EL AHORA PUEDE ESPERAR 

October 2024 Spanish calendar marked “AHORA” and “HOY,” beside coffee

Se nos llena la boca diciendo que hay que vivir el presente. Ese mantra está en todos los sitios. Lo dice todo el mundo: los psicólogos, los gurús, las tazas motivacionales… Está claro que vivir el presente es importantísimo. El “ahora” tiene un valor incalculable y somos conscientes de ello. Y dicho esto, resulta muy tranquilizador comprobar que, a principios de octubre y si me apuras a finales de septiembre, el presente ya está ocupado. En el supermercado, por ejemplo, el presente tiene forma de turrón como si la Navidad estuviera a la vuelta de la esquina. 

El típico dulce navideño está ahí en toda su variedad. Turrón de chocolate, de almendra, de cosas crujientes que probablemente no existían cuando éramos pequeños. Octubre apenas ha comenzado y ya nos están diciendo que la Navidad está aquí. No vaya a ser que nos pille desprevenidos. Si esto es vivir el presente…

También está Halloween. Las calabazas, los fantasmas, las brujas, entre otros, han llegado con la puntualidad que los corresponde. Los esqueletos, que comparten estantería con los turrones, han vivido el final del verano, han dado la bienvenida al otoño y todavía queda casi un mes para que presencien el Don Juan. 

Y a estos hay que añadir, por ejemplo, los calendarios de Adviento. Antes servían para contar los días que faltaban para la Navidad. Ahora necesitan llegar antes que Navidad para que podamos empezar a contar los días que faltan para abrirlos. Y no contentos con eso, también tenemos los adornos navideños. Que ya no esperan a diciembre ni a que uno haya terminado de asumir que el verano se acabó. Aparecen en octubre, cuando todavía estamos guardando las sandalias, y nos reciben entre bolas, luces y renos como si lleváramos meses deseando celebrar una Navidad que ni siquiera habíamos empezado a echar de menos. El árbol, en cualquier momento, tendrá que esperar pero su decoración ya ha comenzado porque ya se pueden elegir sus adornos. 

Está claro que el presente se ha convertido en la antesala en la que esperamos a ese futuro mientras descuidamos el “ahora”. Octubre espera a noviembre. Noviembre espera a diciembre. Diciembre espera a enero, que llegará con sus propósitos, sus gimnasios llenos y sus promesas de una vida nueva. Y mientras eso sucede, nosotros seguimos aquí. 

Quizá haya que reflexionar sobre el presente porque parece que este tiene que demostrarnos constantemente qué viene después. Las redes sociales nos muestran los restaurantes que probaremos, los libros que leeremos, los viajes que haremos porque el futuro nos observa desde todas partes. Es una maravilla tener que esperar a tantas cosas, lo malo es que esa espera nos está confundiendo la expectativa con la vida. Quizá, por eso compramos el turrón en octubre. No porque tengamos ganas de Navidad, sino porque necesitamos la tranquilidad de saber que la Navidad llegará. Y llegará con sus luces, sus cenas, sus villancicos y todas sus tradiciones. Llegará aunque no compremos el turrón hoy. Mientras tanto, octubre seguirá siendo octubre. Un mes perfecto para vivir el presente sin anticiparnos al futuro. 

Evidentemente, vivir el presente está muy bien. Algunos, posiblemente, prefieran empezar mañana…

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/10/05/el-ahora-puede-esperar/

¡FELIZ NAVIDAD!

El tiempo pasa muy deprisa y ya estamos en la recta final para la Navidad. Es cierto que el ambiente lo envuelve de ese espíritu que lo cambia todo. Es tiempo de reencuentros y, sobre todo, de buenos deseos. Unos deseos que se han podido acumular a lo largo del año, pero que cobran más fuerza en esta época. 

Precisamente, en la época más fría del año llegan la fiestas más cálidas, siempre y cuando seas de los que adoran todo lo que la Navidad lleva implícito. Extrañar a los que no están y ver los asientos vacíos conlleva una nostalgia que hace frente a la ilusión. Estos dos sentimientos encontrados provocan un terremoto de emociones en las que, quizás, haya que dejarse llevar por el corazón. Éste es la mejor guía para dar rienda, de verdad, a lo que sentimos. La sensibilidad puede estar a flor de piel, pero no podemos olvidar que hay que disfrutar estas fiestas con quienes de verdad nos quieren. La familia y los auténticos amigos valen oro y, por eso, no podemos perder la ocasión de gozar cada momento que estemos con ellos.

En la vida en un segundo todo puede cambiar y a escasos días de celebrar la Navidad tenemos que valorar todo lo positivo que este año nos ha dejado. Hacer balance es inevitable, pero como siempre digo, de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor es abrazar a los que más queremos. Seguro que todos hemos puesto ya el árbol y el Belén, hemos comprado los turrones, polvorones, mantecados y demás dulces para preparar los días más entrañables. La banda sonora ha ido cambiando porque los tradicionales villancicos han dado paso a versiones más modernas. No descarto que más de uno coja la zambomba y la pandereta y se venga muy arriba. 

Sin duda, arriba tiene que estar el ánimo porque la Navidad, como el resto de los días del año, es única y sólo por eso hay que vivirla para guardar en la memoria unos recuerdos muy amables. Las fotos, año a año, aunque pueden parecer iguales no lo son. Éste es, sin duda, uno de los mejores motivos para disfrutar y, por supuesto, para ser felices con los que nos quieren. Los que derrochan hipocresía es mejor que se queden con ella porque el año tiene trescientos sesenta y cinco días. Tengo claro que ser feliz es lo que cuenta y, por eso, aunque estemos en la época navideña hay falsedades que no tienen hueco en ella.

Sólo tienen hueco la ilusión, los deseos y los sueños por cumplir. Estos son el motor que nos mueve a superar las adversidades que el día a día nos presenta. Ya me gustaría una Navidad de trescientos sesenta y cinco días. Quizás nos iría mejor. En realidad es todo actitud y, sin duda, la autenticidad de las personas debería ser primordial y no envolver lo que no se es en un paquete especial por estas fechas. 

Unas fechas que todos tenemos marcadas en el calendario. La Navidad nos guste o no es mágica. Cada uno de nosotros sabemos cual es el verdadero truco para que ésta sea especial. Seguiré escribiendo mi carta a los Reyes Magos y nunca faltará el deseo de ver sonreír a los míos. Su sonrisa lo cambia todo, porque la felicidad empieza ahí. 

Y dicho esto solo me queda decir de todo corazón: ¡Feliz Navidad! 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52716/feliz-navidad

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