LA VIDA CONTINÚA 

Hemos superado el ecuador de este mes y, para muchos, la cuenta atrás para volver a la rutina ha comenzado. Es cierto que cuesta despedirse de las vacaciones, del verano y de todos esos momentos que nos han llevado a la desconexión total. Más de uno se habrá dicho en algún momento: “No sé en qué día vivo”, pero el calendario sigue ahí, perenne, para mostrarnos que la vida continúa y que, en una semana, estaremos dando la bienvenida al mes de septiembre.

Precisamente, septiembre es ese enero que llega con sus propios propósitos. No es que sea Año Nuevo, pero sí “Curso Nuevo”. Cuesta volver porque la nostalgia puede aparecer sin ser llamada. Está ahí porque hubo momentos que merecieron la pena. Y eso, en el fondo, es algo bonito. Las vacaciones terminan, los días largos comienzan a acortarse y, poco a poco, aunque nos cueste, recuperamos nuestros horarios. Ahora bien, nadie puede quitarnos todo aquello que nos hizo felices. Sin duda, hay recuerdos que permanecerán intactos mientras el tiempo pasa. Esa canción, esa fotografía, ese lugar o esa conversación pueden devolvernos de repente a aquel instante en el que todo estaba sucediendo. Son nuestros pequeños tesoros que guardamos sin darnos cuenta y que, con el tiempo, adquieren todavía más valor. Cuando el frío llegue o las circunstancias sean adversas recurriremos a ellos para revivir esos sentimientos que nos llenan de bienestar. 

Poco a poco toca volver. Volver al presente habitual. A ese presente que también nos brinda sus momentos. Algo que tampoco podemos olvidar. Surgirán nuevas oportunidades, nuevos proyectos o, simplemente, recuperaremos aquello que dejamos antes de verano y ahora afrontamos con una sensación diferente. Es más, también septiembre puede ser un buen momento para preguntarnos qué queremos conservar, qué queremos cambiar y, sobre todo, qué queremos disfrutar. La rutina volverá, eso es inevitable. Regresarán los despertadores, los horarios, las obligaciones y esas prisas que durante las vacaciones conseguimos dejar aparcadas. Pero tampoco deberíamos permitir que la rutina se convierta en una excusa para olvidarnos de nosotros mismos. Siempre habrá espacio para un libro, una película, una cena improvisada, un paseo al atardecer o ese café tomado tranquilamente. Pequeños placeres que, precisamente por ser sencillos, muchas veces son los que terminan salvándonos de los días grises.

Si hay algo que tengo claro es que septiembre nos recuerda que el año avanza deprisa. Parece que hace nada estábamos celebrando la llegada del verano y, sin embargo, ya estamos entrando en su recta final. Después vendrán el otoño, Halloween, los buñuelos, los primeros anuncios de Navidad, los turrones en los supermercados y los propósitos para el próximo año. Incluso habrá quien lleve ya consigo un décimo de lotería comprado durante sus vacaciones, porque nunca está de más dejar una puerta abierta a la ilusión.

En definitiva, sí, cuesta volver. Cuesta despedirse de los días sin horarios y de esa sensación de libertad que asociamos al verano. Pero regresar también significa tener nuevas oportunidades por delante. Lo cierto es que la vida no se detiene. La vida continúa. Y quizá lo mejor que podemos hacer es acompañarla.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/24/la-vida-continua/

CUANDO EL CIELO NOS OBLIGÓ A PARAR

Decir que estuvimos semanas preparándonos para el acontecimiento me parece poco, aunque lo cierto es que todo se fue focalizando en él a medida que se acercaba la fecha. Nos habían dicho dónde mirar, a qué hora, con qué gafas y, sobre todo, cuánto debíamos emocionarnos. Los medios de comunicación nos anunciaron el fenómeno con la solemnidad reservada para los grandes eventos y las finales deportivas, si me apuras. Además, las redes sociales hicieron el resto: cuentas atrás, recomendaciones, fotografías anticipadas, expertos improvisados y una cantidad de entusiasmo capaz de eclipsar, nunca mejor dicho, al propio eclipse. Solo faltó que alguien nos vendiera una entrada numerada para contemplar el cielo.

Y llegó el momento. La luz comenzó a cambiar y nosotros con ella. Fue algo casi imperceptible al principio, algo así como cuando una habitación pierde lentamente su claridad y una tarda unos segundos en darse cuenta. Después, la sombra y la oscuridad fueron ganando terreno y, a nuestro alrededor, se instaló una extraña quietud, como si todo se hubiera detenido. Durante poco más de un minuto, el cielo consiguió algo que parece imposible: que dejáramos de mirarnos a nosotros mismos y contempláramos su verdadera grandeza. El universo nos mostró lo pequeños que somos ante él. Es más, nos recordó que, por mucho que nos empeñemos en organizarlo todo, hay cosas que seguirán sucediendo sin pedirnos permiso. Y quizá ahí reside parte de su belleza: en saber que, por un instante, podemos dejar de tener el control y limitarnos a mirar, a sentir y a formar parte de algo infinitamente mayor que nosotros.

Quizás, por eso, este eclipse nos pueda enseñar que nuestros problemas, nuestras prisas, nuestras certezas y hasta nuestros dramas caben, después de todo, en un pequeño rincón de un planeta que gira alrededor de una estrella. Esa humildad que no nos puede faltar cuando hacemos más grande todo aquello que no se lo merece. Las pequeñas cosas son, sin duda, las que deberían eclipsarnos a nosotros. Puede ser desde una conversación pendiente hasta una tarde sin prisa, la risa de quienes queremos, un abrazo que llega justo a tiempo. Porque quizá ahí, y no en todo aquello que nos empeñamos en convertir en enorme, es donde está lo verdaderamente importante.

Estamos en agosto. Creo que es un mes perfecto para entender todo esto más allá de la ciencia. Agosto es esa especie de eclipse que provoca un paréntesis en el calendario. No necesita muchos protocolos porque en la actitud está todo. Es un mes que nos invita a bajar el ritmo, a mirar alrededor y a recuperar una forma de estar en el mundo que durante el resto del año parece que olvidamos. Evidentemente, esa invitación estival pasa por dejar por un momento las prisas, los planes y esa necesidad constante de estar haciendo algo. Quizá, por eso, agosto también puede ser un punto de inflexión: porque cuando todo se detiene un poco, resulta más fácil escucharnos a nosotros mismos.

De hecho, es posible que ahí esté la verdadera conexión con el eclipse. Durante unos minutos, el cielo hizo exactamente lo que agosto nos propone hacer: detenernos. Nos obligó a levantar la mirada, a salir de nuestra rutina y a recordar que no todo tiene que ocurrir deprisa, que no todo necesita una respuesta inmediata y que hay cosas que merecen ser contempladas. Después volvió la luz y con ella todo siguió su curso, todo volvió a la normalidad. Nosotros también, pero la fascinación y el asombro que nos produjo, aunque apenas duraran un suspiro, bien merecen que pensemos que el ahora es más importante que cualquier cosa y que en un segundo todo puede cambiar. El mejor regalo que los astros nos han dejado es recordarnos que lo esencial no está en hacer más, sino en aprender a mirar y saber cuándo detenernos. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/17/cuando-el-cielo-nos-obligo-a-parar/

ENTRE LA NOSTALGIA Y LA RUTINA

Esta semana nos despediremos de agosto, un mes que se marcha cargado de recuerdos, de vivencias intensas, de experiencias inolvidables y de instantes que ya se han convertido en parte de nuestra historia personal. Con la nostalgia que todo esto conlleva, nos toca dar la bienvenida a septiembre, ese mes que, más que un final, representa en muchos casos un nuevo comienzo. Menos mal que el el verano aún no ha dicho su última palabra. De hecho, todavía quedan días de sol, escapadas improvisadas y momentos que pueden suavizar la temida «depresión posvacacional».

Al final, lo más importante es aferrarnos con mucha fuerza a lo que aún está por venir. Los recuerdos más recientes nos sacarán más de una sonrisa a pesar de la nostalgia que ellos llevan implícitos. Eso sí, lo vivido ya no nos lo va a quitar nadie. Son momentos que ahora habitan en el pasado, en ese rincón de la memoria donde se guardan los instantes que alguna vez fueron presente. Y ahí se quedarán, como pequeños tesoros, para recordarnos quiénes fuimos, qué sentimos, cuánto reímos y cómo amamos.

Sea el mes que sea, de lo que se trata es de vivir el presente. Un presente al que hay que adaptarse según las circunstancias, pero no hay que dejar de aprovechar todas las oportunidades que éste nos brinde. Septiembre nos ofrece un nuevo comienzo, una especie de “segundo enero” en el que redefinir metas, rutinas y prioridades. Tras un verano en el que muchos hemos desconectado (como se merece), ahora toca reconectar con lo cotidiano sin perder de vista lo esencial: no dejar que la rutina nos absorba por completo. Los días pueden parecer repetitivos, pero cada uno guarda algo distinto si sabemos mirar. Aunque vengan marcados por horarios y rutinas, veinticuatro horas siguen siendo un mundo de posibilidades. Por eso, es importante apoyarse en aquello que nos hace feliz. Aún tengo libros que esperan ser leídos, películas y series por descubrir, planes que quedaron a medias. Y aunque exprimí el verano tanto como pude, no me ha dado tiempo a todo. Eso sí, disfrutar lo he disfrutado como me ha pedido el cuerpo. En el fondo lo que te llevas, además de un tono bronceado, es la sonrisa que te sale al recordar determinados momentos. 

Ahora esos momentos ya son pasado, y eso, aunque duela, también tiene su belleza. Porque en el fondo vivir es eso: ir despidiéndose de esos momentos mientras se abren paso nuevos capítulos. El tiempo va avanzando, con o sin nosotros, y en su paso nos va enseñando que nada es para siempre, pero todo lo vivido tiene un lugar eterno en la memoria.

El verano se va alejando pero no hay que olvidar que todavía queda mucho por vivir. Septiembre marca la vuelta al cole, el regreso a la rutina, y el inicio de ese tramo final del año que parece ir más deprisa que nunca. En nada estaremos viendo turrones en los supermercados y hablando de planes navideños. De hecho, muchos regresan de sus vacaciones con un décimo de lotería en el bolsillo para tentar la suerte venidera… Eso también es aferrarse a la ilusión de lo que está por venir.

Volver cuesta, sí. Porque implica dejar atrás. Pero la vida es una suma de etapas y momentos. Como dijo el poeta Robert Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante”. Pues… Sigamos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/25/entre-la-nostalgia-y-la-rutina/

AGOSTO: EL TIEMPO EN MOMENTOS

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones, sin duda, es el mes de agosto. Aunque los tiempos han cambiado, lo cierto es que sigue siendo por excelencia la época del año en la que la rutina de la mayoría cede ante el ocio. Ahora bien, no hay que olvidar que las vacaciones también tienen su propio protocolo. Para algunos, hacer las maletas puede ser una fuente de estrés, a pesar de que ese momento marca el inicio de una pausa más que necesaria. Lo cierto es que acordarse de todo es casi imposible, sobre todo si se deja para última hora. No todos somos previsores…Esa sensación de “algo se me ha olvidado” suele aparecer, pero, es cierto, que desaparece muy rápido: cuando ya estás en el destino que llevas anhelando durante muchos días. Si eso sucediera, solo queda asumirlo con una pizca de rabia y, por supuesto, aliviarla buscando el lado bueno de las cosas, es decir, repitiendo una y otra vez, la palabra mágica: vacaciones.

Como un relevo bien ensayado, agosto recoge el testigo del deber y lo transforma en tiempo para disfrutar. Es el mes más esperado, deseado, de hecho, son muchos los que llevan desde enero restando jornadas para ver que esos planes con los que soñaban ya son una realidad. Y en esa realidad, las sonrisas surgen solas y empiezan a borrar poco a poco esas ojeras que se han ido acumulando durante el año. Dicen que los ojos no mienten, y es verdad, porque cuando hablamos de vacaciones, brillan de una manera distinta, incluso, me atrevo a decir que especial. Da igual cuáles sean los planes, porque la felicidad se mide por lo que a cada uno le gusta. No hay normas, ni fórmulas. Solo la libertad de vivir los días libres a tu manera, sin horarios.

Eso sí, hay que reconocer que no siempre se descansa tanto porque las vacaciones también pueden convertirse en un auténtico maratón. Aprovechar al máximo conlleva exprimir el tiempo hasta límites insospechados. Hacer excursiones para conocer sitios nuevos es algo primordial cuando tu destino es un lugar nuevo en tu agenda de viajes. Reconozco que soy de las que me gusta ver y adentrarme en todo lo que los sitios me ofrecen cueste lo que cueste. Por ejemplo, si hay que madrugar para ver un bonito amanecer se hace porque la vida son esos momentos únicos que no vuelven. Ese conjunto de experiencias que refuerzan más la fuerza de la mente. El verano está para recargar las pilas y, por supuesto, para desconectar. La pilas, poco a poco, se van llenando porque a estas alturas del año llegan, en muchos casos, bajo mínimos pero lo importante es dejarse llevar por el presente que ahora nada tiene que ver con el del resto del año. La rutina cambia y con ella nuestra forma de vivir.

Vivir. Ese es el verbo que debemos conjugar todo el año, pero ahora con más motivo. Vivir sin ponerle “peros”, sin buscar la perfección que no existe. Porque mientras la buscamos, puede que se nos escape lo que realmente importa: el ahora. El tiempo es oro, sí, pero la vida es única. Y está en nuestras manos aprovecharla al máximo.

Agosto acaba de arrancar. Tenemos por delante muchos días para llenarlos de experiencias, de aventuras, de instantes y recuerdos que nos acompañen cuando vuelva el frío y la rutina. En mi caso, ya tengo planes y libros esperando. Así que, sin más, seguiré escuchando el sonido del mar, contemplando la majestuosidad de las montañas y dejándome llevar por las historias que me regalan las páginas de una buena novela. En definitiva, cuando el verano se apague y la rutina regrese, lo único que quedará será lo vivido. Y en ese balance silencioso de la época estival, ser feliz es lo que cuenta.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/04/agosto-el-tiempo-en-momentos/

TIEMPO AL TIEMPO

Hemos superado el ecuador del mes de agosto, y aunque muchos vean a septiembre llamando a la puerta, todavía nos quedan días del mes que es por excelencia sinónimo de vacaciones. Sin duda, hay que aprovechar para coger fuerzas para afrontar el último cuatrimestre del año de la mejor manera posible. Es cierto que, para más de uno, septiembre comenzará con la típica depresión pos vacacional, pero la rutina se encargará de reconducir nuestra mente y nuestros horarios para romper ese paréntesis que todos hacemos durante el tiempo estival. Además, el noveno mes del año llega, como no, con la vuelta al cole. Una vuelta al colegio que vemos en las tiendas y en los centros comerciales casi desde que acabó el curso anterior. Menos mal, que cuando se trata de disfrutar no hay publicidad que nos pueda amargar. 

Sin amargarnos, vamos a centrarnos en el presente que es lo que realmente importa. Sabemos que lo que tenga que llegar, va a llegar; por eso focalicemos nuestro día a día en disfrutar. Un verbo que, para los que seguimos de vacaciones, es más fácil de conjugar pero seguro que todos hemos tenido la ocasión de desconectar desde que diera comienzo el verano. La vida son etapas, son momentos y de cada uno hay que quedarse con lo mejor. Esos recuerdos son vitales para que la fuerza de la mente nos ayude en los momentos de flaqueza. Vivir en el paréntesis vacacional eternamente es inviable porque también en él hay, aunque nos cueste reconocerlo, buenos y malos momentos. Se pueden dulcificar porque el contexto que nos rodea nos agrade pero la realidad siempre será la que es. Dijo el poeta estadounidense, Rober Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.” 

Precisamente, seguir adelante es lo que nos toca y mirar, si queremos, de reojo al calendario. Dicen que quien no se consuela es porque no quiere, pero hay quien anhela que llegue la Navidad. De momento, los décimos de lotería ya están a la venta y no seré yo quien juzgue a quienes ya piensan en los villancicos si con ello se ilusionan para superar ese “hasta luego” a la playa, a la montaña o a cualquier destino veraniego.

En definitiva, cada uno de nosotros tenemos una receta de la felicidad diferente y cada uno afrontamos los cambios como consideramos oportunos. Lo que está claro es que la vida pasa, la vivamos o no; por eso, si ser feliz es lo que cuenta, tengamos como objetivo inamovible ver en nuestro rostro y en el de nuestros seres queridos esa sonrisa que lo cambia todo y, además, puede con todo. La fuerza no siempre tiene que ser física, hay fuerza mental que puede mover montañas. La vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar y, por eso, el “hoy” vale más que cualquier “mañana” y hoy sigo viviendo de regalo para escribir otro capítulo de mi vida, ya que mientras ésta pasa, yo he decidido extraerla todo su meollo. ¿Y Tú? Ya llegará el otoño, el invierno, los villancicos… Todo pasa y todo hay que festejarlo y vivirlo. Así es la vida. 

Jimena Bañuelos

UN AGOSTO DE CHAMPIONS POR LA VIDA

Mi columna para El Valle de México

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones ese es agosto. A pesar de la ola de calor y el aumento de los rebrotes hay muchas ganas de disfrutar, aunque siempre con precaución. Y si el Gobierno no va a renunciar a sus vacaciones tal y como está la situación, yo, desde luego, tampoco. Hacer un paréntesis después de lo que hemos vivido es una necesidad. La mente necesita desconectar y evadirse un poco de la realidad. Hacer la maleta siempre hace ilusión y más cuando lo que te espera es el mar, la familia y los amigos. Será un verano diferente, de eso no hay duda, pero aún así, y con cuidado, se puede aprovechar bien el tiempo. 

Agosto nos trae, excepcionalmente, la Champions. Así que los amantes del deporte rey tienen por delante unos partidos de lo más emocionantes. Obviamente, aunque esté de vacaciones no perderé de vista a mi Atleti. Allá donde vaya siempre me acompañan mis colores y este año, el coronavirus ha querido que el espíritu de la Liga de Campeones me acompañe. Sueño con esa copa al igual que muchos rojiblancos y, por eso, hay que seguir apoyando a los de Simeone que lucharán por ella. Deben saltar al terreno de juego derrochando mucho coraje y, por supuesto, mucho corazón porque cada encuentro será una final. Además, los errores pueden salir muy caros. Si bien es cierto, la Champions tiene una deuda pendiente con el conjunto colchonero. El tiempo dirá si “La Orejona” viaja a Madrid, pasa de largo por la Cibeles y se rinde ante Neptuno. Desde luego, el dios del mar le daría una grata bienvenida.

Una buena bienvenida tuvieron los ciclistas en la Vuelta a Burgos. Fue un lujo tener a las grandes figuras recorriendo mi tierra. Ha sido una edición que pasará a la historia. Había muchas ganas de competir sobre las dos ruedas y su etapa final fueron las míticas Lagunas de Neila que proclamaron vencedor al belga Remco Evenepoel. Él se llevó el preciado maillot morado. En el podio le acompañaron el español Mikel Landa y el portugués Joao Almeida. Eso sí, hay que destacar que el colombiano Iván Sosa ganó la etapa reina por tercera vez consecutiva. Su reinado en Neila es indiscutible. La edición cuarenta y dos ya es historia, habrá que ir pensando en la cuarenta y tres porque Burgos tiene mucho que ofrecer a estos grandes deportistas, además, mi ciudad estará de celebración. La catedral celebra su ochocientos aniversario, por eso, la Vuelta a España comenzará a los pies de este gran momento.

Aniversarios y celebraciones aplazadas también me esperan este mes de agosto. La Covid-19 hizo que de mi calendario personal se borrarán muchas fechas, pero su traslado a esta época tampoco está mal. Cada uno es libre de festejar lo que quiera ya que siempre hay algo en la vida que merezca una celebración… No me importaría añadir una Champions, por ejemplo. Eso no depende de mí, pero de mí si depende vivir este verano adaptándome a las circunstancias. Con mascarilla, distancia de seguridad y lo que sea necesario para cuidar de mi salud y la de todos, arranco un mes lleno de experiencias por vivir. “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” dijo John Lennon, pero ahora y dada la incertidumbre que reina en el ambiente, es mejor llevar por bandera el mítico Carpe Diem.

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/14558/un-agosto-de-champions-por-la-vida

POR UN AGOSTO PRUDENTE

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Mi columna para El Valle de México

Con temperaturas altas, muchos rebrotes pero con ganas de disfrutar así se despide el mes de julio. Un mes que pasará a la historia por cómo hubiera sido si el coronavirus no se hubiese convertido en el protagonista de este año. Sin Tour de Francia, sin Juegos Olímpicos pero con un día del Libro un tanto descafeinado, y así, suma y sigue… Una nueva normalidad a la que es difícil adaptarse en determinados momentos. Los festivales de música están silenciados y los conciertos que hay se pueden contar con los dedos de la mano al igual que su público. Soñamos con el final de esta pesadilla, un final que no sabemos cuando se producirá. Al menos, hasta entonces, tenemos la intención de disfrutar y de vivir la estación estival ya que la incertidumbre del otoño va adquiriendo cada vez más protagonismo. La temida segunda ola parece que está cada vez más cerca pero, quizás, si hacemos bien las cosas podamos surfear en ella. Los rebrotes están aumentando y las medidas para frenarlos se van tomando a cuenta gotas. Ojalá se actúe por la salud de todos. Volver al pasado no es la mejor opción. Marzo y abril quedaron atrás y con ellos unos datos que dan mucho vértigo recordar y, por supuesto, mucha tristeza.

Es cierto que pasamos de la nada al todo de repente y las ganas por salir del confinamiento no nos podían frenar; pero el virus sigue con nosotros y el calor está claro que no lo ha hecho desaparecer. Madrid fue el epicentro de la pandemia en sus comienzos aunque ahora la realidad es muy distinta. La sociedad está concienciada. Obviamente, siempre hay excepciones, pero sí se ven mascarillas por la calle y la distancia de seguridad se procura mantener. Está claro que concienciarse de la realidad es fundamental. Hay que tener precaución pero ésta no implica que no se pueda disfrutar del verano como se merece. Es cierto que el ocio nocturno está sufriendo las restricciones en varias comunidades autónomas y aunque esto esté disgustando a muchos hay que pensar que es por el bien común. Las medidas se toman para prevenir y toda ayuda es buena. Los sanitarios se merecen el apoyo de todos. Ellos han estado en la primera línea para cuidar de nuestra salud y aunque estemos en verano y de vacaciones siguen pendientes de nosotros. La Covid-19 no entiende de fiestas, así que es mejor ayudar a quienes no pararon en ningún momento por nosotros. Los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, etc. Se merecen, además de nuestros aplausos, nuestra responsabilidad. Nos piden muy poco, tan solo, el uso de la mascarilla, la distancia de seguridad y el lavado de manos; creo que podemos cumplir. Quizás, si añadimos un poco de sentido común, la combinación de todos frenarían esos rebrotes que están poniendo en jaque a muchas regiones. Es una responsabilidad de todos y así daríamos un respiro a nuestros sanitarios. Ellos también se merecen sus vacaciones, su descanso y, por supuesto, su tranquilidad ante lo que dicen que vendrá.

Ojalá lo que venga y muy pronto sea la vacuna. Ahí está la clave. Un pinchazo que nos inmunice y nos despierte de esta pesadilla para volver a recuperar la normalidad que hemos perdido. Al menos, de momento, muchos han aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas y de los momentos más cotidianos. De lo malo hay que quedarse con lo mejor, y esa lección es muy importante porque el presente es ahora y en estos tiempos que corren el futuro es más que incierto. Por eso, sin planes a la vista y viviendo el día a día, arrancamos el mes por excelencia de vacaciones. Toca disfrutar, con prudencia, pero disfrutar en definitiva. Hay que adaptarse a las circunstancias aunque eso no es impedimento para sonreír y ser feliz. La felicidad no entiende de recetas y quizás, ahora, haya que cambiar algún ingrediente… Bienvenido sea agosto. Vayamos a por él en la playa o en la montaña.

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/14341/por-un-agosto-prudente

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