DECIDIR

En la vida hay que tomar decisiones. Unas veces se acierta y otras veces se aprende del error. Esto es así. Estamos rodeados de incertidumbres y la capacidad para tomar esas decisiones depende, entre otras cosas, de valorar los pros y los contras de éstas. Es cierto, que desde que comenzara la pandemia cada persona se ha tenido que amoldar a ella. Hay quien lo lleva mejor y hay quien no ve un final en esta cuesta arriba. Es complicado mantener el ánimo cuando tu entorno es duro, pero estoy convencida de que los españoles todavía tenemos fuerza para salir adelante. Se avecinan, por lo que dicen, unos meses complicados, pero tenemos que ser conscientes de todo lo que ya hemos superado. Ahora bien, lo que no ayuda siempre estorba y dado que el camino a la cima esta siendo difícil no hay necesidad de ponernos trabas. Está claro que lo que prima es la salud y así debe de ser, pero es vergonzoso ver el enfrentamiento político que hay en estos momentos. 

Sin duda, el hartazgo con la clase política también se palpa en el ambiente. El poder es lo que tiene, pero es injustificable estar todos los días escuchando reproches de unos contra otros mientras el virus sigue contagiando. Es obvio que hay que tomar medidas, pero éstas tienen que ser fruto, en este caso, de un consenso. Los números no suelen mentir, es más, son las personas las que los utilizan a su conveniencia. Lo triste es que esa es la base en la que se deben cimentar las medidas a tomar. No hay duda de que es un problema sanitario, pero no hay que olvidar que también lo es económico. Y las consecuencias de esto último pueden ser muy graves. De momento, la realidad nos muestra su cara más dura. Esperemos que pronto veamos una luz al final del túnel, porque todo lo que está sucediendo en este año va a dejar consecuencias que solo el tiempo nos ayudará a superar.

Precisamente el tiempo parece que transcurre más despacio cuando la situación no es favorable. Añoramos lo que antes ni valorábamos y ahora soñamos con esos momentos cotidianos que considerábamos pura rutina. Muchos ya piensan en la Navidad. No sé si es para evadirse del presente, pero algo me dice que de aquí a diciembre no se pueden hacer planes. Quizás si todos cumplimos con las recomendaciones y los políticos hacen bien sus deberes, algo que dudo, podamos llegar a las fiestas navideñas sin tantas restricciones. Pensar en las celebraciones en estos momentos es más que un sueño, ahora bien, tengo claro que anhelo que llegue Nochevieja para dejar atrás este año.

Un año que tiene más sombras que luces porque el virus lo ha oscurecido todo. La esperanza es lo último que se pierde, aferrémonos a ella y confiemos en la ciencia. Los científicos son los que investigan contrarreloj para dar con la vacuna. Hasta que ésta llegue toda precaución es poca. No hay duda de que hay que cuidarse y utilizar más el sentido común. Sería una buena decisión. Lo de la lucha política mejor lo dejamos para otro día, porque es un tema agotador. En estos momentos, mi mente utiliza todas sus fuerzas para afrontar el presente y sus reveses. Ya habrá tiempo para reflexionar sobre quién se lleva mi voto en las urnas… 

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INCERTIDUMBRES DE SEPTIEMBRE

Mi columna para El Valle de México

Llevamos meses especulando con lo que pasaría en septiembre con la vuelta al cole, con la evolución del virus, con las vacunas… Pues bien, septiembre ya está aquí y ahora nos toca afrontar la realidad. Nos guste o no el verano está llegando a su fin y por muy atípico que éste haya sido siempre es una época excepcional y anhelada en el año. Las vacaciones nos evaden de la realidad, de la rutina, del trabajo y la verdad es que en el 2020 han sido una necesidad. La mente necesita despejarse y cambiar de aires siempre sienta muy bien. Eso sí, siempre respetando las medidas para evitar la propagación del virus. Un virus que ha ido ganando, por desgracia, protagonismo según ha ido avanzado la época estival. Los datos no son buenos y lo que se esperaba para septiembre comenzó en el mes de agosto. Ahora nos toca afrontar lo que venga cumpliendo, más si cabe, con las recomendaciones sanitarias. No hay que olvidar el trabajo titánico que hicieron los sanitarios en los meses en los que el coronavirus estaba en su momento más álgido. Por cierto, la mala gestión por parte del Gobierno español no es una novedad, pero que López Obrador la critique me llama la atención después de ver cómo lo ha hecho él. En fin, no se trata de comparar sino de afrontar la situación tomando las decisiones correctas por el bien de los españoles y también de los mexicanos en su caso.

Decisiones, concretamente, que han tardado en llegar en lo que a la vuelta al cole se refiere. La bicicleta fue una canción del verano, pero no veo yo a los padres en España llevando a sus hijos en ella. Todo está en el aire y solo el tiempo irá mostrando si los colegios han sido capaces de prepararse para la llegada de los alumnos. El Ministerio de Educación, desde luego, no ha hecho grandes aportaciones. Aunque si lo comparamos con el de Universidades, cuyo ministro ha estado desaparecido, su trabajo ha sido decente.  Ya lo dice el refrán, “otro vendrá que bueno te hará”. 

Obviamente, el que no puede desaparecer es el ministro de Sanidad porque todo está vinculado a que prevalezca la salud. Lo bueno de esta semana ha sido anunciar que España empieza su primer ensayo clínico de una vacuna anti-Covid. Hay que apostar por la investigación y estaremos muy pendientes de los resultados de esta vacuna. Hay que darle tiempo al tiempo, pero también hay que ganarle tiempo al tiempo; de hecho, la campaña de vacunación de la gripe se va a adelantar. Todo lo que sea prevenir es bueno.

Septiembre empieza hoy con la misma incertidumbre con la que hemos vivido los últimos meses de este año tan raro. Para los amantes del deporte rey, la guinda al pastel la ha puesto Messi al anunciar que se quiere ir del Barça. Así es la vida y así está siendo el 2020, pero la vida son etapas y ahora mismo, con la que está cayendo y la que se avecina, no me preocupa el destino del argentino; prefiero centrarme en que mi gente esté bien y que los investigadores den con la vacuna que nos inmunice a todos del virus que nos robó la normalidad.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LA REALIDAD

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Mi columna para El Valle de México

Junio está recién estrenado y con él llega el esperado verano. A estas alturas otros años ya estaba más que planificada la estación estival, pero el 2020 ha querido que la incertidumbre dejara en el aire todos nuestros planes. Las cancelaciones de festivales, de conciertos, de viajes… empezaron en marzo y todos los eventos de ocio se fueron cayendo de los calendarios, uno tras otro, como si de fichas de un dominó se tratasen. Lógicamente el que inició el proceso fue un virus desconocido que, día a día, fue mostrando su letalidad y capacidad para propagarse. Con él llegó el estado de alarma, una alarma que nos llenó a todos de preguntas, de dudas, de miedo, en definitiva, nos llenó de una fragilidad que hasta entonces una gran mayoría desconocía sobre sí misma. Es cierto que los meses han pasado y ahora todo se ve de otra manera. La memoria es selectiva y, quizás, quiera borrar de nuestra mente las duras imágenes que hemos visto. Ese pasado está demasiado cerca como para obviar lo que supondría no respetar las reglas básicas en el momento en el que nos encontramos.

Ahora, salimos a la calle, nos sentamos en las terrazas, volvemos a entrar en las tiendas; pero hay demasiados matices que demuestran que no es la normalidad de antes. Posiblemente tener precaución sea lo más sensato, porque hemos pasado de no poder hacer nada a de repente querer abarcar en poco tiempo lo que no hemos podido hacer en meses. La primavera confinada nos ha dejado unos recuerdos difíciles de entender ya que nadie creía que podía vivir una situación tan terrible cómo la que hemos pasado. El verano pide paso para marcar un antes y un después. Sin duda, en la noche de San Juan, si se pudiera celebrar, se quemarían los peores momentos de este año. Seguro que no nos costaría encontrar ese momento en el que el confinamiento se nos puso cuesta arriba. Esa mágica noche llega también cargada de deseos. Obviamente, hay que pensar que lo mejor está por llegar. Ojalá sea en forma de vacuna y que ésta marque el final de esta pesadilla. También puede tener la forma de un abrazo, de una caricia, en definitiva, una muestra de los sentimientos que han sido retenidos durante más de una cuarentena.

Junio marca el ecuador de un año que prometía ser muy diferente. Los “felices años veinte” no tienen nada que ver con lo que hemos pasado hasta ahora. El 2020 pasará a la historia escrito en riguroso luto porque han sido muchos los que han perdido a un ser querido. Por mucho que mejore en los próximos meses, si es que lo hace, nada vale más que una vida. Así de dura es la realidad. No obstante, hay que seguir viviendo porque hemos visto lo efímero que es el presente. John Lennon aseguró que “lo que importa no es pensar en el pasado ni en el futuro. Lo importante es cargar con el ahora.” Un ahora en el que vamos avanzando de fases para encauzar el verano. Nos podemos permitir hacer algunos planes a corto plazo porque, por desgracia, la incertidumbre sigue con nosotros al igual que el virus. Aún así, hay que ser optimistas y apoyar a los científicos que están buscando la anhelada vacuna para inmunizarnos del enemigo común, el cual, ha traspasado muchas fronteras.

Mientras tanto, no olvidemos que la vida continúa. El escritor francés, Gustave Flaubert dijo: “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”. En definitiva, ¡vivamos! porque día que pasa, día que no vuelve.

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