RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

Y la cuenta atrás sigue bajando. La Navidad está llamando a nuestras puertas y hay quienes se resisten a renunciar a las reuniones familiares. Este año nos ha dejado sin todas nuestras fiestas más tradicionales, de hecho, muchas de ellas han sufrido su primera cancelación en lo que llevan de historia, pero a la Navidad no se renuncia, sólo hay que adaptarla a las circunstancias actuales. Los hechos nos han enseñado cómo el virus se propaga y, sinceramente, con tal de proteger a los seres que más queremos, no deberíamos necesitar ninguna justificación más para juntarnos.

Hace años era impensable vernos a través de una pantalla de teléfono, pero ahora la tecnología está a nuestro favor y siempre será mejor una videollamada y un “estoy bien” en la distancia que lamentar males mayores. A estas alturas del año hay que celebrar la Navidad pero también la salud si ésta no se ha visto afectada en esta pandemia. Motivos para sonreír siempre hay, únicamente hay que tener la voluntad de buscarlos. No importa la distancia cuando las prioridades son otras. Volveremos a reunirnos pero si no nos lo tomamos en serio, el año que viene puede venir con una tercera ola. Algo indeseable porque esta pandemia ya se ha cobrado demasiadas vidas. Seamos conscientes de que todo depende de nuestra responsabilidad individual y, aunque se tomen medidas, lo más efectivo siempre será el sentido común. 

Y será este sentido común, el que nos lleve a vivir estas fiestas de una forma diferente. No estoy diciendo que sea fácil renunciar a las tradiciones, pero llevamos demasiados meses adaptando nuestras vidas a la nueva realidad que nos ha tocado. Un último esfuerzo no es mucho pedir. Además, la vacuna ya está en boca de todos. La cuenta atrás para su llegada también ha comenzado. Ilusiona pensar que el final, aunque siga siendo incierto, está cada vez más cerca. Sólo por eso, la responsabilidad en estas fechas es fundamental.

Miramos al Año Nuevo con el optimismo por bandera, será un año de transición para recuperar la normalidad que el virus nos arrebató. Tenemos ganas de pasar página, pero para dejar atrás la pandemia tenemos que poner todos de nuestra parte. La receta de la felicidad no tiene unos ingredientes fijos, quizás sea el momento de adaptarla a las circunstancias. La Navidad está a la vuelta de la esquina, seguirá siendo la época de los sueños, de la ilusión y, por eso, me niego a renunciar a ella y, por supuesto, a todo lo que conlleva. Eso sí, siempre con la responsabilidad muy presente. Tengo claro que vivo de regalo desde hace muchos años y este virus no va a hacer que renuncie a estas fiestas. Ser feliz es lo que cuenta y la vida me enseñó que la actitud ante la adversidad es fundamental. Me adaptaré a la medidas establecidas, tomaré mis propias precauciones porque lo que verdaderamente me preocupa es la salud de todas las personas a las que quiero. La vida está para disfrutarla, pero también está para cuidarla. No olvidemos que en un segundo todo puede cambiar y toda precaución es buena. Ya vendrá el 2021 para mejorar al 2020, hasta entonces pongamos en práctica el sentido común. Nos irá mejor. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LUCES

Estrenamos el último mes del año. Un año difícil, duro y que, afortunadamente, tiene los días contados. Diciembre nos trae las fiestas más familiares y con ellas la incertidumbre de saber si podremos reunirnos con nuestros seres queridos. Todavía estamos afrontando la pandemia y, a pesar de las circunstancias, no es momento de bajar la guardia. Es cierto que en algunas ciudades de España las cifras de contagios están dando una tregua, pero aún así no hay que relajarse. Estamos pendientes de las medidas que se van a adoptar, pero quienes derrochan espíritu de Navidad harán todo lo posible para juntarse con los suyos. Eso entraña riesgos y lo peor sería que enero viniera no solo con su famosa cuesta sino con una tercera ola. Eso es mejor ni pensarlo porque también el 2021 nos traerá la vacuna, según dicen.

De momento, vivamos en el presente y disfrutemos de una Navidad marcada por el coronavirus pero, en definitiva, una Navidad. Las luces ya están encendidas y a juzgar por cómo estaban las calles el pasado fin de semana, los ciudadanos anhelamos el pasado. Será de las pocas veces que haya que tirar de recuerdos para desear que todo vuelva a ser como antes. Madrid, no solo presume de sus datos, sino que además su gente ha vuelto a llenar las calles. En la Gran Vía era difícil mantener la distancia de seguridad, pero las mascarillas estaban garantizadas. Los selfies y las fotos con la iluminación eran casi obligatorias, porque la ilusión de ver los árboles o la gigantesca bola te hacen olvidar, aunque solo sea por un momento, la cruda realidad que este año nos ha dejado. Nos guste o no la Navidad hay que celebrarla ya que la pandemia nos ha arrebatado demasiadas cosas. Obviamente habrá que adaptarla, pero me niego a renunciar a ella. 

En treinta días, a golpe de campanada diremos adiós a este horrible año. Es cierto que ha sido devastador, que nos ha borrado la sonrisa en algún momento pero no podemos doblegarnos a él. Hemos sido fuertes durante muchos meses, nos hemos adaptado, en la medida de lo posible, a todo lo que nos han pedido, pero estamos en la recta final y ya se habla de la vacuna. Una vacuna que en el mes de marzo parecía inalcanzable. El tiempo pasa. Las circunstancias parece que lo han ralentizado, pero diciembre ya está aquí. La última hoja del calendario es la que muchos queremos quitar. Paseaba el otro día por la Puerta del Sol y no pude no pensar en el Año Nuevo. Afortunadamente, la gente a la quiero tiene salud y con eso me conformo. Sé que sin ella pocas cosas se pueden hacer, por eso, este año aunque sea por videollamada abrazaré a los míos.

La cuenta atrás ha comenzado, las luces dan el pistoletazo con el que empieza a palparse el ambiente navideño. El sorteo del día 22 es el anuncio de que estamos en Navidad. Ya queda menos y, aunque entiendo que no a todos os pueden agradar las fiestas navideñas, de lo que estoy más que convencida es que la luz que no se puede apagar es la de la esperanza. Su verde tiene que iluminarnos a todos porque es el motor para salir de esta pesadilla. Ahora más que nunca, verde que te quiero verde.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SALVAR LA NAVIDAD

Un mes es lo queda para celebrar la Nochebuena. La cuenta atrás ha comenzado y las medidas para frenar la propagación del virus no dan tregua. Pretenden salvar la Navidad, pero realmente se trata de salvar vidas. Si no nos podemos reunir por el peligro que entraña hay que aceptarlo, asumirlo y pensar que el sacrificio de este año nos servirá para afrontar el 2021 con mejores perspectivas. No podemos olvidar todo lo que ha sucedido desde el mes de marzo. Vino la primera ola y arrasó. Ahora estamos intentando controlar la segunda y aunque la Navidad esté a la vuelta de la esquina hay que priorizar y no correr riesgos. Afortunadamente, la tecnología juega a nuestro favor. Siempre nos quedará la videollamada que nos ponga los ojos vidriosos por no poder estar con nuestros seres queridos, pero por otra parte, esos ojos también se pueden emocionar porque al otro lado se encuentra alguien a quien queremos y, afortunadamente, tiene salud. Dice el refrán que más vale prevenir que curar y todavía estamos a tiempo de asimilarlo. Llegará el día en el que nos abracemos y ese abrazo será, sin duda, el mejor regalo de que todo esto ha terminado. La esperanza está puesta en las vacunas y ya se oye hablar de ellas. Vamos superando, día a día, esta pandemia que nos ha arrebatado demasiadas cosas y todavía nos está dejando grandes lecciones. Aprender a valorar la vida es una ellas. Por eso, vivamos una Navidad diferente. Eso sí, no nos olvidemos que sigue siendo la época más entrañable del año.

Se encenderán las luces para iluminar nuestras calles. Unas calles que han estado desiertas, que también han estado sin vida y que, poco a poco, van recuperando ese trajín al que están acostumbradas. Llega el famoso Black Friday, llega la época de hacer regalos y crear ilusión a pesar de las circunstancias. Siempre digo que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y este año lo mejor han sido mensajes, llamadas, pequeños ratos de café… En definitiva, han sido momentos que de una manera o de otra me han recargado las reservas de fuerza para seguir mirando al futuro con mucha esperanza.

La esperanza es lo último que se pierde, así que aferrémonos a ella. Busquemos esas pequeñas cosas que nos sacan un sonrisa cada día. No siempre es fácil, pero la actitud lo es todo. Hay días que son una auténtica cuesta arriba y parece que todo nos supera, en cambio, hay otros que son más fáciles.

Buscar el equilibrio es complicado, pero está claro que cada mañana sale el sol. 

La vida no es un guion preestablecido. La vamos escribiendo de puño y letra, día a día, minuto a minuto, y segundo a segundo. De hecho, no se nos puede olvidar que en un segundo todo puede cambiar. Seamos conscientes de la responsabilidad individual. Usemos el sentido común. Entre todos doblegaremos la curva y recuperaremos la rutina que el virus se llevó. Estoy convencida de que todos echamos de menos algo del pasado… Ese algo que nos saca una sonrisa, que nos llena de nostalgia, pero que nos da vida… Hoy, por ejemplo, escribo estas palabras con una dosis extra de coraje y corazón. ¿Por qué será?

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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RESILIENCIA

“Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”, es decir, resiliencia. Una palabra que muchos han conocido cuando empezó la pandemia, otra cosa es ponerla en práctica. La capacidad de adaptarse a las circunstancias es fundamental para afrontar todos los cambios que estamos experimentando día a día. A estas alturas todos somos conscientes de la situación tan complicada que vivimos. La incertidumbre de no saber cuando terminará nos agobia, nos angustia pero tenemos que aliarnos con la esperanza porque cada vez está más cerca la salida de este túnel. Queremos dejar atrás el 2020 cuanto antes y cada vez queda menos. Es cierto que antes tenemos que celebrar la Navidad. Una Navidad que va a seguir existiendo a pesar de las circunstancias. Quizás no podamos hacer grandes reuniones, pero lo más importante es velar por la salud de todas las personas a las que queremos. 

La salud, a estas alturas del año, es lo más valorado y estos días preocupa la situación por la que están atravesando muchas ciudades. La curva de contagios está ascendiendo sin control y hasta que veamos los resultados de las medidas adoptadas aún quedan muchos días. Es cierto que la gestión en Madrid, a pesar de las críticas que ha recibido, es un claro ejemplo de cómo se puede doblegar la curva. Eso sí, no se puede bajar la guardia ni confiarse en exceso. No se pueden repetir los errores del pasado porque las consecuencias del verano las estamos pagando desde el mes de septiembre. 

Afortunadamente, no todo son malas noticias si nos centramos en la pandemia porque el anuncio de la vacuna ha sida una inyección de moral para muchos. Aferrarse a la ilusión de que el final está más cerca, es una ayuda muy necesaria dado el agotamiento mental que cada vez está más presente. La posibilidad de recuperar lo que el coronavirus nos arrebató de la noche a la mañana significa hacer realidad lo que llevamos meses soñando. Está claro que hemos aprendido a valorar todo lo que antes era insignificante. La vida da lecciones que marcan un antes y un después. Este año es, sin duda, un master de resiliencia porque vivimos al día, con cambios permanentes y muchos de ellos se van a quedar más tiempo del que nos creemos. Adaptarnos es fundamental y ahí nace la fuerza para afrontar todo lo que venga. La incertidumbre no suele ser buena compañera de vida, pero es mejor estar preparado para reaccionar ante ella a que ésta nos pille desprevenidos.

Seamos conscientes de la realidad. Seamos responsables y aceptemos que no se trata de “Salvar la Navidad”, se trata de salvar vidas, porque la cifra de muertos es escalofriante y lo triste es que muchos ven en ella solo un número. Un número, no olvidemos, que tiene nombre y apellidos. Una familia que llora su ausencia, una ausencia que se notará en las próximas fiestas. Por eso, centrémonos en cuidar de los nuestros y aceptemos que esta Navidad será diferente, pero será una buena Navidad si podemos celebrar que nuestros seres queridos están bien a pesar de las circunstancias. La tecnología juega a nuestro favor y una videollamada puede ser el mejor regalo que podemos recibir. Yo lo tengo claro. La salud es lo primero y a ser resiliente ya me enseñó la vida hace unos años. Hay lecciones que no se olvidan.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DECISIONES CON TÍTULO DE PELÍCULA

Las medidas contra la pandemia se han endurecido en casi toda España. Es lógico ya que la situación en muchas Comunidades Autónomas es crítica. Las cifras no dan tregua y los hospitales están a punto de colapsar. Está claro que la segunda ola está dejando en evidencia que no hemos aprendido de los errores del pasado o, simplemente, que la responsabilidad individual está en entredicho. No es bueno generalizar pero sí es cierto que las medidas adoptadas están afectando a los sectores vinculados al ocio. Por mi tierra, Burgos, seguro que están echando de menos tomarse unas “tapitas”, pero la salud de todos prima sobre los efectos en la economía. De momento, y para ser sinceros, Madrid ha mejorado notablemente. Las medidas, tan cuestionadas, de la presidenta están dando sus frutos y los datos así lo corroboran. Espero que también sirvan esas cifras para quitarnos a los madrileños el estigma de ser los “supercontagiadores” del país.

Un país que ha estado pendiente de lo que sucedía en Estados Unidos mientras el Gobierno adoptaba medidas muy cuestionables. De “Salvar la Navidad” hemos pasado al “Ministerio de la Verdad”. Ni que estuviésemos viviendo una película, quizás el 2020 lo sea pero parece que ahora lo que se cuestiona es la información periodística. Como un jarro de agua fría ha caído ese anuncio en la profesión y no es para menos. Es cierto que las noticias falsas se propagan a una velocidad descomunal pero no está en los principios del periodismo su elaboración. Los medios y los periodistas, entre los que me incluyo, somos los responsables de hacer un buen trabajo y no podemos estar sometidos a la “censura” que quieren imponer desde Moncloa. Es cierto que todavía no han dicho cómo lo van a llevar a cabo, pero con la ocurrencia ya tenemos suficiente. De hecho, se la podían aplicar los propios miembros del Ejecutivo ya que en sus declaraciones han salido a la luz más de una declaración de dudosa veracidad que el tiempo ha demostrado su falsedad. Que den ejemplo es un buen principio y si no que se abstengan al buen trabajo periodístico. Quizás sea éste el que se les atragante, pero el artículo 20 de nuestra Constitución así lo avala. La libertad de prensa es incuestionable.

Como incuestionable es que el castellano es la lengua de todos a pesar de sus detractores, pero todo vale por mantener el poder o por sacar adelante unos presupuestos… Lo que nos queda por ver con tal de aferrarse a un sillón, mientras a diario mueren más de trescientas personas en el mejor de los casos. Me abruma la “normalización” que hemos hecho de la cifra de fallecidos. La insensibilidad a la que nos han llevado. Sería bueno hacer examen de conciencia porque en la película que nos quieren vender para salvar la Navidad se olvidan de que este año habrá un récord de ausencias.
Sinceramente, nos iría mejor si algunos políticos dejaran la demagogia a un lado y se preocuparan por los ciudadanos, porque las consecuencias de sus decisiones las pagamos los de siempre. Y a estas alturas del año, cuando el hartazgo y el desánimo están en alza, tonterías las justas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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EN LA SEGUNDA OLA

La noche de Halloween es la más terrorífica del año, pero nada comparable a como está siendo el 2020. Acabamos de estrenar el mes de noviembre y la situación no parece que esté mejorando. El número de contagios va en aumento y la cifra de muertos no da tregua. Las medidas se están tomando pero la eficacia de éstas está por ver. Sigo insistiendo en que el sentido común es la mejor arma con la que frenar la propagación del coronavirus. Además, los sanitarios necesitan la ayuda de todos porque llevan mucho tiempo al pie del cañón. 

Es cierto que la pandemia nos está marcando de una manera o de otra. No siempre se puede estar animado porque las fuerzas pueden ir flaqueando, pero no hay que dejarse llevar por la agonía, la ansiedad o por esos sentimientos que nos bloquean la esperanza de que cada día que pasa estamos más cerca del final. Un final incierto en el calendario que, sin duda, llegará. De momento, no se pueden hacer planes a largo plazo, quizás hayamos aprendido a valorar el presente. Un presente que pronto será pasado y que nos habrá dejado grandes lecciones. Estamos en el penúltimo mes del año, todos anhelamos dejar atrás el 2020 porque confiamos en el Año Nuevo. Posiblemente seguiremos pendientes de la Covid-19, aunque ojalá hayamos doblegado esta segunda ola. Esos buenos deseos, dependen, en gran parte, de la actitud y el comportamiento individual de los ciudadanos. 

Sabemos que la mascarilla, la distancia social y el lavado de manos son clave, pero a veces se nos olvida cumplir con estas tres simples recomendaciones. La mascarilla, por ejemplo, es incómoda, agobia y cualquier justificación es buena para bajársela, aunque para esto hay que escoger un buen momento. Quizás, las terrazas no son el lugar idóneo para prescindir de ella. La hostelería está en el punto de mira y en muchas ciudades ya han tomado las calles para reivindicar su seguridad. Insisto en la responsabilidad individual por el bien común. Llevamos meses luchando contra un virus que arrasó con miles de vidas en su primera ola y, ahora, parece que no hemos aprendido de los errores del pasado. Errores que la clase política ha querido olvidar, porque su interés está claro que va más allá de la salud de todos. El poder es lo que tiene aunque las consecuencias de sus arrogancias las vayamos a pagar los de siempre. 

Estamos a tiempo de reaccionar. Vivimos en estado de alarma, un estado de alarma que va más allá de lo que el Gobierno dice porque, en definitiva, el día a día conlleva muchas preocupaciones. No se trata de salvar la Navidad si es lo que pretenden. Se trata de superar una gran crisis que tiene muchos frentes y cuyas consecuencias son ya una realidad. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde así que veremos que nos depara el tiempo. Lo único que tengo claro es que no podemos bajar la guardia y que tenemos que seguir siendo fuertes. De la clase política mejor no hablamos, porque ellos mismos se han retratado, por eso, apostemos por la ciencia y los científicos porque de su mano vendrá la vacuna que marcará un antes y un después. Y eso es lo que verdaderamente necesitamos. 

Jimena Bañuelos (14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17165/en-la-segunda-ola

DECIDIR

En la vida hay que tomar decisiones. Unas veces se acierta y otras veces se aprende del error. Esto es así. Estamos rodeados de incertidumbres y la capacidad para tomar esas decisiones depende, entre otras cosas, de valorar los pros y los contras de éstas. Es cierto, que desde que comenzara la pandemia cada persona se ha tenido que amoldar a ella. Hay quien lo lleva mejor y hay quien no ve un final en esta cuesta arriba. Es complicado mantener el ánimo cuando tu entorno es duro, pero estoy convencida de que los españoles todavía tenemos fuerza para salir adelante. Se avecinan, por lo que dicen, unos meses complicados, pero tenemos que ser conscientes de todo lo que ya hemos superado. Ahora bien, lo que no ayuda siempre estorba y dado que el camino a la cima esta siendo difícil no hay necesidad de ponernos trabas. Está claro que lo que prima es la salud y así debe de ser, pero es vergonzoso ver el enfrentamiento político que hay en estos momentos. 

Sin duda, el hartazgo con la clase política también se palpa en el ambiente. El poder es lo que tiene, pero es injustificable estar todos los días escuchando reproches de unos contra otros mientras el virus sigue contagiando. Es obvio que hay que tomar medidas, pero éstas tienen que ser fruto, en este caso, de un consenso. Los números no suelen mentir, es más, son las personas las que los utilizan a su conveniencia. Lo triste es que esa es la base en la que se deben cimentar las medidas a tomar. No hay duda de que es un problema sanitario, pero no hay que olvidar que también lo es económico. Y las consecuencias de esto último pueden ser muy graves. De momento, la realidad nos muestra su cara más dura. Esperemos que pronto veamos una luz al final del túnel, porque todo lo que está sucediendo en este año va a dejar consecuencias que solo el tiempo nos ayudará a superar.

Precisamente el tiempo parece que transcurre más despacio cuando la situación no es favorable. Añoramos lo que antes ni valorábamos y ahora soñamos con esos momentos cotidianos que considerábamos pura rutina. Muchos ya piensan en la Navidad. No sé si es para evadirse del presente, pero algo me dice que de aquí a diciembre no se pueden hacer planes. Quizás si todos cumplimos con las recomendaciones y los políticos hacen bien sus deberes, algo que dudo, podamos llegar a las fiestas navideñas sin tantas restricciones. Pensar en las celebraciones en estos momentos es más que un sueño, ahora bien, tengo claro que anhelo que llegue Nochevieja para dejar atrás este año.

Un año que tiene más sombras que luces porque el virus lo ha oscurecido todo. La esperanza es lo último que se pierde, aferrémonos a ella y confiemos en la ciencia. Los científicos son los que investigan contrarreloj para dar con la vacuna. Hasta que ésta llegue toda precaución es poca. No hay duda de que hay que cuidarse y utilizar más el sentido común. Sería una buena decisión. Lo de la lucha política mejor lo dejamos para otro día, porque es un tema agotador. En estos momentos, mi mente utiliza todas sus fuerzas para afrontar el presente y sus reveses. Ya habrá tiempo para reflexionar sobre quién se lleva mi voto en las urnas… 

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Sueños, no solo por Navidad

Quedan escasos días para celebrar la Navidad. Es tiempo de turrones, de polvorones, de mazapanes y, por supuesto, de villancicos pero antes de ponerme a escucharlos tenía una cita pendiente con Juanes en el Palacio de Deportes de Madrid. Esa era mi mejor excusa para no adentrarme de lleno en las fiestas que se avecinan. El colombiano hizo vibrar a todos los asistentes interpretando sus clásicos. Arrancó la noche con A Dios le pido y con La luz puso punto final a su único concierto en España.

Me canté todos sus temas pero al tararear “Se fue la luz en todo el barrio”, me di cuenta de que ya iba siendo hora de iluminar la Navidad en mi casa. Es el momento de apurar los detalles, tener preparado el disco de los villancicos porque las fiestas más entrañables del año llegan, precisamente, en la época más fría. Es tiempo de soñar, de ilusionarse y, sobre todo, de disfrutar de los seres queridos. La nostalgia siempre está presente cuando hay sillas vacías en las mesas pero lo mejor es pensar en que los que no están, nos dejaron recuerdos y nos enseñaron a disfrutar, posiblemente, de estas fechas. Por eso, un buen homenaje es seguir con esas tradiciones.

Muchos deseos iluminan la Navidad. Madrid.

Si hablamos de tradiciones, la que no falla y da el pistoletazo de salida a la Navidad es el Sorteo de la Lotería. Esa mañana el mejor villancico es escuchar a los niños cantando los números y premios en los que hay muchas ilusiones depositadas. Algunos recibirán la visita de la diosa Fortuna y otros se encomendaran a la salud, la cual, es el mejor tesoro que podemos tener. No sueño con el gordo porque el mío ya me llegó cargado, no de riqueza pero sí de salud. Gracias a ella, he podido cumplir sueños y creer que para sonreírle a la vida solo necesitas ser feliz. Una felicidad que está en los pequeñas cosas que nos rodean. Algo que no deberíamos olvidar.

Es tiempo de festejar, de dejarse llevar por el espíritu de la Navidad y creer que esos sueños que tenemos no existen solo en esta época del año. Los sueños no entienden de fechas. No hay motivos para no creer en ellos durante los trescientos sesenta y cinco días que tiene el calendario. Estamos agotando el dos mil diecisiete, muchos estarán valorando como les ha ido este año y preparando los propósitos del que viene. Si hay algo que no puede faltar es la salud y las ganas para cumplir aquello que tanto anhelados. Ya dijo el novelista estadounidense Carl Sandburg que nada sucede a menos que primero sea un sueño. De nosotros depende que se hagan realidad. Los propósitos no sirven de nada si al despertar no nos ponemos manos a la obra. Ahora es el momento de aliarse con las ilusiones y, lo más importante, de creer que los sueños se cumplen.

¡Feliz Navidad!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Una sonrisa en Navidad

Quedan escasas veinticuatro horas para que se escuche el sonido que da el pistoletazo de salida a la Navidad. Los bombos están preparados y las bolas también. Los sueños inundan nuestras mentes pero eso es lo que toca en esta época del año. Eso sí, aunque la fortuna no nos premie con el gordo, nos premia con muchas cosas más. Sin duda, la salud es la más importante porque sin ella pocos sueños podremos hacer realidad. En diez días comienza un nuevo año cargado de propósitos pero también cargado de ilusiones.

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Puerta del Sol (Madrid)

El tiempo pasa y de qué manera. Aun tengo en mi mente muy reciente la Navidad del año pasado. Veo el calendario y me cuesta creer que estemos apurando el 2016. Son días de hacer balance. Las cosas buenas deben pesar más que las malas. La vida nos da una de cal y otra de arena, pero esas son, precisamente, las lecciones que debemos aprender. Reconozco que este año venía marcado por el aniversario más especial para mi, pero eso no ha sido impedimento para intentar cumplir mis sueños. A día de hoy, puedo sonreír porque algunos se han hecho realidad. Eso sí, la maquinaria de los sueños sigue funcionando con un ritmo intenso… y que no pare, porque como dice Paolo Coelho “la posibilidad de cumplir los sueños hace que la vida sea interesante”…

No sé si el famoso “gordo” o su sequito de premios rozarán alguno de mis números. Solo la Fortuna lo sabe, pero de lo que estoy convencida es de que me llenarán de sentimientos. Si a éstos les añades los recuerdos, surge una mezcla emotiva que solo se da en esta época. La Navidad, nos guste o no, siempre nos toca el corazón. Hace días que las luces cuelgan en las calles. Los turrones, polvorones, mazapanes… llevan desde octubre en las estanterías de los supermercados. Los juguetes cobran especial protagonismo. Los villancicos se convierten en la banda sonora. Y todo esto y mucho más nos indica que nuestra rutina tiene algo especial. Algo que no podemos negar, es más, es algo que debemos disfrutar.

Reconozco que no es fácil estar alegre cuando hay sillas vacías en la mesa o cuando los recuerdos no son buenos. Pero estoy segura de que el mejor adorno de Navidad puede ser, precisamente, una sonrisa. Esta fue otra lección que me dio la vida, a veces cuesta ponerla en práctica, pero sus efectos no tienen precio. La Navidad y su espíritu ya están aquí. La cuenta atrás está llegando a su fin. Así que toca sacar la zambomba, la pandereta, el Omeprazol y sobre todo, toca vivir el momento porque solo hay una Navidad del 2016. Pronto formará parte del pasado y su recuerdo depende de cómo queramos escribirlo. Yo lo tengo claro: Quiero hacerlo sonriendo. ¿Y tú? Carpe Diem.

¡FELIZ NAVIDAD!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

La importancia de un “buen gordo”

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Quedan poco más de quince días para acabar el año. Se dice pronto, pero a lo largo de estos casi trescientos sesenta y cinco días ha habido muchas sonrisas, muchas alegrías y, por qué no decirlo, alguna que otra tristeza. Muchos de ellos habrán pasado a los anales de nuestra vida sin pena ni gloria pero otros, en cambio, habrán dejado huella para siempre.

En esta época del año todo se ve diferente. La Navidad está llamando a la puerta y nos guste o no a todos nos afecta. Bajo el influjo del “espíritu navideño” todo son buenos deseos, buenos propósitos y buenas comidas porque, queramos o no, es el ambiente de estas fechas el que nos llena de una ilusión especial que con el paso de los meses vamos perdiendo. La batería de los sueños se recarga en Navidad, pero sus efectos deberían durar todo el año. Es cierto que la Navidad es especial pero al igual que el 25 de diciembre, cada día es único e irrepetible. ¿O no? Esa fue una lección de la vida.

Pero hablando de cosas únicas, único es el Sorteo Extraordinario del próximo día 22. Quien más y quien menos tiene en su cabeza el número de sus sueños. Sueños por cumplir, sueños que hacen brillar a los ojos de una manera especial, en definitiva, sueños que quizás el azar convierta en realidad. La diosa Fortuna será la que decida pero las responsables de llevar nuestra imaginación a límites inigualables son cinco cifras. Eso sí, las que siempre nos consuelan son cinco letras: Salud. Sin ella, poco se puede hacer. Es valorada cuando se pierde o como consuelo, pero gracias a la salud podemos disfrutar y pelear por cumplir todo aquello que anhelamos.

Si se trata de anhelar, a lo largo de la vida hay muchas cosas. Algunas pueden ir escritas en la carta a los Reyes Magos pero otras están escritas en la mente y en el corazón. Soñar con “el gordo” más preciado de estos días no es mi prioridad. Tuve mi “gordo” particular hace ya nueve años. No gané dinero sino salud. De ese “gordo” sé muy poco. Desconozco la terminación de su nombre aunque sé “la administración” que me lo dio. “Si lo importante es compartirlo” desde Alemania llegó la generosidad cargada de mi vida de mi donante. Por eso, cada año que pasa es la “pedrea” especial que me toca: años de vida. Y si ésta me sigue premiando así, lo tengo claro…No puedo pedir más.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)