Ya rueda el balón en las diferentes sedes de la Copa del Mundo, pero seamos sinceros ya que la emoción lleva rodando desde mucho antes. Clasificarse para el Mundial es a lo que aspiran muchas selecciones pero no todas lo consiguen. Sin duda, una de las ausentes en esta edición vuelve a ser “La Azzurra” italiana. Y hablando de colores, son estos los que nos identifican estos días.
“El Tri” protagonizó la jornada inaugural en el Estadio Azteca de México. Son uno de los tres anfitriones y dieron el pistoletazo de salida a esta competición como ellos saben hacerlo. Ganaron su partido, aunque para el recuerdo está el homenaje a sus raíces y, por supuesto, la solemnidad con la que todos acompañaron a Alejandro Fernández mientras entonaban el himno nacional. Recordé el Mundial que viví por esas tierras hace doce años. El tiempo pasa pero nunca puede borrar los recuerdos que nos sacan una sonrisa en el rostro. El fútbol siempre será el deporte rey, pero lo que más une son las selecciones nacionales y lucir los colores de tu país alejados de cualquier ideología. Quizás en México esto no suceda tanto, pero en España es ‘La Roja’ la que se estrenó en la competición y la que volverá a paralizar durante noventa minutos a millones de personas a pesar del horario del encuentro.
Hay algo especial en los debuts mundialistas. Durante días hablamos de alineaciones, de favoritos y de estadísticas, pero cuando llega el momento de la verdad todo se reduce a una pelota y a once jugadores defendiendo una misma bandera. Nos representan a todos y todos soñamos con conquistar la Copa y lucir otra estrella en nuestra camiseta. Los Mundiales siempre son una mezcla de memoria y futuro. Nos acordamos de los héroes que nos hicieron felices mientras esperamos a los nuevos protagonistas. España inició su camino con la ilusión intacta. Ayer ante Cabo Verde mostró una imagen que puede mejorar.
También tengo que hablar de mi querida Alemania. La “Mannschaft” busca la gloria y arrancó la competición ganando a Curazao, un rival teóricamente inferior. Los germanos han querido dejar un mensaje de autoridad desde la primera jornada. No hay que olvidar que en los Mundiales los favoritos saben que no hay segundas oportunidades para causar una buena primera impresión.
Queda mucho torneo por delante, esto no ha hecho más que empezar. Las calles de las ciudades anfitrionas se llenan de camisetas de todos los colores, de idiomas que se mezclan sin necesidad de traducción y de abrazos entre desconocidos que comparten una misma pasión. Esa es la verdadera magia de un Mundial. Quedan muchos partidos, muchas emociones y seguramente alguna sorpresa inesperada. Pero ya se percibe esa atmósfera única que sólo aparece cada cuatro años. El balón rueda, los sueños también, y millones de aficionados vuelven a creer que todo es posible. La Copa busca dueño y candidatos hay muchos. Ser primero o segundo de grupo marca el camino hasta el MetLife Stadium de Nueva York. Estar allí el 19 de julio es el objetivo de todos, pero sólo dos privilegiados tendrán el honor de disputar la gran final. Hasta entonces nos esperan historias de superación, lágrimas de alegría y de tristeza, de héroes inesperados y noches y madrugadas que quedarán para siempre en la memoria colectiva.
Un Mundial no sólo se mide por los goles o por el equipo que levanta el trofeo; se mide por esas reuniones con amigos, por esas emociones compartidas y por esos abrazos de complicidad… El fútbol, y más aún la selección, es algo más que ver rodar un balón… Porque si hay algo capaz de unirnos, es “La Roja”. Ahora toca disfrutar del camino. Ya veremos si el destino termina llevándonos hasta Nueva York.
Jimena Bañuelos
Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/15/un-balon-una-bandera-y-muchas-ilusiones/










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