EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS: DÍAS, RECUERDOS E IMAGINACIÓN

Día a día han pasado ya más de treinta desde que me confiné en mi casa. La situación fuera no es fácil y dentro, a veces, tampoco. La mente es nuestra mayor aliada pero no siempre está dispuesta a remar en la misma dirección. Los pensamientos se amontonan. Los buenos recuerdos nos sacan una sonrisa, nos dan ese matiz que alegra la cuarentena, pero cuando éstos no son tan buenos los días se ponen muy cuesta arriba. Si ya estamos en una carrera de fondo en la que necesitamos mucha energía para resistir a la tempestad, para qué vamos a ponernos más obstáculos. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero tengo claro que no voy a ceder a ese letargo al que la monotonía del día a día me quiere llevar. Me niego a sentir que vivo en el día de la marmota. Ser fuerte desde mi casa es mi mejor opción. Disfrutar del tiempo es mi mayor motivación. Es cierto que los recursos se pueden agotar, pero ahí está la mente para pensar en cómo hacer que cada día sea diferente. Unos hablaré más por teléfono, otros me dedicaré a leer, escribir, ver series… Eso es lo típico pero hay más opciones.

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En el paseo de El Espolón (Burgos)

De momento, no me ha dado por la repostería pero tentada he estado. Al menos tengo los ingredientes necesarios para ponerme manos a la obra. Quién sabe si llegará el día en el que me pringue de harina y me ilusione con mancharme la nariz con ella como cuando era una niña. La verdad es que este confinamiento me está enseñando al “Masterchef” que llevo dentro y el cual desconocía. He aprendido que todo es posible, aunque seamos sinceros, y dado que la Semana Santa ha pasado, lo de hacer torrijas me ha dado vértigo. Mi abuela tiene el listón demasiado alto. Quizás dentro de un año y con la técnica mejorada entre fogones debute con ellas.

Nunca pensé que mi saco de boxeo iba a hacerme tanta compañía. Cuando lo veo me trae grandes recuerdos de mi México querido. Allí dejé a grandes personas con las que viví grandes experiencias. Y ahora, mientras frenamos al Covid-19 cada vez que hablo con una de ellas viajo a ese país maravilloso con la imaginación, porque ésta no tiene límites. Gracias a ella pienso en la playa, escucho el mar, paseo por El Espolón de mi querido Burgos… visualizo todos esos lugares en los que he ido escribiendo los capítulos del libro de mi vida. Este confinamiento será uno más. Estará lleno de momentos difíciles, de anécdotas curiosas, pero enriquecedor a su vez. Aprendí hace catorce años que las pequeñas cosas tienen un gran valor y esta situación ha reafirmado aquella lección. Posiblemente, cuando esto pase habrá cambios en nuestras rutinas, pero hay algo que tengo claro; la vida no se planifica, la vida se vive porque en un segundo todo puede cambiar. Por eso, y dado que la incertidumbre del final de todo esto no está marcada en el calendario, pienso cuando volveré a salir a la calle, cuando me tomaré los cafés pendientes con mis amigos, cuando volveré a ir a un concierto o al cine, cuando viajaré a ver a mi familia… Cuando, cuando, cuando… Eso sí, la vida trae cambios, pero las cosas verdaderamente importantes siempre prevalecen.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Llega el final del verano

Cuesta volver, pero ya se sabe que todo lo bueno se acaba. Hasta el cielo se ha teñido de gris para convertirse en el escenario perfecto de las despedidas propias del final de verano. Agosto se acaba y llega septiembre y con él, queramos o no, la rutina que marca nuestros días.

Una rutina que poco a poco va normalizando todos los desórdenes propios de estos meses. Eso sí, para no sufrir la famosa depresión postvacacional es mejor ir adaptándose despacito, ya que éste ha sido el ritmo durante toda la estación estival. Y es que las canciones del verano, por muy populares que sean, siempre a estas alturas de agosto dejan paso, por un momento, al clásico del Dúo Dinámico que a través del compás de sus notas nos traslada a la nostalgia de los momentos vividos.

Momentos en la playa, en la montaña, en la piscina, en el tren, en el avión… y en tantos sitios que nos han llevado a disfrutar y sobre todo a olvidarnos, aunque sea por un instante, de todo aquello que nos borra la sonrisa del rostro. Siempre es fácil recordar esos momentos y por eso, hay que tirar de ellos cuando la rutina se nos haga cuesta arriba. Son la mejor inyección de ánimo que hemos recargado con creces a lo largo del verano. Si bien es cierto, hasta mediados de septiembre no despediremos esta estación pero hay que reconocer que “la vuelta al cole” nos afecta a todos…

Mensaje que los hinchas colchoneros conocen bien

Pero llegados hasta aquí parece que septiembre es el malo de la película y no es así. También viene cargado de nuevos propósitos, de nuevos proyectos, en definitiva, de nuevas ilusiones. Porque la fuente de sueños que hay en nuestro interior es imparable y por eso es, precisamente, el mejor motor que tenemos. Puede ser difícil conseguirlos pero si no se intenta, entonces si serán inalcanzables.

Así que después de este parón veraniego, hay que ir pasito a pasito deshaciendo las maletas para afrontar esta nueva etapa del año como toca. Ya decía Víctor Hugo que “el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Así que con valentía hay que afrontar los retos que se presenten para alcanzar esos sueños que nos conduzcan a muchos más. Y en los momentos en los que haya dudas, me recordó mi buena amiga Karla: “Nunca dejes de crees”. Y dicho esto. Bienvenido septiembre.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)