FOTOGRAFÍAS

El mes de agosto llega a su fin y con él se lleva muchos amaneceres, muchas puestas de sol, muchas vivencias y muchas instantáneas que nos ayudarán a afrontar el mes de septiembre. Un mes marcado por la vuelta al cole y la vuelta a la rutina. Menos mal que el verano todavía no ha terminado y nos quedan días para disfrutar de una escapada que otra los fines de semana. Cualquier plan es bueno para mitigar la denominada depresión posvacacional que no es tal si nos aferramos a las muchas experiencias que nos quedan por vivir. 

Experiencias que ayudan a seguir creando recuerdos. Hay fotos que cuando las vemos inventan sonrisas y a pesar de la nostalgia que en ellas encontramos, lo vivido ya no nos lo quita nadie. Por eso, septiembre es un buen mes para ir a Burgos. La ciudad sigue volcada con el VIII Centenario de su catedral y desde hace una semana se han unido a los festejos “Las Alas de México”. La obra de Jorge Marín ya está en la Plaza de Santa María para el deleite de todos. Retratarse con ellas va a ser casi una obligación. Me alegra ver como México está presente en mi tierra gracias a la obra de este escultor. Sin duda, es otro buen motivo a añadir a la lista y visitar la capital castellana. No nos olvidemos que también están las Edades del Hombre. Si Burgos derrocha cultura por sus calles, ahora con la celebración del centenario mucha más. Por cierto, la obra del escultor mexicano estará presente en tierras del Cid hasta el 22 de marzo. Por delante quedan seis meses para disfrutar de la grandeza de sus alas ya que miden 450 centímetros de alto y pesan 1,836 kilos. Están hechas de bronce y las creó hace once años. 

Quizás, la foto en esas alas sea una buena manera para volar hacia lo que deseamos y dejar atrás aquello que nos roba la ilusión. Las instantáneas también son una buena medicina sin receta. Y lo mejor es que se pueden tomar en cualquier momento. Ahora, que no nos desprendemos del móvil para nada, siempre llevamos con nosotros el mejor viaje al pasado. No es cierto que no sea bueno mirar atrás. Simplemente, tenemos que ser selectivos con lo que nos quedamos. Y eso depende de cada uno. Yo siempre me quedaré con lo mejor y confieso que anhelo ver la obra del escultor mexicano. Todo llegará.

Como han llegado las medallas de la burgalesa Marta Fernández en los Juegos Paralímpicos. Lo anuncié hace semanas y me enorgullece poder contarlo. Es un ejemplo de superación a seguir. Sin duda, es un sueño cumplido para ella porque los sueños no son fáciles de cumplir aunque con constancia y tenacidad se logran. Vaya desde aquí mi más sincera felicitación. De nuevo, las fotografías son esenciales porque Marta se verá con la medalla colgada una y otra vez y ese recuerdo estará cargado de emoción.

No siempre es cierto que una imagen vale más que mil palabras, pero ver una imagen en un momento determinado lo puede cambiar todo. La mente tiene mucho poder y alimentar nuestros pensamientos no solo de palabras también tiene sus efectos. Las buenas imágenes imborrables están ahí para ayudarnos cuando todo es más negro de lo que creemos. Si el pasado nos ayuda, ¿por qué renunciar a él? Seamos selectivos

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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DISFRUTAR

Continuamos disfrutando del verano como se merece y eso que ya hemos superado el ecuador del mes de agosto. Para muchos, la cuenta atrás de las vacaciones ya ha comenzado. Durante el tiempo estival nuestra rutina cambia y eso es bueno para la mente. Desconectar siempre es necesario ya sea en la playa o en la montaña. El destino es lo de menos cuando de lo que se trata es de disfrutar. Un verbo que hay que conjugar durante todo el año porque la vida se trata de eso. Es cierto que estar ocioso ayuda mucho, pero valorar el presente siempre es importante.

Un presente, que en mi caso, pasa por escuchar las olas del mar y frente a él valoro la complejidad de la situación que vivimos y lo afortunada que soy por poder disfrutar de los míos a quienes tanto he echado de menos en el duro invierno. En unos días tocará cambiar la rutina y no será fácil, pero siempre la ilusión de regresar será la mejor aliada. De momento, y centrándonos en el aquí y ahora, estoy orgullosa de mi tierra porque es un honor que en Burgos haya arrancado este año la Vuelta a España. Su riqueza cultura acompañó a los ciclistas a lo largo de toda la contrarreloj que dejó grandes fotografías para el recuerdo. Este año pasar unos días por las tierras de “El Cid” es una obligación. De hecho, planificar una escapada allí es una idea para afrontar, por ejemplo, el mes de septiembre. Dice el refrán que el que no se consuela es porque no quiere…

Y consuelos, precisamente, es lo que no quiero este año en la Liga y en la Champions. La competición ha comenzado y aunque nunca dejo de creer, me encantaría que los rojiblancos sigan la estela de la temporada pasada. Eso sí, agradecería que bajarán un pelín el nivel de la emoción y no llegar infartando al final. Las copas buscan a sus ganadores y la afición, por fin, podrá volver a entrar en los estadios aunque con limitaciones. Vamos recuperando la normalidad que perdimos. Todavía nos queda camino por recorrer pero estamos más cerca de conseguirla. No nos desesperemos ya que estamos en la recta final. Está siendo todo muy duro, pero la satisfacción de ir recuperando rutinas perdidas bien se merecen una celebración.

Por eso, ahora más que nunca, tenemos que ser optimistas sin bajar la guardia. Respetando las medidas de seguridad y con la vacunación muy avanzada estamos consiguiendo rebajar la curva de esta quinta ola. De nosotros depende que no vengan más. Este virus ha truncado la vida de muchas personas y no podemos permitir que esa cifra siga aumentando. La vida está para vivirla sin ponerle ningún pero, aunque ahora es el momento de cuidarnos los unos a los otros porque la unión hace la fuerza y juntos saldremos de ésta.

Mientras tanto y, como suelo decir, sigamos viviendo, sigamos aprovechando los momentos… con precaución. Esto me recuerda a la canción del mítico grupo Mocedades: Que no se acabe el mundo porque es cierto que “aún quedamos gente para darle vida”. Si hemos resistido, ya sabemos lo que nos toca.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CON LA “V” DE VERANO, DE VACACIONES, DE ¿VICTORIA?

Con hogueras o sin ellas, en la noche de San Juan siempre se pueden pedir deseos. Todos los tenemos y cumplirlos siempre produce una satisfacción inigualable. A día de hoy, tal y cómo están las circunstancias que nos rodean poder volver a festejar las tradiciones sin restricciones es un anhelo de todos. La normalidad está cada vez más cerca, pero no podemos bajar la guardia en la recta final. El verano ya está aquí y éste trae consigo una infinidad de planes que hay que llevar a cabo en los próximos meses. Confieso que tengo muchas ganas de poder disfrutar de las olas del mar y escuchar ese sonido que es capaz de evadirte de cualquier realidad. 

Una realidad que cambiará el próximo el sábado cuando las mascarillas dejen de ser obligatorias en el exterior siempre cuando se pueda respetar la correspondiente distancia. No me quiero imaginar bajo qué criterios se toman las decisiones ya que hace tiempo que tengo claro que todo pasa por la responsabilidad individual de cada uno. Lo malo es que las consecuencias, a veces, las paga la mayoría y eso no es justo. Pero bueno, siempre hay que quedarse con lo mejor y, en este caso, son las cifras. Además, la esperanza puesta en la vacunación está dando resultados. Sin olvidar, por supuesto, que nos volveremos a ver las caras y en las que no faltaran las sonrisas. Si hace un año disfrutamos de un verano atípico, pero un verano al fin y al cabo; este año no va a ser menos. 

Y no va a ser menos porque nuestra mente necesita desconectar y descansar de toda la presión que nos ha rodeado en el último año. La pandemia ha supuesto un esfuerzo enorme para ella porque la fuerza que hay en ella no siempre puede estar al cien por cien. Su agotamiento da señales que tenemos que saber reconocer y, por supuesto, poner remedio para mitigar las consecuencias que pudieran surgir. De ahí, que la palabra “vacaciones” ya de por sí genere cierto alivio con tan solo escucharla. Disfrutar del momento es vital para todo. El presente es lo más importante. De hecho, éste en un abrir y cerrar de ojos se convierte en pasado.

Por eso, con la estación estival recién estrenada afrontemos esta fechas de tal manera que sus recuerdos puedan ser un alivio cuando las circunstancias sean adversas. Ya sabemos que el futuro es muy incierto. Dicen que no es bueno recordar el pasado, pero sí lo es cuando éste nos saca una sonrisa. En definitiva, se trata de disfrutar, de vivir, de divertirse…

¡Ah! Y para que los que me preguntáis por la Selección en la Eurocopa, dado que mañana los de Luis Enrique juegan un partido trascendental; si ya marcó, por fin, su primer gol Morata tras cambiar los pitos por vítores, ahora, además de ganar, no estaría nada mal que saludasen a su afición. No es mucho pedir. Las imágenes hablan por sí solas. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

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UN AGOSTO DE CHAMPIONS POR LA VIDA

Mi columna para El Valle de México

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones ese es agosto. A pesar de la ola de calor y el aumento de los rebrotes hay muchas ganas de disfrutar, aunque siempre con precaución. Y si el Gobierno no va a renunciar a sus vacaciones tal y como está la situación, yo, desde luego, tampoco. Hacer un paréntesis después de lo que hemos vivido es una necesidad. La mente necesita desconectar y evadirse un poco de la realidad. Hacer la maleta siempre hace ilusión y más cuando lo que te espera es el mar, la familia y los amigos. Será un verano diferente, de eso no hay duda, pero aún así, y con cuidado, se puede aprovechar bien el tiempo. 

Agosto nos trae, excepcionalmente, la Champions. Así que los amantes del deporte rey tienen por delante unos partidos de lo más emocionantes. Obviamente, aunque esté de vacaciones no perderé de vista a mi Atleti. Allá donde vaya siempre me acompañan mis colores y este año, el coronavirus ha querido que el espíritu de la Liga de Campeones me acompañe. Sueño con esa copa al igual que muchos rojiblancos y, por eso, hay que seguir apoyando a los de Simeone que lucharán por ella. Deben saltar al terreno de juego derrochando mucho coraje y, por supuesto, mucho corazón porque cada encuentro será una final. Además, los errores pueden salir muy caros. Si bien es cierto, la Champions tiene una deuda pendiente con el conjunto colchonero. El tiempo dirá si “La Orejona” viaja a Madrid, pasa de largo por la Cibeles y se rinde ante Neptuno. Desde luego, el dios del mar le daría una grata bienvenida.

Una buena bienvenida tuvieron los ciclistas en la Vuelta a Burgos. Fue un lujo tener a las grandes figuras recorriendo mi tierra. Ha sido una edición que pasará a la historia. Había muchas ganas de competir sobre las dos ruedas y su etapa final fueron las míticas Lagunas de Neila que proclamaron vencedor al belga Remco Evenepoel. Él se llevó el preciado maillot morado. En el podio le acompañaron el español Mikel Landa y el portugués Joao Almeida. Eso sí, hay que destacar que el colombiano Iván Sosa ganó la etapa reina por tercera vez consecutiva. Su reinado en Neila es indiscutible. La edición cuarenta y dos ya es historia, habrá que ir pensando en la cuarenta y tres porque Burgos tiene mucho que ofrecer a estos grandes deportistas, además, mi ciudad estará de celebración. La catedral celebra su ochocientos aniversario, por eso, la Vuelta a España comenzará a los pies de este gran momento.

Aniversarios y celebraciones aplazadas también me esperan este mes de agosto. La Covid-19 hizo que de mi calendario personal se borrarán muchas fechas, pero su traslado a esta época tampoco está mal. Cada uno es libre de festejar lo que quiera ya que siempre hay algo en la vida que merezca una celebración… No me importaría añadir una Champions, por ejemplo. Eso no depende de mí, pero de mí si depende vivir este verano adaptándome a las circunstancias. Con mascarilla, distancia de seguridad y lo que sea necesario para cuidar de mi salud y la de todos, arranco un mes lleno de experiencias por vivir. “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes” dijo John Lennon, pero ahora y dada la incertidumbre que reina en el ambiente, es mejor llevar por bandera el mítico Carpe Diem.

Jimena Bañuelos

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POR UN AGOSTO PRUDENTE

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Mi columna para El Valle de México

Con temperaturas altas, muchos rebrotes pero con ganas de disfrutar así se despide el mes de julio. Un mes que pasará a la historia por cómo hubiera sido si el coronavirus no se hubiese convertido en el protagonista de este año. Sin Tour de Francia, sin Juegos Olímpicos pero con un día del Libro un tanto descafeinado, y así, suma y sigue… Una nueva normalidad a la que es difícil adaptarse en determinados momentos. Los festivales de música están silenciados y los conciertos que hay se pueden contar con los dedos de la mano al igual que su público. Soñamos con el final de esta pesadilla, un final que no sabemos cuando se producirá. Al menos, hasta entonces, tenemos la intención de disfrutar y de vivir la estación estival ya que la incertidumbre del otoño va adquiriendo cada vez más protagonismo. La temida segunda ola parece que está cada vez más cerca pero, quizás, si hacemos bien las cosas podamos surfear en ella. Los rebrotes están aumentando y las medidas para frenarlos se van tomando a cuenta gotas. Ojalá se actúe por la salud de todos. Volver al pasado no es la mejor opción. Marzo y abril quedaron atrás y con ellos unos datos que dan mucho vértigo recordar y, por supuesto, mucha tristeza.

Es cierto que pasamos de la nada al todo de repente y las ganas por salir del confinamiento no nos podían frenar; pero el virus sigue con nosotros y el calor está claro que no lo ha hecho desaparecer. Madrid fue el epicentro de la pandemia en sus comienzos aunque ahora la realidad es muy distinta. La sociedad está concienciada. Obviamente, siempre hay excepciones, pero sí se ven mascarillas por la calle y la distancia de seguridad se procura mantener. Está claro que concienciarse de la realidad es fundamental. Hay que tener precaución pero ésta no implica que no se pueda disfrutar del verano como se merece. Es cierto que el ocio nocturno está sufriendo las restricciones en varias comunidades autónomas y aunque esto esté disgustando a muchos hay que pensar que es por el bien común. Las medidas se toman para prevenir y toda ayuda es buena. Los sanitarios se merecen el apoyo de todos. Ellos han estado en la primera línea para cuidar de nuestra salud y aunque estemos en verano y de vacaciones siguen pendientes de nosotros. La Covid-19 no entiende de fiestas, así que es mejor ayudar a quienes no pararon en ningún momento por nosotros. Los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, etc. Se merecen, además de nuestros aplausos, nuestra responsabilidad. Nos piden muy poco, tan solo, el uso de la mascarilla, la distancia de seguridad y el lavado de manos; creo que podemos cumplir. Quizás, si añadimos un poco de sentido común, la combinación de todos frenarían esos rebrotes que están poniendo en jaque a muchas regiones. Es una responsabilidad de todos y así daríamos un respiro a nuestros sanitarios. Ellos también se merecen sus vacaciones, su descanso y, por supuesto, su tranquilidad ante lo que dicen que vendrá.

Ojalá lo que venga y muy pronto sea la vacuna. Ahí está la clave. Un pinchazo que nos inmunice y nos despierte de esta pesadilla para volver a recuperar la normalidad que hemos perdido. Al menos, de momento, muchos han aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas y de los momentos más cotidianos. De lo malo hay que quedarse con lo mejor, y esa lección es muy importante porque el presente es ahora y en estos tiempos que corren el futuro es más que incierto. Por eso, sin planes a la vista y viviendo el día a día, arrancamos el mes por excelencia de vacaciones. Toca disfrutar, con prudencia, pero disfrutar en definitiva. Hay que adaptarse a las circunstancias aunque eso no es impedimento para sonreír y ser feliz. La felicidad no entiende de recetas y quizás, ahora, haya que cambiar algún ingrediente… Bienvenido sea agosto. Vayamos a por él en la playa o en la montaña.

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NO NOS PIDEN TANTO

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Mi columna para El Valle de México

El verano ya llegó y con él la famosa “nueva normalidad”. Pueden cambiar muchas cosas pero los clásicos estivales siempre están ahí: las terrazas, las piscinas, las playas, la montaña, las vacaciones… Existen un sin fin de planes por hacer y, dado el año que llevamos, ahora más que nunca apetece disfrutar. Eso sí, con precaución porque el virus sigue con nosotros. Ahora la palabra más repetida es: Rebrote y, visto lo visto, éste está al acecho. Aún así, y ya con el estado de alarma, hay muchos planes por hacer. Por delante vienen unos meses llenos de luz. El sol me da vida y a pesar de que apriete el calor, siempre diré que estamos en mi estación favorita. Además, después de todo lo que hemos pasado, que el termómetro suba unos grados no es motivo para quejarse.

Quejarse es el deporte favorito de muchas personas, no lo voy a negar. Hay quien hace de la protesta un estilo de vida. Reconozco que, a veces, lamentarse está justificado pero una inmensa mayoría de ellas no. Si hay que llevar mascarilla se lleva, si hay que guardar la distancia de seguridad, se guarda; si hay que lavarse las manos pues se lavan; porque no hay que olvidar que todas estas medidas son por el bien común. Tampoco nos están pidiendo… Es cuestión de poner un poco de voluntad ya que si el rebrote se produce las consecuencias no nos van a gustar y las medidas tampoco. Es preferible pasar el tiempo al aire libre que dentro de un hospital, por ejemplo, o aislado en tu propia casa. Creo que desde marzo hemos tenido tiempo para aprender la lección que el coronavirus nos está dejando. Obviamente, no todas las mentes son iguales y, por tanto, siempre habrá inconscientes que piensen que todo ha pasado; y aunque no nos fiemos de las cifras, más que nada por quienes están detrás de ellas, sólo hay que ver la realidad. Una realidad que nos muestra cómo ha cambiado todo desde que comenzara la pandemia. Si el riesgo no existiera, la nueva normalidad tampoco. Viviríamos en la pasada normalidad. Esa época en la que no nos preocupábamos de aspectos que ahora son vitales. Había besos y abrazos por doquier, pero éstos volverán si las cosas se hacen bien. Al igual que sucederá con los bares, las tiendas y demás actos multitudinarios que hoy tienen escrita la palabra “cancelado” en sus carteles.

Voluntad para cumplir unas escasas medidas es lo que necesitamos, de buscar la vacuna ya se están encargando los científicos. Hagamos que este verano sea un verano para recordar, pero no por la palabra “rebrote” sino por las experiencias que vamos a vivir. De hecho, si algo debemos tener claro después de la incierta primavera, es que el valor del presente es incalculable. La estación estival acaba de empezar, por delante tenemos varios meses para llenarlos de buenos recuerdos. El 2020 pasará a la Historia marcado por un virus, pero en la historia personal somos cada uno de nosotros quienes escribimos los capítulos. De nosotros depende que el 2020 nos deje buenos momentos para recordar. Está claro que solo se vive una vez y este verano es único. A pesar de todo, ¿lo hacemos especial?

Jimena Bañuelos

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FASE A FASE

Mi columna para El Valle de México

Día a día lograremos alcanzar la “nueva normalidad” de la que tanto se habla últimamente. Sin duda, es el objetivo de todos. Además, no hay que perder de vista que el verano “oficialmente” está llamando a la puerta. De hecho, vamos a despedir el mes de mayo con temperaturas muy altas más  propias de la estación estival.

Me encanta ver el sol cada mañana y confieso que soy de esas personas que aguantan bien el calor. De hecho, voy restando los días que quedan para poder ver el mar. A orillas del Mediterráneo todo cambia. Y ahora, más que nunca, es necesario pasar página y afrontar el futuro sustituyendo la perspectiva que me ha acompañado durante el confinamiento. Es cierto, que han sido meses difíciles, pero todo pasa. Madrid está, por fin, en la fase 1. Aunque nos ha costado avanzar éste es el primer paso para poder ver, por ejemplo, a la familia o reunirse con amigos. Si bien es cierto, hasta que pueda abrazar a mis padres todavía quedan unas fases. Todo llega a quien sabe esperar. Los besos y abrazos virtuales cada vez saben a menos. Es necesario reencontrarse con las personas a las que queremos porque los que hemos pasado el confinamiento solos, hemos afrontado días en los que la soledad ha sido nuestra aliada o nuestra peor enemiga. En mi caso, creo que ha sido más aliada porque me ha permitido pensar en cómo alcanzar alguno de los sueños que aún tengo pendientes. Pensar, a veces, no es bueno sobre todo cuando la mente y el estado de ánimo no quieren que luzcas una sonrisa en la cara. Esos días es mejor distraerse y dejarse llevar por una buena película o una serie. No hablo de la televisión porque, precisamente, abstraerse el coronavirus y sus datos también tiene su lado positivo. A mí, por lo menos, me ha funcionado.

No sé si las fases de la desescalada funcionarán o no, porque cumplir con las normas no está en los genes de muchos españoles. Afortunadamente, las contradicciones que hay entre lo que se puede hacer y lo que no en cada una de ellas dice mucho de quienes las han elaborado… Creo que no es necesario especificar más cuando, por ejemplo, el uso de la mascarilla también ha pasado por diferentes estados. Los argumentos para cambiar del ahora no al ahora sí han sido tan “científicos” como los pasos a seguir hacia la “nueva normalidad”… En fin, lo que nos queda por escuchar todavía en las ruedas de prensa… Estoy segura de que más de un volantazo va a haber. 

Volantazo el que ha demostrado la sociedad desde sus coches llenando las calles de muchas ciudades en la que fue la primera “manifestación” de los últimos meses. El estado de alarma ya no impone, el Gobierno tiene a una gran mayoría aporreando las cazuelas todos los días mientras otros intentan defender las incongruencias que éste anuncia. Más allá de nuestras fronteras no somos un ejemplo a seguir, por mucho que le cueste asumirlo al presidente. Su punto de vista desde La Moncloa dista demasiado de lo que se palpa a diario a pie de calle. El futuro es incierto para todos. La incertidumbre es capaz de nublar nuestros pensamientos. Insisto en que siempre nos queda el sentido común. No está de más practicarlo de vez en cuando. Que yo sepa, éste no tiene daños colaterales, en cambio, las mentiras sí. 

Por eso, es el momento de avanzar y dejar atrás las rencillas del pasado. Edmundo Burke dijo: “Nunca puedes planear el futuro a través del pasado”. Así que más actuar y menos hablar. Señalaba Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” Y eso puede pasar como tenga que retrasar mi viaje al Mediterráneo y el abrazo con mis padres… No diré más.

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