DE BURGOS A SANTIAGO

En Burgos junto a la catedral

Son un referente en nuestras vidas porque son una fuente de sabiduría. La experiencia es un grado y ellos siempre podrán presumir de ella. Los abuelos son inolvidables porque lo que se vive con ellos deja huella para siempre. El tiempo acrecienta los recuerdos ya que a medida que uno va creciendo es más consciente de todo lo que ellos nos han enseñado. Por eso, todos los veintiséis de julio se celebra su día; aunque, es cierto, que a los abuelos se les rinde homenaje a diario. En mi caso, no hay ni un solo día en el año que no recuerde a los míos. 

Y entre recuerdos y homenajes, el VIII Centenario de la Catedral de Burgos ha removido no solo el pasado histórico de mi ciudad sino la memoria de esa niña que creció contemplando la grandeza de la Seo más bonita. Como buena burgalesa solo puedo tener buenas palabras ante su majestuosidad. Se merecía una fiesta de aniversario a la altura y, a pesar de las circunstancias, la tuvo. Se cumple una semana de todos esos festejos, pero quedan más porque este año es su año. Las imágenes con la patrulla Águila sobrevolándola y dejando tras de sí la bandera de España en el cielo radiante de la ciudad, ya están en la historia de ciudad. Por no hablar, de los fuegos artificiales que iluminaron la catedral en la oscuridad de la noche. Se podían haber hecho más cosas, pero la pandemia, de nuevo, nos ha privado de disfrutar al cien por cien de las fiestas. Burgos, precisamente, tiene un número de contagios muy elevado pero no podía renunciar a suspender el aniversario del monumento Patrimonio de la Humanidad. Un Patrimonio de la Humanidad cargado de riqueza en sus ocho siglos de historia pero que, a pesar de estar de celebración, ve amenazadas sus puertas. Concretamente, las de su fachada principal. Las actuales son tres piezas de olmo negro datadas de 1790. Sin embargo, el arzobispado quiere poner tres puertas de bronce que representen a la Santísima Trinidad con un corte realista. Cuando hay que cambiar algo tiene que ser para bien, pero la opinión popular no está a favor de la propuesta de Antonio López. No podíamos tener la fiesta en paz y esto todavía va a dar mucho de que hablar. Menos mal, que los recuerdos son inalterables, pero como buena burgalesa que soy mi opinión está clara y si alguien duda que me la pregunte que se la diré sin filtros, con todo lujo de detalles. Las cosas claras y más cuando tocan uno de mis monumentos favoritos. Siempre que voy a Burgos visito la catedral. Confieso que todavía me falta soplar las velas de su centenario a sus pies y eso que a su lado siempre empequeñeces. Eso sí, también rememoras los buenos momentos vividos que te enriquecen de ilusión para afrontar el paso del tiempo. El futuro que en nada se convierte en pasado, bienvenido sea cuando nos deja momentos que homenajear en nuestra vida.

Por eso, homenajes personales a parte, que continúen los de esta catedral que nos ha visto a crecer a todos los burgaleses. Veremos como en el mes de agosto la Vuelta a España comienza en mi tierra para terminar a los pies de otra catedral, la de Santiago. Burgos está de fiesta, pero Santiago de Compostela también. Han pasado once años, que se dice pronto, desde el último Año Jacobeo. La Vuelta de las Catedrales arranca el catorce de agosto. Todavía queda mucho año para visitar Burgos y adentrarse en la riqueza de su Seo. En ella, por ejemplo, está la tumba del Cid Campeador y su esposa Doña Jimena, su carta de arras y su cofre, la renacentista Escalera Dorada de Diego de Siloé, la sillería del coro, el Papamoscas… Un sin fin cultural que podría comenzar, precisamente, viendo cómo el Papamoscas da las horas dejando con la boca abierta a más de uno y acabar en la Plaza del Obradorio, abrazando al Santo y viendo al Botafumeiro. Burgos es ciudad de paso del Camino de Santiago, un camino que no deja indiferente a nadie, un camino que enriquece no solo culturalmente. Ahí lo dejo … “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” que decía Machado. 

Jimena Bañuelos

Mi columna para El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/24910/de-burgos-a-santiago

PERIODISMO

Nos han avisado de que viene una ola de calor, pero qué esperamos si estamos en pleno mes de julio. Una noticia que abre titulares, pero que se repite como otras tantas cada año en la estación estival. El verano tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Eso sí, a los que no nos importa que el termómetro suba más grados de lo habitual, la situación que hemos pasado la sobrellevamos mejor. El insomnio suele estar vinculado, entre otras cosas, a los problemas que están implícitos en nuestra vida, pero cuando éste es únicamente por calor bienvenido sea. Ahora bien, todo es compatible ya que si nuestro presidente del Gobierno puede dormir después de estar gobernando con quienes le quitan el sueño, quizás pueda compartir su receta si es que hay algo más allá de sus ansias de poder. Un poder al que aferrarse cueste lo que cueste.

El precio a pagar por estar ocupando un sillón puede ser muy alto, pero la conciencia de cada uno es la que tiene que soportar esa carga. Al igual que también es importante mantener el apoyo de quien te ha colocado con un dedo mágico ahí. El pasado sábado, tras unos días de rumores, llegó la crisis de Gobierno. Renovarse o morir como dicen algunos, aunque el renovarse siempre tiene algún fin. Ha habido cambio de nombres y algunos más significativos que otros. Dicen que los cambios hay que hacerlos para mejor, pero visto lo visto, con el paso del tiempo veremos cómo será la evolución de los nuevos rostros que ocupan la nueva foto de Moncloa. Un cambio de caras que se comunicó en una rueda de prensa sin preguntas que, por desgracia, se está convirtiendo en la rutina del presidente y de muchos políticos. Si los periodistas no podemos preguntar nos están quitando un ingrediente fundamental en la esencia de la profesión que ejercemos. La prensa no está para ser palmera de quienes se ponen delante de un micrófono para saltar un discurso más que preparado. La prensa está para incomodar, para arrebatar las frases hechas por las que realmente interesan a los ciudadanos. Y si se sucumbe a eso, el periodismo está perdido dando paso a una propaganda que lo impregna todo a costa de la manipulación

Una manipulación que debería estar vetada por quienes tenemos que incomodar y ser fieles a la realidad. Es cierto, que el periodismo está atravesando una situación muy crítica económicamente hablando, pero también la está atravesando en sus valores y depende de nosotros mismos revertirla. Es vital recuperar los pilares básicos de la “mejor profesión del mundo” como decía Gabriel García Márquez. No me cansaré nunca de defender aquello en lo que creo porque la vida me enseñó a tener mis principios muy claros; unos principios a los que no voy a renunciar. Asumo que no pueden agradar a todos, pero mi esencia está ahí, y eso, es incuestionable. El periodismo, en mi caso, es una vocación porque desde niña tenía muy claro cuál iba a ser mi profesión. Y ahora, tras muchos años ejerciéndola, y viendo lo que está pasando, en más de una ocasión sería necesario hacer un examen y ver en lo que se está convirtiendo. Estamos a tiempo de reaccionar, ojalá suceda más pronto que tarde. Nos debemos a los ciudadanos. Por ellos, la verdad y el análisis tienen que primar sobre los “click”. La comunicación ha evolucionado puesto que la tecnología se ha unido a ella, pero más nos valdría recordar a quienes fueron los pioneros y referentes en nuestra profesión… Eso sí, asumiendo lo mucho que critican mi profesión y la mala fama que tiene por culpa de algunos, siempre diré con la cabeza bien alta y una sonrisa en la cara: Soy periodista.

Jimena Bañuelos

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DISTANCIA

Dicen que las decisiones nunca hay que tomarlas en caliente, es más, es bueno tomar distancia para valorar todo lo que nos rodea. La vida está llena de momentos así y ahora, en pleno verano, ubicar la sombrilla y la toalla en la playa es algo trascendental cuando no se sabe distinguir entre metro y medio y apenas un centímetro. A ojo no es fácil calcular pero las distancias cortas se aprecian cuando escuchas conversaciones ajenas. No es una broma, es una realidad en muchos puntos de nuestro litoral. Obviamente, todos no podemos estar en primera línea de playa. Antes sí, pero ahora en plena pandemia hay que respetar unos mínimos.

Unos mínimos que van implícitos desde el momento en el que nos permitieron quitarnos la mascarilla. El virus sigue con nosotros y a medida que van pasando los días, la cifra de contagiados, por desgracia, va en aumento. Las consecuencias de lo que pueda venir las vamos a pagar todos. Por supuesto, vendrán las prohibiciones de las que tanto nos hemos quejado. Hay que disfrutar pero con una responsabilidad, la cual, por desgracia, muchos han perdido tras la vacuna. Es triste escuchar a quienes hablan de una quinta ola aunque tal y como vamos, ya nada me sorprende. El verano está recién estrenado y todavía estamos a tiempo de revertir la situación hacia la que vamos. Ojalá todo cambie.

Y si hablamos de cambios, no puedo obviar a la Selección Española de fútbol. Los de Luis Enrique no hicieron un buen debut en la Eurocopa, pero “partido a partido” han ido venciendo todas las adversidades. Y hablo de “partido a partido” porque como buena colchonera que soy estoy acostumbrada a sufrir. Algo que fue inevitable en los cuartos de final. Los penaltis son una lotería, pero la euforia es el mejor efecto secundario tras superar esos disparos a puerta. Es cierto que la tanda no empezó bien, pero lo de Unai Simón fue inmejorable. Ahí está el poder de la mente de un guardameta que venció a su mayor error en el partido de octavos. Todos nos equivocamos y sobreponernos es vital para seguir adelante. La mente puede ser nuestra gran aliada o nuestra peor enemiga y si hay que elegir es mejor tenerla de nuestra parte. España ya está en semifinales y esta noche se medirá ante una Italia que sufrió para superar a Bélgica en los cuartos. Italia nos trae a los aficionados al fútbol muchos recuerdos. Tenemos muchas cuentas que ajustar y apearlos de la Eurocopa es una ellas. Los de Mancini pueden llevar el cartel de favoritos, pero eso poco les importa a los de Luis Enrique. A noventa minutos de la final, si hay que sufrir se sufre siempre que los nuestros lo estén dando todo en el terreno de juego. La copa está todavía a nuestro alcance. Wembley es un buen escenario para decir Ciao a unos y Benvenuti al próximo rival.

El futuro es incierto y en el fútbol todo es posible. Al principio hablaba de “tomar distancia” en las decisiones, pero también es muy importante tomarla a la hora de opinar. Las palabras se las lleva el viento, pero una vez que se han pronunciado sus efectos y consecuencias son incalculables. Esto ocurre en el fútbol y, por supuesto, en la vida. No lo olvidemos nunca…

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CON LA “V” DE VERANO, DE VACACIONES, DE ¿VICTORIA?

Con hogueras o sin ellas, en la noche de San Juan siempre se pueden pedir deseos. Todos los tenemos y cumplirlos siempre produce una satisfacción inigualable. A día de hoy, tal y cómo están las circunstancias que nos rodean poder volver a festejar las tradiciones sin restricciones es un anhelo de todos. La normalidad está cada vez más cerca, pero no podemos bajar la guardia en la recta final. El verano ya está aquí y éste trae consigo una infinidad de planes que hay que llevar a cabo en los próximos meses. Confieso que tengo muchas ganas de poder disfrutar de las olas del mar y escuchar ese sonido que es capaz de evadirte de cualquier realidad. 

Una realidad que cambiará el próximo el sábado cuando las mascarillas dejen de ser obligatorias en el exterior siempre cuando se pueda respetar la correspondiente distancia. No me quiero imaginar bajo qué criterios se toman las decisiones ya que hace tiempo que tengo claro que todo pasa por la responsabilidad individual de cada uno. Lo malo es que las consecuencias, a veces, las paga la mayoría y eso no es justo. Pero bueno, siempre hay que quedarse con lo mejor y, en este caso, son las cifras. Además, la esperanza puesta en la vacunación está dando resultados. Sin olvidar, por supuesto, que nos volveremos a ver las caras y en las que no faltaran las sonrisas. Si hace un año disfrutamos de un verano atípico, pero un verano al fin y al cabo; este año no va a ser menos. 

Y no va a ser menos porque nuestra mente necesita desconectar y descansar de toda la presión que nos ha rodeado en el último año. La pandemia ha supuesto un esfuerzo enorme para ella porque la fuerza que hay en ella no siempre puede estar al cien por cien. Su agotamiento da señales que tenemos que saber reconocer y, por supuesto, poner remedio para mitigar las consecuencias que pudieran surgir. De ahí, que la palabra “vacaciones” ya de por sí genere cierto alivio con tan solo escucharla. Disfrutar del momento es vital para todo. El presente es lo más importante. De hecho, éste en un abrir y cerrar de ojos se convierte en pasado.

Por eso, con la estación estival recién estrenada afrontemos esta fechas de tal manera que sus recuerdos puedan ser un alivio cuando las circunstancias sean adversas. Ya sabemos que el futuro es muy incierto. Dicen que no es bueno recordar el pasado, pero sí lo es cuando éste nos saca una sonrisa. En definitiva, se trata de disfrutar, de vivir, de divertirse…

¡Ah! Y para que los que me preguntáis por la Selección en la Eurocopa, dado que mañana los de Luis Enrique juegan un partido trascendental; si ya marcó, por fin, su primer gol Morata tras cambiar los pitos por vítores, ahora, además de ganar, no estaría nada mal que saludasen a su afición. No es mucho pedir. Las imágenes hablan por sí solas. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

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UN ANTES Y UN DESPUÉS

Siempre hay un motivo para sonreír aunque a veces resulte complicado encontrarlo. En los tiempos que corren un simple mensaje de texto puede hacerte más ilusión que cualquier otra cosa. De hecho,  la cita para recibir el pinchazo de la vacuna produce una explosión de felicidad como nunca antes lo ha había hecho otra cita sanitaria. Es normal, porque una mayoría de nosotros somos conscientes de que nuestra protección y la de quienes nos rodean pasan por ese gesto. Por eso, es lógico que este acontecimiento se quiera compartir por tierra, mar y aire o, mejor dicho, por cualquier red social en la que participemos. Tras la cita, llega el “día D” y ese momento para la historia individual bien se merece una foto en la que la sonrisa es capaz de traspasar cualquier mascarilla. 

Una sonrisa que se acentúa en esta época en la que el verano está llamando a nuestra puerta. Las ganas de volver a disfrutar son infinitas porque, aunque nos aconsejen continuar con las precauciones, hay un impulso en nuestro interior que nos invita a retomar la antigua normalidad. Una normalidad que no volverá a ser como la de antes, pero que se adaptará a las secuelas que la pandemia deje en cada uno de nosotros. Es obvio que hay un antes y un después de todo esto. 

Como también hay un antes y un después en la vida de todos. Siempre hay un hecho que lo cambia todo. Por eso, no puedo olvidar lo que significa el 13 de junio para mí. El pasado domingo no fue un domingo cualquiera. Fue el aniversario del día que lo cambió todo. Se han cumplido quince años. Quince años en los que no puedo olvidar la mejor noticia que me han dado nunca. Y, precisamente, fue mi doctora la que me la dio. No recibí ningún mensaje en el móvil porque fue en aquella habitación del hospital con mi madre como testigo cuando, con una sonrisa de oreja a oreja, me dijo: “Jimena, tienes un donante de médula compatible. Esto se acaba.” Se acababa la incertidumbre porque de ahí en adelante todo se tiñó de esperanza. La ilusión y la emoción por lo que estaba por venir reinaron hasta en los días más grises. La batalla contra la leucemia iba a dar un giro de trescientos sesenta grados. El primer “día D” fue aquel martes y trece, y el segundo “día D” llegaría en el mes de septiembre. 

Un antes y un después en mi vida que, sin duda, me marcó mucho puesto que las enseñanzas de entonces han marcado, y mucho, los años que sigo viviendo de regalo. Un regalo que vino de Alemania y que me llenó de una fuerza muy especial, la fuerza de la vida. Y gracias a ella, aprendí, desde muy joven, a saber cuales son mis prioridades. A veces, lo más duro no es dejar atrás el pasado sino aprender a empezar de cero. Y quizás, ahora que las vacunas están frenando a la pandemia, sea el momento de abandonar la vida que habíamos planeado para enfrentarnos a la vida que nos espera. Está claro que nada volverá a ser como antes, pero la actitud siempre lo marcará todo. No perdamos las sonrisas que la pandemia nos arrebató, las cuales han vuelto gracias a un simple mensaje. 

No olvidemos, que en la vida, en un segundo todo puedo cambiar. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SIN RENUNCIAR A NADA MÁS

Todo está preparado para que el próximo viernes arranque la Eurocopa. Los amantes del deporte rey están de enhorabuena porque por delante tienen un mes lleno de partidos en los que se espera ver un gran juego de las selecciones que aspiran a levantar la copa. Es cierto que mucho se ha hablado de los elegidos por Luis Enrique para alcanzar la gloria y tras el partido amistoso ante Portugal del pasado viernes, muchos comentarios han dejado claro a quién se echa de menos en “La Roja.” Esperemos que el empate ante la vigente campeona quede en una anécdota y el campeonato lo empiecen con mejor pie, aunque el positivo del capitán Busquets ha dejado en jaque a todos. De momento, esta noche la Sub-21 sustituye a “La Roja” para cumplir con el último amistoso ante Lituania.

Lo que sí se echaba mucho de menos era ver a los aficionados llenar las gradas de los estadios. Al Wanda Metropolitano acudieron casi quince mil personas para ver la selección. Esperemos que éste sea el principio de lo que está por venir de cara a la próxima temporada. Es cierto que hay que tener precauciones pero ver imágenes como las del otro día te llenan de esperanza. Ya va siendo hora de que recuperemos las costumbres que la pandemia nos arrebató de la noche a la mañana. Cada vez cuesta más asumir las restricciones que quieren imponernos porque los resultados no siempre han sido los esperados. Estamos prácticamente en verano y no estamos dispuestos a renunciar a aquello que no renunciamos hace un año. Salir está en nuestro ADN y forma parte de nuestro carácter porque somos seres sociales y ahora más que nunca tenemos ganas de disfrutar de la estación estival con lo que ésta conlleva. La precaución es algo que tiene que ser individual, después de más de un año está claro que ya sabemos cómo tenemos que actuar y quién no lo sepa es porque no ha vivido de cerca los estragos que este virus deja tras un contagio.

Un virus al que queremos hacer frente gracias a la ciencia. El ritmo de vacunación es bueno y las cifras de fallecidos, afortunadamente, están en descenso. Ojalá llegué pronto el día en el que el número cero sea el protagonista. Ese día tendremos mucho que celebrar pero hasta entonces la vida continúa y debemos seguir viviéndola, nunca mejor dicho. Por delante hay un mes de junio cargado de experiencias. Habrá quien opte por engancharse al deporte ya sea futbol, tenis… Otros preferirán manifestarse en la plaza de Colón de Madrid para mostrar su desacuerdo por los indultos que el Gobierno quiere conceder a los responsables del 1-O en Cataluña; otros buscarán el horario óptimo para planchar o poner la lavadora para ahorrar en la factura de la luz y, por supuesto, habrá quien no quiera ver la realidad y pase de todo sin importar cuál será el futuro que nos espera. Un futuro que estará marcado por los efectos que el coronavirus deje no solo a nivel económico sino también como sociedad. Decían que íbamos a salir mejores de ésta, permitidme que lo dude; lo que está claro es que más pronto que tarde, ese futuro será nuestro presente y veremos si nos convence o no. Menos mal, que cada uno puede dar un giro a la historia personal, como hacen los escritores en sus novelas, para que nada ni nadie se interponga en el relato de tu vida. El contexto es el que es, pero el relato es individual y, sin duda, mi bolígrafo lo sostengo yo porque en el fondo, ser feliz es lo que cuenta.  

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/23402/sin-renunciar-a-nada-mas

MIRADAS AL VERANO

Junio suena a verano, a ocio, a buen tiempo y, después de todo lo que llevamos encima es lógico que lo recibamos con más ganas que nunca. Muchos ya tienen su planes programados, y otros están en ello porque la posibilidad de viajar ha dado un giro a la que ha sido nuestra realidad en los últimos meses. Es cierto que el virus sigue con nosotros, pero la vacunación y la saturación de nuestras mentes por las restricciones han provocado un “efecto llamada” por salir a disfrutar de los placeres de la vida.

Una vida que está llena de esperanza por ver el final de esta pesadilla. Vamos ganando terreno al virus aunque no hay que olvidar, de momento, las precauciones pertinentes. Cada vez cuesta más mantener la distancia porque los reencuentros se merecen más de un abrazo; la mascarilla, con el calor, se hace insoportable aunque hay que aguantar un poco más; menos mal, que lo del lavado de manos ya está más que superado. Lógicamente, con la cifras de la pandemia bajando y las de la vacunación subiendo las sonrisas se reflejan en las miradas. 

Miradas que desean recuperar la normalidad, miradas que reflejan ilusión porque la estación estival y las vacaciones están cada vez más cerca, miradas, en definitiva, que hablan por sí solas. Cada una lleva implícita, en el fondo, más de una historia que la pandemia ha dejado grabada en ellas.

Como también ha dejado en todos nosotros recuerdos que vuelven a nuestro presente ahora más que nunca, porque es complicado no rememorar cómo estábamos hace un año. Un año que ha parecido una eternidad ya que la pandemia ha marcado un antes y un después. Por eso, ahora lo que prevalece es el verbo “disfrutar”. Un verbo que se aprende a conjugar, precisamente, en los peores momentos porque es ahí, cuando las pequeñas cosas toman especial relevancia. Ahora bien, es importante no “olvidar” lo aprendido pero sí los malos recuerdos aunque las cicatrices que deja siempre quedan ahí. Ahora bien, éstas siempre nos dicen dónde hemos estado pero nunca a dónde vamos. 

Obviamente, todavía no podemos poner punto final a la pandemia, pero éste está cada vez más cerca. Confío en que entre todos lo conseguiremos. Estoy convencida de que cuando la vida y el tiempo se alían para bien, el futuro es prometedor y sobre todo, muy enriquecedor. Por eso, hay que seguir soñando y luchando por cumplir esos sueños. El virus nos ha privado de muchas cosas, pero no de la ilusión por todo aquello que saca una sonrisa con solo pensar en ello. Junio acaba de empezar, por delante nos quedan meses cargados de luz para recargarnos de energía. Hay que ir soltando el lastre la pandemia, hay que agradecer a la ciencia su implicación por encontrar una vacuna rápidamente, hay que valorar el trabajo de los sanitarios, en definitiva, hay que ser agradecido. Dar las gracias no cuesta nada, pero sus efectos en quien las recibe dejan huella. 

Van pasando los días y nuestra historia está dando muchos giros a nuestro favor. Dijo Charles Chaplin: “El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.” No le faltaba razón, por lo que espero que se cumplan sus palabras a rajatabla. Ya queda menos…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace a El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/23197/miradas-al-verano

ALIRIÓN, ALIRÓN, EL ATLETI ES CAMPEÓN

Qué manera de sufrir, qué manera de ganar y qué manera de remontar tiene el Atlético de Madrid. Así, partido a partido, llegó la jornada decisiva y en Valladolid, además del himno, se cantó el alirón. Un alirón cargado de sentimiento porque el Atleti es, precisamente, un sentimiento sin igual, otra forma de entender la vida y solo los que llevamos ADN colchonero sabemos de lo que hablamos. No se puede explicar algo inexplicable, de ahí que muchos no nos puedan entender. Del Atleti se nace y, por eso, el sábado al grito de campeones me acordé mirando al cielo de la persona que me hizo amar estos colores desde niña. ¡Bendito tercer anfiteatro! Él me enseñó muchas cosas y me marcó la estela futbolística a seguir. La vida en rojiblanco es especial y formar parte de esta gran familia es algo indescriptible. En las buenas y en las malas, la mejor afición del mundo siempre está ahí. Por eso, no era de extrañar que muchos se desplazaran a Pucela a arropar a los de Simeone en los aledaños de Zorrilla. El resto, con el corazón en un puño, estábamos preparando el recibimiento en Neptuno. El rey del mar estaba listo para reinar en la capital y lo hizo. De hecho, envidia tiene La Cibeles que este año no ha recibido ninguna copa, es más, la temporada la han terminado tan blanca como su camiseta. En fin, en la vida unos ríen y otros lloran; unos saben ganar y perder y otros solo saben protestar, pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y el sitio del Atleti es, indiscutiblemente, el primero en la tabla. 

Es fácil decir: “Nunca dejes de creer”, pero lo importante no es decirlo sino creerlo. Ahí nace la fuerza que te lleva a conquistar aquello que persigues; ya sea en el fútbol o en la vida. De hecho, aquellos que aseguraban que el Atlético no aguantaría la presión son los que hoy callan en las redes, critican por criticar y niegan la superioridad de quienes ya pueden presumir de ser campeones. La vida da muchas vueltas y el fútbol muchas más. Nunca se puede subestimar o despreciar a nadie. Me emociono como una colchonera más cuando veo a los míos triunfar, pero las lágrimas de Luis Suárez lo dicen todo. Lágrimas de alegría que llevan implícitas un mensaje a quienes dudaron de él. El Atlético le recibió con los brazos abiertos y la familia rojiblanca lo acogió sabiendo que nos iba a dar grandes momentos. Momentos que ya son historia del club y recuerdos inolvidables en nuestra memoria colchonera. 

Si nos quieren criticar por la celebración que lo hagan, porque los que hablan siempre son los mismos, los que se veían campeones y se quedaron en el segundo lugar. Lo que está claro es que en el Olimpo de los Dioses, Zeus está consolando a Cibeles mientras Neptuno está de fiesta cumpliendo a rajatabla la letra de la canción de Leiva y Sabina: “En el trono de Neptuno donde no cabe ninguno/Que no sepa soñar partido a partido”. Y así, partido a partido, infarto a infarto y derrochando mucho coraje y corazón hemos “seguido coronando montañas, hemos seguido conquistando escaleras, en el tiempo de descuento, regateando al porvenir”. Si esto lo has leído cantando sabes de lo que hablo… 

En definitiva, el Atleti es campeón, Madrid se tiñe de rojiblanco y nuestra forma de entender la vida es lo que nos ha llevado hasta aquí. Hoy y siempre: “¡Aúpa Atleti!”

Jimena Bañuelos (@14ximenabs) 

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/22982/alirion-aliron-el-atleti-es-campeon

TILA CON ROSQUILLAS

Era el primer fin de semana sin el estado de alarma y todo hacía presagiar que los desplazamientos entre comunidades iban a aumentar. Las ganas de ver a las personas que quieres superan, con creces, cualquier toque de queda o medida que se haya adoptado para contener la curva de contagios. Una curva que, de momento, está más que controlada según los últimos datos de incidencia. Además, no hay que olvidar que la vacunación continúa y eso ayuda mucho. Aún así, no hay que olvidarse de las precauciones pertinentes ya que el virus sigue con nosotros. Eso sí, seamos optimistas y miremos al futuro con la esperanza de disfrutar de un buen verano. El sol siempre da vida y es una buena medicina. De hecho, las imágenes de las playas hablan por sí solas. 

Evidentemente, los que partieron a las costas el pasado fin de semana fueron unos afortunados. Confieso que cierta envidia sí que me dieron porque echo mucho de menos el mar y el sonido de sus olas pero en Madrid festejamos al santo patrón. Fue un San Isidro adaptado a las circunstancias. El Madrid más castizo no renunció ni a los chotis, ni a los chulapos y chulapas y, por supuesto, ni a sus típicas rosquillas: las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas. A nadie amarga un dulce y las tradiciones hay que cumplirlas. 

Y hay que cumplirlas y más cuando la tarde del domingo se jugó la penúltima jornada de la Liga. Rosquillas, pipas, pistachos y lo que fuera necesario para afrontar un partido, previsiblemente, de infarto porque el Atleti es el Atleti y los rojiblancos lo sabemos bien. El deporte rey fue el protagonista y las emociones con él. El Atlético de Madrid tenía en su mano proclamarse campeón, pero cuando se trata del conjunto colchonero ya se sabe que todo puede pasar. Y pasó. Los de Simeone necesitaban una victoria y que los de Zidane no ganaran… Pero noventa minutos dan para mucho y sucedió que los blancos se iban imponiendo en Bilbao mientras los colchoneros sufrían en el Metropolitano y no por falta de ocasiones. El reloj corría pero los segundos eran eternos. La relatividad del tiempo en estado puro. Menos mal que los goles llegaron. Qué manera de remontar tiene el Atleti a golpe de corazón porque las palpitaciones ya eran una realidad. 

De las rosquillas y los frutos secos pasamos a las tilas y las valerianas. Quedan cuatro días para que la competición acabe, cuatro días para recuperar el pulso, cuatro días para seguir creyendo, cuatro días para continuar apoyando al equipo, cuatro días para demostrar que la afición está ahí y cuatro días para hacer planes para el sábado. Sin estado de alarma se puede viajar a cualquier sitio, pero también, y con cuidado, se puede visitar al rey del mar porque Neptuno lleva esperando a su familia rojiblanca desde antes de la pandemia. Y ahora, no es por nada, es el momento de los reencuentros. Está claro, ¿no? 

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/22799/tila-con-rosquillas

SE ACABÓ EL ESTADO DE ALARMA

El fin del estado de alarma se merecía una celebración en la que muchos optaron por ir sin mascarillas y sin respetar la distancia de seguridad, entre otras cosas. Han sido demasiados meses con restricciones muy severas y al decaer la norma la euforia ha ido inundando las mentes de los ciudadanos. Es cierto que a ese tipo de “fiestas” les ha faltado el sentido común porque el virus sigue con nosotros y los datos de vacunación están muy lejos de lo deseado. 

Si hablamos de deseos cabe destacar que se acabaron los cierres perimetrales que han bloqueado la libertad de todos los españoles de moverse por todo el territorio. Seguro que más de uno ya está planificando su próximo fin de semana para viajar allá donde le plazca. Obviamente, habrá reuniones, que éstas respeten el número de personas ya es otro contar, porque la misma alegría que se derrochó el pasado domingo seguirá envolviendo cada acontecimiento rutinario que tras el estado de alarma ha adquirido el matiz de especial. Se han echado de menos muchos momentos y esto conlleva que nos lancemos a dar un buen abrazo a las personas que queremos. Los abrazos no respetan la distancia, es cierto, pero somos humanos y los sentimientos contenidos tienen que salir por algún sitio. Eso es innegable.

Todavía no hemos acabado con la pandemia, pero la vida debe continuar. El tiempo ha ido pasando y hemos ido renunciado a muchas cosas, pero esto también tiene un límite. La salud mental es importante y nuestras mentes necesitan un respiro ya que esta situación está pasando factura. Seguir viviendo con precauciones es lo ideal porque el hartazgo está en un nivel demasiado elevado, de ahí, muchas de las reacciones inconscientes. 

De lo que hay que ser conscientes es de la subida de impuestos que se avecina, no todo va a ser hablar del coronavirus. Una subida que va afectar a nuestro bolsillo, la cual, no nos va a gustar nada. Habrá que ver las consecuencias que tienen esas decisiones del Gobierno. Un Gobierno, por cierto, que no deja de dar titulares por sus rectificaciones, por sus declaraciones… porque cada que vez que ciertos ministros hablan, como suele decirse, sube el pan.

Precisamente, en el refranero español nos encontramos con el popular “Pan para hoy y hambre para mañana” y así han sido todas la medidas que hemos tenido que soportar. Muchas de ellas incomprensibles y la finalidad siempre muy cuestionada. Ahora no hay alarma y todo depende de nosotros. Será difícil culpar a nadie de nuestros actos, pero tiempo ha habido para prepararse para la realidad que hoy tenemos. Las Comunidades Autónomas han tomado sus medidas y urge una guía que haga un compendio de todas ya que era evidente que cada una iba a imponer sus reglas. El futuro pasa por las vacunas y aunque éstas van llegando, el porcentaje de vacunados deja todavía mucho que desear. 

En fin, el año pasado hablábamos de “nueva normalidad” y ahora debemos estar en una nueva etapa de ésta. Con la libertad por bandera, el mejor consejo para afrontarla es el sentido común. Sigamos viviendo la vida con el misterio que hay en ella, sin olvidar las lecciones que ya hemos aprendido. Ya dijo Agatha Christie: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.” 

Jimena Bañuelos

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