SEMANA SANTA: DEVOCIÓN, FE, EMOCIÓN Y… TORRIJAS

Se acercan los días de recogimiento del año, pero también en estas jornadas hay que respetar y cumplir con las tradiciones gastronómicas. Tengo huevos, leche, azúcar, piel de limón, canela en rama y, cómo no, pan bien esponjoso. Lo único que me falta es la destreza que tiene mi abuela entre fogones, porque por mucho empeño que yo ponga, la experiencia siempre marcará la diferencia y esto es indiscutible. Como indiscutible es que sus torrijas siempre están en los recuerdos familiares. Ahora bien, ella siempre me ha repetido que en la cocina hay que poner mucho cariño, pero para ser sincera creo que lo dice más por animarme… No obstante, no sé si me saldrán bien o no, pero al menos es una bonita manera de empezar a sentir los días más intensos de la Semana Santa. Y es que en España hay mucho por descubrir en estas fechas.

Si nos adentramos en la geografía, muy conocida es la Semana Santa de Málaga. A pesar de que este año no se podrá llegar en tren siempre impresiona ver al Cristo de la Buena Muerte acompañado por la Legión. Oírlos cantar ‘El novio de la muerte’ eriza la piel. Es una experiencia única y aunque es una emoción que no todo el mundo comprende, hay quienes esperan durante todo un año la llegada del Jueves Santo y no pueden evitar emocionarse hasta las lágrimas. Y esto en Málaga, porque si seguimos recorriendo Andalucía, la parada imprescindible es Sevilla. Son muchos los pasos que recorren sus calles, pero la Madrugá del Viernes Santo tiene algo especial. Se siente la devoción, se percibe el respeto. Incluso el silencio habla.

Desde el sur de España, pasando por Madrid, podemos llegar a Castilla y León. Ciudades como Valladolid, León o Zamora ofrecen mucho, pero dado que hablo de mi tierra, me centraré en Burgos. Su historia y sus procesiones son razón suficiente para visitar la ciudad que me vio crecer. ‘El Encuentro’ a los pies de la catedral deja una imagen difícil de borrar. La Semana Santa despierta la fe de muchos en estos días, aunque también es completamente válido que otros prefieran escaparse a la playa o a la montaña. Lo cierto es que, sea cual sea el plan, todos estamos pendientes del tiempo. Miramos al cielo una y otra vez, esperando que nos conceda un respiro. La lluvia no ha dado descanso en los últimos meses y todos sabemos que Semana Santa se caracteriza por su incertidumbre. Las previsiones van cambiando, pero la devoción y las ganas de vacaciones siguen intactas. Ojalá ese cielo dé una tregua. 

El próximo viernes será Viernes de Dolores, antesala del Domingo de Ramos. La Semana Santa ya está aquí y todo está preparado. No importa la forma en que cada uno quiera vivir estos días, porque cada persona sabe cómo quiere disfrutar su vida. Eso sí, es fundamental respetar todas las opciones, porque cada persona es un mundo y ese mundo lo construye como quiere. Al fin y al cabo, lo importante es ser feliz en la vida y esa felicidad se construye con sus propias tradiciones, sus propias experiencias y, por supuesto, con sus propios recuerdos. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/03/23/semana-santa-devocion-fe-emocion-y-torrijas/

LA VERDADERA MAGIA DE WICKED

Hay historias que llegan a nosotros envueltas en magia, pero en el fondo hablan de algo más. Wicked, el musical inspirado en la novela de Gregory Maguire, da un giro suave y bien medido a los relatos que parecen inamovibles en los que el héroe es bueno, el villano es malo y el mundo funciona con esa lógica simple. El musical, que llegó a Broadway en 2003 y desde entonces ha conquistado escenarios de todo el mundo, nos propone adentrarnos a descubrir la historia jamás contada de las Brujas de Oz y, por puesto, el mito de la Bruja Malvada. No para justificarla, sino para entenderla. Y en ese intento por comprender lo que hay detrás de esa etiqueta aparece una historia profundamente humana, una amistad improbable… ¿Quién decide quién es bueno y quién es malo?

Elphaba, la joven de piel verde que desde pequeña ha sido señalada como diferente, llega a la universidad de Shiz con la carga de años de rechazo. No encaja, no responde a los cánones de belleza y su carácter fuerte la convierte en una presencia incómoda. En contraste aparece Glinda: popular, brillante, encantadora y acostumbrada a que el mundo la reciba con sonrisas. Podrían haber sido enemigas eternas. Y, de hecho, al principio lo son. Sin embargo, la historia de Wicked nos recuerda algo esencial sobre la amistad. Ésta nace cuando los prejuicios quedan al margen, cuando nace la confianza y cuando se acepta a la otra persona tal como es. Es más, la amistad no entiende de estereotipos o de apariencias porque surge cuando alguien se atreve a mirar más allá de lo evidente y descubre a la persona que hay detrás. No olvidemos que la amistad verdadera no siempre aparece en las circunstancias perfectas.

Pero la amistad no es el único valor sobre el que nos hace reflexionar el musical. El talento se presenta como un regalo pero éste, es cierto, no siempre encuentra su espacio para brillar. Se puede frenar, se puede cuestionar cuando incomoda pero la seguridad y la fortaleza de quien lo posee nunca deberían flaquear. Ser uno mismo no siempre es sencillo, requiere valentía. ¿Cuántas veces el talento se esconde porque la sociedad no sabe cómo aceptar lo diferente? Es más, a lo largo de la historia tanto Elphaba como Glinda enfrentan decisiones que ponen a prueba su identidad. ¿Hay que ser fiel a lo que creen o adaptarse a lo que la gente espera de ellas? ¿Elegir la comodidad o la coherencia?

Como ya he dicho al inicio, Wicked evita los retratos básicos de héroes y villanos. Nos muestra personajes que se equivocan, que dudan, que a veces toman el camino fácil y otras el más difícil. Esa complejidad es, precisamente, lo que hace que la historia resulte tan cercana. Y en medio de todo esto surge el valor más poderoso de todos: la bondad. Esa bondad que no busca aplausos sino la que implica sacrificio, la que exige defender lo correcto incluso cuando eso significa perder reputación, poder o reconocimiento. Elphaba, etiquetada por el mundo como “malvada”, es una muestra clara de la esencia de lo que significa la empatía.

Podría seguir enumerando valores y mensajes esenciales que muestra Wicked tanto para niños como para adultos. Tras adentrarse en este mundo de fantasía es fácil comprender que este musical siga emocionando a millones de espectadores. A veces, la verdadera magia no está en los hechizos, sino en la amistad, el talento, la valentía de ser uno mismo y la bondad de elegir el bien incluso cuando nadie está mirando.

Jimena Bañuelos

ENTRE PÓLVORA Y REIVINDICACIÓN

Como cada año, marzo irrumpe cargado de fechas señaladas y simbolismo. En la Comunidad Valenciana suenan ya los primeros ecos festivos: las tradicionales mascletás marcan el pulso de una cuenta atrás que desembocará en los días grandes de las Fallas. Ya huele a pólvora. Mientras tanto en Castellón, la Magdalena está a la vuelta de esquina. Los preparativos ya están terminados y el pistoletazo de salida será el próximo sábado. Sin duda, por delante quedan muchas jornadas de pólvora, tradición y encuentro. No hay que olvidar que no hace tanto, por estas mismas fechas, el mundo se paralizaba ante una pandemia que transformó nuestra rutina de un día para otro. Años después, miramos atrás con la serenidad que da el tiempo y la certeza de haber superado una etapa que nos puso a prueba como sociedad.

Marzo trae consigo la promesa de la primavera, con su luz renovada y ese deseo de que el clima mejore. Celebraremos a nuestros padres y, también, el Día Internacional de la Mujer. Una jornada en la que todo se tiñe de morado y la reivindicación por la igualdad está en su punto más álgido, pero esta reivindicación tendría que reflejarse día a día y con sentido común, porque flaco favor están haciendo las que se auto proclaman lideresas del 8-M cuando son incapaces de dar un discurso coherente a favor de las mujeres. Digo coherente ya que la cantidad de barbaridades que se pueden escuchar superan la lógica humana.  

Dijo Mathama Gandhi que “llamar a la mujer el sexo débil es una calumnia, es la injusticia del hombre hacia la mujer. Si por fuerza se entiende la fuerza bruta, entonces, en verdad, la mujer es menos brutal que el hombre. Si por fuerza se entiende el poder moral, entonces la mujer es inmensamente superior.” Una igualdad que no pasa, ni mucho menos, por ser una cuota, sino por el reconocimiento del valor individual. No se trata de enfrentar, sino de equiparar oportunidades; no de imponer etiquetas, sino de respetar capacidades. 

Evidentemente hay que saber valorarse. Algo que es vital para afrontar los retos que la vida te plantea, ya seas hombre o mujer. Recuerdo que hace unos años ‘El Correo de Burgos’ me preguntó sobre este día y les dije: “Desde niña aprendí a creer en mí. Ahora, soy una mujer que lucha por sus sueños afrontando todas las dificultades, siempre siendo fiel a mis principios. Nadie tiene derecho a subestimarme.” Hoy sostengo exactamente las mismas palabras. La confianza en una misma no entiende de modas ideológicas ni de corrientes pasajeras. Es una convicción íntima que se fortalece con la experiencia y con los obstáculos superados.

Siempre me ha hecho gracia aquella frase de Groucho Marx sobre los principios y la tentación de cambiarlos según convenga. En mi caso, los principios no son moneda de cambio. En ellos reside la auténtica fortaleza. Las mujeres, a lo largo de la historia, han afrontado barreras evidentes; nadie puede negarlo. Pero el progreso no puede edificarse sobre planteamientos que, en nombre del empoderamiento, terminan reduciendo a la mujer a una etiqueta ideológica. Somos mucho más que un eslogan. Las mujeres tenemos el tesón suficiente para poder presumir de él y afrontar los retos que nos propongamos, pero de ahí a que nos quieran etiquetar sólo por el hecho de ser mujer hay un trecho. Ojalá llegue el día en que las reivindicaciones sean innecesarias porque la igualdad esté plenamente integrada en la sociedad y no haga falta subrayarla.

Desde luego, con la cabeza muy alta me siento orgullosa de ser quién soy y no necesito de pseudofeministas para luchar mis propias batallas. La vida me hizo fuerte para plantar cara a las dificultades y demostrar que la valía va intrínseca en la persona. Ya reflexionaba John F. Kennedy:  “Yo no digo que todos sean iguales en su habilidad, carácter o motivaciones, pero sí afirmo que debieran ser iguales en su oportunidad para desarrollar el propio carácter, su motivación y sus habilidades”. Más claro, agua. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2026/03/02/entre-polvora-y-reivindicacion/

CARNAVAL: VIVIR CANTANDO

Llevamos semanas encadenando una borrasca tras otra y, sin duda, este invierno, que será difícil de olvidar porque no nos ha dado ningún respiro, parece que será en estos días en lo que por fin tengamos la merecida tregua y podamos disfrutar de unos rayos de sol y un anticiclón. Estos conseguirán que dejemos atrás los paraguas, los vientos huracanados y la fría sensación térmica que nos ha acompañado. No es que el invierno haya terminado, ni mucho menos, pero este descanso meteorológico se siente casi como un pequeño milagro cotidiano. Después del gris, el sol no solo nos calienta sino que nos levanta el ánimo.  

Si de ánimo hablamos, no hay tempestad que pueda detener el reinado de Don Carnal. Eso sí, tras el bullicio llegará Doña Cuaresma, discreta y sobria, recordándonos que la fiesta es solo una parte del calendario. El entierro de la sardina simbolizará ese tránsito del exceso a la contención, del disfraz a la introspección. No se trata de contrarios irreconciliables, sino de un equilibrio que define nuestra tradición: celebrar con fuerza y después recogerse; reír y luego reflexionar. 

Hasta esta noche en la que sardina se convierta en ceniza tenemos que reconocer que llevamos muchas jornadas en las que los disfraces han sido los protagonistas y encontrar el ideal no siempre es fácil pero dejarse llevar por las sátiras y las parodias es fundamental. Éstas nos han sacado más de una sonrisa. La actualidad se ve desde otro plano cuando nos la cuentan las comparsas o las chirigotas. El sentido del humor es fundamental y estos días cobra especial protagonismo. Famosos son los carnavales de Cádiz o de las Islas Canarias pero en cada rincón de España hay fiesta asegurada.

Evidentemente, el carnaval también tiene sus detractores pero evadirse de la rutina o de la cruda realidad por un momento nunca está demás. Fue Ramón de Campoamor quien escribió en su poema “Las dos linternas” el verso más universal y más propio para estos días: “Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. A algunos les encantarán las sátiras, a otros ni media sonrisa conseguirán sacarles, y más, si son los protagonistas, pero ser un personaje público es lo que tiene. Todo tiene un precio y Don Carnal sabe quien se merece su atención. 

Acompañando a Don Carnal o no, la esencia de nuestro presente, de nuestro ahora, siempre será disfrutar todo lo que podamos. Creo que en esto debemos coincidir. Si alguien duda que escuche a la reina de la salsa. Celia Cruz siempre nos animó con sus canciones porque la vida es, precisamente, un carnaval y “las penas se van cantando”. De hecho, “es para reír, para gozar, para disfrutar” porque “hay que vivir cantando”. No nos olvidemos que “todo aquel que piense que la vida siempre es cruel, tiene que saber que no es así, que tan solo hay momentos malos y todo pasa”.

Dado que todo pasa, mientras el tiempo transcurre y nosotros vamos escribiendo mucha propia historia, gocemos como diría Celia Cruz y a los malos momentos pongámoslos un poco de “azúcar”. Sin duda, lo que está claro es que “La vida es un carnaval”… Bailémosla. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/16/carnaval-vivir-cantando/

DÍAS GRISES Y PEQUEÑAS COSAS

Lleva días lloviendo. El cielo permanece cubierto, sin matices, casi del mismo color desde hace tiempo y no hay cambios a la vista. El gris parece que ha venido para instalarse de manera perenne en nuestra rutina porque no hay ninguna muestra de que esto vaya a cambiar. No hay sol, solo hay paraguas, parece que éste se ha escondido para jugar con nuestras emociones. 

Da la impresión de que vivimos en el día de la marmota constante, una marmota que por desgracia vio su sombra y todos sabemos lo que esto implica. Salir deja de ser una urgencia y quedarse a refugio empieza a parecer una opción razonable o incluso necesaria. A pesar de esta monotonía, en la que se intuye que el mundo nos diera permiso para no brillar o la vida se nos empequeñece porque coarta nuestros planes, debemos valorar más que nunca las pequeñas cosas.

Leer se vuelve casi un acto natural. Abrir un libro mientras afuera sigue lloviendo es un placer para los amantes de la lectura. No hay prisa por avanzar, ya que hay una historia que te atrapa página a página a pesar de que el ambiente esté plomizo. La narración será la mejor compañía mientras las horas avanzan y las precipitaciones comiencen a cesar. No sé cuando lo harán pero no importa porque no hay prisa mientras evitas la nostalgia que llevan implícita estas jornadas invernales. También, sin duda, ver una película te cambia el sentido de la realidad. El sofá, la manta, la luz tenue, una palomitas o un chocolate caliente son un gran refugio porque la lluvia convierte lo cotidiano en una gran guarida.

Evidentemente, no se pueden evitar los recuerdos, aparecen sin avisar. No sé cual será el motivo pero es como si la lluvia tuviera la llave de una memoria que normalmente mantenemos cerrada. No siempre son recuerdos tristes, pero sí cargados de una melancolía suave, persistente. Pensamos en otros inviernos, en otros lugares y aunque a veces incomoda, también reconforta saber que sentimos. Que algo se mueve por dentro incluso cuando todo afuera parece que esté en pausa.

Y mientras esperamos a que el sol llegue y los termómetros suban grados nos encontramos en ese limbo lleno de expectativas y planes por hacer. Todo llegará pero el presente, de momento, nos invita a redescubrir los placeres sencillos. La espera requiere de paciencia pero también de mucha ilusión. El presente nos guste o no siempre nos invita a observar los detalles que suelen pasar desapercibidos y a prepararnos para los días más largos y luminosos que se acercan. 

En definitiva, aprovechemos estos días grises como si fueran un tiempo de renovación y de preparación para la estación que está por venir. Y aunque la espera pueda parecer lenta, cada instante tiene su valor, y cada rayo de sol que llega nos anuncia que lo mejor está por llegar. Después de la tempestad siempre llega la calma y este invierno se merece una buena primavera. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/09/dias-grises-y-pequenas-cosas/

LA ESPERANZA TAMBIÉN SE INVESTIGA

El calendario está marcado día a día y en cada jornada siempre hay algo que conmemorar o recordar. Mañana se celebra el Día Mundial contra el Cáncer y esto nos afecta a todos. Quizás estaría bien no desligar de este color verde esperanza, la investigación. Ésta no debería ser sólo cosa de un día señalado porque sin ciencia no hay avances y sin inversión en investigación el futuro se queda en pausa. Por desgracia, los diagnósticos siguen aumentando y aunque los tratamientos han ido mejorando todavía queda mucho por hacer. Por eso, no se puede bajar la guardia y olvidarse de algo tan importante como el tándem que forman la investigación y la inversión. 

Sin ninguna duda, la investigación ha sido clave para que muchas historias hoy tengan un desenlace distinto. Hace unos días, Mariano Barbacid compartió con toda la sociedad los logros que él y su equipo han conseguido a base de trabajo y constancia. Noticias como esa nos tienen que llenar de alegría porque sus logros son un beneficio para todos. Gracias a los avances y se desarrollan tratamientos que, con el paso del tiempo, han ido mejorando los datos de supervivencia. Es más,  estos hechos nos tendrían que llevar a un momento de reflexión para valorar la importancia de apostar por la ciencia.

En días como el cuatro de febrero, las redes sociales y los medios se llenan de testimonios muy humanos y casi todos coinciden en algo: cuando te diagnostican un cáncer, tu vida cambia para siempre. Pero también es cierto que nunca caminas solo. El personal sanitario vive contigo cada paso, tus mejores días y tus horas más bajas. En mi caso, siempre me sentí arropada por los míos y por quienes estuvieron conmigo en cada ciclo de quimio, y, por supuesto, en el trasplante que lo cambió todo.

Mañana el lazo común que habrá que lucir será el verde, el de la esperanza. Una esperanza que no se pierde ni siquiera en los momentos más duros, porque durante la lucha contra el cáncer también se vive y se sueña. Lo mejor siempre es aferrarse a la vida a pesar de que la incertidumbre lo inunde todo. Las buenas noticias llegan, a veces, cuando menos las esperas, y para que lleguen más a menudo es imprescindible seguir apostando por proyectos de investigación que necesitan recursos para avanzar. Puede que muchas respuestas estén todavía esperando en los laboratorios.

Evidentemente, la sanidad es esencial y la investigación también, porque sin salud poco más importa. El cáncer te enseña a valorar el presente, las pequeñas cosas y los instantes medidos en segundos. El tiempo se vuelve oro mientras luchas, pero también se convierte en una oportunidad para aprender, para reinventarte y para no renunciar a lo que deseas. La vida es dura pero nunca me cansaré de repetir que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Una reflexión que vuelve a mí cuando surgen dudas pero que me recuerda que estoy viva para seguir disfrutando de lo más valioso que tenemos. 

Por eso, la vida hay que vivirla con los cinco sentidos y con ese sexto que se afina en los peores momentos. Como decía Pau Donés, “vivir es urgente”. Y lo es, porque nunca sabes cuando el guión puede dar un giro inesperado. Al final, ser feliz es lo que cuenta y, a veces, es mejor pedir perdón que permiso. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/02/la-esperanza-tambien-se-investiga/

MIRAR ATRÁS SIN MIEDO

El primer mes del año siempre llega con una mezcla extraña de esperanza e incertidumbre. Y aunque la cuesta de enero se esté haciendo larga, ya estamos en la recta final. Los cambios que se le piden al año nuevo no se pueden lograr de la noche a la mañana porque, como es bien sabido, hay que darle tiempo al tiempo. No hay que tener prisa pensando en el futuro o en los sueños pendientes por cumplir, ya que todo llega si está destinado a nosotros. La vida no funciona a la velocidad que nosotros queremos. Ella va a su propio ritmo y mientras tanto nosotros aprendemos, o mejor dicho deberíamos aprender, a acompañarla.

Nada importante ocurre de golpe. Los cambios reales necesitan tiempo, constancia y, sobre todo, paciencia. Pensar demasiado en el futuro puede robarnos el presente, y obsesionarnos con los sueños pendientes solo consigue que olvidemos el camino que ya estamos recorriendo. De hecho, cada día nos enfrentamos a nuevos retos, a nuevas experiencias. Es cierto, que si la vida en un segundo puede cambiar, en este mismo tiempo, tú también lo puedes hacer. Un mensaje, una foto, un recuerdo o cualquier acto que nos rodea nos puede enseñar algo sobre nosotros mismos que desconocíamos o nos puede poner ante una situación que debemos afrontar como un reto. Por eso, la actitud ante todo es fundamental. Conocernos no es fácil, pero reconocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades debería ser obligatorio.

Hace poco, frente al mar, contemplando su plenitud, me reencontré con recuerdos que creía superados. Sabía que esos fantasmas del pasado aparecerían. Era inevitable que eso sucediera. La mente hizo su parte y el mar, hay que reconocer, que tiene la capacidad de remover lo que duerme en lo más hondo de nuestro interior. Eso sí, con los años he entendido que el tiempo no borra, pero sí fortalece. Nos prepara para mirar atrás sin huir, para sostener el pasado sin que nos derrumbe. En ese instante, ante el susurro del Mediterráneo, comprendí, una vez más, que la fortaleza no se elige: se descubre cuando la vida nos pone a prueba. De esos momentos tan difíciles aprendí algo esencial: a ser fiel a mí misma. A no ignorar lo que siento, a no minimizar lo que duele. Es cierto que compararse no suele ser sano, pero mirar el pasado desde el presente puede convertirse en una prueba de crecimiento. Aunque los recuerdos a veces vengan acompañados de emoción, también son una fuente de vida. Nos recuerdan de dónde venimos y todo lo que hemos sido capaces de superar.

El paso del tiempo desde entonces es ese camino lleno de aprendizajes, de momentos maravillosos y de una lucha silenciosa por alcanzar esa felicidad que tantos persiguen sin saber dónde buscar. Tal vez porque la felicidad no está en lo grandioso, sino en los detalles: en una sonrisa compartida, en un instante de calma o, incluso, en saber detenerse.

Si ser feliz es lo que cuenta, sonreír a diario es vital. Y por eso, después de contemplar el mar, de escuchar su vaivén y dejarme envolver por su tranquilidad, no puedo terminar estas palabras sin invitar a vivir el presente. Enero habrá sido más duro o más amable, pero el año guarda aún muchos capítulos por escribir. Aprovechemos cada oportunidad ya que el tiempo no es oro: es vida. Y se escapa sin avisar mientras nos distraemos con tonterías. Vivamos, sonriamos sin miedo y aprendamos, poco a poco, a fluir por esa vida que es única e irrepetible.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/01/26/mirar-atras-sin-miedo/

PERIODISMO: UNA VOCACIÓN QUE NO SE ABANDONA, SE DEFIENDE

Viendo el calendario, el próximo sábado se celebrará la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. Tengo claro que hay profesiones que se eligen y otras que, sencillamente, te eligen a ti. Quizás, el periodismo sea una de ellas porque recuerdo perfectamente el día que aquella niña dijo en voz alta que quería ser periodista. Es una vocación, sí y ésta es precisamente la que te ayuda a afrontar un camino que está lleno de luces y sombras, de certezas y decepciones, pero un camino que debe estar guiado por la honestidad. Tengo claro que pase lo que pase, el periodismo, cuando se siente de verdad, no se abandona: se defiende. Es, sin duda, una forma de entender la vida. 

Sería absurdo negar que esta profesión ha cambiado con el paso del tiempo. Esto sucede en todos los ámbitos. Las nuevas tecnologías, las redes sociales y la inmediatez han transformado todo: las rutinas, los formatos y, por supuesto, la manera en la que se consume la información. El problema no está en todo esto, los cambios son buenos pero nunca se debe dejar de lado la esencia del periodismo. Ésta no está atada a modas o intereses porque su papel es fundamental nunca hay que perderlo de vista. El periodismo existe para contar la verdad, no para complacer, adornar ni suavizar la realidad. Ahí reside su verdadera libertad. El periodista no está para agradar, ni para servir a intereses concretos. Está para contar lo que ocurre, aunque duela, aunque incomode, aunque moleste a quienes preferirían el silencio. Y todo esto no puede caer en el olvido. Ahora muchos pensarán que es una utopía pero la realidad demuestra que todavía hay grandes profesionales que llevan en vena estos principios. 

Se nos llena la boca hablando de libertad, pero ésta es para todos. La libertad de prensa no es cómoda, nunca lo ha sido. Un periodista no trabaja para caer bien. Trabaja para informar. Y cuando lo que se publica genera incomodidad, críticas o ataques, suele ser una señal de que el trabajo está cumpliendo su función. Un trabajo, por cierto, que no necesita maquillajes de ningún tipo. Las cosas son como son. Eso sí, la opinión es plural y necesaria pero la realidad, en cambio, suele ser una sola. Es cierto que vivimos en ataques sistemáticos a los medios de comunicación y los señalamientos están a la orden del día. Quizás habría que darle una vuelta a todo esto porque la libertad de prensa no es un privilegio del periodista, es un derecho de la ciudadanía. Conviene repetirlo las veces que haga falta: sin una prensa libre no hay democracia. No hay excusas posibles cuando se habla de libertades fundamentales. Todos sabemos de lo que es capaz el poder político y cuanto recela del buen periodismo cuando éste no le es favorable. Quizás no vendría mal que algunos revisaran películas que retratan el oficio con crudeza y verdad.

Eso sí, el periodismo también es humanidad. Hay pequeñas historias que llegan al corazón y provocan empatía y sensibilidad porque el periodista también escucha, comprende y sabe acercarse al prójimo con respeto. Nunca dejemos de lado esta parte de la profesión. Ryszard Kapuscinski lo dejó claro: no se puede ser buen periodista sin ser buena persona. Seguramente, sea momento de recuperar esa mirada y reflexionar sobre el verdadero sentido del oficio.

En definitiva, el periodismo es una escuela constante. Ha sido mi escuela de vida y lo seguirá siendo porque es maravillosa como dijo Alejo Carpentier. Yo seguiré en ella, defendiendo mis principios y mi vocación. Y lo haré siempre con convicción, con responsabilidad y con orgullo. Porque, pase lo que pase, soy periodista.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/01/19/periodismo-una-vocacion-que-no-se-abandona-se-defiende/

EL AÑO EMPIEZA, LA VIDA CONTINÚA

 Aunque parece que fue ayer cuando descorchamos el cava y brindamos por el primer día del año, el calendario nos recuerda que estamos en el ecuador de este mes y que sin darnos cuenta llevamos caminando por el 2026 casi dos semanas. Los propósitos, seguramente, sigan intactos, sin estrenar y aún no se han visto influidos por el desgaste del tiempo. Algunos, previsiblemente, llegarán a buen puerto y otros, inevitablemente, se quedarán por el camino o reaparecerán en futuras listas. Y no pasa nada. Porque no se trata de acumular metas, sino de ser honestos con nosotros mismos y asumir hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Al final la actitud es lo que cuenta y, por eso, hay que ser realista y saber, sin engañarnos, lo que realmente estamos dispuestos a hacer o a cambiar. Indiscutiblemente, lo que debe primar es nuestra felicidad y esos propósitos son intenciones y pueden ir variando en función de nuestros deseos y, por supuesto, de nuestro presente. 

Un presente que vive instalado en el hoy y en el ahora. Es más, si nos despistamos se nos escapa entre los dedos. Sabemos que ese “hoy” no se repite ya que cada día que pasa es un día que no vuelve. No sé lo que me deparará este año, pero lo que sí sé es la intención con la que afronto todas la aventuras que el 2026 me quiera brindar. Siempre se aprende con la experiencia y no dudo que este año me dejará todo tipo de recuerdos. Eso sí, la felicidad siempre será el motor porque ésta es  el principio irrenunciable ante todo. En el fondo, ser feliz es lo que cuenta y quedan muchos capítulos por escribir a lo largo de este año. Enero acaba de empezar, pero en un suspiro ha volado la primera quincena y esto me confirma que el tiempo no es oro porque el tiempo es vida. 

Una vida que me ha enseñado a aceptarla tal y como viene, sin condiciones ni excusas, aunque a veces cueste más de lo que nos gustaría. No todo es sencillo, ni mucho menos. El camino tiene espinas y tropiezos, pero incluso ellos cumplen su función. Las cicatrices no solo duelen, también hablan de resistencia, de aprendizaje y de fuerza. Una fuerza que, aunque a veces dudemos de ella, vive dentro de nosotros. En nuestra mente y en las palabras que nos decimos en silencio. Esa conversación interna tiene un poder inmenso, mucho mayor que cualquier opinión ajena. Por eso, creer en uno mismo no es una opción, es una necesidad vital. Reconocer lo que valemos es el primer paso para empezar a querernos sin reservas. El “qué dirán” pierde sentido cuando uno ha construido su personalidad a base de experiencias reales y de lecciones que solo la vida puede enseñar.

Precisamente, esas lecciones llegan cuando menos te lo esperas. Reconozco que en enero de hace unos cuantos años comenzó para mí la enseñanza más dura. Obviamente hubo un antes y un después. Aprendí que en un segundo todo puede cambiar, entendí que nada está garantizado, pero también que la vida es, precisamente, lo que sucede después. Por eso, desde aquel momento, hay un propósito que se repite cada año en mi lista. No porque no lo haya cumplido, sino porque necesito recordarlo constantemente: la vida solo se vive una vez. Y cuando nos regala una segunda oportunidad, no es por casualidad. Es una invitación, sin duda, a vivir y a sentir. No dejemos para mañana… (ya me entienden)

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/01/13/el-ano-empieza-la-vida-continua/

LOS SUEÑOS TAMBIÉN SE REPARTEN

He hablado este mes del belén de mi abuela pero no me puedo olvidar que mi abuelo vivía la Navidad como si el calendario le devolviera años en lugar de quitárselos. En diciembre solía caminar más deprisa de lo que ya lo hacía y sin darse cuenta hablaba de los planes futuros y de los deseos con la misma convicción que yo, una niña, aseguraba que de mayor quería ser bailarina o maestra. Para él, la Navidad no miraba hacia atrás, sino hacia adelante. Y la Lotería de Navidad era el lugar donde esa ilusión se hacía visible.

Por supuesto, el ritual para el sorteo empezaba muchos días antes. Los décimos y las papeletas llevaban tiempo guardados en el cajón donde mi abuelo conservaba las cosas importantes, no las valiosas. Ahí, doblados con cuidado, estaban esperando su momento, su gran día: el 22. La víspera del sorteo, como quien saca algo frágil a la luz, sacaba también los sueños y los extendía sobre la mesa, ordenándolos como cartas de una baraja secreta. Los miraba uno a uno, no para comprobar los números, sino para recordar de dónde venían. “Este es del bar de Julián”, decía. “Este otro lo compré con Vicente, el del taller”. Cada papeleta, sin duda, era una historia compartida no solo con los amigos sino también conmigo.

Es bonito recordar a ese niño que todos tenemos dentro. Mi infancia está ligada a muchos recuerdos que resurgen cuando tienen que hacerlo. Es cierto que han pasado muchos años y esa niña, hoy, no suele jugar a la lotería porque mi abuelo sabe que el famoso “Gordo” me tocó hace muchos años de una manera muy especial. Eso no quiere decir que no sueñe. Lo hago, no solo en estas fechas, sino siempre porque soñar, como jugar a la lotería, nunca fue solo cuestión de números.

Hoy la Lotería de Navidad se compra con meses de antelación. Desde verano se pueden adquirir décimos, sin frío, sin esperas. Aun así, cada diciembre vuelven las colas interminables de Doña Manolita, como si la espera formara parte del hechizo. Recuerdo el 22 de diciembre como un día solemne. Mi abuelo adaptaba el ritual a la rutina: si el sorteo caía en un día laborable, lo escuchaba por la radio, atento a cada número mientras la mañana avanzaba; si coincidía con fin de semana, se sentaba frente al televisor, subía el volumen cuando los niños empezaban a cantar y guardaba silencio, como si aquel coro sostuviera el futuro por unas horas. No hablaba; escuchaba. Y mientras los números caían, él soñaba.

Soñaba con repartir antes que con gastar, con arreglar cosas pendientes, con sobremesas largas. No imaginaba lujos, imaginaba tiempo. Hace años se jugaban más papeletas que ahora. Comprar la lotería así era una excusa perfecta para verse, para entrar en un bar, saludar, preguntar por la familia, desear suerte mirándose a los ojos. El número era casi lo de menos: lo importante era el gesto compartido.

Mi abuelo ya no saca los sueños del cajón, pero cada vez que escucho a los niños cantar vuelve su manera de creer, su fe en que aún podían pasar cosas buenas. Y entiendo que la Lotería de Navidad nunca fue solo ganar. Fue aprender a esperar, a compartir la ilusión, a mirar hacia adelante sin miedo. Yo sigo soñando. No con premios ni con números exactos, sino con esa forma suya de vivir diciembre como una promesa. Porque mientras uno conserve la capacidad de soñar, aunque no juegue, aunque no toque, la Navidad sigue teniendo sentido. Y quizá ese fue siempre el verdadero premio que mi abuelo me dejó.

Jimena Bañuelos

Archivos