EL VERANO ES EL VERANO

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Mi columna para El Valle de México

Se convirtió en el protagonista de nuestras vidas de repente. Llegó y todo cambió. Lleva meses acaparando titulares y dejando tras de sí todo tipo de cifras, datos y comportamientos. El coronavirus se adueñó, poco a poco, de nuestra normalidad para convertirla en una pesadilla de la que aún no hemos despertado. Vivimos en una “nueva realidad” que marca nuestra forma de actuar. Acostumbrarnos a ella es primordial. La vacuna no tiene fecha, pero su llegada marcará un antes y un después. Es cierto, que desde que finalizara el estado de alarma, nos hemos ido relajando. A veces, olvidamos que el virus sigue entre nosotros, pero el verano ya está aquí y tenemos demasiadas ganas de disfrutar de todo lo que nos hemos privado durante meses. Además, como el tiempo acompaña, la combinación de estos factores es perfecta. No negaré, ya que mentiría, que la mascarilla es incómoda con el calor, pero de su uso depende frenar los posibles rebrotes que están apareciendo. Sé, que desde México miran hacia España con la esperanza de que sus cifras den una tregua, pero insisto, a nueve mil kilómetros de distancia, que hay que cumplir con las medidas aconsejadas. Solo así se puede frenar la curva que tanto asusta.

Viviendo el presente, estamos a punto de dar la bienvenida al mes de julio. Podría decir que es el mejor mes del año, dado que en unos días celebraré mi cumpleaños. Este año, por cierto, junto a las velas en la tarta, no faltarán los Conguitos. Confieso que desde niña me han encantado y últimamente me apetecen demasiado… ¿Por qué será?… En fin, tras este paréntesis culinario, hay que reconocer que julio es, para muchos, el comienzo de las vacaciones. Éstas siempre son especiales y este año son muy necesarias. Hay que desconectar de todo. Si antes he hablado de sustos, da vértigo escuchar a los expertos sobre lo que pudiera suceder en otoño, pero como el tiempo verbal “pudiera” no es real ni certero, dejemos que pasen los días hasta que veamos y vivamos cómo se comportará el coronavirus más adelante. Ahora no es momento para amargarse con el futuro, ahora es el momento de disfrutar. Si algo nos ha enseñado la Covid-19 es que la incertidumbre marca nuestra rutina y, por eso, no tiene sentido hacer planes a largo plazo. Las vacaciones son y serán siempre momentos de ocio acompañados por la gente que queremos. Posiblemente, este año el tiempo estival nos traiga muchos reencuentros que el confinamiento generó. Yo ya estoy restando los días que quedan para ver a mis padres. Es el momento que llevo esperando desde el mes de marzo. Todo llega a quien sabe esperar dice el famoso refrán, pero las esperas, a veces, se hacen eternas.

El tiempo es relativo y me da que el verano se pasará en un suspiro porque cuando se está disfrutando éste vuela. Dicen que el tiempo es oro y su pérdida sería un gran derroche, así que no adelantemos acontecimientos. Aprovechemos estos días al cien por cien, porque el futuro, con virus o sin él siempre será incierto. Sigamos al pie de la letra a Walt Whitman, de hecho, hasta el famoso profesor Keating en El club de los poetas muertos lo tenía como referente: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta…” En definitiva, Carpe Diem.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13518/el-verano-es-el-verano

NO NOS PIDEN TANTO

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Mi columna para El Valle de México

El verano ya llegó y con él la famosa “nueva normalidad”. Pueden cambiar muchas cosas pero los clásicos estivales siempre están ahí: las terrazas, las piscinas, las playas, la montaña, las vacaciones… Existen un sin fin de planes por hacer y, dado el año que llevamos, ahora más que nunca apetece disfrutar. Eso sí, con precaución porque el virus sigue con nosotros. Ahora la palabra más repetida es: Rebrote y, visto lo visto, éste está al acecho. Aún así, y ya con el estado de alarma, hay muchos planes por hacer. Por delante vienen unos meses llenos de luz. El sol me da vida y a pesar de que apriete el calor, siempre diré que estamos en mi estación favorita. Además, después de todo lo que hemos pasado, que el termómetro suba unos grados no es motivo para quejarse.

Quejarse es el deporte favorito de muchas personas, no lo voy a negar. Hay quien hace de la protesta un estilo de vida. Reconozco que, a veces, lamentarse está justificado pero una inmensa mayoría de ellas no. Si hay que llevar mascarilla se lleva, si hay que guardar la distancia de seguridad, se guarda; si hay que lavarse las manos pues se lavan; porque no hay que olvidar que todas estas medidas son por el bien común. Tampoco nos están pidiendo… Es cuestión de poner un poco de voluntad ya que si el rebrote se produce las consecuencias no nos van a gustar y las medidas tampoco. Es preferible pasar el tiempo al aire libre que dentro de un hospital, por ejemplo, o aislado en tu propia casa. Creo que desde marzo hemos tenido tiempo para aprender la lección que el coronavirus nos está dejando. Obviamente, no todas las mentes son iguales y, por tanto, siempre habrá inconscientes que piensen que todo ha pasado; y aunque no nos fiemos de las cifras, más que nada por quienes están detrás de ellas, sólo hay que ver la realidad. Una realidad que nos muestra cómo ha cambiado todo desde que comenzara la pandemia. Si el riesgo no existiera, la nueva normalidad tampoco. Viviríamos en la pasada normalidad. Esa época en la que no nos preocupábamos de aspectos que ahora son vitales. Había besos y abrazos por doquier, pero éstos volverán si las cosas se hacen bien. Al igual que sucederá con los bares, las tiendas y demás actos multitudinarios que hoy tienen escrita la palabra “cancelado” en sus carteles.

Voluntad para cumplir unas escasas medidas es lo que necesitamos, de buscar la vacuna ya se están encargando los científicos. Hagamos que este verano sea un verano para recordar, pero no por la palabra “rebrote” sino por las experiencias que vamos a vivir. De hecho, si algo debemos tener claro después de la incierta primavera, es que el valor del presente es incalculable. La estación estival acaba de empezar, por delante tenemos varios meses para llenarlos de buenos recuerdos. El 2020 pasará a la Historia marcado por un virus, pero en la historia personal somos cada uno de nosotros quienes escribimos los capítulos. De nosotros depende que el 2020 nos deje buenos momentos para recordar. Está claro que solo se vive una vez y este verano es único. A pesar de todo, ¿lo hacemos especial?

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13320/no-nos-piden-tanto

BONITA LA VIDA…

Cada vez queda menos para iniciarse en la “nueva normalidad”. Es cierto que los gallegos han sido los primeros en estrenarla y, poco a poco, el resto de las comunidades se irán uniendo a ella. Hablar de “nueva normalidad” no es lo que más me gusta, porque creo que cada uno tiene que ser lo suficientemente consciente para saber la situación en la que nos encontramos. Obviamente, es un escenario diferente en el que nuestra vida tiene que continuar. Ésta solo se vive una vez y hay que aprovecharla. Es curioso cómo hay que reinventarse para adaptarse a las medidas que nos proponen. Seguro que a alguna de ellas nos llevará más tiempo acostumbrarnos, pero éste convertirá la novedad en rutina y la “nueva normalidad” perderá cualquier adjetivo que la califique. Cantaba Pau Donés que todo depende de según como se mire y es cierto. Apenados por su pérdida, el vocalista de Jarabe de Palo nos legó grandes canciones con muchos mensajes positivos dedicados a la vida. Decía que “la vida es urgente vivirla” y, por supuesto, no es necesario que ésta penda de un hilo por una enfermedad. Cada día es un regalo para todos, como el último tema de Pau.

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Bonita la vida…

Confieso que acabé la semana pasada recordando uno de los días más importantes de mi vida. Como cada trece de junio he festejado la mejor noticia que me han dado nunca: “Tienes un donante de médula compatible”. Se han cumplido catorce años de aquello, pero la memoria recuerda cada detalle de ese momento tan especial, a pesar de que era un martes y trece. No sé si es por los tiempos que corren o por las noticias que nos acompañan, pero he recordado cómo ya entonces me adapté a una situación dura, complicada y a su vez llena de ganas de vivir. Ahora, que salimos a las calles y que muchos han aprendido a valorar aquello que antes les pasaba inadvertido, sería bueno memorizar esas sensaciones. Es más, quizás se puedan sacar conclusiones y aprender, a ser posible para siempre, de lo efímero que es el presente y de lo vulnerables que somos. Es, en los momentos difíciles, cuando descubres en ti mismo cualidades y facetas que ni sabías que tenías. Al menos, eso me pasó a mí hace años. Ha pasado el tiempo y he vuelto a recordar cómo mi vida cambió de la noche a la mañana y cómo gracias a ese donante de médula llevo viviendo catorce años de regalo. Aún no es mi segundo cumpleaños, hasta septiembre tengo tiempo para pensar en la celebración de los catorce años del trasplante, pero la invitación para marcar en el calendario el famoso “día cero” bien se merece una fiesta con mascarilla, distancia de seguridad y lo que toque. Insisto que las circunstancias pueden cambiar, pero mi anhelo de disfrutar y de vivir siguen inalterables.

Vivimos tiempos complejos, pero vivimos. Lamentaciones las justas, ya que, por desgracia, muchos se han quedado en el camino. Seamos positivos y confiemos en que la vacuna está cada vez más cerca. Hasta entonces, y sirva de homenaje a Pau Donés, concluyo tarareando uno de sus temas: Bonito, todo me parece bonito/ Bonita la paz, bonita la vida / Bonito volver a nacer cada día… Ahí lo dejo.

Jimena Bañuelos 

Enlace a mi columna de El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13099/bonita-la-vida

RETOMAR LO QUE UN DÍA SE PARÓ

Reconozco que son abrumadoras las noticias que leo cada día sobre la situación de la pandemia en México. Están pasando por el peor momento. Aquí lo vivimos no hace tanto, aunque a juzgar por determinadas situaciones que se ven por la calle da la sensación que muchos se han olvidado de lo sucedido… Todos deberíamos ser conscientes de que la precaución tiene que ser nuestra compañera durante un tiempo. “Más vale prevenir que curar” dice el refrán. Eso sí, ésta no está reñida con que podamos disfrutar de todo lo que nos hemos privado en los últimos meses. La fase uno de la desescalada ya es historia, y ahora el panorama es muy diferente. Quizás, con el verano a la vuelta de la esquina, las ansias por movernos y las vacaciones rondando por nuestra mente, perdamos la perspectiva de la “nueva normalidad” que tanto nos han vendido. La mascarilla, nos guste o no, ha venido para quedarse un tiempo. ¿Cuánto? No lo sé, pero incorporarla a nuestra rutina cuanto antes es, simplemente, algo que nos beneficia a todos. Hemos pasado mucho como para retroceder al punto de partida.

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7 de marzo en el Wanda Metropolitano

Un punto de partida que muchos tienen marcado en el calendario. Oficialmente, el estado de alarma comenzó el quince de marzo aunque antes de esa fecha hubo días críticos. Vivíamos pensando que no era nada, porque así nos lo habían hecho creer y, de repente, el coronavirus nos dio una bofetada que nos bajó de la nube en la que estábamos. Wuhan nos parecía muy lejano y de lo de Italia ya ni hablamos. Yo pasé de estar en el Wanda Metropolitano viendo al Atleti contra el Sevilla, a verme en casa sin poder salir. Aquel partido será difícil de olvidar por muchos motivos. Por una parte, lo disfruté al máximo. Animé a los míos como se merecen, sufrí con los penaltis y, lo más importante, cumplí la tradición de ir con mi padre, una temporada más, a nuestra casa futbolísticamente hablando. En cambio, por otra parte, ahí empezó a palparse que algo iba a pasar. Cuesta asumir que los planes, a veces, hay que cancelarlos sobre todo cuando está en juego la salud de las personas. Lo que vino después es de sobra conocido, pero lo que viene ahora lo vamos descubriendo a medida que pasan los días. Quizás, muchas personas nunca hayan vivido con la incertidumbre, pero vivir el presente es esto. No hacer planes. De hecho, los ingredientes de la “nueva normalidad” se van conociendo por días, a pesar de las muchas rectificaciones institucionales. Acostumbrarse a lo nuevo es lo que nos toca, aunque sea por un tiempo. De hecho, y ya que he hablado del Atleti, es un placer saber que los de Simeone vuelven a saltar al terreno de juego en San Mamés. No habrá público, pero sí una afición que arropará a los suyos esté donde esté. No serán partidos fáciles porque el fútbol necesita a sus hinchas y más si hablamos del Atlético de Madrid. Aún así, es el momento de mostrar el auténtico coraje y corazón que nos abandera porque en la situaciones difíciles es dónde se demuestra la fortaleza de uno mismo. Y si algo me ha enseñado el Atleti es que es capaz de hacer lo imposible en situaciones muy complicadas. No olvidemos, por ejemplo, lo que pasó en Anfield… La memoria es selectiva, y hay que quedarse con lo mejor para afrontar el futuro que nos espera con optimismo y valentía. Ahora, no hablo de fútbol, hablo de la vida.

Por eso, concluyo tarareando a un gran colchonero, Dani Martín, que pronto estará por México: “Que bonita la vida /Cuando baila su baile / Que se vuelve maldito /Cuando cambia de planes /Ahora juega contigo /Otras tantas comparte /Que bonita la vida /Y tan bonita es / Que a veces se despista…” No nos despistemos con tonterías, afrontemos el presente que es lo único que tenemos seguro.

Jimena Bañuelos 

Enlace al artículo de El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12865/retomar-lo-que-un-dia-se-paro

LA REALIDAD

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Mi columna para El Valle de México

Junio está recién estrenado y con él llega el esperado verano. A estas alturas otros años ya estaba más que planificada la estación estival, pero el 2020 ha querido que la incertidumbre dejara en el aire todos nuestros planes. Las cancelaciones de festivales, de conciertos, de viajes… empezaron en marzo y todos los eventos de ocio se fueron cayendo de los calendarios, uno tras otro, como si de fichas de un dominó se tratasen. Lógicamente el que inició el proceso fue un virus desconocido que, día a día, fue mostrando su letalidad y capacidad para propagarse. Con él llegó el estado de alarma, una alarma que nos llenó a todos de preguntas, de dudas, de miedo, en definitiva, nos llenó de una fragilidad que hasta entonces una gran mayoría desconocía sobre sí misma. Es cierto que los meses han pasado y ahora todo se ve de otra manera. La memoria es selectiva y, quizás, quiera borrar de nuestra mente las duras imágenes que hemos visto. Ese pasado está demasiado cerca como para obviar lo que supondría no respetar las reglas básicas en el momento en el que nos encontramos.

Ahora, salimos a la calle, nos sentamos en las terrazas, volvemos a entrar en las tiendas; pero hay demasiados matices que demuestran que no es la normalidad de antes. Posiblemente tener precaución sea lo más sensato, porque hemos pasado de no poder hacer nada a de repente querer abarcar en poco tiempo lo que no hemos podido hacer en meses. La primavera confinada nos ha dejado unos recuerdos difíciles de entender ya que nadie creía que podía vivir una situación tan terrible cómo la que hemos pasado. El verano pide paso para marcar un antes y un después. Sin duda, en la noche de San Juan, si se pudiera celebrar, se quemarían los peores momentos de este año. Seguro que no nos costaría encontrar ese momento en el que el confinamiento se nos puso cuesta arriba. Esa mágica noche llega también cargada de deseos. Obviamente, hay que pensar que lo mejor está por llegar. Ojalá sea en forma de vacuna y que ésta marque el final de esta pesadilla. También puede tener la forma de un abrazo, de una caricia, en definitiva, una muestra de los sentimientos que han sido retenidos durante más de una cuarentena.

Junio marca el ecuador de un año que prometía ser muy diferente. Los “felices años veinte” no tienen nada que ver con lo que hemos pasado hasta ahora. El 2020 pasará a la historia escrito en riguroso luto porque han sido muchos los que han perdido a un ser querido. Por mucho que mejore en los próximos meses, si es que lo hace, nada vale más que una vida. Así de dura es la realidad. No obstante, hay que seguir viviendo porque hemos visto lo efímero que es el presente. John Lennon aseguró que “lo que importa no es pensar en el pasado ni en el futuro. Lo importante es cargar con el ahora.” Un ahora en el que vamos avanzando de fases para encauzar el verano. Nos podemos permitir hacer algunos planes a corto plazo porque, por desgracia, la incertidumbre sigue con nosotros al igual que el virus. Aún así, hay que ser optimistas y apoyar a los científicos que están buscando la anhelada vacuna para inmunizarnos del enemigo común, el cual, ha traspasado muchas fronteras.

Mientras tanto, no olvidemos que la vida continúa. El escritor francés, Gustave Flaubert dijo: “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”. En definitiva, ¡vivamos! porque día que pasa, día que no vuelve.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12654/la-realidad

FASE A FASE

Mi columna para El Valle de México

Día a día lograremos alcanzar la “nueva normalidad” de la que tanto se habla últimamente. Sin duda, es el objetivo de todos. Además, no hay que perder de vista que el verano “oficialmente” está llamando a la puerta. De hecho, vamos a despedir el mes de mayo con temperaturas muy altas más  propias de la estación estival.

Me encanta ver el sol cada mañana y confieso que soy de esas personas que aguantan bien el calor. De hecho, voy restando los días que quedan para poder ver el mar. A orillas del Mediterráneo todo cambia. Y ahora, más que nunca, es necesario pasar página y afrontar el futuro sustituyendo la perspectiva que me ha acompañado durante el confinamiento. Es cierto, que han sido meses difíciles, pero todo pasa. Madrid está, por fin, en la fase 1. Aunque nos ha costado avanzar éste es el primer paso para poder ver, por ejemplo, a la familia o reunirse con amigos. Si bien es cierto, hasta que pueda abrazar a mis padres todavía quedan unas fases. Todo llega a quien sabe esperar. Los besos y abrazos virtuales cada vez saben a menos. Es necesario reencontrarse con las personas a las que queremos porque los que hemos pasado el confinamiento solos, hemos afrontado días en los que la soledad ha sido nuestra aliada o nuestra peor enemiga. En mi caso, creo que ha sido más aliada porque me ha permitido pensar en cómo alcanzar alguno de los sueños que aún tengo pendientes. Pensar, a veces, no es bueno sobre todo cuando la mente y el estado de ánimo no quieren que luzcas una sonrisa en la cara. Esos días es mejor distraerse y dejarse llevar por una buena película o una serie. No hablo de la televisión porque, precisamente, abstraerse el coronavirus y sus datos también tiene su lado positivo. A mí, por lo menos, me ha funcionado.

No sé si las fases de la desescalada funcionarán o no, porque cumplir con las normas no está en los genes de muchos españoles. Afortunadamente, las contradicciones que hay entre lo que se puede hacer y lo que no en cada una de ellas dice mucho de quienes las han elaborado… Creo que no es necesario especificar más cuando, por ejemplo, el uso de la mascarilla también ha pasado por diferentes estados. Los argumentos para cambiar del ahora no al ahora sí han sido tan “científicos” como los pasos a seguir hacia la “nueva normalidad”… En fin, lo que nos queda por escuchar todavía en las ruedas de prensa… Estoy segura de que más de un volantazo va a haber. 

Volantazo el que ha demostrado la sociedad desde sus coches llenando las calles de muchas ciudades en la que fue la primera “manifestación” de los últimos meses. El estado de alarma ya no impone, el Gobierno tiene a una gran mayoría aporreando las cazuelas todos los días mientras otros intentan defender las incongruencias que éste anuncia. Más allá de nuestras fronteras no somos un ejemplo a seguir, por mucho que le cueste asumirlo al presidente. Su punto de vista desde La Moncloa dista demasiado de lo que se palpa a diario a pie de calle. El futuro es incierto para todos. La incertidumbre es capaz de nublar nuestros pensamientos. Insisto en que siempre nos queda el sentido común. No está de más practicarlo de vez en cuando. Que yo sepa, éste no tiene daños colaterales, en cambio, las mentiras sí. 

Por eso, es el momento de avanzar y dejar atrás las rencillas del pasado. Edmundo Burke dijo: “Nunca puedes planear el futuro a través del pasado”. Así que más actuar y menos hablar. Señalaba Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” Y eso puede pasar como tenga que retrasar mi viaje al Mediterráneo y el abrazo con mis padres… No diré más.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12468/fase-a-fase

MASCARILLAS, POR EL BIEN COMÚN

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Mi columna para El Valle de México

“Objeto o trozo de tela o papel que se coloca sobre la nariz y la boca y se sujeta con una goma o cinta en la cabeza, para evitar o facilitar la inhalación de ciertos gases o sustancias.” Así define el diccionario de la Real Academia Española a la mascarilla que tan imprescindible se ha vuelto en los últimos meses. Lean bien: Se coloca sobre la nariz y la boca. Las imágenes que se ven por las calles son todo un despropósito. Por supuesto, hacen mal los que no la llevan, además, de quienes lo hacen de manera incorrecta. Es cierto que su uso no es obligatorio del todo porque así lo considera el Gobierno, pero el sentido común, algo que no hay en Moncloa, indica que sería lo más conveniente. Los sanitarios que han estado dejándose la piel, cuando la pandemia nos pilló desprevenidos, apuestan por su uso y estoy convencida de que no van desencaminados.

Confieso que desde que se establecieron los horarios de paseo no había salido a la calle, pero el otro día lo hice y comprobé en mis propias carnes lo que mis amigos me habían comentado. Las mascarillas son de todo tipo, pero descubrí que hay mil formas de llevarlas. Hay quien la lleva de diadema y se la baja a la boca cuando considera oportuno, otros se olvidan de la nariz lo cual se convierte en un auténtico bozal, de bufanda no está mal, pero quizás para proteger la garganta ya se han inventado los pañuelos… En fin, una clara muestra de insensatez que se puede evitar. Es cierto que no es cómoda y que puede agobiar, pero creo que siempre hay que apostar por la salud. Parece que se nos ha olvidado todo lo que ha pasado cuando, en realidad, seguimos haciendo frente a la pandemia. No queremos que haya repunte por lo que éste lleva implícito, de ahí, que hay que ser conscientes de que con ella nos protegemos todos. Solo así se pueden ir restando días para recuperar la normalidad de verdad. En nuestras manos está que esto dure más o menos, y mientras los científicos buscan la anhelada vacuna nosotros podemos dar un descanso a los sanitarios que han estado, y siguen estando, al pie del cañón.

Evidentemente, un consejo como lo define la RAE es una “opinión que se expresa para orientar una actuación de una determinada manera”, en este caso poniendo por delante la salud. Algo que no tiene precio y que sólo se valora cuando se pierde. Más vale prevenir que curar como dice el refrán, pero cada uno es libre para decidir si lleva o no la mascarilla, si se cuida o cuida a los demás… En definitiva, ya dijo Benjamín Franklin: “Podemos dar consejos, pero no podemos dar conducta”. Eso sí, si los sanitarios son partidarios de ella será por algo. Leonardo Da Vinci afirmó que “no hay consejo más leal que aquel que se da desde una nave en peligro” y el personal sanitario ha vivido una realidad inimaginable para muchos. Seamos conscientes de que la mascarilla ha llegado para quedarse durante un tiempo. No hay que olvidar que el coronavirus nos ha robado prácticamente la primavera de este año, pero en nuestra manos está ganarle tiempo al virus para que todo vuelva a ser como antes. Si eso sucede será porque hemos cumplido. Ya puntualizó Napoleón que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común.” No diré más.

Enlace:https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12266/mascarillas-por-el-bien-comun

 

ALGO IRRENUNCIABLE: MIS PRINCIPIOS

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Mi columna para El Valle de México

Es cierto que vamos avanzando y restando días para que todo esto acabe, pero la incertidumbre nos impide marcar en el calendario la fecha señalada. No hay que perder el tiempo cuestionándose cuándo llegará el día puesto que todo dependerá de muchos factores y, por desgracia, eso no está en nuestras manos; aunque me reitero en afirmar que el sentido común tiene que ser fundamental. No importa en qué fase nos encontremos porque sólo con él podemos ir rebajando las cifras que tanto nos atormentan. Hablar de repunte pone los pelos de punta, pero no hay que olvidar que el virus sigue con nosotros y, por eso, no hay que bajar la guardia. Llevamos mucho ganado y no es momento de tirarlo todo por tierra. Ni un paso atrás es la mejor actitud y aunque el cansancio, la agonía, el estrés y hasta la ansiedad quieran batir nuestras fuerzas, pensar en los abrazos, las celebraciones y los momentos que nos esperan con nuestros seres queridos son la mejor motivación para no venirnos abajo.

Cuento los días que llevo de confinamiento, pero cuento también los días para ir recuperando la normalidad, pero no “la nueva normalidad” que nos vendió el presidente del Gobierno sino la normalidad que tenía antes de que todo comenzara. Sé que ésta tardará algo más, pero estoy convencida de que llegará. Ahora, quizás, eso sea un sueño pero siempre he creído que los sueños se convierten en realidad si se trabaja por ellos. No va a ser fácil, pero no es imposible siempre y cuando todos rememos en la misma dirección. Anhelo esa libertad que abanderaba mi vida. La misma que me permitía disfrutar de ella según “me lo pedía el cuerpo”. No había horarios, ni condiciones, ni fases, ni medidas absurdas… Simplemente, había unos principios que siguen siendo irrenunciables para mí, un sentido común inalterable y una única verdad: la vida está para vivirla extrayendo todo su meollo. ¡Ojo! Esto no quiere decir que ahora no lo esté haciendo porque hasta del confinamiento se aprende y mucho. En las situaciones complicadas descubres cosas de ti que ni tú mismo conocías, las cuales, también son importantes. No os contaré mis secretos porque desde que la vida me cambió hace catorce años, cada día descubro algo nuevo en mí. De hecho, cuando vives de regalo ya nada vuelva a ser como antes.

Eso sí, puedo confesar que este confinamiento me ha demostrado que entre fogones no me desenvuelvo mal, que me he puesto al día en las series que tenía pendientes de ver, que la lectura combate el aburrimiento acortando las horas mientras te adentras en grandes historias y, sobre todo, me ha reafirmado algo que ya tenía claro: Necesito muy poco para ser feliz. Lógicamente, cada persona es un mundo, y por eso, las críticas banales caen en saco roto, porque en mi mundo gobierno yo. De hecho, no necesito palabrerías ajenas porque, insisto, el sentido común y una personalidad forjada por el trabajo, la lucha, el esfuerzo, y obviamente, la vida, me han demostrado que el tiempo es uno de mis bienes más preciados. Por eso,  no tengo tiempo que perder ante quien no se lo merece, y en estos momentos, los políticos y sus ruedas de prensa vacías de contenidos sensatos son un claro ejemplo. Saldremos de esta situación, no lo dudo, pero muchos no podrán mirar a los ojos a quienes han mentido. Ya dijo Fiodor Dostoievski: “El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a un punto en que no puede distinguir la verdad dentro de él, y por tanto, pierde todo respeto por sí mismo y por los demás.”

Ahí lo dejo y si alguien se da por aludido, no es mi problema, sino el suyo.

 

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12061/algo-irrenunciable-mis-principios

ANTE LA NUEVA FASE: SENTIDO COMÚN

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Mi columna para  El Valle de México

Y llegó el día de salir a la calle. El día que muchos estaban esperando ya que el confinamiento empezaba a ponerse cuesta arriba. ¿A quién le importan las fases que ha marcado el gobierno? Sinceramente, a muy pocos. Ni siquiera he intentando entenderlas porque todo dependerá de cómo vayan evolucionando los datos. Eso sí, los chistes parodiando las fases como si de las “partes contratantes” de los famosos hermanos Marx se tratasen no tienen precio. La verdad es que durante este tiempo de aislamiento el sentido del humor se ha mantenido porque las declaraciones de los diferentes ministros han dado mucho juego y me temo que lo seguirán haciendo.

A estas alturas y después de haber perdido la cuenta de los días que llevo en mi casa, me sé los horarios en los que puedo salir a hacer deporte, a caminar o a lo que me plazca, porque nadie me puede obligar a que mi corazón marque determinadas pulsaciones. Demasiado hemos aguantado ya. La mascarilla solo será obligatoria en el transporte público, aunque no hay que olvidar que el virus sigue estando entre nosotros y que ya tenemos mucho ganado en esta pandemia que nos cambió la vida de repente. Quizás hablar de sentido común sería más lógico aunque, visto lo visto, no sé yo si todo el mundo está dispuesto a ponerlo en práctica. Ya hemos perdido el mes de abril, poco a poco, podemos disfrutar del mes de mayo y, quizás, si hacemos bien las cosas, podamos dar la bienvenida a un verano, algo condicionado, pero, al fin de cuentas, a un verano que de por sí lleva implícito el verbo “disfrutar”.

Disfrutar es lo que queremos, es lo que anhelamos desde que nos encerramos entre las cuatro paredes de nuestras casas. Cada uno sabe cómo conseguir que su rostro luzca una sonrisa. La felicidad no entiende de recetas pero, sin duda, es la mejor medicina para quienes soñamos con abrazar a nuestra familia, ver a nuestros amigos o simplemente despertarnos cada mañana con la salud en plena forma. Hace tiempo que mis prioridades cambiaron y ahora, en este confinamiento, me he dado cuenta que aquella dura lección de vida me preparó para un presente que ha cambiado radicalmente. Reconozco que me ha traído recuerdos porque la mascarilla, por ejemplo, solo la podía asociar a aquel inolvidable 2006. Ahora, ha vuelto para quedarse un tiempo. Que es incómoda, ya lo sé, pero que te protege también. Sinceramente, mi sentido común me invita a ponérmela y suelo hacerle caso porque nunca me ha fallado. Y como la mascarilla muchas cosas más. A todo se acostumbra uno.

El “ahora” es diferente, pero no es una “nueva normalidad” como dijo el presidente del Gobierno. La normalidad que conocíamos forma parte el pasado. Ahora comenzamos una nueva etapa que nada tendrá que ver con la anterior. Y aunque el coronavirus, de momento, siga con nosotros, cada uno puede poner en práctica lo que el confinamiento le ha enseñado. Unos tendrán cicatrices de por vida y otros, los más afortunados, motivos para disfrutar el presente de verdad, sin ponerle peros ni quejas constantemente. Estamos despertando de una pesadilla que solo el tiempo irá borrando de nuestra memoria, pero hasta entonces, vivamos hoy porque, sinceramente, el mañana es una gran mentira.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11851/ante-la-nueva-fase-sentido-comun

OBJETIVO:  LA DESESCALADA

No hay un día señalado, pero tarde o temprano recuperaremos la normalidad. Poco a poco hemos ido superando el caos que el Covid-19 provocó de la noche a la mañana y aunque el ritmo sea lento no hay que desesperar, porque la palabra desescalada ha ido ganando terreno a la palabra confinamiento. Empezamos a ver esa luz que tanto se ha anhelado desde que comenzara esta pesadilla y, por eso, no hay que tirar la toalla. Van a venir altibajos pero la fortaleza que se ha demostrado tiene que persistir. Me niego a que, después de estar cincuenta días confinada en mi casa, el miedo se apodere de mí.

830432F0-3E13-47AE-B7D0-DE5006F8D030Aprendí que al miedo se le conquista haciéndole frente. No hay que amedrentarse ante él porque la valentía ha sido, es y será lo que ha movido mi vida. Ahora, no voy a cambiar de actitud, de hecho, es algo que ni me planteo. Puedo tener respeto al coronavirus, pero de ahí, a que tome las riendas de mi vida hay un trecho. Cambiará mi rutina porque la mascarilla se ha convertido en esencial, pero con prudencia todo volverá a la normalidad. Un normalidad anormal durante un tiempo que nos llevará a ver el presente desde otra perspectiva. Hay cosas que cambiarán para siempre porque de esta experiencia algo habremos aprendido y otras, sin darnos cuenta, regresarán a nuestras vidas como antes. Obviamente, no va a ser fácil pero si hemos podido con esto, estoy convencida de que estamos preparados para dar el último empujón. Un empujón en el que será vital apostar por la ciencia ya que serán los científicos los que nos vacunarán contra el bicho que, por desgracia, tantas vidas se ha llevado.

Los que no están se merecen un homenaje por parte de todos. No son números con los que jugar, ni meras cifras cargadas de frialdad. Eran personas llenas de vida a las que muchos ya están echando de menos. Es el luto de todo un país porque casi todos conocemos a ese alguien que ha perdido a un ser querido. Y eso es lo más triste de esta realidad. Una realidad que también ha dado paso a la vida porque muchos han sido padres; han recibido a sus bebés en tiempo de coronavirus. Lógicamente, la alegría también está presente en nuestros días. Por mucho que nos cueste aceptar la situación, lo importante es la salud. Ésa a la que algunos solo le rinden homenaje el 22 de diciembre, aunque su relevancia debe estar presente el resto del año.

Y este año, el que pensábamos que iba a ser como los maravillosos años 20, mientras nos tomábamos las uvas, nos está mostrando lo vulnerables que somos. En un segundo todo puede cambiar. El presente se vive hoy. Ya dice el refrán español: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” porque ese mañana es incierto aunque, a veces, nos cueste creerlo. Por eso, aprovechando que esta semana celebraremos el día de la madre y muchos no podremos abrazar a la nuestra; vaya desde aquí, mi felicitación a todas ellas, y a la mía en particular, porque esa valentía y fortaleza de la que os he hablado la he heredado de ella y ella a su vez de mi abuela.

Pues bien, ya que he hablado de científicos y de mi madre, concluyo con una cita, a tener muy en cuenta, del microbiólogo Louis Pasteur: “No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.

Jimena Bañuelos

 

b101fa9bdd0c35b4319fa7cdeb1495ae_XL El enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11669/objetivo-la-desescalada