ASÍ ES LA VIDA

El Rey León en el Teatro Lope de Vega (Madrid)
El Rey León en el Teatro Lope de Vega (Madrid)

Es gratificante ver como se van recuperando las costumbres y los acontecimientos que la pandemia se llevó por delante. La palabra normalidad comienza a recuperar su sentido aunque todavía queden matices. La experiencia me dice que todos tenemos ganas de disfrutar, de alejarnos del pasado y, sobre todo, de pasar página. La Gran Vía madrileña ha recuperado su bullicio, su trasiego, sus rutinas, su comercio y, por supuesto, sus teatros al completo. El Rey León que lleva diez años rugiendo en la capital ha vuelto a abrir sus puertas para trasladar a su público a la Sabana africana. Emociona ver a los espectadores deleitarse con el espectáculo y a todo el elenco de actores recibir el cariño de ese público que tanto han echado de menos. Los aplausos tras la función llevaban implícitos muchos sentimientos. Hemos vivido una experiencia muy dura, pero poco a poco vamos viendo la luz.

Una luz que se va perdiendo por días. Octubre está llamando a nuestra puerta y aunque todavía nos quede “el veranillo de San Miguel” por disfrutar poco se puede hacer ante el cambio de estación. Confieso que viviría en un eterno verano, pero el otoño ya ha llegado y con él muchas experiencias por vivir. Aunque todavía quedan meses para que llegue la Navidad, las colas para comprar lotería ya son evidentes. Para muchos estamos en el preludio de las fiestas, pero la realidad nos demuestra que hay que vivir en el día a día. 

Un día a día que, obviamente, nos llevará al último día del año. Quizás, la maratón de Madrid, que se corrió en el pasado domingo, sea la prueba que ha dado el pistoletazo de salida a muchos corredores que se verán las caras en la mítica San Silvestre Vallecana. Volver a ver las calles así anima a cualquiera porque el silencio va cediendo paso a las risas, las conversaciones, en definitiva, vamos ganando esa libertad que perdimos para proteger nuestra salud. Todavía quedan restricciones, pero éstas cada vez son menores. Esperemos que la tendencia de los datos siga como hasta ahora y podamos celebrar el fin de este duro paréntesis. 

Un paréntesis que nos ha marcado a todos. De una manera o de otra nos hemos tenido que amoldar a la situación. Ahora hay que recuperar el tiempo perdido porque la anhelada “normalidad” está cada vez más cerca. Por desgracia, la vida es caprichosa y ante los fenómenos de la naturaleza poco se puede hacer. De nuevo, la solidaridad de los españoles ha vuelto a ser la protagonista ante la erupción del Cumbre Vieja en La Palma. La Isla Bonita nos está dejando imágenes espectaculares  que nunca habíamos visto, pero también y lo más importante de todo, testimonios desgarradores. En esta tragedia muchas personas lo han perdido todo. ¿Qué te llevas de tu casa si te dan quince minutos para desalojarla? Una pregunta que nos tendríamos que hacer todos. Responderla te pone los pelos de punta, pero ha sido y está siendo la realidad de muchos palmeros. 

Una realidad que supera con creces a cualquier ficción que hayamos visto. Por eso, no olvidemos las lecciones que hemos aprendido porque en la vida hay cosas más importantes que tu equipo gane o pierda. La vida nos da la oportunidad de convertir nuestros sueños en realidad, pero también nos enseña a golpe de realidad. En fin, así es la vida

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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ENTRE LA NORMALIDAD Y LA EMPATÍA

Da gusto ver como la normalidad poco a poco comienza a visualizarse, todavía queda mucho para que ésta sea como la de antes, pero estamos más cerca de conseguirla si continuamos con la tónica de hasta ahora. Los datos están a nuestro favor y eso es más que ilusionante. La vacunación está muy avanzada y cada vez son más los que deciden ponerse ese pinchazo que nos beneficia a todos. 

Como ilusionante es ver la Feria del Libro de Madrid abarrotada los fines de semana. El límite de aforo hace que se formen largas colas, pero el encuentro entre lectores y escritores era una necesidad después de todo lo que hemos vivido. Confieso que la lectura ha sido una de las mejores aliadas que he tenido para sobrellevar los confinamientos. Adentrarse en las páginas de un libro, es adentrarse en una aventura que te ayuda a alejarte de la realidad. Algo muy necesario en el último año y medio. La verdad es que a este evento se han unido otros y la hostelería también va recuperando su esencia. Es cierto que no hay que confiarse, pero también es cierto que hay que seguir disfrutando de nuestro día a día con todo lo que eso conlleva.

Un día a día que esta semana deja atrás la estación estival para dar la bienvenida al otoño. Todavía se pueden aprovechar las jornadas veraniegas que nos queden, pero, sin duda, esto no va a durar mucho. Se nota que cada vez anochece antes y a los que nos gusta la luz nos cuesta asumirlo, pero siempre hay un buen plan que hacer. Madrid reabre el aforo completo de los cines y los teatros y apostar por la cultura siempre es una buena opción. Eso sí, no puedo obviar hablar del público en los estadios de fútbol. Me encanta ver en el Metropolitano a los rojiblancos cantando el himno con las bufandas en alto. De los últimos partidos mejor no hablo, porque esto no ha hecho más que empezar…

Sin duda, estamos en el comienzo de una etapa que deja atrás las duras restricciones y en la que vamos recuperando costumbres que el virus nos arrebató. La mascarilla, de momento, sigue con nosotros pero bienvenida sea si con ella se pueden recuperar las aficiones perdidas, los abrazos negados y los encuentros aplazados. No ha sido fácil llegar hasta aquí y ahora hay que mirar al futuro con ilusión pero sin olvidar las secuelas que la pandemia ha dejado. Los daños psicológicos pueden ser peores que los físicos, por eso, no dejemos de lado la salud mental porque sin ella el motor del ánimo no funciona bien. Quizás un poco de empatía no vendría nada mal en nuestra sociedad, ya que si supimos ser resilientes, ahora más que nunca debemos recuperar la empatía con los que nos rodean. Augusto Cury dice que “la capacidad de colocarse en el lugar del otro es una de las funciones más importantes de la inteligencia. Demuestra el grado de madurez del ser humano” y no le falta razón. Cada persona es un mundo y, por eso, toda ayuda es poca… “No pregunto a la persona herida cómo se siente. Yo mismo me convierto en la persona herida” dijo Walt Whitman. Reflexionemos…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CARTA A MELENDI

Concierto de Melendi en Castellón

Han pasado tres años desde que no nos vemos, tres años que han sido una eternidad. De repente, todo cambió y si tú echabas de menos a tu público, tu público te echaba de menos a ti. Era tu cuarto concierto de esta gira que por fin se ha podido realizar. La parada era en Castellón, una tierra que se volcó contigo desde que saliste al escenario. Auguró Carlos Latre imitando a Raphael que sería una gran noche y, permíteme que te diga que lo fue.

Hemos sido “guerreros” ante una pandemia que nos ha hecho valorar las pequeñas cosas. Quizás, nos haya enseñado a vivir, pero como bien dijiste este periodo de introspección ha dado para mucho. Te confieso que en el confinamiento puede que tuviera un “violinista en mi tejado” bastante triste mientras resistíamos el encuentro con nosotros mismos. Además, con la incertidumbre que reinaba en el ambiente puede que hasta creciera un “jardín con enanitos” en mi cabeza con tal de evadirme de la cruda realidad. Pero el tiempo, querido Melendi, ha querido que nos reencontráramos y a pesar de la mascarilla y las medidas de seguridad, los sentimientos no cambian. Dicen que hay pastillas para todo pero, sin duda, la mejor es ver disfrutar a la gente que quieres. Eso cura más que nada y en los tiempos que corren, eso vale oro. La noche del sábado, respirando el olor a mar sanaron las heridas del alma porque la emoción, la adrenalina y la felicidad se respiraba en el ambiente. No sé si fue “casualidad o destino” que te viera sobre el escenario con mis amigos Claudia, Ely y Sergio pero me alegro de que mi primer concierto desde que llegó el coronavirus a nuestra realidad fuera con ellos. Esto será inolvidable.

Si tú hiciste una “promesa” yo también. Y las promesas hay que cumplirlas y no hay peros que valgan. Tal vez algún “casi” pero como bien cantas en “casi se quedó” porque no hay lucha sin victoria. La vida me enseñó qué batallas quiero luchar, por eso, a voz en grito canté “ella no es solamente lo que ves, a ella ni tú ni nadie le para los pies” porque tienes razón hay que dejarnos bailar. Una canción que no sabía si estaba en tu repertorio, pero que me hizo especialmente feliz vértela cantar en directo. Significa mucho porque es muy fácil poner límites a los demás o cuestionar su valía sin ni siquiera dar una oportunidad. Seguro que todos sabemos de lo que hablo a estas alturas…

Pero bueno, está claro que siempre de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Esos abrazos, esas bromas, esos gritos de “Melendi, Melendi” que tanto añorabas te los regaló un público que estaba entregado a ti. La vida es eso y durante dos horas olvidamos la cruda realidad porque evadirse es bueno y contigo como banda sonora nada podía salir mal. El sábado hubo “lágrimas desordenadas” cargadas de mucha nostalgia, de muchos recuerdos, de mucha ilusión… En definitiva, los sentimientos, a veces, salen por los ojos y son salados. Ahora bien, estoy convencida de que algún día dejaremos al virus “tocado y hundido”.

Querido Melendi, pensaba que esta carta iba a ser “sin remitente” pero me he dado cuenta de que no es posible. Por eso, la firma una servidora que va “caminando por la vida sin pausa pero sin prisa” porque llevo quince años viviendo de regalo y puedo gritar a pleno pulmón que Aún tengo la vida”.

Jimena Bañuelos

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Déjala que baile

PRINCIPIOS Y FINALES

Con medalla de oro, de plata, de bronce o con diploma o sin él, el hecho de participar en unos Juegos Olímpicos es “algo inolvidable”, unas palabras que comparten los deportistas que nos han deleitado a todos con su valía. El camino hasta Tokio no ha sido fácil pero toda pasa y la llama olímpica ya se ha apagado. Quedan los recuerdos, esos momentos que cada persona decide almacenar en su mente. Unos serán más agradables que otros, pero de los malos siempre se puede aprender. París es el objetivo ahora y aunque parezca que queda mucho tiempo, éste vuela. Y las ganas de que vuele van más allá del deporte. La situación que estamos atravesando está siendo una carrera de fondo sin ver la meta final. La mente no siempre está de nuestro lado, pero no tengo ninguna duda de que conseguiremos atravesar la meta y solo por el hecho de hacerlo bien nos merecemos todos una medalla.

Una medalla que significará el final de una pesadilla que a todos nos ha dejado alguna cicatriz. Cicatrices que se curan, precisamente, con las agujas del tiempo. Ese tiempo que ahora queremos que vuele pero que se ralentiza a su antojo. Está claro que hay que disfrutar cada día, cada momento porque en un segundo todo puede cambiar. Hay quienes por una centésima de segundo no han podido subir a un podio y su sueño tendrá que esperar. Todavía siguen soñando nuestros deportistas paralímpicos. Es su momento. Confieso que estaré pendiente de Marta Fernández. Es mi paisana y compite en un deporte que me apasiona: la natación. Dentro del agua y haciendo mis largos disfruté durante muchos años. Sería una satisfacción muy grande ver a esta burgalesa con más de una medalla colgada. No tengo ninguna duda de que peleará por todas porque ya ha demostrado en más de una ocasión todo su potencial.

Un potencial que tienen que tener en niveles muy altos los equipos de futbol porque esta semana arranca la Liga. Y ya que he hablado de una burgalesa no puedo obviar al equipo de mi ciudad que se estrena en la Segunda División. La ilusión tiene que estar unida al trabajo para ganar puntos y estar en un buen lugar en la tabla. Confío en ellos como también lo hago, por supuesto, en los rojiblancos. Los de Simeone son los vigentes campeones y defienden el título que consiguieron llevando a los corazones al límite. El Atleti es lo que tiene y todos sabemos, a estas alturas, que hay que ir “partido a partido”. Queda toda la temporada por delante y con ella, muchos momentos por vivir y, por supuesto, por sufrir. Este año tocará hacerlo por partida doble, pero merecerá la pena si al final se alcanza la gloria. Ser campeón es lo que conlleva.

¡Ah! Por cierto, se me olvidaba. Messi se ha ido del Barça pero hay vida más allá de él… Sigamos viviendo.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LA FUERZA DE LA MENTE

Mucho se está hablando estos días de la salud mental. Por desgracia, hasta que la gimnasta Simone Biles no se retiró de la final de los Juegos Olímpicos apenas se hablaba de este tipo de salud que es tan importe en nuestro día a día. No hace falta ser un deportista de élite para ser conscientes de la relevancia que tienen nuestros pensamientos. La fuerza de la mente puede ser nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga. No es fácil lidiar con ese “run-run” que siempre nos acecha. No hace falta pasar por un mal momento para verlo todo más negativo o venirse abajo. Estamos viviendo una época muy dura porque la pandemia está dejando muchas secuelas. El agotamiento mental, sin duda, es una de ellas.

Con la llegada del virus todo cambió sin previo aviso. No estábamos preparados para afrontar la incertidumbre con la que estamos conviviendo desde entonces. Han ido pasando los meses y con ellos las distintas olas. Es cierto que vimos una luz con la llegada de las vacunas, pero éstas no son el punto final a la pandemia, porque está claro que en el momento en el que nos relajamos los contagios vuelven a subir. Menos mal que las hospitalizaciones sí que se han frenado. Algo hemos ganado gracias a la ciencia. Está claro que la investigación necesita más inversión en ella porque es un beneficio para todos. Pero esa luz que vimos no siempre ha tenido la misma intensidad porque la ansiedad, el estrés, el desánimo… y muchas más sensaciones se han apoderado de las mentes de muchas personas. Salir de ese bucle no es fácil, pero hablar de ello no tendría que ser un tabú. La pandemia nos ha enseñado a conocernos, a saber dónde están nuestros límites y deberíamos saber pedir ayuda a quienes saben hacer frente a nuestros “come cocos” mentales. Los profesionales sanitarios, obviamente, están más que preparados, pero también una buena charla con un amigo o con un ser querido es de gran ayuda.

Biles no pudo con la presión y cuando lo dijo sintió alivio porque las muestras de cariño y apoyo le demostraron que había sido muy valiente. La valentía de cada persona está en afrontar los miedos plantándoles cara. En la vida hay que saber parar, para afrontar el futuro como realmente lo queremos. No tengo ninguna duda de que si juntamos la fuerza de la vida con la fuerza de la mente la medalla de oro está garantizada. No hay mayor triunfo para una persona que ser ella misma. Las apariencias siempre engañan y, por supuesto, no son eternas.

La vida me enseñó a ser fuerte pero no de piedra. Aprendí a resistir, a adaptarme a terribles circunstancias, a luchar contra mis demonios… pero también me enseñó a parar y a pensar en mí. Eso sí, siempre con una sonrisa. Ahora, que estoy de vacaciones, es un buen momento para formatear de mi cabeza aquello que no me hace bien. De hecho, la palabra “vacaciones” lleva implícita grandes efectos secundarios. ¿Quién no anhela sentirlos en primera persona?

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/25140/la-fuerza-de-la-mente

DE BURGOS A SANTIAGO

En Burgos junto a la catedral

Son un referente en nuestras vidas porque son una fuente de sabiduría. La experiencia es un grado y ellos siempre podrán presumir de ella. Los abuelos son inolvidables porque lo que se vive con ellos deja huella para siempre. El tiempo acrecienta los recuerdos ya que a medida que uno va creciendo es más consciente de todo lo que ellos nos han enseñado. Por eso, todos los veintiséis de julio se celebra su día; aunque, es cierto, que a los abuelos se les rinde homenaje a diario. En mi caso, no hay ni un solo día en el año que no recuerde a los míos. 

Y entre recuerdos y homenajes, el VIII Centenario de la Catedral de Burgos ha removido no solo el pasado histórico de mi ciudad sino la memoria de esa niña que creció contemplando la grandeza de la Seo más bonita. Como buena burgalesa solo puedo tener buenas palabras ante su majestuosidad. Se merecía una fiesta de aniversario a la altura y, a pesar de las circunstancias, la tuvo. Se cumple una semana de todos esos festejos, pero quedan más porque este año es su año. Las imágenes con la patrulla Águila sobrevolándola y dejando tras de sí la bandera de España en el cielo radiante de la ciudad, ya están en la historia de ciudad. Por no hablar, de los fuegos artificiales que iluminaron la catedral en la oscuridad de la noche. Se podían haber hecho más cosas, pero la pandemia, de nuevo, nos ha privado de disfrutar al cien por cien de las fiestas. Burgos, precisamente, tiene un número de contagios muy elevado pero no podía renunciar a suspender el aniversario del monumento Patrimonio de la Humanidad. Un Patrimonio de la Humanidad cargado de riqueza en sus ocho siglos de historia pero que, a pesar de estar de celebración, ve amenazadas sus puertas. Concretamente, las de su fachada principal. Las actuales son tres piezas de olmo negro datadas de 1790. Sin embargo, el arzobispado quiere poner tres puertas de bronce que representen a la Santísima Trinidad con un corte realista. Cuando hay que cambiar algo tiene que ser para bien, pero la opinión popular no está a favor de la propuesta de Antonio López. No podíamos tener la fiesta en paz y esto todavía va a dar mucho de que hablar. Menos mal, que los recuerdos son inalterables, pero como buena burgalesa que soy mi opinión está clara y si alguien duda que me la pregunte que se la diré sin filtros, con todo lujo de detalles. Las cosas claras y más cuando tocan uno de mis monumentos favoritos. Siempre que voy a Burgos visito la catedral. Confieso que todavía me falta soplar las velas de su centenario a sus pies y eso que a su lado siempre empequeñeces. Eso sí, también rememoras los buenos momentos vividos que te enriquecen de ilusión para afrontar el paso del tiempo. El futuro que en nada se convierte en pasado, bienvenido sea cuando nos deja momentos que homenajear en nuestra vida.

Por eso, homenajes personales a parte, que continúen los de esta catedral que nos ha visto a crecer a todos los burgaleses. Veremos como en el mes de agosto la Vuelta a España comienza en mi tierra para terminar a los pies de otra catedral, la de Santiago. Burgos está de fiesta, pero Santiago de Compostela también. Han pasado once años, que se dice pronto, desde el último Año Jacobeo. La Vuelta de las Catedrales arranca el catorce de agosto. Todavía queda mucho año para visitar Burgos y adentrarse en la riqueza de su Seo. En ella, por ejemplo, está la tumba del Cid Campeador y su esposa Doña Jimena, su carta de arras y su cofre, la renacentista Escalera Dorada de Diego de Siloé, la sillería del coro, el Papamoscas… Un sin fin cultural que podría comenzar, precisamente, viendo cómo el Papamoscas da las horas dejando con la boca abierta a más de uno y acabar en la Plaza del Obradorio, abrazando al Santo y viendo al Botafumeiro. Burgos es ciudad de paso del Camino de Santiago, un camino que no deja indiferente a nadie, un camino que enriquece no solo culturalmente. Ahí lo dejo … “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” que decía Machado. 

Jimena Bañuelos

Mi columna para El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/24910/de-burgos-a-santiago

DISTANCIA

Dicen que las decisiones nunca hay que tomarlas en caliente, es más, es bueno tomar distancia para valorar todo lo que nos rodea. La vida está llena de momentos así y ahora, en pleno verano, ubicar la sombrilla y la toalla en la playa es algo trascendental cuando no se sabe distinguir entre metro y medio y apenas un centímetro. A ojo no es fácil calcular pero las distancias cortas se aprecian cuando escuchas conversaciones ajenas. No es una broma, es una realidad en muchos puntos de nuestro litoral. Obviamente, todos no podemos estar en primera línea de playa. Antes sí, pero ahora en plena pandemia hay que respetar unos mínimos.

Unos mínimos que van implícitos desde el momento en el que nos permitieron quitarnos la mascarilla. El virus sigue con nosotros y a medida que van pasando los días, la cifra de contagiados, por desgracia, va en aumento. Las consecuencias de lo que pueda venir las vamos a pagar todos. Por supuesto, vendrán las prohibiciones de las que tanto nos hemos quejado. Hay que disfrutar pero con una responsabilidad, la cual, por desgracia, muchos han perdido tras la vacuna. Es triste escuchar a quienes hablan de una quinta ola aunque tal y como vamos, ya nada me sorprende. El verano está recién estrenado y todavía estamos a tiempo de revertir la situación hacia la que vamos. Ojalá todo cambie.

Y si hablamos de cambios, no puedo obviar a la Selección Española de fútbol. Los de Luis Enrique no hicieron un buen debut en la Eurocopa, pero “partido a partido” han ido venciendo todas las adversidades. Y hablo de “partido a partido” porque como buena colchonera que soy estoy acostumbrada a sufrir. Algo que fue inevitable en los cuartos de final. Los penaltis son una lotería, pero la euforia es el mejor efecto secundario tras superar esos disparos a puerta. Es cierto que la tanda no empezó bien, pero lo de Unai Simón fue inmejorable. Ahí está el poder de la mente de un guardameta que venció a su mayor error en el partido de octavos. Todos nos equivocamos y sobreponernos es vital para seguir adelante. La mente puede ser nuestra gran aliada o nuestra peor enemiga y si hay que elegir es mejor tenerla de nuestra parte. España ya está en semifinales y esta noche se medirá ante una Italia que sufrió para superar a Bélgica en los cuartos. Italia nos trae a los aficionados al fútbol muchos recuerdos. Tenemos muchas cuentas que ajustar y apearlos de la Eurocopa es una ellas. Los de Mancini pueden llevar el cartel de favoritos, pero eso poco les importa a los de Luis Enrique. A noventa minutos de la final, si hay que sufrir se sufre siempre que los nuestros lo estén dando todo en el terreno de juego. La copa está todavía a nuestro alcance. Wembley es un buen escenario para decir Ciao a unos y Benvenuti al próximo rival.

El futuro es incierto y en el fútbol todo es posible. Al principio hablaba de “tomar distancia” en las decisiones, pero también es muy importante tomarla a la hora de opinar. Las palabras se las lleva el viento, pero una vez que se han pronunciado sus efectos y consecuencias son incalculables. Esto ocurre en el fútbol y, por supuesto, en la vida. No lo olvidemos nunca…

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/24258/distancia

UN ANTES Y UN DESPUÉS

Siempre hay un motivo para sonreír aunque a veces resulte complicado encontrarlo. En los tiempos que corren un simple mensaje de texto puede hacerte más ilusión que cualquier otra cosa. De hecho,  la cita para recibir el pinchazo de la vacuna produce una explosión de felicidad como nunca antes lo ha había hecho otra cita sanitaria. Es normal, porque una mayoría de nosotros somos conscientes de que nuestra protección y la de quienes nos rodean pasan por ese gesto. Por eso, es lógico que este acontecimiento se quiera compartir por tierra, mar y aire o, mejor dicho, por cualquier red social en la que participemos. Tras la cita, llega el “día D” y ese momento para la historia individual bien se merece una foto en la que la sonrisa es capaz de traspasar cualquier mascarilla. 

Una sonrisa que se acentúa en esta época en la que el verano está llamando a nuestra puerta. Las ganas de volver a disfrutar son infinitas porque, aunque nos aconsejen continuar con las precauciones, hay un impulso en nuestro interior que nos invita a retomar la antigua normalidad. Una normalidad que no volverá a ser como la de antes, pero que se adaptará a las secuelas que la pandemia deje en cada uno de nosotros. Es obvio que hay un antes y un después de todo esto. 

Como también hay un antes y un después en la vida de todos. Siempre hay un hecho que lo cambia todo. Por eso, no puedo olvidar lo que significa el 13 de junio para mí. El pasado domingo no fue un domingo cualquiera. Fue el aniversario del día que lo cambió todo. Se han cumplido quince años. Quince años en los que no puedo olvidar la mejor noticia que me han dado nunca. Y, precisamente, fue mi doctora la que me la dio. No recibí ningún mensaje en el móvil porque fue en aquella habitación del hospital con mi madre como testigo cuando, con una sonrisa de oreja a oreja, me dijo: “Jimena, tienes un donante de médula compatible. Esto se acaba.” Se acababa la incertidumbre porque de ahí en adelante todo se tiñó de esperanza. La ilusión y la emoción por lo que estaba por venir reinaron hasta en los días más grises. La batalla contra la leucemia iba a dar un giro de trescientos sesenta grados. El primer “día D” fue aquel martes y trece, y el segundo “día D” llegaría en el mes de septiembre. 

Un antes y un después en mi vida que, sin duda, me marcó mucho puesto que las enseñanzas de entonces han marcado, y mucho, los años que sigo viviendo de regalo. Un regalo que vino de Alemania y que me llenó de una fuerza muy especial, la fuerza de la vida. Y gracias a ella, aprendí, desde muy joven, a saber cuales son mis prioridades. A veces, lo más duro no es dejar atrás el pasado sino aprender a empezar de cero. Y quizás, ahora que las vacunas están frenando a la pandemia, sea el momento de abandonar la vida que habíamos planeado para enfrentarnos a la vida que nos espera. Está claro que nada volverá a ser como antes, pero la actitud siempre lo marcará todo. No perdamos las sonrisas que la pandemia nos arrebató, las cuales han vuelto gracias a un simple mensaje. 

No olvidemos, que en la vida, en un segundo todo puedo cambiar. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/23623/un-antes-y-un-despues

EL LEGADO DE MI ABUELO

“Solo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvidaré”. Esa es una gran verdad, porque de ti aprendí muchas cosas. Eras el mejor libro de historias, de refranes, de anécdotas y sobre todo eras un gran maestro de la vida. Como buen burgalés de pro me enseñaste a amar mi tierra porque estabas muy orgulloso de ella. De hecho, lucías la capa castellana como nadie y por ti vestí el traje regional siendo una niña. Han pasado los años y es imposible olvidar todas las aventuras que vivimos entre los tipos de tu imprenta. Desde luego, ese sí que era el sitio apropiado para dejar volar la imaginación. No sé si allí nació mi vocación periodística, pero de lo que estoy convencida es que allí nacieron muchos sentimientos que son difíciles de explicar. 

Sentimientos que en las últimas cuarenta y ocho horas han estado más a flor de piel que nunca. Tu legado sigue escrito en mi corazón y éste ha palpitado mucho últimamente. Eras un vividor de la vida nato, de esos a los que el Carpe Diem se les queda corto, pero eras, sin duda, una persona que derrochaba alegría por los cuatro costados. Eras increíble y dejaste un vacío que por muchos años que pasen sigue ahí. Te puedo ver en las fotos, en los videos pero hoy prefiero pensar en el mítico tercer anfiteatro. Eras un amante del fútbol y, aunque todos culpen a mi padre, el verdadero responsable de que sea del Atleti eres tú. Crecí sufriendo por los rojiblancos pero también por los blanquinegros como buena burgalesa. Casualmente la vida, ha querido juntar en un fin de semana dos grandes alegrías que seguro las estás celebrando desde allá arriba. El Atleti de nuestro corazón con mucho “coraje y corazón” ha ganado la Liga y el Burgos, también, con “coraje y voluntad” es un equipo de Segunda División. Ay, abuelito, lo que nos va a tocar sufrir la próxima temporada…

Entre el “Nunca dejes de creer” de los colchoneros y el “Orgullo y Tradición” de los blanquinegros se presenta una próxima temporada muy emocionante. Menos mal que me enseñaste a sufrir, pero también a disfrutar en ese sufrimiento; como también me enseñaste a cantar el himno de mi ciudad, Burgos, y que, a día de hoy, cuando lo escucho y lo canto pienso en ti. Dice la letra: “Aprendamos todos juntos / a cantar a nuestra tierra,/ a leer en su pasado/ y a labrar su porvenir” Y su porvenir es lo que vamos escribiendo. Los tipos de tu imprenta han dado paso a la última tecnología, pero para ello también hemos leído en el pasado.Algo que no se nos puede olvidar. 

Y olvidar, precisamente, es un verbo que no va contigo. Por eso, con el Burgos en Segunda y el Atleti campeón no dudes, que cada vez que me ponga la camiseta correspondiente, miraré hacia arriba para que veas cómo luzco con la cabeza bien alta todo el legado futbolístico que me dejaste, porque si hablamos del legado humano no hay palabras para expresarlo. 

Abuelo, cantaré los himnos de nuestros colores porque nuestro corazón palpita con ellos. No importa si hace frío o calor, si se gana o se pierde; lo importante es no rendirse y sobre todo vivirlo como tú lo hacías. Fuiste mi ejemplo y aunque ya no estás aquí, no hay día que pase que no me acuerde de ti. Se te echa mucho de menos, veinticinco años son muchos años, pero esa niña ha crecido y hoy te rinde este homenaje porque estoy convencida que sin ti no sería lo que soy hoy. Va por ti. ¡Aúpa Atleti! y ¡Aúpa Burgos!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ALIRIÓN, ALIRÓN, EL ATLETI ES CAMPEÓN

Qué manera de sufrir, qué manera de ganar y qué manera de remontar tiene el Atlético de Madrid. Así, partido a partido, llegó la jornada decisiva y en Valladolid, además del himno, se cantó el alirón. Un alirón cargado de sentimiento porque el Atleti es, precisamente, un sentimiento sin igual, otra forma de entender la vida y solo los que llevamos ADN colchonero sabemos de lo que hablamos. No se puede explicar algo inexplicable, de ahí que muchos no nos puedan entender. Del Atleti se nace y, por eso, el sábado al grito de campeones me acordé mirando al cielo de la persona que me hizo amar estos colores desde niña. ¡Bendito tercer anfiteatro! Él me enseñó muchas cosas y me marcó la estela futbolística a seguir. La vida en rojiblanco es especial y formar parte de esta gran familia es algo indescriptible. En las buenas y en las malas, la mejor afición del mundo siempre está ahí. Por eso, no era de extrañar que muchos se desplazaran a Pucela a arropar a los de Simeone en los aledaños de Zorrilla. El resto, con el corazón en un puño, estábamos preparando el recibimiento en Neptuno. El rey del mar estaba listo para reinar en la capital y lo hizo. De hecho, envidia tiene La Cibeles que este año no ha recibido ninguna copa, es más, la temporada la han terminado tan blanca como su camiseta. En fin, en la vida unos ríen y otros lloran; unos saben ganar y perder y otros solo saben protestar, pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y el sitio del Atleti es, indiscutiblemente, el primero en la tabla. 

Es fácil decir: “Nunca dejes de creer”, pero lo importante no es decirlo sino creerlo. Ahí nace la fuerza que te lleva a conquistar aquello que persigues; ya sea en el fútbol o en la vida. De hecho, aquellos que aseguraban que el Atlético no aguantaría la presión son los que hoy callan en las redes, critican por criticar y niegan la superioridad de quienes ya pueden presumir de ser campeones. La vida da muchas vueltas y el fútbol muchas más. Nunca se puede subestimar o despreciar a nadie. Me emociono como una colchonera más cuando veo a los míos triunfar, pero las lágrimas de Luis Suárez lo dicen todo. Lágrimas de alegría que llevan implícitas un mensaje a quienes dudaron de él. El Atlético le recibió con los brazos abiertos y la familia rojiblanca lo acogió sabiendo que nos iba a dar grandes momentos. Momentos que ya son historia del club y recuerdos inolvidables en nuestra memoria colchonera. 

Si nos quieren criticar por la celebración que lo hagan, porque los que hablan siempre son los mismos, los que se veían campeones y se quedaron en el segundo lugar. Lo que está claro es que en el Olimpo de los Dioses, Zeus está consolando a Cibeles mientras Neptuno está de fiesta cumpliendo a rajatabla la letra de la canción de Leiva y Sabina: “En el trono de Neptuno donde no cabe ninguno/Que no sepa soñar partido a partido”. Y así, partido a partido, infarto a infarto y derrochando mucho coraje y corazón hemos “seguido coronando montañas, hemos seguido conquistando escaleras, en el tiempo de descuento, regateando al porvenir”. Si esto lo has leído cantando sabes de lo que hablo… 

En definitiva, el Atleti es campeón, Madrid se tiñe de rojiblanco y nuestra forma de entender la vida es lo que nos ha llevado hasta aquí. Hoy y siempre: “¡Aúpa Atleti!”

Jimena Bañuelos (@14ximenabs) 

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/22982/alirion-aliron-el-atleti-es-campeon