Cumpliendo 13 años… Gracias a mi donante de médula

Me acuerdo de ese día como si fuera ayer. Sabía, desde el momento en el que me desperté, que había un antes y un después de aquel catorce de septiembre. En las noches de desvelo soñaba cómo sería “el día cero”. Y ese día había llegado. Me ilusionaba pensar en que el final estaba más cerca, en que volvería a tomar las riendas de mi vida, en que podría ser la joven que de la noche a la mañana cambió la universidad por el hospital… Me ilusionaban muchas cosas, pero también, estaba nerviosa, tenía miedo, tenía la incertidumbre y las dudas que solo el tiempo podría resolver. Siempre pensé que todo iba a salir bien porque esa era la actitud con la que había afrontado los duros ciclos de quimioterapia. Mi familia, mis amigos y mis médicos me acompañaron en los buenos y los malos momentos y en un día tan importante no podían faltar.

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Sonriendo a la vida

Aquella mañana seguí con mi rutina del hospital, sabiendo que por la tarde todo cambiaría. La tranquilidad daría paso al frenético ritmo del trasplante en el que las enfermeras no dejaban de entrar y salir. Mi doctora venía a comprobar que todo iba bien y ya entrada la noche y comiéndome un montadito de lomo con queso, el trasplante finalizó. Estaba cansada pero el miedo dio paso a la esperanza y a una vitalidad que comenzaron a llenarme de energía. Ya pensaba en los días que me quedaban para salir del hospital. Por fin, el día cero iba a dar paso a muchos días más. Ya son más de cuatro mil setecientos. Trece años en los que he podido vivir muchas aventuras y experiencias y, lo más importante, he podido cumplir muchos de los sueños que tenía cuando estaba en la cama de las distintas habitaciones del hospital de La Princesa. Y todo gracias a ese donante alemán que me regaló vida y al que estaré eternamente agradecida.

Confieso que en ese catorce de septiembre se puso el broche final a unos meses muy duros, muy inciertos, en los que la vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar, que los peros no son tan peros, que las cosas hay que afrontarlas como vienen y, lo más importante, que de todo lo malo hay que quedarse con lo mejor. No os voy a negar que lloré, que me enfadé, que me decepcioné, que me impacienté porque mentiría, pero también es justo decir que de todos esos momentos aprendí, gracias a la fuerza de la vida, a reponerme, a creer en mí, a sacar fuerzas no sé de dónde, en definitiva, a luchar por mí, por mi familia, por mis amigos y todo aquello que un día la leucemia me arrebató de repente. Pues bien, hoy tengo un gran motivo que festejar. Hoy, para mí, no es un día cualquiera. La vida, ésa que solo se vive una vez, cuando da una segunda oportunidad la exprimes al máximo, porque ha sido ella la que te ha enseñado a vivir y a valorar. Y precisamente, con los recuerdos volviendo a mi cabeza, hoy brindo por mi donante, por la salud, por los sueños, por mi familia, por el futuro… En definitiva, brindo porque Aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

Cumpliendo 10 años…Gracias a mi donante de médula

Dicen que el tiempo es relativo, y vaya que si lo es. Diez años han pasado desde aquel día que fue a la vez un principio y un fin. Fue ese donante de médula alemán el que acabó con los duros ciclos de quimio, la radioterapia y los tratamientos para dar comienzo a una “nueva vida”. Gracias a su generosidad puedo decir que vivo de regalo, de un regalo lleno de vitalidad. De lo malo hay que quedarse con lo mejor y aunque a veces es complicado, la vida, ésa que solo se vive una vez, da segundas oportunidades. Y las segundas oportunidades, en este caso, son mejores que las primeras. Ya he dicho en más de una ocasión que cuando una persona lucha por su vida, las prioridades cambian. Y a lo largo de esta década me reafirmo en ese pensamiento que surgió en la cama de un hospital. Las pequeñas cosas y los detalles son los protagonistas, sin duda, de los mejores recuerdos…

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Con el 14 a la espalda pensando en la fuerza de la vida

Aquel día fue el comienzo de otra etapa. Una etapa no muy sencilla pero envuelta en un optimismo y fortaleza superior a la anterior. Después del trasplante solo ansías buenas noticias que a veces llegan a cuenta gotas; pero cuando llegan son la mejor inyección de felicidad. Pasaron los meses y como todo es cuestión de tiempo recuerdo cuando llegó el día en el que me dijeron: “Jimena, haz vida normal”. A lo que respondí: “¿Qué es vida normal?” Mi mundo, esa “vida normal” de una joven de 22 años era algo con lo que había soñado en las insomnes noches de hospital. Pero poco a poco fui retomando las riendas de mi vida. Esas riendas que de la noche a la mañana me habían arrebatado. Recuerdo que me emocioné cuando volví a pisar el Vicente Calderón de la mano de mi padre, lloré en el concierto de Alejandro Sanz abrazada a mi madre disfrutando, precisamente, de El tren de los momentos. Volví a salir de compras, a coger el autobús, a conducir… Todas esas lágrimas compensaron los duros momentos que ya formaban parte del pasado. ¡Volvía a tener una vida que vivir! No podía ser más feliz…

Y esa alegría que llenó de energía mis débiles piernas es una fuente insaciable de optimismo. Una década después, con el Color Esperanza por bandera y cicatrices de luchadora, ando rebosante de fuerza para pelear por mis sueños. Uno de ellos lo cumpliré el próximo 28 de septiembre en la ribera del Manzanares. Del brazo de mi padre acudiré a ver a los equipos de mi corazón: El Atleti y el Bayern. Serán noventa minutos en los que las emociones estarán a flor de piel. Este regalo se lo debía a la persona que compartió conmigo las noches más duras de mi vida. Ganemos o perdamos este partido va por ti, papá. Para el otro, tendré que esperar hasta el 22 de octubre para cantar con mi madre las muchas canciones que se escuchen en el solidario concierto de “Por Ellas”. Fuiste mi confidente, mi valle de lágrimas, mi mayor motivación, así que, va por ellas y por ti, mamá.

A la espera de esos dos días, toca celebrar el día de hoy como se merece. Brindaré por la salud, por los sueños, por los amigos, por mi familia, y por supuesto, por ese anónimo donante de médula que hoy más que nunca me permite decir: Aún tengo la vida

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

13 de junio

Algunos creen en ellas y les dan suma importancia, en cambio para otros es algo irrelevante. Hay muchas, buenas y malas, y cada quien tiene la suya. Un gato negro que se cruza en tu camino, romper un espejo, tocar madera, encontrar un trébol de cuatro hojas, pasar por debajo de una escalera, que se sea martes y trece…

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Día para celebrar

Y precisamente es el calendario el que me dice que es trece de junio. No es martes así que todos tranquilos porque los malos presagios son para otro día. Pero justamente por ser el día que es, recuerdo que hace nueve años viví un martes y trece que entró en mi memoria de una manera especial. Sé que mirar al pasado no es bueno, pero en días como el de hoy me llena de energía y positivismo. Era la noticia que más anhelaba, era el principio del fin de mi batalla personal. Cuando te dicen que tienes un donante de médula compatible, además de llenarte de felicidad supone una gran dosis de fuerza. Desde ese momento, la esperanza aumenta, y esa, es la mejor medicina. En los malos momentos las buenas noticias se agradecen y mucho. Soy consciente que alguien me hizo el mejor regalo posible: Me regaló vida. Y gracias a su generosidad Aún tengo la vida para valorar cada segundo, cada detalle, es decir, cada momento. Porque en las peores situaciones se aprende, y mucho.

No voy a negar que hay recuerdos que me estremecen pero las cicatrices, ya sean físicas o no, sacuden en mi mente imágenes que son difíciles de borrar. La memoria es selectiva y si permanecen en ella serán por alguna razón. Reconozco que en los momentos “de bajón” son el mejor tratamiento. Las victorias están para celebrarlas y los aniversarios también. En mi rostro, una sonrisa. La sonrisa que tiene muchos motivos para brillar. Y que se ilumina aún más cuando alguien me dice que se ha hecho donante de médula. Informarse no cuesta nada pero ese es el principio para que alguien pueda recibir “la noticia”. Para esa persona, creedme, ese día queda grabado. Si los medios de comunicación llenan de titulares las portadas y los informativos, quien tiene un donante compatible lo difunde a todos los que están luchando con él. Porque la familia y los buenos amigos son el mejor ejército para hacer frente a la adversidad pero también para disfrutar de la victoria.

Llegados hasta aquí, sólo puedo recordar al escritor y médico irlandés, Goldsmith cuando dijo: “El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”. Ahí lo dejo… pero me encantaría que los que están esperando puedan decir muy pronto lo mismo que yo: Aún tengo la vida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)