Para esos valientes del Sant Joan de Déu

Cargada de sentimientos se presentó la noche del sábado. Unos sentimientos de esos que pellizcan el corazón y te ponen la carne de gallina. Los que me conocen pueden pensar que estoy hablando de mis sentimientos rojiblancos, pero hay algo mucho más importa a que tu equipo gane o pierda. El sábado, acompañada por buenos amigos, reviví la victoria más importe de mi vida. No me dio tres puntos. De momento, me ha dado diez años más de vida. Y eso, no hay partido de fútbol que pueda igualarlo.

En el Hotel Arts de Barcelona se vivió una noche de lo más solidaria. Bajo el lema “Ajuda’ns a Créixer” y a beneficio del Servicio de Oncología del Hospital Sant Joan de Déu cenamos pensando en la importancia de unirnos para hacer frente al que, sin duda, es nuestro rival común. Cuando el cáncer se cruza en tu vida, las prioridades cambian. A mí, la leucemia me llegó con veintiún años y fue muy duro. Recuerdo los largos días en el hospital, los ciclos de quimio, la espera de las buena noticias, las muchas inyecciones que me pusieron, las temibles punciones medulares… Fueron muchas cosas negativas pero aun así tenía momentos buenos. La sonrisa era mi mejor escudo, mi familia y amigos fueron mis fieles compañeros de batalla y mis doctores se encargaban de crear la estrategia a seguir en esta batalla. Un batalla que tuvo su punto de inflexión en el día que me dijeron que tenía un donante de médula. Eso si que es un premio, y de los gordos. Ahí todo cambió. Y aunque las fuerzas me flojearan, esa “inyección” de ánimo que llegó desde Alemania, me llenó de optimismo y valentía para afrontar el trasplante de médula que tanto anhelaba.

fullsizerenderPues bien, si eso es lo que viví hace diez años, el sábado volvió a pasar todo por mi mente. Mi mesa tenía en un cártel el nombre de Ariadna, una amiga que siempre estará en mi corazón. Si ya es duro lidiar esta batalla siendo adulto, no me quiero ni imaginar como tiene que ser siendo un niño. Lo que hace el Hospital Sant Joan de Déu es impresionante. Sus comienzos no fueron fáciles pero juntando el trabajo de los profesionales y la solidaridad de todos está claro que se logran los objetivos. Y ahora más que nunca, hay que aliarse para hacer frente, de la mejor manera posible, al cáncer que trunca la infancia de los más pequeños. Si la unión hace la fuerza, unámonos con la solidaridad por bandera.

Y si hablamos de banderas, la mía también estuvo en esta noche solidaria. Sonó el Color Esperanza y aunque conseguí retener mis lágrimas en los ojos durante toda la velada; al final con esta canción llegó el momento de dejarlas salir. El tiempo cura las heridas, va borrando los recuerdos pero hay cicatrices muy arraigadas, no a la piel, sino al corazón. Emocionarme en los primeros acordes de está canción es normal. No lloro por que me ponga triste, lloro porque al final de los casi cuatro minutos que dura, me lleva al pasado para cargarme de fuerza y energía para el futuro.

Ahora puedo afirmar que Aun tengo la vida, precisamente, para vivirla. Así que pensando en los pequeños valientes, que están luchando con todo su “coraje y corazón”, dado el día que era, espero que muy pronto “batalla a batalla” se conviertan en los héroes de una guerra, que sin duda, los hará más fuertes.

El sábado mi lugar no era el Vicente Calderón, mi sitio estaba en la Ciudad Condal y mi corazón se unía al del Servicio de Oncología del Sant Joan de Déu y a sus pacientes y familiares. ¡Ahí tenía que estar!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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Sentimiento colchonero al cien por cien

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Partido a partido, el Atlético de Madrid nunca deja de creer

Poco más de veinticuatro horas quedan para que el Atlético de Madrid enderece la mala racha que lleva en la Liga. No es por nada pero la mejor motivación para saltar al terreno de juego, con una dosis extra de coraje y corazón, se llama Real Madrid. Es la última vez que en el Vicente Calderón se vivirá el derbi. Así que como decía Luis Aragonés solo vale ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Y eso es lo que esperamos quienes tenemos las rayas por bandera.

Aun hay tiempo para preparar la equipación con la que se vivirá el cara a cara con mayúsculas. La camiseta, la bandera y las pinturas están listas. Si hablamos de la garganta, tiene potencia de sobra para animar a los míos. Y en cuanto al corazón… palpitará con un ritmo más acelerado, pero nada nuevo, es la rutina a la que los colchoneros le tenemos acostumbrado. Mi particular previa al encuentro ya está hecha. Mis apuestas van a caballo ganador. Porque no dudo de que el regreso a Concha Espina de algunos será más duro de lo que se creen. Pero así es el futbol…o mejor dicho, así es mi versión rojiblanca del futbol…

A estas alturas de la semana, muchos han sido los comentarios merengues que han llegado a mis oídos. Afortunadamente, escucho y callo, porque el que calla otorga. Y mañana serán otros los que enmudecerán… Y a mí no me quedará voz para dar ánimos… En fin, tengo ganas de cantar mi himno, de gritar los goles colchoneros, de ver la cara, que no los abdominales, de desesperación del de siempre…

La cuenta atrás ha comenzado, minuto a minuto el ambiente se va caldeando… los indios abarrotarán la ribera del Manzanares, los vikingos serán bienvenidos, eso sí, después de noventa minutos… a llorar a la Cibeles.

¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

 

David de María: sentimiento en estado puro

Cuando se trata de tomar decisiones unas veces se tarda más tiempo que otras, pero si la música está por medio y hablamos de un concierto, en segundos está todo claro. Al menos, esa fue mi reacción ante la propuesta de una amiga para ir a ver a David de María. Reconozco que me ilusionaba ver a este gaditano en directo pero a la vez tenía muchas dudas sobre lo que me esperaba en el teatro Barceló de Madrid. Pues bien, esos interrogantes que me rondaban los días previos fueron resueltos con una notaza. David de María enamoró al público no sólo cantando Séptimo Cielo sino recordando grandes temas de su carrera musical. Además, hubo sorpresas hasta el final…

Desde el primer momento, el público le estaba esperando pero él también esperaba al público de Madrid. En esta ocasión la cita fue cerca de Tribunal y no como dice una de sus canciones en “la parada de Sol”. Con un sentimiento que no podía disimular fue derrochando todo su talento canción a canción y es que con guitarra o sin ella, David es capaz de poner los pelos de punta a cualquiera. Porque cuando el corazón habla no hace falta añadir ninguna palabra más. Al menos, sus golpes en el pecho lo decían todo.

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En el teatro Barceló de Madrid

Pasaban los minutos demasiado deprisa, las canciones iban dejando mi voz con menos fuerza pero eso era lo de menos. De hecho, Que yo no quiero problemas, una de mis favoritas, me dejó sin voz y con las pulsaciones algo aceleradas de los muchos recuerdos que ésta me trae. Pero ahí no quedó la cosa. Este orgulloso papá compartió escenario con grandes amigos. Uno de ellos fue Antonio Carmona y lo mejor el homenaje que hicieron. En abril de este año, la música se quedó huérfana con la pérdida de Manolo Tena. ¿Quién no ha tarareado alguna vez su Pasión Gitana? Pues ni más ni menos, este temazo hizo que todos nos uniéramos a este dueto tan especial. El colofón final, o mejor dicho, la revolución final llegó cuando pisó el escenario Tomasito. Sin duda, tanto jerezano junto me hizo acordarme de una parte de mi familia que por culpa de la distancia veo poco.

Y así, con este grupo de amigos y un ritmo más que flamenquito, David de María se despidió de su público. Las despedidas no siempre son amargas porque esperemos que vuelvas pronto por Madrid. Y como ya he dicho antes: Te espero en la parada de Sol.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)