NORMALIDAD, SOLIDARIDAD E IGUALDAD 

Han pasado muchos meses desde que todo cambiara. De hecho, acabamos de estrenar el mes de marzo y con él recordaremos el día que nos tuvimos que encerrar en casa por miedo a un virus desconocido que se llevaba muchas vidas por delante a diario. Poco a poco y a base de convivir con la incertidumbre de sobrellevar las diferentes olas vamos viendo la luz al final del túnel. No está de más pensar en positivo ya que las secuelas o cicatrices de esta experiencia serán palpables durante un tiempo. Es cierto que todo pasa, pero hay que pasarlo.

La normalidad está llamando a nuestra puerta, por eso, a lo largo de este mes volverán las fiestas tradicionales que tanto se han echado de menos. Los castellonenses anhelan sus fiestas de la Magdalena, los valencianos ya están restando horas para festejar los días grandes de las Fallas aunque las Mascletás ya retumban en Valencia todos los días. Y tras estas fiestas llegarán muchas más si nada lo impide porque necesitamos reírnos ahora más que nunca. Estamos rodeados de malas noticias y aferrarse a aquello que nos haga sonreír y disfrutar es vital para nuestra mente. Se mire por donde se mire necesitamos pasar página, pero no podemos dejar de lado a todos aquellos que huyen de los bombardeos y la muerte en Ucrania. Ellos también se merecen nuestra atención porque es muy duro dejar atrás toda una vida y salir con lo puesto. Las imágenes que nos llegan son desoladoras, pero también nos hemos volcado con la ayuda solidaria. Está claro que el ser humano ha respondido como se esperaba. Ahora bien, lo relacionado con las cuestiones políticas ya no está en nuestras manos. Como tampoco lo está al otro lado del charco donde la impunidad con el asesinato de periodistas es una evidencia. Nueve en México en lo que va de año y solo estamos en marzo. Insisto en la importancia de la libertad de prensa y de expresión. Ir silenciando a los periodistas acabando con sus vidas dice mucho de la situación en la que se vive allí. 

Por otra parte, no puedo terminar sin hablar de un día como hoy. A lo largo de los siglos la mujer ha jugado un papel muy importante, bien de protagonista o bien como “pepito grillo” de algún hombre. Ya se sabe que detrás de todo hombre se esconde una gran mujer. La literatura y el cine, por ejemplo, están plagados de heroínas, de luchadoras… Algunas son producto de la imaginación, pero como la realidad siempre supera a la ficción seguro que a lo largo de la vida nos encontramos con nuestra heroína particular, ese ejemplo inspirador a seguir… Él mío lo tengo claro… ¿Y tú? 

Estamos en el 2022, las pioneras en reivindicar nuestros derechos tenían muy claros sus objetivos y aunque no esté siendo fácil hay que seguir persiguiéndolos. Eso sí, con convicciones de verdad y no con la tontería con la que están envolviendo esa lucha por la igualdad. La unión hace la fuerza, pero con los valores firmes y no con pancartas de quita y pon. No nos olvidemos que fue en 1977 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el ocho de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer. Hoy tenemos ese motivo que celebrar, pero no hay que olvidar que el año tiene trescientos sesenta y cinco días. Dijo la escritora estadounidense, Hellen Keller: “No soy la única, pero aún así soy alguien. No puedo hacer todo, pero aún así puedo hacer algo; y justo porque no lo puedo hacer todo, no renunciaré a hacer lo que sí puedo”. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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ESPERANZA E ILUSIÓN

Poco a poco todo va recuperando cierta normalidad o, al menos, se intenta vivir de la mejor manera posible. Afortunadamente, la situación está evolucionando favorablemente y el optimismo está puesto en el futuro a corto plazo. El anhelo de que las restricciones comiencen a desaparecer son uno de los temas de conversación que no faltan cuando se habla de la pandemia. Cada vez queda menos para dejar atrás el mes de febrero y quien sabe si en marzo se inicie una nueva etapa. La esperanza sigue ahí y la ilusión no la podemos abandonar.

Si continúo hablando de esperanza e ilusión tengo que hacer alusión, sin quererlo, al Atlético de Madrid. Hace tiempo que no escribo sobre los rojiblancos, pero mañana se la juegan en la Champions. La irregularidad de los de Simeone es evidente a estas alturas de la temporada. Sin duda, dan una de cal y otra de arena a su afición. Después del desastre contra el Levante viajaron hasta Pamplona para ganar por tres goles a los locales. La victoria era necesaria, no solo por los puntos sino por la dosis de moral para afrontar el partido ante el Manchester United. Es cierto que nunca hay que dejar de creer, pero también los sueños hay que alimentarlos con hechos y actitudes. Ojalá sigan la estela de “El Sadar” y tras el himno de la Liga de Campeones derrochen todo el coraje y el corazón en el Metropolitano al igual que la afición lo hace en las gradas. No está siendo una temporada fácil y la actitud ante las adversidades es fundamental. Por delante los rojiblancos tienen dos partidos para sellar el pase a los cuartos de final. Dice el refrán que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy así que si se encarrila la eliminatoria en casa mucho mejor. Si hay que sufrir se sufre, pero tampoco es necesario llevarlo a niveles extremos. De lo que no hay ninguna duda es de que hay mucho en juego dentro y fuera del campo. Hay demasiadas preguntas en el aire que pronto tendrán una respuesta clara. El tiempo pone a cada uno en su sitio. A buen entendedor pocas palabras bastan.

Por suerte, tenemos muchas cosas para evadirnos de la realidad. El fútbol es una más. Lo importante es despejar la mente del día a día que nos lleva sin pena ni gloria a una rutina que sigue marcada por la pandemia. Hay que distraerse con nuestras aficiones. Un buen libro, una buena serie, una película, un buen paseo… En definitiva, ellas son las mejores aliadas para afrontar nuestros momentos de debilidad, porque la mente no siempre puede estar derrochando fortaleza. Menos mal que los días cada vez tienen más horas de luz y la primavera está llamando a la puerta. En estos dos años hemos superado momentos muy duros y por eso, no es el momento de tirar la toalla, es mejor que caigan las mascarillas que tanto nos agobian. Hay que tirar para adelante en este último empujón. Tengo claro que quiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CORTINAS DE HUMO

Ahora sí y ahora no. Ese es el juego que hay con el uso de la mascarilla en exteriores. Parece increíble pero el criterio para tomar las decisiones es de chiste. A estas alturas de la pandemia, tenemos más que claro las diferentes incongruencias que hay en determinadas medidas de protección. Es curioso porque con el paso de los meses ya nos hemos acostumbrado a estos bandazos de repente. Algunos son una cortina de humo para encubrir otros acontecimientos. Hay que disimular y aparentar que se están haciendo cosas, no importa cuales con tal de inundar los titulares. Unos titulares que hay que coger con pinzas en determinados casos. 

Hablando de casos, los de coronavirus parece que están descendiendo porque la sexta ola comienza a tener una curva a la baja. Esperemos que esto dure y nos permita seguir disfrutando de las sonrisas en las calles porque de una semana a otra está claro que todo puede cambiar. Ahora bien, su uso en los interiores todavía está vigente. Todavía no tenemos fecha para desprendernos de ella, pero alguno expertos ya apuntan a que el principio del verano puede ser una opción siempre y cuando no surja ninguna otra variante. Ojalá se cumplan sus pronósticos porque la saturación pandémica está en unos niveles más que elevados. Recuperar la normalidad es el anhelo de todos y poner fin a la pandemia también. Ahora bien, si miramos de reojo a Dinamarca, su criterio ha sido, como suele decirse, por las bravas. No sé yo cómo se tomará la decisión aquí, pero visto lo visto en la trayectoria de decisiones todo es posible. Esperemos que prime la salud…

Una salud que tenemos que cuidar en todos los sentidos. La semana pasada celebramos el día del Cáncer. Éste tiene muchos lazos con sus respectivos colores, pero hay algo común a todos ellos y es la fuerza que une a quienes luchan contra la enfermedad. Esa fuerza nace de las ganas de vivir y de los sueños por cumplir, al menos, esa fue mi mayor motivación. Ahora bien, quiero recordar que hay que apostar por la investigación para que los tratamientos vayan evolucionando y sean mejores ante esta dura enfermedad. Y aunque ahora hablo del cáncer, la investigación hay que extenderla a todos los campos. Además, dentro de la salud no se nos puede olvidar la salud mental. La Covid-19 está pasando factura aunque ésta puede verse perjudicada por diferentes motivos. Si nos preocupamos por lo que comemos también nos tenemos que preocupar por nuestros pensamientos. Lo que nos decimos a nosotros mismos es más importante que lo que escuchamos a nuestro alrededor. Los halagos siempre son agradables, pero las críticas pueden ser demoledoras si se nos taladran en la mente.

Una mente que tiene demasiada fuerza aunque muchos no lo crean. Reconozco, por ejemplo, que mi fuerza mental me ayudó desde el momento en el que escuché: “Tienes una leucemia”, pero ésta necesitó unirse a la fuerza de la vida para hacer el combo perfecto. Por eso, de las muchas enseñanzas que nos ha dejado la pandemia hay que quedarse con lo efímeros que somos, con que todo puede cambiar en un segundo y que la salud hay que valorarla siempre y no solo el 22 de diciembre. “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos» dijo Nietzsche. No tengo nada más que añadir…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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EL NEGATIVO Y EL POSITIVO

El mes de enero ha quedado atrás y con él su temida cuesta entre otras cosas. A veces tengo la sensación de que los primeros treinta y un días del año duran más de lo normal, pero esa percepción es personal y siempre está vinculada a lo que el día a día nos depara. Hoy estamos de estreno y por delante tenemos veintiocho jornadas en los que iremos ganando luz. Si el tiempo lo permite el frío debería ir remitiendo según avancen las semanas. A estas alturas no voy a negar que me gusta el buen tiempo y la llegada de la primavera es el preludio del verano. Aún así, vayamos día a día viendo qué es lo que nos depara el futuro a corto plazo. 

Evidentemente, las ansias de recuperar la normalidad están aumentando. Los datos están desvelando una ligera mejoría pero si pudiéramos medir el hartazgo de las personas estoy convencida de que los valores serían muy altos. No sabemos cuando va a terminar todo esto y esa sensación provoca una bomba de sentimientos que ni nosotros mismos sabemos controlar. Para ella no hay vacuna porque en cualquier momento nuestro carácter puede dar un giro de ciento ochenta grados. Las consecuencias de tanto aguante son cada día más palpables. Hay que reconocer que cada persona es un mundo, pero seguro que muchos coincidimos en que la situación pandémica está siendo muy larga. Las noticias que nos llegan son de todo tipo. Unos días son alentadoras, en cambio, otros son demoledoras. Ese subir y bajar del optimismo al pesimismo también pasa factura. 

Una factura que nos agota mentalmente en la mayoría de los casos. Está claro que hay que seguir viviendo, pero cada persona es libre de elegir cómo lo quiere hacer. No es bueno juzgar cuando alguien prefiere estar más aislado del resto. Sus motivos tendrá, pero la felicidad depende de nosotros mismos y no de los consejos de los demás. Es agotador recibir palabras vacías solo por el hecho de quedar bien. A estas alturas de la pandemia, creo que ya sabemos como gestionarnos a nosotros mismos. Conocemos los consejos que han sido el mantra desde marzo de 2020, pero el escenario ha ido cambiando y el bicho ha tenido diferentes nombres a los que hemos hecho frente a golpe de Antígenos y otras pruebas para controlar su transmisión. En definitiva, se trata de protegernos mutuamente, pero no estamos exentos de contagiarnos en el momento que menos lo esperemos. Ahora tener unos Antígenos es tan básico como tener el Paracetamol, pero es la realidad que hay y a la que no podemos renunciar.  

Obviamente, ya hemos renunciado a muchas cosas en estos dos años como para seguir perdiéndonos momentos que se convertirán en futuros recuerdos. Demos a febrero la oportunidad de dar un giro a la historia. Es el mes mas corto, pero quizás nos sorprenda. La esperanza es lo último que se pierde y yo nunca he renunciado a ella. Reconozco que estoy cansada de todo, pero no por eso voy a tirar la toalla. Con precaución y con ganas de disfrutar doy la bienvenida a un mes que me trae duros recuerdos a los que sabré sobreponerme porque como decía Neruda: “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Y yo, ante todo, quiero ser feliz. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/30324/el-negativo-y-el-positivo

SE ESCAPA EL TIEMPO

Ya hemos superado el ecuador del mes de enero aunque su famosa cuesta parece más empinada de lo normal. La situación que estamos atravesando no es buena y las consecuencias económicas de la pandemia se hacen cada vez más evidentes. La incertidumbre lo envuelve todo y las ansias por recuperar la normalidad también. Estamos a la espera de ver cómo evoluciona la línea de contagios. Se espera que ésta comience a descender, pero es cierto que cada vez conoces a mas personas de tu entorno más próximo que ha dado positivo en algún test. La realidad es así y los que aún seguimos en “negativo” hemos ido esquivando Omicron como hemos podido. 

Afortunadamente, para muchos la vacuna ha sido su mejor aliada para sobrellevar el virus con síntomas más leves. Cada uno es libre de ponérsela o no, pero en ese debate no voy a entrar. Ya se ha encargado el tenista Djokovic de protagonizar todos los titulares en las últimas semanas. Lo suyo era la crónica de una deportación anunciada. Si hay que cumplir unas normas se cumplen y no por ser el número uno estas exentas de ellas. Las personas somos todas iguales y ninguna es superior por mucho ego o poder que tengas. Si bien es cierto, en la sociedad hay unos principios que están en sus horas más bajas, pero que hay que respetar e incluso cuidar. Decían que de la pandemia íbamos a salir mejores y más fuertes, algo más que dudoso tal y como estamos viendo el presente. 

Un presente que sigue en bucle mientras no percibamos que esto se está acabando. El hartazgo hace que nos olvidemos de la esencia de la vida. Hay que seguir, como diría Walt Whitman, extrayendo todo el meollo a la vida, pero sin olvidar los principios que nos unen como sociedad. Es cierto que cada uno tenemos los nuestros personales y estos son irrenunciables. Eso sí, hay quienes son capaces de todo por conseguir sus más anhelados deseos. La personalidad y los principios van de la mano y muchas veces las mayores decepciones vienen de ahí. Conocer a las personas no es fácil y cuando crees que lo has hecho, a veces, llegan las mayores decepciones. También, Maquiavelo nos enseñó en su “Príncipe” la naturaleza de muchas personas…

De hecho, hay personas que llegan a tu vida y se convierten en parte de tu familia y están ahí siempre aunque no notes su presencia. En cambio, hay otras que están de paso por circunstancias o por interés y cuando desaparecen incluso notas que tu propia mochila pesa menos. “El secreto, querida Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces, y sólo entonces, que estarás en el país de las maravillas”. Sabias palabras de un conejo blanco que vivía pendiente de un reloj… La vida se nos escapa más rápido de lo que nosotros creemos y lo mejor es pasarla con quien de verdad importa. El país de las maravillas es nuestro presente, el cual, es único e irrepetible. Hagamos caso a ese conejo porque es importante saber y ser conscientes de que nunca caminamos solos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29826/se-escapa-el-tiempo

PROPÓSITOS

Un año por delante y muchas experiencias por vivir. Da vértigo pensar en lo que nos deparará este 2022, pero día a día iremos descubriendo el destino. El futuro siempre es incierto aunque, como marca la tradición, el Año Nuevo se llena de esos propósitos que sin saber si los vamos a cumplir, al menos nos dan una sensación de satisfacción solo con pensar en ellos. Queda todo un año por delante para llevarlos a cabo y si no es posible siempre se pueden prorrogar para más adelante. A veces, la intención es lo que cuenta.

Y con los propósitos en mente y los regalos de reyes recién abiertos toca, poco a poco, volver a la normalidad. A esa realidad que se ve envuelta en un espíritu que, por desgracia, solo dura en los días más entrañables del año. Una pena pero es así. Además, este año la Navidad ha tenido un claro protagonista. Es la época de reencuentros por excelencia, pero muchos se han visto frustrados por Omicron. Esta variante ha hecho estragos en muchas familias porque los positivos han adquirido un protagonismo que no esperábamos o que no queríamos esperar. De hecho, estamos intentando doblegar esta ola que ha convertido a los tests de antígenos en el entrante de muchas comidas o cenas. Una falsa sensación de seguridad que ha dado más de una sorpresa. Eso sí, renunciar a las reuniones está claro que no estaba en la mente de muchos. En fin, el sentido común de cada uno es particular y la práctica requiere su tiempo. Quizás la Navidad lo haya envuelto entre sus luces y sus tradiciones y éste pasó a un segundo plano sin pensar en la consecuencias. 

Unas consecuencias que todavía están presentes. Contagiarse es muy fácil, pero prevenir también lo es. Hay que reconocer que estamos agotados de la pandemia porque ésta sigue con nosotros. Las medidas ya nos cansan y nuestra ansia por recuperar todo lo que el coronavirus se llevó por delante nos pueden. Hablan de que estamos más cerca del final y ojalá sea así. Hemos aprendido muchas lecciones de todo esto. Quizás esos propósitos de Año Nuevo no sean tan prioritarios como antes del Covid-19 porque nuestro mundo ha cambiado. Está claro que ser feliz es lo que cuenta y que la salud es fundamental. En la vida en un segundo todo puede cambiar, por eso, disfrutar cada día sería el mejor propósito de todos. Los habrá buenos y los habrá malos porque no todos son un camino de rosas. Precisamente, de las espinas se aprenden las mejores enseñanzas. 

En definitiva, tenemos un año por delante para disfrutar de nuestros seres queridos, para cumplir los sueños que quedaron aplazados y escribir nuestra propia historia de puño y letra. Seguro que a todos nos gustará dar carpetazo a la pandemia, esperemos que el 2022 nos premie con ello. Nos merecemos volver a sonreír sin mascarilla porque aunque las miradas hablan por sí solas, pero a la vida hay que sonreírla sin condiciones. Los propósitos empiezan por ahí

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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TIRANDO DE REFRANES

Continuamos con la cuenta atrás para la Navidad y para que acabe el año. Las ganas de recuperar la normalidad son más que evidentes, sólo hay que observar el comportamiento de las personas. Es natural que nos apetezca volver a las viejas costumbres porque aunque sigamos con la pandemia como telón de fondo la situación ha mejorado, a pesar de que los contagios estén en aumento. El porcentaje de vacunados ha hecho que España esté llevando esta nueva ola, provocada por la variante Omicron, mejor que otros países europeos. El tiempo nos dirá si son necesarias más restricciones, aunque si bien es cierto, volver a reunirse con los seres queridos lleva implícito extremar la cautela. 

Hace un año todo era muy diferente. Si recordamos la situación nos daremos cuenta de lo que hemos mejorado y, por supuesto, ese es el mejor motivo para no relajarnos en exceso. Los excesos, en el mes de diciembre, tienen otros protagonistas. Esa tradición también se cumple en muchos casos y no está mal caer en la tentación de los dulces y las comidas abundantes porque “una vez al año, no hace daño” como dice el refranero. 

Un refranero que es sabiduría en estado puro, dice: “Frío coral, un mes antes y otro después de Navidad”, puesto que, aunque todavía no ha llegado el invierno, todos hemos sentido el desplome de las temperaturas. Es cierto que es lo que toca, pero desde noviembre vamos encogidos por las calles y a paso ligero para mitigar el viento que corta el rostro. No podemos olvidar, si comenzamos con los balances de este año, que la gran nevada Filomena llegó a Madrid en enero. No sé si el “año de nieves, año de bienes” ha cumplido con lo esperado. Lo que está claro es que a superar retos no nos gana nadie, ni que estuviéramos jugando a “Jumanji.” 

La vida es un juego y estamos en ella jugando nuestras cartas. Llega la época del año en la que nacen propósitos nuevos, otros se acumulan a los de años anteriores y, sobre todo, se ponen todas nuestras expectativas en el año que comienza. Un año al que, sin duda, hay que pedirle mucha salud porque la pandemia nos ha enseñado muchas lecciones, pero el valor de la salud es incalculable. Sin ella pocas cosas se pueden hacer. Por eso, seamos conscientes de la realidad que tenemos y disfrutemos del presente con las precauciones pertinentes. La Navidad está a la vuelta de la esquina y renunciar a estar con nuestros seres queridos seguro que no está en nuestros planes. “Más vale prevenir que curar”, de nuevo el refranero. El 2021 tiene los días contados y “no hay mal que cien años dure”… Ahí lo dejo.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DEJARSE LLEVAR

Estamos en el ecuador del mes de noviembre y tras el “día del soltero” ya solo se habla del “Black Friday” y del “Cyber Monday” a pesar de que todavía queda más de una semana. Hay que asumir que la incitación a comprar y las necesidades de vender son evidentes. No está mal darse un capricho o hacer algún regalo. Hace una semana ya dije que estamos en la antesala de la Navidad con todo lo que ésta conlleva. Las ganas de poder disfrutar de todo nos han hecho bajar la guardia respecto a la pandemia. Es cierto que llevamos demasiados meses con restricciones pero quizás sea el momento de ver lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Los números comienzan a subir y las consecuencias las vamos a pagar todos. No digo que paremos nuestras vidas porque no tendría sentido ya que el ansia por la normalidad nos puede. Además, nuestra salud mental también necesita de esos estímulos que la lleven a dejar atrás lo vivido.  

Un pasado reciente que todavía está en nuestro presente y que de una manera o de otra nos trae algún que otro recuerdo. Alejarse de lo negativo siempre es bueno y si para ello hay que darse un capricho, éste estaría más que justificado. Cualquier excusa es buena para volver a sonreír porque la vida sigue pasando por mucho que nos lamentemos. Muchas veces esas quejas son injustificadas. Creo que a estas alturas hemos aprendido a valorar lo que tenemos y la salud está por encima de todo. Con ella podemos cumplir nuestros sueños y hacer frente al resto de adversidades. Ya no hace falta esperar al 22 de diciembre para darse cuenta de que la salud es el gordo que nos toca día a día. Frente al espejo, cada mañana tiene que aparecer la primera sonrisa de la jornada. 

Obviamente, en veinticuatro horas puede suceder cualquier cosa porque en un segundo todo puede cambiar, pero la capacidad de adaptación de la que tanto se ha hablado en el último año y medio ya la tenemos más que aprendida. La actitud es vital. Como vital es mirar por nuestro bienestar y luchar por él. Por eso, seamos conscientes de que la Navidad está a la vuelta de la esquina y reunirnos con nuestros seres queridos es lo que más anhelamos, pero no está de más mirar de reojo a la cifra de contagios y seguir los consejos de los sanitarios. 

Unos consejos que son por nuestro bien aunque estemos cansados de mascarillas, de distancia y hasta del lavado de manos si me apuras, pero ellos mejor que nadie han visto en primera línea los estragos que este virus ha causado. Pongamos en práctica el sentido común. Un sentido común que también nos invita a vivir de una manera distinta la realidad aunque esperemos que mas pronto que tarde todo vuelva a ser más o menos como antes. Estoy convencida de que la pandemia va dejar hábitos nuevos, pero nuestra esencia seguirá siendo la misma

Noviembre comienza con el día de Todos los Santos y el Día de Muertos y después tiene marcado sus días basado en las compras. El pistoletazo de salida será el encendido de las luces de Navidad y a partir de ahí, todo sonará a las fiestas y habrá que dejarse llevar… La vida también es eso. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CARTA A MELENDI

Concierto de Melendi en Castellón

Han pasado tres años desde que no nos vemos, tres años que han sido una eternidad. De repente, todo cambió y si tú echabas de menos a tu público, tu público te echaba de menos a ti. Era tu cuarto concierto de esta gira que por fin se ha podido realizar. La parada era en Castellón, una tierra que se volcó contigo desde que saliste al escenario. Auguró Carlos Latre imitando a Raphael que sería una gran noche y, permíteme que te diga que lo fue.

Hemos sido “guerreros” ante una pandemia que nos ha hecho valorar las pequeñas cosas. Quizás, nos haya enseñado a vivir, pero como bien dijiste este periodo de introspección ha dado para mucho. Te confieso que en el confinamiento puede que tuviera un “violinista en mi tejado” bastante triste mientras resistíamos el encuentro con nosotros mismos. Además, con la incertidumbre que reinaba en el ambiente puede que hasta creciera un “jardín con enanitos” en mi cabeza con tal de evadirme de la cruda realidad. Pero el tiempo, querido Melendi, ha querido que nos reencontráramos y a pesar de la mascarilla y las medidas de seguridad, los sentimientos no cambian. Dicen que hay pastillas para todo pero, sin duda, la mejor es ver disfrutar a la gente que quieres. Eso cura más que nada y en los tiempos que corren, eso vale oro. La noche del sábado, respirando el olor a mar sanaron las heridas del alma porque la emoción, la adrenalina y la felicidad se respiraba en el ambiente. No sé si fue “casualidad o destino” que te viera sobre el escenario con mis amigos Claudia, Ely y Sergio pero me alegro de que mi primer concierto desde que llegó el coronavirus a nuestra realidad fuera con ellos. Esto será inolvidable.

Si tú hiciste una “promesa” yo también. Y las promesas hay que cumplirlas y no hay peros que valgan. Tal vez algún “casi” pero como bien cantas en “casi se quedó” porque no hay lucha sin victoria. La vida me enseñó qué batallas quiero luchar, por eso, a voz en grito canté “ella no es solamente lo que ves, a ella ni tú ni nadie le para los pies” porque tienes razón hay que dejarnos bailar. Una canción que no sabía si estaba en tu repertorio, pero que me hizo especialmente feliz vértela cantar en directo. Significa mucho porque es muy fácil poner límites a los demás o cuestionar su valía sin ni siquiera dar una oportunidad. Seguro que todos sabemos de lo que hablo a estas alturas…

Pero bueno, está claro que siempre de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Esos abrazos, esas bromas, esos gritos de “Melendi, Melendi” que tanto añorabas te los regaló un público que estaba entregado a ti. La vida es eso y durante dos horas olvidamos la cruda realidad porque evadirse es bueno y contigo como banda sonora nada podía salir mal. El sábado hubo “lágrimas desordenadas” cargadas de mucha nostalgia, de muchos recuerdos, de mucha ilusión… En definitiva, los sentimientos, a veces, salen por los ojos y son salados. Ahora bien, estoy convencida de que algún día dejaremos al virus “tocado y hundido”.

Querido Melendi, pensaba que esta carta iba a ser “sin remitente” pero me he dado cuenta de que no es posible. Por eso, la firma una servidora que va “caminando por la vida sin pausa pero sin prisa” porque llevo quince años viviendo de regalo y puedo gritar a pleno pulmón que Aún tengo la vida”.

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/25762/carta-a-melendi

Déjala que baile

DISFRUTAR

Continuamos disfrutando del verano como se merece y eso que ya hemos superado el ecuador del mes de agosto. Para muchos, la cuenta atrás de las vacaciones ya ha comenzado. Durante el tiempo estival nuestra rutina cambia y eso es bueno para la mente. Desconectar siempre es necesario ya sea en la playa o en la montaña. El destino es lo de menos cuando de lo que se trata es de disfrutar. Un verbo que hay que conjugar durante todo el año porque la vida se trata de eso. Es cierto que estar ocioso ayuda mucho, pero valorar el presente siempre es importante.

Un presente, que en mi caso, pasa por escuchar las olas del mar y frente a él valoro la complejidad de la situación que vivimos y lo afortunada que soy por poder disfrutar de los míos a quienes tanto he echado de menos en el duro invierno. En unos días tocará cambiar la rutina y no será fácil, pero siempre la ilusión de regresar será la mejor aliada. De momento, y centrándonos en el aquí y ahora, estoy orgullosa de mi tierra porque es un honor que en Burgos haya arrancado este año la Vuelta a España. Su riqueza cultura acompañó a los ciclistas a lo largo de toda la contrarreloj que dejó grandes fotografías para el recuerdo. Este año pasar unos días por las tierras de “El Cid” es una obligación. De hecho, planificar una escapada allí es una idea para afrontar, por ejemplo, el mes de septiembre. Dice el refrán que el que no se consuela es porque no quiere…

Y consuelos, precisamente, es lo que no quiero este año en la Liga y en la Champions. La competición ha comenzado y aunque nunca dejo de creer, me encantaría que los rojiblancos sigan la estela de la temporada pasada. Eso sí, agradecería que bajarán un pelín el nivel de la emoción y no llegar infartando al final. Las copas buscan a sus ganadores y la afición, por fin, podrá volver a entrar en los estadios aunque con limitaciones. Vamos recuperando la normalidad que perdimos. Todavía nos queda camino por recorrer pero estamos más cerca de conseguirla. No nos desesperemos ya que estamos en la recta final. Está siendo todo muy duro, pero la satisfacción de ir recuperando rutinas perdidas bien se merecen una celebración.

Por eso, ahora más que nunca, tenemos que ser optimistas sin bajar la guardia. Respetando las medidas de seguridad y con la vacunación muy avanzada estamos consiguiendo rebajar la curva de esta quinta ola. De nosotros depende que no vengan más. Este virus ha truncado la vida de muchas personas y no podemos permitir que esa cifra siga aumentando. La vida está para vivirla sin ponerle ningún pero, aunque ahora es el momento de cuidarnos los unos a los otros porque la unión hace la fuerza y juntos saldremos de ésta.

Mientras tanto y, como suelo decir, sigamos viviendo, sigamos aprovechando los momentos… con precaución. Esto me recuerda a la canción del mítico grupo Mocedades: Que no se acabe el mundo porque es cierto que “aún quedamos gente para darle vida”. Si hemos resistido, ya sabemos lo que nos toca.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/25558/disfrutar