HOMBRES G, UNA NOCHE PARA RECORDAR

La actitud es vital ante todo y mientras acudía “en mi coche” al recinto ferial de Castellón me repetía a mí misma: “Voy a pasármelo bien”. Y así fue. Por eso, el domingo no “me levanté dando un salto mortal ni echando un par de huevos en mi sartén” porque después del concierto de Hombres G lo que más necesitaba era un café que me devolviera a la realidad. Era la única manera de recuperarme de semejante resaca emocional. Eso sí, “me siento bien”.

Sabíamos que con ellos íbamos a revivir “los mejores años de nuestra vida” y de sus vidas porque sus canciones han ido pasando de generación en generación y eso se notó en el público que acudió para verlos en un directo de pura música, de puro sentimiento y sobre todo, de pura nostalgia. Hombres G no solo llenan recintos; llenan recuerdos. Cada acorde era un viaje a otra época, una sucesión de momentos compartidos entre padres, hijos y amigos que crecieron con canciones que siguen sonando igual de vivas que el primer día.

Hombres G y su público son esos “dos imanes” destinados a encontrarse. Si ellos dicen “Te necesito” a sus fans, después solo les queda un “Te quiero” con respuesta universal. No hay ningún ataque de las “chicas cocodrilo” que no hayan superado David, Javi, Daniel y Rafa porque, aunque no son “Indiana”, tampoco hace falta que se vayan a “Nassau”, porque incluso allí, donde suenan sus canciones, éstas terminan encontrando casa. Y es que no hay manera posible de evitar decir “No te escaparás” cuando la música es el motor de unas personas muy queridas por la gente. Se llevaron, sin duda, el cariño de un público que estaba rendido a ellos desde que sonaron los primeros acordes.

Ellos notaron que queríamos cantar, por eso no dudaron en pedirnos que “Nos soltáramos el pelo” y “Visitáramos su bar” para darlo todo al ritmo que nos iban marcando. Eso sí, tenían claro que algún “Chico tenía que cuidarse”, pero esa lección ya estaba bien aprendida sabiendo que desde hace años “Marta tiene un marcapasos”. Sinceramente, no nos llevaron a “Venezia”, pero nos dejaron “Temblando” solo con “Un par de palabras”. Saben que el cariño es mutuo y por eso, después de dos horas, la gente quería más.

Y cuando llegó el final, el recinto entero se rindió a ese grito compartido de “Devuélveme a mi chica”. Una canción convertida ya en un himno generacional que no necesita presentación ni explicación. Fue en ese instante en el que la noche se convirtió en inolvidable. Todo encajó: las luces, las voces, las miradas y esa emoción colectiva que ya rozaba la despedida. Algunos afónicos, otros con alguna que otra picadura, pero en el fondo todos con una sonrisa en el rostro como reflejo de una felicidad inigualable. Cuando Hombres G suena, se canta hasta el final. Y ahí, en ese último acorde, quedó la certeza de haber vivido una noche que no se olvida, de las que se guardan sin esfuerzo, como un recuerdo que vuelve solo cuando vuelve a sonar una canción.

Es lo que tiene la música: que a veces no hace falta entenderla, solo vivirla, dejar que te atraviese y te devuelva, aunque sea por una noche, a ese lugar donde todo encaja y todo suena un poco mejor. Porque al final, entre voces rotas y canciones coreadas a pleno pulmón, uno descubre que la emoción también tiene su propia banda sonora.

Hasta pronto, Hombres G

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/05/25/hombres-g-una-noche-para-recordar/

A ALEX FERNÁNDEZ

Hay artistas que ofrecen conciertos y hay artistas que construyen recuerdos. Alex Fernández pertenece, sin ninguna duda, a la segunda categoría. Nunca pensé que disfrutaría del mariachi a orillas del Mediterráneo ni que mi mente se trasladaría a México, como lleva haciéndolo últimamente. Arrancó el show con una canción que me ha acompañado desde la etapa más dura de mi vida. Verla cantar en directo, no lo negaré, fue un sueño cumplido.“Qué bonita es esta vida…Y aunque a veces duela tanto y a pesar de los pesares, siempre hay alguien que nos quiere, siempre hay alguien que nos cuida…”

Es caprichosa esta vida, que me ha permitido disfrutar del “heredero de la dinastía Fernández” a nueve mil kilómetros de distancia de mi querido México, tal y como aparece en el cartel de su gira, “Voz de mi sangre”. Este mexicano, que derrochó talento y voz sobre el escenario, se ganó al público desde el primer momento al ritmo de su mariachi, que arrancó la noche con la conocida “Guadalajara”, una ranchera que consiguió que los pies se movieran solos. Avisó de que iba a haber muchas sorpresas, y las hubo. Sin duda, el momento estelar llegó cuando apareció en la pantalla Vicente Fernández, su abuelo. Es imposible olvidar el mensaje que se proyectó, porque es cierto que tanto su hijo como su nieto cuentan con el apoyo del público a este lado del charco y al otro. Por si esto fuera poco, Alex Fernández nos deleitó con una actuación inolvidable: las tres generaciones cantando “Volver, Volver” una de las rancheras más emblemáticas de la música mexicana… A más de uno se le puso la carne de gallina.

Y ahora que he hablado del apellido Fernández en México, y de cómo éste va unido a una historia musical, es justo decir que Alex Fernández ha sabido enfrentar ese peso con inteligencia y sensibilidad. En lugar de intentar competir con el legado de su familia, ha elegido honrarlo desde su propia personalidad. Así es su mariachi pop. Su voz es inconfundible porque no busca imitar a nadie. Tiene matices propios, es honesta y sabe conectar especialmente con quienes todavía creemos en la emoción de una buena canción de amor, de desamor, una ranchera o una serenata. Él, sobre el escenario, es elegante y sereno.

Durante la hora y media larga que duró el concierto, las canciones se fueron sucediendo sin dar tregua a un público que se iba mexicanizando por minutos. No faltaron los aplausos, los “ándales” y hasta las banderas del país azteca. En mi interior, comenzaron a brotar muchos recuerdos de México. Comencé a extrañar a muchas personas y aunque estaba en Castellón, por un rato, volví a la tierra del mariachi, a la tierra del tequila y el agave, a la tierra del sol, a la tierra de los charros y a la tierra del águila y la serpiente.

Volvería a ver a Alex Fernández con la misma ilusión que esta vez, porque lo auténtico se siente y se transmite. El broche de oro de la noche llegó como tenía que llegar. Sinceramente, Alex, fuiste “El Rey” desde el principio. Estoy segura de que tu legado no ha hecho más que empezar. Vicente Fernández reinó, Alejandro Fernández reina desde hace tiempo y tú, si me lo permites, con el público en pie y aclamándote porque brillabas y pedían más de ti, estás llamado a escribir tu propia historia dentro de una dinastía que ya forma parte del alma de la música mexicana. Porque hay voces que no buscan reemplazar a nadie, sino encontrar su propio lugar en la memoria de quienes las escuchan. Y la tuya, Alex, ya ha empezado a quedarse en la mía.

Y todo esto lo escribe una española de corazón mexicano, a la que solo le queda añadir: ¡Viva México!

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/05/12/a-alex-fernandez/

AHORA, ATLETI, AHORA

A una final de la final. O lo que es lo mismo, el Atlético de Madrid está a noventa minutos de sellar su pasaporte a Budapest. Es un sueño, sí, pero es alcanzable, también. Y quien no crea que no siga leyendo porque quien escribe estás palabras aprendió hace mucho tiempo que nunca hay que dejar de soñar. Y sueño porque los sueños nos alimentan no solo las ilusiones sino nuestra forma de entender la vida. Hay despertares que no gustan pero cuando entiendes que el rojiblanco está en la esencia de tu ADN, hasta ese momento todo es posible.

Y lo es porque la eliminatoria está igualada y porque en Londres habrá una representación de toda una afición que hace una semana dejó un huella irrepetible en los anales del fútbol. No importa desde donde se vea el encuentro porque los nuestros saben que estamos con ellos. Es cierto que no estaremos todos físicamente, pero nadie va a faltar. Estará el niño que se enamoró de estos colores sin saber por qué, el abuelo que enseñó a sufrir con orgullo, la voz rota de cada noche imposible en el Calderón y en el Metropolitano. Estará la memoria y estará el presente, empujando juntos. Sufriremos lo que sea necesario para arropar al equipo.

La Champions no entiende de atajos ni de merecimientos escritos de antemano. La Champions se conquista desde esa forma tan nuestra de resistir cuando todo aprieta y de creer cuando otros dudan. Noventa minutos. Sólo noventa. (Esperemos que no más).

Este es el momento en el que la historia no se recuerda: se escribe. Este equipo sabe que no camina solo porque tras cada paso hay detrás millones de latidos que no se rinden, y por supuesto, que no abandonan. Y cuando las fuerzas flaqueen, cuando el reloj pese más que nunca, será ese empuje invisible el que sostenga a los nuestros. No lo dudo.

Hay que ganar, sin duda. No hay que olvidar nunca a Luis Aragonés. No hay que olvidar lo que significa esta camiseta y este escudo. Simplemente, se trata de ser fieles a lo que nos ha traído hasta aquí. De competir como sabemos, de no bajar la cabeza, de entender que cada balón puede ser el último y, por eso mismo, el más importante. No se puede fallar. Cada esfuerzo cuenta y cada duelo se pelea como si fuera decisivo.

Ahora, Atleti, ahora. Es el momento de mirarse y reconocerse. De saber que el sueño está ahí, al alcance de una noche eterna. De entender que no hay miedo cuando lo que te empuja es el corazón. Que no hay distancia cuando una afición entera respira al mismo ritmo porque hay noches que no se juegan: se sienten. Y esta es una de ellas.

Si algo hemos aprendido es que, cuando el Atleti cree, no hay imposibles que se le resistan. 

Es el momento. Es ahora. Es luchar. Es soñar. Es sentir. Es vivir. Es creer…Es Atlético de Madrid.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/05/04/ahora-atleti-ahora-3/

SEMANA SANTA: DEVOCIÓN, FE, EMOCIÓN Y… TORRIJAS

Se acercan los días de recogimiento del año, pero también en estas jornadas hay que respetar y cumplir con las tradiciones gastronómicas. Tengo huevos, leche, azúcar, piel de limón, canela en rama y, cómo no, pan bien esponjoso. Lo único que me falta es la destreza que tiene mi abuela entre fogones, porque por mucho empeño que yo ponga, la experiencia siempre marcará la diferencia y esto es indiscutible. Como indiscutible es que sus torrijas siempre están en los recuerdos familiares. Ahora bien, ella siempre me ha repetido que en la cocina hay que poner mucho cariño, pero para ser sincera creo que lo dice más por animarme… No obstante, no sé si me saldrán bien o no, pero al menos es una bonita manera de empezar a sentir los días más intensos de la Semana Santa. Y es que en España hay mucho por descubrir en estas fechas.

Si nos adentramos en la geografía, muy conocida es la Semana Santa de Málaga. A pesar de que este año no se podrá llegar en tren siempre impresiona ver al Cristo de la Buena Muerte acompañado por la Legión. Oírlos cantar ‘El novio de la muerte’ eriza la piel. Es una experiencia única y aunque es una emoción que no todo el mundo comprende, hay quienes esperan durante todo un año la llegada del Jueves Santo y no pueden evitar emocionarse hasta las lágrimas. Y esto en Málaga, porque si seguimos recorriendo Andalucía, la parada imprescindible es Sevilla. Son muchos los pasos que recorren sus calles, pero la Madrugá del Viernes Santo tiene algo especial. Se siente la devoción, se percibe el respeto. Incluso el silencio habla.

Desde el sur de España, pasando por Madrid, podemos llegar a Castilla y León. Ciudades como Valladolid, León o Zamora ofrecen mucho, pero dado que hablo de mi tierra, me centraré en Burgos. Su historia y sus procesiones son razón suficiente para visitar la ciudad que me vio crecer. ‘El Encuentro’ a los pies de la catedral deja una imagen difícil de borrar. La Semana Santa despierta la fe de muchos en estos días, aunque también es completamente válido que otros prefieran escaparse a la playa o a la montaña. Lo cierto es que, sea cual sea el plan, todos estamos pendientes del tiempo. Miramos al cielo una y otra vez, esperando que nos conceda un respiro. La lluvia no ha dado descanso en los últimos meses y todos sabemos que Semana Santa se caracteriza por su incertidumbre. Las previsiones van cambiando, pero la devoción y las ganas de vacaciones siguen intactas. Ojalá ese cielo dé una tregua. 

El próximo viernes será Viernes de Dolores, antesala del Domingo de Ramos. La Semana Santa ya está aquí y todo está preparado. No importa la forma en que cada uno quiera vivir estos días, porque cada persona sabe cómo quiere disfrutar su vida. Eso sí, es fundamental respetar todas las opciones, porque cada persona es un mundo y ese mundo lo construye como quiere. Al fin y al cabo, lo importante es ser feliz en la vida y esa felicidad se construye con sus propias tradiciones, sus propias experiencias y, por supuesto, con sus propios recuerdos. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/03/23/semana-santa-devocion-fe-emocion-y-torrijas/

CARNAVAL: VIVIR CANTANDO

Llevamos semanas encadenando una borrasca tras otra y, sin duda, este invierno, que será difícil de olvidar porque no nos ha dado ningún respiro, parece que será en estos días en lo que por fin tengamos la merecida tregua y podamos disfrutar de unos rayos de sol y un anticiclón. Estos conseguirán que dejemos atrás los paraguas, los vientos huracanados y la fría sensación térmica que nos ha acompañado. No es que el invierno haya terminado, ni mucho menos, pero este descanso meteorológico se siente casi como un pequeño milagro cotidiano. Después del gris, el sol no solo nos calienta sino que nos levanta el ánimo.  

Si de ánimo hablamos, no hay tempestad que pueda detener el reinado de Don Carnal. Eso sí, tras el bullicio llegará Doña Cuaresma, discreta y sobria, recordándonos que la fiesta es solo una parte del calendario. El entierro de la sardina simbolizará ese tránsito del exceso a la contención, del disfraz a la introspección. No se trata de contrarios irreconciliables, sino de un equilibrio que define nuestra tradición: celebrar con fuerza y después recogerse; reír y luego reflexionar. 

Hasta esta noche en la que sardina se convierta en ceniza tenemos que reconocer que llevamos muchas jornadas en las que los disfraces han sido los protagonistas y encontrar el ideal no siempre es fácil pero dejarse llevar por las sátiras y las parodias es fundamental. Éstas nos han sacado más de una sonrisa. La actualidad se ve desde otro plano cuando nos la cuentan las comparsas o las chirigotas. El sentido del humor es fundamental y estos días cobra especial protagonismo. Famosos son los carnavales de Cádiz o de las Islas Canarias pero en cada rincón de España hay fiesta asegurada.

Evidentemente, el carnaval también tiene sus detractores pero evadirse de la rutina o de la cruda realidad por un momento nunca está demás. Fue Ramón de Campoamor quien escribió en su poema “Las dos linternas” el verso más universal y más propio para estos días: “Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. A algunos les encantarán las sátiras, a otros ni media sonrisa conseguirán sacarles, y más, si son los protagonistas, pero ser un personaje público es lo que tiene. Todo tiene un precio y Don Carnal sabe quien se merece su atención. 

Acompañando a Don Carnal o no, la esencia de nuestro presente, de nuestro ahora, siempre será disfrutar todo lo que podamos. Creo que en esto debemos coincidir. Si alguien duda que escuche a la reina de la salsa. Celia Cruz siempre nos animó con sus canciones porque la vida es, precisamente, un carnaval y “las penas se van cantando”. De hecho, “es para reír, para gozar, para disfrutar” porque “hay que vivir cantando”. No nos olvidemos que “todo aquel que piense que la vida siempre es cruel, tiene que saber que no es así, que tan solo hay momentos malos y todo pasa”.

Dado que todo pasa, mientras el tiempo transcurre y nosotros vamos escribiendo mucha propia historia, gocemos como diría Celia Cruz y a los malos momentos pongámoslos un poco de “azúcar”. Sin duda, lo que está claro es que “La vida es un carnaval”… Bailémosla. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/16/carnaval-vivir-cantando/

MIENTRAS LLEGA DICIEMBRE

Se nos llena la boca diciendo que hay que vivir el presente. Lo decimos con convicción, como si repitiéndolo bastara para que el tiempo se detuviera y nos esperara. Pero no. La vida sigue su curso mientras nosotros corremos detrás del calendario. Y así, casi sin darnos cuenta, ya estamos en noviembre… aunque todo a nuestro alrededor grite “¡Feliz Navidad!”.

Porque es cierto que la Navidad llegará, pero parece que tiene prisa. O, quizás, somos nosotros los que tenemos prisa. Desde septiembre ya se intuía su olor a canela y sus luces LED. Ahora, cuando apenas acabamos de inaugurar el penúltimo mes del año, las calles ya lucen las bombillas, los escaparates se preparan y brillan con el entusiasmo de quien no sabe esperar, y hasta los árboles de Navidad estiran sus ramas en los centros comerciales, listos para la foto perfecta. Y claro, Mariah Carey ha vuelto. Como cada año, abre la puerta musical de la temporada con su eterno “All I want for Christmas is you”, despertando entre copos de purpurina al espíritu navideño más madrugador.

Pero entre tanta anticipación, ¿quién se acuerda del presente?

Noviembre está aquí, como siempre, con sus tardes de escasa luz, sus cielos más cubiertos y, lógicamente con planes de manta y sofá. Sin duda, es un mes tranquilo, quizás sea ese puente entre la calma y el ruido venidero. También es la nostalgia que nos invita a mirar hacia atrás, y por supuesto, hacia delante sin ansiedad. No obstante, hay que reconocer que lo estamos viviendo a medias, eclipsado por un diciembre que aún no ha llegado pero ya ocupa todo el espacio.

La verdad es que el año se nos ha escurrido como agua entre los dedos. Tal vez sea momento de parar un instante, respirar y reconciliarnos con el tiempo. Porque el tiempo no es oro, aunque lo digan. El tiempo es vida, no lo olvidemos. El oro brilla, sí, pero el tiempo se vive. Late. Se nos cuela entre las horas y deja su huella en la piel y en los recuerdos. La vida es eso que sucede mientras colgamos luces y hacemos listas de propósitos. Y quizá ahí esté el truco: recordar que no hay mejor regalo que este instante.

Ser feliz no se compra ni se promete con las uvas de Año Nuevo. Ser feliz es mirarse al espejo y sonreír de verdad, sentirse pleno. No hay que buscar esos ‘peros’ que nos ponemos a menudo. Es cierto que todavía estamos a tiempo de cumplir un propósito pendiente, de intentarlo una vez más, de creer que algo puede cambiar. Eso también es Navidad, aunque no lo envuelva un papel de regalo. Los sueños son los que nos mantienen despiertos. Son un gran motor de nuestro presente. Son el hilo invisible que da sentido al camino. Y sí, la Navidad tiene algo de eso: de magia, de ilusión, de segundas oportunidades. La Navidad llegará con ese espíritu especial, pero ojalá no necesitáramos un calendario para sentirla. Ojalá viviéramos con ese mismo espíritu todo el año, con más bondad que apariencia, con más alma que adorno.

Porque la vida, aunque esté rodeada de turrones, mazapanes, luces o regalos, no espera. Se escapa si no la abrazamos, si no la sentimos, si la dejamos ir. Así que, antes de que diciembre nos atrape con su bullicio, regalémonos, de verdad, un poco de noviembre. Escuchemos el silencio, la lluvia, la calma… Escuchémonos a nosotros mismos…Que todavía no es Navidad, aunque el mundo insista.

Y quizá ahí, en ese instante sencillo, encontremos lo que tanto buscamos: la vida misma, sin prisas y con sentido. Esa vida que nos intentan acelerar, pero que únicamente tiene un presente y es: AHORA.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/11/03/mientras-llega-diciembre/

CUANDO LOS COLORES HABLAN DE VIDA

Octubre llega siempre con un susurro especial. Uno que toca al corazón y que lleva una gran dosis de empatía. El mes se tiñe de rosa, sí, pero no por moda. Lo hace por memoria, por lucha, por vida. Porque hablar del cáncer de mama no es una tendencia: es una necesidad.

Nunca faltan los conciertos, carreras, gestos, campañas… Todo sirve cuando se trata de dar visibilidad. Porque mirar hacia otro lado nunca ha curado a nadie. Y porque todavía, aunque cueste creerlo, hay quienes siguen creyendo que esto no va con ellos. Pero va.

Va contigo, conmigo, con esa amiga que se hace la fuerte y con esa madre que nunca se queja. Va con todas. Y también con ellos, porque el cáncer no entiende de géneros, ni de edades, ni de agendas. Por eso, más allá del rosa, está la urgencia de invertir en ciencia. Porque sin investigación no hay esperanza, y sin esperanza no hay futuro. No es solo prevención. Es compromiso. El de quienes cada día se ponen la bata para buscar respuestas donde solo hay incertidumbre. Y el de quienes deberían destinar recursos sin tener que esperar a que llegue octubre para acordarse.

Obviamente, el cáncer tiene muchos colores. Una paleta infinita que no cabe ni en el arco iris más valiente. Y aunque cada lazo tiene su identidad, su historia, su lucha… el nombre es el mismo. Seis letras que llegan como un golpe seco y que parten la vida en dos. Sin duda, hay un antes y un después. Una luz y una sombra. Pero también fragilidad y coraje. Porque sí, se tiembla. Se llora. Se cae. Pero también se lucha y se va reinventado cada persona. Por supuesto que se abraza más fuerte. Y sobre todo, se vive con más intensidad.

Este domingo, cuando veas el rosa inundarlo todo recuerda que detrás de cada color hay una historia. Algunas celebran la victoria, otras están en plena batalla, pero todas comparten algo: la fuerza. Esa que aparece cuando no hay más opción. Esa que no sabías que tenías hasta que la vida te pone a prueba. Y aunque el foco esté en el cáncer de mama, no olvidemos a quienes caminan bajo otros lazos. Todos cuentan. Todos importan. Porque todos, al final, están unidos por un mismo deseo: vivir.

La actitud importa. El amor, también. A veces no se trata de tener todas las respuestas, sino de acompañar en silencio, de tender la mano sin pedir nada a cambio, de recordar que el cariño también cura. Por eso, celebremos la vida. Porque quien ha vencido al cáncer sabe que después de la tormenta, incluso el cielo parece más azul. Y porque quienes están peleando merecen todo nuestro respeto y nuestra fuerza.

Sí, el rosa se ve más estos días. Pero lo importante no es el color. Es el gesto. Es la memoria. Es la solidaridad que nos recuerda que en esta lucha nadie debería sentirse solo. Y si de colores hablamos, cada uno cuenta su propia historia. El de mi batalla es naranja, el de la vida es esperanza, el futbolístico es rojiblanco… Pero, más allá de matices, lo cierto es que los colores tienen ese poder sutil de unirnos. Está claro que la unión hace la fuerza y que entre todos podemos convertir ese arco iris en un único lazo lleno de ilusión y esperanza… Ahí radica la fuerza de la vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2025/10/13/cuando-los-colores-hablan-de-vida/

HISPANIDAD: UNA HISTORIA QUE SEGUIMOS ESCRIBIENDO JUNTOS

Aunque no será hasta el domingo cuando se celebre oficialmente el día de la Hispanidad, los actos festivos ya han comenzado en Madrid. La unión entre culturas estrecha, más que nunca, sus lazos estos días. No es tan complicado ver los vínculos que nos unen aunque el Atlántico nos separe. Esta celebración, sin duda, además de conmemorar el encuentro entre dos mundos, es una oportunidad para reflexionar sobre todo lo que compartimos las comunidades hispanohablantes: una lengua común, una herencia histórica compleja y una riqueza cultural sin límites. Todo ello visto en las tradiciones, la gastronomía, la música, los bailes…

La Hispanidad no es solo una conmemoración, es un puente. Uno que une continentes, lenguas, historias, ritmos y corazones. La compartimos millones de personas a ambos lados del Atlántico, y aunque la distancia geográfica sea evidente, hay un hilo invisible que nos conecta. Lo notas en una canción, en una palabra que suena igual en distintos acentos, en un plato que huele a infancia aunque se cocine a miles de kilómetros de donde naciste.

Hace años tuve la suerte de vivir en México. Fui con una maleta cargada de tópicos y volví con el alma llena de certezas: nada enseña más que convivir. Porque cuando vives otro país desde dentro, sin mapas ni guías, aprendes a quererlo como propio. Y eso me pasó. Allí descubrí que el picante no es lo más fuerte que tiene México, sino su gente. Su forma de abrazar, de hablar, de reír. Todavía hoy, cada otoño, espero con ganas un pan de muerto, como quien espera una postal que le traiga recuerdos de otra vida. Pero no es solo México. Es Perú, Colombia, Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, y tantos otros países que forman parte de esta enorme casa que es la Hispanidad. Cada uno con su identidad, su historia, sus heridas y su belleza. Y todos, sin excepción, aportan algo que nos enriquece.

No se trata solo de compartir idioma. Se trata de aprender a mirar con otros ojos. Como he dicho al inicio, hay que dejarse empapar por la música, la gastronomía, las costumbres, las palabras distintas que en el fondo dicen lo mismo. Y sobre todo, hay que entender que todos los acentos tienen derecho a sonar sin que nadie los corrija.

La Hispanidad no debería limitarse a una semana de actos ni a una cita marcada en rojo en el calendario. La Hispanidad es un gesto diario. Es cómo miramos al que llega, cómo escuchamos al que habla distinto, cómo nos abrimos a lo que no conocemos. Si no hay integración, si no hay respeto, si no hay diálogo, entonces solo tendremos una festividad sin alma.

Este domingo toca celebrar, pero no de cualquier manera. Es necesario que la fiesta no sea solo de ruido sino que en ella haya memoria, gratitud y también esperanza. Porque en un mundo que a veces se empeña en levantar muros, recordar lo que nos une es más urgente que nunca.

Al final, la vida, como la lengua, no entiende de fronteras. Y si algo hemos aprendido los que amamos las palabras, es que cada acento es una forma de decir «estoy aquí”. En definitiva, la vida no entiende de acentos, pero sí de humanidad.

Jimena Bañuelos

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OTOÑO: LO QUE DEJO Y LO QUE ME QUEDO

Esta semana damos la bienvenida al otoño. El verano se nos va dejándonos la piel marcada por el sol, la rutina aún desordenada… y una estela de recuerdos que se resisten a enfriarse. Estos pueden ser perennes o caducos. De hecho, algunos se quedarán ahí, en la memoria, como fotos mentales que nos arrancan una sonrisa cuando más lo necesitamos. Pero hay que decirlo: la nostalgia tiene dos caras. A veces reconforta y otras te atrapa. Y no se puede vivir mirando hacia atrás.

La vida sigue, con todo lo que eso implica. Con sus días buenos, con los malos, con lo que se va y lo que llega. Cada día es una hoja en blanco. Y sí, puede sonar cursi, pero es verdad: tú decides cómo escribirla. A veces te sale poesía, otras veces solo garabatos, pero es tuya. Y nadie más debería decidir qué poner ahí.

Por eso, criticar lo que otro escribe en su historia personal me parece inútil. Cada quien hace lo que puede con lo que tiene. Y a veces lo hace mal, claro. Pero lo peor que puedes hacer es ir por la vida aparentando. Porque tarde o temprano, todo cae por su propio peso. La hipocresía se nota, aunque venga disfrazada de sonrisa amable.

El tiempo pasa, y nosotros también cambiamos. Es lo natural. Lo que no debería cambiar es la esencia de cada uno. Los principios. La manera de estar en el mundo. Todos tenemos defectos, eso es evidente. Pero también deberíamos tener cierta coherencia con nosotros mismos. Porque si cambias de cara según con quién estés o según qué te convenga, entonces ¿quién eres, realmente?

No hace falta decir todo lo que uno piensa, pero tampoco hay que vivir con miedo a ser claro. A veces es mejor morderse la lengua, sí, lo admito. Pero hay otras en las que no. Y no pasa nada por llamar a las cosas por su nombre. Lo que no entiendo es esa costumbre de adornarlo todo, de ponerle filtros, no solo en las redes, sino también en la vida. La realidad es la que es. No siempre gusta. Pero ocultarla solo sirve para engañarse.

Ser sincero no es ser grosero. Ser honesto no es ser cruel. Pero parece que hay quien no distingue o simplemente no le interesa. La franqueza molesta cuando desenmascara, y hay mucha gente demasiado ocupada construyendo versiones distintas de sí misma para agradar, para encajar o para manipular. Y mira, justo ahora que empieza el otoño y los árboles empiezan a soltar lo que ya no necesitan, quizás sería buen momento para que más de uno hiciera lo mismo: dejar caer capas, máscaras, personajes. Porque aunque duela, ser uno mismo es lo único que tiene sentido. No importa si te critican o algunos se molestan porque, al final, desprenderse de todo eso te hace libre.

Evidentemente, yo seguiré siendo fiel a mi forma de ser. Disfrutando de lo que venga, soltando lo que ya no suma. Porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, aprendes a seleccionar. Lo que no aporta, se suelta y no pasa nada por dejar ir. Lo que no te llena, se deja atrás. El tiempo es vida, no oro. Y éste no está para regalárselo a quienes no lo valoran.

En definitiva, sed felices y vivid como queráis escribir vuestra propia historia. No dejéis que nadie os sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2025/09/23/otono-lo-que-dejo-y-lo-que-me-quedo/

EL VALLE, MÉXICO Y YO

México está en su mes más patrio. Quedan pocos días para los festejos y desde Madrid mi corazón se une a la fiesta del país que hace unos cuantos años me abrió sus puertas y desde entonces ocupa un lugar muy especial en mi vida. Sin duda, es un país maravilloso con gente estupenda y es cierto que las noticias que muchas veces nos llegan no reflejan lo mejor del país azteca. Ahora bien, quien ha tenido la fortuna de vivirlo sabe que México es mucho más que sus titulares. Es un destino que sorprende, que enseña, que transforma. A mí, me permitió descubrir paisajes únicos, sumergirme en una cultura fascinante, y, sobre todo, encontrarme conmigo misma.

Lógicamente, estar a más de nueve mil kilómetros de distancia de mi casa no fue fácil porque cuando los tuyos están al otro lado del charco la nostalgia puede pesar demasiado. Sin embargo, también hay lugares donde, sin esperarlo, te encuentras con personas que te tienden la mano, que te ofrecen amistad sincera y te hacen sentir parte de algo. Así fue como, entre calles, sabores y voces mexicanas, llegué a sentirme como una más.

Por eso, además de celebrar a mi México, lindo y querido, también brindo por los treinta y cinco años que cumple EL VALLE. Allí tuve la oportunidad de formar parte de una gran familia periodística gracias a Pepe Nader. Aunque han pasado los años, nuestra amistad se ha vuelto inquebrantable. Sus cimientos son sólidos, y nuestra pasión compartida por el periodismo es el ingrediente que hace que nuestros vínculos sean perennes.

En EL VALLE está la esencia del periodismo y puedo asegurar que ésta sigue muy viva. Solo hace falta defenderla frente a quienes intentan apagarla. Su director, Pepe Nader, lo demuestra con hechos. Día tras día, su columna refleja una voz firme, sin censura. Puede gustar o no, pero su opinión está guiada por la realidad, y en sus palabras radica la libertad. Todos sabemos que el buen periodismo incomoda, y ejercerlo en un país donde ser periodista puede costarte la vida, requiere algo más que vocación: requiere coraje y valentía.

Sin duda, México fue un punto de inflexión en mi vida. Representó un “después” lleno de significado en muchos aspectos. Al final, la vida está hecha de aventuras y ésta fue muy especial. El escritor canadiense Robin Sharma dice: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.” Y tiene toda la razón. 

Ahora es el momento de festejar, por eso, con la añoranza de no abrazar a mi “segunda familia” y la ilusión de volver a encontrarnos, querido Pepe, te espero pronto por acá, envío mi felicitación más sincera a todos los que hacen posible EL VALLE. Porque ni nueve mil kilómetros de distancia pueden borrar los sentimientos de este corazoncito mexicano que presume, con orgullo, de tener una columna donde “las noticias se hacen periódico”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle: https://elvalle.com.mx/2025/09/08/el-valle-mexico-y-yo/

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