TIEMPO AL TIEMPO

Va pasando el verano entre olas de calor y pequeños respiros térmicos, pero el calendario nos dice que septiembre está cada vez más cerca. Por eso, hay que exprimir los días que nos quedan hasta que éste sea el protagonista de nuestro calendario. A estas alturas de la estación estival, lo de disfrutar tiene que estar más que aprendido porque si no mal vamos. Atrás quedaron los veranos de las prohibiciones para dar paso a la normalidad que un día se esfumó. 

Es cierto que todos, en algún momento dado, nos hemos quejado de calor, porque veranos como éste nos los hemos conocido. Unos lo achacarán al cambio climático y otros, simplemente, nos adaptaremos a las circunstancias con unos buenos baños en la playa, en la piscina… tiraremos de granizados y de helados y así todo se lleva mejor. Ya vendrá el invierno para recordarnos estas temperaturas y estos calores. Todo llega, solo hay que darle tiempo al tiempo. 

Y el tiempo, precisamente, es el que ha hecho que Leiva no pudiera actuar en Castellón. El viento de poniente no solo puso a prueba la resistencia de las personas a unos grados de más, sino que, por seguridad, canceló la que iba a ser una noche mágica al lado del Mediterráneo. Hubo quien se quedó con muchas ganas de cantar todos sus temas, pero ya sabemos que en la vida hay que ir “partido a partido”. Una canción que une muchos sentimientos y a muchos aficionados al deporte rey.

Un deporte rey que ha dado la bienvenida a otra temporada más. La Liga ha comenzado mientras media España está ociosa y todavía no quiere saber si su equipo gana o pierde. Como hay que ir “partido a partido”, de reojo puedo estar pendiente de lo que hacen los de Simeone aunque, es cierto, que de momento esas rayas torcidas solo las puedo asimilar con el vaivén de las olas del mar. Ese mar que lo cura todo, que te hace soñar despierto, que te llena de ilusión, que te inspira a mirar hacia delante y sobre todo, que te despeja la mente dejando atrás los malos momentos. No siempre es fácil desconectar y dejar la mente en blanco, pero a mi el sonido de las olas, su movimiento y contemplar desde la orilla el agua sin fin me ayuda y mucho. Eso si, mis preferencias por Neptuno vienen de nacimiento, de quien me transmitió un sentimiento inexplicable hacia unos colores que siempre defenderé. No sé qué pensará desde el tercer anfiteatro cuando haya visto que las rayas nos han tocado torcidas este año… En fin, menos mal que en esta forma de vivir que muchos no pueden entender, ponemos en alza otros valores que están por encima del marketing, entre otras cosas.

De momento y teniendo muy presente el “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” de mi Atleti, también tengo que “apurar, apurar y apurar” lo que me queda al lado del Mediterráneo. En la vida hay tiempo para todo, pero es cierto que cada cosa a su tiempo… 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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VOY A PASÁRMELO BIEN

Los responsables del título de este artículo tienen nombres y apellidos. Llevan muchos años siendo los culpables de que cada vez que pronunciamos esa expresión entonemos en nuestra mente, con más o menos acierto, las notas que en su día escribieron en la partitura. David, Dani, Rafa y Javi o lo que es lo mismo, Hombres G han conseguido que su música pase de generación en generación. Confieso que el de Castellón no fue mi primer concierto en lo que llevan de gira con su último disco “La esquina de Rowland”, pero la sensación de disfrutar, de alegría, de buen rollo sigue intacta. No afecta el número de veces que los veas sobre el escenario porque la premisa de “voy a pasármelo bien” no falla. Ellos abanderan esta expresión y con ese tema arrancaron su show y dieron rienda suelta a las voces de un público que estaba entregado a ellos. Obviamente, sonaron temas de “La esquina de Rowland”, pero no faltaron los clásicos en los que los espectadores enloquecieron. No importó el calor, ni la humedad porque Hombres G consiguió que todos sudáramos la “gota gorda” al compás que nos iban marcando. Ya nos avisó David Summers que están a punto de cumplir los 40 años sobre los escenarios, así que habrá que ir preparándose para la próxima gira. Nunca viene mal que nos recuerden que en la vida hay que pasarlo bien.

Os animo a disfrutar de ellos en directo, pero si no es posible no hay disculpas que valgan porque el viernes se estrena en los cines la comedia por excelencia de este verano. El ritmo lo ponen “Hombres G” con una banda sonora que hace que se te vayan los pies en la propia butaca. Además, si eres de los que te arrancas a cantar a las primeras de cambio, también lo harás en la sala del cine. “Voy a pasármelo bien” te traslada al pasado y al presente al mismo tiempo. Te cuenta una historia de amor, de amistad, de recuerdos, de añoranza pero también consigue sacarte muchas sonrisas y más de una carcajada y, eso, en los tiempos que corren es una necesidad urgente. La película que dirige David Serrano tiene un guión brillante. Es amena y muy entretenida. Raúl Arévalo, Karla Souza y Dani Rovira encabezan un cartel en el que no hay que perder de vista la espectacular interpretación de los más jóvenes. Su talento te traslada al año 1989, a los recuerdos de la EGB y todo lo que esa época supuso. El paso del tiempo va cambiando a las personas. Las va moldeando, pero muchas veces la esencia de ellas permanece intacta. Y es ésta, precisamente, la que hace que los recuerdos inolvidables cobren más fuerza. El destino también juega sus bazas en el cine y en la vida real; en el antes y en el ahora como se puede ver en esta película. Os animo a verla y sobretodo a disfrutarla dejándoos llevar por lo que ella os transmita. Sentimientos hay muchos y buena música también. Avisados estáis.

En definitiva y con el permiso de David, de Dani, de Rafa y de Javi me atrevo a decir que “Voy a pasármelo bien” es el título de este artículo, el título de una canción y el de una película, pero siendo sincera debería ser un lema que abandere nuestras vidas porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, como es mi caso y vives de regalo, lo único que deseas en el día a día es pasártelo bien y sonreír a pesar de las dificultades. Unos días te levantarás dando un salto mortal y otros medio dormido y arrastrando las zapatillas, pero lo importante es recordar que estamos aquí y que el presente vuela. Por eso, mientras pueda y gracias a que “aún tengo la vida” no negaré que “voy a pasármelo bien”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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OCIO

Las vacaciones tienen su protocolo. Hay a quien preparar las maletas le genera cierto estrés y eso que es el pistoletazo de salida para romper con el día a día. Es cierto que no olvidarse nada es complicado, pero ahí está el riesgo, sobre todo, de quienes apuran hasta el último momento. Ese pensamiento de “me he dejado algo” dura poco porque cuando ya se está en el destino, o asumes el olvido con la rabia contenida o te adaptas al despiste buscando el lado positivo que, sin duda, se resume en una palabra: vacaciones.

El ocio coge el testigo que la rutina deja, por excelencia, en agosto. Un mes que es anhelado por muchos. De ahí, que las sonrisas iluminen los rostros para ir borrando las ojeras que a lo largo del año han ido dejando huella en nuestras cara. Dicen que los ojos hablan por si solos y es cierto que al hablar de las vacaciones y de los planes pensados estos siempre se iluminan mucho más. No importa cuales sean estos planes porque la felicidad depende única y exclusivamente de nuestros gustos. Unos gustos que no tienen un canon preestablecido y afortunadamente nos dan la libertad para aprovechar al máximo los días de descanso.

Unos días de descanso que no siempre son tan de descanso porque las vacaciones también pueden ser agotadoras. Aprovechar al máximo conlleva exprimir el tiempo hasta límites insospechados. Hacer excursiones para conocer sitios nuevos es algo primordial, cuando tu destino es un lugar nuevo en tu agenda de viajes. Reconozco que soy de las que me gusta ver y adentrarme en todo lo que los sitios me ofrecen cueste lo que cueste. Por ejemplo, si hay que madrugar para ver un bonito amanecer se hace porque la vida son esos momentos únicos que no vuelven. Ese conjunto de experiencias que refuerzan más la fuerza de la mente. El verano está para recargar las pilas y, por supuesto, para desconectar. La pilas, poco a poco, se van llenando porque a estas alturas del año llegan, en muchos casos, bajo mínimos pero lo importante es dejarse llevar por el presente que ahora nada tiene que ver con el del resto del año. La rutina cambia y con ella nuestra forma de vivir.

Vivir es, precisamente, el verbo que tenemos que conjugar ahora y siempre, y, a ser posible, sin ponerle ningún “pero”. Ya sabemos que la perfección no existe y quizás mientras se busca se va perdiendo esa vida que solo se vive una vez. El tiempo dicen que es oro, pero la vida es única y está en nuestras manos sacarla todo el meollo. Y ese meollo ahora son las vacaciones. Agosto acaba de empezar y por delante nos presenta treinta y un días para llenarlos de vida, y recuerdos que nos impulsen hacia delante cuando el otoño se nos ponga cuesta arriba.

Y dicho esto, confieso que planes no me faltan y libros pendientes de leer tampoco. Por eso, y sin más dilación seguiré escuchando el sonido del mar, observando la grandeza de las montañas que me rodean y continuaré adentrándome en las historias que las novelas me ofrecen. Eso sí, no me olvido que en unos días se estrena la comedia musical de este verano. Tomen nota porque “Voy a pasármelo bien” es un buen título y buen lema para este mes. Toca disfrutar de agosto y el día doce ponerle como banda sonora a los Hombres G.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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VERANO EN ESTADO PURO

Para llegar a la recta final de este mes de julio hemos sudado de lo lindo. Se haya estado de vacaciones o no, las temperaturas no nos han dado tregua. Cualquier acción por muy pequeña que sea se ha convertido en toda una proeza porque si no se está al amparo del aire acondicionado o de un ventilador, el calor se ha adueñado de toda nuestra energía. Nos hemos ido dejando llevar por los días con la esperanza de que tras acabar la última ola de calor todo volvería a la normalidad, pero la realidad nos ha demostrado que este verano lo vamos a llevar grabado a fuego en la memoria.

Una memoria en la que no hay recuerdos de haber vivido una estación estival parecida a ésta. Muchos ya se han convertido en expertos en el cambio climático para dar su opinión sobre el tema sin tan siquiera habérsela pedido, pero la cuestión es hablar por hablar. Algo parecido está sucediendo con los incendios que están arrasando gran parte de nuestros bosques. Nuestros paisajes se han teñido de un negro con tintes grisáceos que dejan en evidencia la inacción del hombre para conservarlos. Menos mal que, un año más, los profesionales han demostrado su calidad para extinguirlos cuantos antes. Han arriesgado sus vidas por la naturaleza y, desgraciadamente, este año las llamas se han cobrado más de una. Sin duda, una triste pérdida que no tiene que caer en el olvido.

Si de olvidar hablamos es interesante pensar en uno mismo y ser consciente de qué recuerdos mantenemos en nuestra mente. Estos vienen a nosotros cuando menos nos lo esperamos o cuando hay una fecha muy señalada. Hace apenas unos días soplé las velas de mi cumpleaños y mi infancia pasó por mi cabeza. Coincidiendo con mi estancia en el Mediterráneo, visualicé a aquella niña que jugaba en la arena, que saltaba las olas y las miles de anécdotas que me recordaron a quienes, hoy en día, me cuidan desde el cielo o dado mi condición de colchonera, desde el tercer anfiteatro. Acabo de empezar una nueva vuelta al sol que terminará cargada de vivencias que me enriquecerán como persona. No tengo ninguna duda de que el mecanismo de mi mente desechará todo aquello que borre la sonrisa. Eso sí, las lecciones siempre quedan y su motivo tendrán. Reconozco que olvidar no siempre es fácil, pero si es muy necesario para seguir avanzando. No podemos lastrarnos a lo que nos impide disfrutar, ya sea en verano o en invierno, porque el tiempo pasa. Es cierto que ahora, dadas las circunstancias, echamos de menos el otoño o nos gustaría que el tiempo pasara más deprisa, pero agosto está llamando a nuestra puerta para escribir su mejor capítulo y no caer en el olvido.

Y para convertirse en esencial nos depara treinta y un días para abrirse paso en el mundo de los recuerdos. Con calor o sin él, todavía nos queda mucho verano por delante. No renegaré nunca de mi estación favorita, pero reconozco que este mes de julio se va por la puerta grande. Creo que es el momento de que os animéis a disfrutar de los placeres de esta estación y dar por concluido este artículo porque estoy sudando la gota gorda… y esto solo lo puedo combatir con una horchata fresquita o un buen helado y a la sombra. Eso, también, es resiliencia. Sed felices.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CREAR MOMENTOS

Continuamos pasando calor, el termómetro sigue sin darnos tregua y el mes de julio está siendo muy difícil de llevar. Desde luego, la climatología nos está poniendo a prueba porque desde que llegara la pandemia, se han ido sucediendo diferentes fenómenos. No hay que olvidar que Filomena nos dejó las calles teñidas de blanco y, quizás, su recuerdo sea, en estos momentos, de lo más refrescante. 

Esos recuerdos de la nieve pueden ayudar a nuestra mente a sobrellevar lo que estamos viviendo, pero lo cierto es que todavía nos queda mucho verano y según dicen los expertos nos queda más de una ola de calor por delante. Eso sí, no podemos permitir que estas temperaturas nos impidan disfrutar de todo lo que hemos anhelado durante el pasado invierno. Los deseos del pasado para estas fechas pueden convertirse en realidad porque aunque el coronavirus sigue con nosotros, cada vez éste está más en un segundo plano. Vivir y disfrutar es lo que más nos apetece y para conseguirlo hay que hacer frente a lo que nos venga, como también afrontamos, en su momento, lo más duro de la pandemia. Parece que hemos olvidado por todo lo que hemos pasado, pero este verano, sin restricciones, era nuestro mejor sueño hace un par de años.

Presumir de los destinos vacacionales es una opción para mostrar al mundo destinos increíbles con sonrisas inigualables. Espero que todas esas sonrisas no duren solo los segundos en los que se toma la instantánea, porque la dictadura de las redes sociales es la que impera en nuestro día a día. La felicidad no está en una foto. Está en los sentimientos que vivimos en cada momento. Esa sensación, de que ese momento es único e irrepetible, es lo que hace que nuestra mente guarde en un apartado especial el recuerdo con todo lujo de detalles. Pasarán los años y sabremos hasta la hora y el día en que visualmente grabamos aquel instante. El pasado puede ayudar a afrontar el presente siempre que nos aferremos a lo mejor de él. No se puede vivir anclado en lo que vivimos, pero no hay que olvidar que también forma parte de la persona que somos en la actualidad. 

Podemos pensar que vendrán tiempos mejores. El presente es muy efímero y el futuro está por llegar, pero siempre hay que verlo con la esperanza de que todo puede cambiar. No hay que olvidar  la actitud que nosotros tenemos ante el tiempo porque en ella reside, en gran parte, la manera en la que aceptamos lo desconocido. Lo de ser resiliente ya lo doy por superado aunque también ante el calor hay que serlo. Si es necesario quejarse para sentirse mejor se hace, pero que la queja no abandere todo el día.

Y hablando de días, ya queda uno menos para que pase este episodio. Vendrán otros pero lo importante es lo que nos llevamos. Por ejemplo, largos baños en el mar, en la piscina, unos refrescos con amigos… Cada uno sabe como disfrutar los momentos porque cada uno es el autor de su propia memoria. Eso sí, no nos olvidemos que con calor o con frío: Ser feliz es lo que cuenta.  

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CASTILLOS EN LA ARENA

Julio está llegando a su ecuador y en él damos la bienvenida a la segunda ola de calor del verano. Es lo que nos toca. La estación estival suele tener estos episodios puntuales y los quejicas aprovechan para hacer su agosto contra las altas temperaturas y, por supuesto, el calor que hace en verano. Algo que de por sí va implícito en esta estación. Si eso sirve para soltar el estrés acumulado y la irritación que provoca el termómetro desbocado, habrá que aceptarlo aunque no hay porqué compartirlo. 

Buscando siempre el lado bueno de las cosas, hay que pensar en las vacaciones o en las alternativas, que hay muchas, para mitigar la situación que tan adversa es. Es cierto que cerca del mar o perdido en la montaña todo se lleva mejor, pero en las ciudades hay piscinas y pantanos próximos para darse un buen chapuzón. 

En la playa, por ejemplo, a mi me sucede que consigo evadirme aunque sea por unos momentos de la realidad que protagoniza mi día a día. Es un buen sitio para construir castillos en la arena que permiten hacer borrón y cuenta nueva. Estos los moldeamos a nuestro antojo. Pueden ser más grandes o más pequeños pero siempre serán el reflejo de nuestra imaginación. Una imaginación que, haga calor o no, siempre nos acompaña para construir sueños y para hacernos pensar que todo puede cambiar. Los castillos en la arena tienen una duración determinada y cuando caen podemos volver a levantar otro igual o más grande que el anterior. Incluso aferrarnos a la arena mojada que todos sabemos de su fortaleza. En la vida sucede algo parecido porque de nosotros depende que cuando caigamos nos levantemos con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también evolucionan a medida que vamos cumpliendo años. 

Un año más frente al mar, construyo nuevos castillos de arena mientras me permito mirar a lo lejos y contemplar la inmensidad de un Mediterráneo que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. La vida está para vivirla y para disfrutarla, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. 

Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca porque son el mejor motor para afrontar las contrariedades que el día a día nos presenta. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. Los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… (Cada uno que complete la frase como crea conveniente).

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CONOCERSE

La mente cuando juega a nuestro favor siempre es una gran aliada y somos nosotros mismos los responsables de que ésta esté de nuestro lado. Hay que reconocer que la teoría es muy fácil y que lo complicado es llevarlo a la práctica. Los consejos están bien cuando la empatía es la reina de la personalidad de quien los da porque de poco sirve decir palabras por decir. Es cierto que una palabra de consuelo, por ejemplo, siempre va bien en un momento oportuno, pero también lo es acompañar a esa persona a lo largo de todo ese duro proceso. Dice el refranero español que las palabras se las lleva el viento, pero lo que el viento no se puede llevar nunca es la huella que éstas dejan en nosotros mismos. Hay palabras apropiadas pero también las hay que van cargadas de un veneno que camufla la envidia, el egoísmo y otras cualidades que solo consiguen alejar a las personas. Sinceramente, ese distanciamiento de quien no sabe “estar” más que por un mero interés es lo mas sano que podemos taladrarnos en la mente.

El ser humano es sociable, pero también necesita de ese momento de intimidad personal para conocerse mejor. Cada persona es un mundo, de ahí que las situaciones las gestionemos de una manera o de otra. La pandemia ha descubierto que el término “resiliencia” existe y que no todo el mundo era consciente de que estaba en el diccionario. Su definición es clara, pero la práctica, sin anestesia, ha costado más. Anhelar lo que no se puede en un determinado momento solo nos deja una mente herida que no ve el lado positivo en un contexto negativo. Más allá de la pandemia, la vida es así. Tenemos sueños por cumplir y hay que pelear por ellos. Ser resiliente es fundamental. Habrá quien odie este término, pero la vida no es un camino de rosas y tarde o temprano en otra situación vuelva a nuestra mente.

El futuro siempre será incierto, lo vamos construyendo día a día siendo conscientes de que en un segundo todo puedo cambiar. Es ahí, cuando nuestros pensamientos son vitales y nuestra fuerza mental, si ha sido bien entrenada, estará de nuestro lado. Ahora bien, también nuestra cabeza necesita un respiro y el verano y las vacaciones están aquí. Es la época por excelencia en la que la desconexión viene bien. Confieso que al lado del mar la sonrisa me sale sola y me encanta escuchar el sonido de las olas y dejar la mente en blanco. Es fundamental “resetearse” a uno mismo para afrontar nuevos retos, nuevos sueños y seguir luchando por ser feliz en la vida. Una felicidad que cada uno sabe dónde encontrar aunque no sea fácil llegar hasta ella. Eso sí, cuando ese camino no es fácil la satisfacción al final siempre nos ilumina más.

Y mirando el ir y venir de las olas, pienso en esos sueños pendientes y me parafraseo a Paulo Coelho: “Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que lleven a él”. Está claro que el destino sabe como guiarnos. La actitud la ponemos nosotros y querer es poder.

Ser feliz es lo que cuenta

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LO ESENCIAL 

Siempre hay algo bueno todos los días, a veces nos cuesta encontrarlo porque la rutina nos empaña el presente que estamos viviendo. Aprender a valorar lo que tenemos es vital para buscar la anhelada felicidad de la que tanto hablamos. Una felicidad que depende de nosotros mismos. Sin duda, está en la pequeñas cosas, en los momentos más improvisados y, por supuesto, también es una cuestión de actitud. 

Es cierto que en un segundo todo puede cambiar porque los planes son simplemente ideas que tenemos en la mente, pero que penden de un hilo. Y ese hilo, a veces, se tuerce o cambia radicalmente para mostrarnos que el destino es más caprichoso que nuestros anhelos. La vida reparte sus cartas, nosotros las vamos jugando, pero éstas cambian a diario porque cada día es una partida nueva. Convivir con los sueños, los planes y la incertidumbre forma parte de nosotros mismos y, por eso, de poco nos sirve remar a contracorriente cuando la realidad nos presenta algo diferente. 

En la diferencia radica nuestro crecimiento personal porque es en los momentos sin premeditar cuando nos conocemos a nosotros mismos. No es fácil enfrentarte a ti mismo, pero es muy necesario. La autoestima es vital y en un mundo en el que las redes sociales capitanean los comentarios de todo tipo, quererse tal cual somos es lo más valiente que podemos hacer. “Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio” hemos leído en “El Principito”. Nunca me importó el qué dirán porque soy fiel a como soy. Mentiría si no digo que la vida me ha ido moldeando, pero ha sido ella la que me ha convertido en la persona que soy hoy. Nadie puede ser indiferente al paso del tiempo, pero éste, del que decimos que es oro, nos muestra nuestra propia evolución. Una evolución que jamás se podrá ver en los “likes” o los “me gusta» de cualquier red social. “Lo esencial es invisible a los ojos” como bien nos enseñó Saint-Exupéry. Una frase que no hay que olvidar en un mundo en el que la apariencia ha cobrado un protagonismo que no se merece.  

Los momentos son únicos e irrepetibles. Se convierten en recuerdos que nos llenan más que cualquier publicación. Está bien compartirlo, pero sin olvidarnos de vivirlo. Es ahí donde radica la esencia. Esta vida me dio otra oportunidad y eso hay que valorarlo. Aprendes del pasado para vivir un futuro en el que la sonrisa prevalezca. Una sonrisa que va más allá de las opiniones porque su esencia está en quienes me quieren, me cuidan, me aceptan y sobre todo, me valoran como soy. Esas personas no están en mi vida por casualidad, llegaron a ella sin aviso, eso sí, pero si se han quedado es por algo. Solo se vive una vez y, por eso, quiero llenar mis recuerdos con mis amigos y mi familia porque sin ellos nada sería igual. En definitiva, quiero con esas personas seguir superando pruebas, seguir creciendo, seguir aprendiendo, seguir acumulando experiencias y lo más importante, seguir viviendo. Soy consciente que vivo de regalo y, por eso, valoro tanto el tiempo. Para acabar, vuelvo a “El Principito” recordando que “ fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.”

Hay lecciones que no se olvidan… Pensemos en ello. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34891/lo-esencial

EL VERANO YA LLEGÓ

Hemos superado la primera ola calor sudando la “gota gorda” como suele decirse porque nos pilló desprevenidos. La época en la que ésta ha llegado no era la habitual, pero hemos tenido que afrontarla de la mejor manera posible. Eso sí, ahora el verano ya está aquí y con él su climatología habitual. Posiblemente tendremos más episodios como el que hemos vivido, pero buscando el lado positivo, ya estamos entrenados para ellos. Además, la estación estival se caracteriza por ser una época de vacaciones y si el termómetro sube y nos encontramos a la orilla del mar o en un recóndito lugar en la montaña el calor se lleva mejor. A pesar de todo, siempre diré que es mi estación del año favorita. El sol me da vida y la luz es fundamental. Hoy es el día apropiado para dar la bienvenida a la  nueva estación.

Una estación que está llena de planes porque el ocio cobra un protagonismo esencial. Hacer planes para los meses venideros es una opción aunque la improvisación es otra alternativa. Es cierto que muchos acudirán a sus festivales de música favoritos porque estos han vuelto en todo su esplendor. Es otra muestra de que la ansiada normalidad va ganando terreno. Si hablamos de música no puedo obviar que hoy es su día. Cada 21 de junio ésta se convierte en la protagonista y como bien canta Alejandro Sanz: La música no se toca

Y no se toca porque cada uno tenemos a nuestros artistas favoritos a los que anhelamos volver a ver en directo. La música es una buena compañera de vida porque tanto en los malos momentos como en los buenos siempre está ahí con la canción adecuada. Nuestra propia banda sonora la vamos definiendo nosotros mismos con las notas que tomamos prestadas de nuestras canciones preferidas. Siempre habrá una canción para cada momento de nuestros días. Reconozco que me encantan las palabras de Nietzsche en las que destaca que “sin la música la vida sería un error”. La verdad es que habría un gran vacío. Plantón nos enseñó también que “la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo” y al alma hay que mimarla y mucho. 

Con el verano recién estrenado y la música como telón de fondo nos quedan muchas experiencias por vivir. Esto no ha hecho más que empezar. De momento, esta semana celebraremos la tradicional noche se San Juan. La noche más mágica del año en la que hay que quemar todo lo negativo. Eso no es un problema porque siempre es bueno deshacerse de lo que nos lastra. En San Juan se da el pistoletazo de salida a las múltiples fiestas populares que se avecinan…No olvidemos que al mes que viene San Fermín vuelve con todas sus tradiciones.

Quedan muchos días por delante y muchas canciones por cantar. Lo importante siempre será que disfrutemos porque el verano viene sin restricciones y eso ya es un motivo para celebrar. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34683/el-verano-ya-llego

13 DE JUNIO

Avisados estábamos y el presente ha confirmado que estamos pasando mucho calor para la época del año en la que nos encontramos. La primera ola de calor ha llegado para hacernos sudar la gota gorda, como suele decirse. Menos mal que llevamos años siendo resilientes y ahora, que el termómetro se ha desatado también hay que saber adaptarse a las circunstancias. De poco sirve quejarse ante algo que no está en nuestras manos. Llevarlo lo mejor posible es nuestra mejor opción. El tiempo pasa y con él esta ola. Eso sí, no hay que olvidar que el verano está a la vuelta de la esquina y con él llegará, lógicamente, el calor. No vaya a ser que haya alguien que se sorprenda.

Sorpresas te da la vida continuamente. Las inesperadas si son buenas son fáciles de llevar, pero cuando no son así es normal que se nos atraganten. La perspectiva con la que afrontamos las distintas situaciones depende de nosotros mismos. Saberlo gestionar mentalmente es vital, porque es ahí donde radica nuestra fuerza más importante. Mucho se está hablando de ella últimamente y aunque ésta haya pasado desapercibida durante mucho tiempo, nunca es tarde para remediar ese vacío. 

Un vacío que hay que cuidar a diario y siempre habrá un día especial que recargue esa fuerza a niveles muy altos. A veces, el pasado, al que dicen que no hay que mirar, también ayuda. Algo así me pasa a mí cada 13 de junio. Ayer no fue un día cualquiera. Ayer fue el día en el que recibí la noticia más importante de mi vida y, por eso, ese recuerdo cargado de alegría es una fuente insaciable de optimismo, que cada año viene a mi mente para recordarme que ser feliz es lo que cuenta y que soy fuerte porque la vida me enseñó la fuerza que hay en mí. Cuando te dicen: “Tienes un donante de médula compatible”, todo cambia. El guion da un giro de ciento ochenta grados cargado de esperanza y agradeciendo a quien ha hecho posible todo eso. La generosidad abandera esa frase que anhelas escuchar cuando estás haciendo frente, como fue mi caso, a una leucemia. ¡Bendita frase! Y ¡Bendito donante! 

Los problemas son menos problemas cuando el contexto cambia. Quizás una ola de calor no sea para tanto y mucho menos después de todo lo que llevamos superando en los últimos dos años. El pasado está ahí por algo y aunque no hay que vivir anclado a él, si éste es una fuente que nos llena de vitalidad no hay ningún motivo para renunciar a él. Cada de 13 junio, mi mente regresa a esa habitación del hospital, a esa hora y momento en el que todo cambió. He podido olvidar muchas cosas de aquella época porque la mente es selectiva, pero aquel martes y trece está grabado a fuego en mi mente, en mi corazón y en mi sangre. Ayer recordé como estaba hace dieciséis años y como estoy hoy en día. Recuperar las riendas de mi vida era lo que más anhelaba y ahora deseo cumplir los sueños que me quitan el sueño. 

Y llegados hasta aquí, con calor o sin él, sólo puedo recordar al escritor y médico irlandés, Goldsmith cuando dijo: “El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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