CON OPTIMISMO Y ESPERANZA

Mi columna para El Valle de México

“Ya no me voy, me quedo” es lo que canta Aitana en uno de sus temas, y eso es, precisamente, lo que anunció Messi después de la “bomba” que soltó hace unos días. Muchos veían al argentino con un pie fuera y comenzaron a vivir su peor pesadilla, en cambio, otros asumieron la decisión como un órdago a la directiva del club. Los ocho goles que recibieron en la Champions pasaron factura y la llegada del nuevo entrenador puso punto final a una etapa con más sombras que luces. Ahora con Messi a las órdenes de Koeman veremos que pasa. Esto no ha hecho más que empezar…

También acaba de empezar la llegada de los niños a los colegios. Desde luego un asunto con más importancia que la no salida de Messi. Las decisiones vinculadas al coronavirus son de una trascendencia vital. Con la salud no se juega y no se pueden repetir los errores del pasado. Es lógico que la incertidumbre reine en el ambiente, pero a estas alturas ya deberíamos estar más que acostumbrados a vivir con ella. No es fácil, y más para quienes les gusta tener todo planificado, pero la vida no entiende de guiones y ahora más que nunca, éstos se escriben día a día. Obviamente, será día a día cuando veamos si los protocolos escolares son viables o no. La teoría es muy fácil de escribir, pero la práctica son palabras mayores. Superaremos este reto al igual que hemos superado todos los cambios que el coronavirus ha provocado en nuestras vidas.

Asumir que nada es como antes cuesta mucho porque cada vez se echan más de menos los abrazos, los besos y las muestras de cariño. Las mascarillas esconden muchas sonrisas cargadas de alegría. Ésa que la Covid-19 intenta borrar de nuestras vidas. Seguimos restando días a la llegada de la vacuna. Ya se barajan fechas para incentivar el optimismo y aunque seguro no hay nada, la esperanza es lo último que se pierde. Afortunadamente la ciencia ha avanzado y los investigadores están trabajando arduamente para dar con ese pinchazo que nos inmunice ante un virus cargado de demasiadas incógnitas.

Desconocemos muchos aspectos. Hasta la cifras que salen día a día son cuestionadas. Los datos oficiales no son creíbles. En España ya hemos superado el medio millón de infectados y el objetivo es frenar los contagios. Insisto en la necesidad de cumplir con las normas para que, cuanto antes, podamos volver a celebrar todas las fiestas aplazadas. No será por falta de ganas. México vive en septiembre su mes más patrio, a pesar de las circunstancias y con las medidas oportunas puedo permitirme brindar con un buen tequila por todos ustedes y por El Valle que cumple treinta años. El 2020 es especial, pero el coronavirus no lo puede eclipsar todo. En “petit comité” todo es posible, y al año que viene, quizás, podamos gritar a voz en grito que lo hemos superado. Queda mucho tiempo pero es el tiempo el que da respuestas. Hasta entonces no nos olvidemos de vivir.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CONTANDO HASTA OCHO

Mi columna para El Valle de México

Sin ocio nocturno, sin fumar y sin ningún equipo en la Champions. Todo esto en poco más de cuarenta y ocho horas. La situación de la pandemia en España es preocupante y las primeras medidas eran casi un clamor a pesar de que no han gustado a todo el mundo. La salud es prioritaria y frenar los rebrotes es vital para evitar un colapso sanitario de cara al mes de septiembre. Ojalá apliquemos el sentido común y entre todos consigamos frenar las cifras que empiezan a despuntar. En nuestra mano está conseguirlo con mascarilla, distancia de seguridad y lavado de manos. Es una carrera de fondo que conseguiremos ganar si entre todos nos apoyamos. No olvidemos que la unión hace la fuerza.

Fuertes, precisamente, no han estado los equipos españoles en esta Champions League. Los ojos estaban puestos en el Atlético de Madrid y en el Barcelona. No puedo negar que me decepcionó ver caer a los míos. Los de Simeone no jugaron bien y así no se puede ser el mejor equipo de Europa. Eso sí, a pesar de la derrota estoy orgullosa de mis colores. Pienso que será mejor ganar “la Orejona” un año que podamos ir a Neptuno a celebrarlo. La Copa se merece una gran celebración y el coronavirus este año no nos lo iba a permitir. No obstante, espero que de cara a la próxima temporada los de Simeone analicen los errores del pasado para no repetirlos. La afición espera lo mejor de los suyos porque ésta siempre está dispuesta a darlo todo por su equipo. Aún así hay que reconocer que el Atleti ha sido el mejor equipo español en esta Liga de Campeones.

Una Liga de Campeones que será difícil de olvidar para los culés. En su historia ya está escrita la humillación que vivieron en el Estadio de La Luz. Aunque intenten pasar página cuanto antes, ya se encargarán los madridistas de recordárselo. Ocho goles son muchos goles para los que creían ser el mejor equipo del mundo. La vida pone a cada uno en su sitio y en este caso, el fútbol les ha dado una lección de humildad más que necesaria. Confieso que disfruté de cada gol del Bayern porque éste siempre ha sido mi segundo equipo. Müller fue el primero en sacarme una sonrisa, pero estaba convencida de que iban a venir muchas más. Es de justicia hablar de los resultados que los de Flick han cosechado en esta Champions. Son una máquina bien engrasada. Son un equipo y eso es fundamental. Depender de un jugador aunque sea, para muchos, el mejor del mundo no es bueno. Eso sí, también puede presumir en su palmarés de capitanear la mayor debacle de los azulgranas en su historia por Europa. Si Griezmann se fue del Atleti para ganar títulos, entre ellos una Copa de Europa, se equivocó de destino, de eso, no hay duda… Menos mal que cuando se toca fondo, ya solo se puede mejorar…

Mejor no pudo ser el catorce de agosto de este año. Disfruté viendo ganar a los bávaros. Me acordé de mi estancia por Alemania. Canté los ocho goles con una gran satisfacción. Los celebré comiéndome un excelente helado. Por eso, no quiero terminar sin hacer una sugerencia a la marca Frigo, protagonista de la polémica de la semana, por eliminar el español de su catálogo en Cataluña dejando en cambio el alemán. La presión ha hecho que reculen pero hasta que no lo vea… En fin, quizás puedan crear unos heladitos individuales con forma de palabras. Se me ocurren: Eins, Zwei, Drei, Vier, Fünf, Sechs, Sieben, Acht…Creo que la ración idónea son ocho… A nadie amarga un dulce…

Jimena Bañuelos

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DE CELEBRACIÓN

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Mi columna para El Valle de México

No volver para atrás. Ésta es la premisa fundamental para afrontar la nueva normalidad con las precauciones necesarias. Cada día las cifras nos indican que los brotes están aumentando y los contagios también. Es trabajo de todos ser conscientes de la situación en la que nos encontramos. Puede que el verano y las vacaciones nos los estemos tomando como un paréntesis después de todo lo que hemos vivido, pero esto no implica que haya que bajar la guardia. La mascarilla, poco a poco, se ha impuesto por mandato, algo que se veía venir. Sin duda, es la consecuencia de la falta de sentido común y responsabilidad de muchos. Decía Napoleón que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común”, y si queremos frenar a la Covid-19 mientras esperamos la vacuna, ya sabemos lo que tenemos que hacer. No es tan difícil lo que nos piden.

Si hablamos de triunfar, hay que felicitar a los madridistas porque esta Liga tan atípica ya está en su palmarés. Me alegro por mis amigos merengues, pero no dedicaré más espacio a este hecho. Lo único que hay que resaltar es la “no celebración”, ya podían aprender otras aficiones de este ejemplo… Es de justicia reconocer que los blancos dieron una lección de civismo dejando plantada a la Cibeles. Una imagen que pasará a la historia por muchos motivos. No obstante, seguro que más de uno lo festejó en su casa. Eso es lo que hay que hacer en los tiempos que corren. La verdad es que cualquier buena noticia hay que celebrarla, porque este año nos está dejando unos recuerdos muy agridulces.

Finalizada ya la Liga, ahora la vista está puesta en la Champions. Cada partido es una final y ser el mejor equipo de Europa no va a ser tarea fácil. Menos mal que por ser colchonera de corazón llevo escrito a fuego: “Nunca dejes de creer”. De ahí que vea la posibilidad de que el veintitrés de agosto la copa sea rojiblanca. Si esto es así, la celebración en mi casa está garantizada. Ya tengo ganas de volver a oír el himno de la Champions. De momento, y por ser el día que es, me he levantado escuchando “Las Mañanitas”. Hace años soplé las velas en México y desde entonces, además del típico “Cumpleaños Feliz” siempre se cumple con la costumbre que me traje del otro lado del Atlántico. Es cierto que no siempre están bien entonadas, pero la intención es lo que cuenta. Pondré una vela más en la tarta, a ser posible de chocolate, y este año, el calendario ha querido que comparta con El Valle este día tan especial. Brindaré, si es preciso con tequila, por la salud. Apagaré las velas pidiendo los deseos tal y como marca la tradición. Eso sí, por delante, seguro que me espera un año cargado de sueños por cumplir y experiencias por vivir. Los años son solo una cifra, lo importante es la forma en la que los vivimos. Por eso, seamos positivos y pensemos que la situación va a mejorar. Ya queda menos para tener una vacuna que nos proteja del coronavirus y mientras tanto, con la prudencia correspondiente, disfrutemos del día a día. A mí hoy me toca comenzar un nuevo capítulo en mi vida, será el número taitantos y dado que hemos hablado de música lo inauguro con una cita de Beethoven: “Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”. Y dicho esto. Me pongo “manos a la obra”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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HOMENAJE EN ROJO Y BLANCO

Es evidente que todo está siendo muy diferente desde que decayera el estado de alarma. La nueva normalidad ha traído consigo una sensación de incertidumbre que demuestra que el coronavirus sigue con nosotros. Aún así, es bueno ver como el antiguo Palacio de Deportes de Madrid abrió sus puertas de la mano de Loquillo. Menos aforo pero más ganas que nunca de recuperar los conciertos en este espacio tan emblemático. Poco a poco, y adaptándose a las circunstancias la música vuelve a sonar en directo. También, por ejemplo, el Teatro Real retomó su actividad con la Traviata de Verdi. Donde este año no habrá cánticos será en Pamplona. Un 7 de julio de lo más atípico. Es el día grande de unas fiestas que traspasan fronteras y que el coronavirus ha silenciado. Este año el capote de San Fermín será para torear al bicho que tantos estragos nos está dejando. Al santo, sin dudarlo, hay que pedirle salud y sobre todo, que nos ayude en esta realidad que estamos viviendo frenando los rebrotes que pueden ser tan peligrosos.

Pamplona no se viste de rojo y blanco, y en la ribera del Manzanares ya no queda nada del que fue el fortín colchonero durante muchos años. La última tribuna del Vicente Calderón fue derribada el pasado viernes. El territorio indio ya es una explanada cargada de muchos sentimientos y emociones de una afición que lo ha dado todo en el Paseo de los Melancólicos. Melancolía es lo que nos queda a los rojiblancos. Dentro de ese campo muchos hemos crecido. Además, nos hemos reído, nos hemos emocionado, hemos gritado, hemos saltado, hemos llorado, hemos cantado, por supuesto, hemos sufrido… En definitiva hemos vivido unos años de experiencias difíciles de olvidar. El Calderón ya es historia y despedirse de él no fue fácil, como tampoco lo es ver el solar lleno de escombros. Me acuerdo perfectamente del último partido que vi allí. Me acompañaba mi padre y gritamos varias veces la palabra gol. Fueron noventa minutos muy especiales. Noventa minutos irrepetibles porque sabíamos que la próxima vez que cantáramos nuestro himno el escenario iba a ser otro. Cuando cambias de casa los comienzos cuestan, además también nos cambiaron el escudo y tanto cambio junto fue un coctel explosivo de sentimientos. Reconozco que el Metropolitano me gustó pero fue complicado evitar las comparaciones. El Calderón siempre será el Calderón.

IMG_0065Habrá quien no entienda el porqué de esta melancolía, pero los que tenemos el corazón rojiblanco sabemos de lo que hablamos. Ser del Atleti es algo inexplicable, porque es una forma de ser, una forma de vivir y una familia unida por un sentimiento sin igual que está con los suyos en las buenas y en las malas. No puedo obviar a quien me hizo ser del Atleti porque además también, siendo yo una niña, me animaba a levantarme con él a ver los encierros de San Fermín. Precisamente, en estos días, de hace muchos años, mi abuelo se marchó, pero sé que desde donde esté sigue transmitiendo esa ilusión que derrochaba por la vida. Sin duda, llevo años echándole de menos, pero estoy agradecida de haber podido compartir con él toda mi niñez. Él me enseñó muchos valores y tengo grandes recuerdos. De hecho, aunque el tiempo haya pasado, sigo cumpliendo con las tradiciones. Este año tan atípico se respira mucha nostalgia.

Por eso, me vais a permitir que acabe dirigiéndome a mi abuelo, y le aclare que a pesar de la “nueva normalidad” al Atleti no le quito ojo aunque éste me quite el sueño y aunque no haya encierros este año ya he cantado al santo. En mi vida, desde que era una niña, siempre ha prevalecido el rojo y el blanco. Gracias abuelo por usar esos colores. Estoy eternamente agradecida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13739/homenaje-en-rojo-y-blanco

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Mi columna para El Valle de México

EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS: DÍAS, RECUERDOS E IMAGINACIÓN

Día a día han pasado ya más de treinta desde que me confiné en mi casa. La situación fuera no es fácil y dentro, a veces, tampoco. La mente es nuestra mayor aliada pero no siempre está dispuesta a remar en la misma dirección. Los pensamientos se amontonan. Los buenos recuerdos nos sacan una sonrisa, nos dan ese matiz que alegra la cuarentena, pero cuando éstos no son tan buenos los días se ponen muy cuesta arriba. Si ya estamos en una carrera de fondo en la que necesitamos mucha energía para resistir a la tempestad, para qué vamos a ponernos más obstáculos. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero tengo claro que no voy a ceder a ese letargo al que la monotonía del día a día me quiere llevar. Me niego a sentir que vivo en el día de la marmota. Ser fuerte desde mi casa es mi mejor opción. Disfrutar del tiempo es mi mayor motivación. Es cierto que los recursos se pueden agotar, pero ahí está la mente para pensar en cómo hacer que cada día sea diferente. Unos hablaré más por teléfono, otros me dedicaré a leer, escribir, ver series… Eso es lo típico pero hay más opciones.

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En el paseo de El Espolón (Burgos)

De momento, no me ha dado por la repostería pero tentada he estado. Al menos tengo los ingredientes necesarios para ponerme manos a la obra. Quién sabe si llegará el día en el que me pringue de harina y me ilusione con mancharme la nariz con ella como cuando era una niña. La verdad es que este confinamiento me está enseñando al “Masterchef” que llevo dentro y el cual desconocía. He aprendido que todo es posible, aunque seamos sinceros, y dado que la Semana Santa ha pasado, lo de hacer torrijas me ha dado vértigo. Mi abuela tiene el listón demasiado alto. Quizás dentro de un año y con la técnica mejorada entre fogones debute con ellas.

Nunca pensé que mi saco de boxeo iba a hacerme tanta compañía. Cuando lo veo me trae grandes recuerdos de mi México querido. Allí dejé a grandes personas con las que viví grandes experiencias. Y ahora, mientras frenamos al Covid-19 cada vez que hablo con una de ellas viajo a ese país maravilloso con la imaginación, porque ésta no tiene límites. Gracias a ella pienso en la playa, escucho el mar, paseo por El Espolón de mi querido Burgos… visualizo todos esos lugares en los que he ido escribiendo los capítulos del libro de mi vida. Este confinamiento será uno más. Estará lleno de momentos difíciles, de anécdotas curiosas, pero enriquecedor a su vez. Aprendí hace catorce años que las pequeñas cosas tienen un gran valor y esta situación ha reafirmado aquella lección. Posiblemente, cuando esto pase habrá cambios en nuestras rutinas, pero hay algo que tengo claro; la vida no se planifica, la vida se vive porque en un segundo todo puede cambiar. Por eso, y dado que la incertidumbre del final de todo esto no está marcada en el calendario, pienso cuando volveré a salir a la calle, cuando me tomaré los cafés pendientes con mis amigos, cuando volveré a ir a un concierto o al cine, cuando viajaré a ver a mi familia… Cuando, cuando, cuando… Eso sí, la vida trae cambios, pero las cosas verdaderamente importantes siempre prevalecen.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

REENCUENTROS

“No hay mal que por bien no venga” dice el refranero español. Todavía no había superado la eliminación del Atlético de Madrid de la Copa del Rey cuando, de repente, el móvil se iluminó dejándome un mensaje de lo más inesperado. La vida es caprichosa y cuando menos te lo esperas sabe cómo sacarte una sonrisa. El fútbol da alegrías, decepciones, disgustos, momentos únicos y grandes amigos. Precisamente, no estaba en mis planes encontrarme en Madrid a una persona a la que hacía años que no veía, pero a la que puedo etiquetar como “amigo de verdad”. Fue en México donde nos conocimos, él sabe mucho de fútbol y, dadas las circunstancias, fue con él con quien valoré la situación de mi Atleti, con quien recordé a mi México lindo y querido, y con quién disfruté de un café cargado de sueños e ilusiones. Él es Hernan Cristante.

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Con Hernan Cristante en Madrid

Pues bien, “platicando” un español muy mexicanizado, asumimos que sin goles es difícil ganar en el deporte rey. Hernan se dedicó muchos años a proteger la portería y sabe lo importante que está siendo Oblak en esta temporada. Sólo hay que ver en cuántos partidos ha sido protagonista el esloveno. Que el Atleti está en crisis es obvio, esperemos que la sequía de goles acabe pronto y los refuerzos no tarden en llegar. Simeone no duda nunca en asumir su cumpla, pero no toda es de él. En eso coincido con Hernan. El trabajo en el terreno de juego no siempre es el que la afición quiere ver, pero aún así, la suerte también se podía vestir de rojiblanca… Los colchoneros quieren, además de sufrir, ver como su Atleti no da tregua a sus rivales. Tras la derrota en la Copa, se inauguró en el Metropolitano la segunda vuelta de la Liga. Se median al colista, el Leganés de Aguirre. El mexicano se reencontró con la que había sido su afición y ésta no dudó en saludarlo. ¡Cuántos momentos nos dio Aguirre! … ¡Qué recuerdos! Era un buen partido para encontrarse con el gol, algo que no sucedió. El marcador, de hecho, ni se movió y sumando un punto no se llega muy lejos. El Atleti es el rey de los empates y este año no ha empezado con buen pie que digamos…

Pero los colchoneros de corazón, los que tenemos ese sentimiento especial, los que conocemos cómo es nuestro equipo sabemos que todo puede pasar. Aprendimos de Simeone a vivir la pasión “partido a partido”, a “nunca dejar de creer” y, con eso, y con el coraje y corazón por bandera nos mediremos el próximo sábado al eterno rival. Hay que ir al Santiago Bernabéu dejando atrás el pasado. Siendo conscientes de que es el mejor escenario para reencontrarse con el gol. La afición quiere gritar esa palabra a los cuatro vientos y hacerlo en Concha Espina sería la mejor manera de recargar la euforia colchonera y compensar esta mala racha. Obviamente, los de Zidane no lo van a poner fácil, pero el Atleti ha demostrado a lo largo de su historia que se cae y se levanta, así que creamos en los de Simeone. Ya dijo en su día: “Si se cree y se trabaja, se puede, así que arriba todos”. Por eso, en este importante partido hay que saltar al terreno de juego para dejarse la piel. La victoria puede costar sangre, sudor y lágrimas, pero la satisfacción de los tres puntos bien lo merece. Es ahora o nunca. Y la afición os suele cantar… “Ahora Atleti, ahora…”

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INVIERNO COLCHONERO

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Mi columna para El Valle de México

¡Qué frío! Es la expresión más repetida estos días en toda la Península. Estamos en invierno y éste ha llegado ahora en su plenitud. Hay alertas por nevadas, lluvias, fuertes vientos y descenso de las temperaturas en todo el país. No es algo sorprendente, dada la época en la que estamos, pero sí nos cuesta adaptarnos a los cambios bruscos. Eso por no decir que nos encanta quejarnos por cualquier cosa. Es lo que hay.

Y lo que hay en la afición rojiblanca es una sensación escalofriante porque el Atlético de Madrid no ha empezado el año con muy buen pie que digamos. La derrota en la final de la Supercopa y la que cosecharon los de Simeone el pasado sábado han hecho crecer los rumores acerca de los refuerzos que necesitan los rojiblancos en el mercado de invierno. Ésta es una cuestión, aunque otros el punto de mira no lo ponen en los que vendrán, sino en los que saltan cada jornada al terreno de juego. ¿Dónde está el coraje y corazón que abandera a estos colores? Es una pregunta al aire que más de un colchonero me ha hecho llegar. El ansia de victoria tiene que estar ahí pero éste necesita de una motivación que tiene que mejorar, nunca mejor dicho, partido a partido.

Con la vista puesta en el próximo encuentro están ya los colchoneros. Vuelve la Copa del Rey y todo se decide en noventa minutos. Solo puede quedar uno y aunque su rival, la Cultural Leonesa, está en Segunda División B quiere dar la sorpresa. Una sorpresa que sería de muy mal gusto, todo hay que decirlo. Hasta Castilla y León también viajará el Real Madrid para medirse al Unionistas de Salamanca. Si algo está claro, a día de hoy, es que sendos equipos tienen que ir bien abrigados porque el frío se acentúa especialmente en tierras castellano-leonesas. Y lo digo por experiencia porque nací en Burgos, bonita ciudad, por cierto.

Y hablando de certezas, y mientras esperamos el regreso de la Champions, la Liga se le pone muy cuesta arriba al Atleti. Entre los sucesivos empates de la primera vuelta y la pérdida de puntos con la que ha arrancado la segunda, las sumas de puntos no dan el número que los colchoneros querrían ver en la tabla… Pero bueno, el Atleti es así y nunca deja de creer. Algo que su afición tiene muy claro y por eso, porque el Atleti es diferente, de la noche a la mañana todo puede cambiar. Seamos optimistas, queda mucha competición por delante y en el futbol no hay un guion preestablecido. Veremos que nos depara el futuro, se acerca el derbi madrileño y al Bernabéu hay que llegar en plena forma. Sea como sea, y por si se les ha olvidado, es el momento de recordar al gran Luis Aragonés: “Ganar, ganar, ganar y volver ganar”. Que se graben eso a fuego en la mente porque ahí reside el éxito. Ya lo dice el himno: “Jugando, ganando, peleas como el mejor, porque siempre la afición, se estremece con pasión, cuando quedas entre todos campeón…” Y la mejor afición se merece ver al mejor Atleti.

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DÍA DE MUERTOS

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Mi columna para El Valle de México

Con la hora ya cambiada es tiempo de cumplir con las tradiciones. Es la época de honrar a los muertos. Cada uno tiene sus costumbres. Nunca olvidaré cómo festejan en México a los seres queridos que ya no están. Es algo digno de ver y por supuesto, coincido con la Unesco en que declarara esta fiesta como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. De hecho, la define como “el encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados que desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad.” La familia es importante, de hecho, por mucho que pase el tiempo las ausencias siempre se notan. Aún así, nos quedan las experiencias vividas y los recuerdos que siempre permanecerán en nosotros. Pero no es momento de ponerse melancólicos. Llenemos nuestro entorno con la flor de Cempasúchitl y tiñámoslo de naranja. Allá comerán el tradicional pan de muerto. Un dulce que reconozco que me gusta mucho. Desde hace cinco años forma parte de mis tradiciones por la festividad de Todos los Santos aunque no pueden faltar los típicos buñuelos y huesos de santo españoles.

Dicen que a nadie le amarga un buen dulce, y quizás, por eso, en estos días en los que extrañas a los que no están, sea bueno aliarse con ellos. Recuerdo como año tras año, era mi abuela la que venía a casa con una bandejita de huesos de santo. Confieso que estos no me gustan mucho, pero solo por ver su ilusión merecía la pena hincarle el diente a alguno de ellos. Eso sí, tenía que estar relleno de chocolate. Siempre me han agradado más los buñuelos. Quizás, no sean tan empalagosos y aunque me guste demasiado el chocolate no soy golosa. Eso sí, siempre cumplo con las tradiciones. La foto de mi abuela ya está en el altar junto con la de mis abuelos. Recuerdo cómo en la película de Coco nos enseñan a no olvidar. Eso es complicado cuando de ellos has aprendido mucho y sobre todo, cuando has crecido agarrada de su mano. No negaré que los echo de menos porque caería en una contradicción. No hay día que alguno de ellos venga a mi mente ya que sin ellos no sería, en parte, la persona que soy hoy en día. Por eso, aunque estoy a nueve mil kilómetros de distancia de México, quiero festejar el Día de Muertos como manda su tradición. Nunca me gustó Halloween a pesar de que viví uno al más puro estilo americano. Prefiero celebrar recuerdos, enseñanzas, experiencias… Decía Cicerón que la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.

Y mientras vivo y celebro cada día como se merece, hoy me toca ponerme el delantal coger la harina, el azúcar, la manquilla y demás ingredientes para dar forma y cocinar el tradicional pan de muerto. Ahora bien, esto solo lo hago una vez año porque la cocina no es lo mío. Aún así, no hace falta que sea noviembre para echar de menos a los que no están y llenar los cementerios de flores. Si bien es cierto, es ahí dónde nuestra nostalgia se apodera de nosotros. “A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd” como escribió el historiador francés  Lamartine, pero la vida está para festejarla y, por supuesto, para dejar huella. Por eso, es tiempo de mirar al pasado, pero también es tiempo de pensar en el futuro.