VIAJAR EN EL TIEMPO Y EN LA VIDA

Siempre es bueno salir de la rutina y despejar la mente de todo aquello que nos ronda por ella. Hay sueños, preocupaciones, planes o recuerdos, por ejemplo, que nos atormentan sin poder evitarlo. Hay fechas que nos erizan la piel solo con verlas en el calendario. Éstas llevan cargadas una mezcla explosiva de sentimientos encontrados que no tienen un manual de instrucciones para poder gestionarlos. Todo depende de las circunstancias personales por las que estamos atravesando, pero lo bueno es que el tiempo pasa y esas fechas también. Ahí radica la fuerza de superar los peores recuerdos que estos días me traen por las ilusiones del porvenir. También, es justo decir que el pasado cuando vuelve tiene la capacidad, además, de fortalecer. 

La vida me cambió de la noche a la mañana y, por eso, quiero mirar al futuro con la ilusión de lo bueno que está por venir. No soy de piedra y hay imágenes imborrables que perturban el sueño, pero siempre hay un despertar que te recuerda que hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor, sin duda, es el presente. Un presente al que hay que exprimirle cada minuto y hacer lo que más nos gusta. El ocio no puede faltar en nuestro día a día. Leer, ver una película, quedar con amigos, ir al cine o a ver un musical son siempre buenos planes pero viajar, tengo que reconocer que también me apasiona. 

La mente, como he dicho, viaja sin sacar ningún billete pero la posibilidad de descubrir el mundo es apasionante. Hace unos días, Madrid se convirtió con Fitur en el centro del turismo. Por Ifema pasaron muchos visitantes deseosos de encontrar el destino apropiado para una escapada o para unas vacaciones. Ver las imágenes de esta feria con tanto público alegran a cualquiera, porque atrás quedó todo lo que el coronavirus nos arrebató. La normalidad, aunque haya costado, está volviendo, por eso, el anhelo de conocer otros lugares también ha aumentado. 

La pandemia nos enseñó, entre otras cosas, a apreciar lo que tenemos; algunos esa lección ya la teníamos más que aprendida. En mi caso fue la vida la que me enseñó a priorizar y saber valorar las pequeñas cosas. Fue una lección de esas que no se olvidan nunca. Fue dura, de hecho reconozco que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Por eso, en los días más duros en los que mi vida cambió pude viajar y soñar con todos esos destinos a los que me gustaría ir. Quiero imaginar las fotografías que haría, por ejemplo, en Praga, en Viena, en Perú, en Playa del Carmen, en Córdoba, en tanto lugares recónditos que me saquen esa sonrisa cargada de felicidad y, por supuesto, cargada de vida. 

Dicen que la vida es un viaje y ésta tiene muchos viajes en su interior. Por eso, siempre estaré dispuesta a hacer las maletas para sumar vivencias a esta vida que me dio un segundo billete para seguir disfrutando de ella.  

Jimena Bañuelos

PASADO, PRESENTE Y FUTURO

La nostalgia endulzada de estos días ha dado paso a las ilusiones del año que acabamos de estrenar. Atrás quedó el pasado y sin cargar con él hay que afrontar todo lo que nos deparen los días venideros. No siempre es fácil desvincularse de él porque algún que otro lastre nos puede acompañar en nuestro día a día. Convivir con ellos, quizás, sea la mejor solución para poder disfrutar del porvenir. El destino es caprichoso y por delante nos quedan muchas jornadas hasta que vuelva a llegar el momento de hacer balance de un año a punto de caducar. 

Las ilusiones no caducan y los sueños tampoco. Pueden ir cambiando con el paso del tiempo, pero nunca dejan de existir. Son ese motor que nos impulsa a hacer cosas que no están en nuestros planes, pero es en esos momentos en los que nuestro propio empuje debe vencer al miedo. Un miedo que nos acompaña, pero que no tiene licencia para arrebatarnos la alegría y la satisfacción que conseguimos al alcanzar aquello que creíamos inalcanzable. Obviamente, y seguro que en el deseo de todos, está la salud. Sin ella poco se puede hacer. Es el pilar fundamental para afrontar los reveses que no están en la hoja de ruta que nosotros nos marcamos. Lo cierto es que a la vida poco le importa los planes que tengamos porque ya se encarga ella de hacer la correcciones precisas al guión que nosotros mismos nos hemos escrito. 

Precisamente, son esas correcciones las que nos hacen crecer como personas. Nos enseñan a descubrirnos, a valorarnos, a conocernos y, por supuesto, a adaptarnos a ellas nos guste o no. A la vida no se la puede hacer correcciones, somos las personas las que tenemos que aprovecharnos de ella para sacarle el máximo partido en las buenas y en las malas. La vida solo se vive una vez y ya que estamos de paso no es necesario ponerle tantos “peros”. Es cierto que el futuro tiene como ingrediente fundamental la incertidumbre y a su vez la emoción por ver que nos depara. No es complicado plantearse como nos gustaría que fueran los próximos meses, pero lo cierto es que en nuestra mano está convertir este año, que está recién estrenado, en el mejor de nuestras vidas y así sucesivamente. 

La esperanza dicen que es lo último que se pierde y siempre está ahí para hacernos mejorar. También ayuda, y mucho, llenarse de ella. Es una buena compañera en los buenos y los malos momentos. Siempre se puede mejorar porque la felicidad no es estática. Ésta en un segundo puede aparecer y desaparecer, pero siempre será uno de los pilares fundamentales de la vida. En definitiva, ser feliz es lo que cuenta y cada uno sabe como alcanzarla. 

Por eso, entre mi “aún tengo la vida” y “ponerme la vida por montera” hay una línea muy fina. Vivir es lo único que se puede escribir en esa línea y mientras ésta esté recubierta de salud solo puedo sonreír al día a día y disfrutar cada momento. Así serán los recuerdos que deje en el pasado cuando el 2023 se agote, pero hoy son mi presente y toca vivirlo.   

Jimena Bañuelos

DÍAS

La cuenta atrás para las fiestas de Navidad está llegando a su recta final. Las calles de Madrid recibieron a miles de turistas que aprovecharon el puente más largo del año para disfrutar de su iluminación, de sus espectáculos, de sus museos, y por supuesto, de las tiendas para ir comprando los regalos que traerán en su tiempo y forma Papá Noel o los Reyes Magos. Los más previsores lo tendrán todo controlado, pero habrá a quien le guste la adrenalina de salir a última hora y estresarse mientras se critican estas fechas. Lo cierto es que a todos nos gusta ver algún paquete en nuestros zapatos porque la ilusión, aunque vayan pasando los años, no se debería de perder nunca. 

El espíritu de la Navidad lo va inundando todo y ahora ya no nos podemos resistir a él. Nos guste o no, las fiestas están llamando a nuestra puerta. Ese espíritu ha ido cambiando poco a poco nuestra realidad. La ha ido tiñendo de luz, de villancicos, de dulces y de algo que solo sucede en esta época del año y que quizás sea reprochable a ese estado de amabilidad y felicidad que muchos fingen por ser Navidad. La hipocresía también aumenta en estos días y no hace falta fingir algo que no sale de dentro. El año da para mucho y diciembre es un mes más en el que no se puede cambiar lo que ha sucedido en los once meses anteriores. Posiblemente, en esto sí que haya que reflexionar en algún momento dado…

Pero bueno, dejando este matiz al margen, lo que sí que nos debería inundar a todos es el espíritu  de la infancia. Sacar el niño que llevamos dentro y disfrutar estas fechas como toca. Es cierto que cuando alguien falta en la mesa ya nada vuelve a ser como antes, pero al menos, en mi caso, esas personas que no están son, precisamente, las que me enseñaron a celebrar estas fiestas como se merecen y, por eso, aunque la nostalgia haga acto de presencia, mis ganas pueden con ella porque mirando al cielo recuerdo a la niña que un día fui y como viví a golpe de pandereta la Navidad como quienes han dejado en mí unos recuerdos imborrables. Esto también forma parte de la celebración. 

Lo que vivimos es lo que nos llevamos en esta vida, por eso, los momentos no los cambio por nada. Aprendí que en un segundo todo puede cambiar, de ahí, que cada Navidad sea especial con sus pros y sus contras pero es única e irrepetible. Quedan días para hacer el balance de este año y los propósitos no cumplidos tienen poco margen para convertirse en realidad, pero siempre, si de verdad nos importan, pueden encabezar los del año que viene. De los cumplidos no hablo porque seguro que han tenido su celebración correspondiente. 

La vida nos va enseñando día a día. Hay lecciones más sencillas que otras, pero todas nos marcan de una manera o de otra. Por ejemplo, nunca fui supersticiosa pero un martes y trece me dieron la mejor noticia de mi vida. Ya dijo Gabriela Mistral que “los días más felices son aquellos que nos hacen sabios”, algo de razón tendrá. En fin, “el día es excesivamente largo para quien no lo sabe apreciar y emplear”… Ahí lo dejo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/40190/dias

EL MUSICAL DE LA VIDA

Diciembre es un mes en el que poco a poco todo lo va envolviendo un espíritu que, nos guste o no, lo va cambiado todo a medida que pasan los días. Las calles lucen, y nunca mejor dicho, sus mejores adornos. La oscuridad de las tardes de invierno brillan gracias a ellas y son, sin duda, el preludio de lo que vamos a festejar. La Navidad cada vez está más cerca y las ilusiones y los sueños tienen derecho a aflorar más que nunca en esta época del año. 

Soñar es ilusionarse porque, precisamente, los sueños son el motor inspirador que nos mueve día a día para alcanzar aquello que sabemos que nos va a dar la felicidad que tanto anhelamos. El camino puede no ser fácil, pero la recompensa siempre merecerá la pena. Después de ver “La gran noche de los musicales”, una obra más que recomendable, podríamos decir que nuestra propia vida es un musical y nosotros vamos adaptando esas canciones a nuestras circunstancias y experiencias. Todo puede cambiar en cualquier momento, por eso, es importante saber seguir el compás que el destino nos pone por delante. 

Ahora, los villancicos comienzan a sonar. Afortunadamente, los tradicionales de zambomba y pandereta han cedido su reinado a versiones que perfectamente nos pueden acompañar en nuestra rutina prenavideña. Una rutina que nos lleva a preparar paulatinamente los planes para los días festivos. Aquellos que se consideran “El Grinch” no van a tener más remedio que pasar estos días a duras penas, porque el calendario no entiende de gustos y el tiempo pasa igual para todos. Eso sí, la actitud ayuda a que éste sea más o menos llevadero. 

Y muy llevadero y ya que he hablado de él es el musical de los musicales. El Teatro Amaya de Madrid reúne en “La gran noche de los musicales” a un elenco de artista que nos cuentan a través de los clásicos los entresijos de este género teatral, sus pros y contras, con un matiz de humor. Su talento es arrollador y no está mal revivir en noventa minutos los temas principales de “El Mago de Oz”, “El fantasma de la Ópera”, “Los Miserables”, “West Side Story”… No desvelaré el resto, pero sí puedo asegurar que es un buen recordatorio de la historia de este género. 

Madrid está plagado de musicales, los hay para todos los gustos y edades. Además, disfrutar en vivo del trabajo de quienes están sobre las tablas es un gran lujo. Reconozco que todos los que forman parte de “La gran noche de los musicales” consiguen trasladar al público a todos los escenarios posibles sin moverse de la butaca con una sencilla puesta en escena. Hacer soñar no es fácil, pero no es imposible cuando la historia es ágil y entretenida. También, tiene un gran valor ver a la orquesta sobre el escenario porque ellos también son protagonistas de esta “particular” historia. 

Y volviendo al principio y a las historias de cada uno, hay que retomar los sueños que creemos imposibles. La vida es caprichosa y “el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos” como dijo Shakespeare. Eso sí, yo sé que vivo los sueños y sueño la vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39969/el-musical-de-la-vida

MÁS ALLÁ DE GANAR O PERDER

Poco a poco, o mejor dicho, partido a partido el Mundial de Qatar va ganando seguidores porque como es habitual la fase de grupos va dando sorpresas a los aficionados al deporte rey. En el horizonte está el llegar al dieciocho de diciembre y levantar la anhelada copa. Hasta entonces quedan muchos minutos por disputar. Está claro que los mejores se medirán en la final, también un empuje de suerte nunca viene mal. 

En España, la goleada a Costa Rica marcó un punto de inflexión. En la historia de la selección quedará marcado el primer partido de este mundial como un hito en la era, nos guste o no de Luis Enrique. Es cierto que el seleccionador tiene, como es lógico, sus admiradores y sus detractores, pero su papel es llevar a la “La Roja” hasta el final. De momento ha empezado con buen pie, pero veremos hasta dónde llega España en esta competición porque noventa minutos dan para mucho y los errores pueden salir muy caros. 

Pendía de un hilo la continuidad de la Argentina de Messi y su futuro pasaba ante su eterno rival. Reconozco que mi favorita era México por todo lo que este país me ha dado y porque en el fondo el corazón vibra con los colores que te representan. La victoria no pudo ser, pero no es de recibo ver la imágenes de las agresiones entre los hinchas en las gradas. La violencia nunca está justificada. No hay que perder la perspectiva de que es, simplemente, un partido de fútbol. A todos nos gusta ganar, pero un buen consuelo son las palabras de escritor portugués, José Saramago: “La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.”

La vida es mucho más que nuestro equipo gane o pierda. Noventa minutos no van a cambiar nuestro día a día. Nos pueden eludir del presente por un instante, pero la realidad vuelve tras el pitido final. Estamos apurando noviembre y en nada arrancamos el último mes del año. Éste nos trae un magnífico puente, la final de un Mundial, la Navidad y sus tradiciones y si reflexionamos un poco, lo efímero que es el tiempo. Parece que fue ayer cuando despedíamos el verano y estamos cerca de comenzar un nuevo capítulo cuyo título es 2023. Estamos a tiempo de rematar óptimamente este año y mientras sigue rodando el balón no nos olvidemos de que “la victoria y el fracaso son dos impostores, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén” como dijo Rudyard Kipling. El mismo que escribió: “Si en la lucha el destino te derriba. Si todo en tu camino es cuesta arriba. Si tu sonrisa es ansia insatisfecha. Si hay faena excesiva y mala cosecha. Si a tu caudal se contraponen diques, date una tregua. ¡Pero no claudiques!”

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39751/mas-alla-de-ganar-o-perder

TRIUNFOS

Ya ha comenzado el mundial de Qatar, un mundial que no está exento de polémica. Es raro que en estas fechas del año tengamos que estar pendientes de las selecciones de fútbol. Qatar no ha dejado indiferente a nadie y quizás por eso, no se palpa en las calles y en los bares ese espíritu futbolero de ediciones anteriores. Es cierto que también tiene mucho que ver la evolución que ha tenido “La Roja” desde que Luis Enrique está al frente. El seleccionador español tampoco es del agrado de muchos y el descontento se convierte en apatía en un abrir y cerrar de ojos. Quedan muchos partidos por jugar hasta alcanzar la anhelada copa, pero el parón en las Ligas en plena temporada es, en el fondo, para contentar, a los auténticos beneficiarios de este mundial. A buen entendedor, pocas palabras bastan…

El miércoles será el día en el que se estrene la selección española, pero de esta fase solo me interesa un partido y éste, sin duda, es en el que se verán las caras ante Alemania. Hay algo en mí que me hace vibrar de una manera especial. Podría decir que tengo el corazón partío, pero la sangre siempre tira más. El próximo domingo veremos quién se lleva los puntos, la camiseta, sin duda, la tengo ya preparada. 

La primera semana mundialista, obviamente, llega cargada de partidos, pero a los que no nos atrae especialmente esta competición por motivos más que lógicos tenemos planes alternativos. La Navidad parece que está a la vuelta de la esquina y el jueves cuando Madrid se ilumine comenzará la cuenta atrás para las fiestas. El “Black Friday” dará el empujón necesario para ir comprando todos esos regalos que a nuestros seres queridos les hace especial ilusión. 

Unos estarán ilusionados con “La Roja” y es más que respetable, pero otros a los que la selección nos ilusionó en su momento, hemos cambiado nuestras prioridades. Esperaré con ansias a que vuelva la Liga y eso que el Atleti no está bien, pero lo cierto es que soy de tradiciones y los mundiales me gustan en verano y en países donde la libertad, el respeto y los derechos humanos sean incuestionables

Y dicho esto, y ya que he hablado de tradiciones, toca ir a ver la iluminación poco a poco, disfrutar de las comidas y cenas con amigos y, por supuesto, aprovechar cada momento porque todo pasa muy deprisa. La cuenta atrás para Navidad todavía tiene muchos días, pero en un abrir y cerrar de ojos habremos hincado el diente a los turrones, comido más de un polvorón y estaremos haciendo balance de este año. No tenemos que arrepentirnos de lo que hemos hecho, sino de lo que hemos dejado de hacer por ese miedo que nos nubla el presente. Estamos a tiempo de rematar este año como queramos. Unos están en Qatar anhelando una copa y otros anhelamos ver felices a los que queremos. Conseguir eso es el mejor triunfo de todos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39541/triunfos

TIEMPO DE DULCES

Dicen que a nadie amarga un dulce y va a ser cierto porque tras los buñuelos y los huesos de santo  llega la corona de la Almudena. El pistoletazo de salida para los más golosos ya se ha producido porque aunque queda tiempo, los turrones lo inundan todo y los roscones de Reyes ya están en los supermercados. Las lucen de Navidad están colgadas y la cuenta atrás para su inauguración ya está en la cabeza de más de uno. Nos guste o no, y con el mes de noviembre casi recién estrenado, la Navidad va llamando a nuestras puertas. 

Lo de vivir el presente está muy bien, pero es difícil eludir el futuro próximo cuando nuestro día a día está marcado por todos los elementos que nos conducen a los últimos días del año. Las compras también tienen su fecha señalada porque este mes acaba con el “Black Friday» en el que muchos aprovecharán a cumplir los deseos de sus seres queridos. La carta de los Reyes se escribe a diario y los más avispados saben como acertar. 

Quizás y porque depende de uno mismo, el balance de este año es lo que puede esperar. Es cierto que está más que escrito para bien o para mal, pero posiblemente y fruto de vivir el presente pueda haber en este mes y medio un giro de ciento ochenta grados que lo cambie todo, en el caso de que éste pueda provocar más sonrisas y éstas han escaseado en los meses anteriores. Dicen, también, que la esperanza es lo último que se pierde y, por eso, aferrarse a ella no está demás. 

Tampoco está demás, ver de reojo si los propósitos de enero siguen en la lista de pendientes o en la lista de cumplidos. Aquí no hay excusas que valgan porque también es una decisión personal llevarlos a cabo. Aunque el ambiente empiece a tener el matiz navideño, todavía queda más de un mes y medio para renovar esos anhelos o en su defecto apurarse para cumplirlos con la satisfacción que eso conlleva. Quizás, haya sueños que podamos cumplir aunque no estén en ninguna lista. Precisamente, los sueños, muchas veces, no nos dejan dormir. Por eso, despiertos y con los cinco sentidos en alerta hay que luchar por ellos porque la satisfacción tras convertirlos en realidad es inmensa. Igual pasa lo mismo con los propósitos… (eso que lo valore cada uno).

De todas formas, confieso que me gustan las tradiciones. No renunciaré a los dulces a los que he hecho alusión al principio, porque la vida también es compartir con quien quieres esos momentos únicos que solo pasan una vez al año. Reconozco que el chocolate es y será mi debilidad, pero no me olvido que el presente es ahora. Y este “ahora” pasa en un suspiro como para despistarse con lo que vendrá. Cada cosa a su tiempo porque éste hay que disfrutarlo no vaya a ser que luego nos arrepintamos. Todo llega y todo pasa. Es ley de vida, y en la vida día que pasa, día que no vuelve. 

En definitiva, Carpe Diem. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39143/tiempo-de-dulces

COLORES 

Si hay un día al año en el que la concienciación se tiñe de rosa, es, sin duda, el diecinueve de octubre. El Día Mundial contra el Cáncer de Mama está marcado en el calendario y bajo su influjo se celebran muchas actividades. Hay conciertos, carreras, espectáculos… con el único fin de visibilizar un cáncer que afecta especialmente a las mujeres. Se recuerda la importancia de las revisiones porque la detección precoz es fundamental. Además, con el rosa como telón de fondo, se busca fomentar también la investigación. Sin duda, es un día en que las que han vencido a la enfermedad son las heroínas de las que lo están sufriendo. Está bien buscar un reflejo que te inspire a pelear. Ante esta dura enfermedad, sentirse querido y apoyado es la mejor combinación para todos los pacientes de cáncer sin importar qué tipo sea. 

El cáncer no sólo se tiñe de rosa. Son muchos los tipos que hay y cada uno tiene su señal. Si hablamos de colores, el arco iris no puede englobar a todos. Les da un color que los identifica, pero en el fondo el primer nombre de la enfermedad es el mismo. Seis letras que unidas muestran en un instante la cara y la cruz de la vida. Afrontar el jarro de agua fría que te cae cuando oyes esa palabra en un diagnóstico no es fácil, pero de luchadores está lleno el mundo. Ser optimista es la mejor actitud. Ahí empieza esa fuerza de la vida que te impulsa a afrontar lo que venga por delante. Esa fuerza cargada de adrenalina que te ayuda incluso cuando sientes que todo a tu alrededor se cae. En ese momento, los que te quieren estarán siempre a tu lado para ayudarte a poner punto final a la enfermedad y celebrar con ellos la vida. No hay que olvidar que “nunca sabes lo fuerte que eres, hasta que ser fuerte es tu única opción”. Este mensaje está escrito en muchos colores. 

Por eso, mañana se teñirá todo de rosa, pero lo importante es transmitir fuerza a quien lo necesita, pedir ayudas para esa investigación de la que muchos se olvidan. Casualmente, la gran olvidada es la clave para buscar nuevos y mejores tratamientos. Insisto que aunque el rosa sea el protagonista los lazos son de muchos colores y todos igual de importantes. Me alegra ver que los colores nos unen por una buena causa y que la solidaridad inunda cada actividad que se hace. 

Y enviando toda mi fuerza a quienes luchan contra el cáncer y celebrando la vida por haber ganado esa batalla, está claro que después de eso ser feliz es lo que cuenta. Además, y ya que he hablado de colores, estos tienen su lenguaje dependiendo de para qué los usemos. El de mi batalla es naranja, el de la vida es esperanza, el futbolístico es rojiblanco y da igual el color porque lo que tengo claro es que los colores unen a las personas y en la vida nada es por casualidad. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/38528/colores

EL COLOR DE LOS RECUERDOS

Aunque el verano lo hemos dejado atrás, no podría fallar este año de calor el famoso veranillo de San Miguel. Nos aferramos a él porque en unas semanas echaremos de menos el buen tiempo, la luz y aflorarán los recuerdos de todo lo vivido. Ser muy fan de la estación estival conlleva una nostalgia que se agranda al comenzar la caída de la hoja. El tiempo pasa y con él las estaciones del año. Es cierto que los supermercados van siempre por delante y adelantan el invierno, justificado con la Navidad, para mezclar las calabazas de Halloween y los tradicionales turrones. Todo vale con tal de vender. Es cierto que las tradiciones están para cumplirlas, pero a su debido tiempo. No hay ninguna necesidad de acelerar el calendario porque todo llega, incluido el consumismo. Eso sí, este año la inflación también se unirá a las fiestas si la situación no se enmienda.

Si de enmendarse hablamos, parece que el Atleti lo ha hecho o por lo menos en Sevilla hizo los deberes para satisfacer a su afición. Una afición que espera que los suyos cumplan también en la Champions. La fase de grupos ya sabemos que es traicionera y no hay que confiarse. El famoso “partido a partido” nos deja esta noche un encuentro ante el Brujas. Hasta allí han viajado los de Simeone para regresar con tres puntos muy necesarios. No me gustaría que la noche se torciera como las rayas de la camiseta de esta temporada. Sobre este tema mejor no hablar de momento. Hay que centrarse en lo verdaderamente importante y es de justicia felicitar al eterno capitán, Koke, por agrandar su leyenda con los rojiblancos.

Y los rojiblancos lo que necesitan es ser fieles a su “coraje y corazón” porque “la Orejona” es el sueño de muchos y éste se puede cumplir. Quedan muchos minutos por jugar y muchos por sufrir, pero la afición sabe estar ahí y se dejará la voz por apoyar a los suyos. Habrá quienes lo hagan desde los diferentes estadios, pero el colchonero no importa donde esté porque siempre está pendiente de los suyos. Confieso que soy de las que viajo siempre con mi camiseta del Atleti y estoy convencida de que no soy la única. Me imagino que esto forma parte de esa forma de entender la vida que muchos no comprenden y por eso la critican. No envidio los triunfos de los demás y no presto atención a sus provocaciones. Prefiero centrarme en mi familia futbolísticamente hablando y quedarme con los momentos irrepetibles que he vivido.

Volviendo a los recuerdos de los que hablaba al principio, está claro que somos lo que vivimos y que cada uno construye su personal “albúm de fotos”. Éste tendrá muchos apartados, algunos serán bonitos, otros de épocas duras que nos habrán forjado el carácter… Obviamente, la temática de estas carpetas será variada porque la vida lo es. No negaré, a estas alturas, que mi memoria futbolística está pintada con unas rayas rojiblancas bien marcadas y rectas. Además, esos colores me acercan a quien me trasmitió “ese sentimiento inexplicable” siendo una niña y ahora desde el tercer anfiteatro estará orgulloso de lo bien que presumo de su legado.

En definitiva, “poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces”. No siempre es malo mirar para atrás…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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POR LA INVESTIGACIÓN

Todos los días son el día “D”. Unos están marcados en nuestro calendario personal. Son días que, para bien o para mal, recordamos lo que sucedió y tal y como sucedió. En cambio hay otros que vienen marcados en el calendario internacional. En éste los festejos son de todo tipo, existe el día de los gatos, del chocolate, de los abuelos… y, por supuesto, el día en el que se visualizan muchas enfermedades. Es triste que algunas solo sean mencionadas en dicha jornada, pero nunca está de más prestar atención a este tipo de calendarios.

He hablado de días personales. Obviamente un claro ejemplo es el 14 de septiembre. El día que me sometí a un trasplante de médula que lo cambió y que festejo como un cumpleaños de vida. Una vida que me regaló aquel chico joven alemán que en su día se hizo donante de médula. Pues bien, tres días más tarde y como marca la tradición, cada tercer domingo del mes de septiembre es el Día Mundial del Donante de Médula Ósea. Lógicamente, me tocaba celebrar a mi “Hans” era su día y el día de muchas personas que con un pinchazo de generosidad han cambiado la historia de quienes como yo, en su día, están esperando un donante de médula compatible. Estos días aunque sean oficiales también están en mi propio calendario. De una manera o de otra es imposible olvidar aquella jornada y a aquella persona a la que estaré eternamente agradecida. 

Pues bien, aunque septiembre está a punto de acabar, el pasado sábado se celebró el Día Mundial de Investigación contra el Cáncer. Una investigación que tiene que ser prioritaria y en la que hay que invertir más de lo que se hace. La cura depende de quienes pasan horas y horas estudiando y analizando todo tipo de pruebas para buscar una cura. Un cura que es en beneficio de todos. Ojalá todos valoraran la investigación como lo hacemos algunas personas. Por eso, la generosidad de quienes se vuelcan para poner su granito de arena en la investigación, siempre tendrán mi apoyo. Agradezco a Carlos Barbado, a David Aguado y a Óscar Díez que impartieran tres masterclass de ciclo indoor por una buena causa en beneficio de la Fundación Cris contra el Cáncer. Pedalear con ellos es un lujo y así lo disfrutaron las doscientas personas que se subieron a las bicis y se dejaron llevar por el ritmo, la energía y el buen rollo que había en el ambiente. Iniciativas como ésta hay muchas y son un claro ejemplo de la generosidad de quienes participan en ellas. No negaré que siempre estoy dispuesta a unirme a este tipo de eventos. Son, sin duda, muy enriquecedores en lo personal porque además de contribuir a una buena causa nunca está demás conocer a distintas personas que siempre te aportan algo. Reitero mi gratitud a estos profesionales que consiguieron que las bicis estáticas se movieran con la solidaridad y el compromiso que cada pedalada tenía. 

La investigación contra el cáncer nos implica a todos. Ésta no distingue de lazos de colores porque la investigación los une a todos. Cada uno colabora como puede, pero los que de verdad tienen que invertir tendrían que hacer un examen de conciencia y valorar qué hacen con el dinero de todos. La salud siempre será primordial porque sin ella pocas cosas se pueden hacer. Por eso, insistamos en que la investigación deje de ser secundaria y se convierta en algo primordial. Creo que la pandemia nos ha enseñado cual es su importancia. No lo olvidemos. Aquí hablo del cáncer pero hay muchas  enfermedades más. Seamos conscientes y apostemos por quienes velan por buscar las respuestas que nuestra salud necesita. 

Jimena Bañuelos

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