SU ABRAZO

Vivimos un presente marcado por muchos aspectos negativos ya que los acontecimientos no nos dan tregua, depende de nosotros buscar el lado bueno de las cosas y extraer todo aquello que nos dibuje una sonrisa en el rostro. Está claro que lo importante es ser feliz y para ello no existe una receta única. Cada persona es un mundo y cada ingrediente tiene efectos muy diferentes en cada persona. Nadie puede imponer sus principios porque quizás estos no ayuden a quién realmente lo necesite. Para ello, lo mejor es ser empático. Un abrazo puede ayudar más que las palabras vacías que se suelen emplear. Lo cierto es que los amigos de verdad saben como levantar el ánimo y encender los motores de la motivación que arranquen en nosotros esa ilusión que lo encauza todo. 

En los malos momentos es cuando se conoce de verdad a las personas. Es ahí cuando puedes descubrir una realidad que puede doler mucho cuando éstas no responden como te esperas. A lo largo de la pandemia hemos experimentado una montaña rusa de sentimientos y, ahora que se va recobrando la normalidad, nos estamos dando cuenta de que ésta no es tan normal porque los efectos del coronavirus están pasando factura a toda una sociedad. Es el momento de preocuparnos, entre otras cosas, de nuestra salud porque la fuerza de la mente es la que nos mueve. Alejarse de lo que nos hace daño está en nuestra mano y si se necesita ayuda de profesional no hay ningún tabú para reconocerlo. Eso sí, rodearse de quien te quiere de verdad es fundamental. 

Por eso, esta semana tengo marcado en el calendario un día muy especial. El sábado celebraré el Día del Padre como nunca lo haya hecho porque la distancia nos ha mantenido lejos, pero su presencia ha estado en mi día a día más que nunca. Él me ha dado mucho y tan sólo me pide que sonría. Fue mi fiel compañero de batallas en la etapa más dura de mi vida y juntos ganamos esa “guerra”. Ahora sigue a mi lado para lidiar con todo lo que surja porque el destino es caprichoso y nunca sabes lo que te va a poner por delante. Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros”, y así es, las mejores lecciones siempre se aprenden con un gran ejemplo, sin duda, el mío es de matrícula de honor. Me acusan de ser la niña de tus ojos, y si ese es mi mayor delito, acepto la condena. Y puestos a elegir prefiero una cadena perpetua. Tengo que reconocer que no eres el responsable de que sea del Atleti pero sí de que sea como soy. Festejaremos que es tu día por ser 19 de marzo, pero ya sabes que todos los días tenemos algo que celebrar. Cualquier excusa es buena para ver la felicidad reflejada en tu rostro. Es cierto que madre no hay más que una y su valor es incalculable pero un padre, si es como tú, no tiene precio. No te cambiaría por nada. 

Es cierto, como decía Jardiel Poncela que “por muy severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre” pero en la vida de todo se aprende. Dice el refranero que “quien bien te quiere te hará llorar”, pero cuidado, porque las lágrimas no siempre son de tristeza. Son mares de sentimientos que no todos entienden pero nuestra complicidad sí. Eres capaz de reiniciar mi mundo con tan solo un abrazo. Por eso, el próximo sábado te recibiré esperando la mejor medicina y luciendo la mejor sonrisa. Es la bienvenida que te mereces y sé que no hay mejor regalo que éste. En definitiva, seamos felices porque estando juntos no necesitamos nada más.   

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/31679/su-abrazo

ALEGRÍAS EN EL CONFINAMIENTO

Superada la cuarentena de verdad, con sus cuarenta días y sus cuarenta noches, reconozco que las fuerzas no todos los días han estado al mismo nivel. Es obvio, porque se puede ser fuerte pero no de piedra y lo que estamos viviendo es algo que sólo habíamos visto en más de una película. Aún así, la realidad siempre supera a la ficción. Las noches de insomnio son las que te llevan a pensar demasiado, algo que no conviene cuando no está en tu mano cambiar el guion de lo que está sucediendo. La situación muchas veces nos supera, algo lógico, pero estamos demostrando como la unidad hace la fuerza y entre todos volveremos, muy poco a poco, a recuperar cierta normalidad.

Esa normalidad o rutina de la que tanto nos hemos quejado y a la que tanto echamos de menos ahora mismo. Siempre he dicho que la rutina no es buena cuando ésta se adueña de tu vida, pero el destino ha querido que, por una vez, sea, precisamente ella, la más anhelada por todos. De repente se acabaron muchas cosas. Recuerdo que el último abrazo antes de confiarme se lo di a mi padre. Ahora a él y a mi madre los besos les llegan a través de una pantalla de móvil. Un emoticono va cargado de sentimientos en cada conversación, porque cuando nos vemos son esos sentimientos los que no entienden ni de distancias de seguridad, ni de aislamientos, ni de ninguna norma. Es cierto que la distancia nunca impedirá un sentimiento. Éstos ahora están a flor de piel. Hay días que te da por pensar y la impotencia te hace llorar, algo que es bueno. Las lágrimas no son sinónimo de debilidad, las lágrimas pueden ser la mejor terapia. Y en estos días hay que pensar y hacer todo aquello que nos haga sentir bien, en definitiva, que haga más llevadera la situación.

377D094C-2211-4F89-8195-E2776F92E04AMi familia está siempre ahí, pero mis amigos también. Esa familia que hemos elegido está, además, para arroparnos estos días. Un mensaje, una llamada, un vídeo, una foto, una sorpresa… todo cuenta cuando la intención es conseguir ver una sonrisa en quién recibe el mensaje. Confieso que en mi caso muchos lo han conseguido. El WhatsApp hay días que echa humo, otros está más tranquilo, pero aunque en mi casa estemos a diario mi soledad y yo siempre buscamos cómo matar el tiempo. Un tiempo que ahora es un arma de doble filo. Pasa lento pero pasa y el día de mañana todo será un recuerdo más y lo veremos como efímero. Reconozco que echo de menos muchas cosas, pero afortunadamente tengo salud y no necesito nada más. Bueno, darme algún capricho durante el confinamiento está siendo vital para hacer frente a la incertidumbre, a los posibles desánimos y, simplemente, porque aún tengo la vida para seguir disfrutándola adaptándome a este paréntesis. Ya echaba de menos comerme, por ejemplo, un brownie. Los que me conocéis sabéis que son mi debilidad… Y si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma dice el dicho. Así que con una sonrisa oculta tras mi mascarilla recibí a Luis de El Obrador De Goya que me trajo varios de sus manjares, entre ellos, el brownie para endulzarme la noticia de la prórroga del confinamiento hasta el nueve de mayo. En fin, lo único que está claro es que cada día que pasa es un día menos para ganarle la partida al Covid-19. Cada uno sabe cual es la receta con la que sobrellevar estos días. Bienvenidos sean los bizcochos, los brownies, las torrijas, las empanadas, el chocolate, las chuches, los frutos secos y demás manjares de la gastronomía; porque después de todo esto lo de menos será tener un kilo o dos de más. Lo verdaderamente importante será recuperar las riendas de nuestras vidas capitaneadas por la salud,  ya que muchos se han quedado en el camino. Así de dura es la vida, pero esta es la realidad. No hay que quejarse, hay que ser feliz.

Jimena Bañuelos (14ximenabs)

Mi columna para El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/11461/alegrias-en-el-confinamiento