A HOMBRES G 

Confieso que el sábado no “me levanté dando un salto mortal ni echando un par de huevos en mi sartén” porque lo que más anhelaba era un café que me espabilara después de “pasármelo bien”. Si hay que buscar a los responsables de esto, está claro que son los Hombres G

David Summers y compañía colgaron el cartel de no hay entradas en su concierto en el Palacio de Deportes de Madrid. Después de lo que hemos vivido, volver a llenar estos recintos es un chute de adrenalina tanto para los artistas como para su público. Reencontrarse siempre es bueno, y en esta ocasión “La esquina de Rowland” era la disculpa perfecta, y más que justificada, para acudir a escuchar a quienes son historia en la música de mi país. Presentaban su nuevo trabajo, un disco cargado de grandes temas, catorce concretamente. Uno de ellos es “Se me sale el corazón”, un dueto con el mexicano Carlos Rivera, pero que sin él también te llega muy profundo. Summers sabe transmitir sentimientos como nadie cuando está encima de un escenario. Reconozco que el público se entregó a Hombres G desde los primeros acordes. Es difícil resistir las emociones que todos llevamos dentro cuando los clásicos comienzan a sonar. Una mezcla de nostalgia nos envuelve a todos, pero las ganas de recuperar la normalidad que la pandemia nos arrebató de la noche a la mañana superan con creces las restricciones que todavía nos quedan. Precisamente, el último concierto que vi antes de que la Covid-19 lo cambiara todo fue de Hombres G en noviembre de 2019. Por cierto, fue una noche inolvidable como la del viernes.

Un viernes que se ha convertido en un recuerdo que ha marcado un antes y un después ya que me reencontré con la música en directo. Algo que echaba mucho de menos. Es cierto que “La esquina de Rowland” quedó un pelín eclipsado por los clásicos. Sin duda, esos temas nos hicieron vibrar a las miles de personas que allí nos encontrábamos. “Lo mejor estaba por llegar” porque ellos notaron que queríamos cantar, por eso, no dudaron en pedirnos que “Nos soltáramos el pelo” y “Visitáramos su bar” para darlo todo al ritmo que nos iban marcando. Estaba claro que nadie se iba a escapar del compás de “El ataque de las chicas cocodrilo» ni mucho menos del de “Marta tiene un marcapasos.» Por supuesto que hubo un momento en el que todos entonamos “Devuélme a mi chica” a pleno pulmón dejándonos la voz en la mascarilla, pero lo importe era que el Palacio de Deportes retumbara con esos acordes. También, musicalmente nos llevaron a “Venezia” y nos dejaron “Temblando” solo con “Un par de palabras.” 

Precisamente, palabras de cariño devolvió David Summers a su público de Madrid. Reconozco que me gusta vivir el presente. Esa lección ya la tenía aprendida antes de la pandemia porque la vida se encargó de ello. Es cierto que hay que “pasar página”, “ahora y siempre” pero, a veces, es bueno recapacitar en esas lecciones del pasado. Después de recordar esas dos horas de concierto y de tomarme ese café tan necesario no sé por qué me viene a la mente todo lo que he vivido y recuerdo que “Aún tengo la vida” mientras tarareo sin querer: “Me siento bien / Como si todo empezara otra vez /Me siento bien/ Me siento bien / Es como un despertar /Una luz especial /Es como un sueño pero real / Me siento bien/ Fenomenal.”

Y con esa actitud la vida te tiene que sonreír, como las sonrisas que nos sacaron los Hombres G. Gracias por ese par de horas de vuelta a la normalidad perdida. Decía Tolstoi: “La música es la taquigrafía de la emoción”. Y lo es. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace de El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/27640/a-hombres-g

Alejandro Fernández, el alma de México en Madrid

El reloj marcaba las nueve y media de la noche y tras escuchar a una persona de la organización decir: “ahorita empieza” supe que Alejandro Fernández se iba a hacer de rogar, porque cuando juntas a un mexicano con este adverbio el reloj no entiende de minutos… ¡Ay cuántos recuerdos en una sola palabra!

A la mañana siguiente, yo misma dije: “ahorita me pongo a escribir”… y hasta hoy. Así que no seré yo quien critique al mexicano por su retraso y más cuando arrancó el concierto con En lo correcto, un tema que me encanta. Llevaba meses esperando esta cita y ahora solo me tocaba disfrutarla y ver el torrente de voz del que Alejandro Fernández puede presumir.

Alejandro Fernández en el WiZink Center de Madrid

Rompiendo Fronteras es el nombre de esta gira y Alejandro Fernández sabe lo que es que te quieran lejos de tu tierra natal. El público llenó el WiZink Center de Madrid y aunque estuvo casi dos horas rendido a las canciones del mexicano le costaba despedirse de él. En la primera parte del espectáculo entonó grandes temas como Quiero que vuelvas, Pude, Inocente, Tienes que entender, Me dediqué a perderte, Canta Corazón, Qué voy a hacer con mi amor… y puso el broche final con Sé que te duele. La euforia ya se había apoderado de todos los asistentes pero ahí no quedó la cosa. Tras unos minutos de incertidumbre y sabiendo que el concierto no había terminado, este compadre nos hizo el mejor regalo. Salió el mariachi, él vestido para la ocasión y luciendo el sombrero charro… Todo esto supuso que la alegría brotara por todos los rincones del antiguo Palacio de Deportes. A mí, particularmente, me tocó el corazón y me puso la carne de gallina. Los recuerdos de México, entre ellos, la gente a la que extraño a diario, estuvieron, por un momento, más cerca que de costumbre. Guadalajara, ¡Ay! Jalisco no te rajes, Mátalas (con un  homenaje a la mujer) o Loco fueron algunas de las rancheras que marcaron el compás hasta que “el rey” quiso poner punto final a la noche.

Pero no hay concierto que se precie sin que el público reclame los bises y vitoree el nombre del artista. Nadie se movió de su sitio porque Alejandro Fernández tenía que volver a salir. Y lo hizo para dejarnos a todos con la boca abierta rindiendo un homenaje a Juan Gabriel. La gente que no está nos ha enseñado muchas cosas y nos ha dejado su legado algo que puso en valor Alejandro Fernández antes de interpretar Que seas muy feliz.

Y con la sonrisa en la cara, la felicidad por bandera y al ritmo de mariachi, el público abandonó el recinto no sin antes gritar en varias ocasiones Viva México y Viva España. Esperemos que no tarde en regresar nuestro compadre Fernández porque en aunque ya lo estamos extrañando, se despidió sin decir… “ahorita vuelvo”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Ricky Martin: Pura Adrenalina

Se apagó la luz y se oyeron los primeros gritos. Así comienza el ritual de todos los conciertos. Ya quedaban pocos segundos para ver sobre el escenario del antiguo Palacio de Deportes a Ricky Martin. Tras un juego de luces rojas y blancas, sonaron los primeros acordes y la adrenalina ya estaba en niveles más que elevados.

Con el móvil en lo alto y las gargantas más que preparadas, todos los asistentes comenzamos a bailar al ritmo que fue marcando el puertorriqueño. Su primera canción fue en inglés y muchos se la tomaron como un calentamiento para las casi dos horas que quedaban por delante. Porque si hay algo que define a Ricky Martin es que derrocha energía en todo lo que hace.

Sin perder ni un minuto se fueron sucediendo los primeros temas hasta que Ricky saludó a su público de Madrid. Nos pidió que cantáramos, que bailáramos, pero sobre todo que disfrutáramos y lo pasáramos bien. Porque si hay algo importante en la vida es aprovechar cada momento. Acompañada por Rosa y por Ana fuimos siguiendo el frenético ritmo del concierto. Y fue con Vente Pa’ Aca cuando estalló la euforia en todos los fans, ya que antes y con cierto asombro escuchamos una versión algo peculiar, por lenta me refiero, de She Bangs.

Ricky Martin en pleno baile en Madrid

Siempre hay alguna anécdota y en esta ocasión me quedo por decirlo de alguna manera con el bilingüismo que está ahora tan de moda. Ricky Martin cantó Living la vida Loca y The Cup of Life en inglés pero cuando el público tomaba la palabra lo hacía en español. Unimos nuestras voces, pero sobre el escenario se oía una versión y en la pista otra. Algo curioso, pero eso sí, bien sincronizado.

Dejando al margen esto, no faltaron a la cita míticas canciones como María, La Bomba, Por arriba, por abajo… y a estas alturas del concierto el público ya estaba más que enamorado porque antes de hacernos bailar nos dio un disparo al corazón con sus baladas. Y es que cuando Ricky se pone tierno solo se oyen suspiros a tu alrededor.

Pero como todo lo bueno se acaba, ya sin voz pero con más ganas si cabe que al principio, sonó la más esperada de la noche. La mordidita puso el broche final a un concierto difícil de olvidar.

Y llegados a este punto, me permito decirle a Ricky Martin que canté, que bailé, que disfruté y que me lo pasé más que bien. Así que: Misión Cumplida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)