LO ESENCIAL 

Siempre hay algo bueno todos los días, a veces nos cuesta encontrarlo porque la rutina nos empaña el presente que estamos viviendo. Aprender a valorar lo que tenemos es vital para buscar la anhelada felicidad de la que tanto hablamos. Una felicidad que depende de nosotros mismos. Sin duda, está en la pequeñas cosas, en los momentos más improvisados y, por supuesto, también es una cuestión de actitud. 

Es cierto que en un segundo todo puede cambiar porque los planes son simplemente ideas que tenemos en la mente, pero que penden de un hilo. Y ese hilo, a veces, se tuerce o cambia radicalmente para mostrarnos que el destino es más caprichoso que nuestros anhelos. La vida reparte sus cartas, nosotros las vamos jugando, pero éstas cambian a diario porque cada día es una partida nueva. Convivir con los sueños, los planes y la incertidumbre forma parte de nosotros mismos y, por eso, de poco nos sirve remar a contracorriente cuando la realidad nos presenta algo diferente. 

En la diferencia radica nuestro crecimiento personal porque es en los momentos sin premeditar cuando nos conocemos a nosotros mismos. No es fácil enfrentarte a ti mismo, pero es muy necesario. La autoestima es vital y en un mundo en el que las redes sociales capitanean los comentarios de todo tipo, quererse tal cual somos es lo más valiente que podemos hacer. “Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio” hemos leído en “El Principito”. Nunca me importó el qué dirán porque soy fiel a como soy. Mentiría si no digo que la vida me ha ido moldeando, pero ha sido ella la que me ha convertido en la persona que soy hoy. Nadie puede ser indiferente al paso del tiempo, pero éste, del que decimos que es oro, nos muestra nuestra propia evolución. Una evolución que jamás se podrá ver en los “likes” o los “me gusta» de cualquier red social. “Lo esencial es invisible a los ojos” como bien nos enseñó Saint-Exupéry. Una frase que no hay que olvidar en un mundo en el que la apariencia ha cobrado un protagonismo que no se merece.  

Los momentos son únicos e irrepetibles. Se convierten en recuerdos que nos llenan más que cualquier publicación. Está bien compartirlo, pero sin olvidarnos de vivirlo. Es ahí donde radica la esencia. Esta vida me dio otra oportunidad y eso hay que valorarlo. Aprendes del pasado para vivir un futuro en el que la sonrisa prevalezca. Una sonrisa que va más allá de las opiniones porque su esencia está en quienes me quieren, me cuidan, me aceptan y sobre todo, me valoran como soy. Esas personas no están en mi vida por casualidad, llegaron a ella sin aviso, eso sí, pero si se han quedado es por algo. Solo se vive una vez y, por eso, quiero llenar mis recuerdos con mis amigos y mi familia porque sin ellos nada sería igual. En definitiva, quiero con esas personas seguir superando pruebas, seguir creciendo, seguir aprendiendo, seguir acumulando experiencias y lo más importante, seguir viviendo. Soy consciente que vivo de regalo y, por eso, valoro tanto el tiempo. Para acabar, vuelvo a “El Principito” recordando que “ fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.”

Hay lecciones que no se olvidan… Pensemos en ello. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34891/lo-esencial

AMIGOS DE VERDAD

El tiempo pasa y con él vamos ganando experiencia en la vida. Una experiencia que puede ser buena o mala, pero siempre será un aprendizaje para el futuro. Éste siempre es incierto y lo vamos descubriendo poco a poco. Por eso, no sirve de mucho hacer planes a largo plazo porque será el destino el que nos muestre el camino. 

Un camino que a lo largo de los años se va fraguando con la familia y con los amigos. Precisamente, son los verdaderos amigos los que entran en nuestras vidas por decisión propia. Ellos nos ayudan y nos apoyan sin pedirnos nada a cambio y siempre están a nuestro lado cuando ni si quiera nosotros mismos nos sostenemos en pie. Decía Tagore que “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.” Son nuestra sombra, nuestros compañeros de aventuras y, por supuesto, nuestros mejores aliados en las batallas personales. Dicen que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Por eso, su valor es incalculable. Afortunadamente, la vida me ha premiado con personas que han pasado de ser amigos a convertirse en parte de mi familia porque la familia va más allá de los vínculos establecidos por la naturaleza. Cierto es, como afirmó Francis Bacon, que “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.”

La amistad depende de muchos factores al igual que lo hace la felicidad. Solo que esta última depende en gran parte de nosotros mismos. Somos los creadores de nuestra propia sonrisa aunque a veces nos resulte complicado plasmarla en nuestra cara. Pero para eso también están los amigos que nos conocen tan bien que detectan nuestra angustia con tan solo una mirada, un mensaje o incluso con el propio silencio. La combinación de la amistad y la felicidad siempre dará buen resultado porque su unión proporcionará más de una sonrisa y, por supuesto, más una experiencia inolvidable. 

De experiencias inolvidables tiene que estar lleno el guion de nuestra vida, porque tenemos que ser conscientes de que estamos de paso. Un paso que tendrá muchos baches, pero también disponemos de la manera de cubrir esos vacíos. La vida, esa que solo se vive una vez, cuando te da una segunda oportunidad es por algo. Y ese algo es vivir con la lección bien aprendida. Sabiéndote rodear de quienes te quieren de verdad y dejando al margen todo aquello que no suma sino resta. 

En definitiva, si de lo malo hay que quedarse con lo mejor, de la vida hay que extraer todo el meollo, como nos enseñó el profesor Keating en “El Club de los Poetas Muertos”, teniendo las prioridades claras y sabiendo, ante todo, que lo importante es vivir sin poner “peros” y disfrutar con  quien quiere disfrutar contigo en las buenas y en las malas… Ahí radica lo verdadero.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34253/amigos-de-verdad

LA MADRE QUE ME PARIÓ

Suena la marcha nupcial en el Teatro Lara de Madrid y de repente aparece la novia desesperada. Ya lo dice el tan sincero refranero español: “Antes de que te cases, mira lo que haces”. Quizás, este sea el mantra de esta obra maravillosa en la que el invitado especial al enlace es el humor. No faltan las carcajadas, los enredos y las situaciones disparatadas en las que las actrices derrochan todo su talento sobre las tablas. 

Los del patio de butacas no sabemos si vamos por parte del novio o de la novia pero somos testigos de las confidencias que se hacen en el baño, no podía ser en otro lugar, durante el banquete. Dijo el cómico estadounidense, Jerry Lewis que “seguramente existen muchas razones para los divorcios, pero la principal es y será la boda” y en el que tendría que ser el mejor día de su vida, Daniela, la novia, a quien da vida una inmensa Ana Villa, no es que tenga dudas es que sabe que el error que acaba de cometer tiene que subsanarlo. Por supuesto, para ayudarla están sus amigas. Ya se sabe que  “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad” como apuntó Francis Bacon o al menos, eso intentarán sus amigas Alba (Alicia Carrera), Bea (Miriam Cabrera) y Natalia (Sara Vega) que a su vez son una fuente de líos y secretos que verán la luz a medida que la fiesta avanza. Y para colmar el vaso, están las madres de éstas. Esas madres tan particulares que son férreas a sus ideas y que buscan en sus hijas su propio reflejo… pero no es oro todo lo que reluce. 

Lo que reluce de verdad es la interpretación de las protagonistas. Juana Cordero es Merche, Aurora Sánchez es Pilar y Marisol Ayuso es Aurora; madres respectivamente de Bea, Natalia y Alba. Cada una con su filosofía de vida, su particular manera de afrontar los problemas y unos principios que se creen  incuestionables aunque incuestionable no hay nada. A lo largo de los noventa minutos que dura la obra lo demuestran. Mientras la fiesta nupcial se adentra en sus mejores momentos a ritmo de “Mi gran noche” de Raphael, “El Venao” y, por supuesto, “Paquito el chocolatero”, la amigas intentan capear la situación de la novia y lidiar con sus madres, que no es poco. No se escuchó a Bruce Springsteen pero éste me recuerda que “la amistad te impide resbalar al abismo”. 

Un abismo que parece insalvable, pero las madres están ahí por algo ya que “una buena madre vale por cien maestros” como afirmó George Herbert. Unas maestras, que con sus particularidades, saben de la vida por pura experiencia. Una experiencia plagada de anécdotas y lecciones que les permite aconsejar y cuestionar ciertas acciones, pero los tiempos cambian o no. Sin duda, la que se perpetúa en el tiempo es la expresión: ¡Qué razón tenía mi madre!

Y con mucha razón y tras haber disfrutado del talento de este maravilloso elenco de actrices, puedo gritar “la madre que las parió” porque su interpretación es de sobresaliente. Brillan con luz propia. Y hablando de madres, recuerdo a la escritora Helen Rice: “El amor de una madre es paciente y perdona cuando todos los demás abandonan, no falla o flaquea incluso cuando el corazón está roto”. Por eso, aunque las amigas son importantes, las madres siempre estarán ahí. Las circunstancias pueden cambiar, pero una madre siempre será la mejor aliada de una hija y la defenderá contra viento y marea. Buscar la felicidad es vital y para ello hay que afrontar lo imprevisible. Estas hijas y sus madres lo saben, pero con sentido del humor la vida se lleva mejor. 

En definitiva, “la madre que me parió” no es solo una expresión, es una obra magistral y una buena terapia porque “la risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final” parafraseo a Oscar Wilde, pero la realidad es así. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

SUPERVIVIENTES

El mes de mayo tiene las horas contadas y éste dará el testigo al mes de junio. Un mes que marca un punto de inflexión en el calendario porque con él superaremos el ecuador del año. Parece que el tiempo pasa muy deprisa pero hay que ir pasándolo día a día. Menos mal que el buen tiempo ha llegado para quedarse. Obviamente, nunca el termómetro marca la temperatura deseada por todos pero a los que nos gusta el calor estamos más contentos de lo habitual. El verano está a la vuelta de la esquina y la estación estival hay que reconocer que es anhelada por todos. El tiempo de vacaciones está cada vez más cerca, pero para ello hay que afrontar la recta final cuyo nombre es junio. 

Un mes que arranca con un fecha muy marcada en el calendario para quienes somos supervivientes de un cáncer porque el día 3 se conmemora nuestro día. Es cierto que individualmente lo celebramos a diario porque como vencedores y supervivientes sabemos mejor que nadie el valor que tiene el presente. Un presente que no queremos que se nos escape porque la vida se encargó de enseñarnos su valor. Aprendimos a vivir sabiendo que en un segundo todo puede cambiar, pero aún así, el pasado nos enseñó cual es nuestra receta de la felicidad. En el fondo ser feliz es lo que cuenta. 

Me alegra que el 3 de junio sea nuestro día aunque tardamos más tiempo que en Estados Unidos en señalar esta fecha en el calendario. Al otro lado del charco declararon en 1988 el “National Cancer Survivors Day” cada primer domingo de junio. Nunca es tarde si la dicha es buena, como bien dice nuestro popular refranero. 

Y buena es la perspectiva para este mes de junio porque con él llegará la noche más mágica del año: La noche de San Juan. Volver a recuperar las tradiciones es lo que llevamos haciendo a lo largo del 2022 y ésta, sin duda, será una más. Da alegría ver como recuperamos la normalidad que tanto hemos añorado. El ejemplo más reciente es la Feria del Libro de Madrid que ya ha comenzado. El Paseo de Coches estaba abarrotado de gente el pasado fin de semana y eso es buena señal. Los autores contentos, los lectores también y, aunque no sé como irán las ventas, da alegría ver una estampa que había quedado muy atrás en el tiempo. La pandemia nos lo arrebató todo y ahora nos toca a nosotros, como buenos resilientes que hemos sido, recuperar ese todo. 

La vida vuelve a esa normalidad que a su vez tenemos que convertir en extraordinaria. Como superviviente sé que cada día es un regalo y, precisamente por eso, y sabiendo que “Aún tengo la vida” quiero vivir los sueños y soñar la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34026/supervivientes

ENTRE COPAS

Decía Francis Bacon: “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.” Y, precisamente un poco de todo eso tiene la obra “Entre Copas”. Un historia llena de detalles que envuelve al público de principio a fin. Seamos realistas y  pensemos cuantas cosas hemos dicho y hecho entre copas cuando los amigos están con nosotros. Pues bien, en el Teatro Reina de Victoria de Madrid podemos adentrarnos en una historia que nos sacará más de una sonrisa pero también más de una reflexión. En una hora y media suceden muchas cosas y en ellas no se dan puntadas sin hilo.

Todo comienza con una despedida de soltero y su mejor amigo. Juanjo Artero, es Andrés, su soltería tiene los días contados, pero su carácter de vividor y seductor le llevan a querer despedirse de su estado civil como marcan las tradiciones. Para ello cuanta con Miguel a quien da vida Patxi Freytez. Es cierto que la manera de vivir de éste dista mucho de la de su mejor amigo. Entre el optimismo de uno, el pesimismo del otro y la vida compartida entre ellos surgen momentos inolvidables unos por las risas que generan y otros por lecciones que transmiten. Todo ello acompañado de un buen vino en La Rioja. Es allí donde conocerán a Amaia y a Terra. Dos mujeres que trabajan en las bodegas de la zona y son grandes entendidas en vino. Ana Villa interpreta a Amaia tiene una personalidad muy marcada y es, obviamente, una mujer muy independiente. Los pequeños detalles en su interpretación delatan el talento de mujer. Por otro lado, Elvira Cuadrupani es Terra, amiga de Amaia y juntas forman el tándem perfecto para vapulear los pensamientos que Andrés y Miguel tienen en su cabeza. Unos pensamientos basados en la vida y en como afrontarla. El tiempo pasa y los momentos son el presente aunque siempre se busca la ocasión perfecta para degustar, como es el caso de Miguel, su mejor vino. Quizás esa perfección que uno busca no exista y la vida se nos escape. La mente es la que guía pero también hay que escuchar al corazón.

Un corazón que trae de cabeza a Andrés, pero ya se sabe que entre copas puede ocurrir lo inesperado. Es cierto que no sabe de vinos como su amigo, el frustrado escritor. Quizás, si me pongo a su altura pueda recordar a Dalí diciendo: “El que sabe degustar no bebe demasiado vino, pero disfruta sus suaves secretos.” Un consejo válido al principio pero difícil de mantener cuando el guion de la vida te lleva por otros derroteros. En cambio a Andrés le pega más la famosa frase de “el que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?” Pues vino hay a raudales al igual que talento sobre las tablas.

Y muchas tablas tienen Juanjo Artero, Patxi Freytez, Ana Villa y Elvira Cuadrupani para trasladar a los espectadores a una historia entretenida en la que se muestra la amistad, la soledad, la alegría, la tristeza, la sinceridad, la nostalgia y muchos valores que están en nuestra rutina. Eso sí, el fin está claro. Hay que gozar del presente, dejar de lado la amargura porque en la vida puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío pero siempre es mejor quedarse con lo positivo. La actitud lo es todo y “Entre copas” te enseña el camino a ello o al menos, entre risa y risa, te deja un “run run” en la cabeza que te invita, además de a tomarte un buen vino, a reflexionar. 

En definitiva, parafraseando a Pío Baroja, “viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino.” Un camino en el no puede faltar un buen amigo, que a su vez, es un buen confidente. La amistad devuelve favores porque hay valores que son incuestionables. Vamos, que “entre copas” todo es posible, pero vida no hay más que una y ésta sí es una gran reserva con denominación de origen que tiene que ser degustada por uno mismo día a día hasta el final. Cada uno es dueño de su propia botella. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

TRADICIONES

Aún con la “reseca” del cambio al horario de verano, la mente se llena de planes por hacer. Anhelar lo que está por venir siempre es agradable cuando esto nos desconecta del presente. Es cierto que no soy muy de hacer planes a largo plazo, pero lo que está claro es que por delante nos queda toda la primavera, cuando ésta nos dé una tregua con las lluvias, y por supuesto, todo el verano. A estas alturas, los que me conocéis bien sabéis que la estación estival es mi favorita. Echo de menos ver el sol en estos días tan grises. Era necesario que lloviese, pero lo que ha caído en los últimas jornadas ha repuesto nuestras reservas con creces. 

Es cierto que el refranero dice: “Abril, aguas mil” y todavía no lo hemos estrenado, pero con esto del cambio climático nadie puede asegurar que la sabiduría popular se vaya a cumplir a raja tabla. De momento, en abril tenemos la primera “escapada que organizar” porque la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Tras las Fallas y la Magdalena, volver a recuperar las procesiones significaría volver a festejar las tradiciones perdidas por la pandemia. Los cofrades y los fieles sueñan con salir a las calles con sus pasos al son del retumbar de tambores. Ojalá el tiempo lo permita y no haya que estar mirando al cielo. Sería una pena que la lluvia cancelara “la normalidad” en los días santos. 

Cumpliendo las tradiciones o no, lo importante es disfrutar. Habrá quien elija Sevilla, Málaga, Zamora, Valladolid… y habrá quien prefiera desconectar en la playa o en la montaña recuperando la tranquilidad dejando atrás la rutina. La libertad de ser felices depende únicamente de nosotros mismos, por eso, todos los planes son perfectos para quien los lleva a cabo. En definitiva, ser feliz es lo que cuenta, y tal y como están las cosas que nos rodean, abstraerse de ella siempre es bueno. La mente necesita desconectar y reiniciarse. Abril nos brinda ese punto de inflexión.

Un punto de inflexión que tiene en la gastronomía un punto en común porque las tradiciones culinarias siempre se cumplen. Las torrijas ya están disponibles en todas las pastelerías y panaderías. Además, se ofrecen como postre en los restaurantes. Es fácil caer en su tentación, aunque no hay que resistirse. Con la huelga de transportes, la leche se ha convertido en el oro líquido para las torrijas. Se ha agotado en muchos supermercados pero el acopio que se ha hecho de ella garantiza este dulce en muchos hogares. Y es que a los que nos gusta la leche no concebimos prescindir de ella. Nunca debatiré con quienes no comulgan con ella porque para gustos los colores, pero ¡ojo! Porque las torrijas son temporales, pero las croquetas son eternas. Este manjar también requiere de ese oro líquido. Puedo renunciar a una torrija pero no a una croqueta.

Sea como fuere, las tradiciones están para cumplirlas en la medida en que nos hagan felices. Somos conscientes de que poco a poco vamos recuperando la normalidad perdida y eso es un buen motivo que hay que celebrar comiendo torrijas, croquetas, paella o lo que se tercie. En España, gracias a  nuestra rica gastronomía es fácil satisfacer nuestros gustos. Seguro que tras la pandemia, hemos aprendido a valorar el presente, por eso, llueva o truene, salga el sol o las nubes, estamos obligados a celebrar la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/32101/tradiciones

SONRISAS Y LÁGRIMAS. NO ES UN DÍA CUALQUIERA

Las cicatrices siempre están cargadas de recuerdos y son éstos los que nos atormentan aunque intentemos evitarlos. Huir del pasado no siempre es fácil cuando éste marcó un punto de inflexión en nuestra vida. Quiero pensar que cuando regresan a nuestra mente es por algo. Todos tenemos fechas muy señaladas y convivir con su reencuentro año tras año es inevitable. Confieso que puedo no dormir bien por muchos motivos, eso nos pasa a todos. Pero la de anoche era una noche diferente.

Cada veinticuatro de enero veo el calendario y una revolución de sentimientos se mezclan en mi interior. Lucho por contenerlos, pero éstos siempre acaban venciendo porque es imposible no revivir todo lo que sucedió hace ya dieciséis años. La memoria es selectiva y hay imágenes que el paso del tiempo no podrá borrar. Aquella sala de espera de urgencias, aquella fiebre que consumía mis fuerzas, aquellas horas que atormentaban a los míos, en definitiva, aquel frío Box en el que pasé la noche sola y con miedo a esa incertidumbre de no saber qué me pasaba. Y por si esto no era suficiente, sabía que para mi padre iba a ser su cumpleaños más triste. El destino decidió que todo sucediera así

En esos momentos no sabía lo que me pasaba, días más tarde comprendí que me adentraba en una lucha por sobrevivir y que tenía que hacer frente a una leucemia. Todo mi mundo dio un giro de ciento ochenta grados. Y a pesar de todo no dejaba de pensar en el cumpleaños truncado de mi más fiel compañero de batallas. La vida es caprichosa y da lecciones que nunca se olvidan. Quizás, por eso, haya recuerdos que están grabados a fuego no solo en la mente sino en el corazón. 

Se puede ser fuerte pero no de piedra y sé que no pasa nada por derramar unas lágrimas porque éstas nos alivian y hasta nos curan del peso del pasado. Ahora bien, también puedo reconocer que ahí comenzó una nueva parte en la historia de mi vida. Ya nada iba a ser como antes porque revolucionó mi mente de tal manera que me conocí a mí misma y me enseñó a afrontar todo tipo de situaciones. 

Obviamente, estoy hablando del principio de “Aún tengo la vida”. Un sueño hecho realidad que nació en las habitaciones de un hospital en el que no falta la ilusión y la esperanza. Reconozco que hay mucha vida y muchos momentos buenos a pesar de que la leucemia tomara las riendas de mi día a día. Por eso, asumo que hace dieciséis años cambió mi vida; no sé si a mejor o a peor, pero cambió. Me arriesgo a decir que me hizo mejor persona. Aquella lucha sin cuartel la gané en septiembre. En sus enseñanzas saqué matrícula de honor, porque a día de hoy no las he olvidado. Eso sí, asumo que hoy toca soplar las velas con mi padre porque nos quedan muchas cosas por vivir. Renovar estos recuerdos no es tarea fácil para ninguno de los dos, pero podemos ir creando otros que conviertan los días negros en grises. 

Eso sí, aunque muchos no lo entiendan, cuando mi mente me recuerda la etapa más dura de mi vida, mis ganas de luchar y seguir para adelante se multiplican. Esa es la fuerza de la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/30077/sonrisas-y-lagrimas-no-es-un-dia-cualquiera

VIÑETA A VIÑETA

La semana dibujada por Jorge Crespo:

Jorge Crespo: https://jorgecrespocano.com

VIÑETA A VIÑETA

La semana dibujada por Jorge Crespo:

Jorge Crespo: https://jorgecrespocano.com

HISPANIDAD Y PERIODISMO

Se respira normalidad en el ambiente. Las ganas de volver a las costumbres de antes nos superan a medida que pasan los días. Los datos nos avalan y quizás se pueda hablar del principio del final. Una nueva etapa en todo este proceso. De hecho, las terceras dosis de las vacunas ya las están recibiendo los más vulnerables. A pesar de que todavía tenemos medidas sanitarias que respetar, con esa precaución se puede seguir viviendo y aprovechando los momentos con las lecciones que hemos aprendido de la pandemia. Unas lecciones que han marcado un antes y un después sin ninguna duda. 

Y sin duda hoy toca celebrar el día de la Hispanidad. Una fiesta que nos tiene que unir aunque siempre hay quien se empeña en generar polémica. Madrid se ha volcado con numerosas actividades en las que se ha presentado la cultura de todos los países hispanoamericanos ya que su riqueza es la riqueza de todos. Además, pese a quien pese, con el español por bandera, porque cuando se trata de politizar cualquier motivo es bueno. 

Como bueno ha sido recuperar el tradicional desfile militar, presidido por los Reyes, propio del Día de la Fiesta Nacional. El Paseo de la Castellana ha vuelto a ser el centro de atención. Por supuesto, muchos ciudadanos no se han querido perder esta cita tan tradicional. 

Motivos para festejar tenemos muchos y no me puedo olvidar del Premio Nobel de la Paz 2021. Los periodistas Maria Ressa y Dmitry Muratov han sido galardonados por el Comité Noruego del Nobel por su lucha “para salvaguardar la libertad de expresión, que es una condición previa para la democracia y la paz duradera», porque la filipina y el ruso son una representación de todos los periodistas que defienden este principio como algo fundamental en el ejercicio de la profesión enfrentándose si es necesario a situaciones muy adversas. 

La libertad de expresión es esencial y no es cuestionable por nadie. Muchos políticos tendrían que aprender que a este principio básico del periodismo no se puede renunciar por muchos impedimentos que pongan. Los periodistas nunca deberían renunciar a los fundamentos que les mueven día a día en su profesión. Una profesión que es más necesaria que nunca cuando se coartan las libertades. La esencia del periodismo que tanto se está viendo amenazada últimamente no puede perderse. Esos valores tienen que ser férreos y hay que defenderlos ante los enemigos de la verdad. El periodismo es un servicio público y se debe a la gente y no a los políticos. Seamos honestos y asumamos que la profesión está siendo muy cuestionada. Eso sí, depende de nosotros, los periodistas, recuperar la reputación perdida. No es tan difícil recordar esos valores. Si es preciso se puede volver a leer, entre otros, a Ryszard Kapuscinski: “Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”. Nunca se puede ceder a la presión, a la propaganda, a los likes porque periodismo no es eso.

Quizás, este Premio Nobel sea una buena inspiración que conlleve alguna reflexión. Me niego a renunciar a la vocación de mi vida por quienes han dejado de lado su esencia. No todos somos iguales y mis principios los tengo claros. No están en venta porque, de nuevo Kapuscinski: “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias.” Reflexionemos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/27203/hispanidad-y-periodismo