Si hay una semana en la que hay que derrochar coraje y corazón, sin duda, es ésta. Se sueña en rojiblanco y, por supuesto, al margen de lo que digan los demás nunca se va a dejar de creer. Es cierto que hay que ir partido a partido y empecemos por el de esta noche. Evidentemente, el Metropolitano contendrá la respiración cuando suene el pitido inicial porque todos sabemos que desde ese instante algo importante está a punto de suceder. La vuelta de la Champions se juega hoy, y el Atlético de Madrid vuelve a mirarse al espejo con esa mezcla de orgullo y vértigo que solo entendemos quienes palpitamos a ritmo colchonero. Nos gusta vivir en el filo de las emociones, es nuestra forma de resistir. Habrá nervios y silencios tensos y aunque acabemos con el corazón en la mano y los dientes apretados, lograr el pase a la semifinal de la Liga de Campeones lo compensará todo. Porque el Atleti no juega partidos: los vive, los sufre. Los convierte en algo más grande que el propio fútbol. Y esta noche, otra vez, será así.
Evidentemente, si el presente late con fuerza, el corazón no va tener una tregua. En el horizonte está Sevilla. Esa ciudad que dicen que tiene un color especial, pero que el próximo sábado se teñirá de rojiblanco y de ilusión. La final de la Copa del Rey es otro destino que no admite distracciones. Es ese pensamiento que aparece entre latido y latido, recordando que, pase lo que pase hoy, hay otra historia por escribir. Y no es una historia cualquiera. Hasta el sábado se avecinan días en los que la cabeza está en La Cartuja, en una copa que los de Simeone quieren brindan a su afición y, por supuesto, en pensar que el miedo se debe convertir en coraje porque habrá miles de banderas rojiblancas ondeando no solo en Sevilla. La familia colchonera se une para arropar a los suyos desde donde sea. Sabemos que las finales no se explican, se conquistan.
Y en medio de todo, como un faro que guía sin hacer ruido, está Neptuno. Siempre Neptuno. Esperando, paciente, como si supiera que las alegrías rojiblancas no se anuncian, se construyen a base de noches como la de hoy y sueños como el de Sevilla. No es solo un destino; es un ritual. Es el lugar donde todo cobra sentido cuando el esfuerzo encuentra recompensa. Sin duda, los jugadores lo saben y también saben que esta noche puede marcar el ánimo y la energía con la que se llegue el sábado a esa final. No se pueden despistar porque los errores se pagan muy caros a estas alturas. Vestir la camiseta del Atleti es una responsabilidad que no entiende de calendarios ni competiciones, porque esa camiseta es un sentimiento inexplicable y una afición única que lo da todo. Por eso, cada partido es una declaración de intenciones y cada minuto, una oportunidad de honrar el escudo.
Hoy, el Metropolitano empujará. Como siempre. Como nunca. Porque aunque Sevilla ya llama a la puerta, el presente exige toda la atención. La Champions no espera. Sevilla, llegará. Y el Atlético, fiel a sí mismo, no puede fallar.
Toca: Primero, resistir. Después, soñar. Siempre, creer.
Jimena Bañuelos
Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/04/13/atleti-creer-hasta-el-final/










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