SE ACABÓ EL ESTADO DE ALARMA

El fin del estado de alarma se merecía una celebración en la que muchos optaron por ir sin mascarillas y sin respetar la distancia de seguridad, entre otras cosas. Han sido demasiados meses con restricciones muy severas y al decaer la norma la euforia ha ido inundando las mentes de los ciudadanos. Es cierto que a ese tipo de “fiestas” les ha faltado el sentido común porque el virus sigue con nosotros y los datos de vacunación están muy lejos de lo deseado. 

Si hablamos de deseos cabe destacar que se acabaron los cierres perimetrales que han bloqueado la libertad de todos los españoles de moverse por todo el territorio. Seguro que más de uno ya está planificando su próximo fin de semana para viajar allá donde le plazca. Obviamente, habrá reuniones, que éstas respeten el número de personas ya es otro contar, porque la misma alegría que se derrochó el pasado domingo seguirá envolviendo cada acontecimiento rutinario que tras el estado de alarma ha adquirido el matiz de especial. Se han echado de menos muchos momentos y esto conlleva que nos lancemos a dar un buen abrazo a las personas que queremos. Los abrazos no respetan la distancia, es cierto, pero somos humanos y los sentimientos contenidos tienen que salir por algún sitio. Eso es innegable.

Todavía no hemos acabado con la pandemia, pero la vida debe continuar. El tiempo ha ido pasando y hemos ido renunciado a muchas cosas, pero esto también tiene un límite. La salud mental es importante y nuestras mentes necesitan un respiro ya que esta situación está pasando factura. Seguir viviendo con precauciones es lo ideal porque el hartazgo está en un nivel demasiado elevado, de ahí, muchas de las reacciones inconscientes. 

De lo que hay que ser conscientes es de la subida de impuestos que se avecina, no todo va a ser hablar del coronavirus. Una subida que va afectar a nuestro bolsillo, la cual, no nos va a gustar nada. Habrá que ver las consecuencias que tienen esas decisiones del Gobierno. Un Gobierno, por cierto, que no deja de dar titulares por sus rectificaciones, por sus declaraciones… porque cada que vez que ciertos ministros hablan, como suele decirse, sube el pan.

Precisamente, en el refranero español nos encontramos con el popular “Pan para hoy y hambre para mañana” y así han sido todas la medidas que hemos tenido que soportar. Muchas de ellas incomprensibles y la finalidad siempre muy cuestionada. Ahora no hay alarma y todo depende de nosotros. Será difícil culpar a nadie de nuestros actos, pero tiempo ha habido para prepararse para la realidad que hoy tenemos. Las Comunidades Autónomas han tomado sus medidas y urge una guía que haga un compendio de todas ya que era evidente que cada una iba a imponer sus reglas. El futuro pasa por las vacunas y aunque éstas van llegando, el porcentaje de vacunados deja todavía mucho que desear. 

En fin, el año pasado hablábamos de “nueva normalidad” y ahora debemos estar en una nueva etapa de ésta. Con la libertad por bandera, el mejor consejo para afrontarla es el sentido común. Sigamos viviendo la vida con el misterio que hay en ella, sin olvidar las lecciones que ya hemos aprendido. Ya dijo Agatha Christie: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.” 

Jimena Bañuelos

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DE INFARTO

Acabamos de festejar el Día de la Comunidad de Madrid, una comunidad que ha rendido homenaje a su historia y en la que hoy sus ciudadanos deciden quién será su próximo presidente. El tiempo pasa y, por fin, ha llegado el 4 de mayo del que tanto se ha hablado. En el pasado quedan las numerosas promesas que se han escuchado y, ahora, toca pensar en el futuro. Un futuro con mucha incertidumbre y con un objetivo muy claro: dejar atrás la pandemia y superar sus consecuencias.

Unas consecuencias que ya se dejan ver más allá del ámbito sanitario. Afortunadamente, Madrid ha conseguido que la debacle general no haya sido tan pronunciada como en otros puntos de España. La gestión, cuestionada por unos y alabada por otros, ha dejado unos datos que ahí están. Las cifras son incuestionables aunque su interpretación depende de la subjetividad de cada uno. Siempre habrá un “pero” que sacar a relucir porque si ya somos inconformistas por naturaleza, cuando la política está por medio los matices se convierten en auténticos “dramas” que echar en cara a los adversarios. Afortunadamente, hoy serán las urnas las que hablen y decidan. Los resultados pueden tener muchos análisis pero los 136 escaños a repartir tendrán nombres y apellidos en apenas unas horas. La noche electoral se presenta muy interesante: Una posible mayoría absoluta, unos pactos que permitan gobernar, un partido que cogobernó y se puede quedar sin representación… En definitiva, una noche que para más de uno puede ser de infarto porque los números no mienten y son los madrileños los que libremente pongan a cada uno en su sitio. Sumar escaños o perderlos puede marcar un antes y un después. 

Dejando al margen la política pero centrándonos en el deporte rey, de infarto son las jornadas que quedan de Liga. A punto de infartar estuvimos los colchoneros el pasado sábado, pero los rojiblancos sabemos lo que es sufrir y estamos dispuestos a ello en las próximas cuatro finales que quedan para rematar el campeonato. El Atlético de Madrid depende de sí mismo para conquistar el título. El Real Madrid, el Barça y el Sevilla están a escasos puntos del líder, pero, de momento, se tienen que conformar con mirar hacia arriba en la clasificación. Muchos dudan de los de Simeone pero el mítico “Nunca dejes de creer” cobra estos días una especial relevancia. Es cierto que no siempre se juega bien, pero llegado a este punto lo importante es ir sumando de tres en tres y desear que pinchen los principales rivales. Por eso, el próximo fin de semana en la trigésimo quinta jornada de Liga, ésta quiere poner a prueba el corazón de los aficionados con un Barça-Atleti para el sábado y un Real Madrid- Sevilla para el domingo. ¿Quién da más?

Vayamos noche a noche, papeleta a papeleta y partido a partido porque el destino ha querido que la primera semana de mayo se presente cargada de acontecimientos. El nerviosismo se convertirá en calma cuando el futuro se convierta en pasado. ¿Qué sucederá? No lo sé. Votar ya he votado ejerciendo mi derecho y respecto al Atleti, tengo el corazón a punto para lo que sea necesario. Eso sí quiero ver a los de Simeone, como dice el himno, “luchando como hermanos” y “derrochando coraje y corazón”. Así cualquier noche de infarto es más llevadera. 

Jimena Bañuelos

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MADRES

“Abril, aguas mil”. Así se despide este mes dejando tras de sí el comienzo de una campaña electoral, un ligero aumento en las vacunaciones, un magnífico Día del libro, el fiasco de la Superliga y una cuarta ola que no ha sido tan pronunciada como se esperaba. Con este panorama arrancamos la semana en la que damos la bienvenida al mes de mayo. Un mes que no puede empezar mejor porque el próximo domingo, no es un domingo cualquiera, es el Día de la Madre.

Siendo el mes de las flores, éstas son un buen regalo para esas fieles compañeras de vida que están dispuestas a todo por ver una sonrisa en el rostro de sus hijos. Este año, el destino ha querido que, a pesar de la pandemia, pueda pasar este día con la mía y la verdad es que estar con ella es el mejor regalo que puedo tener como hija y a juzgar por su alegría también lo es para ella. Es cierto que “puedes acariciar a la gente con tus palabras” como decía el escritor estadounidense Fitzgerald, pero en estos tiempos que corren en el que los abrazos escasean y las muestras de cariño también, poder abrazar a mi mejor confidente, a mi mejor amiga, a mi mejor compañera de batallas… es, sin duda, una excelente manera de arrancar este día marcado en el calendario. Decía  el poeta británico George Herbert que “una buena madre vale por cien maestros” y yo, dejando la objetividad a un lado, tengo a la mejor. 

Las madres tienen ese instinto que la naturaleza les da y te entienden con una mirada, te aconsejan velando por tu bien y están dispuestas a todo, ya que la unión de una madre con un hijo es la más fuerte que hay. Y eso es incuestionable. 

Como incuestionable es todo lo que llevamos aguantando desde hace más de un año y que, poco a poco, podemos ir viendo una luz al final del túnel. Todavía estamos batallando para vencer la pandemia, pero las vacunas nos han dado una inyección de esperanza a todos. Afortunados son los que ya han recibido el pinchazo y los que estamos a la espera vemos con optimismo como nuestro turno está cada vez más cerca. Además, hay que reconocer que la estación estival está muy próxima y eso, sin duda, nos llena de ilusión para afrontar la recta final de la primavera en la que las protagonistas están siendo las vacunas. A veces escasean y lo ralentizan todo, pero si mantenemos las recomendaciones sanitarias ayudamos a frenar la cifra de contagios que tantos quebraderos de cabeza están dando. La pandemia ya se ha llevado muchas vidas por delante y esa es la cifra que hay dejar a cero.

Los números son los protagonistas en los partidos políticos. Acaba de arrancar la última semana de campaña en la Comunidad de Madrid y hay mucho en juego. Las encuestas, obviamente, no pueden satisfacer a todos y en el sprint final los candidatos tendrán que dejarse la piel si quieren movilizar al electorado para que éste deposite su papeleta en la urna. Los madrileños decidirán quién presidirá la  comunidad el próximo 4 de mayo. Todavía quedan días de promesas, de argumentos, de entrevistas, de demostrar el trabajo hecho, de enseñar cuál es el proyecto de futuro… Cada uno es libre de elegir a su candidato porque para gustos, nunca mejor dicho, están los colores. Eso sí, yo he decidido votar por correo, así que puedo permitirme el lujo de desconectar de la campaña y centrarme en un único color: el rosa. Rosa se llama mi madre y estos días es la protagonista de mi casa. Ella no necesita campañas porque es mi ejemplo a seguir.

Jimena Bañuelos

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EL PODER DE LOS LIBROS

De suspense, de amor, de miedo, de autoayuda, de aventuras, de ciencia ficción… La variedad está en los gustos pero los libros no fallan. Se adaptan a nosotros y nos permiten adentrarnos en un universo alejado a nuestra realidad, una realidad de la que en estos momentos está bien evadirse de vez en cuando. 

Entre el proceso de vacunación, la campaña electoral en Madrid y la crispación en general, celebraremos el próximo viernes el Día del Libro. Una jornada marcada por las rosas y, obviamente, por los libros. La pandemia ha podido modificar nuestra rutina pero el placer de leer es inalterable. Decía el escritor norteamericano Edmund Wilson que “no hay dos personas que lean el mismo libro” y es cierto, porque todo nos influye cuando nos adentramos en sus páginas. Ya se sabe que el recuerdo que deja un libro, a veces, es más importante que el libro en sí. Yo no podría decir cuál es mi favorito porque quedarse con uno solo no es fácil. Si bien es cierto, hay un pequeño grupo que releo con gusto porque sus enseñanzas y sus aventuras siempre son reconfortantes. El escritor francés François Mauriac lo tenía claro: “Dime lo que lees y te diré quién eres, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”. Eso sí, no puedo negar que hay uno que siempre ocupará un lugar especial en mi corazón. Aún tengo la vida nació de mi propia experiencia, de mi propia valentía y sobre todo, de esa lección de vida que marcó un antes y después. En el fondo, cada uno escribe sus propios capítulos y no todos son fáciles, pero sí se puede aprender de cada vivencia. Aún así confieso queleer es un de mi vicios. Me ha gustado desde que era una niña y ahora, más que nunca, son unos buenos aliados para distraer la mente. Ésta se encuentra cargada de demasiada fatiga pandémica y una buena receta para aplacar el hartazgo es, sin duda, un buen libro. 

Sé, como bien dijo Borges, que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo” pero siempre es agradable dar buenos consejos. Leer puede ser un hábito en tu vida, solo hace falta dar, a los libros, esa oportunidad. No siempre se acierta a la hora de elegir, pero también de los errores se aprende. Aconsejar tampoco es una tarea fácil, pero quién te conoce bien sabrá acertar con el adecuado. Es cierto que en mi caso, por ejemplo, es sencillo porque en mis estanterías los hay de todo tipo. En su día dijo Vargas Llosa: “Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, sin duda, es una de las mejores cosas y, por eso, cada 23 de abril hay que rendir homenaje a este sector de la cultura. Precisamente, Miguel Cervantes aseguró que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Por eso, no podemos renunciar a los libros.

Eso sí, a Jorge Luis Borges no le falta razón cuando aseguró que: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Un libro siempre enriquece y eso se nota… Ahora bien, llegados a este punto no me quiero olvidar de los políticos que están en plena campaña para conseguir nuestros votos y para ello, en estos días, lo mejor es parafrasear a Cervantes: “Sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo”. Ahí lo dejo. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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VACUNAS

Más de un año esperando a que llegaran las vacunas y ahora que ya están aquí hay quienes renuncian a ellas. Las noticias que han aparecido los últimos días lo único que han conseguido es que cunda el pánico. Un pánico que nace sin una base científica y que lo único que consigue es ralentizar el proceso de vacunación. Los que estamos deseando vacunarnos no entendemos la negativa de quienes rechazan el pinchazo que les protege contra el virus que tantas vidas se está llevando por delante. No hay que olvidar que seguimos en pandemia y que las “famosas” olas todavía no han terminado. Vacunarse salva vidas y su riesgo es mínimo y, por supuesto, asumible. 

Asumir que es el principio del fin sería una buena opción para aceptar la vacuna, de hecho, me alegro por todos mis amigos que ya la han recibido. Sin duda, anhelo recibir mi citación para acudir a dónde sea porque ese pinchazo me da más tranquilidad que miedo. El miedo se conquista asumiendo que el presente pasa por aceptar el esfuerzo titánico que han hecho los científicos para dar con la clave que nos proteja. Vacunarse es algo que sabíamos qué teníamos que hacer y, por supuesto, sabíamos que implicaba sus riesgos como cualquier medicamento que tomamos en nuestro día a día. 

Un día a día que sigue marcado por la pandemia y al que nos gustaría añadir costumbres de nuestro pasado. Llevamos mucho tiempo recordando nuestra antigua normalidad, añorando los abrazos y los besos, extrañando las reuniones con amigos y los viajes sin restricciones… Éstas son solo algunas de las cosas, pero hay muchas más. Mirar al pasado es ver una realidad que ya no existe, pero que anhelamos que regrese. De ahí, que la vacuna cobre aún más importancia. Es cierto que cada uno es libre de elegir lo que quiere, pero parece mentira que con todo lo que llevamos encima haya quienes se nieguen a vacunarse por lo que pueda pasar… Por poder pasar pueden pasar muchas cosas, porque el futuro siempre será incierto, pero los tiempos que corren aún más. El riesgo de contagio sigue estando ahí y las cifras nos demuestran que la vacunación funciona para frenar su expansión. Me alegra leer como animan por la redes sociales quienes ya tienen su primera dosis puesta o las dos a aquellos a quienes el miedo les está ganando la batalla. Entre todos y sacrificando demasiadas cosas hemos llegado hasta aquí, por eso, es justo que sigamos unidos para poner punto final a esta terrible pesadilla. Sin duda, un final que pasa por ese pinchazo.

Un pinchazo que anhelo con muchas ganas. Me encantaría recibir la cita para acudir a vacunarme más pronto que tarde. No tengo ninguna duda de que todo llega. Iré con mi mejor sonrisa debajo de la mascarilla porque sé y estoy convencida de que es por mi bien y por el bien de todos. Prefiero asumir ese mínimo porcentaje de riesgo que hay en ellas ya que a su vez sé que gano tranquilidad. El virus no da tregua a nadie, y aunque haya que seguir teniendo precauciones, pensar que estás más protegida es suficiente motivo para dejar al miedo de lado. 

El miedo nunca es un buen aliado y vencerlo es un gran logro. La vida me enseñó a afrontar las situaciones como vienen y a luchar, con los riesgos que eso conlleve, por vivir. Y vivir, precisamente,  siempre implica riesgos, y ahora no hablo de las vacunas… Seamos conscientes que la vida son dos días y que esta pandemia nos ha arrebatado demasiadas cosas, así que con el aval de la ciencia vacunémonos porque día que pasa, día que no vuelve. Y estoy segura de que nos quedan muchas experiencias por disfrutar y la vacuna es, sin duda, el principio de todas ellas. Es el principio de otra normalidad. ¿A quién no le gustaría convertir sus mejores recuerdos del pasado en su presente? 

¡Vacúnate!

Jimena Bañuelos

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NO TODO VALE

Sin pasos por las calles y sin escuchar el ritmo lento de los tambores hemos vivido otra Semana Santa. Unos días de pasión diferentes en los que hemos tenido que adaptar nuestras tradiciones. El coronavirus, por segundo año, ha conseguido cancelar nuestros planes. En el deseo de todos está que esta sea la última vez. El silencio tendrá que romperse más allá del día de Pascua porque esta pandemia nos ha privado de muchas cosas y las ganas de gritar su fin son incalculables. 

Las restricciones de estos días festivos han sido muy cuestionadas. Es normal puesto que se duda de su efectividad. Podríamos haber viajado para ver a nuestros seres queridos, pero la responsabilidad conlleva que haya que extremar las precauciones. En el ambiente se percibe que la cuarta ola está a punto de llegar. Un ola que esperemos se quede en “olita” como dicen, aunque la experiencia nos ha demostrado que los excesos se pagan. Menos mal, que más allá del miedo que nos puedan inculcar con ella, están los datos de vacunación. Me alegro cada vez que alguien cercano a mí me comenta que ya tiene en su móvil el mensaje con la citación para vacunarse. Desde luego, los datos de Madrid durante esta Semana Santa son buenos. El Wanda Metropolitano y el hospital Isabel Zendal están batiendo record de pinchazos. Y eso, guste o no, es bueno. Ya sea con una dosis o con dos lo importante es ir protegiendo a los ciudadanos. El virus no da tregua y nosotros no podemos ceder ante él.  

Quizás hayamos renunciado a nuestros planes estos días, pero pensemos en que la estación estival está cada vez más cerca. Y si hace un año ya se hablaba de “Salvar el verano”, seguro que a muchos esa frase ya se les ha pasado por la cabeza. Eso sí, atónitos estamos con el endurecimiento del uso de la mascarilla. Esperemos que recapaciten con esta última medida porque ya llevamos soportando muchas decisiones absurdas. Sería grotesco ir a la playa en traje de baño y estar con la mascarilla todo el tiempo… Cuestión de incongruencia… De hecho, no hay que olvidar que en Madrid estamos a punto de comenzar una campaña electoral, la cual, se vaticina muy dura. Combatir las noticias falsas debería ser prioritario al igual que no dar a los bulos el protagonismo que no se merecen. Eso sí, si hablamos de manipulación hasta el punto de decir que Madrid tiene playa, el periodismo tiene un serio problema. Las cosas son como son y la realidad es la que es. Puede gustar o no, pero de ahí al mal ejercicio de la profesión hay un trecho. Sin duda, una línea infranqueable porque la credibilidad está en juego y no hay que olvidar que el periodismo es un servicio público. A los ciudadanos no se les puede fallar. 

Eso sí, la polémica imagen dio la vuelta al mundo y el ridículo que han hecho es más que evidente. Los memes proliferaron por todas las redes sociales… Toda una vida cantando el mítico tema de Los Refrescos, Aquí no hay playa para que ahora nos intenten vender lo contrario para atacar a Isabel Díaz Ayuso. Madrid, como bien dice la canción, tiene Retiro, Casa Campo y Ateneo, tiene mil cines, mil teatros, mil museos… Madrid tiene muchas cosas buenas, sobre todo, su gente. Es verdad que al llegar agosto ¡vaya, vaya! Aquí no hay playa, pero con playa o sin ella Madrid ahora decide su futuro. Y seremos los madrileños de nacimiento o adopción los que valoremos cómo se han hecho las cosas en estos tiempos tan duros. Cada uno es libre de elegir. Ya dijo el periodista y escritor estadounidense, Tom Wolfe: “Con una mentira es posible que engañes a alguien; pero cualquier mentira te dice a ti mismo una gran verdad indiscutible: eres débil.”

Nada más que añadir. 

Jimena Bañuelos

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EN LA PREVIA

Van pasando los días y con la vista puesta en el próximo cuatro de mayo siguen coleando las consecuencias de la convocatoria electoral en Madrid. Los partidos políticos, después de dar a conocer a sus candidatos, están ya de precampaña. Todo lo que se diga cuenta mucho, porque se analiza cada detalle. La primavera viene cargada sobre todo de promesas. Unas son asumibles y otras, solo por su envergadura, ya van envueltas en un halo de mentira. No todo vale para convencer al electorado. Estamos viviendo una situación muy complicada y muy dura. La pandemia no nos da tregua y nuestro nerviosismo va en aumento. Estamos agotados, hartos y asqueados de todo y el motivo es el virus que nos golpeó hace un año y que sigue entre nosotros. Por eso, no estamos para tolerar tonterías de nuestros políticos. Ver la realidad es vital y valorar cómo se ha gestionado la pandemia también. Queda mucho para la jornada de reflexión pero ya se puede ir haciendo balance. Un balance que se puede plasmar en las urnas. Éstas dirán en quién depositamos la confianza para seguir haciendo frente a la crisis sanitaria y a la crisis económica que está arrasando nuestra atípica rutina. 

Una rutina que basa su futuro, sin duda, en la vacunación. Nos guste o no la esperanza está puesta en ella. Eso sí, siendo realistas, hasta que consigamos la inmunidad de rebaño tan deseada, nos queda mucho. No nos engañemos porque las cifras son evidentes. 

Y hablando de cifras, también adquieren protagonismo las que nos dan las encuestas para la Comunidad de Madrid. Ayuso es la que figura en todos los titulares. Ha demostrado que de seguridad y de coraje está bien servida. Ahora es el objetivo de todos sus rivales. Se presume una campaña muy dura, de hecho, Iglesias no ha tardado en atacarla pero la candidata del PP se crece en la adversidad. Lo ha demostrado y lo seguirá haciendo porque está en su carácter. Precisamente, éste ha sido vital para plantar cara a quienes le han subestimado y a quienes la tienen en el punto de mira. 

Y en el punto mira de los votantes quieren estar todos los candidatos, pero eso es imposible. La realidad se ve desde distintas perspectivas y cada uno es libre de escuchar y ver lo que desea. Precisamente, la libertad protagonizó el inicio de esta convocatoria electoral. No nos olvidemos de que somos libres por muchas restricciones que ahora tengamos. Una cosa no quita la otra. Respetar las medidas es vital para todos, pero de ahí a suprimir otro tipo de derechos hay una línea que no se puede cruzar. 

De momento, es mejor cruzar los dedos para que la pandemia se frene porque la cuarta ola está llamando a nuestra puerta. La salud es primordial ya que sin ella pocas cosas se pueden hacer, de hecho, es evidente que es una de las muchas lecciones que hemos aprendido de esta crisis de la Covid-19. Todavía vivimos en la incertidumbre, una difícil compañera de vida, pero a la vez una aliada para aferrarse más al presente. Por eso, con unas elecciones a la vista, unos días festivos muy próximos y un repunte que se deja ver; seamos sensatos y apliquemos el sentido común. Parece que hay muchas personas que lo tienen oxidado de no usarlo. Quizás sea un buen momento para volver a ponerlo en practica porque, sin duda, es un buen aliado no solo para la pandemia sino también para tomar decisiones…

Jimena Bañuelos

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ELLA

Se inició la semana festejando el día de la mujer y en la agenda estaba marcado, no solo el aniversario del peor atentado terrorista que hemos sufrido en España sino que también figuraba en ella el comienzo del confinamiento más estricto. La pandemia hace un año disparó todas las alarmas. Pues bien, en medio de todo esto se inició un encadenamiento de mociones de censura que nos iba dejando perplejos a una mayoría. Los hilos que se mueven en la política, por supuesto, van más allá de la preocupación por los ciudadanos. Mientras asumimos las estrictas medidas incomprensibles y anhelamos con que se acelere el proceso de vacunación; hay quienes están más preocupados por su sillón. Un sillón, que no se nos olvide, elegimos en las urnas libremente a quién se lo damos. 

Precisamente, una cita en las urnas tenemos los madrileños el próximo cuatro de mayo porque Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, decidió hacer frente a quienes la torpedeaban en el poder. Valiente decisión la de esta mujer que disolvió la Asamblea y que llena de coraje instó al electorado a elegir entre: Socialismo o Libertad en su primer tweet tras el golpe en la mesa que dio el pasado miércoles. Nunca se puede subestimar a una persona y ella ha demostrado en más de una ocasión que de arrojo anda sobrada. Quizás sea ella la que le quite el sueño al presidente del Gobierno… Atónito dejó a su vicepresidente, Ignacio Aguado, de Ciudadanos pero la moción de censura que el partido de éste iba a presentar en Murcia hizo saltar las alarmas. Por cierto, una moción que, previsiblemente, fracasará, dejando en el aire la reputación del partido que lidera Inés Arrimadas y al cual muchos ya dan por muerto. Se han oído todo tipo de declaraciones, muchas de ellas muy contradictorias, lo que demuestra que la mentira las acompaña. La revolución interna que se ha producido en este partido tendrá sus consecuencias y el tiempo nos las irá mostrando. Desde fuera su credibilidad es poca y los ciudadanos llevamos un año soportando no sólo la pandemia sino las muchas incongruencias de quienes nos dirigen. Hablar de hartura se me queda corto porque la fatiga pandémica no solo es anímica sino también política y lo que nos faltaba era el espectáculo de la semana pasada. 

Pero el show debe continuar y la vida también. Seguimos conviviendo con un virus que se ha llevado muchas vidas por delante, que está dejando la economía muy tocada, pero aún así hay que mirar al futuro con esperanza. Ésta no se puede perder, no hay moción de censura que consiga acabar con ella. Las vacunas están llegando y los datos demuestran que son eficaces. Me alegra saber que en breve me tocan mis dosis por ser persona de riesgo. Me pincharé sin poner ningún pero porque ese momento será el principio del fin para ir recuperando “cierta normalidad”. Una normalidad que cada vez se echa más de menos aunque tengamos que seguir con precauciones. 

Unas precauciones que si todos respetamos nos ayudarán a evitar la cuarta ola. Creo que con tres ya vamos bien servidos. Es incuestionable que el tiempo pasa, pero desde que se produjo el primer confinamiento parece que ha transcurrido una eternidad. Pongamos freno a esta situación, demos un respiro a nuestros sanitarios y despertemos de esta pesadilla. En nuestra mano está lograrlo más pronto que tarde. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Jimena Bañuelos

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JUNTOS

Es inevitable no tirar de recuerdos estos días. Hace un año cumplía la tradición de ir con mi padre al Wanda Metropolitano para ver al Atleti. Nunca pensé que aquel partido ante el Sevilla iba a ser el último que viviría en mi casa futbolística en tanto tiempo. Aquella jornada, a pesar de que el virus ya pululaba por el ambiente, la disfrutamos como buenos colchoneros animando a los nuestros, gritando sus goles y sufriendo en los momentos decisivos. Eso sí, no éramos conscientes de la que se nos avecinaba. Ese siete de marzo pasará a la historia de mis mejores añoranzas. Un año después, seguimos comentando los partidos del equipo de nuestro corazón por teléfono o por mensajes. Menos mal, que el destino ha querido que el derbi lo hayamos podido ver juntos porque la distancia con los seres queridos cada vez pesa más. La fatiga pandémica está aflorando por días y no siempre el nivel de fuerzas está al cien por cien. Una buena recarga de energía es vital para afrontar lo que todavía nos queda por delante. 

De la unión nace la fuerza. Si ésta te la dan tus seres queridos no existe mejor tratamiento para curar los “bajones” propios de la pandemia o de la abstemia primaveral, si queremos buscar otro culpable. A estas alturas ya sabemos valorar los pequeños momentos que la vida nos va brindando a cuenta gotas. Ya se habla de las estrictas medidas que se van a adoptar de cara a la Semana Santa, pero hasta que ésta comience hay que vivir el presente. Algo que nos ha dejado claro esta pandemia desde que se inició. La importancia del ahora es incuestionable.

Por eso, disfrutemos con las precauciones oportunas. Todavía somos muchos los que estamos esperando la vacuna y anhelamos esa inmunidad tan necesaria. La ciencia está de nuestro lado, pero en nosotros está que todo el esfuerzo de los que investigan y los que nos cuidan dé sus frutos. Los datos demuestran que si nos cuidamos podemos aplacar al virus. Ya va siendo hora de potenciar la responsabilidad individual ya que en ella reside nuestro futuro a corto plazo. Las medidas absurdas de algunos dirigentes políticos ponen de manifiesto su nula gestión, buscando culpables donde no los hay. Menos mal que todavía queda algo de sentido común.

Un sentido común del que tanto he escrito, y, sin duda, lo seguiré haciendo porque será este particular sentido el que nos lleve a “otra normalidad” en la que podamos recuperar todo lo perdido.  Nada volverá a ser como antes porque de una manera o de otra a todos nos está marcando nuestro duro presente, pero si hay algo que tengo claro es que aunque la distancia no impide un sentimiento y la tecnología nos ayuda a estar virtualmente con los nuestros; no hay nada como estar juntos. Juntos nos hemos emocionado, juntos nos hemos reído, juntos hemos disfrutado, juntos hemos librado muchas batallas y juntos brindaremos por el fin de esta pandemia. Nos quedan muchos momentos por vivir y espero que sean juntos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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POCO A POCO

Se empieza a ver un poquito de luz al final del túnel. Es apenas un puntito pero algo es algo y los que somos optimistas nos aferramos a ello. La vacunación sigue su curso y aunque todavía somos muchos los que estamos esperando ese pinchazo, cada vez conocemos a más personas que están inmunizadas o que están en proceso. Sin duda, las buenas noticias son para celebrarlas, siempre respetando las medidas de seguridad porque estar vacunado no supone bajar la guardia ante el virus, el cual, ha demostrado que se aprovecha siempre de los momentos en los que nos confiamos. 

En el calendario, muchos tienen marcada la Semana Santa pero la realidad nos demuestra que tenemos que ir día a día. De hecho, ya se ha renunciado a las Fallas de Valencia, a la Magdalena de Castellón e incluso a la propia Semana Santa. Muchos pasos no saldrán a la calle para el disgusto de sus fieles pero el sentido común pone en valor la salud de todos. Por eso, seamos conscientes de que la situación que tenemos no nos permite todavía volver a la “antigua normalidad”. Una normalidad que echamos, cada día, más de menos porque la fatiga ya nos está pasando factura, sin embargo, el esfuerzo tendrá su recompensa. Además, ahora el tiempo está a nuestro favor porque vamos ganando luz a los días. El invierno está llegando a su fin y el sol, nos guste o no, nos llena de vida y de energía. Prueba de ello es que el pasado fin de semana, las calles y las terrazas de Madrid estaban llenas de gente, al igual que los parques. Éstos, de hecho, están recién abiertos. No hay ninguna duda de que tenemos muchas ganas de estar al aire libre y disfrutar a pesar de la pandemia, pero insisto, no hay que despistarse. Esos pequeños placeres, ahora que la curva está más doblegada, nos llenan de ilusión, de vida y sobre todo, de esperanza de que el final está más cerca. Ojalá no volvamos a cometer los errores del pasado ya que de poco habrán servido todos los esfuerzos que hemos hecho hasta ahora y, sobre todo, habremos renunciado a muchas cosas, incluidas las fiestas, para nada. Volver a la casilla de salida no es agradable. Además, no podemos olvidarnos de quienes han perdido la vida desde que llegara el coronavirus. Hemos superado una ola tras otra y en nuestras manos está frenar la cuarta. Ya se habla de ella y la Semana Santa va a tener mucho que ver. 

Precisamente, muchas cosas que ver nos quedan a todos en esta vida. Nuestros planes se frustraron de repente. Dejamos de hacer, incluso, nuestra rutina y un año después nos siguen faltando, por ejemplo las muestras de cariño a nuestros seres queridos. Tenemos muchos propósitos en la cabeza para cuando la situación se normalice y, por supuesto, hay demasiados sueños por cumplir tras la pandemia. En nuestra mano está que el punto final llegue más pronto que tarde. Quizás la Semana Santa este año sea un período de transición hacia un verano con más estabilidad. Hagamos que sea posible. Seamos responsables y así podremos disfrutar, con precaución, de la estación estival sin tantos peros en nuestro entorno. 

La ciencia está de nuestro lado y las vacunas van sumando inmunizados. Cada día que pasa es un día menos. Yo quiero seguir restando días para recuperar mi normalidad, por eso, imploro al sentido común de todos para que esto sea posible. Llevamos mucho tiempo conviviendo duramente con el virus. Ahora hay que aprovechar todo lo que hemos logrado. De momento, me conformo con abrazar y besar a los míos, pero tengo ganas de ver las calles llenas de caras con una sonrisa. Una sonrisa que dirá, sin duda, la pandemia ya pasó.

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/20543/poco-a-poco