Hay historias que llegan a nosotros envueltas en magia, pero en el fondo hablan de algo más. Wicked, el musical inspirado en la novela de Gregory Maguire, da un giro suave y bien medido a los relatos que parecen inamovibles en los que el héroe es bueno, el villano es malo y el mundo funciona con esa lógica simple. El musical, que llegó a Broadway en 2003 y desde entonces ha conquistado escenarios de todo el mundo, nos propone adentrarnos a descubrir la historia jamás contada de las Brujas de Oz y, por puesto, el mito de la Bruja Malvada. No para justificarla, sino para entenderla. Y en ese intento por comprender lo que hay detrás de esa etiqueta aparece una historia profundamente humana, una amistad improbable… ¿Quién decide quién es bueno y quién es malo?
Elphaba, la joven de piel verde que desde pequeña ha sido señalada como diferente, llega a la universidad de Shiz con la carga de años de rechazo. No encaja, no responde a los cánones de belleza y su carácter fuerte la convierte en una presencia incómoda. En contraste aparece Glinda: popular, brillante, encantadora y acostumbrada a que el mundo la reciba con sonrisas. Podrían haber sido enemigas eternas. Y, de hecho, al principio lo son. Sin embargo, la historia de Wicked nos recuerda algo esencial sobre la amistad. Ésta nace cuando los prejuicios quedan al margen, cuando nace la confianza y cuando se acepta a la otra persona tal como es. Es más, la amistad no entiende de estereotipos o de apariencias porque surge cuando alguien se atreve a mirar más allá de lo evidente y descubre a la persona que hay detrás. No olvidemos que la amistad verdadera no siempre aparece en las circunstancias perfectas.
Pero la amistad no es el único valor sobre el que nos hace reflexionar el musical. El talento se presenta como un regalo pero éste, es cierto, no siempre encuentra su espacio para brillar. Se puede frenar, se puede cuestionar cuando incomoda pero la seguridad y la fortaleza de quien lo posee nunca deberían flaquear. Ser uno mismo no siempre es sencillo, requiere valentía. ¿Cuántas veces el talento se esconde porque la sociedad no sabe cómo aceptar lo diferente? Es más, a lo largo de la historia tanto Elphaba como Glinda enfrentan decisiones que ponen a prueba su identidad. ¿Hay que ser fiel a lo que creen o adaptarse a lo que la gente espera de ellas? ¿Elegir la comodidad o la coherencia?
Como ya he dicho al inicio, Wicked evita los retratos básicos de héroes y villanos. Nos muestra personajes que se equivocan, que dudan, que a veces toman el camino fácil y otras el más difícil. Esa complejidad es, precisamente, lo que hace que la historia resulte tan cercana. Y en medio de todo esto surge el valor más poderoso de todos: la bondad. Esa bondad que no busca aplausos sino la que implica sacrificio, la que exige defender lo correcto incluso cuando eso significa perder reputación, poder o reconocimiento. Elphaba, etiquetada por el mundo como “malvada”, es una muestra clara de la esencia de lo que significa la empatía.
Podría seguir enumerando valores y mensajes esenciales que muestra Wicked tanto para niños como para adultos. Tras adentrarse en este mundo de fantasía es fácil comprender que este musical siga emocionando a millones de espectadores. A veces, la verdadera magia no está en los hechizos, sino en la amistad, el talento, la valentía de ser uno mismo y la bondad de elegir el bien incluso cuando nadie está mirando.
Jimena Bañuelos










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