero más. 

Hasta pronto, Principito.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/05/18/hasta-pronto-griezmann/

ATLETI: CREER HASTA EL FINAL

Si hay una semana en la que hay que derrochar coraje y corazón, sin duda, es ésta. Se sueña en rojiblanco y, por supuesto, al margen de lo que digan los demás nunca se va a dejar de creer. Es cierto que hay que ir partido a partido y empecemos por el de esta noche. Evidentemente, el Metropolitano contendrá la respiración cuando suene el pitido inicial porque todos sabemos que desde ese instante algo importante está a punto de suceder. La vuelta de la Champions se juega hoy, y el Atlético de Madrid vuelve a mirarse al espejo con esa mezcla de orgullo y vértigo que solo entendemos quienes palpitamos a ritmo colchonero. Nos gusta vivir en el filo de las emociones, es nuestra forma de resistir. Habrá nervios y silencios tensos y aunque acabemos con el corazón en la mano y los dientes apretados, lograr el pase a la semifinal de la Liga de Campeones lo compensará todo. Porque el Atleti no juega partidos: los vive, los sufre. Los convierte en algo más grande que el propio fútbol. Y esta noche, otra vez, será así.

Evidentemente, si el presente late con fuerza, el corazón no va tener una tregua. En el horizonte está Sevilla. Esa ciudad que dicen que tiene un color especial, pero que el próximo sábado se teñirá de rojiblanco y de ilusión. La final de la Copa del Rey es otro destino que no admite distracciones. Es ese pensamiento que aparece entre latido y latido, recordando que, pase lo que pase hoy, hay otra historia por escribir. Y no es una historia cualquiera. Hasta el sábado se avecinan días en los que la cabeza está en La Cartuja, en una copa que los de Simeone quieren brindan a su afición y, por supuesto, en pensar que el miedo se debe convertir en coraje porque habrá miles de banderas rojiblancas ondeando no solo en Sevilla. La familia colchonera se une para arropar a los suyos desde donde sea. Sabemos que las finales no se explican, se conquistan.

Y en medio de todo, como un faro que guía sin hacer ruido, está Neptuno. Siempre Neptuno. Esperando, paciente, como si supiera que las alegrías rojiblancas no se anuncian, se construyen a base de noches como la de hoy y sueños como el de Sevilla. No es solo un destino; es un ritual. Es el lugar donde todo cobra sentido cuando el esfuerzo encuentra recompensa. Sin duda, los jugadores lo saben y también saben que esta noche puede marcar el ánimo y la energía con la que se llegue el sábado a esa final. No se pueden despistar porque los errores se pagan muy caros a estas alturas. Vestir la camiseta del Atleti es una responsabilidad que no entiende de calendarios ni competiciones, porque esa camiseta es un sentimiento inexplicable y una afición única que lo da todo. Por eso, cada partido es una declaración de intenciones y cada minuto, una oportunidad de honrar el escudo.

Hoy, el Metropolitano empujará. Como siempre. Como nunca. Porque aunque Sevilla ya llama a la puerta, el presente exige toda la atención. La Champions no espera. Sevilla, llegará. Y el Atlético, fiel a sí mismo, no puede fallar.

Toca: Primero, resistir. Después, soñar. Siempre, creer.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/04/13/atleti-creer-hasta-el-final/

DECIDE EL METROPOLITANO: CORAJE Y CORAZÓN

Dice el parte meteorológico que las temperaturas darán un respiro en los próximos días. Dejaremos atrás las tardes gélidas pero por mucho que suba el termómetro nada podrá igualar lo que va a suceder esta tarde entorno al Metropolitano. Allí se vivirá un ascenso frenético de calor, pasión y sentimientos. Todo esto pasará a las siete menos cuarto de la tarde cuando la climatología anote el efecto rojiblanco en la capital. Si a las borrascas se las pone nombre, este efecto se llama ‘Atleti’.  De hecho, este Atleti será un cóctel de anticiclón rojiblanco con ráfagas de tormenta emocional que se desata cuando el equipo de tu vida salta al terreno de juego. Evidentemente, esto no lo mide ningún satélite, pero lo sienten las miles de gargantas dispuestas a empujar hasta el último suspiro.

Vuelve la Champions a la casa colchonera en una eliminatoria empatada. Enfrente estará el Brujas. Por eso, no hay margen para los titubeos. Todos sabemos que los errores se pagan muy caros y solo puede quedar uno. Los de Simeone lo saben y su afición también. Soñar con “La Orejona” no es una utopía porque todo se puede cumplir si se trabaja para ello. Nunca hay que dejar de creer, porque este escudo ha demostrado que la fe mueve montañas. Y todos tenemos grabadas aquellas palabras eternas de Luis Aragonés: “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. Un mantra que retumbará desde el tercer anfiteatro y en cada rincón del estadio.

Sin duda, esta tarde habrá que armarse de mucho “coraje y corazón” porque el pase a los octavos está a noventa minutos frenéticos. De ahí que el equipo deberá saltar al terreno de juego sin complejos, con determinación y con esa identidad que marca el himno: luchar como hermanos defendiendo sus colores. La actitud lo es todo. Un todo que tiene, valga la redundancia, todos los ingredientes para convertir esta noche en una ola de pasión, de adrenalina, de emoción, de nervios y, por supuesto, de calor porque la temperatura, está claro, que irá en aumento desde el momento en el que empiece a funcionar el cronómetro. Esperemos que la montaña rusa en la que hemos vivido últimamente se frene ante el Brujas. 

Seguir en la Champions es lo que está en juego. Sabemos que hay que ir partido a partido hasta el final. Ser uno de los mejores equipos de Europa es un honor y el Atleti se merece eso y mucho más. La mejor afición estará, como siempre, arropando a los suyos. Todos listos y dispuestos para dejarnos la voz, sentir el palpitar de nuestro corazón y sufrir lo que sea necesario. Ser del Atleti implica todo eso y mucho más. Un sentimiento que no se puede explicar, es una forma de vida.

Y dicho todo esto, solo puedo añadir que gracias a esta bendita locura, ya tengo lista la camiseta, el corazón a punto, y la emoción desbordada. El Atleti tiene que ganar y todos estaremos preparados para empujar a los de Simeone hasta el final.  

Quien no lo entienda, que no me pida explicaciones… Sólo puedo añadir: ¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/23/decide-el-metropolitano-coraje-y-corazon/

PARTIDO A PARTIDO

Quedan poco más de diez días para que termine el mes de agosto, las horas de sol ya empiezan a escasear y la vuelta a la rutina se asoma en el horizonte. Hay que reconocer que el verano, a pesar de la ola de calor que hemos pasado, se va agotando poco a poco y con él las vacaciones más anheladas de todo el año. Todavía hay margen para seguir disfrutando de la estación estival, pero en todos los finales siempre existe algún principio. Los amantes del deporte rey estén o no ociosos seguro que celebran la vuelta de la Liga.

Por delante hay treinta y ocho jornadas para animar al equipo que nos hace palpitar el corazón. Reconozco que ni en vacaciones desconecto de mis colores porque estos siempre me acompañan allá donde voy. Orgullosa de ser colchonera en la playa, en la montaña, en la piscina, en el tren… Ahora bien, sé que “partido a partido” iremos soñando y sufriendo a la vez, pero también sé que nunca hay que dejar de creer porque la temporada acaba de empezar y la actitud es fundamental. 

Los primeros noventa minutos de esta Liga se jugaron ante el Espanyol lejos de su fortín, pero en la cabeza de esta afición está la noche de bienvenida en el Metropolitano del próximo jueves, donde los nuevos jugadores recibirán el cariño de su gente y conocerán de primera mano qué significa defender esta camiseta y este escudo. La afición los acogerá como siempre: con pasión, exigencia y una entrega incondicional. Del Atleti se nace y comprenderán porque es un sentimiento que no se puede explicar. El coraje y corazón que tienen que plasmar en el terreno de juego no les va a faltar desde las gradas. 

La afición del Atlético de Madrid es el latido más profundo del club, un amor que se siente en cada rincón del alma. No somos simples seguidores; somos un ejército de corazones rojiblancos que laten al unísono, dispuestos a darlo todo. No hay distancia, ni adversidad, que pueda apagar su pasión. En cada partido, en cada grito, en cada momento de sufrimiento y alegría, la afición rojiblanca se entrega por completo, como si cada jornada fuera una cita con el destino. Los colchoneros siempre estamos en las buenas y en las malas sin dudar ni un segundo, porque ser del Atleti no se mide en victorias, sino en sentimientos. Esa devoción que no entiende de rendirse, esa lealtad que no pide explicaciones. 

Los colores rojiblancos son una forma de vida que une a generaciones. Por eso, el tercer anfiteatro siempre está muy presente. El Atleti es capaz  de transformar el sufrimiento en fuerza y, sobre todo, te hace sentir parte de algo mucho más grande. En cada cántico, en cada abrazo, se siente el palpitar de una afición que vive, respira y sueña con el Atleti. Y eso, queridos amigos, no tiene precio.

Y dicho esto, será el próximo sábado cuando debuten en el primer partido de la temporada en casa y el Metropolitano se volverá a teñir de rojo y blanco. Una imagen que ya se echaba de menos. Ahora toca pelear cada balón y no rendirse. El camino acaba de empezar, pero la ambición es clara: aspirar a todo, pelear por cada título, por cada victoria. La Liga acaba de comenzar, pero la ilusión no tiene freno. ¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/18/partido-a-partido/

 122 AÑOS ROJIBLANCOS

“Recuerdo que mi abuelo me hizo el mejor regalo que se le puede hacer a un nieto, hacerme del Atleti”. Estas palabras de Fernando Torres las suscribo al pie de la letra porque mi abuelo me hizo el mismo regalo. Es cierto que los años irán pasando pero los sentimientos no cambian, en todo caso, con el transcurrir de la vida y las experiencias estos se fortalecen aún más. El sábado, el Atlético de Madrid cumplió 122 años y toda la familia rojiblanca estaba de celebración. 

Ser del Atleti es algo que no se puede explicar, pero que une a muchos corazones que están dispuestos a darlo todo por sus colores. La historia rojiblanca comenzó en 1903 y desde entonces, página a página y capítulo a capítulo ha ido creciendo entre momentos de alegría, de sufrimiento, de lloros, de abrazos… pero con una afición que nunca ha dejado solos a los suyos porque, precisamente, nunca deja de creer. 

Por eso, el pasado sábado, mientras blaugranas y merengues, se jugaban la Copa del Rey, los colchoneros eran invitados a festejar a su equipo en el propio Metropolitano. Los ciento cincuenta mil socios que tiene actualmente el club, bien se merecen abrir las puertas a los suyos. Y ahí estaba su afición para hacer el tour por su estadio. Sus hinchas no fallan y cualquier motivo es bueno para acudir a la casa que une a todos los colchoneros con el inquebrantable coraje y corazón. 

Obviamente, y ya que era el día de la final copera, las apuestas estaban hechas y las polémicas ya protagonizaban las noticias antes de que el partido comenzara. Los protagonistas de ellas eran los árbitros. Quizás, ni culés, ni merengues puedan decir mucho de ellos porque solo hay que ver la historia del fútbol para analizar las actuaciones de los colegiados. Sin olvidar, claro está, los pagos que también han recibido. Hay quien dice que se han cargado al deporte rey, y posiblemente, lo hayan hecho, porque ahora priman otros aspectos antes que el propio deporte. Tras el pitido final y con el Barça proclamado campeón, los debates no han tardado en surgir. Es cierto que a llorar se va a la “llorería” pero las provocaciones innecesarias en las horas previas se pueden pagar muy caras. El destino es caprichoso y va a conseguir que los de Concha Espina acaben la temporada como el color de su camiseta: en blanco. De esto no hay duda, y me alegro que el tiempo ponga a cada uno en su sitio porque puedes ver toques al balón donde no los hay, pero al final, de poco te sirve cuando no consigues brindar un título a tu afición. Una afición que, por supuesto, nunca será tan buena como la rojiblanca porque los sentimientos nacen del corazón y no de los títulos. 

Y dicho esto, el sábado fue el cumpleaños del Atleti y eso era lo más importante. Al festejar al Atleti me acordé de mi abuelo que desde el tercer anfiteatro verá como su nieta sigue derrochando coraje y corazón porque este equipo es otra forma de entender la vida, es otra familia y eso que él me enseñó, jamás lo podré olvidar al igual que los recuerdos que vivimos juntos escritos en rojiblanco. 

Jimena Bañuelos

GANAR, GANAR, GANAR Y VOLVER A GANAR

Como suele decirse, en Madrid está “lloviendo a mares” desde hace unos cuantos días y parece que vamos a seguir así por un tiempo. Lógicamente, Neptuno está en su salsa y no hay ninguna duda de que el próximo miércoles quiere ser el rey de la capital. El pase a los cuartos de final de la Champions se sellará en el Metropolitano y todo puede pasar. Una marea rojiblanca inundará el metro, los autobuses y cualquier rincón de la capital porque los colchoneros saben que hay que apoyar a los suyos llueva o truene. El tiempo climatológico es lo de menos porque, aunque las temperaturas no sean muy altas, el estadio va a convertirse es una auténtica olla a presión. Hay que ganar y para eso, además de que tienen que darlo todo en el terreno de juego, la afición debe arropar más que nunca a los de Simeone. 

Si hay que sufrir, se sufre. Si hay que gritar, se grita. Hay que hacer todo lo que sea necesario para llevar al equipo en volandas. Neptuno quiere imponerse a Cibeles, a pesar de que el pasado sábado se  celebrara el Día Internacional de la Mujer, ya que sólo puede quedar uno. Quizás, en el Olimpo de los Dioses estén las apuestas más que hechas y sendos dioses estén buscando aliados. En Madrid

se miran de reojo, pero hay que reconocer que el capricho de la diosa Fortuna en el sorteo de emparejamiento ha sido muy grande. El ambiente está que arde y eso que Vulcano no se ha pronunciado por su favorito, pero la adrenalina va subiendo a medida que se acerca el día ‘D’ y la hora ‘H’. A estas alturas ya se están preparando las bufandas, las banderas, las pinturas o las camisetas para vivir noventa minutos muy intensos en los que no se puede fallar. Es cierto que todos estaremos pendiente de Cronos (para los griegos) o Saturno (para los romanos) y quizás en algún momento nos toque contener el aliento pero está claro que ambos dioses serán los encargados de controlar el tiempo aunque no sabemos quien de los dos estará en el polémico VAR. Con las decisiones que se tomen en vivo se sabrá si están bajo la influencia de Cibeles o Neptuno.

Sin duda, los colchoneros seguimos soñando porque Morfeo nos lo permite, pero también porque nuestro corazón bombea al ritmo que Venus quiere cuando nuestro Atleti se enfrenta al eterno rival. Estamos enamorados de nuestros colores y eso no todos lo pueden entender. En Madrid ya se respira ambiente de derbi. Las aficiones ya calientan motores y el billete para la siguiente ronda busca dueño. Ni siquiera Zeus o Júpiter saben a quien tendrán que consolar en el Olimpo, pero apuesto a que Baco quiere acompañar a Neptuno en la noche de mañana para brindar por la victoria.

A estas alturas, y con el Olimpo y la capital en modo derbi, la tribu india lo tiene claro, sólo vale: “Ganar, ganar, ganar y volver a ganar”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/03/10/ganar-ganar-ganar-y-volver-a-ganar/

AHORA, ATLETI, AHORA

Jugadores, jugadores. Hemos venido a ganar. Que se enteren los vikingos, quien manda en la capital”. Cantando esto acabó la afición rojiblanca el pasado sábado tras conseguir sumar los tres puntos ante el Athletic de Bilbao. No fue un partido fácil, pero los de Simeone saben que tienen que pelear hasta el final y su afición está ahí para arroparlos en las buenas y en malas. No importa que haga frío, que llueva o que el viento azote los rostros porque los colchoneros están preparados para todo, sólo quieren gritar los goles de los suyos y cosechar muchas victorias. 

El famoso ‘partido a partido’ ha llegado hasta hoy. Será en la ida de los octavos de final de Champions donde los vikingos y los indios se vean las caras. Ya sabemos que los colchoneros acudirán a Concha Espina en autobús, no es necesario que Simeone se lo repita a los periodistas que intentan buscar un titular fácil. Por todos es conocida la rivalidad entre los dos equipos, pero la diosa Fortuna ha querido que vivamos una eliminatoria de infarto. Es cierto que sólo puede quedar uno, pero por delante hay muchos minutos de fútbol por jugar y está claro que todo puede suceder. No negaré que si hay que apostar al mejor siempre éste lucirá unas preciosas rayas rojiblancas. Las cosas como son. Ese sentimiento que no se puede explicar se fortalece cuando hay un derbi por delante contra el eterno rival. 

Hay algo más que el pase a la siguiente fase en juego. El cara a cara entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid no es un partido cualquiera, solo hay que preguntar a los aficionados colchoneros por su opinión sobre los merengues. Los fantasmas del pasado se quedan en el pasado, porque el presente es hoy y de nada sirve intentar remover lo que ya ha sucedido. 

Quedan unas horas para que comience el partido con mayúsculas. Quiero que el Atleti le dé una alegría a mi corazón. Éste está preparado para todo, pero el mejor calmante para las taquicardias es, sin duda, una dosis de goles y una victoria que estará llena de abrazos.Y dicho todo esto, sólo puedo añadir que gracias a esta bendita locura, ya tengo lista la camiseta, el corazón a punto, y las ganas para ver a los rojiblancos derrochar todo el coraje y corazón en el partido de ida, porque está claro que la vuelta en el Metropolitano va a ser inolvidable. La afición espera ver lo mejor de los suyos y estos tienen a toda una afición que lo dará todo por ellos esté donde esté. Ser del Atleti es una forma de entender la vida y ésta, sin duda, se vive intensamente siendo rojiblanco. Orgullosa de mis colores, únicamente puedo añadir: “¡Aúpa Atleti!”

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/03/03/ahora-atleti-ahora-2/

SUENAN TAMBORES DE GUERRA

Sólo puede quedar uno y es evidente que para lograr el pase a los cuartos de final de la Champions habrá que dejarse la piel en el terreno de juego y en las gradas animando a los rojiblancos. La  diosa Fortuna ha sido muy caprichosa y ha querido ver un buen derbi en la capital de España. Los colchoneros esperaban rival y el sorteo del pasado viernes, prendió la llama para que el ambiente se vaya caldeando. “¿Quién dijo miedo?” No es una frase cualquiera, es una declaración de intenciones porque está claro que Madrid debe siempre brillar por las rayas que mejor sientan.

El calendario de los de Simeone es frenético ya que no hay que olvidar que en las semifinales de la Copa del Rey se miden al Barça. Menos mal que los partidos de vuelta son en el Metropolitano, el cual, estará más que preparado para darlo todo por los suyos. Si hay una afición que sabe derrochar coraje y corazón es, sin duda, la del Atlético de Madrid. Evidentemente, estaremos preparados para lo que venga porque está claro que no sólo seguimos soñando y que nunca dejamos de creer sino que llevaremos al equipo en volandas para verlo campeón. La temporada que están haciendo los de Simeone ilusiona y mucho a una afición que lo da todo por ellos. De hecho, las entradas se han agotado en cuestión de horas y aunque vayamos partido a partido, el calendario del próximo mes no da tregua. 

La única tregua posible es seguir sumando puntos en la Liga y encauzar los partidos de ida de las dos eliminatorias. Únicamente así se podrán relajar algo los nervios porque está claro que se va a infartar o contener el aliento en algún momento. Quedan muchos minutos de fútbol y todos sabemos que hasta que el árbitro no pita el final todo puede suceder. No hay que relajarse, hay que ilusionarse y pelear para que los sueños se cumplan. Esa satisfacción es lo que toda una afición espera. 

Y dicho esto, quiero que el Atleti le dé una alegría a mi corazón. Éste está preparado para todo, pero el mejor calmante para las taquicardias es, sin duda, una dosis de goles y unas victorias que estarán llenas de abrazos. Ese sentimiento que no se puede explicar está ahí, lo inunda todo y, por eso, como colchonera que soy sólo quiero ver a mi Atleti campeón. Hace unas semanas recordaba al sabio por excelencia y me repito en que hay que “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”, porque “partido a partido” hemos llegado hasta aquí. 

Estamos entre los mejores equipos de Europa y toca demostrar el poder que tienen nuestro escudo y nuestros colores. Solo puede quedar uno y éste tiene que vestir de rojo y blanco. No tengo nada más que añadir. Bueno, una sola cosa más: ¡Aúpa Atleti!  

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/02/24/suenan-tambores-de-guerra/

RAYAS ROJIBLANCAS

El pasado sábado para unos era la noche del cine español, pero para otros era la noche del derbi. Los Goya se entregaban en Granada, por la alfombra roja pasaron muchos personajes de la crónica social española. Algunos saldrían de allí con premio y otro con la satisfacción de haber acaparado algún foco de una cámara. Sabían que en la ciudad andaluza eran los protagonistas, pero ese protagonismo también pasaba por Madrid porque todos los ojos estaban puestos en Concha Espina. No hay nada que pueda eclipsar un derbi entre los merengues y los colchoneros. La semana fue caldeando el ambiente porque había tres puntos en juego y algo más. Precisamente ese “algo” tiene un valor inexplicable. 

Si el Goya a la mejor película fue compartido, el partido también acabó en tablas. Un empate que sabe a poco. Al menos Julián Álvarez, “la araña”, picó a un Courtois en un penalti que no pudo parar. La ‘simpatía’ que tenemos los rojiblancos por el guardameta vikingo es de sobra conocida y no hay que remontarse mucho tiempo atrás para saber las maneras que éste se trae. El tiempo tenía que hacer justicia y ojalá ese picotazo le dé una reacción en la que su ego se ponga rojiblanco. 

Precisamente, y como bien dijo Simeone, los rojiblancos llegaron en autobús al Bernabéu. Una respuesta que se viralizó, pero demuestra el agotamiento que hay ante las cuestiones de siempre. El Atlético de Madrid y su afición siempre quieren ganar al eterno rival. En el terreno de juego pueden estar más o menos acertados, pero si sumar puntos es importante, hacer palpitar a toda una afición con esa victoria lo es aún más. 

Ahora bien, el derbi liguero ya ha pasado. Toca pensar en el “partido a partido”, pero es cierto que si la diosa Fortuna lo quiere los merengues y los rojiblancos se pueden volver a ver las caras en la Copa y en la Champions. Los colchoneros estamos preparados para ello aunque necesitemos revisar y poner a punto el corazón porque éste unido a nuestro coraje nos da momentos de sufrimiento, pero también grandes alegrías. Lo que nunca falla es la ilusión. De momento, seguimos soñando y esperamos un dulce despertar. 

Ser del Atleti es nunca dejar de creer y eso lo llevamos en la sangre. De Concha Espina regresamos con un punto y en autobús, por si queda alguna duda a estas alturas. Seguimos luchando por lo que queremos y es ver al Atleti campeón. Esa pasión nunca falta. Y esta semana en la que nos rodean los corazones y muchos están pensando en San Valentín; otros visualizamos a Neptuno y cantamos como lo hace el Frente: “Muchachos, Hoy viajamos juntos otra vez. Enamorado del Atleti, No lo puedes entender.” Dijo Alejandro Dumas: “La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas” y con los colores apropiados, me atrevo a añadir. Ya se sabe lo bien que sientan la rayas rojiblancas en todos los aspectos, pese a quien le pese… 

Jimena Bañuelos

CORAJE Y CORAZÓN EN EL FÚTBOL Y EN LA VIDA

Un sentimiento que no se puede explicar pero que une a toda una familia que disfruta viendo a los suyos luchar como hermanos en el terreno de juego. El Atlético de Madrid nos está brindando muchos momentos de alegría y euforia sin dejar de lado el “sufrimiento” que va de la mano de las rayas rojiblancas. Ser del Atleti es algo que no todos pueden entender, pero los colchoneros tampoco se lo vamos a explicar porque es nuestra forma de entender la vida y de vivirla. 

El pasado sábado la victoria y los tres puntos tenían una dedicatoria especial. Hace once años nos dejó Luis Aragonés y desde el tercer anfiteatro siempre resonará que hay que “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” porque en la semana en la que se avecina el derbi con mayúsculas, está claro que nunca se puede dejar de creer. No hay que olvidar el arrojo que tenía “el Sabio de Hortaleza”. Es cierto que antes del Real Madrid y siendo fieles al “partido a partido” hay que medirse en Copa al Getafe. Habrá que pelear, como siempre; pero la satisfacción de ver a los de Simeone triunfando en su casa es algo que no se olvida y, por supuesto, se festeja cantando, si es preciso, el himno a pleno pulmón. 

El Atlético de Madrid está a un punto del líder. Todo puede cambiar en Concha Espina. No sé cual es la previsión meteorológica para el próximo sábado a las nueve de la noche, pero está claro que el ambiente estará más que caldeado dentro del Santiago Bernabéu. Neptuno y Cibeles se mirarán de reojo porque hay algo más que tres puntos en juego. Decía Aragonés que “sólo hay un campeón y va de rojo y blanco” y no le faltaba razón. Por eso, esas rayas tienen que dejar su huella en la casa del eterno rival. No hay excusas que valgan. No puede faltar el coraje y corazón que nos abandera siempre y, por supuesto, aunque toda la afición no pueda estar dentro del estadio, estará apoyando a los suyos desde distintas ubicaciones. La victoria, aunque sea sufriendo ante los merengues, siempre es mucho más dulce. El Atleti está en un buen momento y tiene que seguir cosechando triunfos y alegrías. Los corazones ya los tenemos preparados y aguantan lo que sea necesario por gritar los goles de los de Simeone. No importa si son en los noventa minutos de partido o agonizando en el añadido, los colchoneros sabemos que está en nuestro ADN llegar al límite. Tenemos hasta el sábado para “calentar” nuestra ganas de triunfo. 

Cuando digo que el Atleti es otra forma de entender la vida, me refiero también a los detalles. Ante el Mallorca pudo pasar desapercibido para muchos, pero los jugadores llevaban un brazalete verde por el Día Mundial del Cáncer que se celebra, precisamente, hoy. Reconozco que se me ponen los ojos vidriosos cuando estos días recuerdo el momento de mi diagnóstico, pero me aferré a mi fuerza y a quienes estuvieron conmigo hasta el final. Gané, sigo disfrutando de la vida y de mi Atleti porque durante todo el proceso soñé con volver al estadio de la mano de mi padre, como bien dice el himno de Sabina, y lo conseguí. Por eso, ese sentimiento inexplicable, ese coraje y corazón no pueden faltar en el día a día. La vida me ha dado otra oportunidad y la sigo escribiendo en rojo y blanco. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/02/04/coraje-y-corazon-en-el-futbol-y-en-la-vida/

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