POCO A POCO

Se empieza a ver un poquito de luz al final del túnel. Es apenas un puntito pero algo es algo y los que somos optimistas nos aferramos a ello. La vacunación sigue su curso y aunque todavía somos muchos los que estamos esperando ese pinchazo, cada vez conocemos a más personas que están inmunizadas o que están en proceso. Sin duda, las buenas noticias son para celebrarlas, siempre respetando las medidas de seguridad porque estar vacunado no supone bajar la guardia ante el virus, el cual, ha demostrado que se aprovecha siempre de los momentos en los que nos confiamos. 

En el calendario, muchos tienen marcada la Semana Santa pero la realidad nos demuestra que tenemos que ir día a día. De hecho, ya se ha renunciado a las Fallas de Valencia, a la Magdalena de Castellón e incluso a la propia Semana Santa. Muchos pasos no saldrán a la calle para el disgusto de sus fieles pero el sentido común pone en valor la salud de todos. Por eso, seamos conscientes de que la situación que tenemos no nos permite todavía volver a la “antigua normalidad”. Una normalidad que echamos, cada día, más de menos porque la fatiga ya nos está pasando factura, sin embargo, el esfuerzo tendrá su recompensa. Además, ahora el tiempo está a nuestro favor porque vamos ganando luz a los días. El invierno está llegando a su fin y el sol, nos guste o no, nos llena de vida y de energía. Prueba de ello es que el pasado fin de semana, las calles y las terrazas de Madrid estaban llenas de gente, al igual que los parques. Éstos, de hecho, están recién abiertos. No hay ninguna duda de que tenemos muchas ganas de estar al aire libre y disfrutar a pesar de la pandemia, pero insisto, no hay que despistarse. Esos pequeños placeres, ahora que la curva está más doblegada, nos llenan de ilusión, de vida y sobre todo, de esperanza de que el final está más cerca. Ojalá no volvamos a cometer los errores del pasado ya que de poco habrán servido todos los esfuerzos que hemos hecho hasta ahora y, sobre todo, habremos renunciado a muchas cosas, incluidas las fiestas, para nada. Volver a la casilla de salida no es agradable. Además, no podemos olvidarnos de quienes han perdido la vida desde que llegara el coronavirus. Hemos superado una ola tras otra y en nuestras manos está frenar la cuarta. Ya se habla de ella y la Semana Santa va a tener mucho que ver. 

Precisamente, muchas cosas que ver nos quedan a todos en esta vida. Nuestros planes se frustraron de repente. Dejamos de hacer, incluso, nuestra rutina y un año después nos siguen faltando, por ejemplo las muestras de cariño a nuestros seres queridos. Tenemos muchos propósitos en la cabeza para cuando la situación se normalice y, por supuesto, hay demasiados sueños por cumplir tras la pandemia. En nuestra mano está que el punto final llegue más pronto que tarde. Quizás la Semana Santa este año sea un período de transición hacia un verano con más estabilidad. Hagamos que sea posible. Seamos responsables y así podremos disfrutar, con precaución, de la estación estival sin tantos peros en nuestro entorno. 

La ciencia está de nuestro lado y las vacunas van sumando inmunizados. Cada día que pasa es un día menos. Yo quiero seguir restando días para recuperar mi normalidad, por eso, imploro al sentido común de todos para que esto sea posible. Llevamos mucho tiempo conviviendo duramente con el virus. Ahora hay que aprovechar todo lo que hemos logrado. De momento, me conformo con abrazar y besar a los míos, pero tengo ganas de ver las calles llenas de caras con una sonrisa. Una sonrisa que dirá, sin duda, la pandemia ya pasó.

Jimena Bañuelos

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LUCES

Estrenamos el último mes del año. Un año difícil, duro y que, afortunadamente, tiene los días contados. Diciembre nos trae las fiestas más familiares y con ellas la incertidumbre de saber si podremos reunirnos con nuestros seres queridos. Todavía estamos afrontando la pandemia y, a pesar de las circunstancias, no es momento de bajar la guardia. Es cierto que en algunas ciudades de España las cifras de contagios están dando una tregua, pero aún así no hay que relajarse. Estamos pendientes de las medidas que se van a adoptar, pero quienes derrochan espíritu de Navidad harán todo lo posible para juntarse con los suyos. Eso entraña riesgos y lo peor sería que enero viniera no solo con su famosa cuesta sino con una tercera ola. Eso es mejor ni pensarlo porque también el 2021 nos traerá la vacuna, según dicen.

De momento, vivamos en el presente y disfrutemos de una Navidad marcada por el coronavirus pero, en definitiva, una Navidad. Las luces ya están encendidas y a juzgar por cómo estaban las calles el pasado fin de semana, los ciudadanos anhelamos el pasado. Será de las pocas veces que haya que tirar de recuerdos para desear que todo vuelva a ser como antes. Madrid, no solo presume de sus datos, sino que además su gente ha vuelto a llenar las calles. En la Gran Vía era difícil mantener la distancia de seguridad, pero las mascarillas estaban garantizadas. Los selfies y las fotos con la iluminación eran casi obligatorias, porque la ilusión de ver los árboles o la gigantesca bola te hacen olvidar, aunque solo sea por un momento, la cruda realidad que este año nos ha dejado. Nos guste o no la Navidad hay que celebrarla ya que la pandemia nos ha arrebatado demasiadas cosas. Obviamente habrá que adaptarla, pero me niego a renunciar a ella. 

En treinta días, a golpe de campanada diremos adiós a este horrible año. Es cierto que ha sido devastador, que nos ha borrado la sonrisa en algún momento pero no podemos doblegarnos a él. Hemos sido fuertes durante muchos meses, nos hemos adaptado, en la medida de lo posible, a todo lo que nos han pedido, pero estamos en la recta final y ya se habla de la vacuna. Una vacuna que en el mes de marzo parecía inalcanzable. El tiempo pasa. Las circunstancias parece que lo han ralentizado, pero diciembre ya está aquí. La última hoja del calendario es la que muchos queremos quitar. Paseaba el otro día por la Puerta del Sol y no pude no pensar en el Año Nuevo. Afortunadamente, la gente a la quiero tiene salud y con eso me conformo. Sé que sin ella pocas cosas se pueden hacer, por eso, este año aunque sea por videollamada abrazaré a los míos.

La cuenta atrás ha comenzado, las luces dan el pistoletazo con el que empieza a palparse el ambiente navideño. El sorteo del día 22 es el anuncio de que estamos en Navidad. Ya queda menos y, aunque entiendo que no a todos os pueden agradar las fiestas navideñas, de lo que estoy más que convencida es que la luz que no se puede apagar es la de la esperanza. Su verde tiene que iluminarnos a todos porque es el motor para salir de esta pesadilla. Ahora más que nunca, verde que te quiero verde.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DECIDIR

En la vida hay que tomar decisiones. Unas veces se acierta y otras veces se aprende del error. Esto es así. Estamos rodeados de incertidumbres y la capacidad para tomar esas decisiones depende, entre otras cosas, de valorar los pros y los contras de éstas. Es cierto, que desde que comenzara la pandemia cada persona se ha tenido que amoldar a ella. Hay quien lo lleva mejor y hay quien no ve un final en esta cuesta arriba. Es complicado mantener el ánimo cuando tu entorno es duro, pero estoy convencida de que los españoles todavía tenemos fuerza para salir adelante. Se avecinan, por lo que dicen, unos meses complicados, pero tenemos que ser conscientes de todo lo que ya hemos superado. Ahora bien, lo que no ayuda siempre estorba y dado que el camino a la cima esta siendo difícil no hay necesidad de ponernos trabas. Está claro que lo que prima es la salud y así debe de ser, pero es vergonzoso ver el enfrentamiento político que hay en estos momentos. 

Sin duda, el hartazgo con la clase política también se palpa en el ambiente. El poder es lo que tiene, pero es injustificable estar todos los días escuchando reproches de unos contra otros mientras el virus sigue contagiando. Es obvio que hay que tomar medidas, pero éstas tienen que ser fruto, en este caso, de un consenso. Los números no suelen mentir, es más, son las personas las que los utilizan a su conveniencia. Lo triste es que esa es la base en la que se deben cimentar las medidas a tomar. No hay duda de que es un problema sanitario, pero no hay que olvidar que también lo es económico. Y las consecuencias de esto último pueden ser muy graves. De momento, la realidad nos muestra su cara más dura. Esperemos que pronto veamos una luz al final del túnel, porque todo lo que está sucediendo en este año va a dejar consecuencias que solo el tiempo nos ayudará a superar.

Precisamente el tiempo parece que transcurre más despacio cuando la situación no es favorable. Añoramos lo que antes ni valorábamos y ahora soñamos con esos momentos cotidianos que considerábamos pura rutina. Muchos ya piensan en la Navidad. No sé si es para evadirse del presente, pero algo me dice que de aquí a diciembre no se pueden hacer planes. Quizás si todos cumplimos con las recomendaciones y los políticos hacen bien sus deberes, algo que dudo, podamos llegar a las fiestas navideñas sin tantas restricciones. Pensar en las celebraciones en estos momentos es más que un sueño, ahora bien, tengo claro que anhelo que llegue Nochevieja para dejar atrás este año.

Un año que tiene más sombras que luces porque el virus lo ha oscurecido todo. La esperanza es lo último que se pierde, aferrémonos a ella y confiemos en la ciencia. Los científicos son los que investigan contrarreloj para dar con la vacuna. Hasta que ésta llegue toda precaución es poca. No hay duda de que hay que cuidarse y utilizar más el sentido común. Sería una buena decisión. Lo de la lucha política mejor lo dejamos para otro día, porque es un tema agotador. En estos momentos, mi mente utiliza todas sus fuerzas para afrontar el presente y sus reveses. Ya habrá tiempo para reflexionar sobre quién se lleva mi voto en las urnas… 

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Escribiendo…

La vida es ese gran libro que vamos llenando de historias. Anoche, como colchonera, cerré el capítulo de la Champions de este año. Su final se veía venir y llegó. La eliminación ya está escrita, pero de las buenas historias siempre se saca una lección. Las personas necesitan una oportunidad para demostrar lo que valen. Chicharito la tuvo y demostró su potencial. Decía el escritor polaco, Stanislaw Lem que “un sueño solo puede triunfar sobre la realidad si se le da la oportunidad”. Muchos, en su día a día sueñan pero es, precisamente, en esa realidad donde nadie les tiende una mano. Probablemente recibirán palabras deescribir ánimo, las cuales siempre son fáciles de decir, pero con el paso del tiempo las palabras al igual que el ánimo comienzan a perder valor. Las esperas son duras. Ya se sabe que el que espera desespera…Pero, ojo, porque la esperanza es lo último que se pierde…Quizás el día menos pensado la oportunidad llama a la puerta de quienes la necesitamos.

Si bien es cierto, el libro de mi vida tiene dos tomos. La oportunidad más grande me la dio la vida hace nueve años. Me apartó del Periodismo que es lo que más me gusta y fue duro, pero me enseñó muchas cosas. Ese coraje y corazón del que tanto se ha hablado estos días entre los colchoneros, en mi caso, va más allá. Es la actitud con la que hay que afrontar cada día. Además de buscar esa anhelada oportunidad hay que estar preparado para encajar los imprevistos de la vida. Porque cuanto más precisos creemos que son nuestros planes más duro es el golpe que nos da el destino.

Un destino que está escrito y que poco a poco vamos conociendo. Ya dijo Cervantes: “Lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir”. Mientras tanto seguimos escribiendo nuestra historia. Está claro que no nos darán un Premio Cervantes como el que hoy recibe Juan Goytisolo pero a lo largo de la vida recibimos muchos otros premios de un valor incalculable que llegan como las oportunidades, cuando menos las esperas.

Y sin caer en el pesimismo porque la actitud es fundamental, vuelvo a recordar a nuestro escritor más célebre. Me vienen a la mente estas palabras: “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Con seguridad pero sin orgullo

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El dato del paro tan temido por algunos y tan real para otros, es algo más que unos números. En esas cifras hay unas vidas reales. Unos sueños e ilusiones pendientes de cumplir. No me presento aquí para contar mis méritos, que también los tengo; sino para ver todo desde otro punto de vista.

Llevaba muchos años esperando volver a vivir el ambiente de una redacción, soy periodista de vocación y nada me puede hacer más ilusión que ejercerla. Pues bien, dicen que la esperanza es lo último que se pierde y cuando ya dudaba, incluso, de mi misma, me llamaron para una suplencia de verano. Nunca olvidaré la llamada de Antena 3. Esos meses no han sido sólo dos meses de periodismo, han sido dos meses que me han vuelto a dar la energía suficiente para poder seguir luchando por mi futuro. Un futuro, en el que yo tome las riendas de mi vida.

Soy optimista, si. Cuando tenía veintiún años una leucemia me cambió la vida por completo. Tenía trabajo, amigos y los “supuestos mejores años de vida por delante”, pero la vida cambia y desde entonces he luchado por volver a tener salud y, ahora, no me rendiré hasta encontrar un trabajo.

Acabé mi carrera en la habitación de un hospital. Mi mente estaba ocupada entre preparar el trabajo fin de carrera sobre Ortega y Gasset y la incertidumbre del trasplante de médula que me esperaba. No me rendí entonces y no lo haré ahora. Lo decía Ortega: “Yo soy yo y mi circunstancia”.

Yo sigo siendo la misma pero con un máster en la vida. Mi circunstancia ahora es otra. Al igual que todos, convivo con una crisis de la que nos gustaría ver ya su final…pero si no puedes con tu enemigo, únete a él. Yo al menos, vivo con ella. De poco me sirve criticar y enfadarme con el mundo mundial por lo que me está pasando. Lo único que conseguiría es generarme una ansiedad y un malestar que no me beneficiarían en nada. Así que es mejor sacar de lo malo lo mejor. O, al menos, esa fue mi premisa durante la enfermedad y me fue bien.

Cada día que pasa no es un día más que estoy sin trabajo, es un día menos para encontrar una oportunidad. Si que es verdad que hay días y días. Días buenos y días malos pero nunca he perdido la esperanza.

Siempre he aprovechado el tiempo. Mientras recuperaba fuerzas aprendí cinco idiomas y, es cierto, que he pensado en marcharme de España…pero ¡cuidado! Las cosas no son tan fáciles. Irte es una aventura y como toda aventura que se precie, tiene sus pros y sus contras. Lo que hay que tener claro es que el inmigrante eres tú. Un concepto que hay que asumir desde que se pone el pie en el aeropuerto de llegada. Y lo sé por experiencia. He vivido en Francia, Alemania y Estados Unidos. Los países te reciben, sí, pero el que tiene que trabajar duro para encontrar una oportunidad eres tú. Dejar al lado el orgullo y tirar para delante. Los comienzos nunca son fáciles…

Puedes tener la suerte de haber estudiado una o dos carreras, de haber hecho el máster que te apetecía y verte en una situación en la que jamás te hubieras imaginado pero de poco sirve quejarse. Ya lo dijo el filósofo alemán Nietzsche: “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”. Yo el porqué lo tengo claro y buscaré solución a esos cómos. Nadie dijo que la vida fuera fácil.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)