WE WILL ROCK YOU

La música nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Nos marca de una manera o de otra la banda sonora de determinados momentos. Siempre hay una canción para cada situación. En las buenas y en las malas, ésta siempre está ahí. Es cierto, que yo no contemplo mi vida sin la música y, este es el argumento principal del musical “We will rock you”. Prohibirla es una atrocidad, menos mal, que siempre quedan esos rebeldes que nunca se dan por vencidos. “Unos rebeldes” que llevan en su ADN, la esencia de la música y cuyo referente es el rock y, por supuesto, las canciones de Queen. 

Ya solo por el hecho de escuchar grandes temas como “I want to break free”, “Somebody to love”, “Another one bites the dust” merece la pena entrar en el Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío porque el espectáculo está asegurado. Obviamente, nadie se puede resistir a marcar el ritmo de “We will rock you” con las palmas y los pies. Sin duda, lo mejor es dejarse llevar. Es cierto que el guión de la historia es simple, pero no por eso es indiferente porque está cargado de matices que sacan muchas risas en el público y esto es impagable. Buena música y una carcajada que otra son la combinación perfecta para alejarse de la realidad durante más de dos horas y adentrarse de lleno en la música de Queen.

Galileo, el protagonista, está excepcionalmente interpretado por Xavi Melero. Este joven soñador es el hilo conductor y la esperanza para salvar la música y, sobre todo, recuperar la libertad perdida por los cánones impuestos por la sociedad. Ser original, ser auténtico y, en definitiva, ser uno mismo son cualidades a las que no se debe renunciar. Pese a quien pese, siempre hay que defender la esencia personal.

Una esencia, que llevada al terreno de la interpretación, es brillante ya que Melero comparte escenario con un elenco que pone al público en pie. Sus voces son magistrales y eso hace que los temas de Queen lleguen mucho más. No me puedo olvidar de las guitarras eléctricas porque sin ellas nada sería lo mismo. Vaya desde aquí mi aplauso para todos ellos, porque en el teatro me puse en pie como todo el auditorio. 

Era difícil que “We will rock you” me defraudara porque soy fan de Queen, y eso ya me predisponía a la hora de opinar, pero reconozco que el talento es evidente. Por supuesto, no faltó “We are the Champions” y aunque desafine porque lo mío no es cantar, os la dedico a todos los que formáis parte de este musical, porque tanto niños como mayores disfrutamos de algo que no entiende de edades: La música. Como dijo Nietzsche: “sin música la vida sería un error”. Está claro que Mercury y Queen son eternos.

Acabo estas líneas con Kurt Cobain, un artista de los muchos que citan en “We will rock you”, y que expresó esa “esencia” de la que hemos hablado: “La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.”

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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MALINCHE

Hace un tiempo que cayó en mis manos un libro que me fascinó. Su título me trasladaba a un país por el que tengo debilidad. “Azteca” de Gary Jennigs se adentra en la historia de México de una manera que atrapa al lector y le traslada a la época de los rituales, de las creencias y, por supuesto, a la llegada de Hernan Cortés y Malinche. Reconozco que la vida de esta mujer marcó un antes y un después, pero me llamó la atención el papel tan importante que jugó y del que tan poco se ha hablado. 

Casualmente, el tiempo ha querido que Malinche sea también el nombre de un musical que pone al público en pie. Por México tengo debilidad y durante la función me acordé de los muchos recuerdos que tengo vinculados al país azteca. Obviamente, disfruté de la creación de Nacho Cano. Su talento y el de todo el elenco es palpable desde que sube el telón. Un telón que ves, por primera vez, tras pasar por el Templo Canalla. Ahí comienza un viaje por México y su gastronomía que dará paso a la cultura en estado puro con el toque que Nacho Cano da a todos sus trabajos. 

El sol y la luna no pueden faltar en una puesta en escena que deslumbra por su potencial y que emula perfectamente lo que muchos hemos visto en México. Un México que como dice la canción es “grande, libre, mágico, nuestro mundo”. La interpretación de Malinche es espectacular y la del resto de sus compañeros también. Trasladan sentimientos, provocan risas y ponen los pelos de punta en más de un baile, pero no desvelaré más porque lo importante es acercarse hasta Ifema y vivir la experiencia en primera persona. Merece mucho la pena hacer este viaje a México sin salir de Madrid. 

Malinche es la esencia viva del encuentro entre culturas y, por supuesto, del mestizaje que tanto nos enriquece y que no hay que cuestionar ni poner prejucios. Sin duda, “luchar por ser quien soy” es una de las frases que marcan esta historia, pero hay muchas más. La vida y la muerte, la noche y el día, en definitiva, la importancia de la naturaleza y las creencias de unos y otros que conjugan a la perfección siempre que haya voluntad de aprender y respetar. Nacho Cano ha estado trabajando en este proyecto muchos años y ha conseguido crear un espectáculo que no te deja indiferente porque la música lleva su particular firma, ésa que muchos reconocen en unos acordes. Además, la historia cuenta con muchos detalles que van sorprendiendo al espectador en las casi tres horas que dura este viaje por la historia de México. 

No puedo negar que la nostalgia por este país vino a mí, pero también la alegría que la música te aporta en todo momento. Además, en la víspera del Día De Muertos, los altares no podían faltar. El naranja de la flor de Cempasúchitl es imprescindible al igual que el pan de muertos. No hay detalle que se le escape a Nacho Cano. Vaya desde aquí mi enhorabuena porque Malinche lo tiene todo para pasar a la historia no solo de México, sino de los grandes musicales de los que tanto presume Madrid. 

México es mágico y Malinche también.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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TABAQUERÍA: PESSOA, BAÑUELOS Y DE JUAN

“No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada. /Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.” Estos son los primeros versos de “Tabaquería.” Un poema de Pessoa que ya forma parte de la obra de Alberto Bañuelos. El arte en estado puro. La poesía plasmada por las manos de un escultor que lleva el talento en las venas. No importa si entre sus manos tiene piedras o papel, porque con ellas transforma lo simple en verdaderas obras de arte. 

Recuerdo perfectamente la primera vez que Alberto me dejó leer en su casa el poema. Éste me enamoró como lo hizo a Alberto en su momento y me comentó lo que ya tenía en mente y le gustaría hacer con él. La idea me pareció maravillosa y aquel proyecto o sueño ya es una realidad. No es casualidad que haya comenzado este artículo con los primeros versos porque todos soñamos más despiertos que dormidos. Estos son los responsables, en muchas ocasiones, de que vayamos tirando para adelante sin importarnos las dificultades. Ese motor que encienden los sueños es difícil de parar. Por eso, estaba convencida que ese folio en el que leí “Tabaquería” se iba a convertir en algo muy especial. No puedo negar que, una vez más, este artista ha conseguido que este poema se convierta en un libro muy especial. Un libro-objeto cargado de originalidad, de mucho trabajo y, sobre todo, de mucho sentimiento porque Bañuelos siempre pone su alma en todo lo que hace. 

Si hablo de alma, no me puedo olvidar “La liturgia de las piedras”. Sabe que tengo debilidad por ellas, pero reconozco que sus cuadros también me han enamorado. Pero volviendo a “Tabaquería”, la guinda a esta obra llegó en la presentación de ésta en el Club Monteverdi de Madrid junto a La Cama Sol. Hay muchas maneras de presentar un libro y, sin duda, la de “Tabaquería” tenía que ser especial. Es cierto que lo de hablar en público no es algo que le guste a Alberto Bañuelos porque lo suyo es estar en el estudio, pero permíteme que te diga, querido Alberto, que lo hiciste muy bien. Es más, hasta el propio Jorge de Juan, quien puede presumir de tablas, reconoció que el público siempre impone. Y tiene toda la razón. Eso sí, él mejor que nadie para deleitarnos a todos recitando “Tabaquería”. El adjetivo sublime creo que se queda corto, porque durante los diez minutos y pico que estuvo al micrófono la atmósfera cambió. Todos los que estábamos allí nos dejamos llevar por su brillante interpretación. Obviamente se llevó un más que merecido aplauso y, ahí, con tu obra al lado y su voz de fondo, todo el trabajo cobró sentido. Ese momento fue único e irrepetible y ya forma parte de los recuerdos que unirán por siempre tu obra, con Pessoa y con Jorge de Juan.

Dices, querido Alberto, que nosotros construimos nuestros futuros recuerdos y no seré yo quien te lleve la contraria. Eso sí, permíteme que te agradezca que el que me ayudaste a construir el pasado jueves fue impresionante. Crear recuerdos bonitos es fácil, pero cuando te arropa la gente que te quiere siempre la intensidad de estos aumenta mucho. Somos lo que vivimos y, por eso, siempre llevaré conmigo esas instantáneas en mi mente y vendrán a mí cuando vea el nombre de Pessoa o de Jorge de Juan, por ejemplo. Tu nombre, Alberto Bañuelos, me trae muchos recuerdos y a estos hay que añadir los que nos vinculan con el poeta portugués. Brindo por tu éxito, por cómo eres y por vivir más momentos así. Concluyo con estos versos de “Tabaquería”: “El mundo es para quien nace para conquistarlo / y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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Jorge de Juan recitando Tabaquería 👇

VOY A PASÁRMELO BIEN

Los responsables del título de este artículo tienen nombres y apellidos. Llevan muchos años siendo los culpables de que cada vez que pronunciamos esa expresión entonemos en nuestra mente, con más o menos acierto, las notas que en su día escribieron en la partitura. David, Dani, Rafa y Javi o lo que es lo mismo, Hombres G han conseguido que su música pase de generación en generación. Confieso que el de Castellón no fue mi primer concierto en lo que llevan de gira con su último disco “La esquina de Rowland”, pero la sensación de disfrutar, de alegría, de buen rollo sigue intacta. No afecta el número de veces que los veas sobre el escenario porque la premisa de “voy a pasármelo bien” no falla. Ellos abanderan esta expresión y con ese tema arrancaron su show y dieron rienda suelta a las voces de un público que estaba entregado a ellos. Obviamente, sonaron temas de “La esquina de Rowland”, pero no faltaron los clásicos en los que los espectadores enloquecieron. No importó el calor, ni la humedad porque Hombres G consiguió que todos sudáramos la “gota gorda” al compás que nos iban marcando. Ya nos avisó David Summers que están a punto de cumplir los 40 años sobre los escenarios, así que habrá que ir preparándose para la próxima gira. Nunca viene mal que nos recuerden que en la vida hay que pasarlo bien.

Os animo a disfrutar de ellos en directo, pero si no es posible no hay disculpas que valgan porque el viernes se estrena en los cines la comedia por excelencia de este verano. El ritmo lo ponen “Hombres G” con una banda sonora que hace que se te vayan los pies en la propia butaca. Además, si eres de los que te arrancas a cantar a las primeras de cambio, también lo harás en la sala del cine. “Voy a pasármelo bien” te traslada al pasado y al presente al mismo tiempo. Te cuenta una historia de amor, de amistad, de recuerdos, de añoranza pero también consigue sacarte muchas sonrisas y más de una carcajada y, eso, en los tiempos que corren es una necesidad urgente. La película que dirige David Serrano tiene un guión brillante. Es amena y muy entretenida. Raúl Arévalo, Karla Souza y Dani Rovira encabezan un cartel en el que no hay que perder de vista la espectacular interpretación de los más jóvenes. Su talento te traslada al año 1989, a los recuerdos de la EGB y todo lo que esa época supuso. El paso del tiempo va cambiando a las personas. Las va moldeando, pero muchas veces la esencia de ellas permanece intacta. Y es ésta, precisamente, la que hace que los recuerdos inolvidables cobren más fuerza. El destino también juega sus bazas en el cine y en la vida real; en el antes y en el ahora como se puede ver en esta película. Os animo a verla y sobretodo a disfrutarla dejándoos llevar por lo que ella os transmita. Sentimientos hay muchos y buena música también. Avisados estáis.

En definitiva y con el permiso de David, de Dani, de Rafa y de Javi me atrevo a decir que “Voy a pasármelo bien” es el título de este artículo, el título de una canción y el de una película, pero siendo sincera debería ser un lema que abandere nuestras vidas porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, como es mi caso y vives de regalo, lo único que deseas en el día a día es pasártelo bien y sonreír a pesar de las dificultades. Unos días te levantarás dando un salto mortal y otros medio dormido y arrastrando las zapatillas, pero lo importante es recordar que estamos aquí y que el presente vuela. Por eso, mientras pueda y gracias a que “aún tengo la vida” no negaré que “voy a pasármelo bien”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LA MADRE QUE ME PARIÓ

Suena la marcha nupcial en el Teatro Lara de Madrid y de repente aparece la novia desesperada. Ya lo dice el tan sincero refranero español: “Antes de que te cases, mira lo que haces”. Quizás, este sea el mantra de esta obra maravillosa en la que el invitado especial al enlace es el humor. No faltan las carcajadas, los enredos y las situaciones disparatadas en las que las actrices derrochan todo su talento sobre las tablas. 

Los del patio de butacas no sabemos si vamos por parte del novio o de la novia pero somos testigos de las confidencias que se hacen en el baño, no podía ser en otro lugar, durante el banquete. Dijo el cómico estadounidense, Jerry Lewis que “seguramente existen muchas razones para los divorcios, pero la principal es y será la boda” y en el que tendría que ser el mejor día de su vida, Daniela, la novia, a quien da vida una inmensa Ana Villa, no es que tenga dudas es que sabe que el error que acaba de cometer tiene que subsanarlo. Por supuesto, para ayudarla están sus amigas. Ya se sabe que  “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad” como apuntó Francis Bacon o al menos, eso intentarán sus amigas Alba (Alicia Carrera), Bea (Miriam Cabrera) y Natalia (Sara Vega) que a su vez son una fuente de líos y secretos que verán la luz a medida que la fiesta avanza. Y para colmar el vaso, están las madres de éstas. Esas madres tan particulares que son férreas a sus ideas y que buscan en sus hijas su propio reflejo… pero no es oro todo lo que reluce. 

Lo que reluce de verdad es la interpretación de las protagonistas. Juana Cordero es Merche, Aurora Sánchez es Pilar y Marisol Ayuso es Aurora; madres respectivamente de Bea, Natalia y Alba. Cada una con su filosofía de vida, su particular manera de afrontar los problemas y unos principios que se creen  incuestionables aunque incuestionable no hay nada. A lo largo de los noventa minutos que dura la obra lo demuestran. Mientras la fiesta nupcial se adentra en sus mejores momentos a ritmo de “Mi gran noche” de Raphael, “El Venao” y, por supuesto, “Paquito el chocolatero”, la amigas intentan capear la situación de la novia y lidiar con sus madres, que no es poco. No se escuchó a Bruce Springsteen pero éste me recuerda que “la amistad te impide resbalar al abismo”. 

Un abismo que parece insalvable, pero las madres están ahí por algo ya que “una buena madre vale por cien maestros” como afirmó George Herbert. Unas maestras, que con sus particularidades, saben de la vida por pura experiencia. Una experiencia plagada de anécdotas y lecciones que les permite aconsejar y cuestionar ciertas acciones, pero los tiempos cambian o no. Sin duda, la que se perpetúa en el tiempo es la expresión: ¡Qué razón tenía mi madre!

Y con mucha razón y tras haber disfrutado del talento de este maravilloso elenco de actrices, puedo gritar “la madre que las parió” porque su interpretación es de sobresaliente. Brillan con luz propia. Y hablando de madres, recuerdo a la escritora Helen Rice: “El amor de una madre es paciente y perdona cuando todos los demás abandonan, no falla o flaquea incluso cuando el corazón está roto”. Por eso, aunque las amigas son importantes, las madres siempre estarán ahí. Las circunstancias pueden cambiar, pero una madre siempre será la mejor aliada de una hija y la defenderá contra viento y marea. Buscar la felicidad es vital y para ello hay que afrontar lo imprevisible. Estas hijas y sus madres lo saben, pero con sentido del humor la vida se lleva mejor. 

En definitiva, “la madre que me parió” no es solo una expresión, es una obra magistral y una buena terapia porque “la risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final” parafraseo a Oscar Wilde, pero la realidad es así. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ESCAPE ROOM

Pongamos como telón de fondo el madrileño barrio de Lavapiés. En él se han encontrado recientemente restos de un hombre que fue descuartizado, pero eso es lo de menos porque lo que realmente le importa a Edu es presentar a su novia a sus amigos. Por eso, en un local de esa misma zona les propone pasar un rato en un escape room. Aparentemente, es un plan que está muy de moda y es una buena manera de que los cuatro se conozcan. 

Y vaya si se van a conocer. Edu, Marina, Rai y Viky son los protagonistas de un historia que está llena de humor, de miedo, de amor, de principios, de verdades y mentiras y, por supuesto de amistad. Una amistad que estará a prueba dentro del Escape Room. Las apariencias engañan y “la verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés” como decía Antonio Machado.

Si hablamos de verdad hay que decir que Edu es interpretado por Antonio Molero. Una actuación brillante, de esas que disfrutas desde el patio de butacas. Lo mismo sucede con Marina a quien da vida Marina San José. Su carácter fuerte y sus principios son su seña de identidad. Una identidad que contrasta con la de Rai, Leo Rivera, y Viky, Mónica Pérez. Disimular no es fácil y las apariencias engañan, por eso, el escape room pone a prueba no solo su habilidad para salir de él sino algo mucho más importante: su amistad y sus principios. Según Aristóteles: “Es necesario que haya uno o varios principios y aun, en caso de existir uno sólo, que éste sea inmóvil e inmutable.” Es cierto que ésta es la filosofía apropiada en la vida y está claro que ninguno de ellos está dispuesto a “mostrar sus cartas” como suele decirse, pero ¿si tu vida está juego?

Esa pregunta lo cambia todo. Por eso, es bueno recordar a Groucho Marx y me atrevo a escribir que “estos son mis principios y si no le gustan tengo otros”. Quizás, lo que es férreo al inicio pueda cambiar según las circunstancias. Lo mismo sucede con la sinceridad y de ahí que haya “que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad” como afirmaba Platón. Ésta puede resolver los acertijos a los que se enfrentan los protagonistas y ella será vital para hacer frente a la cuenta atrás que impregna de un ritmo frenético a la obra. La vida de los protagonistas parece perfecta si no profundizamos en ella, pero los cuatro juntos son una bomba de relojería. Está bien exigir a los demás su sinceridad aunque cuando ésta nos toca personalmente quizás queramos evitar el mal trago, o diciéndolo al estilo de Tolstoi: “A todos nos gusta más la verdad que la mentira, pero cuando se trata de nuestra vida, a menudo preferimos la mentira a la verdad, porque la mentira justifica nuestra mala vida, mientras que la verdad la desenmascara.” Ahí está el punto de inflexión que marca la amistad.

Una amistad pura que es el hilo conductor entre Edu y Rai. Los amigos están para cuidarnos y arroparnos incluso cuando no queremos ser conscientes de la realidad. Algo que es evidente a pesar de los momentos agónicos a los que el Escape Room les lleva. La obra involucra al público porque el talento que hay sobre las tablas hace que empatices con ellos. El suspense cargado de sorpresas y humor convierten a Escape Room en un coctel perfecto para disfrutar y para pensar en lo que hay más allá del guion. Por eso, los noventa minutos que viví en el Teatro Fígaro de Madrid merecen mucho la pena porque Antonio Molero, Leo Rivera, Marina San José y Mónica Pérez derrochan ingenio y profesionalidad en una obra que a todos nos pondría a prueba. Eso sí, salí de Escape Room con una sonrisa puesta y esa es la mejor señal de que estos actores dan con la clave del éxito.

Por cierto, vayan al teatro y sean puntuales. El que avisa no es traidor…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ENTRE COPAS

Decía Francis Bacon: “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.” Y, precisamente un poco de todo eso tiene la obra “Entre Copas”. Un historia llena de detalles que envuelve al público de principio a fin. Seamos realistas y  pensemos cuantas cosas hemos dicho y hecho entre copas cuando los amigos están con nosotros. Pues bien, en el Teatro Reina de Victoria de Madrid podemos adentrarnos en una historia que nos sacará más de una sonrisa pero también más de una reflexión. En una hora y media suceden muchas cosas y en ellas no se dan puntadas sin hilo.

Todo comienza con una despedida de soltero y su mejor amigo. Juanjo Artero, es Andrés, su soltería tiene los días contados, pero su carácter de vividor y seductor le llevan a querer despedirse de su estado civil como marcan las tradiciones. Para ello cuanta con Miguel a quien da vida Patxi Freytez. Es cierto que la manera de vivir de éste dista mucho de la de su mejor amigo. Entre el optimismo de uno, el pesimismo del otro y la vida compartida entre ellos surgen momentos inolvidables unos por las risas que generan y otros por lecciones que transmiten. Todo ello acompañado de un buen vino en La Rioja. Es allí donde conocerán a Amaia y a Terra. Dos mujeres que trabajan en las bodegas de la zona y son grandes entendidas en vino. Ana Villa interpreta a Amaia tiene una personalidad muy marcada y es, obviamente, una mujer muy independiente. Los pequeños detalles en su interpretación delatan el talento de mujer. Por otro lado, Elvira Cuadrupani es Terra, amiga de Amaia y juntas forman el tándem perfecto para vapulear los pensamientos que Andrés y Miguel tienen en su cabeza. Unos pensamientos basados en la vida y en como afrontarla. El tiempo pasa y los momentos son el presente aunque siempre se busca la ocasión perfecta para degustar, como es el caso de Miguel, su mejor vino. Quizás esa perfección que uno busca no exista y la vida se nos escape. La mente es la que guía pero también hay que escuchar al corazón.

Un corazón que trae de cabeza a Andrés, pero ya se sabe que entre copas puede ocurrir lo inesperado. Es cierto que no sabe de vinos como su amigo, el frustrado escritor. Quizás, si me pongo a su altura pueda recordar a Dalí diciendo: “El que sabe degustar no bebe demasiado vino, pero disfruta sus suaves secretos.” Un consejo válido al principio pero difícil de mantener cuando el guion de la vida te lleva por otros derroteros. En cambio a Andrés le pega más la famosa frase de “el que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?” Pues vino hay a raudales al igual que talento sobre las tablas.

Y muchas tablas tienen Juanjo Artero, Patxi Freytez, Ana Villa y Elvira Cuadrupani para trasladar a los espectadores a una historia entretenida en la que se muestra la amistad, la soledad, la alegría, la tristeza, la sinceridad, la nostalgia y muchos valores que están en nuestra rutina. Eso sí, el fin está claro. Hay que gozar del presente, dejar de lado la amargura porque en la vida puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío pero siempre es mejor quedarse con lo positivo. La actitud lo es todo y “Entre copas” te enseña el camino a ello o al menos, entre risa y risa, te deja un “run run” en la cabeza que te invita, además de a tomarte un buen vino, a reflexionar. 

En definitiva, parafraseando a Pío Baroja, “viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino.” Un camino en el no puede faltar un buen amigo, que a su vez, es un buen confidente. La amistad devuelve favores porque hay valores que son incuestionables. Vamos, que “entre copas” todo es posible, pero vida no hay más que una y ésta sí es una gran reserva con denominación de origen que tiene que ser degustada por uno mismo día a día hasta el final. Cada uno es dueño de su propia botella. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

SKYLINE

Delante de la obra de Alberto Bañuelos Fournier emanan esos recuerdos que él quiere transmitir. Esos paisajes urbanos que atribuye a Nueva York y que, sin duda, te llevan hasta esta ciudad tan idílica. No obstante, la imaginación y los recuerdos de cada persona pueden trasladarte a cualquier parte del mundo porque como bien dice el escultor los recuerdos convertidos en imágenes se quedan a vivir en nuestra memoria y ésta siempre es muy caprichosa. 

De hecho, esa añoranza vuelve a nosotros cuando menos nos lo esperamos. Cualquier matiz en nuestro día a día puede llevarnos al pasado aunque sea por un breve instante y es capaz de revolver un sinfín de sentimientos. Los recuerdos pueden ser muy nítidos o muy difusos, todo depende de cómo haya sido la experiencia o lo que ésta nos haya marcado en nuestra vida. Contemplando “Skyline” he visualizado otras ciudades a las que Bañuelos Fournier no tenía intención de llevarme, pero mi subconsciente así lo ha querido. Me llevado a viajar por las diferentes ciudades en las que he vivido y recordar otros muchos edificios y, por supuesto, muchas experiencias en diferentes partes del mundo. Es cierto que al vivir estamos construyendo “futuros recuerdos”, querido Alberto y nosotros somos los diseñadores de ellos. No todos tenemos la capacidad y el arte que tienes tú para plasmarlos, pero, afortunadamente, nuestra cabeza sabe diseñarlos y clasificarlos de tal manera que quedan perennes en nosotros mismos. 

Ahora que vamos retomando cierta normalidad, reconozco que me apetece volver a viajar con la maleta en la mano porque después de ver esta excelente exposición se ha despertado en mí el creador de imágenes nunca vistas. Mi memoria tiene capacidad de sobra para seguir almacenando esas instantáneas que permanecerán conmigo para siempre. Esos “skylines” que evocan paseos entre ellos, rincones por conocer y sueños por cumplir. Reconozco que no me ha dejado indiferente ver tu obra Alberto porque ha prendido una llama que apagó la pandemia de la noche a la mañana. Tengo ganas de conocer mundo y eso no es nuevo porque siempre se aprende cuando sales de tu zona de confort. Hablo de conocer mundo, pero a pocos kilómetros también hay “futuros recuerdos” que nos están esperando. 

Y ya que estoy hablando de ciudades y edificios no puedo obviar mencionar un país en el que nada volverá a ser como antes. Ucrania está sufriendo una guerra que dejará muchas imágenes desoladoras para el recuerdo. Las vemos por la televisión pero su trascendencia va más allá. En ella hay edificios destrozados y en ellos había muchas historias que hoy son desgarradoras. Los sentimientos traspasan pantallas y después de todo lo que llevamos viviendo en los últimos dos años era lo que nos faltaba…

En fin, querido Alberto, gracias por seguir creando y seguir compartiendo tu trabajo con los que admiramos tu obra. Confieso que “Skyline” me ha gustado y ya forma parte de mi memoria y mis recuerdos. Eso sí, esa memoria me ha llevado a otras obras tuyas. Recuerdo a la perfección “La liturgia de las piedras”. Tienes razón que nosotros construimos nuestros “futuros recuerdos”, pero siempre es agradable tener aliados como tú para que éstos queden grabados a fuego en el corazón. En definitiva, “poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces” como decía el poeta latino Marco Valerio Marcial. Sigamos creando imágenes.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/31202/skyline

A VANIA VILLALÓN

Acude todos los días a Distrito Sur pero con lo bonito que está el centro de Madrid en vísperas de la Navidad teníamos que cambiar de ubicación. Elegimos el mítico Café Gijón como punto de encuentro. Un lugar entrañable porque, en esta ocasión, a ella le tocaba estar al otro lado de la barra. Es cierto que ya tendré tiempo de acudir a “La Parra” y degustar las tapas de Dani, pero ahora es el momento de conocer a Vania Villalón. Esta mexicana llegó a España hace cuatro años y el destino ha decidido que se quede un poco más. Y hay que reconocer que somos afortunados porque su talento es una realidad que disfrutamos de lunes a viernes en “Servir y Proteger”. 

Siempre quiso ser actriz, de hecho, no duda en afirmar: “yo no elegí esta profesión sino que ella me eligió a mí”. Es más, desde niña ya apuntaba maneras. Es joven pero auguro un futuro prometedor para ella porque su alegría, su optimismo y su sonrisa la llevarán a superar esos momentos de dudas que todos tenemos. Además, a pesar de que sea despistada, su tenacidad le lleva a ser una persona persistente. Permíteme que añada que en esta vida, sin lucha no hay victoria. Logró el papel de Dani que tanta ilusión le hace y está “viviendo una experiencia de mucho aprendizaje”. No es para menos ya que sus compañeros de trabajo son, entre otros, Juanjo Artero, Luisa Martín, Fernando Guillén-Cuervo, Eduardo Velasco, Pepa Aniorte… Casi nada. De ellos solo tiene buenas palabras, destaca su humildad, su calidad humana y para ella es “un regalo y un honor” poder aprender observándolos en su día a día. Sin duda, son su ejemplo. Es normal, querida Vania, que a veces pienses que estás viviendo una experiencia onírica.

Pero de onírico nada. Es una realidad y debes disfrutar de ella. Sé que te pareces en algo a Dani, me decepciona que no cocines tan bien como ella, pero si te sirve de consuelo lo mío tampoco es estar entre fogones. Ya disfrutaremos de un buen mole en Madrid, eso sí, no será como el de tu mamá. Será normal que la nostalgia nos acompañe porque extrañar México es muy fácil. Allá está tu familia y cuando hablas de ella los ojos se te ponen vidriosos porque para ti la familia lo es todo. Pronto podrás viajar al país que te vio nacer, un país que bien defines como “mágico, misterioso, alegre, que te hace vibrar” y aunque cueste reconocerlo también es violento. Aún así, quedémonos con lo mejor: “México tiene mucho que vivir, mucho que sentir y mucho para sorprender.”  Coincido contigo porque no puedo negar que algo de tu tierra se quedó en mí para siempre. Quizás podamos cruzar el charco y vivir el “Día de Muertos” que tanto te agrada, pero sigamos tu filosofía de vida y vivamos el presente. De hecho, yo presumo que aún tengo la vida y conocerte ha sido un regalo. Por eso, coincido y comparto tu lema de vida: “Donde estás ahora es donde tienes que estar”. 

Y en el Gijón estuvimos haciendo nuestra particular tertulia. Era imposible no hablar de los libros de Carlos Castaneda que tanto te gustan o de la famosa película La Juventud de Paolo Sorrentino. El Café Gijón es sinónimo de cultura, una cultura que se ha visto perjudicada por la pandemia, pero sabemos que hay que buscar el lado bueno de las cosas y pensar en el futuro con ilusión. Quizás, llegues a interpretar la Lady Macbeth en la versión de Florence Pugh que admiras. Quizás, el verano que viene puedas estar en las playas de México. Quizás, el Año Nuevo te traiga la mascota que anhelas. Quizás… Sé que tienes muchos quizás, pero en vísperas de Navidad, en la que todos soñamos, sabes valorar la importancia de la salud, sabes agradecer lo que este año te ha dado y, lo más importante, sabes vivir el presente. 

Querida Vania, no dejes de sonreír porque la vida te está devolviendo esa sonrisa. Estoy segura de que tu carrera crecerá y celebraremos los éxitos con un buen mezcal. Bailaremos y cantaremos si es preciso porque eso también se te da muy bien. Como bien sabes, la vida me dio una segunda oportunidad y no desaprovecho ninguna invitación. Por eso, sé que el próximo café, con gusto, me lo  tomaré en “La Parra” y me lo servirá Dani. Una Dani que conquista a su público y que derrocha humildad. Una Dani que transmite y con la que te identificas. Una Dani que interpreta Vania Villalón poniendo todo su corazón y que traspasa la pantalla. Y dicho esto, te invito a que sigas viviendo los sueños y soñando la vida. 

Jimena Bañuelos

AFRONTAR PSICOLÓGICAMENTE EL CORONAVIRUS

Mi buen amigo Javier Urra nos da las pautas para afrontar la situación que estamos viviendo. Os invito a que os adentréis en este artículo porque toda ayuda es buena, y más, cuando viene de los profesionales:


AFRONTAMIENTO PSICOLÓGICO

Humanos, siempre vulnerables. Desde el poder de la convicción social hemos de dar ejemplo de responsabilidad individual y colectiva.

En esta etapa de incertidumbre la sociedad civil ha de dar un paso adelante. Este no es momento para la sobrerreacción o el sálvese quien pueda. Hemos de apoyar a nuestros sistemas sanitarios, evitando el pánico.

Desde luego estamos en crisis y se aprecia la vulnerabilidad de la salud, de la economía. Quiebras en cadena, de producción, de turismo, en las bolsas. Tenemos una pandemia, pero veamos si también va a ser de generosidad o de egoísmo.

Es hora de que nuestros jóvenes muestren su altruismo y responsabilidad, ahora toca cuidar, preservar, a los más mayores.

Precisamos ante tanta sorpresa, ante un hecho inesperado, liderazgos sociales, solidaridad, comprensión, compromiso. Este es un mundo en que hay globalización también de las personas, y necesitamos de una gobernanza global.

WhatsApp Image 2020-03-17 at 11.25.44Evitemos o al menos limitemos en lo posible la desinformación, sigamos lo que la Organización Mundial de la Salud (O.M.S) nos señala, así como nuestras autoridades sanitarias. En un momento de incertidumbre exponencial, con un periodo que es indefinido de tiempo, acostumbrados como estamos a la movilidad humana, nos adaptaremos al teletrabajo y nos resultará difícil el dejar de tocar y ser tocados, del contacto, del piel con piel.

Apreciaremos las carencias. Observaremos la inmoralidad de los especuladores, conoceremos de las bancarrotas, del sufrimiento de los países sin red sanitaria.

Una crisis económica mundial es previsible, o al menos una recesión económica con aumento del desempleo, y como siempre en los avatares de la vida, afectará a los más desfavorecidos, a quienes están en situación precaria, a las personas sin hogar.

Vivimos, algunos malviven, con altos niveles de desigualdad. Pero llegados a este punto, la psicología nos enseña que hemos de ser más resilientes, que hemos de fortalecer la capacidad de resistencia social.

Es importante la actitud ante esta gran disrupción, y saber que aislarse es un riesgo grave. Conozcamos lo que acontece desde un enfoque clínico, sigamos los informes oficiales de noticias.

Hemos de adaptarnos a título individual y comprobar que no todo en la vida está bajo control, que vuelven viejos fantasmas, que hay quien nos transmite escenarios apocalípticos, y por contra nos encontramos con la arrogancia de los irresponsables. Estamos ante el vacío, ante la sensación de que todo puede quebrar, nos preocupa lo impalpable, la conciencia de fragilidad.

La realidad es la que es, y la que hacemos. No somos inmortales. Mantengamos (en lo posible) la normalidad, no nos obsesionemos, no seamos abducidos por la sobreinformación. Busquemos la verdad, y desde luego busquemos el apoyo afectivo. Afrontemos la situación ayudando a los demás, manejando el autocuidado, apoyándonos en seres queridos ante la ansiedad. No perdamos la perspectiva, no nos sintamos acosados y acorralados, y desde el autocuidado mantengamos nuestra salud mental.

En caso de nerviosismo abrumador, tristeza persistente, angustia o pánico, acudamos a un psicólogo clínico. Pues estos expertos en salud mental ayudan a las personas a lidiar con el estrés extremo. Aportan formas constructivas de manejar la adversidad.

No es broma, decir que hay que recurrir en lo posible al humor. El tema es grave, pero puede ser largo, y el ser humano necesita agarrarse, acogerse a fortalezas que le den perspectiva, que le den seguridad. Al respecto pensemos en la baja mortandad. Seamos conscientes del inmenso porcentaje de personas que se curan. Realicemos acciones que nos transmitan sensación de control, como el lavarnos las manos y seamos responsables de lo que hacemos, pues podemos ayudar.

Cuidado con las redes sociales y con el contagio del miedo y del pánico. Que el miedo no nos conduzca a manejarnos por impulsos. Si bien, la red social nos puede mantener conectados fomentando la sensación de normalidad y proporcionando valiosos medios para compartir sentimientos. Han de preocuparnos y mucho las personas que viven solas, y más si son mayores. Con respecto a los niños, hay que explicarles, informales de manera honesta y apropiada para la edad, hay que involucrarles, son ciudadanos de pleno derecho. Los niños observarán los comportamientos y emociones de los adultos, para acompasar sus propios sentimientos. 

Esta sociedad falsamente se siente muy segura, y de pronto todo parece desplomarse o al menos quedar en suspenso, a partir de ahí, hay una sensación de que el problema es global pero la afectación es individual, y muchos, los más, no saben qué hacer. Por un lado, hay que retirarse a los hogares, para evitar la propagación, por otro, muchos profesionales hemos de estar allí donde nuestra labor es esencial, donde los otros nos esperan. Y en ese sentido todos los que estamos concernidos en el ámbito de la salud, ya sea física o mental, tenemos un compromiso social ineludible. No hemos de acentuar los efectos de la epidemia por coronavirus Covid-19, con unas conductas de alerta personal y socialmente inadecuadas. Los ciudadanos del mundo hemos de asumir nuestra responsabilidad individual, sin ser paralizados por el miedo, sin entrar en pánico, ni obsesionarnos con la preocupación de enfermar. Hemos de tener capacidad para interesarnos por otros asuntos sin sobreexponernos a una información que satura y limita.

No podemos mantenernos en un estado de alerta permanente obsesionados por preocupaciones y sensaciones impedidos para dormir, trabajar, o salir del hogar.

Cuidemos en no reconvertir el miedo y la frustración en agresividad o violencia. Pensemos también en cuando esto pase.

Sigamos los consejos científicos, evitemos consumir y propagar información no contrastada.

Fortalezcamos nuestra capacidad de adaptación, de resolución de problemas. Mantengamos y compartamos desde el análisis de realidad una actitud optimista y esperanzada.

No magnifiquemos, ni trivialicemos el riesgo.

El ser humano es resiliente, afronta el sufrimiento, la incertidumbre, la ansiedad y la angustia.

Algunas personas somos población de riesgo, otras son y serán afectadas con el consiguiente deber de aislamiento.

Hoy la tecnología permite mantenerse conectado con los seres queridos.

Además será el momento de ocuparse, leyendo libros, viendo películas, escribiendo, para no caer en la soledad, la desesperanza y el miedo.

La especie humana sigue en evolución, esta es una prueba de compromiso, de sentirse concernido la solidaridad.

El brote eclosionó en una ciudad de China, la epidemia se extendió por el mundo, una pandemia, que nos enseña, que somos un solo mundo, que no conoce de fronteras ni nacionalismos.

Somos la suma de individualidades que compartimos la misma existencia.

Que aprendemos a seguir viviendo con restricciones, que modificamos costumbres, que prescindimos de lo que nunca habíamos pensado.

Como sociedad universal saldremos fortalecidos.

Este seísmo social nos recuerda la importancia de los abuelos, el acuerdo en la pareja, lo esencial de la escuela, el encuentro en el hogar durante días de padres e hijos, la flexibilidad laboral.

Creo que podemos y debemos aprender y aprovechar mucho.

 

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo

Forense Académico de Número de la Academia de Psicología de España

*Texto avalado por la Academia de Psicología de España