Alejandra Grepi escribiendo, a corazón abierto, del síndrome de Tourette

De lo malo hay que quedarse con lo mejor. No es la primera vez que lo digo y tampoco será la última. Porque siempre hay que buscar el lado bueno de las cosas. Muchas personas han entrado en mi vida porque el destino así lo ha querido. Y Alejandra Grepi es una ellas. Su fuerza, su perenne sonrisa y su cariño hicieron más llevadera mi recuperación. Y eso siempre se lo agradeceré.

Como agradecida estoy de tener entre mis manos su primer libro. Un libro escrito con el corazón con la intención de dar a conocer una parte de su vida que para muchos puede ser desconocida. Alejandra nunca se ha rendido desde que a su hijo le diagnosticaran el Síndrome de Tourette. De ahí que haya tenido que ser la madre que su hijo necesitaba. Porque la vida no es como la planeamos sino que la vida es caprichosa. Es la responsable de enseñarnos, de ponernos retos, en definitiva, de desafiarnos. Y eso Alejandra Grepi lo sabe bien. Admitió el reto y lo ha superado con creces. Como buena luchadora, no se rinde ni se rendirá. La primera vez que conocí a Víctor tenía apenas ocho años, hoy cerca de la mayoría de edad se puede ver en su rostro la complicidad que tiene con su madre. Y es que madre no hay más que una.

Sonriendo con Alejandra Grepi mientras abrazamos Un paseo por la infancia y la adolescencia

Nadie dijo, querida Alejandra, que enfrentarse a una hoja en blanco fuera fácil, pero cuando la vas a llenar de vivencias, de sentimientos, en definitiva, de una parte de ti, simplemente hay que escuchar al corazón porque él te dictará cada una de las palabras. Y no solo eso, sino que has conseguido que el lector quede cautivado por cada página, que reflexione sobre las relaciones familiares, en definitiva, has logrado que todo aquel que se adentre en Un paseo por la infancia y la adolescencia se involucre y tenga que pensar en muchos de los aspectos que tratas. Y eso, no es fácil. Así que… Enhorabuena.

Es el momento de celebrar que tu libro ya está aquí. Que no es un pensamiento sino que se ha convertido en una realidad. Estoy convencida de que pronto festejaremos su éxito. Si Jorge Luis Borges dijo: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído”. Las tuyas, Alejandra, son de lectura obligatoria porque leer siempre enriquece.

Tras acabar mi particular “Paseo por la infancia y la adolescencia” me reafirmo en mis palabras y en las de Borges. Me enorgullece leerte, me enorgullece tenerte como amiga.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

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Noche espectacular en La Montaña Rusa de Dani Martín

Siempre hay un buen motivo para ir a Burgos, y en esta ocasión fue Dani Martín el que provocó que Ana, Rosa y yo pusiéramos rumbo a la ciudad que me vio nacer. Sabíamos la hora, el lugar y todas las letras de sus canciones pero lo que no esperábamos es que mi ciudad, conocida generalmente por el frío, nos diera la bienvenida con un cielo azul radiante y veintisiete grados en el termómetro. Sin duda, una buena forma de comenzar el otoño. Sois unas privilegiadas por poder decir que habéis pasado calor en las tierras del Cid.

Y como buena burgalesa hasta la hora en la que nos subiríamos a la montaña rusa de Dani Martín, hicimos un recorrido por la historia, porque si hay algo de lo que Burgos puede presumir es de su riqueza cultural. A los pies de la catedral contemplamos su grandeza y el ir y venir de los muchos peregrinos que quieren fotografiarse con la escultura del peregrino sentado en un banco. Ahí arrancó un paseo de más de dos horas que nos llevó a la Iglesia de Santa Águeda, a la de San Nicolás, a San Esteban y solo por ver las vistas que hay desde el mirador del Castillo subimos las incontables escaleras… pero todo esfuerzo tiene su recompensa. De ahí bajamos por Saldaña, el que fue mi colegio, para llegar a San Gil, la calle La Paloma y la Plaza Mayor. El Espolón nos llevó a ver al Cid y a Doña Jimena en el Puente San Pablo. Ya solo teníamos que cruzar la calle y entrar en el Forum Evolución para disfrutar del espectáculo que Dani Martín tenía preparado.

De la tranquilidad de la Catedral a la adrenalina de Dani Martín

Teníamos muchas ganas y precisamente con Las Ganas arrancó el concierto. Un acorde de la canción bastó para que los asistentes nos pusiéramos de pie y no parásemos de saltar en las más de dos horas que teníamos por delante. Dani se entregó a un público que respondía a todos sus deseos. Y no es para menos porque este ferviente colchonero es pura adrenalina. En Burgos celebró el aniversario del lanzamiento de este disco. También reconoció que hacía calor y entre bromas fue interpretando todos los temas sin dar tregua a un descanso. No podían faltar en el Forum las canciones de El canto del Loco. Ya con ellas, nos volvimos todos “locos” porque la euforia inundaba el ambiente. Hasta la presentación de los músicos fue diferente. La originalidad y peculiaridad están en el ADN de este artista que no deja indiferente a nadie. El público quería más y Dani no defraudó. Nos tocó el corazón con su canción más especial, las palpitaciones iban a su ritmo y aún así, consiguió volver a ser un torrente de energía para acabar saltando en Los Charcos con todos.

Las despedidas nunca gustan y más cuando te lo estás pasando bien. Pero que mejor manera de decirle adiós que viendo en su mano una bufanda del Atlético de Madrid. Nosotras tres somos colchoneras hasta la médula y viendo esos colores, sabiendo que habíamos ganado, su sonrisa y el ambiente que había generado, lo mejor que podíamos cantar, modificando un pelín la letra de tu canción, era Madrid, Madrid, Madrid; te espera.

Veinticuatro horas intensas pero, sin duda, veinticuatro horas inolvidables.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Cumpliendo 11 años… Gracias a mi donante de médula

“¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!” Esto dijo el autor de Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift y no le falta razón. Se pasan los días, los meses y los años y no nos damos cuenta de que, en definitiva, el tiempo no es un actor secundario en nuestra rutina. El tiempo no vuelve y, por eso, cada minuto es único e irrepetible. La vida está para vivirla y cada uno sabe como buscar en ella esa felicidad que hace que los momentos sean inolvidables. Porque ser feliz depende de cada uno. Únicamente hay que preguntarse cuáles son los ingredientes de la receta de nuestra felicidad. A mí la cocina no se me da bien pero esta receta, sin duda, la tengo bien aprendida.

Celebrando la vida

Hoy, en el día en el que se cumplen once años de mi trasplante de médula, puedo brindar por la vida. Ese regalo de vida, y nunca mejor dicho, que mi donante alemán me hizo sin conocerme. Aquella tarde no la podré olvidar. Recuerdo como vivimos cada minuto de aquello que para mí era desconocido, pero que sabía que ponía punto final a la quimio y a la radioterapia. Y ya, solo por eso, el miedo no estaba invitado a pasar por mi mente. Era el momento de aliarse con la valentía y la fuerza porque únicamente con ellas podía comenzar esa nueva etapa. El anhelado día cero, ya tenía fecha y eso en aquel momento era lo más importante de todo. Está claro que las circunstancias determinan la valoración de las cosas y aquella tarde, tumbada en aquella cama y con múltiples tubos conectados a mí, recuerdo que solo quería terminar de luchar y obtener una victoria para ver en el rostro de mis padres una señal que mostrara el alivio de que todo había ido bien. A pesar de la preocupación y el cansancio, la sonrisa inundó su rostro. Y al verla recordé las palabras de mi doctora cuando me comunicó que tenía un donante compatible: “Jimena, esto se acaba”. Y así fue.

Pasaron los días y aquella habitación se había convertido en “mi hogar”. El tiempo transcurría muy despacio. Y después de seis semanas aislada ahí dentro llegó el día en el que recibí el alta. Apenas podía andar pero el anhelo de salir a la calle era tal que hasta casi echo a correr. Ahí está la fuerza de la vida. Esa fuerza que nunca sabes que tienes hasta que la necesitas. Eso sí, ya en la calle fui feliz con solo sentarme en un banco. Por las pequeñas cosas empieza mi receta de la felicidad. No necesito muchos ingredientes pero lo que no puede faltar en mi día a día es esa sensación de que a pesar de la rutina he tenido vida. He tenido tiempo para mí.

Ahora me toca soplar once velas pensado que las cicatrices ahí quedan. Que no se trata de olvidar sino de aprender a vivir con los recuerdos. Ya dijo Kierkegaard que “la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante”. Por eso, a aquel día cero ya le he sumado más de cuatro mil días más, es decir, más de cuatro mil experiencias más, ya que como aseguraba Scott Fitzgerald: “La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar”. Y en eso también tengo experiencia porque Aun tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

Rendidos a Carlos Rivera

Se define como una persona soñadora, perseverante, pero sobre todo luchadora. Yo también destacaría su humildad. Y es que Carlos Rivera tiene muy claro que cuando el corazón le dice que vale la pena luchar por algo, él “va a por ello”. Este mexicano al que no le gusta el chile, salvo que éste se encuentre en las gominolas, ha hecho vibrar y sentir a todo el Wizink Centre de Madrid “que la vida hay que disfrutarla y que hay que vivirla como quieras”. Y es que desde que salió al escenario cautivó a los asistentes no solo con su perenne sonrisa sino con el sentimiento que transmite cuando interpreta las letras de sus canciones.

Sé, porque él me lo ha dicho, que es un buen conocedor del Folklore por ejemplo de Violeta Parra o Mercedes Sosa, entre otras; que suele escuchar música en español de grandes artistas y amigos como Pablo López, Abel Pintos, Tony Torres, Pablo Alborán, Vanesa Martín… Aunque no duda en afirmar que su canción favorita es Vivo por ella y eso se nota porque es hablar de música y su mirada brilla con luz propia. Eso sí, si hablamos de su tierra hay dos rancheras especiales: Luz de Luna y Cartas Marcadas. Esta última era la favorita de su abuela y eso lo lleva en el corazón.

Con Carlos Rivera en la sala Michael Jackson

Y, precisamente, la noche del sábado iba de música. Arrancó el concierto al ritmo de Quedarme aquí para ir embelesando al público canción a canción. Para ello no estuvo solo. Con India Martínez y A tu vera pusieron los pelos de punta a más de uno. Lo mismo hicieron Rozalén, Antonio José y Marta Sánchez. Aunque hay que reconocer que con su compatriota Fela Domínguez nos llevaron hasta la mismísima África. El Rey León lo fue todo para él y en él hay mucho de ese Simba que lucha y no se rinde, que se cae y se levanta más fuerte. Porque es decirle a Carlos Rivera, “Hakuna Matata” y automáticamente se ríe de felicidad y eso, como él mismo reconoce, es vital. Lo mismo piensa de los sueños porque “la gente se ha olvidado de soñar” y eso es algo que no está en la mente de Carlos; ya que los sueños se cumplen si se lucha por ellos. Y tiene toda la razón. En la vida nunca hay que dejar “que nadie te diga que no se puede” y sobre todo tener muy claro que “el hubiera no existe”. Es el presente donde hay que escuchar los latidos del corazón que son el mejor motor que tenemos para creer que todo es posible.

Con mensajes como éste y después de más de dos horas y media disfrutando del momento, me vas a permitir Carlos que te diga algo que no te dije el otro día. Canto “que todo lo bueno llega para recordarnos que lo vivido valió la pena”, afirmo que Aun tengo la vida para seguir soñando y nunca olvido “que todo lo malo lo va borrando nuestra alegría”. Por eso, brindo con una Michelada con clamato, tu bebida favorita, para que nunca nos falten los sueños y nunca perdamos la sonrisa.

Compadre, sabes que México me tiene robado el corazón, aun tengo tiempo para ir a Monterrey a cerrar también la gira Yo Creo por allá. Pero aún así, apúrate en tu nuevo disco que España ya te extraña. Nos vemos pronto. Y siempre “Hakuna Matata”, amigo.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Llega el final del verano

Cuesta volver, pero ya se sabe que todo lo bueno se acaba. Hasta el cielo se ha teñido de gris para convertirse en el escenario perfecto de las despedidas propias del final de verano. Agosto se acaba y llega septiembre y con él, queramos o no, la rutina que marca nuestros días.

Una rutina que poco a poco va normalizando todos los desórdenes propios de estos meses. Eso sí, para no sufrir la famosa depresión postvacacional es mejor ir adaptándose despacito, ya que éste ha sido el ritmo durante toda la estación estival. Y es que las canciones del verano, por muy populares que sean, siempre a estas alturas de agosto dejan paso, por un momento, al clásico del Dúo Dinámico que a través del compás de sus notas nos traslada a la nostalgia de los momentos vividos.

Momentos en la playa, en la montaña, en la piscina, en el tren, en el avión… y en tantos sitios que nos han llevado a disfrutar y sobre todo a olvidarnos, aunque sea por un instante, de todo aquello que nos borra la sonrisa del rostro. Siempre es fácil recordar esos momentos y por eso, hay que tirar de ellos cuando la rutina se nos haga cuesta arriba. Son la mejor inyección de ánimo que hemos recargado con creces a lo largo del verano. Si bien es cierto, hasta mediados de septiembre no despediremos esta estación pero hay que reconocer que “la vuelta al cole” nos afecta a todos…

Mensaje que los hinchas colchoneros conocen bien

Pero llegados hasta aquí parece que septiembre es el malo de la película y no es así. También viene cargado de nuevos propósitos, de nuevos proyectos, en definitiva, de nuevas ilusiones. Porque la fuente de sueños que hay en nuestro interior es imparable y por eso es, precisamente, el mejor motor que tenemos. Puede ser difícil conseguirlos pero si no se intenta, entonces si serán inalcanzables.

Así que después de este parón veraniego, hay que ir pasito a pasito deshaciendo las maletas para afrontar esta nueva etapa del año como toca. Ya decía Víctor Hugo que “el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Así que con valentía hay que afrontar los retos que se presenten para alcanzar esos sueños que nos conduzcan a muchos más. Y en los momentos en los que haya dudas, me recordó mi buena amiga Karla: “Nunca dejes de crees”. Y dicho esto. Bienvenido septiembre.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

Colchoneros frente a Diablos

No era el Vicente Calderón, y mucho menos el Metropolitano. No abundaba el rojiblanco pero sí se veía una marea roja. No había muchos colchoneros pero todo estaba lleno de diablos. En definitiva, el Atleti no jugaba en casa, futbolísticamente hablando, porque en mi corazón si lo hacía.

Hasta tierras mexicanas se marcaron los de Simeone para festejar junto al Toluca el centenario de este equipo del Estado de México. Precisamente allí, al igual que yo, recibieron el cariño de todos los mexicanos que quisieron compartir con ellos noventa minutos de fútbol, noventa minutos de ilusión. En el Nemesio Díez, los Diablos Rojos del Toluca lo tenían todo preparado para una tarde en la que festejaban el cumpleaños de su club. En esta ocasión yo no estaba allí pero sí lo hicieron grandes amigos como Pepe Nader, quien defiende los colores de su club allá por donde va. Un diablo hasta la médula que se acordó de esta colchonera que se encontraba a miles de kilómetros de allí y que tuvo que padecer insomnio para ver, a las tres de la mañana, a los de Simeone luchar por la primera victoria de esta nueva etapa.

Indios y diablos

Una nueva etapa que comienza con el estreno de un nuevo estadio y un nuevo escudo. Un escudo que por primera vez vi desplegado sobre un terreno de juego. Aun me pican los ojos cuando lo veo pero dicen que el tiempo lo cura todo. Menos mal que mis sentimientos rojiblancos están intactos y nadie puede cambiarlos. Tras escuchar el himno español y ondear el escudo colchonero a su compás dio comienzo un encuentro en el que no había un trofeo en juego pero sí el gozo de muchos aficionados. Al igual que Pepe, Yolis se acordó de mi. Ella no es un diablo rojo sino que los suyo son las rayas, ya sean del Monterrey o del Atleti.

Ya se sabe que el futbol levanta pasiones y en determinadas ocasiones pone los sentimientos a flor de piel. Recuerdo el día que el Atleti ganó su última liga frente al Barça. En el 2014, estaba en México, concretamente, en Toluca y desde allí añoré a mi familia colchonera mientras ésta ponía rumbo a la fuente de Neptuno. Cuando estás lejos de casa la perspectiva de las cosas cambia. Eso sí, además de Pepe y Yolis tuve el apoyo de la que a día de hoy sigue siendo mi familia mexicana. El deporte rey también tiene su lado positivo.

Y positivo fue ver a los de Simeone defender sus colores en el Nemesio Díez. La pena fue que el marcador no se movió y el cero a cero reinó durante los noventa minutos. Querido Pepe, nuestras apuestas no han sido acertadas. Ni tus diablos, ni mis indios estrenaron las porterías. Así que te emplazo a que vengas a conocer el Metropolitano y veas como los míos luchan con coraje y corazón por la victoria.

Si hablamos de victoria, tengo que reconocer que tienes desde hace poco a la mejor Victoria de todas. Es la niña de tus ojos. Es el amor de tu vida. Así que os espero en España para poder enseñar a tu pequeña a decir las dos palabras claves: Aúpa Atleti.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Buscando la Estrella Polar

Cumplir los sueños es lo que hace que la vida sea interesante, por eso, ver publicado mi primer relato me llena de ilusión y energía para seguir aliándome con las palabras y llenar la fría hoja en blanco con el calor de unos sentimientos, de unas aventuras o lo que las musas prefieran. Hoy, homenajeando a quien siempre me animó a escribir y celebrando un año más de vida y experiencias, comparto Buscando la Estrella Polar con todos vosotros:

Buscando la Estrella Polar

 A mis padres, por ser el mejor ejemplo a seguir

Aquella noche del mes de noviembre, el cielo estaba colmado de estrellas, la luna era casi llena y daba una luz que, aunque no con mucha nitidez, permitía ver en la oscuridad de la noche. Pablo podía escuchar el silencio que alguna vez se veía interrumpido por el “cri-cri” de algún grillo noctámbulo. A lo lejos se divisaban pequeños destellos, eran las luciérnagas que poblaban el jardín, y la magnífica silueta de la montaña que tan bien se conocía. Arropado por una manta tejida a mano, se sentó en su butaca orejera favorita a pesar de que ya no era tan confortable como le gustaría. El paso del tiempo había convertido sus almohadones en cojines tan finos que no superaban el dedo de grosor, su mimbre se encontraba deteriorado pero eso era lo de menos. Porque en ese butacón había leído muchos libros, bebido litros de café y fumado algún que otro cigarrillo, ahora es un exfumador convencido. Pero sobre todo, desde ahí contemplaba la que sin duda es la mejor vista de La Peña, como se conoce a aquel emblemático montículo.

Antes de tomar la postura que más le gustaba, Pablo cogió la taza de chocolate que se había preparado. El humo que desprendía era el calor que él necesitaba. La cogió entre sus manos y se recostó poniendo los pies en el borde de aquella mesa redonda giratoria de cristal y madera. En ese momento miró al cielo, cerró los ojos y empezó a recordar su vida desde su años de infancia.

Visualizó a aquel niño vestido con pantalón corto y la camisa por fuera, los calcetines uno más alto que otro y los zapatos llenos de polvo. Pablito, así le llamaban, era rubio con el pelo siempre revuelto, los ojos verdes, la piel blanca y una sonrisa que enamoraba. Era un crío travieso, lleno de arañazos porque le gustaba correr aventuras por aquellos bosques frondosos. Construyó su casa en el árbol, aquel viejo roble que era tan difícil de trepar, aunque para él no había imposibles. Con la bicicleta recorrió ese valle de arriba abajo y siempre llevaba colgando del bolsillo trasero de su pantalón, su bien más preciado, el tirachinas.

Se acordaba al detalle de su primera brecha, de las veces que había rodado las escaleras de esa casa, de los capones que había recibido, de los puntos que le habían dado en el centro de salud del pueblo. Pero también recordaba las muchas fiestas de cumpleaños que allí había celebrado, las verbenas populares que había festejado, los baños que se había dado con la manguera en el jardín, en definitiva, rememoraba todas las chiquilladas de entonces. Abrió los ojos y éstos comenzaron a cristalizarse. No quería llorar y los volvió a cerrar. De nuevo, los recuerdos inundaron su mente.

De la infancia pasó a la adolescencia, era un joven apuesto que se llevaba a las chicas de calle. Aquellos guateques de los setenta, los pantalones cortos pasaron a ser de campana y al más puro estilo de Fiebre del Sábado Noche, Pablito pasó a ser Pablo. El hombre que seguía siendo hoy en día, cargado de generosidad y bondad pero con el corazón compungido. Las imágenes continuaban proyectándose en su cabeza como si de la película de su vida se tratase y tras unos minutos, Pablo volvió a contemplar la noche. Dio un sorbo al chocolate que había dejado de humear y comenzó a mirar a las estrellas.

Distinguió la Osa Mayor, la Osa Menor y buscaba la Estrella Polar para encontrar el norte que había perdido en los últimos días. Se levantó y poco a poco emprendió un pequeño paseo, bordeó la piscina que había en aquel jardín que recordaba lleno de flores. Sabía que nada volvería a ser como antes. Que el tiempo pasa y todo va cambiando. Pero en su interior seguía viva la llama de su juventud. Aquellas vistas le tenían enamorado, era su paraíso particular y por muchos años que pasaran ese sentimiento no iba a cambiar. Volvió a sentarse, en el corazón notaba pinchazos y ahora sí que dejó salir aquellas lágrimas que había contenido unos minutos antes. Eso le calmaría pero sabía que la ausencia de su madre era irreparable. Ya no estaba. No volvería a escuchar su voz, ni su risa. Solo le quedaba aferrarse a esos recuerdos que habían pasado por su mente, allí donde creció y donde ahora lloraba de melancolía.

De repente escuchó que le llamaban. Era su hija que corrió a abrazarle y se sentó en su regazo como cuando era una niña. Y le dijo:
– Papá, esas gotas saladas son fruto del amor incondicional a una madre, deja que caigan en el jardín y volverán a nacer las flores que tanto le gustaban a la abuela.

A lo que él respondió:
– Tienes razón, la vida me ha premiado contigo y con tu madre. Tu abuela se ha ido pero en ti ha dejado lecciones como la que acabas de darme.
Rosa miró a su padre y añadió:
– No te olvides que la abuelita siempre nos decía: En la vida, ante todo, sed felices.

Padre e hija se levantaron, caminaron unos pasos, alzaron la vista y en el cielo encontraron la estrella que más brillaba, la estrella polar de sus vidas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

De Sampedros por Burgos

Después de las fiestas son necesarias cuarenta y ocho horas para recuperarse. Burgos puso punto y final a las fiestas de San Pedro y San Pablo el pasado domingo rindiendo homenaje a los burgaleses ausentes. Reconozco que hacía muchos años que no me colgaba al cuello el típico pañuelo rojo con el escudo de mi tierra. La vida te va llevando por caminos que te alejan de la ciudad que te vio nacer pero por muy grande que sea la distancia siempre el corazón te lleva a regresar.

Algo así me sucedió hace unos días. Había un fuerza en mi que me empujaba a coger el primer autobús rumbo a las tierras del Cid. Y nada más llegar vi la estatua de Rodrigo Díaz de Vivar engalanada para la ocasión. En ese momento, recordé aquellos años en los que siendo una niña lucí mi traje regional agarrada del brazo de mi padre y, por supuesto, de mi abuelo, un ferviente burgalés que allá donde fuera siempre presumía de sus raíces. Algo que me inculcó siendo yo muy pequeña.

Los Gigantillos bailando en la Plaza Mayor ante el público burgalés

Siguiendo con las tradiciones si hay un acto que resalta de todo el programa de fiestas es la ofrenda floral a Santa María La Mayor. Las peñas y sus reinas se acercan hasta los pies de la catedral para mostrar sus respetos a la patrona y pedir por todos los burgaleses. En el camino desde la Iglesia de San Lesmes hasta la plaza de San Fernando se pueden escuchar los acordes de muchas jotas, canciones populares y por supuesto, el mítico Burgalesa. Allí ante la atenta mirada de los asistentes, la comitiva real y las Falleras mayores como invitadas de honor, los Gigantillos bailan para alegrar la fiesta. Esta simpática pareja de cartón-piedra de casi dos metros y medio de altura y sesenta kilos de peso representan a los burgaleses de pro. Él viste con una capa de color marrón, un sombrero de ala ancha y una faja de rojo bermellón. Ella, con camisa blanca, falda de vuelo y mandil negro, luce en su rostro una amplia sonrisa, aunque la que no pasa desapercibida es la verruga con pelo incluido. Eso sí sus andares son inconfundibles.

El Cid y Doña Jimena en el Paseo del Espolón, Burgos

Como inconfundibles son los Gigantones que junto a los Gigantillos protagonizan todos los días el pasacalles por Burgos. Los Gigantones representan a las distintas razas del mundo. Pero de todos ellos, hay una pareja que se lleva la mayoría de las fotos. El Cid Campeador y Doña Jimena son la debilidad de los más pequeños. Y de nuevo me vienen a la mente muchos recuerdos al verlos a todos en la Plaza Mayor. Así que era el momento de dejar salir al niño que todos llevamos dentro para hacerme una foto con mi tocaya. Eso sí, al lado de esta Doña Jimena de casi cuatro metros de altura y setenta y dos kilos de peso te sientes más que pequeño. Y lo mismo pasa con el Cid, aunque éste pesa ochenta y cuatro kilos.

En Burgos, se respira historia en todos los rincones. Sus tradiciones estos días llenan las calles. Como en todas las fiestas, la música está presente, los fuegos artificiales a la orilla del río no pueden faltar, las peñas amenizan cada momento y, por supuesto, las tapas son las aliadas para recuperar las fuerzas. En estos días en mi tierra, acompañada por mi prima, he vuelto a revivir mi experiencia como reina. Las fiestas ya se escriben en pasado pero en mi viaje de vuelta me acuerdo de lo que dijo Nelson Mandela: “No hay como volver a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta cuánto has cambiado tú”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

Más es Más

Es un recorrido que me encanta hacer porque según me acerco a la parada de Pirámides mi adrenalina va subiendo. Anoche fue diferente. La ribera del Manzanares se preparaba no para gritar los goles sino para cantar el repertorio de Alejandro Sanz. El ambiente era diferente pero las ganas de pasarlo bien se palpaban en cada rincón del Vicente Calderón.

Dicen que lo bueno se hace esperar. Y aunque la espera para este concierto único ya fue larga, los minutos hasta que se apagaron las luces se hicieron eternos. Eso sí, si hay algo que no puede fallar en el Calderón es la animación, y el público lo sabe. Varias olas y videos fueron preparando a las 50.000 personas que se reunieron en el ya histórico Más es Más.

Con Ana y Rosa disfrutando de una noche única

Recuerdo que la primera vez que canté Corazón Partío fue en la Plaza de Toros de Burgos, entonces era una niña, y aunque han pasado muchos años de eso, anoche disfruté con la misma ilusión. En esta ocasión, me acompañaban dos grandes amigas. Con Ana y Rosa he vivido muchos momentos, pero nunca un concierto en la que ha sido nuestra casa futbolísticamente hablando. Dijo Alejandro Sanz que en la vida todo es posible, que hay que luchar por nuestros sueños y no le falta razón. Sueños tengo muchos y con esfuerzo pueden ser una realidad. Gracias a que Ana peleó estoicamente en Internet por conseguir las entradas, hemos llenado la memoria de unos recuerdos que, sin duda, serán inolvidables.

Como hace veinte años, con Hoy que no estás arrancó el concierto, esta vez le acompañaba Dani Martín. Fue el primero de la larga lista de invitados que pisarían el escenario. Pablo López, Juanes, Malú, Laura Paussini, Juan Luis Guerra, Pastora Soler, Pablo Alborán… fueron enamorando a un público que estaba rendido a las notas de Sanz. Eso sí, el momento que cautivó a los asistentes lo protagonizó Niña Pastori entonando Cuando nadie me ve. Hasta Alejandro Sanz se emocionó cuando la de San Fernando cantó a su Cai.

 Y aunque la noche prometía ser perfecta, en los campos de fútbol siempre hay alguna protesta. En esta ocasión los pitos no se los llevó el árbitro sino que cayeron sobre los responsables de las pantallas. Unas pantallas en las que se proyectaban buenas imágenes pero olvidaban enseñar a los verdaderos protagonistas: Los cantantes. Aún así y después de más de dos y media de concierto, Alejandro Sanz ganó por goleada. Tuvo palabras de agradecimiento, homenajeó al Vicente Calderón que anoche cerró su etapa y se llevó el cariño de un público que coreaba su nombre.

Las despedidas son tristes, nadie se quería marchar y acompañado por las luces de los juegos artificiales dijo adiós. Un adiós que se convirtió en un hasta luego. En Madrid siempre, querido Alejandro, juegas en casa. Así que tus seguidores ya han comenzado la espera para tu próxima cita. Porque, no lo olvides, tu público tiene ganas de Más.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Murió por ser periodista

Las miradas hablan por sí solas. Y la de Griselda Triana está cargada de emociones. Por un lado, ves su fortaleza y por el otro, el dolor de perder a un ser querido. Los sentimientos encontrados no son fáciles de manejar, pero esta gran madre sabe que solo hablando claro y luchando conseguirá saber la verdad.

“El 15 de mayo el tiempo se detuvo”. Tras recibir una llamada telefónica de Ismael Bojórquez, director del semanario Ríodoce, todo se tiñó de negro. Del negro propio del luto cuando se enteró de que Javier Valdez, su marido, había sido asesinado a tiros en Sinaloa. Lo vio tendido boca abajo, una imagen que sin duda te parte el corazón. Asumió que no volvería a escribir, no volvería a luchar por contar la verdad y sobre todo, no volvería a recibir sus abrazos, a hablar con sus hijos… Y tantas cosas más…

Duelo por Javier Valdez

Tras escuchar los suspiros de Griselda y los míos; y ver sus ojos cristalizados y mi carne de gallina, hablamos de Javier. Un periodista de raza que nunca renunció a sus principios. Estaba comprometido con su oficio. Ese oficio del que Gabriel García Márquez decía que era el mejor del mundo. El periodismo para Valdez era dar nombres y apellidos a cada una de las víctimas, decir la verdad aunque doliera, y combatir a base de tinta al narcotráfico que tantas veces denunció. Él mismo dijo: “Siento que el narco sometió al Gobierno, sometió a los empresarios y está sometiendo a los periodistas. Quiere ese silencio cómplice, no quiere que se le mencione”. Esto es periodismo puro en un país en el que en 17 años han matado a 126 periodistas, de los cuales, 36 han sido asesinados durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Datos que sitúan a México como el tercer país más peligroso del mundo para ejercer esta profesión. Solamente lo superan Siria y Afganistán, y están en conflicto bélico.

Ese es el panorama actual, es una realidad y por ello, Griselda tiene claro que “el miedo no puede naturalizarse. El miedo no puede ser normal”. Obviamente, me confiesa que Javier tuvo miedo pero era tal la vocación que sentía en su interior que siempre encontraba una “justificación”, por llamarlo de alguna manera, para tirar para adelante y seguir siendo el que era. No duda, ni la tiembla la voz cuando asegura que México necesita a este tipo de periodistas: “Personas que no se van a callar; que no sean periodistas de oficina, sino que sean periodistas de calle”. Porque es ahí donde está la realidad, donde se combate, donde hay que vencer a ese miedo del que tanto se sigue hablando.

El periódico El Valle de México recoge estas palabras. Comprometidos con el periodismo.

Con su voz, Griselda busca respuestas y apoyos. Esa voz que se quebranta cuando nombra a Javier y que se vuelve tierna cuando habla de sus hijos. Tania, tiene 23 años y es bióloga. Francisco, de 18, está a punto de entrar en la universidad para estudiar la misma pasión de su padre. Sin duda, el periodismo es vocacional y eso es lo que preocupa a esta madre que ya perdió a su marido y no quiere que la vida de su hijo se la puedan arrebatar. Pero la valentía de Javier está en el ADN de Francisco, gran escritor y lector desde niño.

Tras una intensa conversación de las que dejan huella, Griselda y yo nos fundimos en un fuerte abrazo porque las dos amamos a México. Allí pude ejercer la que también es mi vocación. Griselda no está sola en esta búsqueda de la verdad, ya que las investigaciones no avanzan, y eso dice mucho. A veces, reconoce que se siente sola cuando la gente se burla o justifica lo que ha sucedido. Pues bien, desde España y arropada en la Asociación de la Prensa por muchos compañeros sabes, Griselda, que no lo estás. Y como bien decía Javier, y me recuerdas segundos antes de despedirnos: “Al periodismo le hace falta ciudadanía”. A lo que añado, al Periodismo le hacen falta más Javier Valdez, en México y en España.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)