FASE A FASE

Mi columna para El Valle de México

Día a día lograremos alcanzar la “nueva normalidad” de la que tanto se habla últimamente. Sin duda, es el objetivo de todos. Además, no hay que perder de vista que el verano “oficialmente” está llamando a la puerta. De hecho, vamos a despedir el mes de mayo con temperaturas muy altas más  propias de la estación estival.

Me encanta ver el sol cada mañana y confieso que soy de esas personas que aguantan bien el calor. De hecho, voy restando los días que quedan para poder ver el mar. A orillas del Mediterráneo todo cambia. Y ahora, más que nunca, es necesario pasar página y afrontar el futuro sustituyendo la perspectiva que me ha acompañado durante el confinamiento. Es cierto, que han sido meses difíciles, pero todo pasa. Madrid está, por fin, en la fase 1. Aunque nos ha costado avanzar éste es el primer paso para poder ver, por ejemplo, a la familia o reunirse con amigos. Si bien es cierto, hasta que pueda abrazar a mis padres todavía quedan unas fases. Todo llega a quien sabe esperar. Los besos y abrazos virtuales cada vez saben a menos. Es necesario reencontrarse con las personas a las que queremos porque los que hemos pasado el confinamiento solos, hemos afrontado días en los que la soledad ha sido nuestra aliada o nuestra peor enemiga. En mi caso, creo que ha sido más aliada porque me ha permitido pensar en cómo alcanzar alguno de los sueños que aún tengo pendientes. Pensar, a veces, no es bueno sobre todo cuando la mente y el estado de ánimo no quieren que luzcas una sonrisa en la cara. Esos días es mejor distraerse y dejarse llevar por una buena película o una serie. No hablo de la televisión porque, precisamente, abstraerse el coronavirus y sus datos también tiene su lado positivo. A mí, por lo menos, me ha funcionado.

No sé si las fases de la desescalada funcionarán o no, porque cumplir con las normas no está en los genes de muchos españoles. Afortunadamente, las contradicciones que hay entre lo que se puede hacer y lo que no en cada una de ellas dice mucho de quienes las han elaborado… Creo que no es necesario especificar más cuando, por ejemplo, el uso de la mascarilla también ha pasado por diferentes estados. Los argumentos para cambiar del ahora no al ahora sí han sido tan “científicos” como los pasos a seguir hacia la “nueva normalidad”… En fin, lo que nos queda por escuchar todavía en las ruedas de prensa… Estoy segura de que más de un volantazo va a haber. 

Volantazo el que ha demostrado la sociedad desde sus coches llenando las calles de muchas ciudades en la que fue la primera “manifestación” de los últimos meses. El estado de alarma ya no impone, el Gobierno tiene a una gran mayoría aporreando las cazuelas todos los días mientras otros intentan defender las incongruencias que éste anuncia. Más allá de nuestras fronteras no somos un ejemplo a seguir, por mucho que le cueste asumirlo al presidente. Su punto de vista desde La Moncloa dista demasiado de lo que se palpa a diario a pie de calle. El futuro es incierto para todos. La incertidumbre es capaz de nublar nuestros pensamientos. Insisto en que siempre nos queda el sentido común. No está de más practicarlo de vez en cuando. Que yo sepa, éste no tiene daños colaterales, en cambio, las mentiras sí. 

Por eso, es el momento de avanzar y dejar atrás las rencillas del pasado. Edmundo Burke dijo: “Nunca puedes planear el futuro a través del pasado”. Así que más actuar y menos hablar. Señalaba Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” Y eso puede pasar como tenga que retrasar mi viaje al Mediterráneo y el abrazo con mis padres… No diré más.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/12468/fase-a-fase

MASCARILLAS, POR EL BIEN COMÚN

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Mi columna para El Valle de México

“Objeto o trozo de tela o papel que se coloca sobre la nariz y la boca y se sujeta con una goma o cinta en la cabeza, para evitar o facilitar la inhalación de ciertos gases o sustancias.” Así define el diccionario de la Real Academia Española a la mascarilla que tan imprescindible se ha vuelto en los últimos meses. Lean bien: Se coloca sobre la nariz y la boca. Las imágenes que se ven por las calles son todo un despropósito. Por supuesto, hacen mal los que no la llevan, además, de quienes lo hacen de manera incorrecta. Es cierto que su uso no es obligatorio del todo porque así lo considera el Gobierno, pero el sentido común, algo que no hay en Moncloa, indica que sería lo más conveniente. Los sanitarios que han estado dejándose la piel, cuando la pandemia nos pilló desprevenidos, apuestan por su uso y estoy convencida de que no van desencaminados.

Confieso que desde que se establecieron los horarios de paseo no había salido a la calle, pero el otro día lo hice y comprobé en mis propias carnes lo que mis amigos me habían comentado. Las mascarillas son de todo tipo, pero descubrí que hay mil formas de llevarlas. Hay quien la lleva de diadema y se la baja a la boca cuando considera oportuno, otros se olvidan de la nariz lo cual se convierte en un auténtico bozal, de bufanda no está mal, pero quizás para proteger la garganta ya se han inventado los pañuelos… En fin, una clara muestra de insensatez que se puede evitar. Es cierto que no es cómoda y que puede agobiar, pero creo que siempre hay que apostar por la salud. Parece que se nos ha olvidado todo lo que ha pasado cuando, en realidad, seguimos haciendo frente a la pandemia. No queremos que haya repunte por lo que éste lleva implícito, de ahí, que hay que ser conscientes de que con ella nos protegemos todos. Solo así se pueden ir restando días para recuperar la normalidad de verdad. En nuestras manos está que esto dure más o menos, y mientras los científicos buscan la anhelada vacuna nosotros podemos dar un descanso a los sanitarios que han estado, y siguen estando, al pie del cañón.

Evidentemente, un consejo como lo define la RAE es una “opinión que se expresa para orientar una actuación de una determinada manera”, en este caso poniendo por delante la salud. Algo que no tiene precio y que sólo se valora cuando se pierde. Más vale prevenir que curar como dice el refrán, pero cada uno es libre para decidir si lleva o no la mascarilla, si se cuida o cuida a los demás… En definitiva, ya dijo Benjamín Franklin: “Podemos dar consejos, pero no podemos dar conducta”. Eso sí, si los sanitarios son partidarios de ella será por algo. Leonardo Da Vinci afirmó que “no hay consejo más leal que aquel que se da desde una nave en peligro” y el personal sanitario ha vivido una realidad inimaginable para muchos. Seamos conscientes de que la mascarilla ha llegado para quedarse durante un tiempo. No hay que olvidar que el coronavirus nos ha robado prácticamente la primavera de este año, pero en nuestra manos está ganarle tiempo al virus para que todo vuelva a ser como antes. Si eso sucede será porque hemos cumplido. Ya puntualizó Napoleón que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común.” No diré más.

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ALGO IRRENUNCIABLE: MIS PRINCIPIOS

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Mi columna para El Valle de México

Es cierto que vamos avanzando y restando días para que todo esto acabe, pero la incertidumbre nos impide marcar en el calendario la fecha señalada. No hay que perder el tiempo cuestionándose cuándo llegará el día puesto que todo dependerá de muchos factores y, por desgracia, eso no está en nuestras manos; aunque me reitero en afirmar que el sentido común tiene que ser fundamental. No importa en qué fase nos encontremos porque sólo con él podemos ir rebajando las cifras que tanto nos atormentan. Hablar de repunte pone los pelos de punta, pero no hay que olvidar que el virus sigue con nosotros y, por eso, no hay que bajar la guardia. Llevamos mucho ganado y no es momento de tirarlo todo por tierra. Ni un paso atrás es la mejor actitud y aunque el cansancio, la agonía, el estrés y hasta la ansiedad quieran batir nuestras fuerzas, pensar en los abrazos, las celebraciones y los momentos que nos esperan con nuestros seres queridos son la mejor motivación para no venirnos abajo.

Cuento los días que llevo de confinamiento, pero cuento también los días para ir recuperando la normalidad, pero no “la nueva normalidad” que nos vendió el presidente del Gobierno sino la normalidad que tenía antes de que todo comenzara. Sé que ésta tardará algo más, pero estoy convencida de que llegará. Ahora, quizás, eso sea un sueño pero siempre he creído que los sueños se convierten en realidad si se trabaja por ellos. No va a ser fácil, pero no es imposible siempre y cuando todos rememos en la misma dirección. Anhelo esa libertad que abanderaba mi vida. La misma que me permitía disfrutar de ella según “me lo pedía el cuerpo”. No había horarios, ni condiciones, ni fases, ni medidas absurdas… Simplemente, había unos principios que siguen siendo irrenunciables para mí, un sentido común inalterable y una única verdad: la vida está para vivirla extrayendo todo su meollo. ¡Ojo! Esto no quiere decir que ahora no lo esté haciendo porque hasta del confinamiento se aprende y mucho. En las situaciones complicadas descubres cosas de ti que ni tú mismo conocías, las cuales, también son importantes. No os contaré mis secretos porque desde que la vida me cambió hace catorce años, cada día descubro algo nuevo en mí. De hecho, cuando vives de regalo ya nada vuelva a ser como antes.

Eso sí, puedo confesar que este confinamiento me ha demostrado que entre fogones no me desenvuelvo mal, que me he puesto al día en las series que tenía pendientes de ver, que la lectura combate el aburrimiento acortando las horas mientras te adentras en grandes historias y, sobre todo, me ha reafirmado algo que ya tenía claro: Necesito muy poco para ser feliz. Lógicamente, cada persona es un mundo, y por eso, las críticas banales caen en saco roto, porque en mi mundo gobierno yo. De hecho, no necesito palabrerías ajenas porque, insisto, el sentido común y una personalidad forjada por el trabajo, la lucha, el esfuerzo, y obviamente, la vida, me han demostrado que el tiempo es uno de mis bienes más preciados. Por eso,  no tengo tiempo que perder ante quien no se lo merece, y en estos momentos, los políticos y sus ruedas de prensa vacías de contenidos sensatos son un claro ejemplo. Saldremos de esta situación, no lo dudo, pero muchos no podrán mirar a los ojos a quienes han mentido. Ya dijo Fiodor Dostoievski: “El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a un punto en que no puede distinguir la verdad dentro de él, y por tanto, pierde todo respeto por sí mismo y por los demás.”

Ahí lo dejo y si alguien se da por aludido, no es mi problema, sino el suyo.

 

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ANTE LA NUEVA FASE: SENTIDO COMÚN

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Mi columna para  El Valle de México

Y llegó el día de salir a la calle. El día que muchos estaban esperando ya que el confinamiento empezaba a ponerse cuesta arriba. ¿A quién le importan las fases que ha marcado el gobierno? Sinceramente, a muy pocos. Ni siquiera he intentando entenderlas porque todo dependerá de cómo vayan evolucionando los datos. Eso sí, los chistes parodiando las fases como si de las “partes contratantes” de los famosos hermanos Marx se tratasen no tienen precio. La verdad es que durante este tiempo de aislamiento el sentido del humor se ha mantenido porque las declaraciones de los diferentes ministros han dado mucho juego y me temo que lo seguirán haciendo.

A estas alturas y después de haber perdido la cuenta de los días que llevo en mi casa, me sé los horarios en los que puedo salir a hacer deporte, a caminar o a lo que me plazca, porque nadie me puede obligar a que mi corazón marque determinadas pulsaciones. Demasiado hemos aguantado ya. La mascarilla solo será obligatoria en el transporte público, aunque no hay que olvidar que el virus sigue estando entre nosotros y que ya tenemos mucho ganado en esta pandemia que nos cambió la vida de repente. Quizás hablar de sentido común sería más lógico aunque, visto lo visto, no sé yo si todo el mundo está dispuesto a ponerlo en práctica. Ya hemos perdido el mes de abril, poco a poco, podemos disfrutar del mes de mayo y, quizás, si hacemos bien las cosas, podamos dar la bienvenida a un verano, algo condicionado, pero, al fin de cuentas, a un verano que de por sí lleva implícito el verbo “disfrutar”.

Disfrutar es lo que queremos, es lo que anhelamos desde que nos encerramos entre las cuatro paredes de nuestras casas. Cada uno sabe cómo conseguir que su rostro luzca una sonrisa. La felicidad no entiende de recetas pero, sin duda, es la mejor medicina para quienes soñamos con abrazar a nuestra familia, ver a nuestros amigos o simplemente despertarnos cada mañana con la salud en plena forma. Hace tiempo que mis prioridades cambiaron y ahora, en este confinamiento, me he dado cuenta que aquella dura lección de vida me preparó para un presente que ha cambiado radicalmente. Reconozco que me ha traído recuerdos porque la mascarilla, por ejemplo, solo la podía asociar a aquel inolvidable 2006. Ahora, ha vuelto para quedarse un tiempo. Que es incómoda, ya lo sé, pero que te protege también. Sinceramente, mi sentido común me invita a ponérmela y suelo hacerle caso porque nunca me ha fallado. Y como la mascarilla muchas cosas más. A todo se acostumbra uno.

El “ahora” es diferente, pero no es una “nueva normalidad” como dijo el presidente del Gobierno. La normalidad que conocíamos forma parte el pasado. Ahora comenzamos una nueva etapa que nada tendrá que ver con la anterior. Y aunque el coronavirus, de momento, siga con nosotros, cada uno puede poner en práctica lo que el confinamiento le ha enseñado. Unos tendrán cicatrices de por vida y otros, los más afortunados, motivos para disfrutar el presente de verdad, sin ponerle peros ni quejas constantemente. Estamos despertando de una pesadilla que solo el tiempo irá borrando de nuestra memoria, pero hasta entonces, vivamos hoy porque, sinceramente, el mañana es una gran mentira.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11851/ante-la-nueva-fase-sentido-comun

OBJETIVO:  LA DESESCALADA

No hay un día señalado, pero tarde o temprano recuperaremos la normalidad. Poco a poco hemos ido superando el caos que el Covid-19 provocó de la noche a la mañana y aunque el ritmo sea lento no hay que desesperar, porque la palabra desescalada ha ido ganando terreno a la palabra confinamiento. Empezamos a ver esa luz que tanto se ha anhelado desde que comenzara esta pesadilla y, por eso, no hay que tirar la toalla. Van a venir altibajos pero la fortaleza que se ha demostrado tiene que persistir. Me niego a que, después de estar cincuenta días confinada en mi casa, el miedo se apodere de mí.

830432F0-3E13-47AE-B7D0-DE5006F8D030Aprendí que al miedo se le conquista haciéndole frente. No hay que amedrentarse ante él porque la valentía ha sido, es y será lo que ha movido mi vida. Ahora, no voy a cambiar de actitud, de hecho, es algo que ni me planteo. Puedo tener respeto al coronavirus, pero de ahí, a que tome las riendas de mi vida hay un trecho. Cambiará mi rutina porque la mascarilla se ha convertido en esencial, pero con prudencia todo volverá a la normalidad. Un normalidad anormal durante un tiempo que nos llevará a ver el presente desde otra perspectiva. Hay cosas que cambiarán para siempre porque de esta experiencia algo habremos aprendido y otras, sin darnos cuenta, regresarán a nuestras vidas como antes. Obviamente, no va a ser fácil pero si hemos podido con esto, estoy convencida de que estamos preparados para dar el último empujón. Un empujón en el que será vital apostar por la ciencia ya que serán los científicos los que nos vacunarán contra el bicho que, por desgracia, tantas vidas se ha llevado.

Los que no están se merecen un homenaje por parte de todos. No son números con los que jugar, ni meras cifras cargadas de frialdad. Eran personas llenas de vida a las que muchos ya están echando de menos. Es el luto de todo un país porque casi todos conocemos a ese alguien que ha perdido a un ser querido. Y eso es lo más triste de esta realidad. Una realidad que también ha dado paso a la vida porque muchos han sido padres; han recibido a sus bebés en tiempo de coronavirus. Lógicamente, la alegría también está presente en nuestros días. Por mucho que nos cueste aceptar la situación, lo importante es la salud. Ésa a la que algunos solo le rinden homenaje el 22 de diciembre, aunque su relevancia debe estar presente el resto del año.

Y este año, el que pensábamos que iba a ser como los maravillosos años 20, mientras nos tomábamos las uvas, nos está mostrando lo vulnerables que somos. En un segundo todo puede cambiar. El presente se vive hoy. Ya dice el refrán español: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” porque ese mañana es incierto aunque, a veces, nos cueste creerlo. Por eso, aprovechando que esta semana celebraremos el día de la madre y muchos no podremos abrazar a la nuestra; vaya desde aquí, mi felicitación a todas ellas, y a la mía en particular, porque esa valentía y fortaleza de la que os he hablado la he heredado de ella y ella a su vez de mi abuela.

Pues bien, ya que he hablado de científicos y de mi madre, concluyo con una cita, a tener muy en cuenta, del microbiólogo Louis Pasteur: “No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.

Jimena Bañuelos

 

b101fa9bdd0c35b4319fa7cdeb1495ae_XL El enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11669/objetivo-la-desescalada

A LO SIMONE BILES EN BURGOS

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Club Gimnasia Burgos

En tiempos de confinamiento cualquier entretenimiento es bueno. Ahora, que la tecnología ha avanzado y las redes sociales están al rojo vivo, los retos se han ido abriendo paso para mostrar las habilidades, o no, de quienes aceptan todo lo que se les pone por delante. Al principio, y dado su protagonismo, el papel higiénico se convirtió en algo, no solo esencial en el carrito de la compra, sino que adquirió su protagonismo haciendo con él todo tipo de habilidades. Muchos subieron a sus historias la satisfacción de haber superado el reto y tras éste otros les aguardaban para llenar las horas vacías que la cuarentena trae consigo. Confieso que no soy muy de retos aunque sí que veo de lo que son capaces de hacer mis amigos. Muchos, de hecho, me han sorprendido porque nunca me los hubiera imaginado haciendo determinadas cosas… pero todo vale para sacar una sonrisa a los tuyos y a los demás.

Si bien es cierto, no todos los retos están al alcance de todo el mundo porque para emular a Simone Biles hay que estar muy bien preparado si no quieres acabar en el hospital o con más de un moratón. La gimnasta americana siempre sorprende con su potencial en todas las competiciones, pero ahora pasa, como muchos atletas, su tiempo en casa. Dejar de entrenar es un error, pero sí se puede uno adaptar a las circunstancias como lo han hecho en el Club de Gimnasia de Burgos. Es obvio que me fijé en ellos porque como dice el himno de mi ciudad: “Tierra sagrada donde yo nací” y ésta tira mucho. Saliendo de este paréntesis estos chicos siguen entrenando como pueden y además aceptaron el reto de la estadounidense. Ver el vídeo es una maravilla porque demuestra que todo es posible si se trabaja para ello. Sé que tienen muchos sueños, sé que entrenan muy duro, sé que se esfuerzan, sé que compatibilizan sus entrenamientos y sus estudios, sé que no se rinden, sé que son infatigables y estoy convencida de que llegarán muy lejos. De hecho, no pienso perder de vista todo lo que hagan. Avisados estáis… No olvidéis que todo sacrificio, tarde o temprano, tiene su recompensa. Cuando se disfruta de lo que se hace, en este caso del deporte, es muy difícil alejarse de aquello que nos saca sonrisas, alguna que otra lágrima, pero mucha satisfacción. Ahora estos gimnastas son muy jóvenes y nadie sabe lo que les deparará la vida, pero estoy segura de que el deporte siempre estará con ellos.

Si no suelo aceptar retos, por supuesto, el de Biles menos. Eso sí, el deporte me da vida, me da fuerza y me permite alejarme de la rutina, de la situación en la que nos encontramos y me evade a mi mundo. Ése que solo yo entiendo y en el que estoy, generalmente, acompañada por mi música favorita, para simplemente dejarme llevar. Confieso que sigo entrenando en casa porque querer es poder siempre venciendo a la pereza; algo que seguro también le sucede a más de un miembro del club. Chicos, ahora no hay competiciones pero todo volverá a ser “más o menos” como antes, pero hasta entonces os animo parafraseando a Aristóteles: “Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”. Y dicho esto, seguid como hasta ahora, campeones.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ALEGRÍAS EN EL CONFINAMIENTO

Superada la cuarentena de verdad, con sus cuarenta días y sus cuarenta noches, reconozco que las fuerzas no todos los días han estado al mismo nivel. Es obvio, porque se puede ser fuerte pero no de piedra y lo que estamos viviendo es algo que sólo habíamos visto en más de una película. Aún así, la realidad siempre supera a la ficción. Las noches de insomnio son las que te llevan a pensar demasiado, algo que no conviene cuando no está en tu mano cambiar el guion de lo que está sucediendo. La situación muchas veces nos supera, algo lógico, pero estamos demostrando como la unidad hace la fuerza y entre todos volveremos, muy poco a poco, a recuperar cierta normalidad.

Esa normalidad o rutina de la que tanto nos hemos quejado y a la que tanto echamos de menos ahora mismo. Siempre he dicho que la rutina no es buena cuando ésta se adueña de tu vida, pero el destino ha querido que, por una vez, sea, precisamente ella, la más anhelada por todos. De repente se acabaron muchas cosas. Recuerdo que el último abrazo antes de confiarme se lo di a mi padre. Ahora a él y a mi madre los besos les llegan a través de una pantalla de móvil. Un emoticono va cargado de sentimientos en cada conversación, porque cuando nos vemos son esos sentimientos los que no entienden ni de distancias de seguridad, ni de aislamientos, ni de ninguna norma. Es cierto que la distancia nunca impedirá un sentimiento. Éstos ahora están a flor de piel. Hay días que te da por pensar y la impotencia te hace llorar, algo que es bueno. Las lágrimas no son sinónimo de debilidad, las lágrimas pueden ser la mejor terapia. Y en estos días hay que pensar y hacer todo aquello que nos haga sentir bien, en definitiva, que haga más llevadera la situación.

377D094C-2211-4F89-8195-E2776F92E04AMi familia está siempre ahí, pero mis amigos también. Esa familia que hemos elegido está, además, para arroparnos estos días. Un mensaje, una llamada, un vídeo, una foto, una sorpresa… todo cuenta cuando la intención es conseguir ver una sonrisa en quién recibe el mensaje. Confieso que en mi caso muchos lo han conseguido. El WhatsApp hay días que echa humo, otros está más tranquilo, pero aunque en mi casa estemos a diario mi soledad y yo siempre buscamos cómo matar el tiempo. Un tiempo que ahora es un arma de doble filo. Pasa lento pero pasa y el día de mañana todo será un recuerdo más y lo veremos como efímero. Reconozco que echo de menos muchas cosas, pero afortunadamente tengo salud y no necesito nada más. Bueno, darme algún capricho durante el confinamiento está siendo vital para hacer frente a la incertidumbre, a los posibles desánimos y, simplemente, porque aún tengo la vida para seguir disfrutándola adaptándome a este paréntesis. Ya echaba de menos comerme, por ejemplo, un brownie. Los que me conocéis sabéis que son mi debilidad… Y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma dice el dicho. Así que con una sonrisa oculta tras mi mascarilla recibí a Luis de El Obrador De Goya que me trajo varios de sus manjares, entre ellos, el brownie para endulzarme la noticia de la prórroga del confinamiento hasta el nueve de mayo. En fin, lo único que está claro es que cada día que pasa es un día menos para ganarle la partida al Covid-19. Cada uno sabe cual es la receta con la que sobrellevar estos días. Bienvenidos sean los bizcochos, los brownies, las torrijas, las empanadas, el chocolate, las chuches, los frutos secos y demás manjares de la gastronomía; porque después de todo esto lo de menos será tener un kilo o dos de más. Lo verdaderamente importante será recuperar las riendas de nuestras vidas capitaneadas por la salud,  ya que muchos se han quedado en el camino. Así de dura es la vida, pero esta es la realidad. No hay que quejarse, hay que ser feliz.

Jimena Bañuelos (14ximenabs)

Mi columna para El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11461/alegrias-en-el-confinamiento

EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS: DÍAS, RECUERDOS E IMAGINACIÓN

Día a día han pasado ya más de treinta desde que me confiné en mi casa. La situación fuera no es fácil y dentro, a veces, tampoco. La mente es nuestra mayor aliada pero no siempre está dispuesta a remar en la misma dirección. Los pensamientos se amontonan. Los buenos recuerdos nos sacan una sonrisa, nos dan ese matiz que alegra la cuarentena, pero cuando éstos no son tan buenos los días se ponen muy cuesta arriba. Si ya estamos en una carrera de fondo en la que necesitamos mucha energía para resistir a la tempestad, para qué vamos a ponernos más obstáculos. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero tengo claro que no voy a ceder a ese letargo al que la monotonía del día a día me quiere llevar. Me niego a sentir que vivo en el día de la marmota. Ser fuerte desde mi casa es mi mejor opción. Disfrutar del tiempo es mi mayor motivación. Es cierto que los recursos se pueden agotar, pero ahí está la mente para pensar en cómo hacer que cada día sea diferente. Unos hablaré más por teléfono, otros me dedicaré a leer, escribir, ver series… Eso es lo típico pero hay más opciones.

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En el paseo de El Espolón (Burgos)

De momento, no me ha dado por la repostería pero tentada he estado. Al menos tengo los ingredientes necesarios para ponerme manos a la obra. Quién sabe si llegará el día en el que me pringue de harina y me ilusione con mancharme la nariz con ella como cuando era una niña. La verdad es que este confinamiento me está enseñando al “Masterchef” que llevo dentro y el cual desconocía. He aprendido que todo es posible, aunque seamos sinceros, y dado que la Semana Santa ha pasado, lo de hacer torrijas me ha dado vértigo. Mi abuela tiene el listón demasiado alto. Quizás dentro de un año y con la técnica mejorada entre fogones debute con ellas.

Nunca pensé que mi saco de boxeo iba a hacerme tanta compañía. Cuando lo veo me trae grandes recuerdos de mi México querido. Allí dejé a grandes personas con las que viví grandes experiencias. Y ahora, mientras frenamos al Covid-19 cada vez que hablo con una de ellas viajo a ese país maravilloso con la imaginación, porque ésta no tiene límites. Gracias a ella pienso en la playa, escucho el mar, paseo por El Espolón de mi querido Burgos… visualizo todos esos lugares en los que he ido escribiendo los capítulos del libro de mi vida. Este confinamiento será uno más. Estará lleno de momentos difíciles, de anécdotas curiosas, pero enriquecedor a su vez. Aprendí hace catorce años que las pequeñas cosas tienen un gran valor y esta situación ha reafirmado aquella lección. Posiblemente, cuando esto pase habrá cambios en nuestras rutinas, pero hay algo que tengo claro; la vida no se planifica, la vida se vive porque en un segundo todo puede cambiar. Por eso, y dado que la incertidumbre del final de todo esto no está marcada en el calendario, pienso cuando volveré a salir a la calle, cuando me tomaré los cafés pendientes con mis amigos, cuando volveré a ir a un concierto o al cine, cuando viajaré a ver a mi familia… Cuando, cuando, cuando… Eso sí, la vida trae cambios, pero las cosas verdaderamente importantes siempre prevalecen.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

EL DUELO Y LA PANDEMIA

Por Javier Urra*

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Javier Urra. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo Forense

Esta pandemia nos ha cambiado la forma de vivir, y aun la forma de morir. Estamos rodeados de percepción de soledad, de abandono, de desarraigo, y es que la angustia, la impotencia deviene en sintomatología ansiosa.

En las terribles circunstancias actuales, entre el diagnóstico y la muerte cuando esta se produce, el tiempo que transcurre es muy breve. Por lo tanto, no cabe interiorizar, no cabe anticipar el duelo. El contacto prohibido, la despedida imposible, dificulta la asunción, la elaboración, de la toma de conciencia de una terrible realidad inevitable.

Nos cabe un dificilísimo trabajo interno para conectar ambos corazones, para transmitir aun en la distancia tanto amor como dolor por la pérdida. Pero plantéese y si el que hubiera muerto es usted, ¿cuánto sufriría la persona que tanto quiere y a la que hoy tanto añora?

Nos enfrentamos a un duelo diferido, a un duelo por tanto patológico, intenso, prolongado, asociado como no, a depresión y angustia. El duelo, el duelo ordinario pasa por distintas fases: la primera es de shock, ante la muerte genéricamente se piensa “no puede ser”, “no me lo creo”. La segunda fase es la de la ira, la cólera contra el mundo, contra la injusta vida, o proyectada dicha ira contra los demás o contra uno mismo. En este caso en el que nos encontramos, quizás contra los políticos por no haber prevenido, contra quien contagió, incluso contra uno mismo por haber salido a la calle y contagiarse. La tercera fase es la denominada de tristeza o melancolía, un dolor intenso, continuado, agudo por la pérdida. Y la cuarta es la fase de aceptación, buscando, y a veces encontrando, un sentido a la vida, que incluye, como no, la muerte.

Las emociones precisan ser compartidas, y más cuando son de duelo por los seres queridos. Y en estas circunstancias no se está pudiendo hacer. La verdad, precisamos formalizar el adiós. La pandemia desnuda nuestras debilidades, precisamos en ocasiones llorar y hacerlo a veces en velatorios, funerales, y es que no poder acompañarnos va contra nuestro ser. Es por ello, que el duelo se dificulta.

El velatorio tiene entre otras funciones la asimilación de la pérdida, iniciar la desvinculación, además, permite algo muy importante: el soporte que se recibe de otros seres queridos. Esta pandemia impide a quien se muere y a sus seres queridos acompañarse, despedirse. El duelo se prolonga, el estrés acompaña, la ansiedad, la depresión hacen aparición. Sentirse desprovisto de apoyo deviene en un trastorno por estrés postraumático.

Considero que una vez superemos la pandemia, será muy aconsejable realizar actos formales de despedida. Y es que el recuerdo de que un familiar querido muerto sin sus seres, los que quisieran haberle acompañado, puede atormentar gravemente y durante toda la vida a una persona. Es difícil entender el dolor, el sufrimiento de quien se sabe morir recluido en unidades de aislamiento, alejado de los suyos y sin posibilidad alguna de contacto.

La muerte cuesta mucho de asumir y elaborar, aun más cuando no se la ve, cuando no se la toca, cuando no se la acompaña. Los rituales, los símbolos son muy importantes para los seres humanos, pues necesitamos cuidar a los seres queridos aún más allá de la vida. Velar un féretro, ver al fallecido nos permite elaborar reflexiones, sentimientos, pensamientos, perdones, un recurso de elaboración, de afrontamiento. Por cierto, no dejemos a los niños al margen, tenga en cuenta que se enteran y que sufren.

Es importante que los sanitarios transmitan a los familiares el acompañamiento hasta el último momento y la lucha por salvarle la vida. También es muy importante la atención de los trabajadores sociales, aportando un teléfono de contacto donde poder llamar y resolver dudas. Y el seguimiento psicológico, aun telefónico a los 3 meses, a los 6 y a los 12.

No neguemos el dolor, no evitemos el sufrimiento, pues más se patologizará el duelo. La palabra, la palabra como vehículo que une las emociones de las personas. Y llegados a este punto, quizá, nos quepa despedirnos ante una fotografía, una música, un objeto de gran significado. Y decir todo lo que se estime de palabra, o por escrito, sin culpabilidades, sin prisas, verbalizando, aflorando el componente espiritual.

Las videoconferencias pueden, aunque no desde la proximidad, no desde el piel con piel, desde el contacto, pero las videoconferencias pueden facilitar que familiares y amigos íntimos transmitan recuerdos y palabras de cariño. Permitirá verse, acompañarse, llorar juntos.

*Académico de Número de la Academia de Psicología de España

DÍAS EXTRAÑOS

Por Javier Urra*

En estas circunstancias excepcionales, de distorsión espaciotemporal, de extrañamiento forzoso, de enorme caos en que nos da miedo, el miedo de los otros, hemos de calmar la mente e incentivar nuestro innegable sentimiento de pertenencia a la comunidad.

Tiempos de vulnerabilidad, de desconcierto global, de depresión emocional y material, donde percibimos las certezas del mundo amenazadas, nos hemos detenido, lo que nos permite repensarlo todo.

Sí, en esta inimaginable situación, desde la emoción, los sentimientos, la acción (aún interior y de comunicación) nos está permitiendo fortalecer la resiliencia, incrementar la empatía y la disposición a ayudar, diferenciar lo urgente de lo importante, apreciar la existencia austera y esencial agradecer a la vida poder vivirla.

Es momento para cuidarnos los unos a los otros, para ubicarnos en el inimaginable e inabarcable universo, para intuir los retos cognitivos, sociales, económicos de nuestra especie que está en coma inducido. Replanteémonos el concepto que tenemos de nosotros mismos, revitalicémonos.

Hay tiempo, para uno mismo mirando por la ventana, levitando con la música, perdiéndonos entre las páginas de un libro, y también para multiplicar sonrisas y esparcir esperanza, para asomar a lo lejos desde una posibilidad única, quizás irrepetible, en la que el mundo contiene la respiración.

No sabemos si las cosas volverán a ser como eran antes, ni si debieran serlo. Comprobamos que mayoritariamente nos adaptamos, no sucumbimos al pánico, ni a la desesperanza. Constatamos que necesitamos muy pocas cosas para valorar la vida.

Una sociedad, la nuestra, donde el bienestar está en suspenso, donde reina la incertidumbre, la ansiedad, la angustia, el miedo, se impone la identidad comunitaria, el sentimiento colectivo, la entereza y la entrega, la fuerza del cariño. Un mundo en depresión emocional, al borde de un colapso económico, está afrontando un test de salud de la sociedad y sus economías, que evaluará la capacidad de implicación en la ayuda de las más vulnerables; pero también de la tolerancia a la intromisión de los Estados, en nuestras vidas.

Encrucijada de mi conducta y la de los demás. Dilema utilitarista ante el castigo altruista, el reproche social. Opción (en Occidente) entre conducirse por solidaridad o por obediencia y sumisión.

La realidad, es. Pero el pensamiento, la imaginación pueden y deben volar, ser libres.

Centrémonos en lo que podemos hacer, pongamos nombre a nuestras emociones, démonos permiso para sentir, para escribir, para compartir desde la flexibilidad mental, mucho más allá de la tolerancia. Sí, demos abrazos emocionales, estemos cerca de aquellos a quienes queremos y de quienes lo necesitan.

Nos cabe ser actores del presente y solo quizás del futuro, preparemos planes de acción, pero desde el autocontrol y la disciplina evitemos el riesgo de dejarnos llevar, del estar tumbado, del beber alcohol, de comer de manera continuada, de descuidar la higiene y la imagen.

No contagiemos planteamientos quejicosos o tóxicos, no nos obsesionemos desde la adicción a la sobreinformación. Y no empleemos mecanismos defensivos como el desplazamiento, pues corremos un grave peligro, el de la insensibilidad hacia los demás.

 

*Académico de Número de la Academia de Psicología de España