LOS SUEÑOS TAMBIÉN SE REPARTEN

He hablado este mes del belén de mi abuela pero no me puedo olvidar que mi abuelo vivía la Navidad como si el calendario le devolviera años en lugar de quitárselos. En diciembre solía caminar más deprisa de lo que ya lo hacía y sin darse cuenta hablaba de los planes futuros y de los deseos con la misma convicción que yo, una niña, aseguraba que de mayor quería ser bailarina o maestra. Para él, la Navidad no miraba hacia atrás, sino hacia adelante. Y la Lotería de Navidad era el lugar donde esa ilusión se hacía visible.

Por supuesto, el ritual para el sorteo empezaba muchos días antes. Los décimos y las papeletas llevaban tiempo guardados en el cajón donde mi abuelo conservaba las cosas importantes, no las valiosas. Ahí, doblados con cuidado, estaban esperando su momento, su gran día: el 22. La víspera del sorteo, como quien saca algo frágil a la luz, sacaba también los sueños y los extendía sobre la mesa, ordenándolos como cartas de una baraja secreta. Los miraba uno a uno, no para comprobar los números, sino para recordar de dónde venían. “Este es del bar de Julián”, decía. “Este otro lo compré con Vicente, el del taller”. Cada papeleta, sin duda, era una historia compartida no solo con los amigos sino también conmigo.

Es bonito recordar a ese niño que todos tenemos dentro. Mi infancia está ligada a muchos recuerdos que resurgen cuando tienen que hacerlo. Es cierto que han pasado muchos años y esa niña, hoy, no suele jugar a la lotería porque mi abuelo sabe que el famoso “Gordo” me tocó hace muchos años de una manera muy especial. Eso no quiere decir que no sueñe. Lo hago, no solo en estas fechas, sino siempre porque soñar, como jugar a la lotería, nunca fue solo cuestión de números.

Hoy la Lotería de Navidad se compra con meses de antelación. Desde verano se pueden adquirir décimos, sin frío, sin esperas. Aun así, cada diciembre vuelven las colas interminables de Doña Manolita, como si la espera formara parte del hechizo. Recuerdo el 22 de diciembre como un día solemne. Mi abuelo adaptaba el ritual a la rutina: si el sorteo caía en un día laborable, lo escuchaba por la radio, atento a cada número mientras la mañana avanzaba; si coincidía con fin de semana, se sentaba frente al televisor, subía el volumen cuando los niños empezaban a cantar y guardaba silencio, como si aquel coro sostuviera el futuro por unas horas. No hablaba; escuchaba. Y mientras los números caían, él soñaba.

Soñaba con repartir antes que con gastar, con arreglar cosas pendientes, con sobremesas largas. No imaginaba lujos, imaginaba tiempo. Hace años se jugaban más papeletas que ahora. Comprar la lotería así era una excusa perfecta para verse, para entrar en un bar, saludar, preguntar por la familia, desear suerte mirándose a los ojos. El número era casi lo de menos: lo importante era el gesto compartido.

Mi abuelo ya no saca los sueños del cajón, pero cada vez que escucho a los niños cantar vuelve su manera de creer, su fe en que aún podían pasar cosas buenas. Y entiendo que la Lotería de Navidad nunca fue solo ganar. Fue aprender a esperar, a compartir la ilusión, a mirar hacia adelante sin miedo. Yo sigo soñando. No con premios ni con números exactos, sino con esa forma suya de vivir diciembre como una promesa. Porque mientras uno conserve la capacidad de soñar, aunque no juegue, aunque no toque, la Navidad sigue teniendo sentido. Y quizá ese fue siempre el verdadero premio que mi abuelo me dejó.

Jimena Bañuelos

A UN MES DE NAVIDAD: COMIENZA LA MAGIA

Noviembre se está marchando silenciosamente, como si quisiera pasar desapercibido sin que nadie lo note, pero es evidente que deja tras de sí ese murmullo inconfundible que anuncia que algo especial está por llegar. Basta con pasear por la ciudad para sentirlo: el aire se vuelve distinto, más frío, sin duda, pero también más amable. Las calles parecen inquietas, unas ya lucen sus brillos y otras están a punto de hacerlo. Es evidente que cuando éstas se encienden, con esos primeros destellos de luz se rompe la oscuridad y nace un sentimiento que despierta algo en nuestro interior. 

El tiempo tiene la costumbre de avanzar sin pedir permiso. Somos nosotros quienes lo percibimos acorde a nuestra realidad. Hay días que pasan lentos, pesados, como si no fueran a terminar nunca, y de pronto miramos atrás y nos sorprende comprobar lo lejos que hemos llegado. Lo pienso cada vez que hojeo mi agenda. Empezó limpia, ordenada, con ese olor a nuevo que trae consigo la ilusión de los comienzos. Ahora, en cambio, es un pequeño mapa de mi año: páginas dobladas, anotaciones apresuradas, citas canceladas, alguna que otra mancha de café, recuerdos que no caben en una frase. Y aun así, le queda un mes más de vida para acompañarme en esta última parte del camino.

Quizás, por ser el último capítulo emociona tanto la llegada de diciembre. Este mes, sin duda, nos recuerda algo que solemos olvidar: la vida sucede cada minuto y no se guarda nada para más adelante. Sucede estemos listos o no. El tiempo es ese regalo frágil que en muchas ocasiones malgastamos con una ligereza que llega a asustar. Deberíamos aprender a abrazarlo antes de que se nos escape, y por supuesto, nunca debemos posponer lo importante.

Dicen que la Navidad tiene algo de milagroso o de mágico, y aunque no todos crean en milagros, es difícil negar que en estos días se despiertan sentimientos que parecían dormidos. Tal vez sea el recuerdo de la infancia, de aquella época en la que todo parecía posible y las luces nos hipnotizaban como si mostraran un secreto. Tal vez sea que, por unos días, los adultos dejamos de lado las prisas y permitimos que la ternura vuelva a tener espacio. La Navidad no soluciona la vida, pero nos recuerda que la vida sigue mereciendo la pena. Es más, incluso los “Grinch” lo saben, aunque disimulen. Refunfuñan, reniegan de los villancicos, pero basta un pequeño gesto para que algo en ellos se ablande. Nadie resiste por completo a diciembre. Hay un lenguaje silencioso en estas fechas que atraviesa incluso a quienes intentan mantenerse al margen.

Las calles ya brillan, y cada luz encendida acorta la distancia hacia lo que verdaderamente importa: volver a casa, reencontrarse, celebrar que seguimos aquí y que los que no están nos enseñaron las tradiciones que tenemos que disfrutar. Yo ya cuento los días para estar con los míos. Porque ahí, en ese lugar donde las risas suenan más sinceras y los silencios no pesan, es donde la Navidad cobra sentido.

Bienvenidas sean las luces. Bienvenida sea la ilusión que vuelve sin pedir permiso. Que este mes nos abrace con su magia y nos recuerde que lo importante siempre está cerca. Ya casi llega… y ojalá nos encuentre con el espíritu encendido.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/11/24/a-un-mes-de-navidad-comienza-la-magia1/

RECONECTAR Y REENCONTRAR

Estamos listos y dispuestos para encarrilar el mes de septiembre. Un mes, sin duda, que está marcado por los comienzos, al igual que el mes de enero. El primero del año está lleno de propósitos y de sueños por cumplir. Han pasado ocho meses y seguramente nos queden muchas cosas por hacer de esa lista que inauguró este año. Todavía hay tiempo para ello, pero hay que reconocer que septiembre podría ser esa reválida que nos recuerde que hay que ponerse manos a la obra para cumplir con nuestras propias promesas. También, no hay que olvidar que se inicia el nuevo curso y éste también está cargado de oportunidades. Unas oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.” Precisamente, el crecimiento individual nos va forjando nuestro carácter para afrontar los pros y los contras de la vida.

Unos pros y contras que siempre está bien compartir con esos amigos de verdad. También, en estos días nos volveremos a reencontrar con las amistades que no vemos desde que comenzara el tiempo estival. El regreso a la normalidad también es el momento ideal para reconectar y esto tenemos que hacerlo con nosotros mismos y con los demás. Cuando la desconexión de la rutina ha sido total, esta reconexión puede costar más de lo habitual, pero sin duda, esa es la mejor señal de que hemos vivido el presente y cumplido con la promesa de dejar atrás el día a día. 

Por eso, septiembre no sólo representa una nueva oportunidad para cumplir metas o recuperar el ritmo, sino también para fortalecer vínculos. Volver a compartir tiempo con quienes forman parte de nuestra vida, y, por supuesto, dar la bienvenida a nuevas relaciones que surgen en este último trimestre del año. A veces, un simple reencuentro puede recargarnos más que cualquier plan, y una conversación sincera puede ser el impulso que más necesitamos para comenzar con la ilusión renovada.

En medio de los nuevos comienzos y la vuelta a la rutina, es importante recordarnos que no estamos solos. Todos, de una forma u otra, estamos intentando equilibrar las ganas de avanzar con la nostalgia del descanso. Volver a clases, al trabajo, a los compromisos, no debería ser visto como una carga, sino como una nueva etapa para hacer las cosas de otra manera. Está claro que los nuevos comienzos o cambios de ciclo nos enseñan que el tiempo pasa pero también nos transforma y nos moldea. Precisamente, estos cambios  son clave para aprender que no hay que dejar de compartir, de confiar, de abrir espacio para las personas que suman, que aportan, que nos inspiran. Las amistades verdaderas, esas que no se desgastan con el paso del tiempo ni con las ausencias, merecen también ser cuidadas en esta nueva etapa. A veces basta un mensaje, una llamada o una tarde cualquiera para que todo vuelva a su lugar.

En definitiva, septiembre es una buena invitación a vivir cada día con intención y no quedarnos sólo con los planes o los propósitos. Sin duda, más allá de todo lo que tenemos por hacer, de los objetivos por cumplir o los horarios por encajar, lo que realmente queda en la memoria y en el corazón son los momentos compartidos. Así que debemos afrontar este mes no sólo como una hoja en blanco, sino como una nueva oportunidad para construir la vida que queremos. No debemos olvidar que la vida no solo se mide por logros, sino por la calidad de lo esencial.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/09/01/reconectar-y-reencontrar/

¡FELIZ NAVIDAD!

El tiempo pasa muy deprisa y ya estamos en la recta final para la Navidad. Es cierto que el ambiente lo envuelve de ese espíritu que lo cambia todo. Es tiempo de reencuentros y, sobre todo, de buenos deseos. Unos deseos que se han podido acumular a lo largo del año, pero que cobran más fuerza en esta época. 

Precisamente, en la época más fría del año llegan la fiestas más cálidas, siempre y cuando seas de los que adoran todo lo que la Navidad lleva implícito. Extrañar a los que no están y ver los asientos vacíos conlleva una nostalgia que hace frente a la ilusión. Estos dos sentimientos encontrados provocan un terremoto de emociones en las que, quizás, haya que dejarse llevar por el corazón. Éste es la mejor guía para dar rienda, de verdad, a lo que sentimos. La sensibilidad puede estar a flor de piel, pero no podemos olvidar que hay que disfrutar estas fiestas con quienes de verdad nos quieren. La familia y los auténticos amigos valen oro y, por eso, no podemos perder la ocasión de gozar cada momento que estemos con ellos.

En la vida en un segundo todo puede cambiar y a escasos días de celebrar la Navidad tenemos que valorar todo lo positivo que este año nos ha dejado. Hacer balance es inevitable, pero como siempre digo, de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor es abrazar a los que más queremos. Seguro que todos hemos puesto ya el árbol y el Belén, hemos comprado los turrones, polvorones, mantecados y demás dulces para preparar los días más entrañables. La banda sonora ha ido cambiando porque los tradicionales villancicos han dado paso a versiones más modernas. No descarto que más de uno coja la zambomba y la pandereta y se venga muy arriba. 

Sin duda, arriba tiene que estar el ánimo porque la Navidad, como el resto de los días del año, es única y sólo por eso hay que vivirla para guardar en la memoria unos recuerdos muy amables. Las fotos, año a año, aunque pueden parecer iguales no lo son. Éste es, sin duda, uno de los mejores motivos para disfrutar y, por supuesto, para ser felices con los que nos quieren. Los que derrochan hipocresía es mejor que se queden con ella porque el año tiene trescientos sesenta y cinco días. Tengo claro que ser feliz es lo que cuenta y, por eso, aunque estemos en la época navideña hay falsedades que no tienen hueco en ella.

Sólo tienen hueco la ilusión, los deseos y los sueños por cumplir. Estos son el motor que nos mueve a superar las adversidades que el día a día nos presenta. Ya me gustaría una Navidad de trescientos sesenta y cinco días. Quizás nos iría mejor. En realidad es todo actitud y, sin duda, la autenticidad de las personas debería ser primordial y no envolver lo que no se es en un paquete especial por estas fechas. 

Unas fechas que todos tenemos marcadas en el calendario. La Navidad nos guste o no es mágica. Cada uno de nosotros sabemos cual es el verdadero truco para que ésta sea especial. Seguiré escribiendo mi carta a los Reyes Magos y nunca faltará el deseo de ver sonreír a los míos. Su sonrisa lo cambia todo, porque la felicidad empieza ahí. 

Y dicho esto solo me queda decir de todo corazón: ¡Feliz Navidad! 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52716/feliz-navidad

ILUSIONES 

Estamos en verano y le hemos dado la bienvenida como se merece. La noche de San Juan marca un antes y un después. Las tradiciones están para cumplirlas, y con hoguera o sin ella, siempre se puede hacer un punto de inflexión en este año. Dejar atrás el pasado y quemar o borrar de nuestra mente aquello que nos hace daño siempre será positivo. Es bueno pedir deseos y tener sueños pendientes por cumplir. Estos son nuestra mejor motivación para seguir adelante y afrontar las adversidades que se nos van presentando. No son pocas, pero en la balanza también están las ilusiones para equilibrarla. 

Unas ilusiones que varían de unas personas a otras y están condicionadas, sin duda, por la propia situación. De una manera o de otra, Ortega y Gasset tenía razón. En el fondo, la célebre cita: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” nos marca nuestro presente y nuestro entorno. Todo puede cambiar pero para ello tiene que haber una actitud. Ésta se puede apoyar en quienes están dispuestos a ayudarte a convertir esa circunstancia en algo mejor, o al menos, a añadirle un oasis de esperanza en ella. 

Ilusión es, precisamente, lo que se vivió hace una semana en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Un hospital en el que hay historias muy duras de pequeños luchadores que, desde su inocencia, viven la parte más dura de la vida. Sin embargo, son un ejemplo a seguir. Verles sonreír no tiene precio y eso es lo que consiguieron Lorca y el Mago Roncero en el salón de actos. No puedo negar que mi pasado vino a mi presente porque, en el fondo, mi corazón tiene cicatrices que en determinados momentos se sienten aún más. No obstante, por eso, había que contagiarse de la inocencia de los más pequeños y dejarse llevar por la magia y la música. Dos grandes compañeras que siempre ayudan en las peores situaciones. 

Con los acordes de la guitarra de Lorca recordamos, los más mayores, canciones que hemos cantado en más de una ocasión. Aquel verano de “Bésame en la boca” forma parte de la vida de muchos. La música se intercaló con la magia del Mago Roncero. La expectación era máxima porque nadie supo como se anudaron los pañuelos, como pudo averiguar el destino de un viaje o la carta que habían seleccionado. La magia no solo estuvo en sus manos. La magia estuvo en el ambiente porque hacer sonreír dentro de un hospital no es fácil, pero no es imposible. Lorca y Roncero consiguieron que durante casi hora nos olvidáramos de nuestra circunstancia. El coctel era perfecto: ilusión más sueños más música más magia no podía fallar. Y no lo hizo.

La vida se va llenando de capítulos. Unos son más amables que otros y las historias se van escribiendo día a día. El martes veinte de junio no fue un martes rutinario en el Niño Jesús. El veinte de junio se escribió de otra manera. Cada uno destacará de él lo que quiera, pero yo me quedo con que la esperanza y la fuerza nacen de uno mismo, pero si le añades unas notas musicales o la magia de la vida todo se lleva mejor. Lo importante es ser feliz y no perder la sonrisa.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46515/ilusiones

SALVAR LA NAVIDAD

Un mes es lo queda para celebrar la Nochebuena. La cuenta atrás ha comenzado y las medidas para frenar la propagación del virus no dan tregua. Pretenden salvar la Navidad, pero realmente se trata de salvar vidas. Si no nos podemos reunir por el peligro que entraña hay que aceptarlo, asumirlo y pensar que el sacrificio de este año nos servirá para afrontar el 2021 con mejores perspectivas. No podemos olvidar todo lo que ha sucedido desde el mes de marzo. Vino la primera ola y arrasó. Ahora estamos intentando controlar la segunda y aunque la Navidad esté a la vuelta de la esquina hay que priorizar y no correr riesgos. Afortunadamente, la tecnología juega a nuestro favor. Siempre nos quedará la videollamada que nos ponga los ojos vidriosos por no poder estar con nuestros seres queridos, pero por otra parte, esos ojos también se pueden emocionar porque al otro lado se encuentra alguien a quien queremos y, afortunadamente, tiene salud. Dice el refrán que más vale prevenir que curar y todavía estamos a tiempo de asimilarlo. Llegará el día en el que nos abracemos y ese abrazo será, sin duda, el mejor regalo de que todo esto ha terminado. La esperanza está puesta en las vacunas y ya se oye hablar de ellas. Vamos superando, día a día, esta pandemia que nos ha arrebatado demasiadas cosas y todavía nos está dejando grandes lecciones. Aprender a valorar la vida es una ellas. Por eso, vivamos una Navidad diferente. Eso sí, no nos olvidemos que sigue siendo la época más entrañable del año.

Se encenderán las luces para iluminar nuestras calles. Unas calles que han estado desiertas, que también han estado sin vida y que, poco a poco, van recuperando ese trajín al que están acostumbradas. Llega el famoso Black Friday, llega la época de hacer regalos y crear ilusión a pesar de las circunstancias. Siempre digo que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y este año lo mejor han sido mensajes, llamadas, pequeños ratos de café… En definitiva, han sido momentos que de una manera o de otra me han recargado las reservas de fuerza para seguir mirando al futuro con mucha esperanza.

La esperanza es lo último que se pierde, así que aferrémonos a ella. Busquemos esas pequeñas cosas que nos sacan un sonrisa cada día. No siempre es fácil, pero la actitud lo es todo. Hay días que son una auténtica cuesta arriba y parece que todo nos supera, en cambio, hay otros que son más fáciles.

Buscar el equilibrio es complicado, pero está claro que cada mañana sale el sol. 

La vida no es un guion preestablecido. La vamos escribiendo de puño y letra, día a día, minuto a minuto, y segundo a segundo. De hecho, no se nos puede olvidar que en un segundo todo puede cambiar. Seamos conscientes de la responsabilidad individual. Usemos el sentido común. Entre todos doblegaremos la curva y recuperaremos la rutina que el virus se llevó. Estoy convencida de que todos echamos de menos algo del pasado… Ese algo que nos saca una sonrisa, que nos llena de nostalgia, pero que nos da vida… Hoy, por ejemplo, escribo estas palabras con una dosis extra de coraje y corazón. ¿Por qué será?

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17782/salvar-la-navidad

“Recoged las rosas mientras podáis”

dos_caminosDecía el filósofo suizo, Amiel que “el hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide”. No iba desencaminado. Las decisiones forman parte de nuestra vida. Puedes acertar o equivocarte pero nunca arrepentirte. Unas son fáciles y otras no, pero una cosa tengo clara: De todas se aprende.

Desde septiembre tenía marcado en mi calendario el día de hoy. El Real Madrid visita el Vicente Calderón y si por esa época el encuentro ya me suscitaba mucho interés ,y no sabía como iba a estar la clasificación liguera, ahora más que nunca la emoción está asegurada. “El Cholo” ya sabe quien saltará al terreno de juego para defender ante los vikingos los colores colchoneros. El hombre del “partido a partido” ya ha decidido. Esperemos que para bien. Ante un derbi como este, en una situación normal ya hubiese preparado las pinturas rojiblancas para animar como una “india” más a los míos. Pero hoy, voy a cambiar el rojiblanco y me pintaré “la cara color esperanza”  porque he decidido “tentar al futuro con el corazón”  ya que “es mejor perderse que nunca embarcar” como canta Diego Torres.

Echaré de menos muchas cosas, lo sé. Que la nostalgia me acompañará al principio, también. Pero me voy cargada de ilusión y optimismo. Aseguraba el dramaturgo austriaco Schnitzler que “estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”. El momento ha llegado, y con él; la oportunidad. Las ganas de disfrutar ya las tenía.  Así que: Ahora o nunca.

Tomar decisiones nunca es fácil pero siempre hay otra persona a la que consultar. Dicen que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”, en mi caso es una rosa muy especial. Hace días, esa Rosa me recordó que “las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios”. Me hiciste pensar que hay que luchar por los sueños y por la felicidad. Hemos compartido juntas grandes momentos, eso sí, siempre con el chocolate como maestro de ceremonias. Si los amigos están para ayudarnos en las caídas y empujarnos en las indecisiones, tú, sin duda, siempre me has dado la mano para levantarme y me has impulsado a superar mis miedos. Eres una gran amiga, una gran persona, y por supuesto, una gran colchonera.

No sé cómo será el partido de esta tarde, si sufriré mucho con el Atleti o no. De lo que estoy segura es que mis ojos se humedecerán pensando todos los recuerdos que me llevo. Pero solo se vive una vez y como dijo el escritor mexicano Amado Nervo: “La vida es como un arca inmensa llena de posibilidades.” Todo llega cuando menos te lo esperas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Noche de Reyes: Noche de sueños

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De nata, de trufa, de crema o sin rellenar pero siempre bien acompañado por el tradicional chocolate llega como cada año a nuestras casas el roscón de Reyes.  Es el único que puede robar “cierto” protagonismo a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Si hay un día del año en el que la inocencia y la ilusión se refleja en los rostros, es el día de hoy. Los Reyes Magos ya han llegado. Para unos su llegada significa el punto y final a la época menos deseada del año. Sin embargo, para otros ver a Sus Majestades en la cabalgata es el momento más esperado de estas fiestas. Es verdad que los niños son los protagonistas de la noche más mágica del año pero los “no tan niños” también podemos impregnarnos de esa ilusión. El valor de esas sonrisas es incalculable. Esa alegría sin contener de los más pequeños, es motivo más que suficiente para afrontar el día a día con positividad. Desde Oriente llegan los magos siguiendo una estrella, pero ¿sabemos a qué estrella tenemos que seguir cada uno de nosotros?

Como la crisis sigue acompañando nuestros días, por si en el 2014 las cosas se ponían peor, decidí escribir a Papa Noel. Llega antes. Pero al enterarme que los sellos son de las pocas cosas que no han subido a comienzo de año, también mandé una misiva, con urgencia, a los Reyes Magos. Al primero no le pedía grandes cosas, de hecho, algunas no estaban al alcance de sus manos, más bien, dependen de la fortaleza que haya en mí para conseguirlas, pero se portó. Me conoce bien y sabe que el tiempo es oro, así que, es magnífico el reloj con el que me sorprendió.

A los de Oriente les salió un competidor hace tres días. El Ministro de Economía, Luis de Guindos, declaraba que “la creación de empleo en 2014 será significativa”. Es el regalo que muchos españoles estamos esperando. Ojalá sea cierto. Quedan once meses para que hagamos balance de este año y, sin duda, muchos valoraremos muy positivamente si esas palabras tenían su fundamento o fueron fruto de la resaca de Nochevieja para ser titular de los periódicos. El tiempo lo dirá aunque Nietzsche ya dijo: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti.” Aún así, de Melchor, Gaspar o Baltasar espero un buen libro que haga volar mi imaginación a través de sus páginas.

A los que no se portan bien les suelen traer carbón, al precio que se está poniendo la luz seguro que más de uno lo prefiere como regalo. Este año creo que me he portado bien, creo que el carbón se lo merecen otros: Todos aquellos que nos indignaron el año pasado; y fueron muchos. Pero si me tienen que traer carbón, que sea de chocolate…Si es como el que probé el otro día…Seré mala a conciencia.

La noche de Reyes no es sólo para los reyes de la casa. Dejemos aflorar al niño que hay en cada uno de nosotros. Soñar lo hacemos todos pero si le añadimos la ilusión de poder cumplir lo soñado, la vida merecerá la pena.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Con seguridad pero sin orgullo

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El dato del paro tan temido por algunos y tan real para otros, es algo más que unos números. En esas cifras hay unas vidas reales. Unos sueños e ilusiones pendientes de cumplir. No me presento aquí para contar mis méritos, que también los tengo; sino para ver todo desde otro punto de vista.

Llevaba muchos años esperando volver a vivir el ambiente de una redacción, soy periodista de vocación y nada me puede hacer más ilusión que ejercerla. Pues bien, dicen que la esperanza es lo último que se pierde y cuando ya dudaba, incluso, de mi misma, me llamaron para una suplencia de verano. Nunca olvidaré la llamada de Antena 3. Esos meses no han sido sólo dos meses de periodismo, han sido dos meses que me han vuelto a dar la energía suficiente para poder seguir luchando por mi futuro. Un futuro, en el que yo tome las riendas de mi vida.

Soy optimista, si. Cuando tenía veintiún años una leucemia me cambió la vida por completo. Tenía trabajo, amigos y los “supuestos mejores años de vida por delante”, pero la vida cambia y desde entonces he luchado por volver a tener salud y, ahora, no me rendiré hasta encontrar un trabajo.

Acabé mi carrera en la habitación de un hospital. Mi mente estaba ocupada entre preparar el trabajo fin de carrera sobre Ortega y Gasset y la incertidumbre del trasplante de médula que me esperaba. No me rendí entonces y no lo haré ahora. Lo decía Ortega: “Yo soy yo y mi circunstancia”.

Yo sigo siendo la misma pero con un máster en la vida. Mi circunstancia ahora es otra. Al igual que todos, convivo con una crisis de la que nos gustaría ver ya su final…pero si no puedes con tu enemigo, únete a él. Yo al menos, vivo con ella. De poco me sirve criticar y enfadarme con el mundo mundial por lo que me está pasando. Lo único que conseguiría es generarme una ansiedad y un malestar que no me beneficiarían en nada. Así que es mejor sacar de lo malo lo mejor. O, al menos, esa fue mi premisa durante la enfermedad y me fue bien.

Cada día que pasa no es un día más que estoy sin trabajo, es un día menos para encontrar una oportunidad. Si que es verdad que hay días y días. Días buenos y días malos pero nunca he perdido la esperanza.

Siempre he aprovechado el tiempo. Mientras recuperaba fuerzas aprendí cinco idiomas y, es cierto, que he pensado en marcharme de España…pero ¡cuidado! Las cosas no son tan fáciles. Irte es una aventura y como toda aventura que se precie, tiene sus pros y sus contras. Lo que hay que tener claro es que el inmigrante eres tú. Un concepto que hay que asumir desde que se pone el pie en el aeropuerto de llegada. Y lo sé por experiencia. He vivido en Francia, Alemania y Estados Unidos. Los países te reciben, sí, pero el que tiene que trabajar duro para encontrar una oportunidad eres tú. Dejar al lado el orgullo y tirar para delante. Los comienzos nunca son fáciles…

Puedes tener la suerte de haber estudiado una o dos carreras, de haber hecho el máster que te apetecía y verte en una situación en la que jamás te hubieras imaginado pero de poco sirve quejarse. Ya lo dijo el filósofo alemán Nietzsche: “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”. Yo el porqué lo tengo claro y buscaré solución a esos cómos. Nadie dijo que la vida fuera fácil.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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