LA VIDA CONTINÚA 

Hemos superado el ecuador de este mes y, para muchos, la cuenta atrás para volver a la rutina ha comenzado. Es cierto que cuesta despedirse de las vacaciones, del verano y de todos esos momentos que nos han llevado a la desconexión total. Más de uno se habrá dicho en algún momento: “No sé en qué día vivo”, pero el calendario sigue ahí, perenne, para mostrarnos que la vida continúa y que, en una semana, estaremos dando la bienvenida al mes de septiembre.

Precisamente, septiembre es ese enero que llega con sus propios propósitos. No es que sea Año Nuevo, pero sí “Curso Nuevo”. Cuesta volver porque la nostalgia puede aparecer sin ser llamada. Está ahí porque hubo momentos que merecieron la pena. Y eso, en el fondo, es algo bonito. Las vacaciones terminan, los días largos comienzan a acortarse y, poco a poco, aunque nos cueste, recuperamos nuestros horarios. Ahora bien, nadie puede quitarnos todo aquello que nos hizo felices. Sin duda, hay recuerdos que permanecerán intactos mientras el tiempo pasa. Esa canción, esa fotografía, ese lugar o esa conversación pueden devolvernos de repente a aquel instante en el que todo estaba sucediendo. Son nuestros pequeños tesoros que guardamos sin darnos cuenta y que, con el tiempo, adquieren todavía más valor. Cuando el frío llegue o las circunstancias sean adversas recurriremos a ellos para revivir esos sentimientos que nos llenan de bienestar. 

Poco a poco toca volver. Volver al presente habitual. A ese presente que también nos brinda sus momentos. Algo que tampoco podemos olvidar. Surgirán nuevas oportunidades, nuevos proyectos o, simplemente, recuperaremos aquello que dejamos antes de verano y ahora afrontamos con una sensación diferente. Es más, también septiembre puede ser un buen momento para preguntarnos qué queremos conservar, qué queremos cambiar y, sobre todo, qué queremos disfrutar. La rutina volverá, eso es inevitable. Regresarán los despertadores, los horarios, las obligaciones y esas prisas que durante las vacaciones conseguimos dejar aparcadas. Pero tampoco deberíamos permitir que la rutina se convierta en una excusa para olvidarnos de nosotros mismos. Siempre habrá espacio para un libro, una película, una cena improvisada, un paseo al atardecer o ese café tomado tranquilamente. Pequeños placeres que, precisamente por ser sencillos, muchas veces son los que terminan salvándonos de los días grises.

Si hay algo que tengo claro es que septiembre nos recuerda que el año avanza deprisa. Parece que hace nada estábamos celebrando la llegada del verano y, sin embargo, ya estamos entrando en su recta final. Después vendrán el otoño, Halloween, los buñuelos, los primeros anuncios de Navidad, los turrones en los supermercados y los propósitos para el próximo año. Incluso habrá quien lleve ya consigo un décimo de lotería comprado durante sus vacaciones, porque nunca está de más dejar una puerta abierta a la ilusión.

En definitiva, sí, cuesta volver. Cuesta despedirse de los días sin horarios y de esa sensación de libertad que asociamos al verano. Pero regresar también significa tener nuevas oportunidades por delante. Lo cierto es que la vida no se detiene. La vida continúa. Y quizá lo mejor que podemos hacer es acompañarla.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/24/la-vida-continua/

AGOSTO NO ENTIENDE DE RELOJES

Vamos pasando hojas del calendario sin apenas darnos cuenta de que el tiempo vuela. Hay meses que pasan casi sin dejar huella y otros, en cambio, parecen esperarse durante todo el año. Agosto es, sin duda, uno de ellos. Para muchos es sinónimo de vacaciones, de descanso y de bajar el ritmo. Porque, si hay un momento del año en el que el reloj deja de mandar, es este. No se detiene, ya que el tiempo nunca lo hace, pero pierde la autoridad que ejerce durante la rutina.

Durante once meses vivimos pendientes de los horarios, las reuniones, las llamadas… Y, en más de una ocasión, nos repetimos el mismo mantra: “cuando lleguen las vacaciones”. Ahora ya están aquí y, con ellas, llegan también sus propios rituales. El primero de todos es preparar la maleta. Parece una tarea sencilla, pero año tras año nos genera ese nerviosismo tan característico. Siempre queda la duda de si nos habremos dejado algo importante, aunque, en realidad, lo verdaderamente importante sea disfrutar. Los más previsores elaboran listas con días de antelación, pero nunca entenderán la pequeña dosis de adrenalina de quienes confiamos en la memoria hasta el último momento. Eso sí, una vez que el viaje comienza, las preocupaciones deben quedarse atrás, porque lo esencial es vivir el presente. Las vacaciones tienen esa curiosa capacidad de poner cada cosa en su sitio. Descubrimos que no pasa nada por responder un mensaje unas horas más tarde, que el mundo sigue girando aunque el correo electrónico permanezca cerrado y que, en realidad, la mayoría de las urgencias no lo eran tanto.

El destino es lo de menos. Ya sea una playa, la montaña, una ciudad desconocida o simplemente un lugar alejado del ruido, lo verdaderamente valioso es recuperar el control del tiempo, dejar de mirar constantemente el reloj y permitirse hacer aquello que durante el resto del año siempre queda relegado a un “después” o un “en otra ocasión”. Las vacaciones también encierran una curiosa contradicción. Son días pensados para descansar, pero muchas veces terminan repletos de planes. Hay quienes convierten el verano en una aventura para descubrir rincones nuevos, subir montañas, perderse entre calles desconocidas o madrugar para contemplar un amanecer. Otros, en cambio, encuentran la felicidad en una tumbona, un buen libro y el sonido del mar como única banda sonora. Ninguna opción es mejor que la otra. Cada uno descansa como quiere y como necesita. Al fin y al cabo, el verdadero descanso consiste en dedicar el tiempo a aquello que nos hace sentir bien.

Posiblemente, esa sea la mayor enseñanza que nos deja el mes de agosto. Nos recuerda que el tiempo es vida y que siempre viene bien olvidarse del reloj que marca la rutina y dejarse llevar por los pequeños placeres de cada uno. En unas semanas, septiembre llamará a nuestra puerta y con él regresarán los despertadores, las prisas y las agendas repletas de tareas. Será inevitable. Pero ojalá las vacaciones nos dejen algo más que fotografías en el teléfono o un ligero bronceado. Ojalá nos recuerden que bajar el ritmo de vez en cuando también es una forma de cuidar de nosotros mismos.

Agosto acaba de empezar y aún quedan muchos días por delante para llenarlos de momentos, de experiencias y de recuerdos. Porque, al final, el verano no se mide por los kilómetros recorridos ni por el destino elegido; se mide por la capacidad de desconectar, de disfrutar de las pequeñas cosas y de regresar con la sensación de haber vivido un poco más despacio. Quizás ahí resida el verdadero lujo de las vacaciones: descubrir que el tiempo, cuando se comparte y se disfruta, siempre merece la pena.

¡Felices Vacaciones!

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/08/03/agosto-no-entiende-de-relojes/

DUELE

Firefighters using hoses to combat wildfire spreading through forested mountain area at dusk

Duele ver los montes negros. Duele ver a las personas abandonar sus casas. Duele ver el humo cubrir el horizonte hasta convertir el día en un atardecer eterno. Duele ver a los animales buscar refugio. Duele ver cómo se juegan la vida quienes velan por salvar la de los demás. Duele escuchar el silencio que deja el fuego cuando, finalmente, se apaga.

Duele ver cómo la historia se repite. Cada verano ocurre lo mismo y parece que no aprendemos hasta que los lamentos nos enseñan lo que no se hizo a su debido tiempo. Año tras año, cambian los nombres de los pueblos, cambian las montañas, cambian las cifras, pero el dolor siempre es parecido porque un incendio no solo arrasa árboles; también se lleva por delante recuerdos, proyectos, animales, cosechas y una parte de quienes han ido construyendo su vida en torno a un paisaje que, de repente, se queda reducido a cenizas. Hay lugares que tardarán décadas en volver a tener el verde esplendoroso que lucían antes de las llamas, pero hay personas que nunca recuperarán la tranquilidad. Para ellas, mirar al monte será un desafío. En él verán el pasado cargado de recuerdos, revivirán el miedo de los peores momentos y, aunque el presente las empuje a recuperar lo perdido, saben que nada volverá a ser como antes. Al menos, por ahora. 

La violencia de las llamas asusta. Las imágenes que hemos visto a través de una pantalla dan escalofríos. Afortunadamente, ante ellas emerge la fuerza  de quienes deciden quedarse para ayudar. Bomberos, militares, cuerpos de seguridad, sanitarios y, por supuesto, voluntarios forman una cadena silenciosa que trabaja por los demás, por quienes deben correr en dirección contraria. Ellos no buscan aplausos. Ellos buscan ganarle minutos al fuego por el bien de los demás: por proteger una vivienda, por abrir una vía de escape, por evitar que una familia lo pierda todo. En definitiva, por minimizar el daño que tanto costará reparar. Es más, mientras ellos están frente al fuego hay quienes esperan noticias. Los polideportivos son refugios improvisados donde la esperanza es lo último que se pierde. No se puede ceder ante la incertidumbre. Una llamada lo puede cambiar todo. La incertidumbre, quizás, pesa más que el humo. Cuando una persona abandona su hogar con lo puesto aprende, de golpe, que la vida cabe en una mochila, pero que un hogar nunca ha sido solo un conjunto de paredes. Un hogar es el lugar donde se acumulan los recuerdos, donde se celebran los pequeños momentos y donde se construye el futuro. Por eso, cuando el fuego amenaza con llevárselo todo, no solo arden los tejados; también se tambalean los planes. Aunque el fuego se apague, las cicatrices tardan mucho en desaparecer. 

Ahora bien, sería un error hablar de los incendios solo cuando copan las portadas. El fuego no empieza con las primeras columnas de humo, sino mucho antes: con montes abandonados, con la falta de prevención, con una planificación insuficiente y, en demasiadas ocasiones, con decisiones políticas aplazadas bajo la falsa idea de que la naturaleza siempre encontrará la manera de recuperarse sola. Pero no es así. La reconstrucción tampoco termina cuando se marcha el último camión de bomberos. Después llegan meses de limpiar, replantar, acompañar y reconstruir.

Ojalá llegue el día en que dejemos de acostumbrarnos a estas imágenes. Que un monte calcinado vuelva a escandalizarnos como la primera vez. Que el heroísmo deje de ser una obligación para quienes arriesgan su vida cada verano. Que la prevención ocupe más espacio que las tragedias y que aprendamos a cuidar el territorio antes de tener que lamentarlo.

Porque duele ver los montes negros. Duele ver a las personas abandonar sus casas. Duele ver cómo otros se juegan la vida por salvar a los demás. Pero dolería aún más aceptar que todo esto forma parte de la normalidad.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/07/27/duele/

MÁS ALLÁ DEL CALOR

Hace apenas unos días superábamos la primera ola de calor del verano sudando la gota gorda, nunca mejor dicho. Hubo noches en las que dormir parecía una misión imposible, los ventiladores estaban funcionando a pleno rendimiento y los aires acondicionados no daban tregua. Las conversaciones empezaban y terminaban con un: “Qué calor hace”. Pues bien, ahora estamos en las mismas. Si aquello nos parecía lo peor, ahora sin apenas una tregua, estamos inmersos en la segunda ola de calor. El verano es así. Resignarse es una opción ya que la estación estival es imprevisible e intensa si estamos pendientes del termómetro. Es más, nos obliga a buscar la sombra como si ésta fuera un tesoro y a llevar agua con nosotros a todas partes. Ahora nos quejamos, pero cuando llegue septiembre seguro que nos repetimos: “Qué rápido ha pasado”.

El tiempo pasa y aunque ahora los treinta y muchos grados nos parezcan una barbaridad, en el fondo son los recuerdos que nos deja esta estación porque unidos a ellos están los helados, las sobremesas interminables, las fiestas de los pueblos, los refrescos en una terraza, los días de playa o de montaña y un sinfín de experiencias en las que el tiempo parecía detenerse. Ahora, el reloj pierde su protagonismo y su importancia porque dejando de lado la rutina aprendemos, aunque sólo sea durante unas semanas, a vivir un poco más despacio. 

A quienes no les importa el termómetro estos días es a los que tienen señalado en su calendario el día de hoy. Empezaron a cantar a comienzos de año: “Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo…” Y acaban hoy con “siete de julio: San Fermín”. Ayer se escuchó el cohete que anuncia lo que está por venir. Pamplona está celebrando sus días grandes. Las calles están abarrotadas, los pañuelos rojos son una marea y el blanco que los acompaña es la imagen de un legado que pasa de generación en generación. Siempre me ha llamado la atención la capacidad que tienen las tradiciones para sobrevivir al paso del tiempo. No hay que olvidar que vivimos en una sociedad que cambia a una velocidad vertiginosa porque todo se renueva o caduca en la inmediatez. 

Afortunadamente, los recuerdos siempre permanecen. Quizás, por eso, las tradiciones tienen algo mágico. No son únicamente una fecha marcada en el calendario o una fiesta que se repite año tras año. Son como una máquina del tiempo que nos traslada a todo aquello que nos hace sentir bien. Tal vez, ese sea el mejor motivo que hay para conservarlas. Es cierto que no podemos vivir anclados en el pasado pero volver a él para que nos recuerde la felicidad que se esconde en los pequeños acontecimientos merece mucho la pena. Las cosas sencillas son las esenciales. Son un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. El verano siempre nos regalará un instante al que volver. Él es el responsable de que levantemos la vista del móvil, dejemos de lado el ordenador, la agenda, los horarios, la rutina y nos digamos a nosotros mismos que también está permitido parar.

En definitiva, el verano nunca se mide por los grados que marca el termómetro, sino por los recuerdos que somos capaces de construir. Al final, cuando septiembre vuelva a llamar a la puerta, no pensaremos en las olas de calor que hemos soportado, sino en las personas con las que las hemos compartido. Porque, al final, el verano siempre acaba donde empezó: en esos pequeños momentos que, sin hacer ruido, terminan convirtiéndose en los mejores recuerdos de nuestra vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/07/06/mas-alla-del-calor/

ENTRE LA NOSTALGIA Y LA RUTINA

Esta semana nos despediremos de agosto, un mes que se marcha cargado de recuerdos, de vivencias intensas, de experiencias inolvidables y de instantes que ya se han convertido en parte de nuestra historia personal. Con la nostalgia que todo esto conlleva, nos toca dar la bienvenida a septiembre, ese mes que, más que un final, representa en muchos casos un nuevo comienzo. Menos mal que el el verano aún no ha dicho su última palabra. De hecho, todavía quedan días de sol, escapadas improvisadas y momentos que pueden suavizar la temida «depresión posvacacional».

Al final, lo más importante es aferrarnos con mucha fuerza a lo que aún está por venir. Los recuerdos más recientes nos sacarán más de una sonrisa a pesar de la nostalgia que ellos llevan implícitos. Eso sí, lo vivido ya no nos lo va a quitar nadie. Son momentos que ahora habitan en el pasado, en ese rincón de la memoria donde se guardan los instantes que alguna vez fueron presente. Y ahí se quedarán, como pequeños tesoros, para recordarnos quiénes fuimos, qué sentimos, cuánto reímos y cómo amamos.

Sea el mes que sea, de lo que se trata es de vivir el presente. Un presente al que hay que adaptarse según las circunstancias, pero no hay que dejar de aprovechar todas las oportunidades que éste nos brinde. Septiembre nos ofrece un nuevo comienzo, una especie de “segundo enero” en el que redefinir metas, rutinas y prioridades. Tras un verano en el que muchos hemos desconectado (como se merece), ahora toca reconectar con lo cotidiano sin perder de vista lo esencial: no dejar que la rutina nos absorba por completo. Los días pueden parecer repetitivos, pero cada uno guarda algo distinto si sabemos mirar. Aunque vengan marcados por horarios y rutinas, veinticuatro horas siguen siendo un mundo de posibilidades. Por eso, es importante apoyarse en aquello que nos hace feliz. Aún tengo libros que esperan ser leídos, películas y series por descubrir, planes que quedaron a medias. Y aunque exprimí el verano tanto como pude, no me ha dado tiempo a todo. Eso sí, disfrutar lo he disfrutado como me ha pedido el cuerpo. En el fondo lo que te llevas, además de un tono bronceado, es la sonrisa que te sale al recordar determinados momentos. 

Ahora esos momentos ya son pasado, y eso, aunque duela, también tiene su belleza. Porque en el fondo vivir es eso: ir despidiéndose de esos momentos mientras se abren paso nuevos capítulos. El tiempo va avanzando, con o sin nosotros, y en su paso nos va enseñando que nada es para siempre, pero todo lo vivido tiene un lugar eterno en la memoria.

El verano se va alejando pero no hay que olvidar que todavía queda mucho por vivir. Septiembre marca la vuelta al cole, el regreso a la rutina, y el inicio de ese tramo final del año que parece ir más deprisa que nunca. En nada estaremos viendo turrones en los supermercados y hablando de planes navideños. De hecho, muchos regresan de sus vacaciones con un décimo de lotería en el bolsillo para tentar la suerte venidera… Eso también es aferrarse a la ilusión de lo que está por venir.

Volver cuesta, sí. Porque implica dejar atrás. Pero la vida es una suma de etapas y momentos. Como dijo el poeta Robert Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante”. Pues… Sigamos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/25/entre-la-nostalgia-y-la-rutina/

AGOSTO: EL TIEMPO EN MOMENTOS

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones, sin duda, es el mes de agosto. Aunque los tiempos han cambiado, lo cierto es que sigue siendo por excelencia la época del año en la que la rutina de la mayoría cede ante el ocio. Ahora bien, no hay que olvidar que las vacaciones también tienen su propio protocolo. Para algunos, hacer las maletas puede ser una fuente de estrés, a pesar de que ese momento marca el inicio de una pausa más que necesaria. Lo cierto es que acordarse de todo es casi imposible, sobre todo si se deja para última hora. No todos somos previsores…Esa sensación de “algo se me ha olvidado” suele aparecer, pero, es cierto, que desaparece muy rápido: cuando ya estás en el destino que llevas anhelando durante muchos días. Si eso sucediera, solo queda asumirlo con una pizca de rabia y, por supuesto, aliviarla buscando el lado bueno de las cosas, es decir, repitiendo una y otra vez, la palabra mágica: vacaciones.

Como un relevo bien ensayado, agosto recoge el testigo del deber y lo transforma en tiempo para disfrutar. Es el mes más esperado, deseado, de hecho, son muchos los que llevan desde enero restando jornadas para ver que esos planes con los que soñaban ya son una realidad. Y en esa realidad, las sonrisas surgen solas y empiezan a borrar poco a poco esas ojeras que se han ido acumulando durante el año. Dicen que los ojos no mienten, y es verdad, porque cuando hablamos de vacaciones, brillan de una manera distinta, incluso, me atrevo a decir que especial. Da igual cuáles sean los planes, porque la felicidad se mide por lo que a cada uno le gusta. No hay normas, ni fórmulas. Solo la libertad de vivir los días libres a tu manera, sin horarios.

Eso sí, hay que reconocer que no siempre se descansa tanto porque las vacaciones también pueden convertirse en un auténtico maratón. Aprovechar al máximo conlleva exprimir el tiempo hasta límites insospechados. Hacer excursiones para conocer sitios nuevos es algo primordial cuando tu destino es un lugar nuevo en tu agenda de viajes. Reconozco que soy de las que me gusta ver y adentrarme en todo lo que los sitios me ofrecen cueste lo que cueste. Por ejemplo, si hay que madrugar para ver un bonito amanecer se hace porque la vida son esos momentos únicos que no vuelven. Ese conjunto de experiencias que refuerzan más la fuerza de la mente. El verano está para recargar las pilas y, por supuesto, para desconectar. La pilas, poco a poco, se van llenando porque a estas alturas del año llegan, en muchos casos, bajo mínimos pero lo importante es dejarse llevar por el presente que ahora nada tiene que ver con el del resto del año. La rutina cambia y con ella nuestra forma de vivir.

Vivir. Ese es el verbo que debemos conjugar todo el año, pero ahora con más motivo. Vivir sin ponerle “peros”, sin buscar la perfección que no existe. Porque mientras la buscamos, puede que se nos escape lo que realmente importa: el ahora. El tiempo es oro, sí, pero la vida es única. Y está en nuestras manos aprovecharla al máximo.

Agosto acaba de arrancar. Tenemos por delante muchos días para llenarlos de experiencias, de aventuras, de instantes y recuerdos que nos acompañen cuando vuelva el frío y la rutina. En mi caso, ya tengo planes y libros esperando. Así que, sin más, seguiré escuchando el sonido del mar, contemplando la majestuosidad de las montañas y dejándome llevar por las historias que me regalan las páginas de una buena novela. En definitiva, cuando el verano se apague y la rutina regrese, lo único que quedará será lo vivido. Y en ese balance silencioso de la época estival, ser feliz es lo que cuenta.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/04/agosto-el-tiempo-en-momentos/

¿DÓNDE NACEN LOS SUEÑOS?

Sin darnos cuenta estamos en el ecuador del mes de julio. A estas alturas del verano ya hemos superado varias olas de calor, pero es lo que nos toca en la estación estival. Es cierto que la última Dana nos ha dado un respiro, meteorológicamente hablando, pero también nos ha hecho recordar sentimientos e imágenes imborrables en la memoria. El tiempo pasa y las heridas cicatrizan, aunque a veces, el dolor vuelve al presente. No obstante, la perspectiva ante el ahora depende mucho de las personas y lo que éstas han vivido a lo largo de su vida… Es curioso como estando en verano no cesan las constantes quejas contra el calor, algo que va implícito en esta estación. Si éstas sirven para desahogarse, soltar el estrés acumulado y la irritación que provoca el termómetro desbocado, habrá que aceptarlo aunque no hay porqué compartirlo. 

En mi propósito de buscar siempre el lado positivo de las cosas, me aferro a pensar que las vacaciones están cada vez más cerca. También hay que darle una oportunidad a esas pequeñas escapadas que consiguen que desconectemos de la rutina. Son esos oasis donde podemos refrescar nuestro cuerpo y nuestra mente hasta que comience el verdadero tiempo de ocio. 

A mí, por ejemplo, la playa me brinda ese instante de desconexión tan necesario. En ella, logro escapar, aunque sea por instantes, del guión rutinario que marca mis días. Es un buen sitio para construir castillos en la arena que me permiten hacer borrón y cuenta nueva. Estos los moldeamos a nuestro antojo. Pueden ser más grandes o más pequeños pero siempre serán el reflejo de nuestra imaginación. Una imaginación que, haga calor o no, siempre nos acompaña para construir sueños y para hacernos pensar que todo puede cambiar. 

Los castillos en la arena tienen una duración determinada y cuando caen podemos volver a levantar otro igual o más grande que el anterior. Incluso podemos aferrarnos a la arena mojada que todos sabemos de su fortaleza. En la vida, sucede algo parecido porque de nosotros depende que cuando caigamos nos levantemos con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. La autoestima es ese castillo invisible que se va moldeando con los años. Lógicamente, sufre grietas, se resiente con el tiempo, pero no debe caer porque ser fiel a uno mismo es el mejor cimiento posible. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también evolucionan a medida que vamos cumpliendo años. 

Un verano más, frente al mar, doy forma a nuevos castillos de arena mientras mi mirada se pierde en el horizonte infinito del Mediterráneo que ha sido testigo de mis pasos y mis sueños. En sus aguas dejé anhelos que, con el tiempo y el esfuerzo, se hicieron realidad. Hoy me acompaña una serena sensación de satisfacción por lo alcanzado, pero también una inquietud latente que me empuja a seguir soñando. Porque la vida no sólo se trata de vivirla y disfrutarla, también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. 

Una realidad llena de ilusiones porque éstas son el mejor motor para afrontar las adversidades que también las hay. Aún así, seamos conscientes de que el calor se pasará y con él la estación estival porque cada día que vivimos es único e irrepetible. Los castillos de arena no se construyen solo en la playa. Los castillos de arena están…   (Lo que sigue… que lo escriba cada quien con lo que sueña, con lo que siente, con lo que vive.)

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/07/15/donde-nacen-los-suenos/

HACIENDO PLANES

Bienvenido sea el verano. A los que nos gusta la estación estival ya estábamos deseando que llegara y por fin está aquí. Lógicamente, ésta no está exenta de críticas porque el calor, es cierto, que no agrada a todos. Eso sí, la palabra “vacaciones” nos saca una sonrisa unánime. Sin duda, esta estación está llena de planes porque el ocio cobra un protagonismo esencial. Programar esos planes para los meses venideros es una opción aunque la improvisación es otra alternativa. Es una muestra muy clara de que la ansiada normalidad va perdiendo terreno.

El calendario nos presenta el verano celebrando el día de la música. De hecho, es la época de los festivales. Ésta siempre me acompaña y no entiende de estaciones. Ella ha puesto banda sonora a cada instante de mi vida. No me defino por un estilo en concreto porque cada uno tiene su momento. Además, “la música expresa aquello que no puede decirse con palabras pero que no puede permanecer en silencio” como dijo Víctor Hugo. ¿A quién no le ha pasado alguna vez que una canción habla por nosotros mismos? Ahora es la época de buscar la canción del verano. Aún es pronto para saber cuál será la elegida, aunque, cada uno tendremos nuestra preferida. El criterio individual siempre se impondrá al general. Las circunstancias personales son muy determinantes. Quedan muchas experiencias por vivir y, quizás, en cada una de ellas pongamos una banda sonora distinta. La vida nos permite construir nuestros propios recuerdos al dictado de lo que hemos sentido. Siempre será mejor dar rienda suelta a esos sentimientos que estandarizarlos. 

Con el verano, llega también, una noche mágica: La famosa noche de San Juan. Una velada especial, llena de rituales. Se trata de disfrutar del día más largo y, precisamente, de la noche más corta. Esta fecha es especial en Alicante porque celebran sus fiestas patronales y aunque por todo el territorio español se encienden hogueras, en esta ocasión me centraré en las playas de Levante porque fue allí donde por primera vez, hace muchos años, salté mi primera hoguera. Con hogueras o sin ellas, en la noche de San Juan siempre se pueden pedir deseos. Todos los tenemos y cumplirlos siempre produce una satisfacción inigualable. A los malos augurios hay que alejarlos y se crea o no en esta magia, lo importante es pasar y disfrutar de esta fiesta en compañía de las personas a las que quieres. 

Eso sí, si hablamos de fiestas es bueno tener a mano el santoral porque después viene San Pedro y San Pablo, San Fermín, Santiago… No habrá olas de calor que puedan impedir aprovechar el verano al máximo. Es una necesidad olvidar la rutina ya sea en la montaña, en la playa o en ese paraíso personal en el que somos auténticos y por unos días nos centramos en nosotros mismos. Esto habría que hacerlo más a menudo porque la vida pasa y no nos damos cuenta. No olvidemos a Walt Whitman, de hecho, hasta el famoso profesor Keating en “El club de los poetas muertos” lo tenía como referente: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta…” En definitiva, Carpe Diem

La vida es ahora, con calor o sin él. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/06/23/haciendo-planes/

DE LOS LIBROS A LA MÚSICA

La Feria del Libro de Madrid ha bajado sus persianas. Los autores y lectores se volverán a encontrar en ella al año que viene. Leer es un vicio sano en el que no sólo aprendes sino que vives nuevas experiencias. Si hay algo que me gusta tanto como la lectura es la música. Ésta celebra su día el próximo sábado. Decía Nietzsche que “sin música la vida sería un error” y estoy totalmente de acuerdo con él. Su variedad hace que cada persona se vincule a su estilo particular, es más, siempre podemos encontrar una canción para cada momento; ya sea éste bueno o malo. 

La música también ha ido evolucionando con el paso del tiempo, pero siempre será un placer acudir a escuchar a tus grupos favoritos en directo. Hace unos días, haciendo “Frente al temporal” de calor que había en Madrid acudí a mi primer concierto de Alarm-Antiks! Fue en la sala Rockville y he decir que los asistentes teníamos el corazón abierto “De par en par” para dar rienda suelta a las emociones que Lara, Gonzalo, Alonso, Rodrigo y Punch nos iban a brindar. Son grandes músicos que llevan una vida entregada a cada nota que tocan. Los primeros acordes que sonaron fueron “La Señal” de que por delante se avecinaba más de una hora y media de música de verdad…No hay “Nada Más” que decir porque a buen entendedor…

Es cierto que hay “Algo de verdad” en lo que he dicho porque hay quien ha normalizado no ver, por ejemplo, los instrumentos en un concierto en directo. No hace falta pensar en una “Canción de Ciencia Ficción” porque aunque no soy una “Superinfluenser”, como cantan los Alarm-Antiks!, la realidad es esa. Respecto a esto hay muchas opiniones, pero da gusto ver a este grupo en directo. Suenan muy bien, conectan con el público y disfrutan con lo que hacen y eso se transmite mientras cantan “El cuento del Pez”, “Otra canción de amor” o “Que te puedas quedar”. Sin duda, siempre existirá “El Momento” perfecto para vivir la pasión que estos músicos le ponen a sus canciones. Son “El Brote” de pura adrenalina que lo inunda todo. Una sensación que conlleva mucha felicidad y que la transmiten. Se les quiere y está claro que “Quien queda en tu vida” son esas personas que nunca te van a fallar. Ellos lo saben y se rodearon de los suyos, es más, compartieron escenario con José María Granados, con Fernando Martín, con Nat Simons y con El Pingüino. Menos mal que no nos quedamos “Atrapados en el ascensor” pero sí volvimos a los ochenta. También hubo “Dead Flowers” o “Flores Muertas” de los Rolling Stones.

No es un “Macabro Plan” aceptar una invitación a este concierto. Mi amiga Rosa fue testigo de que todo lo que cuento es verdad. De hecho, al final “nos hizo polvo” ese derroche de energía. Menos mal que el verano está llamando a nuestra puerta y la bienvenida se la dimos con Alarm-Antiks! en  esta fiesta de verano de VinylRoute. De aquí a  “Septiembre”  nos hemos recuperado seguro porque las ganas de volver a ver a Lara, Gonzalo, Alonso, Rodrigo y Punch en directo son muchas. 

Por cierto, no he dicho que se apellidan “Aragón”. Pero si les digo que la noche terminó con un “Adiós, Don Pepito, Adiós Don José” ya se ubican. Eso sí, permitidme, queridos Alarm-Antiks!, que por una vez ese “Adiós” tan popular sea un “Hasta Pronto”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/06/16/de-los-libros-a-la-musica/

MIRANDO AL MAR

Dicen que el tiempo es oro, cuando, en realidad, el tiempo es vida. Por eso, no podemos despistarnos y debemos centrarnos en lo que realmente importa. Está claro que ser felices es a lo que aspiramos y aunque no siempre sea fácil dar con las teclas exactas de esa felicidad, cuando ésta se consigue la sensación es indescriptible. 

Acabo de soplar las velas en la tarta de mi cumpleaños. Como marca la tradición he pedido ese deseo que no se debe decir a nadie para que se cumpla. En realidad, cumplir todos los deseos es lo que hace la vida mucho más interesante. Algunos no dependen de nosotros y llegan cuando menos lo esperamos y el derroche de felicidad es abrumador, en cambio, otros, los vamos forjando con el paso de los días, los meses o, incluso, los años; pero el resultado es el mismo. Es más, me atrevo a decir que la satisfacción personal es un plus a añadir a esa felicidad que tanto nos llena de vida. 

Nunca me importó cumplir años porque eso es la vida. Soplar una vela más cada año es, para mí, un sinónimo de que estamos con nuestros seres queridos para continuar escribiendo otro capítulo de nuestro propio manuscrito. Este año, frente al mar, he comenzado una década nueva, la anterior fue maravillosa y fue en México donde comencé a acumular grandes recuerdos. Estos son inolvidables  y marcaron un antes y un después. Ahora, ante la inmensidad del Mediterráneo, toca seguir soñando y pensar en todo lo bueno que está por venir. Evadirse de la realidad es fundamental para recargar la energía de la mente. En la playa se construyen muchos castillos de arena, algunos duran muy poco y se deshacen en un suspiro; en cambio, hay otros que se caen y se vuelven a levantar para recordarnos que en la vida hay que hacer, en más una ocasión, borrón y cuenta nueva para levantarse tras cada caída con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. 

La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también hay una evolución a medida que vamos cumpliendo años. 

Por eso, teniendo muy claro que la vida es lo que nos queda por vivir, me permito mirar a lo lejos y contemplar el mar que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. Está claro que la vida es hoy, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca. Gracias a ellas, las adversidades se llevan mucho mejor. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. 

En definitiva, los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… 

Jimena Bañuelos

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