El orbe a sus pies: Magallanes y Elcano

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños” decía Cicerón y no le faltaba razón. Conocer nuestra historia siempre nos ayudará a entender nuestro presente. Para Confucio había que estudiar el pasado si se quería pronosticar el futuro. Confieso que a mí siempre me gustó mucho la Historia. En el colegio, en la universidad y hoy en día en los libros que leo. Obviamente, también me apasionan las novelas policiacas. En la variedad está el gusto y es bueno cambiar de temas para no caer en la monotonía.

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El orbe a sus pies de Pedro Insua. Editorial: Ariel

Hace días acabé No apagues la luz de Bernard Minier. Una obra que me tenía enganchada de una manera increíble. Es un maestro de la intriga. Os lo recomiendo. Cuando lo empecéis no podréis parar, avisados estáis. Tras éste, tenía claro cual iba a ser el siguiente libro que pasara por mis manos. Me apetecía adentrarme en un viaje que marcó la Historia. De hecho, en 2019 se cumplen quinientos años de la vuelta al mundo de Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Ellos fueron los que demostraron no solo la esfericidad de la Tierra, sino también la continuidad de las aguas oceánicas. El orbe a sus pies de Pedro Insua te traslada a aquella época de una manera magistral. Con todo lujo de detalles este profesor de filosofía relata no solo los viajes sino también todo lo que éstos conllevaban. La política, la cosmografía, la relación con los portugueses… Hasta intriga encuentras en sus páginas. Muchos temas envuelven este hito histórico y es necesario conocerlos todos para entender la magnitud de esta gesta. El orbe a tus pies es una lección de historia escrita de tal manera que su lectura es fácil y me atrevo a decir que amena. Tiene interesantes citas y datos que llaman la atención a quienes no conocíamos a pies juntillas la “aventura” de Elcano y Magallanes. Dos valientes que, de hecho, llegan al cine de la mano de Ángel Alonso.

Mientras vivía ese viaje gracias a la narrativa de Insua, me imaginaba cómo fue aquello y ahora, en la gran pantalla podré comprobar si mi imaginación no me ha jugado una mala pasada. Siempre me han gustado las películas de animación y puedo asegurar que no tardaré mucho en ir a verla. Además, es La Oreja de Van Gogh quien ha tenido el privilegio de poner la banda sonora a la Primera Vuelta al Mundo, acompañada, eso sí, por el Orfeón Donostiarra y la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Y mientras tarareo “Confía en el viento” y cierro la contraportada de El orbe a sus pies de Pedro Insua me viene a la cabeza una cita de Oscar Wilde: “Cualquiera puede hacer historia, pero sólo un gran hombre puede escribirla”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Color Esperanza

Una imagen vale más que mil palabras y en su abrazo se concentraron muchos sentimientos. La vida es caprichosa y hace trece años me enseñó a pintarme no solo la cara sino la rutina de color esperanza. Hace unos días me recordó por qué no hay que rendirse, por qué quiero luchar, por qué los sueños se cumplen, por qué siempre hay motivos para sonreír y lo más importante, hizo que el dieciocho de junio llevara la firma de Diego Torres adjunta a mi Hashtag personal Aún tengo la vida.

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Con Diego Torres después de escuchar Color Esperanza

Es imposible que olvide el veinticinco de marzo del dos mil seis. Ese fue el día en el que esta canción lo cambió todo. Acababa de ingresar en el hospital para el segundo ciclo de quimioterapia. Mi ánimo escaseaba y mis dudas aprovecharon mi debilidad para dejarme sin ilusión hasta que un buen amigo decidió darme una gran sorpresa. Cuando me dedicó esta canción en la radio, todo cambió. No voy a negar que lloré durante los tres minutos que dura, porque han pasado los años y lo sigo haciendo. Solo tres acordes de la melodía hacen que mis ojos se vuelvan vidriosos y tras “sé que hay en tus ojos con solo mirar” no puedo contener las lágrimas. El tiempo ha ido curando las heridas pero Color Esperanza sigue pellizcando muy fuerte el corazón. Me recuerda mi pasado, obviamente, pero me recuerda, sobre todo, la fuerza que descubrí en mí en aquella habitación del hospital de La Princesa. Mi madre me acompañaba, me dio la mano y me dijo: “Vamos a por ello”. Las enfermeras vinieron a mi habitación, precisamente, para darme esos abrazos que lo cambian todo. Además, Color Esperanza me recarga de energía para afrontar los retos de la vida porque no todas las lágrimas son tristes. Éstas son de victoria. Muchas personas estuvieron conmigo cuando la leucemia tomó las riendas de mi vida. Cada una de ellas tenía su papel en esa batalla y Diego Torres le puso banda sonora, una banda sonora que me sigue acompañando porque la música para mi es imprescindible. De hecho, hoy es su día y habrá que celebrarlo.  Que razón tenía Nietzsche al afirmar que sin la música la vida sería un error.

Esa vida que solo se vive una vez, pero que cuando te da una segunda oportunidad es por algo. Fue ella la que me hizo un regalo. Me permitió cumplir un sueño porque en un segundo todo cambió. Quiso que me encontrara con Diego Torres. Fue una llamada de la Cadena Cien la que lo provocó todo. Me temblaban las piernas y mi corazón palpitaba más deprisa. No desvelaré cómo fue la grabación del De Cerca con Antonio Hueso pero sí os diré que esa tarde que viví en el restaurante Tatel  será difícil de olvidar. Solo puedo dar las gracias a todos, por supuesto, con mención especial al argentino y  a mi donante de médula alemán. Llevo trece años viviendo de regalo y, solo por eso, disfruto cada experiencia al máximo para tener los mejores recuerdos posibles. Seguiré escuchando y cantando Color Esperanza entre lágrimas, no todo lo cura el tiempo. Dice la canción La vida es un Vals de Diego Torres que “si cada lágrima te hace más fuerte, muerde la vida con uñas y dientes, hoy puede ser, que todo empiece a cambiar”.

Y algo cambió porque me recargasteis de fuerza para seguir adelante. Continuaré peleando por cumplir mis sueños, y por supuesto no dudéis de que seguiré “pintándome la cara color esperanza” para “tentar al futuro con el corazón”. Tengo claro que “es mejor perderse que nunca embarcar”. Gracias.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)