UN ANTES Y UN DESPUÉS

Siempre hay un motivo para sonreír aunque a veces resulte complicado encontrarlo. En los tiempos que corren un simple mensaje de texto puede hacerte más ilusión que cualquier otra cosa. De hecho,  la cita para recibir el pinchazo de la vacuna produce una explosión de felicidad como nunca antes lo ha había hecho otra cita sanitaria. Es normal, porque una mayoría de nosotros somos conscientes de que nuestra protección y la de quienes nos rodean pasan por ese gesto. Por eso, es lógico que este acontecimiento se quiera compartir por tierra, mar y aire o, mejor dicho, por cualquier red social en la que participemos. Tras la cita, llega el “día D” y ese momento para la historia individual bien se merece una foto en la que la sonrisa es capaz de traspasar cualquier mascarilla. 

Una sonrisa que se acentúa en esta época en la que el verano está llamando a nuestra puerta. Las ganas de volver a disfrutar son infinitas porque, aunque nos aconsejen continuar con las precauciones, hay un impulso en nuestro interior que nos invita a retomar la antigua normalidad. Una normalidad que no volverá a ser como la de antes, pero que se adaptará a las secuelas que la pandemia deje en cada uno de nosotros. Es obvio que hay un antes y un después de todo esto. 

Como también hay un antes y un después en la vida de todos. Siempre hay un hecho que lo cambia todo. Por eso, no puedo olvidar lo que significa el 13 de junio para mí. El pasado domingo no fue un domingo cualquiera. Fue el aniversario del día que lo cambió todo. Se han cumplido quince años. Quince años en los que no puedo olvidar la mejor noticia que me han dado nunca. Y, precisamente, fue mi doctora la que me la dio. No recibí ningún mensaje en el móvil porque fue en aquella habitación del hospital con mi madre como testigo cuando, con una sonrisa de oreja a oreja, me dijo: “Jimena, tienes un donante de médula compatible. Esto se acaba.” Se acababa la incertidumbre porque de ahí en adelante todo se tiñó de esperanza. La ilusión y la emoción por lo que estaba por venir reinaron hasta en los días más grises. La batalla contra la leucemia iba a dar un giro de trescientos sesenta grados. El primer “día D” fue aquel martes y trece, y el segundo “día D” llegaría en el mes de septiembre. 

Un antes y un después en mi vida que, sin duda, me marcó mucho puesto que las enseñanzas de entonces han marcado, y mucho, los años que sigo viviendo de regalo. Un regalo que vino de Alemania y que me llenó de una fuerza muy especial, la fuerza de la vida. Y gracias a ella, aprendí, desde muy joven, a saber cuales son mis prioridades. A veces, lo más duro no es dejar atrás el pasado sino aprender a empezar de cero. Y quizás, ahora que las vacunas están frenando a la pandemia, sea el momento de abandonar la vida que habíamos planeado para enfrentarnos a la vida que nos espera. Está claro que nada volverá a ser como antes, pero la actitud siempre lo marcará todo. No perdamos las sonrisas que la pandemia nos arrebató, las cuales han vuelto gracias a un simple mensaje. 

No olvidemos, que en la vida, en un segundo todo puedo cambiar. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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EL LEGADO DE MI ABUELO

“Solo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvidaré”. Esa es una gran verdad, porque de ti aprendí muchas cosas. Eras el mejor libro de historias, de refranes, de anécdotas y sobre todo eras un gran maestro de la vida. Como buen burgalés de pro me enseñaste a amar mi tierra porque estabas muy orgulloso de ella. De hecho, lucías la capa castellana como nadie y por ti vestí el traje regional siendo una niña. Han pasado los años y es imposible olvidar todas las aventuras que vivimos entre los tipos de tu imprenta. Desde luego, ese sí que era el sitio apropiado para dejar volar la imaginación. No sé si allí nació mi vocación periodística, pero de lo que estoy convencida es que allí nacieron muchos sentimientos que son difíciles de explicar. 

Sentimientos que en las últimas cuarenta y ocho horas han estado más a flor de piel que nunca. Tu legado sigue escrito en mi corazón y éste ha palpitado mucho últimamente. Eras un vividor de la vida nato, de esos a los que el Carpe Diem se les queda corto, pero eras, sin duda, una persona que derrochaba alegría por los cuatro costados. Eras increíble y dejaste un vacío que por muchos años que pasen sigue ahí. Te puedo ver en las fotos, en los videos pero hoy prefiero pensar en el mítico tercer anfiteatro. Eras un amante del fútbol y, aunque todos culpen a mi padre, el verdadero responsable de que sea del Atleti eres tú. Crecí sufriendo por los rojiblancos pero también por los blanquinegros como buena burgalesa. Casualmente la vida, ha querido juntar en un fin de semana dos grandes alegrías que seguro las estás celebrando desde allá arriba. El Atleti de nuestro corazón con mucho “coraje y corazón” ha ganado la Liga y el Burgos, también, con “coraje y voluntad” es un equipo de Segunda División. Ay, abuelito, lo que nos va a tocar sufrir la próxima temporada…

Entre el “Nunca dejes de creer” de los colchoneros y el “Orgullo y Tradición” de los blanquinegros se presenta una próxima temporada muy emocionante. Menos mal que me enseñaste a sufrir, pero también a disfrutar en ese sufrimiento; como también me enseñaste a cantar el himno de mi ciudad, Burgos, y que, a día de hoy, cuando lo escucho y lo canto pienso en ti. Dice la letra: “Aprendamos todos juntos / a cantar a nuestra tierra,/ a leer en su pasado/ y a labrar su porvenir” Y su porvenir es lo que vamos escribiendo. Los tipos de tu imprenta han dado paso a la última tecnología, pero para ello también hemos leído en el pasado.Algo que no se nos puede olvidar. 

Y olvidar, precisamente, es un verbo que no va contigo. Por eso, con el Burgos en Segunda y el Atleti campeón no dudes, que cada vez que me ponga la camiseta correspondiente, miraré hacia arriba para que veas cómo luzco con la cabeza bien alta todo el legado futbolístico que me dejaste, porque si hablamos del legado humano no hay palabras para expresarlo. 

Abuelo, cantaré los himnos de nuestros colores porque nuestro corazón palpita con ellos. No importa si hace frío o calor, si se gana o se pierde; lo importante es no rendirse y sobre todo vivirlo como tú lo hacías. Fuiste mi ejemplo y aunque ya no estás aquí, no hay día que pase que no me acuerde de ti. Se te echa mucho de menos, veinticinco años son muchos años, pero esa niña ha crecido y hoy te rinde este homenaje porque estoy convencida que sin ti no sería lo que soy hoy. Va por ti. ¡Aúpa Atleti! y ¡Aúpa Burgos!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ALIRIÓN, ALIRÓN, EL ATLETI ES CAMPEÓN

Qué manera de sufrir, qué manera de ganar y qué manera de remontar tiene el Atlético de Madrid. Así, partido a partido, llegó la jornada decisiva y en Valladolid, además del himno, se cantó el alirón. Un alirón cargado de sentimiento porque el Atleti es, precisamente, un sentimiento sin igual, otra forma de entender la vida y solo los que llevamos ADN colchonero sabemos de lo que hablamos. No se puede explicar algo inexplicable, de ahí que muchos no nos puedan entender. Del Atleti se nace y, por eso, el sábado al grito de campeones me acordé mirando al cielo de la persona que me hizo amar estos colores desde niña. ¡Bendito tercer anfiteatro! Él me enseñó muchas cosas y me marcó la estela futbolística a seguir. La vida en rojiblanco es especial y formar parte de esta gran familia es algo indescriptible. En las buenas y en las malas, la mejor afición del mundo siempre está ahí. Por eso, no era de extrañar que muchos se desplazaran a Pucela a arropar a los de Simeone en los aledaños de Zorrilla. El resto, con el corazón en un puño, estábamos preparando el recibimiento en Neptuno. El rey del mar estaba listo para reinar en la capital y lo hizo. De hecho, envidia tiene La Cibeles que este año no ha recibido ninguna copa, es más, la temporada la han terminado tan blanca como su camiseta. En fin, en la vida unos ríen y otros lloran; unos saben ganar y perder y otros solo saben protestar, pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y el sitio del Atleti es, indiscutiblemente, el primero en la tabla. 

Es fácil decir: “Nunca dejes de creer”, pero lo importante no es decirlo sino creerlo. Ahí nace la fuerza que te lleva a conquistar aquello que persigues; ya sea en el fútbol o en la vida. De hecho, aquellos que aseguraban que el Atlético no aguantaría la presión son los que hoy callan en las redes, critican por criticar y niegan la superioridad de quienes ya pueden presumir de ser campeones. La vida da muchas vueltas y el fútbol muchas más. Nunca se puede subestimar o despreciar a nadie. Me emociono como una colchonera más cuando veo a los míos triunfar, pero las lágrimas de Luis Suárez lo dicen todo. Lágrimas de alegría que llevan implícitas un mensaje a quienes dudaron de él. El Atlético le recibió con los brazos abiertos y la familia rojiblanca lo acogió sabiendo que nos iba a dar grandes momentos. Momentos que ya son historia del club y recuerdos inolvidables en nuestra memoria colchonera. 

Si nos quieren criticar por la celebración que lo hagan, porque los que hablan siempre son los mismos, los que se veían campeones y se quedaron en el segundo lugar. Lo que está claro es que en el Olimpo de los Dioses, Zeus está consolando a Cibeles mientras Neptuno está de fiesta cumpliendo a rajatabla la letra de la canción de Leiva y Sabina: “En el trono de Neptuno donde no cabe ninguno/Que no sepa soñar partido a partido”. Y así, partido a partido, infarto a infarto y derrochando mucho coraje y corazón hemos “seguido coronando montañas, hemos seguido conquistando escaleras, en el tiempo de descuento, regateando al porvenir”. Si esto lo has leído cantando sabes de lo que hablo… 

En definitiva, el Atleti es campeón, Madrid se tiñe de rojiblanco y nuestra forma de entender la vida es lo que nos ha llevado hasta aquí. Hoy y siempre: “¡Aúpa Atleti!”

Jimena Bañuelos (@14ximenabs) 

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TILA CON ROSQUILLAS

Era el primer fin de semana sin el estado de alarma y todo hacía presagiar que los desplazamientos entre comunidades iban a aumentar. Las ganas de ver a las personas que quieres superan, con creces, cualquier toque de queda o medida que se haya adoptado para contener la curva de contagios. Una curva que, de momento, está más que controlada según los últimos datos de incidencia. Además, no hay que olvidar que la vacunación continúa y eso ayuda mucho. Aún así, no hay que olvidarse de las precauciones pertinentes ya que el virus sigue con nosotros. Eso sí, seamos optimistas y miremos al futuro con la esperanza de disfrutar de un buen verano. El sol siempre da vida y es una buena medicina. De hecho, las imágenes de las playas hablan por sí solas. 

Evidentemente, los que partieron a las costas el pasado fin de semana fueron unos afortunados. Confieso que cierta envidia sí que me dieron porque echo mucho de menos el mar y el sonido de sus olas pero en Madrid festejamos al santo patrón. Fue un San Isidro adaptado a las circunstancias. El Madrid más castizo no renunció ni a los chotis, ni a los chulapos y chulapas y, por supuesto, ni a sus típicas rosquillas: las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas. A nadie amarga un dulce y las tradiciones hay que cumplirlas. 

Y hay que cumplirlas y más cuando la tarde del domingo se jugó la penúltima jornada de la Liga. Rosquillas, pipas, pistachos y lo que fuera necesario para afrontar un partido, previsiblemente, de infarto porque el Atleti es el Atleti y los rojiblancos lo sabemos bien. El deporte rey fue el protagonista y las emociones con él. El Atlético de Madrid tenía en su mano proclamarse campeón, pero cuando se trata del conjunto colchonero ya se sabe que todo puede pasar. Y pasó. Los de Simeone necesitaban una victoria y que los de Zidane no ganaran… Pero noventa minutos dan para mucho y sucedió que los blancos se iban imponiendo en Bilbao mientras los colchoneros sufrían en el Metropolitano y no por falta de ocasiones. El reloj corría pero los segundos eran eternos. La relatividad del tiempo en estado puro. Menos mal que los goles llegaron. Qué manera de remontar tiene el Atleti a golpe de corazón porque las palpitaciones ya eran una realidad. 

De las rosquillas y los frutos secos pasamos a las tilas y las valerianas. Quedan cuatro días para que la competición acabe, cuatro días para recuperar el pulso, cuatro días para seguir creyendo, cuatro días para continuar apoyando al equipo, cuatro días para demostrar que la afición está ahí y cuatro días para hacer planes para el sábado. Sin estado de alarma se puede viajar a cualquier sitio, pero también, y con cuidado, se puede visitar al rey del mar porque Neptuno lleva esperando a su familia rojiblanca desde antes de la pandemia. Y ahora, no es por nada, es el momento de los reencuentros. Está claro, ¿no? 

Jimena Bañuelos

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SE ACABÓ EL ESTADO DE ALARMA

El fin del estado de alarma se merecía una celebración en la que muchos optaron por ir sin mascarillas y sin respetar la distancia de seguridad, entre otras cosas. Han sido demasiados meses con restricciones muy severas y al decaer la norma la euforia ha ido inundando las mentes de los ciudadanos. Es cierto que a ese tipo de “fiestas” les ha faltado el sentido común porque el virus sigue con nosotros y los datos de vacunación están muy lejos de lo deseado. 

Si hablamos de deseos cabe destacar que se acabaron los cierres perimetrales que han bloqueado la libertad de todos los españoles de moverse por todo el territorio. Seguro que más de uno ya está planificando su próximo fin de semana para viajar allá donde le plazca. Obviamente, habrá reuniones, que éstas respeten el número de personas ya es otro contar, porque la misma alegría que se derrochó el pasado domingo seguirá envolviendo cada acontecimiento rutinario que tras el estado de alarma ha adquirido el matiz de especial. Se han echado de menos muchos momentos y esto conlleva que nos lancemos a dar un buen abrazo a las personas que queremos. Los abrazos no respetan la distancia, es cierto, pero somos humanos y los sentimientos contenidos tienen que salir por algún sitio. Eso es innegable.

Todavía no hemos acabado con la pandemia, pero la vida debe continuar. El tiempo ha ido pasando y hemos ido renunciado a muchas cosas, pero esto también tiene un límite. La salud mental es importante y nuestras mentes necesitan un respiro ya que esta situación está pasando factura. Seguir viviendo con precauciones es lo ideal porque el hartazgo está en un nivel demasiado elevado, de ahí, muchas de las reacciones inconscientes. 

De lo que hay que ser conscientes es de la subida de impuestos que se avecina, no todo va a ser hablar del coronavirus. Una subida que va afectar a nuestro bolsillo, la cual, no nos va a gustar nada. Habrá que ver las consecuencias que tienen esas decisiones del Gobierno. Un Gobierno, por cierto, que no deja de dar titulares por sus rectificaciones, por sus declaraciones… porque cada que vez que ciertos ministros hablan, como suele decirse, sube el pan.

Precisamente, en el refranero español nos encontramos con el popular “Pan para hoy y hambre para mañana” y así han sido todas la medidas que hemos tenido que soportar. Muchas de ellas incomprensibles y la finalidad siempre muy cuestionada. Ahora no hay alarma y todo depende de nosotros. Será difícil culpar a nadie de nuestros actos, pero tiempo ha habido para prepararse para la realidad que hoy tenemos. Las Comunidades Autónomas han tomado sus medidas y urge una guía que haga un compendio de todas ya que era evidente que cada una iba a imponer sus reglas. El futuro pasa por las vacunas y aunque éstas van llegando, el porcentaje de vacunados deja todavía mucho que desear. 

En fin, el año pasado hablábamos de “nueva normalidad” y ahora debemos estar en una nueva etapa de ésta. Con la libertad por bandera, el mejor consejo para afrontarla es el sentido común. Sigamos viviendo la vida con el misterio que hay en ella, sin olvidar las lecciones que ya hemos aprendido. Ya dijo Agatha Christie: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.” 

Jimena Bañuelos

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DE INFARTO

Acabamos de festejar el Día de la Comunidad de Madrid, una comunidad que ha rendido homenaje a su historia y en la que hoy sus ciudadanos deciden quién será su próximo presidente. El tiempo pasa y, por fin, ha llegado el 4 de mayo del que tanto se ha hablado. En el pasado quedan las numerosas promesas que se han escuchado y, ahora, toca pensar en el futuro. Un futuro con mucha incertidumbre y con un objetivo muy claro: dejar atrás la pandemia y superar sus consecuencias.

Unas consecuencias que ya se dejan ver más allá del ámbito sanitario. Afortunadamente, Madrid ha conseguido que la debacle general no haya sido tan pronunciada como en otros puntos de España. La gestión, cuestionada por unos y alabada por otros, ha dejado unos datos que ahí están. Las cifras son incuestionables aunque su interpretación depende de la subjetividad de cada uno. Siempre habrá un “pero” que sacar a relucir porque si ya somos inconformistas por naturaleza, cuando la política está por medio los matices se convierten en auténticos “dramas” que echar en cara a los adversarios. Afortunadamente, hoy serán las urnas las que hablen y decidan. Los resultados pueden tener muchos análisis pero los 136 escaños a repartir tendrán nombres y apellidos en apenas unas horas. La noche electoral se presenta muy interesante: Una posible mayoría absoluta, unos pactos que permitan gobernar, un partido que cogobernó y se puede quedar sin representación… En definitiva, una noche que para más de uno puede ser de infarto porque los números no mienten y son los madrileños los que libremente pongan a cada uno en su sitio. Sumar escaños o perderlos puede marcar un antes y un después. 

Dejando al margen la política pero centrándonos en el deporte rey, de infarto son las jornadas que quedan de Liga. A punto de infartar estuvimos los colchoneros el pasado sábado, pero los rojiblancos sabemos lo que es sufrir y estamos dispuestos a ello en las próximas cuatro finales que quedan para rematar el campeonato. El Atlético de Madrid depende de sí mismo para conquistar el título. El Real Madrid, el Barça y el Sevilla están a escasos puntos del líder, pero, de momento, se tienen que conformar con mirar hacia arriba en la clasificación. Muchos dudan de los de Simeone pero el mítico “Nunca dejes de creer” cobra estos días una especial relevancia. Es cierto que no siempre se juega bien, pero llegado a este punto lo importante es ir sumando de tres en tres y desear que pinchen los principales rivales. Por eso, el próximo fin de semana en la trigésimo quinta jornada de Liga, ésta quiere poner a prueba el corazón de los aficionados con un Barça-Atleti para el sábado y un Real Madrid- Sevilla para el domingo. ¿Quién da más?

Vayamos noche a noche, papeleta a papeleta y partido a partido porque el destino ha querido que la primera semana de mayo se presente cargada de acontecimientos. El nerviosismo se convertirá en calma cuando el futuro se convierta en pasado. ¿Qué sucederá? No lo sé. Votar ya he votado ejerciendo mi derecho y respecto al Atleti, tengo el corazón a punto para lo que sea necesario. Eso sí quiero ver a los de Simeone, como dice el himno, “luchando como hermanos” y “derrochando coraje y corazón”. Así cualquier noche de infarto es más llevadera. 

Jimena Bañuelos

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VACUNAS

Más de un año esperando a que llegaran las vacunas y ahora que ya están aquí hay quienes renuncian a ellas. Las noticias que han aparecido los últimos días lo único que han conseguido es que cunda el pánico. Un pánico que nace sin una base científica y que lo único que consigue es ralentizar el proceso de vacunación. Los que estamos deseando vacunarnos no entendemos la negativa de quienes rechazan el pinchazo que les protege contra el virus que tantas vidas se está llevando por delante. No hay que olvidar que seguimos en pandemia y que las “famosas” olas todavía no han terminado. Vacunarse salva vidas y su riesgo es mínimo y, por supuesto, asumible. 

Asumir que es el principio del fin sería una buena opción para aceptar la vacuna, de hecho, me alegro por todos mis amigos que ya la han recibido. Sin duda, anhelo recibir mi citación para acudir a dónde sea porque ese pinchazo me da más tranquilidad que miedo. El miedo se conquista asumiendo que el presente pasa por aceptar el esfuerzo titánico que han hecho los científicos para dar con la clave que nos proteja. Vacunarse es algo que sabíamos qué teníamos que hacer y, por supuesto, sabíamos que implicaba sus riesgos como cualquier medicamento que tomamos en nuestro día a día. 

Un día a día que sigue marcado por la pandemia y al que nos gustaría añadir costumbres de nuestro pasado. Llevamos mucho tiempo recordando nuestra antigua normalidad, añorando los abrazos y los besos, extrañando las reuniones con amigos y los viajes sin restricciones… Éstas son solo algunas de las cosas, pero hay muchas más. Mirar al pasado es ver una realidad que ya no existe, pero que anhelamos que regrese. De ahí, que la vacuna cobre aún más importancia. Es cierto que cada uno es libre de elegir lo que quiere, pero parece mentira que con todo lo que llevamos encima haya quienes se nieguen a vacunarse por lo que pueda pasar… Por poder pasar pueden pasar muchas cosas, porque el futuro siempre será incierto, pero los tiempos que corren aún más. El riesgo de contagio sigue estando ahí y las cifras nos demuestran que la vacunación funciona para frenar su expansión. Me alegra leer como animan por la redes sociales quienes ya tienen su primera dosis puesta o las dos a aquellos a quienes el miedo les está ganando la batalla. Entre todos y sacrificando demasiadas cosas hemos llegado hasta aquí, por eso, es justo que sigamos unidos para poner punto final a esta terrible pesadilla. Sin duda, un final que pasa por ese pinchazo.

Un pinchazo que anhelo con muchas ganas. Me encantaría recibir la cita para acudir a vacunarme más pronto que tarde. No tengo ninguna duda de que todo llega. Iré con mi mejor sonrisa debajo de la mascarilla porque sé y estoy convencida de que es por mi bien y por el bien de todos. Prefiero asumir ese mínimo porcentaje de riesgo que hay en ellas ya que a su vez sé que gano tranquilidad. El virus no da tregua a nadie, y aunque haya que seguir teniendo precauciones, pensar que estás más protegida es suficiente motivo para dejar al miedo de lado. 

El miedo nunca es un buen aliado y vencerlo es un gran logro. La vida me enseñó a afrontar las situaciones como vienen y a luchar, con los riesgos que eso conlleve, por vivir. Y vivir, precisamente,  siempre implica riesgos, y ahora no hablo de las vacunas… Seamos conscientes que la vida son dos días y que esta pandemia nos ha arrebatado demasiadas cosas, así que con el aval de la ciencia vacunémonos porque día que pasa, día que no vuelve. Y estoy segura de que nos quedan muchas experiencias por disfrutar y la vacuna es, sin duda, el principio de todas ellas. Es el principio de otra normalidad. ¿A quién no le gustaría convertir sus mejores recuerdos del pasado en su presente? 

¡Vacúnate!

Jimena Bañuelos

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NO TODO VALE

Sin pasos por las calles y sin escuchar el ritmo lento de los tambores hemos vivido otra Semana Santa. Unos días de pasión diferentes en los que hemos tenido que adaptar nuestras tradiciones. El coronavirus, por segundo año, ha conseguido cancelar nuestros planes. En el deseo de todos está que esta sea la última vez. El silencio tendrá que romperse más allá del día de Pascua porque esta pandemia nos ha privado de muchas cosas y las ganas de gritar su fin son incalculables. 

Las restricciones de estos días festivos han sido muy cuestionadas. Es normal puesto que se duda de su efectividad. Podríamos haber viajado para ver a nuestros seres queridos, pero la responsabilidad conlleva que haya que extremar las precauciones. En el ambiente se percibe que la cuarta ola está a punto de llegar. Un ola que esperemos se quede en “olita” como dicen, aunque la experiencia nos ha demostrado que los excesos se pagan. Menos mal, que más allá del miedo que nos puedan inculcar con ella, están los datos de vacunación. Me alegro cada vez que alguien cercano a mí me comenta que ya tiene en su móvil el mensaje con la citación para vacunarse. Desde luego, los datos de Madrid durante esta Semana Santa son buenos. El Wanda Metropolitano y el hospital Isabel Zendal están batiendo record de pinchazos. Y eso, guste o no, es bueno. Ya sea con una dosis o con dos lo importante es ir protegiendo a los ciudadanos. El virus no da tregua y nosotros no podemos ceder ante él.  

Quizás hayamos renunciado a nuestros planes estos días, pero pensemos en que la estación estival está cada vez más cerca. Y si hace un año ya se hablaba de “Salvar el verano”, seguro que a muchos esa frase ya se les ha pasado por la cabeza. Eso sí, atónitos estamos con el endurecimiento del uso de la mascarilla. Esperemos que recapaciten con esta última medida porque ya llevamos soportando muchas decisiones absurdas. Sería grotesco ir a la playa en traje de baño y estar con la mascarilla todo el tiempo… Cuestión de incongruencia… De hecho, no hay que olvidar que en Madrid estamos a punto de comenzar una campaña electoral, la cual, se vaticina muy dura. Combatir las noticias falsas debería ser prioritario al igual que no dar a los bulos el protagonismo que no se merecen. Eso sí, si hablamos de manipulación hasta el punto de decir que Madrid tiene playa, el periodismo tiene un serio problema. Las cosas son como son y la realidad es la que es. Puede gustar o no, pero de ahí al mal ejercicio de la profesión hay un trecho. Sin duda, una línea infranqueable porque la credibilidad está en juego y no hay que olvidar que el periodismo es un servicio público. A los ciudadanos no se les puede fallar. 

Eso sí, la polémica imagen dio la vuelta al mundo y el ridículo que han hecho es más que evidente. Los memes proliferaron por todas las redes sociales… Toda una vida cantando el mítico tema de Los Refrescos, Aquí no hay playa para que ahora nos intenten vender lo contrario para atacar a Isabel Díaz Ayuso. Madrid, como bien dice la canción, tiene Retiro, Casa Campo y Ateneo, tiene mil cines, mil teatros, mil museos… Madrid tiene muchas cosas buenas, sobre todo, su gente. Es verdad que al llegar agosto ¡vaya, vaya! Aquí no hay playa, pero con playa o sin ella Madrid ahora decide su futuro. Y seremos los madrileños de nacimiento o adopción los que valoremos cómo se han hecho las cosas en estos tiempos tan duros. Cada uno es libre de elegir. Ya dijo el periodista y escritor estadounidense, Tom Wolfe: “Con una mentira es posible que engañes a alguien; pero cualquier mentira te dice a ti mismo una gran verdad indiscutible: eres débil.”

Nada más que añadir. 

Jimena Bañuelos

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EN LA PREVIA

Van pasando los días y con la vista puesta en el próximo cuatro de mayo siguen coleando las consecuencias de la convocatoria electoral en Madrid. Los partidos políticos, después de dar a conocer a sus candidatos, están ya de precampaña. Todo lo que se diga cuenta mucho, porque se analiza cada detalle. La primavera viene cargada sobre todo de promesas. Unas son asumibles y otras, solo por su envergadura, ya van envueltas en un halo de mentira. No todo vale para convencer al electorado. Estamos viviendo una situación muy complicada y muy dura. La pandemia no nos da tregua y nuestro nerviosismo va en aumento. Estamos agotados, hartos y asqueados de todo y el motivo es el virus que nos golpeó hace un año y que sigue entre nosotros. Por eso, no estamos para tolerar tonterías de nuestros políticos. Ver la realidad es vital y valorar cómo se ha gestionado la pandemia también. Queda mucho para la jornada de reflexión pero ya se puede ir haciendo balance. Un balance que se puede plasmar en las urnas. Éstas dirán en quién depositamos la confianza para seguir haciendo frente a la crisis sanitaria y a la crisis económica que está arrasando nuestra atípica rutina. 

Una rutina que basa su futuro, sin duda, en la vacunación. Nos guste o no la esperanza está puesta en ella. Eso sí, siendo realistas, hasta que consigamos la inmunidad de rebaño tan deseada, nos queda mucho. No nos engañemos porque las cifras son evidentes. 

Y hablando de cifras, también adquieren protagonismo las que nos dan las encuestas para la Comunidad de Madrid. Ayuso es la que figura en todos los titulares. Ha demostrado que de seguridad y de coraje está bien servida. Ahora es el objetivo de todos sus rivales. Se presume una campaña muy dura, de hecho, Iglesias no ha tardado en atacarla pero la candidata del PP se crece en la adversidad. Lo ha demostrado y lo seguirá haciendo porque está en su carácter. Precisamente, éste ha sido vital para plantar cara a quienes le han subestimado y a quienes la tienen en el punto de mira. 

Y en el punto mira de los votantes quieren estar todos los candidatos, pero eso es imposible. La realidad se ve desde distintas perspectivas y cada uno es libre de escuchar y ver lo que desea. Precisamente, la libertad protagonizó el inicio de esta convocatoria electoral. No nos olvidemos de que somos libres por muchas restricciones que ahora tengamos. Una cosa no quita la otra. Respetar las medidas es vital para todos, pero de ahí a suprimir otro tipo de derechos hay una línea que no se puede cruzar. 

De momento, es mejor cruzar los dedos para que la pandemia se frene porque la cuarta ola está llamando a nuestra puerta. La salud es primordial ya que sin ella pocas cosas se pueden hacer, de hecho, es evidente que es una de las muchas lecciones que hemos aprendido de esta crisis de la Covid-19. Todavía vivimos en la incertidumbre, una difícil compañera de vida, pero a la vez una aliada para aferrarse más al presente. Por eso, con unas elecciones a la vista, unos días festivos muy próximos y un repunte que se deja ver; seamos sensatos y apliquemos el sentido común. Parece que hay muchas personas que lo tienen oxidado de no usarlo. Quizás sea un buen momento para volver a ponerlo en practica porque, sin duda, es un buen aliado no solo para la pandemia sino también para tomar decisiones…

Jimena Bañuelos

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CONJUGACIÓN DEL VERBO VIVIR

No todos los datos van a ser malos. Ya se ha superado el millón de personas inmunizadas y otras miles están esperando la segunda dosis. Poco a poco se llegará a alcanzar la cifra anhelada pero, vacunados o no, hay que seguir extremando las precauciones. Recuperar nuestra vida normal nos va a llevar tiempo aunque me consuela pensar que cada día que pasa es un día menos. Parece que la curva se estabiliza y eso es buena señal. Pensar en positivo es algo a lo que no pienso renunciar y, por eso, me aferro al lado bueno de las cosas. El futuro, con pandemia o sin ella, siempre es incierto, pero el presente es único. Solamente por eso no hay que desaprovechar lo que nos ofrece la vida. 

Es cierto que hay días que se ponen cuesta arriba porque, precisamente, a la pandemia hay que añadirle los contratiempos que la rutina trae consigo. Eso sí, no hay que olvidar que la fortaleza de uno mismo crece en tiempos adversos. Llevamos muchos meses anhelando todo a lo que hemos renunciado y aunque la incertidumbre se adueñe de nuestra “nueva normalidad” no hay que rendirse. Y para no derrumbarse hay estar ocupado. Pensar demasiado puede ser muy perjudicial para nuestro estado de ánimo. Procuro ocupar mis días haciendo lo que más me gusta, pero hasta eso puede llegar a aburrirte de manera soberana. Así que hay que adentrarse en terreno desconocido. La pandemia me está demostrando que entre fogones no me manejo tan mal o que el bricolaje puede ser otra de mis aficiones. Sin duda, en otros tiempos no me lo hubiese planteado. 

Además de seguir con “mis rutinas”, esta semana vuelve la Champions. Otro aliciente. El Atleti está en racha y hay muchas ganas de ver a los de Simeone pelear por la anhelada “Orejona”. Es cierto que echo de menos ir al Metropolitano y confieso que al principio no soportaba ver los partidos de fútbol sin público, pero a todo te acostumbras. Eso sí, el día que los colchoneros volvamos a las gradas no habrá manera de hacernos callar. Romper ese silencio será una señal de victoria porque la pandemia estará más que controlada. Ojalá llegue pronto esa jornada de Liga, de Champions o de la competición que sea. Lo importe siempre será volver y, por supuesto, recordar a quienes, por desgracia, ya no están con nosotros. Hasta entonces, me aferro a los recuerdos. Dicen que no es bueno mirar al pasado pero, dadas las circunstancias, rebuscar en la memoria esos momentos que te hacen sonreír puede ser una buena terapia. 

Si de terapias médicas hablamos, estamos por el buen camino. Afortunadamente la ciencia ha avanzado y los científicos van demostrando cuales son los mejores tratamientos para aplacar al virus. Confiar en su trabajo es fundamental, pero para que lo puedan desarrollar plenamente necesitan que se invierta en ello. Quizás el Gobierno debería tomar nota de esto. De los que nos gobiernan es mejor no hablar porque cada decisión que toman provoca las alabanzas de unos y las críticas de otros. Nunca llueve a gusto de todos, aunque lo único que nos debe preocupar en estos momentos es nuestra salud y para cuidarla hay que empezar por la responsabilidad individual. Ya tendremos tiempo de rendir cuentas con los políticos en las urnas. Ahí se plasmará la valoración que se hace de toda la gestión. Hasta entonces cuidémonos todo lo que podamos sin olvidarnos de conjugar, aunque sea de una manera diferente, el verbo “vivir” en tiempos de pandemia.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/20093/conjugacion-del-verbo-vivir