TERCERA OLA

Nos dicen que vienen días muy duros, pero lo que estamos pasando desde el pasado mes de marzo no está siendo nada fácil. La única que consiguió robar el protagonismo al coronavirus la pasada semana fue Filomena. Sus daños son más que visibles y los restos de hielo todavía tardarán días en desaparecer, pero la realidad a la que nos enfrentamos son las consecuencias de nuestros actos. Las cifras de contagios son como para dejarnos helados porque el repunte es más que evidente. Hacía mucho tiempo que no hablábamos de semejantes números. Nos hablan de auto confinarnos, pero no tengo muy claro que eso vaya a funcionar por el hecho de ser voluntario. Los sanitarios están pidiendo un confinamiento, pero el Gobierno no está por la labor. Cuesta saber cuales son las prioridades del Ejecutivo. Por su parte, las Comunidades Autónomas están adoptando sus propias medidas. Se habla, sobre todo, del toque de queda y las restricciones a los hosteleros. La verdad es que los últimos van adaptándose a infinitos cambios y encima tienen que lidiar con la irresponsabilidad de muchos, ya que hay que reconocer que el comportamiento de los ciudadanos no es siempre un ejemplo a seguir.

Los datos de contagios día a día nos demuestran la facilidad con la que el virus se propaga. Además, no hay que normalizar la cifra de muertos porque tras esos números hay familias que han perdido a un ser querido. Y la esperanza está puesta en la vacuna. Los vacunados van aumentando lentamente y queda mucho hasta alcanzar la inmunidad tan deseada. Vivimos un presente complicado que nos está demostrando, una vez más, que el sentido común debe primar sobre nuestros anhelos de reunirnos, por ejemplo. Sabíamos que llegaría la tercera ola y ésta ya está aquí llenando los hospitales y las UCI y no será porque no nos habían avisado. La Navidad está teniendo sus consecuencias. Insisto en que los sanitarios no nos están pidiendo tanto. Debemos ayudarlos porque llevan muchos meses al pie del cañón. Es cierto que cada día que pasa es un día menos de esta pesadilla y que la luz al final del túnel es el pinchazo que todos anhelamos, pero hasta que podamos decir que esto se ha terminado tenemos que ser cautos y responsables. 

Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma. Filomena ha pasado. Ahora es la tercera ola la que nos está azotando y aunque las fuerzas mermen hay que ser fuertes no sólo físicamente sino psicológicamente porque llevamos mucho encima como para tirar la toalla ahora. La esperanza es lo último que se pierde. Decía Noel Clarasó que “en cada amanecer hay un vivo poema de esperanza, y, al acostarnos, pensemos que amanecerá”. Por eso, soñemos que el proceso de vacunación se acelera. Soñemos que respetamos la medidas de seguridad, soñemos que la responsabilidad individual es el estandarte de cada uno, soñemos que el final está más cerca. Y si lo que hace que la vida sea interesante es la posibilidad de cumplir los sueños, éstos no son tan difíciles… Así que pongámonos manos a la obra. Sin duda, la unidad hace la fuerza y entre todos lo conseguiremos. 

Jimena Bañuelos

Enlace: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/19150/tercera-ola

FILOMENA

Hemos pasado del “Año Nuevo, vida nueva” al “año de nieves, año de bienes”. Teníamos ganas de dejar atrás el 2020 y arrancar el 2021 con la esperanza puesta en las vacunas para acabar con la pandemia. De momento, las cifras nos indican que la tercera ola está llegando y es que cuando bajamos la guardia el virus se propaga a gran velocidad. Los Reyes Magos nos llenaron de ilusión ante un año que está, sin duda, cargado de esperanza. Una esperanza que sigue unida a un pinchazo que anhelamos. De momento, la vacunación va lenta y si a esto le unimos la llegada de Filomena, el 2021 ha empezado, sin duda, dejando huella.

Huellas que muchos españoles hemos plasmado en la nieve porque todo el centro de España se tiñó de blanco. Madrid no veía sus calles así desde 1971 y los que hemos visto nevar incesantemente no nos hemos podido resistir a pisar la nieve en su estado más puro. Los adultos sacaron el niño que llevan dentro y no faltaron los esquíes por la Gran Vía, por el Paseo de la Castellana, por Recoletos y por un sin fin de calles que, también, se llenaban de muñecos de nieve y de alguna que otra batalla de bolas. Sin duda, esos ratos provocaron muchas sonrisas debajo de las mascarillas en estos momentos tan difíciles. Eso sí, una cosa es disfrutar un poco de la nieve y otra olvidar que la pandemia sigue sin darnos tregua. Había que tener precaución porque los hospitales no están, precisamente, para llenarse por una irresponsabilidad. Las imágenes de Sol bailando como si de una fiesta se tratase son decepcionantes porque los que siguen velando por nosotros no han parado de trabajar. Quizás un poco de colaboración no estaría de más. Filomena nos ha dejado estampas preciosas del Ayuntamiento, de la Fuente de Neptuno, del Congreso de los Diputados, de Atocha, de Cibeles y de muchos monumentos que nunca habíamos visto con un manto de nieve, pero también ha mostrado el nivel que hay de responsabilidad individual. 

Unas irresponsabilidades que veremos en qué se traducen porque estamos avisados, y las cifras lo demuestran, que los casos siguen aumentando. Desgraciadamente, las restricciones seguirán con nosotros y las consecuencias también están dejando huella. Una huella que no es nada agradable para quienes las sufren en primera persona. Queda todo el año por delante, esperemos que esos “bienes” que el refranero ha atribuido a Filomena sean una realidad. Continuamos en la carrera de fondo para vencer al coronavirus, la Navidad nos va a pasar factura, pero no volvamos a darle alas al Covid-19. Recordemos las medidas básicas que tanto nos recalcan los sanitarios. Es justo ayudarles con nuestra responsabilidad, porque ellos se están poniendo en riesgo para salvar muchas vidas. 

Filomena ya forma parte del pasado, de la historia de nuestro país, pero todavía para hablar de la pandemia tenemos que conjugar los verbos en presente. Quizás, a lo largo de los meses podamos usar el pretérito, en nuestro sentido común está lograrlo. Ya vemos una luz al final del túnel, por cierto hasta su recibo ha subido, pero hasta que salgamos de él usemos la esperanza como aliada porque aunque la situación nos pueda superar somos más fuertes de lo que nos creemos. Superamos el 2020.

RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

Y la cuenta atrás sigue bajando. La Navidad está llamando a nuestras puertas y hay quienes se resisten a renunciar a las reuniones familiares. Este año nos ha dejado sin todas nuestras fiestas más tradicionales, de hecho, muchas de ellas han sufrido su primera cancelación en lo que llevan de historia, pero a la Navidad no se renuncia, sólo hay que adaptarla a las circunstancias actuales. Los hechos nos han enseñado cómo el virus se propaga y, sinceramente, con tal de proteger a los seres que más queremos, no deberíamos necesitar ninguna justificación más para juntarnos.

Hace años era impensable vernos a través de una pantalla de teléfono, pero ahora la tecnología está a nuestro favor y siempre será mejor una videollamada y un “estoy bien” en la distancia que lamentar males mayores. A estas alturas del año hay que celebrar la Navidad pero también la salud si ésta no se ha visto afectada en esta pandemia. Motivos para sonreír siempre hay, únicamente hay que tener la voluntad de buscarlos. No importa la distancia cuando las prioridades son otras. Volveremos a reunirnos pero si no nos lo tomamos en serio, el año que viene puede venir con una tercera ola. Algo indeseable porque esta pandemia ya se ha cobrado demasiadas vidas. Seamos conscientes de que todo depende de nuestra responsabilidad individual y, aunque se tomen medidas, lo más efectivo siempre será el sentido común. 

Y será este sentido común, el que nos lleve a vivir estas fiestas de una forma diferente. No estoy diciendo que sea fácil renunciar a las tradiciones, pero llevamos demasiados meses adaptando nuestras vidas a la nueva realidad que nos ha tocado. Un último esfuerzo no es mucho pedir. Además, la vacuna ya está en boca de todos. La cuenta atrás para su llegada también ha comenzado. Ilusiona pensar que el final, aunque siga siendo incierto, está cada vez más cerca. Sólo por eso, la responsabilidad en estas fechas es fundamental.

Miramos al Año Nuevo con el optimismo por bandera, será un año de transición para recuperar la normalidad que el virus nos arrebató. Tenemos ganas de pasar página, pero para dejar atrás la pandemia tenemos que poner todos de nuestra parte. La receta de la felicidad no tiene unos ingredientes fijos, quizás sea el momento de adaptarla a las circunstancias. La Navidad está a la vuelta de la esquina, seguirá siendo la época de los sueños, de la ilusión y, por eso, me niego a renunciar a ella y, por supuesto, a todo lo que conlleva. Eso sí, siempre con la responsabilidad muy presente. Tengo claro que vivo de regalo desde hace muchos años y este virus no va a hacer que renuncie a estas fiestas. Ser feliz es lo que cuenta y la vida me enseñó que la actitud ante la adversidad es fundamental. Me adaptaré a la medidas establecidas, tomaré mis propias precauciones porque lo que verdaderamente me preocupa es la salud de todas las personas a las que quiero. La vida está para disfrutarla, pero también está para cuidarla. No olvidemos que en un segundo todo puede cambiar y toda precaución es buena. Ya vendrá el 2021 para mejorar al 2020, hasta entonces pongamos en práctica el sentido común. Nos irá mejor. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/18236/responsabilidad-individual

LUCES

Estrenamos el último mes del año. Un año difícil, duro y que, afortunadamente, tiene los días contados. Diciembre nos trae las fiestas más familiares y con ellas la incertidumbre de saber si podremos reunirnos con nuestros seres queridos. Todavía estamos afrontando la pandemia y, a pesar de las circunstancias, no es momento de bajar la guardia. Es cierto que en algunas ciudades de España las cifras de contagios están dando una tregua, pero aún así no hay que relajarse. Estamos pendientes de las medidas que se van a adoptar, pero quienes derrochan espíritu de Navidad harán todo lo posible para juntarse con los suyos. Eso entraña riesgos y lo peor sería que enero viniera no solo con su famosa cuesta sino con una tercera ola. Eso es mejor ni pensarlo porque también el 2021 nos traerá la vacuna, según dicen.

De momento, vivamos en el presente y disfrutemos de una Navidad marcada por el coronavirus pero, en definitiva, una Navidad. Las luces ya están encendidas y a juzgar por cómo estaban las calles el pasado fin de semana, los ciudadanos anhelamos el pasado. Será de las pocas veces que haya que tirar de recuerdos para desear que todo vuelva a ser como antes. Madrid, no solo presume de sus datos, sino que además su gente ha vuelto a llenar las calles. En la Gran Vía era difícil mantener la distancia de seguridad, pero las mascarillas estaban garantizadas. Los selfies y las fotos con la iluminación eran casi obligatorias, porque la ilusión de ver los árboles o la gigantesca bola te hacen olvidar, aunque solo sea por un momento, la cruda realidad que este año nos ha dejado. Nos guste o no la Navidad hay que celebrarla ya que la pandemia nos ha arrebatado demasiadas cosas. Obviamente habrá que adaptarla, pero me niego a renunciar a ella. 

En treinta días, a golpe de campanada diremos adiós a este horrible año. Es cierto que ha sido devastador, que nos ha borrado la sonrisa en algún momento pero no podemos doblegarnos a él. Hemos sido fuertes durante muchos meses, nos hemos adaptado, en la medida de lo posible, a todo lo que nos han pedido, pero estamos en la recta final y ya se habla de la vacuna. Una vacuna que en el mes de marzo parecía inalcanzable. El tiempo pasa. Las circunstancias parece que lo han ralentizado, pero diciembre ya está aquí. La última hoja del calendario es la que muchos queremos quitar. Paseaba el otro día por la Puerta del Sol y no pude no pensar en el Año Nuevo. Afortunadamente, la gente a la quiero tiene salud y con eso me conformo. Sé que sin ella pocas cosas se pueden hacer, por eso, este año aunque sea por videollamada abrazaré a los míos.

La cuenta atrás ha comenzado, las luces dan el pistoletazo con el que empieza a palparse el ambiente navideño. El sorteo del día 22 es el anuncio de que estamos en Navidad. Ya queda menos y, aunque entiendo que no a todos os pueden agradar las fiestas navideñas, de lo que estoy más que convencida es que la luz que no se puede apagar es la de la esperanza. Su verde tiene que iluminarnos a todos porque es el motor para salir de esta pesadilla. Ahora más que nunca, verde que te quiero verde.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17991/luces

SALVAR LA NAVIDAD

Un mes es lo queda para celebrar la Nochebuena. La cuenta atrás ha comenzado y las medidas para frenar la propagación del virus no dan tregua. Pretenden salvar la Navidad, pero realmente se trata de salvar vidas. Si no nos podemos reunir por el peligro que entraña hay que aceptarlo, asumirlo y pensar que el sacrificio de este año nos servirá para afrontar el 2021 con mejores perspectivas. No podemos olvidar todo lo que ha sucedido desde el mes de marzo. Vino la primera ola y arrasó. Ahora estamos intentando controlar la segunda y aunque la Navidad esté a la vuelta de la esquina hay que priorizar y no correr riesgos. Afortunadamente, la tecnología juega a nuestro favor. Siempre nos quedará la videollamada que nos ponga los ojos vidriosos por no poder estar con nuestros seres queridos, pero por otra parte, esos ojos también se pueden emocionar porque al otro lado se encuentra alguien a quien queremos y, afortunadamente, tiene salud. Dice el refrán que más vale prevenir que curar y todavía estamos a tiempo de asimilarlo. Llegará el día en el que nos abracemos y ese abrazo será, sin duda, el mejor regalo de que todo esto ha terminado. La esperanza está puesta en las vacunas y ya se oye hablar de ellas. Vamos superando, día a día, esta pandemia que nos ha arrebatado demasiadas cosas y todavía nos está dejando grandes lecciones. Aprender a valorar la vida es una ellas. Por eso, vivamos una Navidad diferente. Eso sí, no nos olvidemos que sigue siendo la época más entrañable del año.

Se encenderán las luces para iluminar nuestras calles. Unas calles que han estado desiertas, que también han estado sin vida y que, poco a poco, van recuperando ese trajín al que están acostumbradas. Llega el famoso Black Friday, llega la época de hacer regalos y crear ilusión a pesar de las circunstancias. Siempre digo que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y este año lo mejor han sido mensajes, llamadas, pequeños ratos de café… En definitiva, han sido momentos que de una manera o de otra me han recargado las reservas de fuerza para seguir mirando al futuro con mucha esperanza.

La esperanza es lo último que se pierde, así que aferrémonos a ella. Busquemos esas pequeñas cosas que nos sacan un sonrisa cada día. No siempre es fácil, pero la actitud lo es todo. Hay días que son una auténtica cuesta arriba y parece que todo nos supera, en cambio, hay otros que son más fáciles.

Buscar el equilibrio es complicado, pero está claro que cada mañana sale el sol. 

La vida no es un guion preestablecido. La vamos escribiendo de puño y letra, día a día, minuto a minuto, y segundo a segundo. De hecho, no se nos puede olvidar que en un segundo todo puede cambiar. Seamos conscientes de la responsabilidad individual. Usemos el sentido común. Entre todos doblegaremos la curva y recuperaremos la rutina que el virus se llevó. Estoy convencida de que todos echamos de menos algo del pasado… Ese algo que nos saca una sonrisa, que nos llena de nostalgia, pero que nos da vida… Hoy, por ejemplo, escribo estas palabras con una dosis extra de coraje y corazón. ¿Por qué será?

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17782/salvar-la-navidad

UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS

Los pacientes ingresados mucho tiempo en la UCI sufren secuelas psíquicas que han de ser tratadas. Un 33% padecen de síntomas de trastorno por estrés postraumático. Un 15% sufre depresión y otro 15% padece ansiedad.

Piénsese que han pasado por una situación crítica con un pronóstico muy incierto, han estado sedados, muy medicados, con ventilación asistida. Han sufrido desorientación espacio-temporal (sin saber exactamente si era de día o de noche, y sin ver la cara a los sanitarios). Padecen severa confusión, en algunos casos alucinaciones e ideas delirantes.

Añádase a lo antedicho, que la mayoría de los pacientes están inmóviles, ocasionalmente sujetos para evitar que se desconecten accidentalmente los tubos, e interactúan con muy pocas personas debido a que las familias no pueden visitarlos, y los sanitarios por protección, pasan poco tiempo en las habitaciones. 

Entendamos, que las respuestas psíquicas, emocionales, son (digamos), normales, en situaciones anormales. Los pacientes y en general evolucionan positivamente. Además quien ejerce la psicología le ayudará a discriminar lo vivido realmente, de lo imaginado, y a deshacerse de imágenes recurrentes e insidiosas así como de los terrores. 

Reseñemos que hay pacientes resilientes con gran capacidad de sobreponerse, tan es así, que alcanzan un desarrollo y mejora post-traumático, apreciando lo esencial, priorizando y reordenando su escala de valores. 

Hablemos ahora del síndrome post-UCI de los familiares, que no han podido acompañar a sus seres queridos en el hospital, solo han estado pendientes del teléfono. A la salida del centro sanitario, se convierten en cuidadores principales de los enfermos, y precisan también de apoyo para mantener su salud mental. Y es que quienes ejercen la psicología han de estar en las UCI, han de ser especializados, pues como dicen en HUCI (Humanizar los cuidados intensivos) “los cuerpos duelen, pero las almas sufren”; y a la salida del hospital con los pacientes y sus familiares cuidadores.

Al inicio nos encontraremos con quienes han sufrido delirium, y se muestran agitados. Padecen síndrome confusional, secuelas emocionales y trastornos cognitivos como alteraciones de la capacidad intelectual, déficit de atención y dificultades en sus capacidades de comunicación.

Sí, con apoyo psicológico de expertos, los familiares han de ayudar en la rehabilitación cognitiva, en la reeducación de la capacidad mental, de quien entre otros padece de trastornos del sueño, y una angustiosa sensación de desprotección, de fragilidad.

Javier Urra

Prof. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Académico de Número de la Academia de Psicología de España

DECISIONES CON TÍTULO DE PELÍCULA

Las medidas contra la pandemia se han endurecido en casi toda España. Es lógico ya que la situación en muchas Comunidades Autónomas es crítica. Las cifras no dan tregua y los hospitales están a punto de colapsar. Está claro que la segunda ola está dejando en evidencia que no hemos aprendido de los errores del pasado o, simplemente, que la responsabilidad individual está en entredicho. No es bueno generalizar pero sí es cierto que las medidas adoptadas están afectando a los sectores vinculados al ocio. Por mi tierra, Burgos, seguro que están echando de menos tomarse unas “tapitas”, pero la salud de todos prima sobre los efectos en la economía. De momento, y para ser sinceros, Madrid ha mejorado notablemente. Las medidas, tan cuestionadas, de la presidenta están dando sus frutos y los datos así lo corroboran. Espero que también sirvan esas cifras para quitarnos a los madrileños el estigma de ser los “supercontagiadores” del país.

Un país que ha estado pendiente de lo que sucedía en Estados Unidos mientras el Gobierno adoptaba medidas muy cuestionables. De “Salvar la Navidad” hemos pasado al “Ministerio de la Verdad”. Ni que estuviésemos viviendo una película, quizás el 2020 lo sea pero parece que ahora lo que se cuestiona es la información periodística. Como un jarro de agua fría ha caído ese anuncio en la profesión y no es para menos. Es cierto que las noticias falsas se propagan a una velocidad descomunal pero no está en los principios del periodismo su elaboración. Los medios y los periodistas, entre los que me incluyo, somos los responsables de hacer un buen trabajo y no podemos estar sometidos a la “censura” que quieren imponer desde Moncloa. Es cierto que todavía no han dicho cómo lo van a llevar a cabo, pero con la ocurrencia ya tenemos suficiente. De hecho, se la podían aplicar los propios miembros del Ejecutivo ya que en sus declaraciones han salido a la luz más de una declaración de dudosa veracidad que el tiempo ha demostrado su falsedad. Que den ejemplo es un buen principio y si no que se abstengan al buen trabajo periodístico. Quizás sea éste el que se les atragante, pero el artículo 20 de nuestra Constitución así lo avala. La libertad de prensa es incuestionable.

Como incuestionable es que el castellano es la lengua de todos a pesar de sus detractores, pero todo vale por mantener el poder o por sacar adelante unos presupuestos… Lo que nos queda por ver con tal de aferrarse a un sillón, mientras a diario mueren más de trescientas personas en el mejor de los casos. Me abruma la “normalización” que hemos hecho de la cifra de fallecidos. La insensibilidad a la que nos han llevado. Sería bueno hacer examen de conciencia porque en la película que nos quieren vender para salvar la Navidad se olvidan de que este año habrá un récord de ausencias.
Sinceramente, nos iría mejor si algunos políticos dejaran la demagogia a un lado y se preocuparan por los ciudadanos, porque las consecuencias de sus decisiones las pagamos los de siempre. Y a estas alturas del año, cuando el hartazgo y el desánimo están en alza, tonterías las justas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17382/decisiones-con-titulo-de-pelicula

EN LA SEGUNDA OLA

La noche de Halloween es la más terrorífica del año, pero nada comparable a como está siendo el 2020. Acabamos de estrenar el mes de noviembre y la situación no parece que esté mejorando. El número de contagios va en aumento y la cifra de muertos no da tregua. Las medidas se están tomando pero la eficacia de éstas está por ver. Sigo insistiendo en que el sentido común es la mejor arma con la que frenar la propagación del coronavirus. Además, los sanitarios necesitan la ayuda de todos porque llevan mucho tiempo al pie del cañón. 

Es cierto que la pandemia nos está marcando de una manera o de otra. No siempre se puede estar animado porque las fuerzas pueden ir flaqueando, pero no hay que dejarse llevar por la agonía, la ansiedad o por esos sentimientos que nos bloquean la esperanza de que cada día que pasa estamos más cerca del final. Un final incierto en el calendario que, sin duda, llegará. De momento, no se pueden hacer planes a largo plazo, quizás hayamos aprendido a valorar el presente. Un presente que pronto será pasado y que nos habrá dejado grandes lecciones. Estamos en el penúltimo mes del año, todos anhelamos dejar atrás el 2020 porque confiamos en el Año Nuevo. Posiblemente seguiremos pendientes de la Covid-19, aunque ojalá hayamos doblegado esta segunda ola. Esos buenos deseos, dependen, en gran parte, de la actitud y el comportamiento individual de los ciudadanos. 

Sabemos que la mascarilla, la distancia social y el lavado de manos son clave, pero a veces se nos olvida cumplir con estas tres simples recomendaciones. La mascarilla, por ejemplo, es incómoda, agobia y cualquier justificación es buena para bajársela, aunque para esto hay que escoger un buen momento. Quizás, las terrazas no son el lugar idóneo para prescindir de ella. La hostelería está en el punto de mira y en muchas ciudades ya han tomado las calles para reivindicar su seguridad. Insisto en la responsabilidad individual por el bien común. Llevamos meses luchando contra un virus que arrasó con miles de vidas en su primera ola y, ahora, parece que no hemos aprendido de los errores del pasado. Errores que la clase política ha querido olvidar, porque su interés está claro que va más allá de la salud de todos. El poder es lo que tiene aunque las consecuencias de sus arrogancias las vayamos a pagar los de siempre. 

Estamos a tiempo de reaccionar. Vivimos en estado de alarma, un estado de alarma que va más allá de lo que el Gobierno dice porque, en definitiva, el día a día conlleva muchas preocupaciones. No se trata de salvar la Navidad si es lo que pretenden. Se trata de superar una gran crisis que tiene muchos frentes y cuyas consecuencias son ya una realidad. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde así que veremos que nos depara el tiempo. Lo único que tengo claro es que no podemos bajar la guardia y que tenemos que seguir siendo fuertes. De la clase política mejor no hablamos, porque ellos mismos se han retratado, por eso, apostemos por la ciencia y los científicos porque de su mano vendrá la vacuna que marcará un antes y un después. Y eso es lo que verdaderamente necesitamos. 

Jimena Bañuelos (14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17165/en-la-segunda-ola

DEBILITAMIENTO

Percibimos decaimiento del ánimo individual, y del cuerpo social. El agotamiento emocional, la carencia de certidumbres, el inescrutable futuro nos entristece. Cunde la melancolía por lo que fue, el desasosiego por lo que debiera ser, la capitulación ante lo que nos viene impuesto. Nuestros deseos chocan contra la realidad, la mirada planetaria, no concede respuestas, la esperanza queda lastimada.

Fue Martín Seligman el que popularizó la denominada indefensión aprendida, que acontece cuando al percibir subjetivamente que no podemos variar la situación aversiva y no tener la capacidad de hacer nada, nos comportamos pasivamente.

Clínicamente es erróneo el diagnóstico que describe lo que nos acontece como indefensión aprendida, pues vivimos, o mejor dicho, padecemos una situación excepcional, objetiva, dañina y perturbadora. A cada uno de nosotros nos cabe el difícil reto del afrontamiento emocional, sin caer en un absurdo y ficticio positivismo, sin escapismos de la realidad, sin sobreactuar, o reflejarnos en espejismos de felicidad.

El miedo; la tristeza; el sentimiento de distanciamiento, de pérdida, de impotencia es normal, es lo normal. Y ante tanta incertidumbre, enfermos, muertos, negocios que cierran, personas en paro, nos cabe no solo compartir sensaciones, inquietudes, desalientos, penurias. Sino analizar la sobreinformación que nos invade, y limitarla. Focalizarnos en lo que está en nuestras posibilidades, desde la prevención, al mantenimiento de relaciones, sociales, la práctica de actividades gustosas, de deporte. 

La gestión emocional correcta, debe conducirnos a valorar lo que tenemos, a relativizar, a tomar perspectiva, a recordar desde nuestra psicohistoria lo que hemos superado en nuestra vida, confirmando la resiliencia de la que disponemos. En una situación tan problemática, hemos de posibilitar el buen humor, practicar el agradecimiento, sabernos útiles para otros congéneres, valorar el estar vivos, aprovechar el presente, disfrutar de las pequeñas cosas, que ahora sí, apreciamos.

Prioricemos lo esencial, la relación con los amigos, los familiares, uno mismo. Organicemos los tiempos, cuidemos la imagen, mostremos lo mejor de nosotros, aprovechemos para mejorar los hábitos de sueño, alimentación, aseo. Démonos momentos satisfactorios. No nos instalemos en un pasado que ya fue, ni en un futuro que no sabemos si será. Percibamos lo que siempre es cierto, que nos necesitamos unos a otros, que estamos irrenunciablemente incardinados, que somos comunidad.

Esta situación prolongada en el tiempo afecta a la vida cotidiana, derrama sensación de embotamiento y desesperanza. El impacto psicológico es severo y por ello hemos de potenciar las fortalezas personales, aceptar el cambio, reconquistar la percepción de control, normalizar el sufrimiento.

El afrontamiento funcional, adaptativo, nos dotará de compromiso y solidaridad, de capacidad de resistencia. En esta transacción biográfica con el contexto en que habitamos, hemos de impedir caer en conductas de evitación. Sigamos el principio estoico de aceptar el miedo, la tristeza, como parte de esta vida, pero no admitamos que nos gobierne.

Hemos de actuar para sentirnos bien (no al revés), y hacerlo según lo que estimamos importante, lo que nos indican nuestros valores. Para erradicar la percepción de incontrolabilidad, nos comprometeremos con persistencia en la acción, pues los actos, no son tanto consecuencia de nuestras emociones, sino de las decisiones que tomamos.

Javier Urra

Prof. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Académico de Número de la Academia de Psicología de España

ALARMA

Estamos a escasos días de despedir el mes de octubre, un mes que ha estado marcado por la evolución de la pandemia. Los datos no son nada buenos. Las medidas han llegado a cuenta gotas y no por igual en todo el territorio español. En Madrid hemos pasado por distintas fases, algo que generaba muchas dudas entre la población ante el desconocimiento de qué se podía hacer y qué no. Pues bien, después de visitar al Santo Padre, el presidente del Gobierno no tardó ni veinticuatro horas en decretar el Estado de Alarma en toda España. Un Estado de Alarma que en principio dura quince días y su prórroga está en manos del Congreso. Teniendo esto muy presente, Sánchez nos anunció que su pretensión es que dure hasta el nueve de mayo. Casi nada. En seis meses pueden pasar muchas cosas. No hay que olvidar que si analizamos los discursos de Fernando Simón no parece que la situación fuese tan crítica. En fin, entre políticos anda el juego porque parece que solo hay un interés en todo esto y no es precisamente el sanitario. Es una pena pero es lo que se palpa en el ambiente. La batalla política es evidente e innecesaria en estos tiempos. Nos aseguraron que de esta situación saldríamos más fuertes, algo que dudo bastante. Quizás sea mejor no hacer suposiciones y esperar a que llegue el final y ver cómo nos encontramos. 

Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, pero ésta puede estar cargada de duros recuerdos. No hay que olvidar que la cifra de los fallecidos no es únicamente un número. Son personas, son familias que han perdido a un ser querido. Estamos a escasos días de celebrar el Día de Muertos, un fiesta muy señalada en México. En estos tiempos de pandemia este ritual cobra especial significado. Rendirles un homenaje es algo que no podemos obviar y más cuando la soledad ha acompañado a muchas personas en sus últimos momentos de vida. Es triste pero es la realidad de este año. Un 2020 que pasará a la historia por su dureza y que de una manera o de otra nos ha marcado a todos. Es fácil decir que hay que ser fuerte, pero de la teoría a la práctica hay un trecho. Esta última es bastante más complicada porque requiere de mucha fuerza mental y, por supuesto, de una gran capacidad de adaptación. 

Nos decían en julio que habíamos derrotado al virus y no era cierto, pero la ansias por salvar el verano estaban ahí. Era obvio que en septiembre iba a llegar la segunda ola, ésta se adelantó a agosto y ahora no tenemos que sorprendernos por cómo estamos. En la responsabilidad individual de cada uno reside la clave para que la curva vaya en aumento o, por el contrario, descienda. Ha comenzado el Estado de Alarma, veremos como es su evolución. Por delante tenemos todo el mes de noviembre, de la Navidad mejor ni hablamos. Es el momento de vivir el día a día teniendo siempre las recomendaciones muy presentes. A mí, lo que realmente me alarma es que por encima de la salud esté primando el interés político. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/16980/alarma