SER FELIZ EN TIEMPOS DE NOSTALGIA

Es evidente que la cuenta atrás para la Navidad ha comenzado. Las calles rebosan gente con prisa, bolsas que tintinean o muestran unos lazos más que pomposos, y las luces son esa guía que sin querer nos lleva a algún lugar que no terminamos de reconocer. Quedan menos de veinte días para que la época de los deseos y las buenas intenciones lo inunde todo. Hasta entonces no está demás sacar la inocencia del niño que todos llevamos dentro para afrontar la nostalgia que está por venir. Es cierto que viendo el calendario, aunque lo disimulemos, todos hemos empezado a hacer balance. Es inevitable: diciembre es un espejo, y mirarse en él siempre requiere un poco de valentía.

Lógicamente, en estas fechas se piensa en el futuro y en el porvenir. Éste, a corto plazo, llega envuelto en dulces, luces y fiestas, pero también en una hipocresía que se hace más visible que nunca. El día a día es quien realmente nos revela. Sin duda, es en la rutina donde cada persona muestra su verdadera calidad humana. Y diciembre no tiene el poder de cambiarlo aunque muchos lo intenten. El camino se construye paso a paso, y ningún espíritu navideño puede borrar lo que hemos vivido durante todo un año. 

La experiencia, que tanto enseña cuando menos lo esperamos, nos ha mostrado en este 2025 realidades capaces de dejarnos sin palabras. Unas han sido gratificantes y otras desgarradoras. Lo cierto es que suelen ser las segundas las que más pesan y más nos transforman. Las cicatrices que dejan algunas personas o situaciones no desaparecen. Podemos pretender olvidar ciertos momentos, pero lo que marca de verdad siempre modifica nuestra manera de ser o de actuar. Los sentimientos siempre encuentran la forma de salir a la superficie y lo hacen. Quizás, cuando estos afloran, es porque esa herida ya dolió demasiado.

Cada persona es como es gracias a los años vividos, a las velas sopladas y a las batallas que, sin querer, nos han moldeado. Todo esto ha creado una personalidad que si es fiel a sus principios se vuelve firme e inquebrantable. Las decepciones duelen, sí, pero aprender a soltar lo que pesa provoca una sensación de alivio que actúa como un pequeño renacer interior.

Esta es la época en la que los propósitos comienzan a rondarnos por la cabeza, en la que recibimos felicitaciones que no siempre esperamos, y en la que, a pesar de todo el ruido, lo esencial sigue estando en nuestro interior. Mirar de frente el año que acaba puede ser el primer paso para recibir el siguiente con una mirada. Hacer borrón y cuenta nueva no es sencillo, pero tampoco es una quimera. Porque imposible no hay nada. Los sueños y los deseos que diciembre parece desenterrar están ahí por una razón que cada uno de nosotros debemos descubrir. Ser feliz es lo que cuenta y, por eso, no podemos permitir que cualquiera intervenga en la receta de nuestra felicidad porque ese alguien se puede equivocar y truncar esa sonrisa que no merecía desaparecer.

Con la vista puesta en Navidad, los rostros se iluminan con las sonrisas de quienes queremos, pero también se tensan por la nostalgia de quienes ya no están. Las ausencias duelen, claro. Pero dolería más no saber disfrutar este presente que ellos, con sus gestos y enseñanzas, nos ayudaron a construir. Fueron ellos quienes nos enseñaron a colocar el belén o el árbol, a cantar villancicos sin vergüenza o a soñar sin límites.

Y esa felicidad, lo repito, depende de uno mismo y puede suscitar muchas envidias. Por eso, es imprescindible saber quién puede formar parte de ella y a quién conviene dejar al margen. Tomar distancia, cuando ésta ahuyenta la amargura, es un acto de valentía.

“Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, solo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”, escribió Pablo Neruda. Y quizá la verdadera magia de diciembre sea atrevernos, por fin, a mirarnos sin miedo.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/12/09/ser-feliz-en-tiempos-de-nostalgia/

SEPTIEMBRE

Siempre la vuelta de vacaciones cuesta asumirla, pero si además el tiempo no acompaña el retorno a la rutina es más duro. Ha llegado una DANA que ha plagado todo los rincones de agua. Era necesario que lloviera pero cambiar el bikini por el paraguas no es tan agradable. Los cambios hay que asumirlos y el primero de todos es volver a transformar el día a día saliendo del paréntesis que es la estación estival. 

Septiembre es un mes de comienzos y no sólo por la inevitable vuelta al cole, sino porque es un mes  que tiene un matiz de esas ilusiones que también tenemos a comienzos de año. Han pasado nueve meses desde que por nuestra mente pasaran los míticos propósitos de Año Nuevo y, ahora, es el momento de recordar los que tenemos pendientes y de ilusionarnos con la que está por llegar. Es cierto que muchos pasan por esa depresión pos vacacional, pero el poder de la mente es capaz de hacer frente a eso con nuevos sueños por cumplir. Nunca es tarde para luchar por aquello que realmente nos va a llenar de una felicidad inexplicable.

La felicidad no tiene unos ingredientes concretos, porque depende de nosotros mismos. Los niños anhelan ver a sus compañeros de colegio y los adultos, lo reconozcamos o no, tenemos esos sueños que ya he mencionado y que no debemos renunciar a ellos. Ir superando las adversidades recargan el motor que nos mueve día a día. La rutina es una carrera de obstáculos con sus subidas y sus bajadas, pero el verano ha sido el mejor aliado para hacer frente a lo que nos deparan los últimos meses de este año. No negaré que también septiembre es un mes nostálgico porque los recuerdos de las instantáneas tomadas vendrán a nuestra mente en más de una ocasión, pero eso es la vida. Hay que seguir para adelante y recordar los momentos que nos han sacado más de una sonrisa. 

Un sonrisa que nunca nos debe de faltar por mucha pena que nos dé decir “el final del verano”, pero todavía estamos en verano. No tendremos el mar, ni la montaña, ni el sol perenne de julio y agosto pero sí la esperanza de aferrarnos a los últimos días de la que es mi estación favorita. Ya llegará el otoño con sus cosas, pero el presente es hoy y es ahora. Con paraguas o sin él, hay que seguir disfrutando. Septiembre me lo recuerda todos los años porque es un mes que me llena de vida pero también me trae, sin yo quererlo, los momentos más duros por los que he pasado. La cara y la cruz de la vida siempre van de la mano. De la primera gozamos sin valorarla demasiado y de la segunda aprendemos a la fuerza. Por eso, demos a este mes que acaba de comenzar la posibilidad de ser el mejor del año porque día a día iremos sumando experiencias que nos harán crecer como personas y nos enseñarán a comprender eso que llamamos vida y que no tiene un manual que nos la explique. 

Ser feliz es lo que cuenta porque el tiempo aunque es relativo; el tiempo es oro y éste vale lo mismo llueva, truene o haga sol. El tiempo, en definitiva, es vida. 

Jimena Bañuelos

MADRES Y VÍNCULOS

La mejor manera de comenzar el mes de mayo es festejando el “Día de la Madre”. Cada uno de nosotros tenemos a la mejor del mundo y cada uno de nosotros estamos en lo cierto porque una madre es especial. De la mía puedo decir que es la mejor amiga y el mejor ejemplo a seguir, de hecho, ella es la responsable de que sea como soy. Me ha transmitido su fuerza para afrontar las adversidades pero también me ha enseñado a disfrutar. Por eso, con verla sonreír yo ya soy feliz. Todos los días habría que festejar a las madres, pero si tienen un día especial es para brindarles el mejor homenaje que podemos hacerles los hijos. Madre no hay más que una y, por eso, no podemos despreciar los días sin demostrarles nuestro cariño. 

Un cariño que nos lleve a la felicidad junto a ella. Cada uno sabe cuales son las teclas que tiene que tocar para que su madre se sienta especial. No siempre es fácil acertar con el mejor regalo, pero lo que tengo claro es que siempre el mejor obsequio será nuestra compañía. El destino ha querido que este año la mía esté junto a mí y, por eso, el domingo no fue un día cualquiera. 

Está claro que todos los días son especiales por el hecho de tener la oportunidad de seguir escribiendo la historia de nuestras vidas. Mi madre me enseñó que su felicidad está vinculada a la mía y, por eso, tras la experiencia más dura que hemos vivido, sólo quiero sonreírle al presente. Un presente que esta semana nos trasladará al Madrid más castizo. Es cierto que esta burgalesa de Madrid sigue teniendo pasión por su tierra, pero con el paso de los años, las tradiciones van calando. Por delante se avecinan unos días cargados de chotis, de rosquillas, de pasarse por la pradera, de pedirle al santo sobre todo mucha salud y, por supuesto, de disfrutar también de las muchas actividades que hay organizadas. Me quedo, sin duda, con la Zarzuela y las antologías que hay preparadas. Un género musical que a mi madre le fascina y su pasión me la trasladó a mi desde muy pequeña. 

Al final, la vida está llena de vínculos. Un vínculo que van formándose desde nuestra infancia. Nuestras madres son nuestros pilares fundamentales, lo mismo sucede con nuestros padres y el tiempo se encarga de entretejer todo eso, para que a medida que vamos creciendo y madurando todo eso vaya forjando nuestra propia personalidad. Un personalidad que marca nuestro carácter pero también nuestra forma de afrontar el día a día. Además, hay que reconocer que todos tenemos ese recuerdo de aquello que nos gusta porque les gustaba a nuestros padres. Quizás, algo así me suceda a mí con el “género chico”, pero reconozco que esos recuerdos van más allá. 

Un más allá que está vinculado con el futuro y que, sin duda, a medida que pasa el tiempo se irá llenando de más recuerdos, de más experiencias… y los vínculos se irán endureciendo y forjando de tal manera que seamos nosotros mismos, pero cargados de matices que hemos adquirido de nuestros padres y, por supuesto, de nuestros abuelos. El árbol de la vida es así y hay que regarlo con la felicidad de ir viéndolo crecer mientras asienta firmes sus raíces. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/44736/madres-y-vinculos

MUCHA VIDA DESPUÉS DEL TRASPLANTE

Ya hemos dado la bienvenida a la primavera y hemos cambiado la hora al reloj para poder disfrutar de más horas de luz. El tiempo acompaña, la Semana Santa está a la vuelta de la esquina y el mes de marzo está agotando sus días. Todo pinta bien para rematar el tercer capítulo de los doce que tiene el año. Tengo que destacar que mañana, por ser el último miércoles del mes, se celebra el ‘Día Nacional del Trasplante’, un día para celebrar que la vida da segundas oportunidades a quienes han recibido uno. Nadie sabe cuando puede necesitar la ayuda de otra persona, por eso, nunca hay que dejar de lado la generosidad, porque ésta puede dar un giro de ciento ochenta grados en la vida de cualquier persona. 

En mi caso, esa segunda oportunidad llegó de un donante de médula que lo cambió todo. La ilusión de saber que tenía un donante me hizo afrontar con más fuerza la recta final de aquella leucemia que se convirtió en la protagonista de una historia, la de mi vida, a la que no estaba invitada. Muchos amigos se convirtieron en grandes compañeros de batalla, pero, es cierto, que necesitábamos a ese donante que liderara la batalla final. Un giro en la historia que me ha permitido seguir cumpliendo sueños y viviendo experiencias únicas. También, me enseñó a valorar las pequeñas cosas y, por supuesto, a saber cuales son las prioridades que tienen que regir el día a día. El tiempo es oro y la vida es única, por eso, no merece la pena malgastar “ese oro” con quien no lo merece. 

Aprender a valorarse es primordial para marcar la diferencia entre lo que puede estar en tu vida para siempre o lo que, simplemente, está de paso. Esto sin olvidar que nosotros mismos estamos, a su vez, de paso. Por eso, alejarse de lo tóxico es fundamental para que nuestra propia felicidad no se contagie de aquello que podemos evitar. La vida es una constante toma de decisiones, pero siempre tiene que primar nuestro bienestar y nuestra alegría. Nadie tiene derecho a borrarnos la sonrisa porque no sepan valorar algo tan simple como que en la vida en un segundo todo puede cambiar, para bien o para mal. Está claro que cuando has recibido un trasplante, la escala de valores varía y no todos comprenden el verdadero poder que te da haber aprendido que la vida es mucho más que una opinión, que un qué dirán o que unas palabras dichas para hacer daño. 

No concibo perder mi tiempo con quien no valora lo que eso significa. Vivo de regalo, nunca mejor dicho, porque alguien me ‘regaló vida’ y, por eso, todo lo que aprendí en las habitaciones del hospital entre quimios, punciones medulares y tratamientos muy duros no lo olvidaré jamás. Llevo grabado a fuego en mi mente esas lecciones y nadie puede cuestionarme aquello que son mis principios. Luzco mis cicatrices con orgullo porque éstas me recuerdan donde he estado y lo que he peleado, pero no me dicen a dónde voy porque el destino será quien marque el porvenir. Un porvenir que también irá acompañado con esos “daños colaterales” o secuelas que quedaron después de plantarle a cara a la leucemia y vencer con honores en el trasplante de médula. Serán mis compañeras de vida, pero nadie puede hablar de ellas, ya que son mías, vivo con ellas y no me arrebatan la felicidad. 

Por eso, teniendo claro que ser feliz es lo que cuenta, y que “aún tengo la vida” que es lo más preciado, celebro el “Día Nacional del Trasplante” asegurando que mi sonrisa no se toca y que la historia la escribo yo ‘de mi puño y letra’ y no voy a permitir que nadie me sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/43380/mucha-vida-tras-el-trasplante

19 DE MARZO, DÍA DEL PADRE 

Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros” y el mío he de reconocer que es uno de los mejores. Acabamos de festejar el Día del Padre, una fecha marcada en el calendario para homenajear al mejor compañero de vida, al mejor ejemplo a seguir y al mejor pilar en el que me he podido apoyar siempre. Juntos hemos vivido momentos muy felices y he de reconocer que durante la etapa más dura de mi vida fue mi gran compañero de batalla. Aquella “guerra” nos puso a prueba y, además de salir victoriosos, nos unió mucho más. Por eso, está claro que estamos preparados para lidiar con lo que la vida nos ponga por delante. Por supuesto, también nos toca celebrar todo lo que nos brinde cada día. 

El Día del Padre es un día especial, pero todos los días son especiales porque seguimos compartiendo confidencias. Me acusan, y con razón, de ser la niña de sus ojos, y si ese es mi mayor delito, acepto la condena. Y puestos a elegir prefiero una cadena perpetua. Tengo que reconocer que no eres el responsable de que sea del Atleti pero sí de que sea como soy. Me lo has dado todo a cambio de una sonrisa y siempre recibirás una porque verte feliz es, sin duda, lo que más anhelo. Una felicidad que es sinónimo de complicidad, la que tenemos nosotros con tan solo una mirada. Es cierto que madre no hay más que una y su valor es incalculable pero un padre, si es como tú, no tiene precio. No te cambiaría por nada. 

Como tampoco cambiaría el Día del Padre por el Día de las Personas Especiales. Un padre es único y es cierto que personas especiales en mi vida tengo muchas, pero cada una tiene su propia celebración o mejor dicho, cada una lo es por algún motivo en especial. Sin embargo un padre es inigualable. Querrán convencernos del cambio de nombre, pero los que somos rebeldes por naturaleza seguiremos haciendo y festejando lo que nos dé la gana. Somos versos sueltos que vivimos bajo nuestros principios. Estos son irrenunciables y como lo es el 19 de marzo. Siempre estará marcado en el calendario como un día especial. Quizás y, aprovechando que es el día de la Cremà de las Fallas de Valencia, habría que quemar esas ideas incomprensibles y absurdas que pasan por las mentes vacías de quienes buscan llamar la atención sin ton ni son, anunciando una tontería tras otra. La paciencia tiene un límite y ya cansa que quieran imponer tonterías a costa de las tradiciones de siempre. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero nunca dejaré de festejar el Día del Padre. Él se merece una fiesta a diario, pero en su día especial hay que brindar el correspondiente homenaje. 

Este año, el destino me ha permitido estar con él y no cambiaría por nada la comida familiar del pasado domingo. El presente es hoy y aunque la fiesta ya forma parte del pasado y de los recuerdos, jamás olvidaré la celebración porque la vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar y extraer todo su meollo es cuestión de actitud, por eso, si en Valencia ya están restando días para volver a disfrutar de sus fiestas, yo estoy restando días para volver a festejarle. Eso sí, por delante tenemos trescientos sesenta y cinco días para llenarlos de experiencias y momentos únicos que  son la antesala del próximo 19 de marzo. La cuenta atrás ha comenzado y mi padre y yo seguiremos disfrutado de la vida, eso sí, día a día y, por supuesto, partido a partido. 

Jimena Bañuelos

PASADO, PRESENTE Y FUTURO

La nostalgia endulzada de estos días ha dado paso a las ilusiones del año que acabamos de estrenar. Atrás quedó el pasado y sin cargar con él hay que afrontar todo lo que nos deparen los días venideros. No siempre es fácil desvincularse de él porque algún que otro lastre nos puede acompañar en nuestro día a día. Convivir con ellos, quizás, sea la mejor solución para poder disfrutar del porvenir. El destino es caprichoso y por delante nos quedan muchas jornadas hasta que vuelva a llegar el momento de hacer balance de un año a punto de caducar. 

Las ilusiones no caducan y los sueños tampoco. Pueden ir cambiando con el paso del tiempo, pero nunca dejan de existir. Son ese motor que nos impulsa a hacer cosas que no están en nuestros planes, pero es en esos momentos en los que nuestro propio empuje debe vencer al miedo. Un miedo que nos acompaña, pero que no tiene licencia para arrebatarnos la alegría y la satisfacción que conseguimos al alcanzar aquello que creíamos inalcanzable. Obviamente, y seguro que en el deseo de todos, está la salud. Sin ella poco se puede hacer. Es el pilar fundamental para afrontar los reveses que no están en la hoja de ruta que nosotros nos marcamos. Lo cierto es que a la vida poco le importa los planes que tengamos porque ya se encarga ella de hacer la correcciones precisas al guión que nosotros mismos nos hemos escrito. 

Precisamente, son esas correcciones las que nos hacen crecer como personas. Nos enseñan a descubrirnos, a valorarnos, a conocernos y, por supuesto, a adaptarnos a ellas nos guste o no. A la vida no se la puede hacer correcciones, somos las personas las que tenemos que aprovecharnos de ella para sacarle el máximo partido en las buenas y en las malas. La vida solo se vive una vez y ya que estamos de paso no es necesario ponerle tantos “peros”. Es cierto que el futuro tiene como ingrediente fundamental la incertidumbre y a su vez la emoción por ver que nos depara. No es complicado plantearse como nos gustaría que fueran los próximos meses, pero lo cierto es que en nuestra mano está convertir este año, que está recién estrenado, en el mejor de nuestras vidas y así sucesivamente. 

La esperanza dicen que es lo último que se pierde y siempre está ahí para hacernos mejorar. También ayuda, y mucho, llenarse de ella. Es una buena compañera en los buenos y los malos momentos. Siempre se puede mejorar porque la felicidad no es estática. Ésta en un segundo puede aparecer y desaparecer, pero siempre será uno de los pilares fundamentales de la vida. En definitiva, ser feliz es lo que cuenta y cada uno sabe como alcanzarla. 

Por eso, entre mi “aún tengo la vida” y “ponerme la vida por montera” hay una línea muy fina. Vivir es lo único que se puede escribir en esa línea y mientras ésta esté recubierta de salud solo puedo sonreír al día a día y disfrutar cada momento. Así serán los recuerdos que deje en el pasado cuando el 2023 se agote, pero hoy son mi presente y toca vivirlo.   

Jimena Bañuelos

TRIUNFOS

Ya ha comenzado el mundial de Qatar, un mundial que no está exento de polémica. Es raro que en estas fechas del año tengamos que estar pendientes de las selecciones de fútbol. Qatar no ha dejado indiferente a nadie y quizás por eso, no se palpa en las calles y en los bares ese espíritu futbolero de ediciones anteriores. Es cierto que también tiene mucho que ver la evolución que ha tenido “La Roja” desde que Luis Enrique está al frente. El seleccionador español tampoco es del agrado de muchos y el descontento se convierte en apatía en un abrir y cerrar de ojos. Quedan muchos partidos por jugar hasta alcanzar la anhelada copa, pero el parón en las Ligas en plena temporada es, en el fondo, para contentar, a los auténticos beneficiarios de este mundial. A buen entendedor, pocas palabras bastan…

El miércoles será el día en el que se estrene la selección española, pero de esta fase solo me interesa un partido y éste, sin duda, es en el que se verán las caras ante Alemania. Hay algo en mí que me hace vibrar de una manera especial. Podría decir que tengo el corazón partío, pero la sangre siempre tira más. El próximo domingo veremos quién se lleva los puntos, la camiseta, sin duda, la tengo ya preparada. 

La primera semana mundialista, obviamente, llega cargada de partidos, pero a los que no nos atrae especialmente esta competición por motivos más que lógicos tenemos planes alternativos. La Navidad parece que está a la vuelta de la esquina y el jueves cuando Madrid se ilumine comenzará la cuenta atrás para las fiestas. El “Black Friday” dará el empujón necesario para ir comprando todos esos regalos que a nuestros seres queridos les hace especial ilusión. 

Unos estarán ilusionados con “La Roja” y es más que respetable, pero otros a los que la selección nos ilusionó en su momento, hemos cambiado nuestras prioridades. Esperaré con ansias a que vuelva la Liga y eso que el Atleti no está bien, pero lo cierto es que soy de tradiciones y los mundiales me gustan en verano y en países donde la libertad, el respeto y los derechos humanos sean incuestionables

Y dicho esto, y ya que he hablado de tradiciones, toca ir a ver la iluminación poco a poco, disfrutar de las comidas y cenas con amigos y, por supuesto, aprovechar cada momento porque todo pasa muy deprisa. La cuenta atrás para Navidad todavía tiene muchos días, pero en un abrir y cerrar de ojos habremos hincado el diente a los turrones, comido más de un polvorón y estaremos haciendo balance de este año. No tenemos que arrepentirnos de lo que hemos hecho, sino de lo que hemos dejado de hacer por ese miedo que nos nubla el presente. Estamos a tiempo de rematar este año como queramos. Unos están en Qatar anhelando una copa y otros anhelamos ver felices a los que queremos. Conseguir eso es el mejor triunfo de todos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39541/triunfos

 CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Esta semana daremos la bienvenida al otoño. El final del verano está cerca y, nos guste o no, de él ya solo nos quedarán los recuerdos. Unos recuerdos que nos llenarán de sonrisas si tenemos que recurrir a ellos en un momento dado. La añoranza de lo vivido es una arma de doble filo porque la nostalgia no siempre es buena compañera de vida. Vivir requiere disfrutar y dejar atrás, a su vez, lo vivido. Cada día es una nueva aventura que nosotros mismos afrontamos de una manera o de otra. Cada persona es un mundo y cada uno es dueño de escribir su propia historia. Nos puede gustar más o menos el guión de los demás, pero criticar algo que no es tuyo no es de recibo. La vida depende de cada uno y hay una parte que compartimos con los demás, pero nunca se puede perder la esencia de uno mismo. La hipocresía tarde o temprano sale a luz y con ella muchas decepciones que no tienen vuelta atrás.

El tiempo pasa y las personas vamos pasando por él. Cambiamos, obviamente, porque es ley de vida, pero siempre hay algo perenne en nosotros mismos y si es caduco algo falla. Estoy hablando de la personalidad. Una personalidad que tiene carácter, sus defectos y sobre todo, unos principios que deberían ser inquebrantables. Todos conocemos la célebre frase de Groucho Marx: “Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Su mensaje es claro y hay que mirar más allá de las palabras. 

Las palabras, una vez que son pronunciadas o escritas, siempre llevan una intención, es su misión. Ahora bien, de ellas se pueden hacer muchas lecturas. Es más, si éstas van acompañadas por gestos, la comunicación se carga de más fuerza. No negaré que me he mordido la lengua en más de una ocasión, pero es cierto que me gusta llamar a las cosas por su nombre. Los filtros que usamos en el lenguaje al igual que en las redes sociales son una fantasía para dulcificar la realidad y ésta es la que es, nos guste o no. Si hay que dar la opinión se da y si quien la pide no está dispuesto a oír determinadas palabras, quizás sea mejor que no la pida. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Eso sí, siempre tendría que primar la franqueza y la honestidad, pero hay quienes no conocen ni el significado de estas palabras. Hay muchas más que debieran estar en los principios elementales de todos, pero siempre algunas cualidades destacan más que otras. Observar es una gran virtud que practico a diario y precisamente, esta actitud ayuda a desenmascarar aquello que muchos quieren ocultar, pero la manera de actuar siempre delatará a quien gestiona en su propia persona varias versiones de sí mismo. 

La vida va pasando y si ahora arrancamos la estación en la que los árboles van perdiendo las hojas, quizás muchos puedan perder esas capas que ocultan tantas personalidades e intereses. Algo tendrá ser uno mismo que cuando eres fiel a tus principios suelen llover las críticas y las envidias. En fin, perenne a mi forma de ser seguiré disfrutando del otoño, de la vida, y de lo que venga porque cuando vives de regalo y la vida te da una segunda oportunidad hay muchas cosas que quedan atrás, porque lo que no te aporta no merece ni un minuto de tu tiempo. Éste dicen que es oro, pero es vida. Y ésta tiene un valor incalculable como para malgastarla. 

Sed felices y vivid como queráis escribir vuestra propia historia. No dejéis que nadie os sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/37592/cuestion-de-principios

AMIGOS DE VERDAD

El tiempo pasa y con él vamos ganando experiencia en la vida. Una experiencia que puede ser buena o mala, pero siempre será un aprendizaje para el futuro. Éste siempre es incierto y lo vamos descubriendo poco a poco. Por eso, no sirve de mucho hacer planes a largo plazo porque será el destino el que nos muestre el camino. 

Un camino que a lo largo de los años se va fraguando con la familia y con los amigos. Precisamente, son los verdaderos amigos los que entran en nuestras vidas por decisión propia. Ellos nos ayudan y nos apoyan sin pedirnos nada a cambio y siempre están a nuestro lado cuando ni si quiera nosotros mismos nos sostenemos en pie. Decía Tagore que “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.” Son nuestra sombra, nuestros compañeros de aventuras y, por supuesto, nuestros mejores aliados en las batallas personales. Dicen que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Por eso, su valor es incalculable. Afortunadamente, la vida me ha premiado con personas que han pasado de ser amigos a convertirse en parte de mi familia porque la familia va más allá de los vínculos establecidos por la naturaleza. Cierto es, como afirmó Francis Bacon, que “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.”

La amistad depende de muchos factores al igual que lo hace la felicidad. Solo que esta última depende en gran parte de nosotros mismos. Somos los creadores de nuestra propia sonrisa aunque a veces nos resulte complicado plasmarla en nuestra cara. Pero para eso también están los amigos que nos conocen tan bien que detectan nuestra angustia con tan solo una mirada, un mensaje o incluso con el propio silencio. La combinación de la amistad y la felicidad siempre dará buen resultado porque su unión proporcionará más de una sonrisa y, por supuesto, más una experiencia inolvidable. 

De experiencias inolvidables tiene que estar lleno el guion de nuestra vida, porque tenemos que ser conscientes de que estamos de paso. Un paso que tendrá muchos baches, pero también disponemos de la manera de cubrir esos vacíos. La vida, esa que solo se vive una vez, cuando te da una segunda oportunidad es por algo. Y ese algo es vivir con la lección bien aprendida. Sabiéndote rodear de quienes te quieren de verdad y dejando al margen todo aquello que no suma sino resta. 

En definitiva, si de lo malo hay que quedarse con lo mejor, de la vida hay que extraer todo el meollo, como nos enseñó el profesor Keating en “El Club de los Poetas Muertos”, teniendo las prioridades claras y sabiendo, ante todo, que lo importante es vivir sin poner “peros” y disfrutar con  quien quiere disfrutar contigo en las buenas y en las malas… Ahí radica lo verdadero.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34253/amigos-de-verdad

SENTIDO ÚNICO

Hemos dejado atrás la Semana Santa. Una Semana Santa que muchos calificarán, sin duda, como especial porque tras dos años sin ver salir los pasos a la calle, la normalidad ha vuelto a ser la protagonista. Menos mal, porque aunque la lluvia hizo acto de presencia en los primeros días, después ha dado una tregua para dar paso al silencio, a los tambores y a la solemnidad de quienes viven estas fechas con devoción. Por supuesto, no hay que olvidar que el ocio es libre y cada persona decide como pasar este primer puente del año. Después de todo lo que hemos vivido, las ganas podían con todo porque la necesidad de desconectar se palpaba en el ambiente. Muchos destinos y un único fin: disfrutar. 

Precisamente, ese verbo sabemos conjugarlo todos. Ya sea con amigos o con la familia, lo que de verdad importa es ser feliz porque el tiempo pasa y no vuelve. Estos días también han sido especiales para mí. He recordado la Semana Santa que viví en Roma hace unos años. Por mucho que las cosas cambien, las tradiciones siempre se mantienen. Es cierto que lo que hemos echado de menos, ahora lo hemos vivido como si fuera la primera vez. Una primera vez que siempre es inolvidable, hablemos de lo que hablemos. También, no me puedo olvidar que en la distancia he podido ver por la televisión las procesiones de Burgos. Era una niña cuando viví “El Encuentro” a los pies de la catedral. Este Jueves Santo, lo pude ver como nunca lo había visto porque aunque las pantallas son frías los sentimientos brotan del corazón. Además, hay que agradecer a esas cámaras los planos que mostraron nunca vistos. La perspectiva lo cambia todo.

Y tanto que si cambia que la solemnidad del Viernes Santo se trasladó desde el interior de la Catedral a las calles de la ciudad. Todavía seguimos homenajeando a la Seo por sus ochocientos años, pero motivos no nos faltan. Que le voy a hacer si estoy rendida a su Majestad ya sea de día o de noche. Me alegró ver la plaza de San Fernando abarrotada de gente para ver las procesiones y aunque Burgos tiene fama por su frío, el tiempo acompañó con un sol espléndido para que se lucieran todas las tallas. 

Sin duda, esta Semana Santa tiene motivos para quedar en el recuerdo de todos. Ha sido, además, el preludio al fin de las mascarillas en interiores. Mañana todo cambia y ésta se quedará solo en determinados lugares. Parecía que este momento no iba a llegar nunca, pero ya es una realidad. Es cierto que el virus sigue con nosotros, pero mientras se comporte como hasta ahora hay que ir quitando las restricciones que quedan. La normalidad está imperando aunque, es cierto, que nada volverá a ser como antes porque la pandemia ha marcado y mucho. De una manera o de otra, todos tenemos ese punto de inflexión en nuestras vidas. Lo importante es que hemos superado ola tras ola como hemos podido, hemos plantado cara a lo desconocido y hemos aprendido que la vida en un segundo puede cambiar. “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.” Lo dijo la escritora Agatha Christie. Un sentido que nos tiene que conducir a la felicidad y ésta cada uno sabe donde la puede  encontrar…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/32641/sentido-unico

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