TRADICIONES

Aún con la “reseca” del cambio al horario de verano, la mente se llena de planes por hacer. Anhelar lo que está por venir siempre es agradable cuando esto nos desconecta del presente. Es cierto que no soy muy de hacer planes a largo plazo, pero lo que está claro es que por delante nos queda toda la primavera, cuando ésta nos dé una tregua con las lluvias, y por supuesto, todo el verano. A estas alturas, los que me conocéis bien sabéis que la estación estival es mi favorita. Echo de menos ver el sol en estos días tan grises. Era necesario que lloviese, pero lo que ha caído en los últimas jornadas ha repuesto nuestras reservas con creces. 

Es cierto que el refranero dice: “Abril, aguas mil” y todavía no lo hemos estrenado, pero con esto del cambio climático nadie puede asegurar que la sabiduría popular se vaya a cumplir a raja tabla. De momento, en abril tenemos la primera “escapada que organizar” porque la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Tras las Fallas y la Magdalena, volver a recuperar las procesiones significaría volver a festejar las tradiciones perdidas por la pandemia. Los cofrades y los fieles sueñan con salir a las calles con sus pasos al son del retumbar de tambores. Ojalá el tiempo lo permita y no haya que estar mirando al cielo. Sería una pena que la lluvia cancelara “la normalidad” en los días santos. 

Cumpliendo las tradiciones o no, lo importante es disfrutar. Habrá quien elija Sevilla, Málaga, Zamora, Valladolid… y habrá quien prefiera desconectar en la playa o en la montaña recuperando la tranquilidad dejando atrás la rutina. La libertad de ser felices depende únicamente de nosotros mismos, por eso, todos los planes son perfectos para quien los lleva a cabo. En definitiva, ser feliz es lo que cuenta, y tal y como están las cosas que nos rodean, abstraerse de ella siempre es bueno. La mente necesita desconectar y reiniciarse. Abril nos brinda ese punto de inflexión.

Un punto de inflexión que tiene en la gastronomía un punto en común porque las tradiciones culinarias siempre se cumplen. Las torrijas ya están disponibles en todas las pastelerías y panaderías. Además, se ofrecen como postre en los restaurantes. Es fácil caer en su tentación, aunque no hay que resistirse. Con la huelga de transportes, la leche se ha convertido en el oro líquido para las torrijas. Se ha agotado en muchos supermercados pero el acopio que se ha hecho de ella garantiza este dulce en muchos hogares. Y es que a los que nos gusta la leche no concebimos prescindir de ella. Nunca debatiré con quienes no comulgan con ella porque para gustos los colores, pero ¡ojo! Porque las torrijas son temporales, pero las croquetas son eternas. Este manjar también requiere de ese oro líquido. Puedo renunciar a una torrija pero no a una croqueta.

Sea como fuere, las tradiciones están para cumplirlas en la medida en que nos hagan felices. Somos conscientes de que poco a poco vamos recuperando la normalidad perdida y eso es un buen motivo que hay que celebrar comiendo torrijas, croquetas, paella o lo que se tercie. En España, gracias a  nuestra rica gastronomía es fácil satisfacer nuestros gustos. Seguro que tras la pandemia, hemos aprendido a valorar el presente, por eso, llueva o truene, salga el sol o las nubes, estamos obligados a celebrar la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/32101/tradiciones

SUEÑOS

“La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. Estas palabras de Paulo Coelho son de sobra conocidas pero en ellas se alberga todo un mundo lleno de ilusiones. Los sueños son ese motor que nos mueve a transformarlos en una realidad. Soñar es, a su vez, alejarse del presente y abstraerse a nuestro mundo más personal. Ese mundo en el que las sonrisas nacen por sí solas mientras la mente elucubra como puede ser la conversión de la imaginación a la existencia. Ese momento, sin duda, es pleno y su satisfacción lo inunda todo y hasta contagia la felicidad a quienes han vivido como luchabas por él.

Una felicidad que siempre es bien recibida porque los momentos malos llegan solos. Hay que reconocer que es un placer ser cómplice de todo este proceso cuando la persona te importa. La alegría compartida siempre se multiplica y hoy en día es más que necesario. Llevamos unos años en los que hemos luchado contra la adversidad, pero a pesar de todo hay que seguir soñando. Habrá sueños aplazados, sueños a corto plazo, sueños que parecen inalcanzables, pero en la vida todo es posible porque los límites nos los ponemos nosotros mismos. Nuestra mente es nuestra mejor aliada pero también nuestro mayor enemigo. Por eso, la constancia no nos puede faltar. Es muy fácil decirlo pero no tanto llevarlo a cabo porque cuando la pereza entra en juego hay que prender con más llama la mecha de los sueños. “Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos” como decía el escritor irlandés George Bernard Shaw.

Y volviendo a Coelho, “nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.” Una señales que verás cuando estés despierto y afrontes el reto que tantos momentos en babia y noches de desvelo llevas sobre tus hombros. Precisamente, hace cuatro años cumplí un gran sueño que ahora es un bonito recuerdo. En mis manos está “Aún tengo la vida”. Un libro que cuenta una historia que me duele recordar, pero que a su vez me llena de fuerza para afrontar el futuro y la incertidumbre. Fue un sueño durante muchos años y ahora que es una realidad he dejado atrás   el camino que me llevó a afrontar las muchas horas que pasé delante del ordenador poniendo en orden toda esa historia. Obviamente, en todo ese proceso surgieron muchas anécdotas y tuve mis cómplices. Nunca podré olvidar el 22 de marzo del 2018 porque la felicidad inundó su presentación. Su puesta de largo fue un momento mágico porque el sueño se hizo realidad. No era un sueño cualquiera y, por eso, su aniversario es digno de celebrar. 

Sigo soñando la vida y viviendo los sueños porque gracias a que aún tengo la vida continuo construyendo castillos en el aire que poco a poco se irán afincando. Aprendí que sin lucha no hay victoria, pero sin esfuerzo tampoco hay sueños por cumplir. Por eso, hoy cojo el libro en mis manos recordando esa tarde inolvidable y pienso que la vida, esa que solo se vive una vez, cuando te da una segunda oportunidad siempre va a ser mejor que la primera. Me quedan muchos sueños por cumplir y ganas no me faltan. Aniversarios como el de hoy hacen que las excusas y los miedos sucumban al poder de los sueños. A por ellos que para eso está la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/31869/suenos

UN GORDO LLENO DE VIDA

Su sonido es inconfundible y su banda sonora consta de números y premios. Si hay un día al año en el que todos despertamos con una ilusión especial es el 22 de diciembre. El sorteo extraordinario de la Lotería da el pistoletazo de salida a la Navidad. Los sueños que nos han acompañado desde que compramos nuestros décimos pueden tener ese empujón económico que necesitamos, pero está claro que las probabilidades son muy pocas. Menos mal que de ilusión también se vive. 

Precisamente, si hablamos de vivir estamos atravesando una época muy dura. “El Gordo” llenará de euforia a los agraciados pero todos tenemos que estar pendiente del verdadero gordo que nos acompaña día a día. La salud es fundamental y la pandemia nos ha enseñado a valorarla aún más. Con ella puedes pelear por cumplir esos sueños que te desvelan. Sin ella poco se puede hacer porque cuando ésta se pierde siempre adquiere un gran valor. Un valor que está en alza desde que el coronavirus lo cambió todo. 

Adaptarse a esos cambios también es importante porque la vida no tiene un guion preestablecido. Jugar nuestras cartas es nuestra mejor opción, aunque el destino también pone de su parte. Mañana, el azar juntará un bolita con un número y otra con el mayor premio. Quienes lo tengan abrirán todos los informativos y derrocharán esa felicidad que solo se ve en este día tan señalado. Ahora bien, hay otros “gordos” en la vida. Unos “gordos” que son más importantes que el que sale mañana, de hecho, te pueden cambiar la vida o regalar vida como fue mi caso.

No puedes huir de tu pasado cuando éste está en tu presente. Convives con él y, por eso, intentas centrarte en lo positivo. De hecho, el destino ha querido que recientemente ese pasado me haya recordado lecciones que tenía algo nubladas. Obviamente, la principal es que “aún tengo la vida” y si a eso me aferré hace quince años no lo puedo soltar ahora. Aquel donante lo cambió todo. Ese “gordo” es el mejor premio que me ha dado la vida. Gracias a él he podido celebrar, de momento, quince navidades. Por eso, aunque comienza una época de nostalgia por los que no están en la que los sentimientos están, en muchos casos, a flor de piel hay que brindar con las personas que quieres por la salud y por un futuro cargado de ilusión. A mi “gordo” le debo sonreír todos los días por la vida que me ha dado. Una vida que me enseñó a elegir lo que me hace feliz. El futuro siempre es incierto pero es de valientes afrontar lo desconocido. Decía el filósofo alemán, Friedrich Nietzsche: “Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Del pasado me quedo con todo aquello me ha hecho ser la persona que soy hoy en día. Me enseñó a ser fuerte, a ser resiliente, a ser positiva, a luchar por lo que quiero y, por supuesto, a celebrar cada Navidad. “El gordo” lo cambió todo. Vivo el presente y ahora este presente tiene villancicos como banda sonora, luces por doquier, dulces que cumplen con las tradiciones y muchos momentos por disfrutar. 

Es tiempo de celebrar la Navidad. Es nuestro ahora y el ahora en un suspiro es pasado. Cada uno es autor de su historia, yo la mía la quiero escribir de tal manera que si tengo que releerla sea capaz de sacar una sonrisa. Esto depende de mí. Todo es cuestión de actitud. Así es la vida.

¡FELIZ NAVIDAD!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

ASÍ ES LA VIDA

El Rey León en el Teatro Lope de Vega (Madrid)
El Rey León en el Teatro Lope de Vega (Madrid)

Es gratificante ver como se van recuperando las costumbres y los acontecimientos que la pandemia se llevó por delante. La palabra normalidad comienza a recuperar su sentido aunque todavía queden matices. La experiencia me dice que todos tenemos ganas de disfrutar, de alejarnos del pasado y, sobre todo, de pasar página. La Gran Vía madrileña ha recuperado su bullicio, su trasiego, sus rutinas, su comercio y, por supuesto, sus teatros al completo. El Rey León que lleva diez años rugiendo en la capital ha vuelto a abrir sus puertas para trasladar a su público a la Sabana africana. Emociona ver a los espectadores deleitarse con el espectáculo y a todo el elenco de actores recibir el cariño de ese público que tanto han echado de menos. Los aplausos tras la función llevaban implícitos muchos sentimientos. Hemos vivido una experiencia muy dura, pero poco a poco vamos viendo la luz.

Una luz que se va perdiendo por días. Octubre está llamando a nuestra puerta y aunque todavía nos quede “el veranillo de San Miguel” por disfrutar poco se puede hacer ante el cambio de estación. Confieso que viviría en un eterno verano, pero el otoño ya ha llegado y con él muchas experiencias por vivir. Aunque todavía quedan meses para que llegue la Navidad, las colas para comprar lotería ya son evidentes. Para muchos estamos en el preludio de las fiestas, pero la realidad nos demuestra que hay que vivir en el día a día. 

Un día a día que, obviamente, nos llevará al último día del año. Quizás, la maratón de Madrid, que se corrió en el pasado domingo, sea la prueba que ha dado el pistoletazo de salida a muchos corredores que se verán las caras en la mítica San Silvestre Vallecana. Volver a ver las calles así anima a cualquiera porque el silencio va cediendo paso a las risas, las conversaciones, en definitiva, vamos ganando esa libertad que perdimos para proteger nuestra salud. Todavía quedan restricciones, pero éstas cada vez son menores. Esperemos que la tendencia de los datos siga como hasta ahora y podamos celebrar el fin de este duro paréntesis. 

Un paréntesis que nos ha marcado a todos. De una manera o de otra nos hemos tenido que amoldar a la situación. Ahora hay que recuperar el tiempo perdido porque la anhelada “normalidad” está cada vez más cerca. Por desgracia, la vida es caprichosa y ante los fenómenos de la naturaleza poco se puede hacer. De nuevo, la solidaridad de los españoles ha vuelto a ser la protagonista ante la erupción del Cumbre Vieja en La Palma. La Isla Bonita nos está dejando imágenes espectaculares  que nunca habíamos visto, pero también y lo más importante de todo, testimonios desgarradores. En esta tragedia muchas personas lo han perdido todo. ¿Qué te llevas de tu casa si te dan quince minutos para desalojarla? Una pregunta que nos tendríamos que hacer todos. Responderla te pone los pelos de punta, pero ha sido y está siendo la realidad de muchos palmeros. 

Una realidad que supera con creces a cualquier ficción que hayamos visto. Por eso, no olvidemos las lecciones que hemos aprendido porque en la vida hay cosas más importantes que tu equipo gane o pierda. La vida nos da la oportunidad de convertir nuestros sueños en realidad, pero también nos enseña a golpe de realidad. En fin, así es la vida

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/26791/asi-es-la-vida

DECIDIR

En la vida hay que tomar decisiones. Unas veces se acierta y otras veces se aprende del error. Esto es así. Estamos rodeados de incertidumbres y la capacidad para tomar esas decisiones depende, entre otras cosas, de valorar los pros y los contras de éstas. Es cierto, que desde que comenzara la pandemia cada persona se ha tenido que amoldar a ella. Hay quien lo lleva mejor y hay quien no ve un final en esta cuesta arriba. Es complicado mantener el ánimo cuando tu entorno es duro, pero estoy convencida de que los españoles todavía tenemos fuerza para salir adelante. Se avecinan, por lo que dicen, unos meses complicados, pero tenemos que ser conscientes de todo lo que ya hemos superado. Ahora bien, lo que no ayuda siempre estorba y dado que el camino a la cima esta siendo difícil no hay necesidad de ponernos trabas. Está claro que lo que prima es la salud y así debe de ser, pero es vergonzoso ver el enfrentamiento político que hay en estos momentos. 

Sin duda, el hartazgo con la clase política también se palpa en el ambiente. El poder es lo que tiene, pero es injustificable estar todos los días escuchando reproches de unos contra otros mientras el virus sigue contagiando. Es obvio que hay que tomar medidas, pero éstas tienen que ser fruto, en este caso, de un consenso. Los números no suelen mentir, es más, son las personas las que los utilizan a su conveniencia. Lo triste es que esa es la base en la que se deben cimentar las medidas a tomar. No hay duda de que es un problema sanitario, pero no hay que olvidar que también lo es económico. Y las consecuencias de esto último pueden ser muy graves. De momento, la realidad nos muestra su cara más dura. Esperemos que pronto veamos una luz al final del túnel, porque todo lo que está sucediendo en este año va a dejar consecuencias que solo el tiempo nos ayudará a superar.

Precisamente el tiempo parece que transcurre más despacio cuando la situación no es favorable. Añoramos lo que antes ni valorábamos y ahora soñamos con esos momentos cotidianos que considerábamos pura rutina. Muchos ya piensan en la Navidad. No sé si es para evadirse del presente, pero algo me dice que de aquí a diciembre no se pueden hacer planes. Quizás si todos cumplimos con las recomendaciones y los políticos hacen bien sus deberes, algo que dudo, podamos llegar a las fiestas navideñas sin tantas restricciones. Pensar en las celebraciones en estos momentos es más que un sueño, ahora bien, tengo claro que anhelo que llegue Nochevieja para dejar atrás este año.

Un año que tiene más sombras que luces porque el virus lo ha oscurecido todo. La esperanza es lo último que se pierde, aferrémonos a ella y confiemos en la ciencia. Los científicos son los que investigan contrarreloj para dar con la vacuna. Hasta que ésta llegue toda precaución es poca. No hay duda de que hay que cuidarse y utilizar más el sentido común. Sería una buena decisión. Lo de la lucha política mejor lo dejamos para otro día, porque es un tema agotador. En estos momentos, mi mente utiliza todas sus fuerzas para afrontar el presente y sus reveses. Ya habrá tiempo para reflexionar sobre quién se lleva mi voto en las urnas… 

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CUMPLIENDO 14 AÑOS…GRACIAS A MI DONANTE DE MÉDULA

Catorce años viviendo de regalo

“Cómo han pasado los años…” dice la canción, ya son catorce desde aquel catorce de septiembre que marcó un antes y un después. Recuerdo que cuando todo comenzó empecé a soñar con cómo iba a ser el famoso “día cero”, me preguntaba muchas cosas y ninguna de ellas tenía respuesta porque, antes de eso, tenía que tener un donante de médula compatible. Hasta que llegara la esperada noticia solo podía llenarme de fuerza y valentía para afrontar cada ciclo de quimio con la esperanza de que todo iba a salir bien. No fueron meses fáciles, pero sí fueron meses en los que aprendí a valorar cada momento, a disfrutar de los pocos días que estaba en casa y sobre todo, descubrí el valor de las pequeñas cosas. Afortunadamente, no estaba sola. Día y noche mis padres me llenaban de optimismo e ilusión a pesar de las circunstancias. La unión hace la fuerza y ellos estuvieron al pie del cañón en todo momento. Vivimos en la incertidumbre, en el día a día como nunca antes lo habíamos hecho, pero a la vez, soñábamos con un futuro porque esos sueños que nacieron en la cama del hospital, hoy ya se han hecho realidad. Y eso, significa que la vida me ha dado una segunda oportunidad. 

Una oportunidad que empezó el día que me dijeron que tenía un donante de médula compatible. Sin duda, la mejor noticia que me han dado nunca. Aquel martes y trece también forma parte de mi historia, de mi vida. La alegría me inundó de tal manera que solo podía pensar en lo que iba a suceder tal día como hoy de hace catorce años. Me enfrentaba a lo desconocido, pero ya tenía mucho ganado a la leucemia que de repente se apoderó de las riendas de mi vida. Aquella tarde la recordaré siempre por muchas cosas. Una de ellas era la mezcla de sentimientos. Tenía miedo, dudas, optimismo, ilusión y sobre todo, mucha confianza en los médicos y enfermeras que habían vivido conmigo la experiencia más dura de mi vida. Había llegado el “día cero” y desde ese momento solo quería una cosa: sumar días. Los primeros no fueron fáciles pero, poco a poco, cumplí un año y así he llegado, de momento, hasta los catorce. Ese seré el número de velas que tendrá la tarta de mi cumple-vida. Hoy, sin duda, no es un día cualquiera. 

Hoy es un cumple-vida que me llena de recuerdos, me traslada al pasado y hasta consigue, año tras año, que los ojos se me pongan vidriosos. No se puede olvidar algo así, ni se puede obviar todo lo vivido en el 2006. Además de mis padres, muchos me acompañasteis para hacer frente a la leucemia. Hoy brindaré por mi donante, por mi familia y por todos vosotros, porque aunque dicen que no hay que mirar al pasado, a veces, éste nos recuerda lecciones aprendidas y nos llena de fuerza para afrontar las dificultades del futuro. Y más en este año tan incierto. Por eso, viendo las cicatrices y sintiendo como me dan algunos pinchazos en ellas, sé que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Por eso, debo estar feliz y sonreír cada día porque gracias a la generosidad de alguien Aún tengo la vida

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

UN AGOSTO DE CHAMPIONS POR LA VIDA

Mi columna para El Valle de México

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones ese es agosto. A pesar de la ola de calor y el aumento de los rebrotes hay muchas ganas de disfrutar, aunque siempre con precaución. Y si el Gobierno no va a renunciar a sus vacaciones tal y como está la situación, yo, desde luego, tampoco. Hacer un paréntesis después de lo que hemos vivido es una necesidad. La mente necesita desconectar y evadirse un poco de la realidad. Hacer la maleta siempre hace ilusión y más cuando lo que te espera es el mar, la familia y los amigos. Será un verano diferente, de eso no hay duda, pero aún así, y con cuidado, se puede aprovechar bien el tiempo. 

Agosto nos trae, excepcionalmente, la Champions. Así que los amantes del deporte rey tienen por delante unos partidos de lo más emocionantes. Obviamente, aunque esté de vacaciones no perderé de vista a mi Atleti. Allá donde vaya siempre me acompañan mis colores y este año, el coronavirus ha querido que el espíritu de la Liga de Campeones me acompañe. Sueño con esa copa al igual que muchos rojiblancos y, por eso, hay que seguir apoyando a los de Simeone que lucharán por ella. Deben saltar al terreno de juego derrochando mucho coraje y, por supuesto, mucho corazón porque cada encuentro será una final. Además, los errores pueden salir muy caros. Si bien es cierto, la Champions tiene una deuda pendiente con el conjunto colchonero. El tiempo dirá si “La Orejona” viaja a Madrid, pasa de largo por la Cibeles y se rinde ante Neptuno. Desde luego, el dios del mar le daría una grata bienvenida.

Una buena bienvenida tuvieron los ciclistas en la Vuelta a Burgos. Fue un lujo tener a las grandes figuras recorriendo mi tierra. Ha sido una edición que pasará a la historia. Había muchas ganas de competir sobre las dos ruedas y su etapa final fueron las míticas Lagunas de Neila que proclamaron vencedor al belga Remco Evenepoel. Él se llevó el preciado maillot morado. En el podio le acompañaron el español Mikel Landa y el portugués Joao Almeida. Eso sí, hay que destacar que el colombiano Iván Sosa ganó la etapa reina por tercera vez consecutiva. Su reinado en Neila es indiscutible. La edición cuarenta y dos ya es historia, habrá que ir pensando en la cuarenta y tres porque Burgos tiene mucho que ofrecer a estos grandes deportistas, además, mi ciudad estará de celebración. La catedral celebra su ochocientos aniversario, por eso, la Vuelta a España comenzará a los pies de este gran momento.

Aniversarios y celebraciones aplazadas también me esperan este mes de agosto. La Covid-19 hizo que de mi calendario personal se borrarán muchas fechas, pero su traslado a esta época tampoco está mal. Cada uno es libre de festejar lo que quiera ya que siempre hay algo en la vida que merezca una celebración… No me importaría añadir una Champions, por ejemplo. Eso no depende de mí, pero de mí si depende vivir este verano adaptándome a las circunstancias. Con mascarilla, distancia de seguridad y lo que sea necesario para cuidar de mi salud y la de todos, arranco un mes lleno de experiencias por vivir. “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” dijo John Lennon, pero ahora y dada la incertidumbre que reina en el ambiente, es mejor llevar por bandera el mítico Carpe Diem.

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/14558/un-agosto-de-champions-por-la-vida

BONITA LA VIDA…

Cada vez queda menos para iniciarse en la “nueva normalidad”. Es cierto que los gallegos han sido los primeros en estrenarla y, poco a poco, el resto de las comunidades se irán uniendo a ella. Hablar de “nueva normalidad” no es lo que más me gusta, porque creo que cada uno tiene que ser lo suficientemente consciente para saber la situación en la que nos encontramos. Obviamente, es un escenario diferente en el que nuestra vida tiene que continuar. Ésta solo se vive una vez y hay que aprovecharla. Es curioso cómo hay que reinventarse para adaptarse a las medidas que nos proponen. Seguro que a alguna de ellas nos llevará más tiempo acostumbrarnos, pero éste convertirá la novedad en rutina y la “nueva normalidad” perderá cualquier adjetivo que la califique. Cantaba Pau Donés que todo depende de según como se mire y es cierto. Apenados por su pérdida, el vocalista de Jarabe de Palo nos legó grandes canciones con muchos mensajes positivos dedicados a la vida. Decía que “la vida es urgente vivirla” y, por supuesto, no es necesario que ésta penda de un hilo por una enfermedad. Cada día es un regalo para todos, como el último tema de Pau.

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Bonita la vida…

Confieso que acabé la semana pasada recordando uno de los días más importantes de mi vida. Como cada trece de junio he festejado la mejor noticia que me han dado nunca: “Tienes un donante de médula compatible”. Se han cumplido catorce años de aquello, pero la memoria recuerda cada detalle de ese momento tan especial, a pesar de que era un martes y trece. No sé si es por los tiempos que corren o por las noticias que nos acompañan, pero he recordado cómo ya entonces me adapté a una situación dura, complicada y a su vez llena de ganas de vivir. Ahora, que salimos a las calles y que muchos han aprendido a valorar aquello que antes les pasaba inadvertido, sería bueno memorizar esas sensaciones. Es más, quizás se puedan sacar conclusiones y aprender, a ser posible para siempre, de lo efímero que es el presente y de lo vulnerables que somos. Es, en los momentos difíciles, cuando descubres en ti mismo cualidades y facetas que ni sabías que tenías. Al menos, eso me pasó a mí hace años. Ha pasado el tiempo y he vuelto a recordar cómo mi vida cambió de la noche a la mañana y cómo gracias a ese donante de médula llevo viviendo catorce años de regalo. Aún no es mi segundo cumpleaños, hasta septiembre tengo tiempo para pensar en la celebración de los catorce años del trasplante, pero la invitación para marcar en el calendario el famoso “día cero” bien se merece una fiesta con mascarilla, distancia de seguridad y lo que toque. Insisto que las circunstancias pueden cambiar, pero mi anhelo de disfrutar y de vivir siguen inalterables.

Vivimos tiempos complejos, pero vivimos. Lamentaciones las justas, ya que, por desgracia, muchos se han quedado en el camino. Seamos positivos y confiemos en que la vacuna está cada vez más cerca. Hasta entonces, y sirva de homenaje a Pau Donés, concluyo tarareando uno de sus temas: Bonito, todo me parece bonito/ Bonita la paz, bonita la vida / Bonito volver a nacer cada día… Ahí lo dejo.

Jimena Bañuelos 

Enlace a mi columna de El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13099/bonita-la-vida

LA REALIDAD

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Mi columna para El Valle de México

Junio está recién estrenado y con él llega el esperado verano. A estas alturas otros años ya estaba más que planificada la estación estival, pero el 2020 ha querido que la incertidumbre dejara en el aire todos nuestros planes. Las cancelaciones de festivales, de conciertos, de viajes… empezaron en marzo y todos los eventos de ocio se fueron cayendo de los calendarios, uno tras otro, como si de fichas de un dominó se tratasen. Lógicamente el que inició el proceso fue un virus desconocido que, día a día, fue mostrando su letalidad y capacidad para propagarse. Con él llegó el estado de alarma, una alarma que nos llenó a todos de preguntas, de dudas, de miedo, en definitiva, nos llenó de una fragilidad que hasta entonces una gran mayoría desconocía sobre sí misma. Es cierto que los meses han pasado y ahora todo se ve de otra manera. La memoria es selectiva y, quizás, quiera borrar de nuestra mente las duras imágenes que hemos visto. Ese pasado está demasiado cerca como para obviar lo que supondría no respetar las reglas básicas en el momento en el que nos encontramos.

Ahora, salimos a la calle, nos sentamos en las terrazas, volvemos a entrar en las tiendas; pero hay demasiados matices que demuestran que no es la normalidad de antes. Posiblemente tener precaución sea lo más sensato, porque hemos pasado de no poder hacer nada a de repente querer abarcar en poco tiempo lo que no hemos podido hacer en meses. La primavera confinada nos ha dejado unos recuerdos difíciles de entender ya que nadie creía que podía vivir una situación tan terrible cómo la que hemos pasado. El verano pide paso para marcar un antes y un después. Sin duda, en la noche de San Juan, si se pudiera celebrar, se quemarían los peores momentos de este año. Seguro que no nos costaría encontrar ese momento en el que el confinamiento se nos puso cuesta arriba. Esa mágica noche llega también cargada de deseos. Obviamente, hay que pensar que lo mejor está por llegar. Ojalá sea en forma de vacuna y que ésta marque el final de esta pesadilla. También puede tener la forma de un abrazo, de una caricia, en definitiva, una muestra de los sentimientos que han sido retenidos durante más de una cuarentena.

Junio marca el ecuador de un año que prometía ser muy diferente. Los “felices años veinte” no tienen nada que ver con lo que hemos pasado hasta ahora. El 2020 pasará a la historia escrito en riguroso luto porque han sido muchos los que han perdido a un ser querido. Por mucho que mejore en los próximos meses, si es que lo hace, nada vale más que una vida. Así de dura es la realidad. No obstante, hay que seguir viviendo porque hemos visto lo efímero que es el presente. John Lennon aseguró que “lo que importa no es pensar en el pasado ni en el futuro. Lo importante es cargar con el ahora.” Un ahora en el que vamos avanzando de fases para encauzar el verano. Nos podemos permitir hacer algunos planes a corto plazo porque, por desgracia, la incertidumbre sigue con nosotros al igual que el virus. Aún así, hay que ser optimistas y apoyar a los científicos que están buscando la anhelada vacuna para inmunizarnos del enemigo común, el cual, ha traspasado muchas fronteras.

Mientras tanto, no olvidemos que la vida continúa. El escritor francés, Gustave Flaubert dijo: “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”. En definitiva, ¡vivamos! porque día que pasa, día que no vuelve.

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EL DERBI Y LAS FECHAS

Un partido más, tres puntos menos. Es el balance más simple que dejó el pasado sábado el derbi madrileño. El Atlético de Madrid comenzó con buen pie, hasta generó ocasiones de gol en la primera mitad, pero los rojiblancos se diluyeron en los últimos cuarenta y cinco minutos. Además, el gol de Benzema cayó como un jarro de agua fría. Es cierto que el Real Madrid tampoco brilló, pero en cuanto tiene ocasión el balón entra entre los tres palos. Y no se me olvida el penalti no pitado que nunca falla en esta cita futbolística… En fin, es la realidad que hay, el Atleti tiene un problema y se aleja de Europa. Mucho tienen que mejorar si quieren tener plaza europea la próxima temporada… ¡A ver si reaccionan!

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Luciendo el dorsal más especial para mí. El dorsal de Aún tengo la vida

Los que me conocen saben que mi corazón es rojiblanco, que nunca dejo de creer en los míos y a pesar de que el partido de ayer no era un partido cualquiera mi mente no estaba en el Santiago Bernabéu. Por mi cabeza se sucedían una serie de recuerdos que vuelven a mí cada año por estas fechas. Son recuerdos duros, de esos que no se olvidan ni con un derbi madrileño. Hay cosas más importantes que tu equipo gane o pierda. De ahí, que los que me escribieron un mensaje el pasado sábado no obtuvieran la respuesta que esperaban. Hace unos años, en estos días recibí la peor noticia que me han dado nunca. Fue un diagnóstico que, sin duda, dio un giro a mi vida de trescientos sesenta grados. Por eso, aunque mi corazón colchonero siempre late por mis colores, el sábado lo hacía para recordarme todo lo que he vivido. Todas las batallas que fui ganando día a día sin un guion establecido. Me emociona pensar que de todo aquello me quedan recuerdos muy duros que no podré olvidar, pero también en mí hay cicatrices que por mucho que tiren me llenan de fuerza, de vida y, sobre todo, me animan a seguir luchando por los sueños que tengo pendientes. Estas marcas grabadas en mi piel me invitan a disfrutar de quienes me rodean, a no malgastar mi tiempo en tonterías y a sonreír porque cada día es un regalo. Y no solo para mí por haber superado una leucemia, sino para todos. No lo olvidéis nunca.

Y dicho esto, a pesar de que me digan que no mire al pasado, hay días que es inevitable. Soy fuerte pero no soy de piedra. Eso sí, creedme que cuando miro para atrás no me vengo abajo. A veces, ver el pasado te da más fuerza para afrontar el presente y vivirlo sin cuestionar cómo será el futuro. Por eso, este derbi ha pasado sin pena ni gloria. Por supuesto, que me hubiese gustado ver triunfar a los míos. Eso sí, no estaba yo para dar muchos ánimos, pero estoy convencida de que el Atleti se cae y se levanta. Ya lo ha hecho y no dudo que lo volverá a hacer. A mí me pasó lo mismo. Todo mi mundo se vino abajo y, poco a poco, con mucho sacrificio, mucho trabajo, mucha perseverancia y mucha fuerza fui recomponiendo mi vida y volví a tomar sus riendas. Ésas que la leucemia me había arrebatado.

Hoy escribo con el corazón, no sé si colchonero o no. Al menos, muchos comprenderán por qué se quedaron con las ganas de hablar conmigo sobre el post partido. Mi coraje y mi corazón estaban recordando “otra liga”, la liga de la vida. La liga en la que fui sumando puntos superando los ciclos de quimio y la gané el día que me hicieron el trasplante de médula.

Y dicho esto, y superados estos días. Pensemos ya en el próximo partido. Vuelvo a ser la Jimena de siempre que se pone su bufanda para disfrutar de su Atleti gane o pierda… Pero como pierdan el próximo partido se enteran… porque Aún tengo la vida.

 

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