AMIGOS DE VERDAD

El tiempo pasa y con él vamos ganando experiencia en la vida. Una experiencia que puede ser buena o mala, pero siempre será un aprendizaje para el futuro. Éste siempre es incierto y lo vamos descubriendo poco a poco. Por eso, no sirve de mucho hacer planes a largo plazo porque será el destino el que nos muestre el camino. 

Un camino que a lo largo de los años se va fraguando con la familia y con los amigos. Precisamente, son los verdaderos amigos los que entran en nuestras vidas por decisión propia. Ellos nos ayudan y nos apoyan sin pedirnos nada a cambio y siempre están a nuestro lado cuando ni si quiera nosotros mismos nos sostenemos en pie. Decía Tagore que “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.” Son nuestra sombra, nuestros compañeros de aventuras y, por supuesto, nuestros mejores aliados en las batallas personales. Dicen que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Por eso, su valor es incalculable. Afortunadamente, la vida me ha premiado con personas que han pasado de ser amigos a convertirse en parte de mi familia porque la familia va más allá de los vínculos establecidos por la naturaleza. Cierto es, como afirmó Francis Bacon, que “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.”

La amistad depende de muchos factores al igual que lo hace la felicidad. Solo que esta última depende en gran parte de nosotros mismos. Somos los creadores de nuestra propia sonrisa aunque a veces nos resulte complicado plasmarla en nuestra cara. Pero para eso también están los amigos que nos conocen tan bien que detectan nuestra angustia con tan solo una mirada, un mensaje o incluso con el propio silencio. La combinación de la amistad y la felicidad siempre dará buen resultado porque su unión proporcionará más de una sonrisa y, por supuesto, más una experiencia inolvidable. 

De experiencias inolvidables tiene que estar lleno el guion de nuestra vida, porque tenemos que ser conscientes de que estamos de paso. Un paso que tendrá muchos baches, pero también disponemos de la manera de cubrir esos vacíos. La vida, esa que solo se vive una vez, cuando te da una segunda oportunidad es por algo. Y ese algo es vivir con la lección bien aprendida. Sabiéndote rodear de quienes te quieren de verdad y dejando al margen todo aquello que no suma sino resta. 

En definitiva, si de lo malo hay que quedarse con lo mejor, de la vida hay que extraer todo el meollo, como nos enseñó el profesor Keating en “El Club de los Poetas Muertos”, teniendo las prioridades claras y sabiendo, ante todo, que lo importante es vivir sin poner “peros” y disfrutar con  quien quiere disfrutar contigo en las buenas y en las malas… Ahí radica lo verdadero.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/34253/amigos-de-verdad

EL VERANO ES EL VERANO

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Mi columna para El Valle de México

Se convirtió en el protagonista de nuestras vidas de repente. Llegó y todo cambió. Lleva meses acaparando titulares y dejando tras de sí todo tipo de cifras, datos y comportamientos. El coronavirus se adueñó, poco a poco, de nuestra normalidad para convertirla en una pesadilla de la que aún no hemos despertado. Vivimos en una “nueva realidad” que marca nuestra forma de actuar. Acostumbrarnos a ella es primordial. La vacuna no tiene fecha, pero su llegada marcará un antes y un después. Es cierto, que desde que finalizara el estado de alarma, nos hemos ido relajando. A veces, olvidamos que el virus sigue entre nosotros, pero el verano ya está aquí y tenemos demasiadas ganas de disfrutar de todo lo que nos hemos privado durante meses. Además, como el tiempo acompaña, la combinación de estos factores es perfecta. No negaré, ya que mentiría, que la mascarilla es incómoda con el calor, pero de su uso depende frenar los posibles rebrotes que están apareciendo. Sé, que desde México miran hacia España con la esperanza de que sus cifras den una tregua, pero insisto, a nueve mil kilómetros de distancia, que hay que cumplir con las medidas aconsejadas. Solo así se puede frenar la curva que tanto asusta.

Viviendo el presente, estamos a punto de dar la bienvenida al mes de julio. Podría decir que es el mejor mes del año, dado que en unos días celebraré mi cumpleaños. Este año, por cierto, junto a las velas en la tarta, no faltarán los Conguitos. Confieso que desde niña me han encantado y últimamente me apetecen demasiado… ¿Por qué será?… En fin, tras este paréntesis culinario, hay que reconocer que julio es, para muchos, el comienzo de las vacaciones. Éstas siempre son especiales y este año son muy necesarias. Hay que desconectar de todo. Si antes he hablado de sustos, da vértigo escuchar a los expertos sobre lo que pudiera suceder en otoño, pero como el tiempo verbal “pudiera” no es real ni certero, dejemos que pasen los días hasta que veamos y vivamos cómo se comportará el coronavirus más adelante. Ahora no es momento para amargarse con el futuro, ahora es el momento de disfrutar. Si algo nos ha enseñado la Covid-19 es que la incertidumbre marca nuestra rutina y, por eso, no tiene sentido hacer planes a largo plazo. Las vacaciones son y serán siempre momentos de ocio acompañados por la gente que queremos. Posiblemente, este año el tiempo estival nos traiga muchos reencuentros que el confinamiento generó. Yo ya estoy restando los días que quedan para ver a mis padres. Es el momento que llevo esperando desde el mes de marzo. Todo llega a quien sabe esperar dice el famoso refrán, pero las esperas, a veces, se hacen eternas.

El tiempo es relativo y me da que el verano se pasará en un suspiro porque cuando se está disfrutando éste vuela. Dicen que el tiempo es oro y su pérdida sería un gran derroche, así que no adelantemos acontecimientos. Aprovechemos estos días al cien por cien, porque el futuro, con virus o sin él siempre será incierto. Sigamos al pie de la letra a Walt Whitman, de hecho, hasta el famoso profesor Keating en El club de los poetas muertos lo tenía como referente: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta…” En definitiva, Carpe Diem.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13518/el-verano-es-el-verano

La sonrisa del capitán Keating

Con él vivimos la historia del país de Nunca Jamás, fue un Peter Pan inolvidable. Poco hay que decir de la Sra. Doubtfire. Intensa fue la aventura que surgió por jugar a Jumanji. De Óscar, la interpretación en El Indomable Will Hunting pero sin duda, imborrables fueron las palabras del profesor John Keating en El Club de los Poetas Muertos. El “Capitán” que a través de los versos de Walt Whitman nos enseñó a extraer el meollo a la vida ha dejado huérfanos a todos sus “alumnos”. En Hollywood se apaga la sonrisa de esta estrella. No es fácil hacer reír pero él consiguió arrebatarnos más de una risotada. Y es muy cierto, que más vale una triste sonrisa que la tristeza de no volver a sonreír…

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Dice la Real Academia de la Lengua que sonreír es : “Reírse un poco o levemente, y sin ruido”. No parece tan difícil pero a veces es muy complicado. Los problemas, las preocupaciones, las desilusiones son “ladrones” de alegrías, de sonrisas… pero por muy mal que estén las cosas siempre hay un motivo para mostrar en el rostro ese pequeño gesto que tanto agrada a todo el mundo porque … ¿A quién no le gusta una sonrisa?…

A mi desde luego me encantan. Hasta las malas noticias se aceptan mejor sin ver en la persona que tienes delante un rostro imperturbable. Porque de lo malo siempre hay que sacar lo mejor. Cuesta mucho pero si se anhela cumplir los sueños que se tienen en la vida, la fuerza de voluntad y la actitud con la que se enfrenta uno a la adversidad son primordiales. El profesor Keating nos enseñó el célebre: “Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.” Es decir, Carpe Diem: Los momentos hay que aprovecharlos…La vida te puede cambiar en un segundo… Si es para bien se asume muy fácilmente pero si se da el caso contrario…Es mejor «desafiar a la adversidad, enfrentarse al enemigo sin temor», lo dijo Nietzsche y, por supuesto, Keating.

Las lecciones hay que ponerlas en práctica. Eso depende única y exclusivamente de uno mismo. Los sueños se pueden cumplir aunque “solo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre así será”, de nuevo un sonriente Keating en una escena de El Club de los Poetas Muertos… Porque “una sonrisa no cuesta nada y significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra”.

Se fue el “Oh capitán, mi capitán”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)