MÉXICO, UN PAÍS QUE SE LLEVA DENTRO

Septiembre es sinónimo de muchas cosas, pero en México tiene un significado especial. Es el mes patrio y los preparativos para festejarlo ya están en marcha. Es la época en la que las calles se llenan de banderas, los colores protagonistas son el verde, el blanco y el rojo y todo se engalana así. Es, sin duda, el orgullo de una nación que se hace visible en cada rincón. Evidentemente, para los que no han vivido esto y algún mexicano despistado, he de decir que el patriotismo mexicano debería ir más allá de los símbolos y las celebraciones. Hay que conocer la historia, defender los valores y trabajar por construir un futuro.

A corto plazo, ese futuro pasa por festejar y cuando se trata de ello, no hay disculpa que valga ni peros que puedan ensombrecer la fiesta. Ahora bien, festejaré a México, pero hoy me voy a centrar en quienes me dieron la oportunidad de formar parte de su familia periodística. El Valle me acogió cuando viví en el país azteca y me demostró que la esencia del periodismo todavía vive al otro lado del charco. Su director, Pepe Nader, predica con el ejemplo. Cada día, en su columna, escribe sin pelos en la lengua. No importa si incomoda o si sus palabras generan discrepancias; lo que importa es que la realidad es la que dicta su opinión. Se puede compartir o no, pero la libertad nace de poder expresarla. Es más, en esa libertad radica también el verdadero sentido del patriotismo. El periodismo incomoda y ejercerlo en un país como México, donde los periodistas se enfrentan a enormes riesgos, tiene un valor añadido llamado coraje y valentía.

Y mientras hablo de mi querido México, no puedo evitar pensar también en mi propia tierra y en lo que está sucediendo en Ceuta. Y visto lo visto, aquí en el patriotismo hay quienes solo lo entienden si lo polarizan o crispan a la sociedad. Las calles hablaron hace unos días… Ceuta es España, le pese a quien le pese.  

En mi camino por tierras mexicanas tuve muchas ocasiones en las que crecí como persona. También, profesionalmente, volví a ejercer la profesión que ha sido mi vocación desde niña. Por eso, este mes también toca celebrar el aniversario de El Valle. Estaré lejos de aquella redacción, de aquellos amigos que brindarán por muchos años más, pero la distancia no puede impedir que mi mente me lleve hasta allí para abrazarlos a todos y agradecer a Pepe Nader que siga contando conmigo.

La verdadera amistad traspasa fronteras y no entiende de distancias. Tampoco el tiempo puede con ella. Tengo claro que lo importante y lo puro siempre prevalece. Brindo por México, por España y, por supuesto, por El Valle. Porque al final, las raíces pueden estar en distintas tierras, pero el corazón siempre sabe dónde volver.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/09/07/mexico-un-pais-que-se-lleva-dentro/

DESPEDIR EL VERANO, VOLVER A SOÑAR

Nos aferramos al verano como podemos. De hecho, nos resistimos a aceptar que esos días de horarios imposibles, de noches largas y de conversaciones pausadas, sin mirar siquiera el móvil, se han convertido en recuerdos. Septiembre ya está aquí. Recién estrenado y con un claro mensaje: toca volver a la rutina, al trabajo, al colegio, a las obligaciones… En definitiva, a esa vida que pausamos durante unas semanas para intentar vivir un poco más despacio.

Ahora bien, se inicia una nueva temporada marcada por los retos que la vida nos depare. Sin duda, no faltarán los propósitos, los proyectos y, por supuesto, los sueños. Estos pueden ser de todo tipo. Cada uno sabe cuál es el motor que le mueve para que la realidad se parezca, aunque sea un poco, a aquello que un día imaginó. Sueños tengo muchos, pero hay uno que comparto con una gran familia.

Mientras todavía apurábamos las últimas tardes de agosto, tirando la toalla sobre la arena y tratando de detener el verano, el fútbol ya había comenzado. La nueva temporada echaba a rodar mientras despedíamos las vacaciones, casi sin darnos cuenta de que el balón volvía a ocupar su lugar en nuestras conversaciones. Y eso que, durante la estación estival, levantamos la preciada Copa del Mundo. Ahora es el Atleti el que recarga unos sueños que solo los rojiblancos podemos comprender.

El Atlético de Madrid sabe que se debe exigir a sí mismo sin perder la ilusión con la que se inicia una temporada. Se empieza de cero y hay muchos puntos por conquistar. Los títulos son esos sueños perennes que siempre están ahí. Los colchoneros sabemos que el Atleti consiste en creer, en levantarse, en competir, en no abandonar cuando las cosas se ponen difíciles, en entender que el camino también forma parte del sueño… Y quizá ahí encontremos una de las grandes lecciones que nos deja el fútbol para la vida. Nadie puede garantizarte que vas a conseguir aquello que deseas, pero sí puedes decidir cuánto estás dispuesto a luchar por ello.

Y luchar será lo que tenga que hacer. Septiembre traerá de nuevo esas noches en las que el fútbol adquiere otra dimensión. La Liga ya ha comenzado y la Champions lo hará en breve. El himno, las luces, el estadio lleno, la emoción de saber que enfrente estarán algunos de los mejores equipos de Europa. Liverpool, Manchester United, Bayern de Múnich… Sin duda, son nombres que impresionan, pero que también recuerdan por qué merece la pena soñar. Porque los sueños nunca han entendido de rivales.

Septiembre nos quita unas cosas, pero nos da otras. Septiembre nos devuelve la agenda, pero también nos devuelve las ganas. Nos reencontraremos con amigos a los que hacía tiempo que no veíamos, seguiremos haciendo otros planes, volveremos a ocupar los días con aquello que durante el verano dejamos en pausa y descubriremos que, detrás de cada rutina que regresa, también se esconden nuevas oportunidades. Porque la nostalgia tiene algo de caprichosa. Nos hace mirar atrás y pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando, en realidad, lo que echamos de menos no son solo aquellos días, sino cómo nos sentíamos al vivirlos.

Quizá dentro de unos meses miremos atrás y echemos de menos estas primeras jornadas de Liga, las conversaciones previas a cada partido, los nervios antes de una noche de Champions… Hay recuerdos que no sabemos que estamos construyendo hasta que se convierten en nostalgia.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/31/despedir-el-verano-volver-a-sonar/

LA VIDA CONTINÚA 

Hemos superado el ecuador de este mes y, para muchos, la cuenta atrás para volver a la rutina ha comenzado. Es cierto que cuesta despedirse de las vacaciones, del verano y de todos esos momentos que nos han llevado a la desconexión total. Más de uno se habrá dicho en algún momento: “No sé en qué día vivo”, pero el calendario sigue ahí, perenne, para mostrarnos que la vida continúa y que, en una semana, estaremos dando la bienvenida al mes de septiembre.

Precisamente, septiembre es ese enero que llega con sus propios propósitos. No es que sea Año Nuevo, pero sí “Curso Nuevo”. Cuesta volver porque la nostalgia puede aparecer sin ser llamada. Está ahí porque hubo momentos que merecieron la pena. Y eso, en el fondo, es algo bonito. Las vacaciones terminan, los días largos comienzan a acortarse y, poco a poco, aunque nos cueste, recuperamos nuestros horarios. Ahora bien, nadie puede quitarnos todo aquello que nos hizo felices. Sin duda, hay recuerdos que permanecerán intactos mientras el tiempo pasa. Esa canción, esa fotografía, ese lugar o esa conversación pueden devolvernos de repente a aquel instante en el que todo estaba sucediendo. Son nuestros pequeños tesoros que guardamos sin darnos cuenta y que, con el tiempo, adquieren todavía más valor. Cuando el frío llegue o las circunstancias sean adversas recurriremos a ellos para revivir esos sentimientos que nos llenan de bienestar. 

Poco a poco toca volver. Volver al presente habitual. A ese presente que también nos brinda sus momentos. Algo que tampoco podemos olvidar. Surgirán nuevas oportunidades, nuevos proyectos o, simplemente, recuperaremos aquello que dejamos antes de verano y ahora afrontamos con una sensación diferente. Es más, también septiembre puede ser un buen momento para preguntarnos qué queremos conservar, qué queremos cambiar y, sobre todo, qué queremos disfrutar. La rutina volverá, eso es inevitable. Regresarán los despertadores, los horarios, las obligaciones y esas prisas que durante las vacaciones conseguimos dejar aparcadas. Pero tampoco deberíamos permitir que la rutina se convierta en una excusa para olvidarnos de nosotros mismos. Siempre habrá espacio para un libro, una película, una cena improvisada, un paseo al atardecer o ese café tomado tranquilamente. Pequeños placeres que, precisamente por ser sencillos, muchas veces son los que terminan salvándonos de los días grises.

Si hay algo que tengo claro es que septiembre nos recuerda que el año avanza deprisa. Parece que hace nada estábamos celebrando la llegada del verano y, sin embargo, ya estamos entrando en su recta final. Después vendrán el otoño, Halloween, los buñuelos, los primeros anuncios de Navidad, los turrones en los supermercados y los propósitos para el próximo año. Incluso habrá quien lleve ya consigo un décimo de lotería comprado durante sus vacaciones, porque nunca está de más dejar una puerta abierta a la ilusión.

En definitiva, sí, cuesta volver. Cuesta despedirse de los días sin horarios y de esa sensación de libertad que asociamos al verano. Pero regresar también significa tener nuevas oportunidades por delante. Lo cierto es que la vida no se detiene. La vida continúa. Y quizá lo mejor que podemos hacer es acompañarla.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/24/la-vida-continua/

CUANDO EL CIELO NOS OBLIGÓ A PARAR

Decir que estuvimos semanas preparándonos para el acontecimiento me parece poco, aunque lo cierto es que todo se fue focalizando en él a medida que se acercaba la fecha. Nos habían dicho dónde mirar, a qué hora, con qué gafas y, sobre todo, cuánto debíamos emocionarnos. Los medios de comunicación nos anunciaron el fenómeno con la solemnidad reservada para los grandes eventos y las finales deportivas, si me apuras. Además, las redes sociales hicieron el resto: cuentas atrás, recomendaciones, fotografías anticipadas, expertos improvisados y una cantidad de entusiasmo capaz de eclipsar, nunca mejor dicho, al propio eclipse. Solo faltó que alguien nos vendiera una entrada numerada para contemplar el cielo.

Y llegó el momento. La luz comenzó a cambiar y nosotros con ella. Fue algo casi imperceptible al principio, algo así como cuando una habitación pierde lentamente su claridad y una tarda unos segundos en darse cuenta. Después, la sombra y la oscuridad fueron ganando terreno y, a nuestro alrededor, se instaló una extraña quietud, como si todo se hubiera detenido. Durante poco más de un minuto, el cielo consiguió algo que parece imposible: que dejáramos de mirarnos a nosotros mismos y contempláramos su verdadera grandeza. El universo nos mostró lo pequeños que somos ante él. Es más, nos recordó que, por mucho que nos empeñemos en organizarlo todo, hay cosas que seguirán sucediendo sin pedirnos permiso. Y quizá ahí reside parte de su belleza: en saber que, por un instante, podemos dejar de tener el control y limitarnos a mirar, a sentir y a formar parte de algo infinitamente mayor que nosotros.

Quizás, por eso, este eclipse nos pueda enseñar que nuestros problemas, nuestras prisas, nuestras certezas y hasta nuestros dramas caben, después de todo, en un pequeño rincón de un planeta que gira alrededor de una estrella. Esa humildad que no nos puede faltar cuando hacemos más grande todo aquello que no se lo merece. Las pequeñas cosas son, sin duda, las que deberían eclipsarnos a nosotros. Puede ser desde una conversación pendiente hasta una tarde sin prisa, la risa de quienes queremos, un abrazo que llega justo a tiempo. Porque quizá ahí, y no en todo aquello que nos empeñamos en convertir en enorme, es donde está lo verdaderamente importante.

Estamos en agosto. Creo que es un mes perfecto para entender todo esto más allá de la ciencia. Agosto es esa especie de eclipse que provoca un paréntesis en el calendario. No necesita muchos protocolos porque en la actitud está todo. Es un mes que nos invita a bajar el ritmo, a mirar alrededor y a recuperar una forma de estar en el mundo que durante el resto del año parece que olvidamos. Evidentemente, esa invitación estival pasa por dejar por un momento las prisas, los planes y esa necesidad constante de estar haciendo algo. Quizá, por eso, agosto también puede ser un punto de inflexión: porque cuando todo se detiene un poco, resulta más fácil escucharnos a nosotros mismos.

De hecho, es posible que ahí esté la verdadera conexión con el eclipse. Durante unos minutos, el cielo hizo exactamente lo que agosto nos propone hacer: detenernos. Nos obligó a levantar la mirada, a salir de nuestra rutina y a recordar que no todo tiene que ocurrir deprisa, que no todo necesita una respuesta inmediata y que hay cosas que merecen ser contempladas. Después volvió la luz y con ella todo siguió su curso, todo volvió a la normalidad. Nosotros también, pero la fascinación y el asombro que nos produjo, aunque apenas duraran un suspiro, bien merecen que pensemos que el ahora es más importante que cualquier cosa y que en un segundo todo puede cambiar. El mejor regalo que los astros nos han dejado es recordarnos que lo esencial no está en hacer más, sino en aprender a mirar y saber cuándo detenernos. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/17/cuando-el-cielo-nos-obligo-a-parar/

AGOSTO NO ENTIENDE DE RELOJES

Vamos pasando hojas del calendario sin apenas darnos cuenta de que el tiempo vuela. Hay meses que pasan casi sin dejar huella y otros, en cambio, parecen esperarse durante todo el año. Agosto es, sin duda, uno de ellos. Para muchos es sinónimo de vacaciones, de descanso y de bajar el ritmo. Porque, si hay un momento del año en el que el reloj deja de mandar, es este. No se detiene, ya que el tiempo nunca lo hace, pero pierde la autoridad que ejerce durante la rutina.

Durante once meses vivimos pendientes de los horarios, las reuniones, las llamadas… Y, en más de una ocasión, nos repetimos el mismo mantra: “cuando lleguen las vacaciones”. Ahora ya están aquí y, con ellas, llegan también sus propios rituales. El primero de todos es preparar la maleta. Parece una tarea sencilla, pero año tras año nos genera ese nerviosismo tan característico. Siempre queda la duda de si nos habremos dejado algo importante, aunque, en realidad, lo verdaderamente importante sea disfrutar. Los más previsores elaboran listas con días de antelación, pero nunca entenderán la pequeña dosis de adrenalina de quienes confiamos en la memoria hasta el último momento. Eso sí, una vez que el viaje comienza, las preocupaciones deben quedarse atrás, porque lo esencial es vivir el presente. Las vacaciones tienen esa curiosa capacidad de poner cada cosa en su sitio. Descubrimos que no pasa nada por responder un mensaje unas horas más tarde, que el mundo sigue girando aunque el correo electrónico permanezca cerrado y que, en realidad, la mayoría de las urgencias no lo eran tanto.

El destino es lo de menos. Ya sea una playa, la montaña, una ciudad desconocida o simplemente un lugar alejado del ruido, lo verdaderamente valioso es recuperar el control del tiempo, dejar de mirar constantemente el reloj y permitirse hacer aquello que durante el resto del año siempre queda relegado a un “después” o un “en otra ocasión”. Las vacaciones también encierran una curiosa contradicción. Son días pensados para descansar, pero muchas veces terminan repletos de planes. Hay quienes convierten el verano en una aventura para descubrir rincones nuevos, subir montañas, perderse entre calles desconocidas o madrugar para contemplar un amanecer. Otros, en cambio, encuentran la felicidad en una tumbona, un buen libro y el sonido del mar como única banda sonora. Ninguna opción es mejor que la otra. Cada uno descansa como quiere y como necesita. Al fin y al cabo, el verdadero descanso consiste en dedicar el tiempo a aquello que nos hace sentir bien.

Posiblemente, esa sea la mayor enseñanza que nos deja el mes de agosto. Nos recuerda que el tiempo es vida y que siempre viene bien olvidarse del reloj que marca la rutina y dejarse llevar por los pequeños placeres de cada uno. En unas semanas, septiembre llamará a nuestra puerta y con él regresarán los despertadores, las prisas y las agendas repletas de tareas. Será inevitable. Pero ojalá las vacaciones nos dejen algo más que fotografías en el teléfono o un ligero bronceado. Ojalá nos recuerden que bajar el ritmo de vez en cuando también es una forma de cuidar de nosotros mismos.

Agosto acaba de empezar y aún quedan muchos días por delante para llenarlos de momentos, de experiencias y de recuerdos. Porque, al final, el verano no se mide por los kilómetros recorridos ni por el destino elegido; se mide por la capacidad de desconectar, de disfrutar de las pequeñas cosas y de regresar con la sensación de haber vivido un poco más despacio. Quizás ahí resida el verdadero lujo de las vacaciones: descubrir que el tiempo, cuando se comparte y se disfruta, siempre merece la pena.

¡Felices Vacaciones!

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/03/agosto-no-entiende-de-relojes/

DUELE

Firefighters using hoses to combat wildfire spreading through forested mountain area at dusk

Duele ver los montes negros. Duele ver a las personas abandonar sus casas. Duele ver el humo cubrir el horizonte hasta convertir el día en un atardecer eterno. Duele ver a los animales buscar refugio. Duele ver cómo se juegan la vida quienes velan por salvar la de los demás. Duele escuchar el silencio que deja el fuego cuando, finalmente, se apaga.

Duele ver cómo la historia se repite. Cada verano ocurre lo mismo y parece que no aprendemos hasta que los lamentos nos enseñan lo que no se hizo a su debido tiempo. Año tras año, cambian los nombres de los pueblos, cambian las montañas, cambian las cifras, pero el dolor siempre es parecido porque un incendio no solo arrasa árboles; también se lleva por delante recuerdos, proyectos, animales, cosechas y una parte de quienes han ido construyendo su vida en torno a un paisaje que, de repente, se queda reducido a cenizas. Hay lugares que tardarán décadas en volver a tener el verde esplendoroso que lucían antes de las llamas, pero hay personas que nunca recuperarán la tranquilidad. Para ellas, mirar al monte será un desafío. En él verán el pasado cargado de recuerdos, revivirán el miedo de los peores momentos y, aunque el presente las empuje a recuperar lo perdido, saben que nada volverá a ser como antes. Al menos, por ahora. 

La violencia de las llamas asusta. Las imágenes que hemos visto a través de una pantalla dan escalofríos. Afortunadamente, ante ellas emerge la fuerza  de quienes deciden quedarse para ayudar. Bomberos, militares, cuerpos de seguridad, sanitarios y, por supuesto, voluntarios forman una cadena silenciosa que trabaja por los demás, por quienes deben correr en dirección contraria. Ellos no buscan aplausos. Ellos buscan ganarle minutos al fuego por el bien de los demás: por proteger una vivienda, por abrir una vía de escape, por evitar que una familia lo pierda todo. En definitiva, por minimizar el daño que tanto costará reparar. Es más, mientras ellos están frente al fuego hay quienes esperan noticias. Los polideportivos son refugios improvisados donde la esperanza es lo último que se pierde. No se puede ceder ante la incertidumbre. Una llamada lo puede cambiar todo. La incertidumbre, quizás, pesa más que el humo. Cuando una persona abandona su hogar con lo puesto aprende, de golpe, que la vida cabe en una mochila, pero que un hogar nunca ha sido solo un conjunto de paredes. Un hogar es el lugar donde se acumulan los recuerdos, donde se celebran los pequeños momentos y donde se construye el futuro. Por eso, cuando el fuego amenaza con llevárselo todo, no solo arden los tejados; también se tambalean los planes. Aunque el fuego se apague, las cicatrices tardan mucho en desaparecer. 

Ahora bien, sería un error hablar de los incendios solo cuando copan las portadas. El fuego no empieza con las primeras columnas de humo, sino mucho antes: con montes abandonados, con la falta de prevención, con una planificación insuficiente y, en demasiadas ocasiones, con decisiones políticas aplazadas bajo la falsa idea de que la naturaleza siempre encontrará la manera de recuperarse sola. Pero no es así. La reconstrucción tampoco termina cuando se marcha el último camión de bomberos. Después llegan meses de limpiar, replantar, acompañar y reconstruir.

Ojalá llegue el día en que dejemos de acostumbrarnos a estas imágenes. Que un monte calcinado vuelva a escandalizarnos como la primera vez. Que el heroísmo deje de ser una obligación para quienes arriesgan su vida cada verano. Que la prevención ocupe más espacio que las tragedias y que aprendamos a cuidar el territorio antes de tener que lamentarlo.

Porque duele ver los montes negros. Duele ver a las personas abandonar sus casas. Duele ver cómo otros se juegan la vida por salvar a los demás. Pero dolería aún más aceptar que todo esto forma parte de la normalidad.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/07/27/duele/

CAMPEONES DEL MUNDO

Los sueños se cumplen y las finales se ganan. Hay victorias que se celebran y otras que se quedan a vivir en la memoria. Sin duda, esta es una de ellas. Dieciséis años después de aquella noche inolvidable en Sudáfrica, España vuelve a ser campeona del mundo. Este equipo está escribiendo un capítulo de la historia que permanecerá en los anales para siempre, recordándonos no solo el gol de Ferran, sino también los abrazos improvisados, las plazas abarrotadas, las lágrimas incontenibles de quienes estallaron en júbilo y las miradas al cielo dedicadas a quienes ya no están.

La estrella se ha tejido a base de confianza, de seguridad, de respeto y, sobre todo, de la ilusión de creer que era posible. El tiempo ha demostrado que soñar no es malo; lo verdaderamente extraordinario es tener el valor de sostener ese sueño cuando todavía nadie podía verlo. España lo hizo. Partido a partido, sin dejar que nada la desviara del camino, porque sabía que ese gran sueño solo se convertiría en realidad a base de trabajo, compromiso y la capacidad de transformar la ilusión en historia. Una historia que ya luce bordada sobre el escudo y que recordará para siempre que los sueños no entienden de imposibles cuando detrás hay un grupo dispuesto a creer, a luchar y a escribir su propio destino. Porque las estrellas no caen del cielo: se conquistan. Y esta segunda quedará para siempre como el símbolo de una generación que se atrevió a imaginar lo imposible y terminó conquistando el mundo.

Y ante el mundo y, sobre todo, ante los millones de españoles que arroparon a la selección, llegó el momento de celebrar. Evidentemente, las grandes gestas no terminan con el pitido final. La fiesta estaba por llegar porque España tenía una estrella más. Madrid volvió a vestirse de rojo y las banderas rojigualdas no faltaron para recibir a los campeones. Desde primera hora de la tarde, las calles se llenaron de aficionados con la misma ilusión con la que habían seguido cada partido del Mundial. Familias, grupos de amigos y niños arroparon a los de Luis de la Fuente con la camiseta de la selección, ocupando cada rincón del recorrido del autobús que transportaba no solo el trofeo y a los campeones, sino también el orgullo de todo un país.

El epicentro de toda la fiesta estaba en la Plaza de Cibeles. La misma plaza que tantas veces ha visto celebrar los triunfos del deporte español volvió a convertirse en el escenario de una noche inolvidable. Allí solo había sonrisas, cánticos y un sentimiento compartido. El paso del tiempo difícilmente podrá borrar todos estos recuerdos. Para muchos es su primera estrella, pero quienes vivimos el gol de Iniesta sabemos que no hay nada capaz de borrar cada instante de aquella noche de 2010. Ahora, ese recuerdo se une a un nuevo nombre, a un nuevo minuto y a una nueva ciudad que siempre serán motivo de orgullo.

El fútbol tiene la capacidad no solo de unir a miles de personas, sino también de detener el tiempo, ya sea dentro del terreno de juego o fuera de él. Durante el partido todos contuvimos la respiración en más de una ocasión, pero ahora ha conseguido que Madrid detenga su ritmo frenético diario y se pare por una misma ilusión. La segunda estrella está en casa y ya luce sobre el escudo, pero también lo hace en la mirada de todos. Sin duda, las mayores alegrías siempre saben mejor cuando se celebran juntos.

España es campeona del mundo y ahora nos toca disfrutar de este sueño convertido en realidad. Gracias a los nuestros por despertarnos de la mejor manera posible de ese sueño que siempre nos une. La Copa ya está aquí y hay que brindar por ella. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/07/20/campeones-del-mundo/

FRANCIA CELEBRA SU HISTORIA, ESPAÑA BUSCA ESCRIBIR LA SUYA

La historia está llena de días señalados. Unas jornadas conmemoran logros y otras fracasos. El 14 de julio es el gran día para los franceses. El país festeja la Toma de la Bastilla, un episodio que cambió para siempre el devenir de Francia y que convirtió la libertad, la igualdad y la fraternidad en algo más que un lema. Por cierto, un lema que no deberíamos olvidar en los tiempos que corren. Más allá de eso, hoy el escenario es el terreno de juego y por mucho que Les Bleus quieran defender su portería como si de una fortaleza se tratase, los españoles estamos dispuestos a citarnos  con la historia y convertir el partido en una gesta histórica. La Roja sabe a quién se enfrenta y, por eso, no puede permitirse un solo instante de desconexión. 

El sueño de ganar la Copa del Mundo está presente en todos los que seguimos a los de Luis de la Fuente. Estamos a un partido de la final y no es momento de relajarse ni de cometer errores. Sabemos muy bien de lo que es capaz la selección gala, pero no podemos olvidar que, hasta llegar a las semifinales, hemos apeado de la competición a Austria, Portugal y Bélgica. Hemos sufrido, quizá en algún momento más de la cuenta, pero las gestas se logran así. Todos esperamos que esta noche podamos celebrar que España ha impuesto su fútbol y ha dejado a Francia en el camino hacia la final. Porque las grandes selecciones no solo se miden por el talento que atesoran, sino también por su capacidad para responder cuando el escenario exige personalidad y coraje. Mucho se está hablando de lo que hacen, o dejan de hacer, algunos de los titulares de Luis de la Fuente. Hoy es el día de demostrar por qué se viste la camiseta de la selección española. La afición quiere ver la mejor versión de su equipo, y eso es indiscutible.

El calendario ha sido caprichoso y ha querido que en la fiesta nacional francesa, Francia y España se vean las caras. Este encuentro es algo más que una lucha por un billete hacia la final. Eso lo sabemos todos. Es un partido digno de una semifinal y digno, también, de pasar a los anales del deporte rey. Cuando esta noche el árbitro señale el inicio, la Bastilla quedará lejos y los libros de historia permanecerán cerrados porque, durante noventa minutos, esperemos que no más, solo habrá once camisetas con el escudo de España para conquistar la gloria en el terreno de juego y miles en las calles y plazas para apoyarles. Once futbolistas llamados a demostrar que el talento, el compromiso y el carácter también escriben historia. Si Francia quiere celebrar su fiesta nacional, tendrá que hacerlo al margen del fútbol, porque La Roja en Dallas tiene la firme intención de convertir este 14 de julio en una fecha inolvidable para el deporte español. Y si el destino reserva una plaza en la final para quien más lo merezca sobre el césped, que sea España la que escriba el último capítulo de la noche. Porque la historia de Francia se seguirá celebrando cada 14 de julio, pero la del fútbol español aún tiene páginas en blanco esperando a ser escritas.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/07/13/francia-celebra-su-historia-espana-busca-escribir-la-suya/

VERANO, SAN JUAN Y LA ILUSIÓN DE UN MUNDIAL

Hemos ido arrancando hojas en el calendario sin darnos cuenta de que el tiempo pasa, a veces, más deprisa de lo que creemos. Siempre digo que el tiempo no es oro, es vida y ya estamos en verano. La estación estival ha llegado como debe ser, con una ola de calor que nos asfixia pero que no nos impide pensar en los planes que tenemos por delante. Los días son más largos, las terrazas están más llenas que nunca y las playas recuperan el protagonismo perdido. Sin duda, por delante nos quedan muchas nuevas experiencias por vivir. No negaré que el calor tiene sus detractores, pero lo mismo le sucede al frío. Lo importante es saber adaptarse y disfrutar de los pequeños momentos porque el verano, sin duda, nos invita a bajar el ritmo o a desconectar porque es la época por excelencia en la que la palabra “vacaciones” está en todo su esplendor. 

El verano no llega solo ya que muchos tenemos marcada en el calendario una de las noches más simbólicas del año: la noche de San Juan. Si hace calor, éste se aviva hoy con las tradicionales hogueras. Éstas iluminarán las playas, las plazas… para que todos podamos participar en los rituales de esta celebración que mezcla tradición, fiesta y esperanza. Algunos saltarán las llamas para atraer la buena suerte; otros escribiremos en un papel aquello que deseamos dejar atrás para que el fuego se deshaga de ello como símbolo de renovación. También, por supuesto, se pedirán y escribirán los deseos que nos quitan el sueño. Frente al mar o no, la magia de esta fecha invita a creer en los nuevos comienzos. 

A lo largo del año, podemos hacer balance en enero justificado por el Año Nuevo, en septiembre por ser el mes de los comienzos, pero San Juan, con su encanto especial, nos recuerda la importancia de hacer balance, de despedir aquello que ya no suma y de mirar al futuro con ilusión. Esta fiesta nos permite detenernos, hacer una pausa en la rutina y valorar esos propósitos que igual estaban enterrados. Seremos muchos los que soñaremos viendo el fuego. Habrá quien lo entienda y quien no, pero para gustos están los colores. 

Colores, precisamente, son los que se están defendiendo en el Mundial de fútbol. Algunas selecciones ya celebran su clasificación para la siguiente ronda de partidos. Sus aficionados sueñan con la anhelada copa. La selección española debía volver a ilusionar a todos los aficionados, y aunque el arranque mundialista dejó a más de uno preocupado, el domingo ante Arabia Saudí demostró que “La Roja” es la campeona de Europa. Sin duda, esa camiseta es capaz de unir a millones de personas durante estos días. Hemos hablado de sueños y en el deporte rey seguiremos con ellos porque los de Luis de la Fuente nos han dado motivos para creer en ellos. La Copa del Mundo no es una competición cualquiera. Cada partido es una cita ineludible porque durante noventa minutos hay un país entero que comparte nervios, orgullo y esperanza. 

En el deporte, como en la vida, no existen garantías, pero sí ilusiones. Y pocas ilusiones son tan poderosas como las que despierta un Mundial. Es curioso porque el verano, la noche de San Juan y el fútbol, este año, comparten algo esencial: todos ellos nos invitan a soñar. El verano nos anima a vivir nuevas experiencias; San Juan nos permite formular deseos; y la Selección nos recuerda que cualquier reto puede alcanzarse con esfuerzo, compromiso y confianza.

Por eso, mientras las hogueras iluminarán la noche más corta del año y los aficionados esperan el próximo partido de España, conviene recordar que los mejores momentos suelen construirse a partir de pequeñas emociones compartidas. Al fin y al cabo, la vida también se parece un poco al verano: pasa deprisa, deja recuerdos imborrables y siempre merece ser vivida con intensidad.

Los sueños, igual que el verano, están para disfrutarlos mientras duran.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/22/verano-san-juan-y-la-ilusion-de-un-mundial/

UN BALÓN, UNA BANDERA Y MUCHAS ILUSIONES

Ya rueda el balón en las diferentes sedes de la Copa del Mundo, pero seamos sinceros ya que la emoción lleva rodando desde mucho antes. Clasificarse para el Mundial es a lo que aspiran muchas selecciones pero no todas lo consiguen. Sin duda, una de las ausentes en esta edición vuelve a ser “La Azzurra” italiana. Y hablando de colores, son estos los que nos identifican estos días. 

“El Tri” protagonizó la jornada inaugural en el Estadio Azteca de México. Son uno de los tres anfitriones y dieron el pistoletazo de salida a esta competición como ellos saben hacerlo. Ganaron su partido, aunque para el recuerdo está el homenaje a sus raíces y, por supuesto, la solemnidad con la que todos acompañaron a Alejandro Fernández mientras entonaban el himno nacional. Recordé el Mundial que viví por esas tierras hace doce años. El tiempo pasa pero nunca puede borrar los recuerdos que nos sacan una sonrisa en el rostro. El fútbol siempre será el deporte rey, pero lo que más une son las selecciones nacionales y lucir los colores de tu país alejados de cualquier ideología. Quizás en México esto no suceda tanto, pero en España es ‘La Roja’ la que se estrenó en la competición y la que volverá a paralizar durante noventa minutos a millones de personas a pesar del horario del encuentro. 

Hay algo especial en los debuts mundialistas. Durante días hablamos de alineaciones, de favoritos y de estadísticas, pero cuando llega el momento de la verdad todo se reduce a una pelota y a once jugadores defendiendo una misma bandera. Nos representan a todos y todos soñamos con conquistar la Copa y lucir otra estrella en nuestra camiseta. Los Mundiales siempre son una mezcla de memoria y futuro. Nos acordamos de los héroes que nos hicieron felices mientras esperamos a los nuevos protagonistas. España inició su camino con la ilusión intacta. Ayer ante Cabo Verde mostró una imagen que puede mejorar. 

También tengo que hablar de mi querida Alemania. La “Mannschaft” busca la gloria y arrancó la competición ganando a Curazao, un rival teóricamente inferior. Los germanos han querido dejar un mensaje de autoridad desde la primera jornada. No hay que olvidar que en los Mundiales los favoritos saben que no hay segundas oportunidades para causar una buena primera impresión.

Queda mucho torneo por delante, esto no ha hecho más que empezar. Las calles de las ciudades anfitrionas se llenan de camisetas de todos los colores, de idiomas que se mezclan sin necesidad de traducción y de abrazos entre desconocidos que comparten una misma pasión. Esa es la verdadera magia de un Mundial. Quedan muchos partidos, muchas emociones y seguramente alguna sorpresa inesperada. Pero ya se percibe esa atmósfera única que sólo aparece cada cuatro años. El balón rueda, los sueños también, y millones de aficionados vuelven a creer que todo es posible. La Copa busca dueño y candidatos hay muchos. Ser primero o segundo de grupo marca el camino hasta el MetLife Stadium de Nueva York. Estar allí el 19 de julio es el objetivo de todos, pero sólo dos privilegiados tendrán el honor de disputar la gran final. Hasta entonces nos esperan historias de superación, lágrimas de alegría y de tristeza, de héroes inesperados y noches y madrugadas que quedarán para siempre en la memoria colectiva. 

Un Mundial no sólo se mide por los goles o por el equipo que levanta el trofeo; se mide por esas reuniones con amigos, por esas emociones compartidas y por esos abrazos de complicidad… El fútbol, y más aún la selección, es algo más que ver rodar un balón… Porque si hay algo capaz de unirnos, es “La Roja”. Ahora toca disfrutar del camino. Ya veremos si el destino termina llevándonos hasta Nueva York.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/15/un-balon-una-bandera-y-muchas-ilusiones/

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