POR UN AGOSTO PRUDENTE

b101fa9bdd0c35b4319fa7cdeb1495ae_XL

Mi columna para El Valle de México

Con temperaturas altas, muchos rebrotes pero con ganas de disfrutar así se despide el mes de julio. Un mes que pasará a la historia por cómo hubiera sido si el coronavirus no se hubiese convertido en el protagonista de este año. Sin Tour de Francia, sin Juegos Olímpicos pero con un día del Libro un tanto descafeinado, y así, suma y sigue… Una nueva normalidad a la que es difícil adaptarse en determinados momentos. Los festivales de música están silenciados y los conciertos que hay se pueden contar con los dedos de la mano al igual que su público. Soñamos con el final de esta pesadilla, un final que no sabemos cuando se producirá. Al menos, hasta entonces, tenemos la intención de disfrutar y de vivir la estación estival ya que la incertidumbre del otoño va adquiriendo cada vez más protagonismo. La temida segunda ola parece que está cada vez más cerca pero, quizás, si hacemos bien las cosas podamos surfear en ella. Los rebrotes están aumentando y las medidas para frenarlos se van tomando a cuenta gotas. Ojalá se actúe por la salud de todos. Volver al pasado no es la mejor opción. Marzo y abril quedaron atrás y con ellos unos datos que dan mucho vértigo recordar y, por supuesto, mucha tristeza.

Es cierto que pasamos de la nada al todo de repente y las ganas por salir del confinamiento no nos podían frenar; pero el virus sigue con nosotros y el calor está claro que no lo ha hecho desaparecer. Madrid fue el epicentro de la pandemia en sus comienzos aunque ahora la realidad es muy distinta. La sociedad está concienciada. Obviamente, siempre hay excepciones, pero sí se ven mascarillas por la calle y la distancia de seguridad se procura mantener. Está claro que concienciarse de la realidad es fundamental. Hay que tener precaución pero ésta no implica que no se pueda disfrutar del verano como se merece. Es cierto que el ocio nocturno está sufriendo las restricciones en varias comunidades autónomas y aunque esto esté disgustando a muchos hay que pensar que es por el bien común. Las medidas se toman para prevenir y toda ayuda es buena. Los sanitarios se merecen el apoyo de todos. Ellos han estado en la primera línea para cuidar de nuestra salud y aunque estemos en verano y de vacaciones siguen pendientes de nosotros. La Covid-19 no entiende de fiestas, así que es mejor ayudar a quienes no pararon en ningún momento por nosotros. Los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, etc. Se merecen, además de nuestros aplausos, nuestra responsabilidad. Nos piden muy poco, tan solo, el uso de la mascarilla, la distancia de seguridad y el lavado de manos; creo que podemos cumplir. Quizás, si añadimos un poco de sentido común, la combinación de todos frenarían esos rebrotes que están poniendo en jaque a muchas regiones. Es una responsabilidad de todos y así daríamos un respiro a nuestros sanitarios. Ellos también se merecen sus vacaciones, su descanso y, por supuesto, su tranquilidad ante lo que dicen que vendrá.

Ojalá lo que venga y muy pronto sea la vacuna. Ahí está la clave. Un pinchazo que nos inmunice y nos despierte de esta pesadilla para volver a recuperar la normalidad que hemos perdido. Al menos, de momento, muchos han aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas y de los momentos más cotidianos. De lo malo hay que quedarse con lo mejor, y esa lección es muy importante porque el presente es ahora y en estos tiempos que corren el futuro es más que incierto. Por eso, sin planes a la vista y viviendo el día a día, arrancamos el mes por excelencia de vacaciones. Toca disfrutar, con prudencia, pero disfrutar en definitiva. Hay que adaptarse a las circunstancias aunque eso no es impedimento para sonreír y ser feliz. La felicidad no entiende de recetas y quizás, ahora, haya que cambiar algún ingrediente… Bienvenido sea agosto. Vayamos a por él en la playa o en la montaña.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/14341/por-un-agosto-prudente

EL VERANO ES EL VERANO

b101fa9bdd0c35b4319fa7cdeb1495ae_XL

Mi columna para El Valle de México

Se convirtió en el protagonista de nuestras vidas de repente. Llegó y todo cambió. Lleva meses acaparando titulares y dejando tras de sí todo tipo de cifras, datos y comportamientos. El coronavirus se adueñó, poco a poco, de nuestra normalidad para convertirla en una pesadilla de la que aún no hemos despertado. Vivimos en una “nueva realidad” que marca nuestra forma de actuar. Acostumbrarnos a ella es primordial. La vacuna no tiene fecha, pero su llegada marcará un antes y un después. Es cierto, que desde que finalizara el estado de alarma, nos hemos ido relajando. A veces, olvidamos que el virus sigue entre nosotros, pero el verano ya está aquí y tenemos demasiadas ganas de disfrutar de todo lo que nos hemos privado durante meses. Además, como el tiempo acompaña, la combinación de estos factores es perfecta. No negaré, ya que mentiría, que la mascarilla es incómoda con el calor, pero de su uso depende frenar los posibles rebrotes que están apareciendo. Sé, que desde México miran hacia España con la esperanza de que sus cifras den una tregua, pero insisto, a nueve mil kilómetros de distancia, que hay que cumplir con las medidas aconsejadas. Solo así se puede frenar la curva que tanto asusta.

Viviendo el presente, estamos a punto de dar la bienvenida al mes de julio. Podría decir que es el mejor mes del año, dado que en unos días celebraré mi cumpleaños. Este año, por cierto, junto a las velas en la tarta, no faltarán los Conguitos. Confieso que desde niña me han encantado y últimamente me apetecen demasiado… ¿Por qué será?… En fin, tras este paréntesis culinario, hay que reconocer que julio es, para muchos, el comienzo de las vacaciones. Éstas siempre son especiales y este año son muy necesarias. Hay que desconectar de todo. Si antes he hablado de sustos, da vértigo escuchar a los expertos sobre lo que pudiera suceder en otoño, pero como el tiempo verbal “pudiera” no es real ni certero, dejemos que pasen los días hasta que veamos y vivamos cómo se comportará el coronavirus más adelante. Ahora no es momento para amargarse con el futuro, ahora es el momento de disfrutar. Si algo nos ha enseñado la Covid-19 es que la incertidumbre marca nuestra rutina y, por eso, no tiene sentido hacer planes a largo plazo. Las vacaciones son y serán siempre momentos de ocio acompañados por la gente que queremos. Posiblemente, este año el tiempo estival nos traiga muchos reencuentros que el confinamiento generó. Yo ya estoy restando los días que quedan para ver a mis padres. Es el momento que llevo esperando desde el mes de marzo. Todo llega a quien sabe esperar dice el famoso refrán, pero las esperas, a veces, se hacen eternas.

El tiempo es relativo y me da que el verano se pasará en un suspiro porque cuando se está disfrutando éste vuela. Dicen que el tiempo es oro y su pérdida sería un gran derroche, así que no adelantemos acontecimientos. Aprovechemos estos días al cien por cien, porque el futuro, con virus o sin él siempre será incierto. Sigamos al pie de la letra a Walt Whitman, de hecho, hasta el famoso profesor Keating en El club de los poetas muertos lo tenía como referente: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta…” En definitiva, Carpe Diem.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13518/el-verano-es-el-verano

MASCARILLAS, POR EL BIEN COMÚN

b101fa9bdd0c35b4319fa7cdeb1495ae_XL

Mi columna para El Valle de México

“Objeto o trozo de tela o papel que se coloca sobre la nariz y la boca y se sujeta con una goma o cinta en la cabeza, para evitar o facilitar la inhalación de ciertos gases o sustancias.” Así define el diccionario de la Real Academia Española a la mascarilla que tan imprescindible se ha vuelto en los últimos meses. Lean bien: Se coloca sobre la nariz y la boca. Las imágenes que se ven por las calles son todo un despropósito. Por supuesto, hacen mal los que no la llevan, además, de quienes lo hacen de manera incorrecta. Es cierto que su uso no es obligatorio del todo porque así lo considera el Gobierno, pero el sentido común, algo que no hay en Moncloa, indica que sería lo más conveniente. Los sanitarios que han estado dejándose la piel, cuando la pandemia nos pilló desprevenidos, apuestan por su uso y estoy convencida de que no van desencaminados.

Confieso que desde que se establecieron los horarios de paseo no había salido a la calle, pero el otro día lo hice y comprobé en mis propias carnes lo que mis amigos me habían comentado. Las mascarillas son de todo tipo, pero descubrí que hay mil formas de llevarlas. Hay quien la lleva de diadema y se la baja a la boca cuando considera oportuno, otros se olvidan de la nariz lo cual se convierte en un auténtico bozal, de bufanda no está mal, pero quizás para proteger la garganta ya se han inventado los pañuelos… En fin, una clara muestra de insensatez que se puede evitar. Es cierto que no es cómoda y que puede agobiar, pero creo que siempre hay que apostar por la salud. Parece que se nos ha olvidado todo lo que ha pasado cuando, en realidad, seguimos haciendo frente a la pandemia. No queremos que haya repunte por lo que éste lleva implícito, de ahí, que hay que ser conscientes de que con ella nos protegemos todos. Solo así se pueden ir restando días para recuperar la normalidad de verdad. En nuestras manos está que esto dure más o menos, y mientras los científicos buscan la anhelada vacuna nosotros podemos dar un descanso a los sanitarios que han estado, y siguen estando, al pie del cañón.

Evidentemente, un consejo como lo define la RAE es una “opinión que se expresa para orientar una actuación de una determinada manera”, en este caso poniendo por delante la salud. Algo que no tiene precio y que sólo se valora cuando se pierde. Más vale prevenir que curar como dice el refrán, pero cada uno es libre para decidir si lleva o no la mascarilla, si se cuida o cuida a los demás… En definitiva, ya dijo Benjamín Franklin: “Podemos dar consejos, pero no podemos dar conducta”. Eso sí, si los sanitarios son partidarios de ella será por algo. Leonardo Da Vinci afirmó que “no hay consejo más leal que aquel que se da desde una nave en peligro” y el personal sanitario ha vivido una realidad inimaginable para muchos. Seamos conscientes de que la mascarilla ha llegado para quedarse durante un tiempo. No hay que olvidar que el coronavirus nos ha robado prácticamente la primavera de este año, pero en nuestra manos está ganarle tiempo al virus para que todo vuelva a ser como antes. Si eso sucede será porque hemos cumplido. Ya puntualizó Napoleón que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común.” No diré más.

Enlace:https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12266/mascarillas-por-el-bien-comun

 

OBJETIVO:  LA DESESCALADA

No hay un día señalado, pero tarde o temprano recuperaremos la normalidad. Poco a poco hemos ido superando el caos que el Covid-19 provocó de la noche a la mañana y aunque el ritmo sea lento no hay que desesperar, porque la palabra desescalada ha ido ganando terreno a la palabra confinamiento. Empezamos a ver esa luz que tanto se ha anhelado desde que comenzara esta pesadilla y, por eso, no hay que tirar la toalla. Van a venir altibajos pero la fortaleza que se ha demostrado tiene que persistir. Me niego a que, después de estar cincuenta días confinada en mi casa, el miedo se apodere de mí.

830432F0-3E13-47AE-B7D0-DE5006F8D030Aprendí que al miedo se le conquista haciéndole frente. No hay que amedrentarse ante él porque la valentía ha sido, es y será lo que ha movido mi vida. Ahora, no voy a cambiar de actitud, de hecho, es algo que ni me planteo. Puedo tener respeto al coronavirus, pero de ahí, a que tome las riendas de mi vida hay un trecho. Cambiará mi rutina porque la mascarilla se ha convertido en esencial, pero con prudencia todo volverá a la normalidad. Un normalidad anormal durante un tiempo que nos llevará a ver el presente desde otra perspectiva. Hay cosas que cambiarán para siempre porque de esta experiencia algo habremos aprendido y otras, sin darnos cuenta, regresarán a nuestras vidas como antes. Obviamente, no va a ser fácil pero si hemos podido con esto, estoy convencida de que estamos preparados para dar el último empujón. Un empujón en el que será vital apostar por la ciencia ya que serán los científicos los que nos vacunarán contra el bicho que, por desgracia, tantas vidas se ha llevado.

Los que no están se merecen un homenaje por parte de todos. No son números con los que jugar, ni meras cifras cargadas de frialdad. Eran personas llenas de vida a las que muchos ya están echando de menos. Es el luto de todo un país porque casi todos conocemos a ese alguien que ha perdido a un ser querido. Y eso es lo más triste de esta realidad. Una realidad que también ha dado paso a la vida porque muchos han sido padres; han recibido a sus bebés en tiempo de coronavirus. Lógicamente, la alegría también está presente en nuestros días. Por mucho que nos cueste aceptar la situación, lo importante es la salud. Ésa a la que algunos solo le rinden homenaje el 22 de diciembre, aunque su relevancia debe estar presente el resto del año.

Y este año, el que pensábamos que iba a ser como los maravillosos años 20, mientras nos tomábamos las uvas, nos está mostrando lo vulnerables que somos. En un segundo todo puede cambiar. El presente se vive hoy. Ya dice el refrán español: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” porque ese mañana es incierto aunque, a veces, nos cueste creerlo. Por eso, aprovechando que esta semana celebraremos el día de la madre y muchos no podremos abrazar a la nuestra; vaya desde aquí, mi felicitación a todas ellas, y a la mía en particular, porque esa valentía y fortaleza de la que os he hablado la he heredado de ella y ella a su vez de mi abuela.

Pues bien, ya que he hablado de científicos y de mi madre, concluyo con una cita, a tener muy en cuenta, del microbiólogo Louis Pasteur: “No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.

Jimena Bañuelos

 

b101fa9bdd0c35b4319fa7cdeb1495ae_XL El enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11669/objetivo-la-desescalada

A LO SIMONE BILES EN BURGOS

cde7c54e-fabc-47e6-a5ae-376e81546e38

Club Gimnasia Burgos

En tiempos de confinamiento cualquier entretenimiento es bueno. Ahora, que la tecnología ha avanzado y las redes sociales están al rojo vivo, los retos se han ido abriendo paso para mostrar las habilidades, o no, de quienes aceptan todo lo que se les pone por delante. Al principio, y dado su protagonismo, el papel higiénico se convirtió en algo, no solo esencial en el carrito de la compra, sino que adquirió su protagonismo haciendo con él todo tipo de habilidades. Muchos subieron a sus historias la satisfacción de haber superado el reto y tras éste otros les aguardaban para llenar las horas vacías que la cuarentena trae consigo. Confieso que no soy muy de retos aunque sí que veo de lo que son capaces de hacer mis amigos. Muchos, de hecho, me han sorprendido porque nunca me los hubiera imaginado haciendo determinadas cosas… pero todo vale para sacar una sonrisa a los tuyos y a los demás.

Si bien es cierto, no todos los retos están al alcance de todo el mundo porque para emular a Simone Biles hay que estar muy bien preparado si no quieres acabar en el hospital o con más de un moratón. La gimnasta americana siempre sorprende con su potencial en todas las competiciones, pero ahora pasa, como muchos atletas, su tiempo en casa. Dejar de entrenar es un error, pero sí se puede uno adaptar a las circunstancias como lo han hecho en el Club de Gimnasia de Burgos. Es obvio que me fijé en ellos porque como dice el himno de mi ciudad: “Tierra sagrada donde yo nací” y ésta tira mucho. Saliendo de este paréntesis estos chicos siguen entrenando como pueden y además aceptaron el reto de la estadounidense. Ver el vídeo es una maravilla porque demuestra que todo es posible si se trabaja para ello. Sé que tienen muchos sueños, sé que entrenan muy duro, sé que se esfuerzan, sé que compatibilizan sus entrenamientos y sus estudios, sé que no se rinden, sé que son infatigables y estoy convencida de que llegarán muy lejos. De hecho, no pienso perder de vista todo lo que hagan. Avisados estáis… No olvidéis que todo sacrificio, tarde o temprano, tiene su recompensa. Cuando se disfruta de lo que se hace, en este caso del deporte, es muy difícil alejarse de aquello que nos saca sonrisas, alguna que otra lágrima, pero mucha satisfacción. Ahora estos gimnastas son muy jóvenes y nadie sabe lo que les deparará la vida, pero estoy segura de que el deporte siempre estará con ellos.

Si no suelo aceptar retos, por supuesto, el de Biles menos. Eso sí, el deporte me da vida, me da fuerza y me permite alejarme de la rutina, de la situación en la que nos encontramos y me evade a mi mundo. Ése que solo yo entiendo y en el que estoy, generalmente, acompañada por mi música favorita, para simplemente dejarme llevar. Confieso que sigo entrenando en casa porque querer es poder siempre venciendo a la pereza; algo que seguro también le sucede a más de un miembro del club. Chicos, ahora no hay competiciones pero todo volverá a ser “más o menos” como antes, pero hasta entonces os animo parafraseando a Aristóteles: “Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”. Y dicho esto, seguid como hasta ahora, campeones.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ALEGRÍAS EN EL CONFINAMIENTO

Superada la cuarentena de verdad, con sus cuarenta días y sus cuarenta noches, reconozco que las fuerzas no todos los días han estado al mismo nivel. Es obvio, porque se puede ser fuerte pero no de piedra y lo que estamos viviendo es algo que sólo habíamos visto en más de una película. Aún así, la realidad siempre supera a la ficción. Las noches de insomnio son las que te llevan a pensar demasiado, algo que no conviene cuando no está en tu mano cambiar el guion de lo que está sucediendo. La situación muchas veces nos supera, algo lógico, pero estamos demostrando como la unidad hace la fuerza y entre todos volveremos, muy poco a poco, a recuperar cierta normalidad.

Esa normalidad o rutina de la que tanto nos hemos quejado y a la que tanto echamos de menos ahora mismo. Siempre he dicho que la rutina no es buena cuando ésta se adueña de tu vida, pero el destino ha querido que, por una vez, sea, precisamente ella, la más anhelada por todos. De repente se acabaron muchas cosas. Recuerdo que el último abrazo antes de confiarme se lo di a mi padre. Ahora a él y a mi madre los besos les llegan a través de una pantalla de móvil. Un emoticono va cargado de sentimientos en cada conversación, porque cuando nos vemos son esos sentimientos los que no entienden ni de distancias de seguridad, ni de aislamientos, ni de ninguna norma. Es cierto que la distancia nunca impedirá un sentimiento. Éstos ahora están a flor de piel. Hay días que te da por pensar y la impotencia te hace llorar, algo que es bueno. Las lágrimas no son sinónimo de debilidad, las lágrimas pueden ser la mejor terapia. Y en estos días hay que pensar y hacer todo aquello que nos haga sentir bien, en definitiva, que haga más llevadera la situación.

377D094C-2211-4F89-8195-E2776F92E04AMi familia está siempre ahí, pero mis amigos también. Esa familia que hemos elegido está, además, para arroparnos estos días. Un mensaje, una llamada, un vídeo, una foto, una sorpresa… todo cuenta cuando la intención es conseguir ver una sonrisa en quién recibe el mensaje. Confieso que en mi caso muchos lo han conseguido. El WhatsApp hay días que echa humo, otros está más tranquilo, pero aunque en mi casa estemos a diario mi soledad y yo siempre buscamos cómo matar el tiempo. Un tiempo que ahora es un arma de doble filo. Pasa lento pero pasa y el día de mañana todo será un recuerdo más y lo veremos como efímero. Reconozco que echo de menos muchas cosas, pero afortunadamente tengo salud y no necesito nada más. Bueno, darme algún capricho durante el confinamiento está siendo vital para hacer frente a la incertidumbre, a los posibles desánimos y, simplemente, porque aún tengo la vida para seguir disfrutándola adaptándome a este paréntesis. Ya echaba de menos comerme, por ejemplo, un brownie. Los que me conocéis sabéis que son mi debilidad… Y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma dice el dicho. Así que con una sonrisa oculta tras mi mascarilla recibí a Luis de El Obrador De Goya que me trajo varios de sus manjares, entre ellos, el brownie para endulzarme la noticia de la prórroga del confinamiento hasta el nueve de mayo. En fin, lo único que está claro es que cada día que pasa es un día menos para ganarle la partida al Covid-19. Cada uno sabe cual es la receta con la que sobrellevar estos días. Bienvenidos sean los bizcochos, los brownies, las torrijas, las empanadas, el chocolate, las chuches, los frutos secos y demás manjares de la gastronomía; porque después de todo esto lo de menos será tener un kilo o dos de más. Lo verdaderamente importante será recuperar las riendas de nuestras vidas capitaneadas por la salud,  ya que muchos se han quedado en el camino. Así de dura es la vida, pero esta es la realidad. No hay que quejarse, hay que ser feliz.

Jimena Bañuelos (14ximenabs)

Mi columna para El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11461/alegrias-en-el-confinamiento

EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS: DÍAS, RECUERDOS E IMAGINACIÓN

Día a día han pasado ya más de treinta desde que me confiné en mi casa. La situación fuera no es fácil y dentro, a veces, tampoco. La mente es nuestra mayor aliada pero no siempre está dispuesta a remar en la misma dirección. Los pensamientos se amontonan. Los buenos recuerdos nos sacan una sonrisa, nos dan ese matiz que alegra la cuarentena, pero cuando éstos no son tan buenos los días se ponen muy cuesta arriba. Si ya estamos en una carrera de fondo en la que necesitamos mucha energía para resistir a la tempestad, para qué vamos a ponernos más obstáculos. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero tengo claro que no voy a ceder a ese letargo al que la monotonía del día a día me quiere llevar. Me niego a sentir que vivo en el día de la marmota. Ser fuerte desde mi casa es mi mejor opción. Disfrutar del tiempo es mi mayor motivación. Es cierto que los recursos se pueden agotar, pero ahí está la mente para pensar en cómo hacer que cada día sea diferente. Unos hablaré más por teléfono, otros me dedicaré a leer, escribir, ver series… Eso es lo típico pero hay más opciones.

IMG_5018

En el paseo de El Espolón (Burgos)

De momento, no me ha dado por la repostería pero tentada he estado. Al menos tengo los ingredientes necesarios para ponerme manos a la obra. Quién sabe si llegará el día en el que me pringue de harina y me ilusione con mancharme la nariz con ella como cuando era una niña. La verdad es que este confinamiento me está enseñando al “Masterchef” que llevo dentro y el cual desconocía. He aprendido que todo es posible, aunque seamos sinceros, y dado que la Semana Santa ha pasado, lo de hacer torrijas me ha dado vértigo. Mi abuela tiene el listón demasiado alto. Quizás dentro de un año y con la técnica mejorada entre fogones debute con ellas.

Nunca pensé que mi saco de boxeo iba a hacerme tanta compañía. Cuando lo veo me trae grandes recuerdos de mi México querido. Allí dejé a grandes personas con las que viví grandes experiencias. Y ahora, mientras frenamos al Covid-19 cada vez que hablo con una de ellas viajo a ese país maravilloso con la imaginación, porque ésta no tiene límites. Gracias a ella pienso en la playa, escucho el mar, paseo por El Espolón de mi querido Burgos… visualizo todos esos lugares en los que he ido escribiendo los capítulos del libro de mi vida. Este confinamiento será uno más. Estará lleno de momentos difíciles, de anécdotas curiosas, pero enriquecedor a su vez. Aprendí hace catorce años que las pequeñas cosas tienen un gran valor y esta situación ha reafirmado aquella lección. Posiblemente, cuando esto pase habrá cambios en nuestras rutinas, pero hay algo que tengo claro; la vida no se planifica, la vida se vive porque en un segundo todo puede cambiar. Por eso, y dado que la incertidumbre del final de todo esto no está marcada en el calendario, pienso cuando volveré a salir a la calle, cuando me tomaré los cafés pendientes con mis amigos, cuando volveré a ir a un concierto o al cine, cuando viajaré a ver a mi familia… Cuando, cuando, cuando… Eso sí, la vida trae cambios, pero las cosas verdaderamente importantes siempre prevalecen.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

EL DUELO Y LA PANDEMIA

Por Javier Urra*

IMG_0020

Javier Urra. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo Forense

Esta pandemia nos ha cambiado la forma de vivir, y aun la forma de morir. Estamos rodeados de percepción de soledad, de abandono, de desarraigo, y es que la angustia, la impotencia deviene en sintomatología ansiosa.

En las terribles circunstancias actuales, entre el diagnóstico y la muerte cuando esta se produce, el tiempo que transcurre es muy breve. Por lo tanto, no cabe interiorizar, no cabe anticipar el duelo. El contacto prohibido, la despedida imposible, dificulta la asunción, la elaboración, de la toma de conciencia de una terrible realidad inevitable.

Nos cabe un dificilísimo trabajo interno para conectar ambos corazones, para transmitir aun en la distancia tanto amor como dolor por la pérdida. Pero plantéese y si el que hubiera muerto es usted, ¿cuánto sufriría la persona que tanto quiere y a la que hoy tanto añora?

Nos enfrentamos a un duelo diferido, a un duelo por tanto patológico, intenso, prolongado, asociado como no, a depresión y angustia. El duelo, el duelo ordinario pasa por distintas fases: la primera es de shock, ante la muerte genéricamente se piensa “no puede ser”, “no me lo creo”. La segunda fase es la de la ira, la cólera contra el mundo, contra la injusta vida, o proyectada dicha ira contra los demás o contra uno mismo. En este caso en el que nos encontramos, quizás contra los políticos por no haber prevenido, contra quien contagió, incluso contra uno mismo por haber salido a la calle y contagiarse. La tercera fase es la denominada de tristeza o melancolía, un dolor intenso, continuado, agudo por la pérdida. Y la cuarta es la fase de aceptación, buscando, y a veces encontrando, un sentido a la vida, que incluye, como no, la muerte.

Las emociones precisan ser compartidas, y más cuando son de duelo por los seres queridos. Y en estas circunstancias no se está pudiendo hacer. La verdad, precisamos formalizar el adiós. La pandemia desnuda nuestras debilidades, precisamos en ocasiones llorar y hacerlo a veces en velatorios, funerales, y es que no poder acompañarnos va contra nuestro ser. Es por ello, que el duelo se dificulta.

El velatorio tiene entre otras funciones la asimilación de la pérdida, iniciar la desvinculación, además, permite algo muy importante: el soporte que se recibe de otros seres queridos. Esta pandemia impide a quien se muere y a sus seres queridos acompañarse, despedirse. El duelo se prolonga, el estrés acompaña, la ansiedad, la depresión hacen aparición. Sentirse desprovisto de apoyo deviene en un trastorno por estrés postraumático.

Considero que una vez superemos la pandemia, será muy aconsejable realizar actos formales de despedida. Y es que el recuerdo de que un familiar querido muerto sin sus seres, los que quisieran haberle acompañado, puede atormentar gravemente y durante toda la vida a una persona. Es difícil entender el dolor, el sufrimiento de quien se sabe morir recluido en unidades de aislamiento, alejado de los suyos y sin posibilidad alguna de contacto.

La muerte cuesta mucho de asumir y elaborar, aun más cuando no se la ve, cuando no se la toca, cuando no se la acompaña. Los rituales, los símbolos son muy importantes para los seres humanos, pues necesitamos cuidar a los seres queridos aún más allá de la vida. Velar un féretro, ver al fallecido nos permite elaborar reflexiones, sentimientos, pensamientos, perdones, un recurso de elaboración, de afrontamiento. Por cierto, no dejemos a los niños al margen, tenga en cuenta que se enteran y que sufren.

Es importante que los sanitarios transmitan a los familiares el acompañamiento hasta el último momento y la lucha por salvarle la vida. También es muy importante la atención de los trabajadores sociales, aportando un teléfono de contacto donde poder llamar y resolver dudas. Y el seguimiento psicológico, aun telefónico a los 3 meses, a los 6 y a los 12.

No neguemos el dolor, no evitemos el sufrimiento, pues más se patologizará el duelo. La palabra, la palabra como vehículo que une las emociones de las personas. Y llegados a este punto, quizá, nos quepa despedirnos ante una fotografía, una música, un objeto de gran significado. Y decir todo lo que se estime de palabra, o por escrito, sin culpabilidades, sin prisas, verbalizando, aflorando el componente espiritual.

Las videoconferencias pueden, aunque no desde la proximidad, no desde el piel con piel, desde el contacto, pero las videoconferencias pueden facilitar que familiares y amigos íntimos transmitan recuerdos y palabras de cariño. Permitirá verse, acompañarse, llorar juntos.

*Académico de Número de la Academia de Psicología de España

DESDE CASA… EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

“En cada amanecer hay un vivo poema de esperanza, y, al acostarnos, pensemos que amanecerá”. Eso decía el escritor español Noel Clarasó, por eso, al levantar la persiana y ver como los rayos de sol entran en mi casa pienso que ya queda un día menos para disfrutar de la primavera, para volver a abrazar a mi gente, para pisar las calles de Madrid, para animar a mi Atleti en el Metropolitano, para recuperar esa rutina que tanto anhelo. En definitiva, sueño despierta que esta pesadilla es otra prueba que la vida me ha puesto por delante. Esta vez, el confinamiento es global pero las experiencias y los sentimientos que emanan entre cuatro paredes son muy particulares. Confieso que hay recuerdos que han vuelto, porque ya se encargó la vida de darme una dura lección, pero confieso, también, que de todo aquello aprendí a ser fuerte, a estar sola, a adaptarme a las circunstancias y a vivir en la incertidumbre.

Son muchas las preguntas que me hago, pero apenas puedo responder ninguna porque que de virus no tengo ni idea. Eso sí, de lo que estoy segura es que de esta saldremos todos adelante, a pesar de que muchos se han quedado en el camino. Pero por ellos, hay que ser tenaces, aguantar en nuestras casas y pensar que la unión hace la fuerza. Los que velan por nosotros no llevan capa, tan solo se han armado como han podido para hacer frente a lo desconocido. Ellos, vestidos de blanco, azul, verde, con bolsas de plástico, con máscaras improvisadas lo están dando todo por nosotros y a cambio nos piden algo tan sencillo como que nos quedemos en casa. Esto puede no ser fácil. Nuestro ritmo de vida se ha parado en seco, de repente y sin avisar; pero las cosas pasan y el destino nos ha traído algo que ni nos imaginábamos.

IMG_7297

Un día menos para disfrutar de  la primavera en Madrid

El confinamiento puede ser más o menos agradable dependiendo de nosotros mismos y de nuestra actitud. Creedme que es mucho mejor aislarse en casa que en la habitación de un hospital. Mi apartamento es pequeño, sin grandes vistas. Me acompaña mi saco de boxeo, mi televisión, mis libros y, lo más importante, la fuerza de mi mente. Estuve aislada en peores condiciones y no me derrumbé ya que todo puede cambiar de la noche a la mañana. La incertidumbre es un arma de doble filo, pero lo bueno es que al no tener un guion nos podemos aferrar a lo positivo. Pensamos, diariamente, en el pico que la curva tiene que hacer. Un pico que está cada vez más cerca y solo por eso, hay que ser positivos y ver el mañana como el principio de un futuro prometedor. “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”, como apuntó el escritor libanés Gibran.

Todo pasa, lo bueno y lo malo; solo que en lo malo parece que el tiempo se ralentiza. Pero el tiempo no entiende de virus, ni de actitudes, ni de sueños, ni de deseos. El tiempo pasa y somos nosotros los que nos adaptamos a las circunstancias. Ahí está la clave. Dejar de quejarse y asumir el presente. Ahora, me aferro a la esperanza de que llegará el día en que hayamos vencido “al bicho”. Hace años la vida me enseñó a valorar las pequeñas cosas, a vivir con lo imprescindible en una habitación de hospital, a soñar con un futuro incierto y a aprender lo importante que es sonreír a la vida que tan efímera es. Repito que de esta saldremos juntos, ayudándonos unos a otros y espero que cada uno aprenda la lección que le corresponde. Quizás podamos mejorar como personas, como sociedad y recuperar algunos valores… Quien sabe… Por mi parte, seguiré confinada en mi casa, ayudando a quién lo necesite dentro de mis posibilidades porque hoy más que nunca me acuerdo de que cómo nació: “Aún tengo la vida”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

LO QUE NOS ATA A LA VIDA

Cada día que pasa es un día menos que nos queda para dejar atrás los besos y abrazos virtuales, las largas conversaciones telefónicas y recuperar esa “normalidad” que tanto añoramos. Son tiempos difíciles y toda ayuda es buena. Por eso, Javier Urra nos guía con sus palabras en este confinamiento que no está siendo fácil para muchos. Pasen y lean al experto.

LO QUE NOS ATA A LA VIDA

Es la esperanza.

En tiempos de devastación, percibimos la soledad, la angustia, sabiendo solo que lo peor está por llegar. Lo preocupante no es convivir confinados, sino sentirnos víctimas potenciales, asumir la indefensión, la impotencia. Nos acongoja el intuir reacciones imprevisibles abocadas por la incertidumbre, apreciar que el creíamos sólido organigrama social se tambalea, sentirnos atrapados por el miedo de debacle económica. Vivíamos de espaldas a la muerte, ahora pendientes de ella. Precisamos utilizar la razón, pero nos embarga la emoción.

Nunca se está preparado para lo imprevisible. Entendamos, asumamos, nuestra fragilidad emocional y la de los conciudadanos que son nuestros vecinos y todos los que habitan este nuestro único mundo. Combatir lo que no se ve genera impotencia, escuchar que no contamos con medios suficientes para combatir la pandemia mina la credibilidad en las instituciones y quienes las dirigen. Estar recluidos en casa aun sabiendo que es lo que hay que hacer, resulta incapacitante. No saber si ya estamos infectados nos anonada. Anticipar que si caemos enfermos la ayuda exterior viene desde la distancia, la mascarilla, las gafas, nos hunde en la peor de las pesadillas. El sufrimiento se acrecienta cuando no se puede visitar a seres queridos, algunos en residencias, o enterrar a quienes amamos, sin poder compartir el duelo. Es entendible que nos rodeen los pensamientos catastrofistas, que en nuestro callado silencio interior entremos en pánico. En tiempos de crisis, precisamos liderazgo, ideas, criterios, disciplina, una correcta operatividad de gestión de la comunicación.

IMG_0229

Javier Urra

Ahora que somos conscientes, sabemos que precisamos del apoyo mutuo, que en lo posible hemos de manejar la ansiedad, racionar la dosis informativa, que nuestros pensamientos y emociones no giren constantemente en torno a la negatividad y el dramatismo, que no aireemos de forma reiterada miedos e inseguridades. Vamos a pasar por las distintas fases del duelo: Negación. Ira/rabia. Tristeza. Aceptación. Sabemos y esta es la buena noticia, que este es un período transitorio, en el que hemos de ser prudentes y no tomar decisiones definitivas. En el que hemos de mantener la comunicación fluida, la conexión emocional. En lo posible, reservemos espacios y momentos de intimidad, al tiempo, estemos atentos a las necesidades del otro. Habrá roces y conflictos, no personalicemos las recriminaciones, interpretémoslos como circunstanciales, fruto de la tensión. No busquemos culpables; no nos creamos en posesión de la verdad; no se sienta la víctima; no humille; no exija; no sea negativo; no transmita desesperanza; no se autoinculpe; no ejerza agresividad pasiva; no utilice el sarcasmo, ni el contraataque; no eleve el tono; no etiquete; no falte al respeto; no deje enquistarse los problemas; no traslade tensión. Que de la frustración no demos paso a la agresividad, a la violencia. Démonos tiempo para la soledad, la escucha, el silencio, mimemos la comunicación verbal y gestual.Mantengamos los horarios, los objetivos diarios, y al tiempo seamos imaginativos, para hacer cosas que nunca hemos hecho.

Es hora para ser generosos, y deseamos serlo a título individual, pero cada Nación cierra sus fronteras, cada Comunidad Autónoma reclama lo que cree suyo. Somos una especie vulnerable, pero que sobrevive desde la cooperación, la investigación.

Precisamos valentía, talento, compromiso, optimismo y esperanza. La Psicología nos enseña que somos adaptables, flexibles, resilientes, que afrontamos las crisis, las pérdidas, los sufrimientos mucho mejor de lo que anticipamos. Hay familias, hay personas que lo van a pasar mucho peor, enfermos mentales, dependientes, adictos, víctimas de violencia de género, de violencia filio- parental. Y muchas otras más, quien padece hiperactividad, quien está afectado de graves minusvalías. El resto debemos relativizar nuestras incomodidades. La crisis, ansiedad, angustia, incertidumbre, exige evitar conflictos, ampliar la empatía. Y cuidar de los detalles como vestirnos de calle, aun hasta para estar en el hogar, diferenciar días laborales y festivos. Realizar ejercicio físico, aprovechar el tiempo realizando tareas pendientes.

Sí resistiré, resistiremos, nos comunicaremos de todas las formas posibles, desde luego online. Hay que hacer, pero sobre todo, hay que centrarse en el ser, y en el estar. Sabiendo que no estoy solo, que soy solo, que estamos solos, pero unidos para intentar sobrevivir. Somos vulnerables, individual y colectivamente, lo estamos comprobando. Viviremos sabiendo que vamos a morir y que en cualquier momento podemos amanecer sobresaltados.

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Psicólogo Forense

Académico de Número de la Academia de Psicología de España