CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Esta semana daremos la bienvenida al otoño. El final del verano está cerca y, nos guste o no, de él ya solo nos quedarán los recuerdos. Unos recuerdos que nos llenarán de sonrisas si tenemos que recurrir a ellos en un momento dado. La añoranza de lo vivido es una arma de doble filo porque la nostalgia no siempre es buena compañera de vida. Vivir requiere disfrutar y dejar atrás, a su vez, lo vivido. Cada día es una nueva aventura que nosotros mismos afrontamos de una manera o de otra. Cada persona es un mundo y cada uno es dueño de escribir su propia historia. Nos puede gustar más o menos el guión de los demás, pero criticar algo que no es tuyo no es de recibo. La vida depende de cada uno y hay una parte que compartimos con los demás, pero nunca se puede perder la esencia de uno mismo. La hipocresía tarde o temprano sale a luz y con ella muchas decepciones que no tienen vuelta atrás.

El tiempo pasa y las personas vamos pasando por él. Cambiamos, obviamente, porque es ley de vida, pero siempre hay algo perenne en nosotros mismos y si es caduco algo falla. Estoy hablando de la personalidad. Una personalidad que tiene carácter, sus defectos y sobre todo, unos principios que deberían ser inquebrantables. Todos conocemos la célebre frase de Groucho Marx: “Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Su mensaje es claro y hay que mirar más allá de las palabras. 

Las palabras, una vez que son pronunciadas o escritas, siempre llevan una intención, es su misión. Ahora bien, de ellas se pueden hacer muchas lecturas. Es más, si éstas van acompañadas por gestos, la comunicación se carga de más fuerza. No negaré que me he mordido la lengua en más de una ocasión, pero es cierto que me gusta llamar a las cosas por su nombre. Los filtros que usamos en el lenguaje al igual que en las redes sociales son una fantasía para dulcificar la realidad y ésta es la que es, nos guste o no. Si hay que dar la opinión se da y si quien la pide no está dispuesto a oír determinadas palabras, quizás sea mejor que no la pida. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Eso sí, siempre tendría que primar la franqueza y la honestidad, pero hay quienes no conocen ni el significado de estas palabras. Hay muchas más que debieran estar en los principios elementales de todos, pero siempre algunas cualidades destacan más que otras. Observar es una gran virtud que practico a diario y precisamente, esta actitud ayuda a desenmascarar aquello que muchos quieren ocultar, pero la manera de actuar siempre delatará a quien gestiona en su propia persona varias versiones de sí mismo. 

La vida va pasando y si ahora arrancamos la estación en la que los árboles van perdiendo las hojas, quizás muchos puedan perder esas capas que ocultan tantas personalidades e intereses. Algo tendrá ser uno mismo que cuando eres fiel a tus principios suelen llover las críticas y las envidias. En fin, perenne a mi forma de ser seguiré disfrutando del otoño, de la vida, y de lo que venga porque cuando vives de regalo y la vida te da una segunda oportunidad hay muchas cosas que quedan atrás, porque lo que no te aporta no merece ni un minuto de tu tiempo. Éste dicen que es oro, pero es vida. Y ésta tiene un valor incalculable como para malgastarla. 

Sed felices y vivid como queráis escribir vuestra propia historia. No dejéis que nadie os sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/37592/cuestion-de-principios

PERIODISMO

Nos han avisado de que viene una ola de calor, pero qué esperamos si estamos en pleno mes de julio. Una noticia que abre titulares, pero que se repite como otras tantas cada año en la estación estival. El verano tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Eso sí, a los que no nos importa que el termómetro suba más grados de lo habitual, la situación que hemos pasado la sobrellevamos mejor. El insomnio suele estar vinculado, entre otras cosas, a los problemas que están implícitos en nuestra vida, pero cuando éste es únicamente por calor bienvenido sea. Ahora bien, todo es compatible ya que si nuestro presidente del Gobierno puede dormir después de estar gobernando con quienes le quitan el sueño, quizás pueda compartir su receta si es que hay algo más allá de sus ansias de poder. Un poder al que aferrarse cueste lo que cueste.

El precio a pagar por estar ocupando un sillón puede ser muy alto, pero la conciencia de cada uno es la que tiene que soportar esa carga. Al igual que también es importante mantener el apoyo de quien te ha colocado con un dedo mágico ahí. El pasado sábado, tras unos días de rumores, llegó la crisis de Gobierno. Renovarse o morir como dicen algunos, aunque el renovarse siempre tiene algún fin. Ha habido cambio de nombres y algunos más significativos que otros. Dicen que los cambios hay que hacerlos para mejor, pero visto lo visto, con el paso del tiempo veremos cómo será la evolución de los nuevos rostros que ocupan la nueva foto de Moncloa. Un cambio de caras que se comunicó en una rueda de prensa sin preguntas que, por desgracia, se está convirtiendo en la rutina del presidente y de muchos políticos. Si los periodistas no podemos preguntar nos están quitando un ingrediente fundamental en la esencia de la profesión que ejercemos. La prensa no está para ser palmera de quienes se ponen delante de un micrófono para saltar un discurso más que preparado. La prensa está para incomodar, para arrebatar las frases hechas por las que realmente interesan a los ciudadanos. Y si se sucumbe a eso, el periodismo está perdido dando paso a una propaganda que lo impregna todo a costa de la manipulación

Una manipulación que debería estar vetada por quienes tenemos que incomodar y ser fieles a la realidad. Es cierto, que el periodismo está atravesando una situación muy crítica económicamente hablando, pero también la está atravesando en sus valores y depende de nosotros mismos revertirla. Es vital recuperar los pilares básicos de la “mejor profesión del mundo” como decía Gabriel García Márquez. No me cansaré nunca de defender aquello en lo que creo porque la vida me enseñó a tener mis principios muy claros; unos principios a los que no voy a renunciar. Asumo que no pueden agradar a todos, pero mi esencia está ahí, y eso, es incuestionable. El periodismo, en mi caso, es una vocación porque desde niña tenía muy claro cuál iba a ser mi profesión. Y ahora, tras muchos años ejerciéndola, y viendo lo que está pasando, en más de una ocasión sería necesario hacer un examen y ver en lo que se está convirtiendo. Estamos a tiempo de reaccionar, ojalá suceda más pronto que tarde. Nos debemos a los ciudadanos. Por ellos, la verdad y el análisis tienen que primar sobre los “click”. La comunicación ha evolucionado puesto que la tecnología se ha unido a ella, pero más nos valdría recordar a quienes fueron los pioneros y referentes en nuestra profesión… Eso sí, asumiendo lo mucho que critican mi profesión y la mala fama que tiene por culpa de algunos, siempre diré con la cabeza bien alta y una sonrisa en la cara: Soy periodista.

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/24470/periodismo