Desafiando al frío desde el Calderón

Tras leer la pregunta, mi mente me decía: “No, Jimena. En otra ocasión” pero mi corazón aceleró el ritmo de las pulsaciones y la sonrisa apareció en mi rostro. Así que escuchando esos latidos escribí en el Whatsapp: “Sí, vamos”. La vida son momentos y no hay que dejarlos pasar. Claro está que la pregunta que me hizo mi amiga Olga tenía trampa. Ella me dijo: “¿Vamos a ver al Atleti en la Copa?” ¿Qué rojiblanco se puede resistir a ir a ver al Atleti? No hay ola de frío polar que pueda enfriar a un colchonero en el Calderón.

Siempre apoyando al Atleti

Siempre apoyando al Atleti

Así que desafiando al viento siberiano comencé la previa del encuentro en mi casa “camiseta a camiseta” hasta llegar a un número que me permitiera abrocharme el plumas. Siendo de Burgos reconozco que la experiencia es un grado cuando de frío se trata. A la equipación de ayer solo había que añadir la bufanda al cuello, el gorro imprescindible y el “coraje y corazón” por bandera para llegar a la ribera del Manzanares a apoyar a los míos. Allí unas veinticinco mil gargantas estaban preparadas para gritar los goles del Atleti. Y hasta en tres ocasiones el Calderón estalló de euforia. A medida que los goles subían al marcador los grados descendían en el termómetro pero eso era lo de menos. La eliminatoria iba por el buen camino. Y eso, era más importante que la congelación de los dedos.

Para Olga era su primera vez en el Calderón y para ser su estreno no estuvo nada mal. Y me refiero al resultado, porque estoy convencida de que hubiese preferido tener mejor tiempo, pero no hay que olvidar que el Atleti te hace más fuerte y ayer, más que nunca, entendí que lo hace en todos los aspectos. Orgullosa de mis colores y de una afición que nunca falla a los suyos llueva, nieve, haga frío o calor regresé a casa feliz por el tres a cero al Eibar y recordé el famoso refrán “querer es poder”. Ante eso no hay “peros” que valgan.

Tras llegar a casa y una vez que recuperé la habitual temperatura corporal pude escribir estas letras de un partido que ya forma parte de mis recuerdos rojiblancos. La vida está para disfrutarla y más cuando en esos recuerdos están buenas amigas. Ya solo me queda decirle a Olga…Gracias por haberme hecho aquella pregunta.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

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Primera etapa cidiana: Burgos

Puede ser un propósito de Año Nuevo o puede ser una aventura. De lo que no hay duda es de que será una gran experiencia. Una experiencia cargada de historia.

Todo comenzó un día paseando por el centro de mi ciudad natal. En Burgos se respira historia por todos sus rincones, pero fue a pies de la majestuosa catedral donde la curiosidad me llevó a preguntar en la Oficina de Turismo por el Camino del Cid. Bien es sabido que además de presumir de morcillas, de Atapuerca, de un frío que no deja indiferente a nadie, la gesta de Rodrigo Díaz de Vivar comenzó en esta provincia castellana. Burgos alabó a este héroe pero también protagonizó el principio del camino más duro para el Campeador. El Camino del Cid es el camino del destierro que se inicia en Burgos pero que pasa por Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante. Por delante hay muchos kilómetros en los que la Edad Media será la protagonista. Bavieca y Tizona siempre acompañaron al Campeador y en este viaje lo que no puede faltar en las “alforjas” es el Cantar de Mio Cid.

“A la salida de Vivar, tuvieron la corneja diestra, y, entrando en Burgos, tuvieron la siniestra”. Con estos versos del Cantar comienza este viaje en Vivar del Cid. En esta localidad burgalesa todo tiene un toque cidiano. De ahí, a Sotopalacios donde los estudiosos aseguran que se encontraba la casa del Cid para llegar a Burgos donde el rey Alfonso VI decretó que nadie lo ayudara.

Salvoconducto del Camino del Cid

Salvoconducto del Camino del Cid

“Una niña de nueve años se presentó ante su mirada / ¡Hola Campeador, que en buena hora ceñiste espada! / El rey lo ha vedado, anoche de él nos llegó una carta, / Que no nos atreviésemos a abriros y hospedaros por nada; / Si no, perderíamos los haberes y las casas / Y por si fuera poco, los ojos de las caras. / Cid, en causarnos mal no ganaríais nada, / Que el Criador, pues, con toda su gran misericordia os valga./ Habiendo dicho esto, la niña se volvió para su casa. / Allí se convenció el Cid de que el rey le había negado su gracia. / Se alejó de la puerta, por las calles de Burgos aguijaba, / Llegó en Santa María, al punto descabalgaba; /Se hincó de rodillas, de corazón rogaba; / Salió por la puerta y en Arlanzón paraba, / En los arenales de esa villa, allí descansaba / Armaron la tienda después que descabalgaran. / Mio Cid Ruy Díaz, el que en buen hora ciñó espada, / A su alrededor, una buena compaña. / Allí descansó Mio Cid como si estuviese una montaña.” (Cantar, 40) Fue en el Arco Santamaría donde todo esto ocurrió y es, precisamente ahí, donde se puso el primer sello a mi salvoconducto.

Continúo hasta el Monasterio San Pedro Cardeña. Allí “el que en buena hora nació” dejó a su mujer, Doña Jimena, y a sus hijas, Doña Elvira y Doña Sol, bajo la protección del abad del Monasterio hasta que el Cid las mandase llamar. De hecho, aun una de las torres es conocida popularmente como “doña Jimena”. A día de hoy, allí se puede ver la tumba de Babieca.

Y esta primera etapa por tierras burgalesas la termino en Pinarejos. La historia dice que “el de la barba vellida” acampó en el despoblado Spinaz de Can donde acudieron numerosas personas que se unieron a su destierro.

Aun me queda mucho camino por hacer. La próxima etapa se encuentra en tierras sorianas. La literatura me guía. ¿Alguien quiere apuntarse a esta “aventura” histórica?

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)