NO SOY, SOMOS

Vamos a cumplir una semana de confinamiento. Estamos viviendo una situación muy complicada. Por eso, he vuelto a recurrir a mi amigo Javier Urra para que nos ayude a sobrellevar estos tiempos que corren. Os invito a leer sus palabras:

NO SOY SOMOS

Somos sociales, nos sentimos concernidos colectivamente, nos encanta donar sangre, y ayudar desbordando el propio “yo”, para alcanzar el “nosotros”. Cuando la amenaza es global, entendemos que la respuesta al unísono debe ser colectiva. Está en nuestras manos, en la higiene, en las conductas, minimizar el daño, los sufrimientos. Confiamos en los otros, y esperamos que confíen en nosotros. Reciclamos por el bien común, nos implicamos en la responsabilidad solidaria. Habrá egoístas, insolidarios, especuladores, pero la mayoría sentimos la obligación moral como un acto de esperanza en la humanidad, de libertad asumida. Es la acción fraterna la que da sentido a asumir incomodidades individuales.

El apoyo mutuo, la coordinación, nos permite captar que no estamos solos, que no somos seres aislados. Transmitir pautas de actuación, coherentes, mostrar la ejemplaridad de las acciones, es necesario como detonante de un compromiso cívico que anhela contribuir. Quien ostenta representación y reconocimiento social, debe transmitir confianzaen quienes aportan humilde y calladamente generosidad y compromiso. La situación actual a diferencia de la acontecida en el 11M, demanda perseverancia, manejo del equilibrio, de los tiempos.La fatiga, la inconstancia, los interrogantes, las dudas son componentes del ser humano, que piensa y se conduce no desde una aséptica racionalización, sino desde la vivencia de secuenciadas emociones. Tiempos de incertidumbre y temor, también de compromiso, de esperanza, de revisión de nuestra forma de vivir, colectiva e individual.

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Javier Urra. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo Forense

Cooperamos, esa es la verdad, no es momento de competir, de levantar fronteras. El mundo es uno para la transmisión de enfermedades y para combatirlas. El yo y mis circunstancias orteguiano, se reconvierte en las circunstancias que confunden al yo con el tú. Nos ayudamos, nos necesitamos. Estamos convocados a una tarea colectiva, interpelados como ciudadanos. Es hora de sacrificios compartidos, estamos con los vínculos y apegos en cuarentena, siendo que la sociabilidad nos hace humanos. Ante esta prueba de estrés, reconoceremos la importancia de las denostadas “pantallas”, buscaremos compartir sonrisas para sobrevivir cuerdos, nuestra actitud positiva hará que cuidemos nuestra vestimenta en el hogar, el lavado del pelo, etc., por respeto al otro, y por no caer en el riesgo cierto de abandonarse. En este tiempo indefinido, en lo que nada de lo que acontece es normal y todo va muy rápido, en cascada, y sin embargo todo se para. Vemos en el prójimo anónimo, un aliado, ya nadie nos es ajeno. Hemos de elevar el ánimo colectivo, respirar esperanza, no transmitir aislamiento ni alejamiento.Busquemos el interés general, mentalicémonos ante el dilema de no ver a quien se desea contactar.

Seamos muy conscientes de que lo único irreversible es la pérdida de vidas, pero recordemos y dispongámonos a ayudar a los mendigos; a los presos; a los afectados por Alzheimer; a los que padecen claustrofobia; a los más mayores, solos, aislados y temerosos. Cabe en muchos casos el acompañamiento telefónico (WhatsApp; Skype), si bien hay ancianos que no tienen red social, toda la información la obtienen de la televisión ¡cuidado con no estigmatizar! Veamos la fuerza de nuestro tejido social ante los múltiples contagios silenciosos, se precisa información clara, concisa. Los ciudadanos además de resignarnos, hemos de tener una tarea, unaresponsabilidad, un hacer algo por los demás, en este caso, saber que estar confinados es una necesaria aportación.

Vivimos en la incertidumbre, y esta genera miedo. Quienes se involucran desde la medicina, la enfermería, la psicología, y otros ámbitos sanitarios compartimos un sentimiento profundo de utilidad, pero no se dude, cada persona y desde su hogar además de descubrir las muchísimas tareas que se pueden hacer en casa, comprobará que pueden ser parte esencial de una red de apoyo, de afecto, de compromiso social. Vivir con y para los demás, pues como el hilo entrelaza las perlas, la solidaridad engarza otras virtudes que nacen de la conciencia humana. Escuchemos a Platón: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

 

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Psicólogo Forense

Académico de Número de la Academia de Psicología de España.

Las alegrías del Atleti

Solo han sido unos días pero ya echaba de menos animar al Atleti y, claro está, gritar sus goles. En el recuerdo más cercano sigue el brillante partido ante el Bayern de Múnich. La lección de futbol que los de Simeone dieron a los de Ancelotti fue de sobresaliente. Esa victoria llenó de alegría a los miles de corazones que no paraban de gritar y cantar a los suyos. Con la euforia aun en niveles muy altos, los rojiblancos ganaron en Valencia y consiguieron, gracias a esos tres puntos, el liderato de la tabla. Después de todo esto, por el parón de la Selección, es normal que eche de menos volver a ver a los míos “defendiendo los colores”.

image1De nuevo en el Calderón, volvió la Liga y con ella un recital de goles. Hasta siete veces los colchoneros gritamos esa palabra de tres letras que acelera el ritmo cardiaco de cualquiera. Y es que cuando el Atleti derrocha “coraje y corazón”, la ribera del Manzanares se llena de sonrisas que son muy difíciles de borrar. Y así, precisamente, salí hace unos días del Vicente Calderón. Reconozco que el partido ante el Bayern era especial por muchos motivos. Con mi colchonero favorito, mi padre, viví ese encuentro en el que los equipos de mi corazón se veían las caras. Obviamente, mi camiseta era rojiblanca, y me dejé la voz animando a un equipo que aunque me haga sufrir, a veces demasiado, es como bien dice Sabina: “Mi manera de vivir”. Desde ese día, y tal y como se vio en el mosaico que se hizo en las gradas, el Atleti le está dando muchas alegrías a mi corazón. Y que siga así… porque aun no estoy preparada para las taquicardias que vivimos la pasada temporada…

Esta semana vuelve la Liga de Campeones, y hasta Rusia llevará el sentimiento colchonero para caldear el ambiente, nunca mejor dicho. No sé si tan siquiera tendrán grados en el termómetro pero eso es lo de menos, lo importante es que vuelvan con la victoria. Así, las sonrisas colchoneras seguirán luciendo en el rostro, una vez más, partido a partido…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Burgos me “sacia” de recuerdos…

Siempre hay una buena excusa para ir a Burgos. Y no lo digo porque sea mi ciudad natal, sino porque la historia fluye por sus calles, por sus monumentos, por su gastronomía… Es un buen lugar para perderse.

Reconozco que cada vez que voy, lo primero que tengo que tener en cuenta es, sin duda, la previsión meteorológica. Para muchos Burgos es sinónimo de frío, y no seré yo quien niegue esa afirmación pero ¡ojo! porque cuando aprieta el calor en la localidad castellana no hay quien pare. Y así fue. Cerca de los treinta grados marcaba el mítico termómetro que se divisa cuando levantas la vista para contemplar al Campeador. Día atípico no, día de verano. Así que había que disfrutar de Burgos, de sus terrazas y como no, de la familia.

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Con Margarita y Jesús, disfrutando de Burgos y los amigos

Por muy poco tiempo que esté en mi tierra siempre hay visitas “obligadas”. Esta vez, tenía que ir a tomar unas “tapitas” a los sitios en los que desde niña aprendí lo bien que se come en Castilla. Y digo “tapitas” porque fueron el aperitivo de la que fue una comida como Dios manda. Me gusta mucho el jamón serrano, y siempre paso por el Rimbombín a saludar a mi amiga Margarita. Me fui sin verla y sin comerme una Alpargata. Esta me la debes Marga. Sendas cosas me dieron pena pero ya tengo otra excusa para regresar más pronto que tarde.

A pocos metros de allí, entré en la Cabaña Arandina. Sin una bravas no me iba a quedar. No sé si son las mejores o no pero si te las sirve Jesús ya son inigualables. Lleva tras la barra muchos años. Yo ni siquiera había nacido. Pero la simpatía y la sonrisa con la que me recibe siempre son fundamentales para que aunque llueva, nieve o haga calor pase por la Cabaña a darle los buenos días. La experiencia es la madre de la ciencia y Jesús sabe mejor que nadie las muchas historias de las que se ha hablado, se habla y se hablará en la suculenta barra. Es amigo de sus amigos y eso es algo que no tiene precio.

Entre bravas, alpargatas, cojonudos, cojonudas, capataces, tigres y un sinfín de nombres fue un aperitivo de los más variado. Gastronómicamente salí más que saciada. Fue un viaje relámpago pero bien aprovechado. Habrá que ir pensando en el próximo porque me quedan muchas cosas por ver, por comer y sobretodo por recordar. Esto ha sido un Hasta luego, Burgos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)