LA NOSTALGIA

Con un tiempo inestable y con más lluvia de lo habitual despedimos esta semana la estación estival. El verano ha llegado a su fin y aunque nos pese cerrar este capítulo, el tiempo pasa y la vida continúa. La nostalgia puede inundar el ambiente otoñal. Vamos perdiendo luz a medida que los días pasan y, para ser sincera, esto no lo llevo tan bien. Es cierto que adaptarse a los cambios forma parte de la naturaleza de la vida, pero dejar atrás mi estación favorita no es tan fácil. Confío en que todavía podamos disfrutar de algún “día de verano” en lo que queda de mes. 

Un mes que siempre está marcado por los recuerdos. Unos recuerdos que pasan también, por ejemplo por la infinidad de veces que he visto la final de la Vuelta Ciclista a España. Madrid y su Paisaje de la Luz se visten de gala para recibir a quienes han pedaleado por todo el país desde el 26 de agosto. El deporte nos ha acompañado durante todo el verano. Lo más sonado ha sido la conquista del mundial femenino con polémica incluida, aunque siempre se puede ver eclipsado por esa desconexión de la rutina que pretendemos alcanzar durante las vacaciones. 

Unas vacaciones, que en muchos casos, parecen muy lejanas porque el día a día se ha ido apoderando de ese relax para ir conectándonos de nuevo a la realidad que siempre llega con el mes de septiembre. Ahora, el próximo cambio será de estación y de armario. Habrá quienes tengan en el horizonte las fiestas navideñas porque ya hay colas en las administraciones de lotería. De momento, tenemos por delante el último trimestre del año y de nosotros depende que tengamos los recuerdos oportunos. La nostalgia y la melancolía son propias de estos tiempos pero superarlas está en nosotros mismos. Una pequeña escapada siempre viene bien. El “puente” más cercano será el próximo 12 de octubre y aprovecharlo para recargar energía no está demás. De momento y hasta entonces, ya he visitado La Granja un lugar que me trasladó a mi infancia. Esa niña que visitó ese palacio en una excursión escolar recordó momentos de aquella época. Todos los lugares a los que se vuelve despiertan en nosotros ese mecanismo de los recuerdos que, en este caso, me sacó más de una sonrisa. 

Una sonrisa que brota de los pequeños placeres de la vida y, por supuesto, de esos momentos que nos llenan de vida. Quizás de esta forma la nostalgia se lleve mejor. Queda mucho tiempo para que acabe este año y, hasta el momento en el que nos tomemos las uvas, tenemos que dejar escrita nuestra historia para que en el futuro que, en algún momento, será nuestro presente tengamos recuerdos a los que regresar para superar los días nublados que la vida nos presente.

Un presente que pasa siempre, y no me cansaré de decirlo, por sonreírle a la vida. Una sonrisa que ella nos devolverá aunque no sabemos cómo. Quizás en una abrazo, en un beso, en una excursión… Todo suma y todo vale con tal de ser felices. Hay que aferrarse a ella y a los momentos. Ser feliz es lo que cuenta. 

Jimena Bañuelos

A EL VALLE Y A MÉXICO

Semana de fiesta para México. Ese país que me abrió sus puertas hace unos años y el que ocupa una parte de mi corazón. Es verdad que las noticias que nos llegan del país azteca a este lado del charco nunca son buenas generalizando, pero a nueve mil kilómetros de Madrid hay un destino que brinda la oportunidad de conocer lugares maravillosos, aprender costumbres de otras culturas e incluso te conoces a ti mismo. Al menos, eso me sucedió a mí. Fueron muchos los días que pasé extrañando a mi país pero sintiéndome, a la vez, como una mexicana más. 

La distancia no siempre se lleva bien. El Atlántico puede ser eterno pero lo bueno es encontrar en el destino a personas que sin conocerte mucho te brindan oportunidades y te ofrecen su amistad. Es preciso celebrar el día grande de México como se merece porque hay algo que me dice que así lo tengo que hacer y además, no solo es México es EL VALLE también el que festeja su aniversario. 

Un aniversario que me llena de alegría porque gracias a Pepe Nader y a su hermano, Sergio, tengo un hueco que me sigue vinculando a México y, por supuesto, que me blinda esa amistad que nació hace muchos años. Si hablamos de periodismo, EL VALLE es un buen ejemplo. Mantener la esencia del que como dijo Gabriel García Márquez “es el mejor oficio del mundo” no siempre es fácil. Todos sabemos que las presiones externas existen y cada vez más, pero siempre hay alguien que resiste. Esa resistencia, para mí, es el periodista de vocación. El que valora el periodismo desde su esencia. No estaría de más hacer un repaso de las grandes películas que el cine nos ha dado para recordar lo que de verdad importa. Es cierto que con el paso del tiempo y el avance de las tecnologías nada es como es antes, pero si antes se juntaban los tipos para crear textos y contar la verdad; ahora que es mucho más fácil juntar y corregir esos textos, hay “otros factores” que lo impiden. No seré yo quien los analice porque creo que están claros, lo que sí tengo claro son mis principios y esos no los cambio por nada. 

Y hablando de cambios, México sí que los necesita pero EL VALLE sólo puede ir a mejor. La base es sólida y se adapta al destino y lo que éste nos depare. Es de justicia decir que extraño ver a quienes forman esa redacción y una buena plática con el director. Estoy convencida de que ese destino que juega las cartas, en una baza me dará la oportunidad de conjugar el verbo “extrañar” en pretérito. Mi particular cuenta atrás ha comenzado, mientras tanto, vayan desde Madrid mis felicitaciones para todos y mi agradecimiento a EL VALLE. Nueve mil kilómetros de distancia no pueden acabar con los sentimientos de este corazoncito mexicano que presume de tener una columna donde “las noticias se hacen periódico”. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/49276/a-el-valle-y-a-mexico

SEPTIEMBRE

Siempre la vuelta de vacaciones cuesta asumirla, pero si además el tiempo no acompaña el retorno a la rutina es más duro. Ha llegado una DANA que ha plagado todo los rincones de agua. Era necesario que lloviera pero cambiar el bikini por el paraguas no es tan agradable. Los cambios hay que asumirlos y el primero de todos es volver a transformar el día a día saliendo del paréntesis que es la estación estival. 

Septiembre es un mes de comienzos y no sólo por la inevitable vuelta al cole, sino porque es un mes  que tiene un matiz de esas ilusiones que también tenemos a comienzos de año. Han pasado nueve meses desde que por nuestra mente pasaran los míticos propósitos de Año Nuevo y, ahora, es el momento de recordar los que tenemos pendientes y de ilusionarnos con la que está por llegar. Es cierto que muchos pasan por esa depresión pos vacacional, pero el poder de la mente es capaz de hacer frente a eso con nuevos sueños por cumplir. Nunca es tarde para luchar por aquello que realmente nos va a llenar de una felicidad inexplicable.

La felicidad no tiene unos ingredientes concretos, porque depende de nosotros mismos. Los niños anhelan ver a sus compañeros de colegio y los adultos, lo reconozcamos o no, tenemos esos sueños que ya he mencionado y que no debemos renunciar a ellos. Ir superando las adversidades recargan el motor que nos mueve día a día. La rutina es una carrera de obstáculos con sus subidas y sus bajadas, pero el verano ha sido el mejor aliado para hacer frente a lo que nos deparan los últimos meses de este año. No negaré que también septiembre es un mes nostálgico porque los recuerdos de las instantáneas tomadas vendrán a nuestra mente en más de una ocasión, pero eso es la vida. Hay que seguir para adelante y recordar los momentos que nos han sacado más de una sonrisa. 

Un sonrisa que nunca nos debe de faltar por mucha pena que nos dé decir “el final del verano”, pero todavía estamos en verano. No tendremos el mar, ni la montaña, ni el sol perenne de julio y agosto pero sí la esperanza de aferrarnos a los últimos días de la que es mi estación favorita. Ya llegará el otoño con sus cosas, pero el presente es hoy y es ahora. Con paraguas o sin él, hay que seguir disfrutando. Septiembre me lo recuerda todos los años porque es un mes que me llena de vida pero también me trae, sin yo quererlo, los momentos más duros por los que he pasado. La cara y la cruz de la vida siempre van de la mano. De la primera gozamos sin valorarla demasiado y de la segunda aprendemos a la fuerza. Por eso, demos a este mes que acaba de comenzar la posibilidad de ser el mejor del año porque día a día iremos sumando experiencias que nos harán crecer como personas y nos enseñarán a comprender eso que llamamos vida y que no tiene un manual que nos la explique. 

Ser feliz es lo que cuenta porque el tiempo aunque es relativo; el tiempo es oro y éste vale lo mismo llueva, truene o haga sol. El tiempo, en definitiva, es vida. 

Jimena Bañuelos

TRADICIONES EN SAN FERMÍN

Avisados estamos de que viene otra ola de calor, pero el verano tiene estas cosas. Lo normal es que el termómetro suba y nos toque sobre llevarlo de una manera o de otra. Bienvenidas son las piscinas, las playas y por supuesto las sombras en la montaña. Cada uno decide como afrontar estos embistes de la estación estival. Un verano que arrancó, precisamente, con el calor de las hogueras de San Juan y desde entonces vamos enlazando una fiesta tras otra. Pamplona está celebrando un San Fermín con todas sus tradiciones, la ciudad se viste de rojo y blanco para vivir una semana con una intensidad frenética. Casualmente, los toros allí son bienvenidos. No voy a entrar en polémica pero es la realidad. 

Como todos los años, y como marca mi particular tradición, a las ocho de la mañana, con más o menos sueño, hay que estar frente al televisor. Desde niña viví muchos encierros con mi abuelo y, por eso, desde que nos dejó sigo levantándome para verlos con la sensación de que sigue a mi lado. Los sentimientos se encienden con una chispa de recuerdos y estos no los podemos controlar porque la vida nos los va mostrando sin avisar. El calendario es un buen aliado para la rutina, pero también es el responsable de que haya fechas que nos pellizquen el corazón aunque intentemos disimular. 

Se puede disimular durante unas horas en el día, pero siempre llega el momento en el que el corazón nos pide dar riendas suelta a eso que nos está haciendo sobreactuar. Los sentimientos son los que son y los recuerdos no se pueden cambiar porque están escritos a sangre y fuego en nuestra memoria. Es cierto que unos son más agradables que otros, pero tanto los buenos como los malos permanecen en nuestra mente. Olvidar no es tan fácil como nos quieren hacen creer porque siempre habrá algo que nos lleve al pasado. 

Y el pasado aunque esté escrito en pretérito, en ocasiones, recurre al presente. Esto es bueno si sirve, por ejemplo, para coger fuerzas para el futuro o para rendir un homenaje a quienes ya nos están con nosotros. Por eso, con el chupinazo de Pamplona y sabiendo que nos dejaste un nueve de julio de hace muchos años siendo yo una niña, continúo viviendo estas fiestas como si estuvieses conmigo. Es cierto, querido abuelo, que “sólo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvido” porque compartí contigo grandes experiencias, me enseñaste muchas cosas. Probablemente más de las que tú te podías imaginar, y sin duda, me marcaste mucho. En mí hay una parte de ti y bien orgullosa que estoy de ello. 

Seguiré fiel a mis principios, también a los futbolísticos que me inculcaste. Siempre el rojiblanco presente en nuestra vida. Una vida que disfrutaré como tú lo hacías. Te fuiste muy pronto pero tu legado es eterno. Nos faltarían tipos de tu imprenta para escribir todo aquello que nos dejaste. Ya no hablo solo por mí sino por todos los que tuvimos la suerte de convivir contigo. 

Recordar a quien quieres mirando al pasado siempre es bueno, porque nuestro presente está marcado por lo que hemos vivido siendo unos niños. La memoria es selectiva, pero sabe a qué aferrarse y, sin duda, en mi caso, aferrarme a mi abuelo nunca está de más. Ese es el motor que nunca me ha fallado esté donde esté. Va por ti abuelo. Te echo de menos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/47026/tradiciones-en-san-fermin

EL ESCUDO DE TODOS

“Aquí me pongo a contar, motivos de un sentimiento que no se puede explicar”. Con esta gran verdad comienza el himno del Centenario del Atleti, pero es que sólo los que entendemos esta forma de vivir sabemos de lo que hablamos. Es, una de nuestras premisas, que nunca hay que dejar de creer y que hay que luchar como hermanos, por eso, la vuelta a nuestro verdadero escudo es el mejor regalo que los rojiblancos podemos tener, precisamente, por el 120 aniversario de nuestro equipo. 

Un símbolo que vuelve al año que viene y que, sinceramente, nunca se tuvo que ir. Quizás, la polémica se pudo haber evitado con una votación como la que se ha hecho ahora. Es cierto que el tiempo pasa y las cosas van cambiando, pero esto no se puede aplicar a todo. Los sentimientos tienen sus propias reglas porque las dicta el corazón. El escudo antiguo es nuestra vida, nos representa y en él hay muchos recuerdos inolvidables. Estoy convencida de que todos podemos mirar la grada del tercer anfiteatro del Metropolitano e imaginarnos la sonrisa de quienes ya nos están derrochando esa felicidad por recuperar aquello que era nuestro. 

Y tan nuestro que es un triunfo que la afición ha valorado y celebrado como una gran victoria. No es para menos. Confieso, y los que me conocen bien lo saben, que nunca me gustó que giraran al oso. No tengo un explicación clara que dar, simplemente, que si el cambio ya me chocó, lo del oso me impactó porque no le encuentro sentido. Afortunadamente, ahora va a volver todo a la normalidad. Mi escudo es el escudo con el que aprendí lo que es ser del Atleti. En él hay una historia personal escrita de mi puño y letra. Hay recuerdos de todo tipo, pero los más emotivos consiguen que se pongan los ojos vidriosos. Por ejemplo, durante la experiencia más dura de mi vida, anhelaba volver al Vicente Calderón “con mi papá de la mano” como canta Sabina y ver a mi Atleti. Recuerdo que lloré y besé ese escudo al que también me aferré en las distintas habitaciones del hospital. Aquel sueño se cumplió y mi papá y yo entramos en nuestra casa rojiblanca sabiendo que habíamos ganado un “partido” complicado y una de las fiestas tenía que ser al lado del Manzanares. 

“El escudo no se toca” llevaba gritando la afición muchos años. Y no se debe de tocar porque está tatuado en nuestra piel y en nuestro corazón. Y si se toca, no puede ser sin permiso y sin una causa justificada. Afortunadamente, el coraje y corazón que también nos abandera nos ha acompañado hasta conseguir una votación vinculante. Nos puede costar un fichaje, pero ganamos más de lo que perdemos. Estoy convencida de ello. Los colchoneros hemos dado una lección de constancia. Dijo Simeone: “Si se cree y se trabaja, se puede”. Pues dicho y hecho. Nadie ha olvidado a Luis Aragonés afirmando: “ Y usted no pise ese escudo”.

En definitiva, un escudo que es una segunda piel, un escudo que nos saca sonrisas, un escudo que es nuestra seña de identidad, un escudo que nos une y no nos separa… Un escudo que está de vuelta y nos llena de felicidad. Y esto es lo más importante. La cuenta atrás ha comenzado y su bienvenida será como se merece. ¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos

Viñeta de Jorge Crespo

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46769/el-escudo-de-todos

ILUSIONES 

Estamos en verano y le hemos dado la bienvenida como se merece. La noche de San Juan marca un antes y un después. Las tradiciones están para cumplirlas, y con hoguera o sin ella, siempre se puede hacer un punto de inflexión en este año. Dejar atrás el pasado y quemar o borrar de nuestra mente aquello que nos hace daño siempre será positivo. Es bueno pedir deseos y tener sueños pendientes por cumplir. Estos son nuestra mejor motivación para seguir adelante y afrontar las adversidades que se nos van presentando. No son pocas, pero en la balanza también están las ilusiones para equilibrarla. 

Unas ilusiones que varían de unas personas a otras y están condicionadas, sin duda, por la propia situación. De una manera o de otra, Ortega y Gasset tenía razón. En el fondo, la célebre cita: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” nos marca nuestro presente y nuestro entorno. Todo puede cambiar pero para ello tiene que haber una actitud. Ésta se puede apoyar en quienes están dispuestos a ayudarte a convertir esa circunstancia en algo mejor, o al menos, a añadirle un oasis de esperanza en ella. 

Ilusión es, precisamente, lo que se vivió hace una semana en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Un hospital en el que hay historias muy duras de pequeños luchadores que, desde su inocencia, viven la parte más dura de la vida. Sin embargo, son un ejemplo a seguir. Verles sonreír no tiene precio y eso es lo que consiguieron Lorca y el Mago Roncero en el salón de actos. No puedo negar que mi pasado vino a mi presente porque, en el fondo, mi corazón tiene cicatrices que en determinados momentos se sienten aún más. No obstante, por eso, había que contagiarse de la inocencia de los más pequeños y dejarse llevar por la magia y la música. Dos grandes compañeras que siempre ayudan en las peores situaciones. 

Con los acordes de la guitarra de Lorca recordamos, los más mayores, canciones que hemos cantado en más de una ocasión. Aquel verano de “Bésame en la boca” forma parte de la vida de muchos. La música se intercaló con la magia del Mago Roncero. La expectación era máxima porque nadie supo como se anudaron los pañuelos, como pudo averiguar el destino de un viaje o la carta que habían seleccionado. La magia no solo estuvo en sus manos. La magia estuvo en el ambiente porque hacer sonreír dentro de un hospital no es fácil, pero no es imposible. Lorca y Roncero consiguieron que durante casi hora nos olvidáramos de nuestra circunstancia. El coctel era perfecto: ilusión más sueños más música más magia no podía fallar. Y no lo hizo.

La vida se va llenando de capítulos. Unos son más amables que otros y las historias se van escribiendo día a día. El martes veinte de junio no fue un martes rutinario en el Niño Jesús. El veinte de junio se escribió de otra manera. Cada uno destacará de él lo que quiera, pero yo me quedo con que la esperanza y la fuerza nacen de uno mismo, pero si le añades unas notas musicales o la magia de la vida todo se lleva mejor. Lo importante es ser feliz y no perder la sonrisa.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46515/ilusiones

ALEJANDRO FERNÁNDEZ, EL ALMA DE MÉXICO EN MADRID

A las puertas del verano y con un calor propio de la época, Madrid esperaba con ansias al artista mexicano que llevaba cinco años sin venir por España. Él dijo que nos han pasado muchas cosas en este tiempo. Ha sido una pesadilla lo que hemos vivido, pero sus fans estaban esperando la cita  para reencontrarse con el artista. Bajo la atenta mirada de su madre y con un WiZink Center lleno hasta la bandera, Alejandro Fernández no defraudó.

El reloj marcaba las nueve y media de la noche y como buen mexicano se hizo de rogar. “Ahorita empieza” se escuchaba entre el público y los que sabemos el verdadero significado del “ahorita” mexicano sabíamos que la hora tenía ese matiz de esperada. Eso, en definitiva, fue lo de menos porque por delante teníamos dos horas y media de concierto para disfrutar del talento de este gran artista. Arrancó su gira “Amor y Patria” con la canción “Tantita Pena” que puso al público en pie recibiéndole entre aplausos. La espera ya era lo de menos, porque desde el momento en el que sonaron los primeros acordes, lo que importaba era disfrutar de lo que “El Potrillo” y su equipo nos tenían preparado. 

El cóctel de canciones entre el pop y mariachi fueron embriagándonos a todos de una emoción que se iba notando a medida que pasaba la noche. Las banderas mexicanas no faltaron porque, sin duda, Alejandro Fernández es el alma de este país. Es más, toda Hispanoamérica estaba representada en los asientos y en la pista del Palacio de Deportes de la capital. Eso sí, el mexicano no dudó en abrazar la bandera de España sobre el escenario porque sabe que aquí es tan querido como al otro lado del charco.

Sus canciones fueron emocionándonos a todos. Recorrió las de su último disco pero no faltaron los clásicos que rindieron al público a sus pies. “Canta Corazón», “Me dediqué a perderte”, “Se me va la voz”, “Se que te duele”, “Hoy tengo ganas de ti”, “Abrázame”, “Mátalas”… y así una lista de canciones que culminaron con un gran homenaje a su padre, Vicente Fernández. Por supuesto, con el corazón en un puño “El  Rey” sigue siendo el rey haya donde esté. 

“Quiero que vuelvas” es algo más que un tema. Es una petición propia de que ya estoy restando días para el próximo concierto en Madrid. México significa mucho para mí. En tierras aztecas viví una temporada que me marcó y me enseñó grandes lecciones vida. Allá dejé a grandes amigos y el paso del tiempo y la distancia no ha conseguido romper esos lazos. Más pronto que tarde estoy segura de que nos volveremos a encontrar. De momento, el culpable de emocionar y remover todos esos grandes recuerdos tiene nombre y apellido: Alejandro Fernández. No es un reproche, es mi gratitud por conseguir que me olvidara del presente, y despertar esa parte de mi corazoncito mexicano que tanta vida me da. 

En definitiva, querido Alejandro, la espera ha merecido la pena, pero que no pasen otros cinco años. Este “ahorita” sí que se nos ha ido de madre en el tiempo como dirían allá. Por eso, espero que quieras pronto “volver, volver” tal y como cantaste el pasado sábado en Madrid. Gracias por acercarme a mi gente mexicana a través de la música. Un gran hilo conector que, sin duda, cruzó el charco desde que sonaron los primeros acordes. Ahora, con la resaca del concierto, y ya que no la cantó Alejandro Fernández, lo hago yo aunque no estoy a la altura, pero sí me llena de sentimientos cuando hablo o canto a mi México, lindo y querido…

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46254/alejandro-fernandez-el-alma-de-mexico-en-madrid

MADRES Y VÍNCULOS

La mejor manera de comenzar el mes de mayo es festejando el “Día de la Madre”. Cada uno de nosotros tenemos a la mejor del mundo y cada uno de nosotros estamos en lo cierto porque una madre es especial. De la mía puedo decir que es la mejor amiga y el mejor ejemplo a seguir, de hecho, ella es la responsable de que sea como soy. Me ha transmitido su fuerza para afrontar las adversidades pero también me ha enseñado a disfrutar. Por eso, con verla sonreír yo ya soy feliz. Todos los días habría que festejar a las madres, pero si tienen un día especial es para brindarles el mejor homenaje que podemos hacerles los hijos. Madre no hay más que una y, por eso, no podemos despreciar los días sin demostrarles nuestro cariño. 

Un cariño que nos lleve a la felicidad junto a ella. Cada uno sabe cuales son las teclas que tiene que tocar para que su madre se sienta especial. No siempre es fácil acertar con el mejor regalo, pero lo que tengo claro es que siempre el mejor obsequio será nuestra compañía. El destino ha querido que este año la mía esté junto a mí y, por eso, el domingo no fue un día cualquiera. 

Está claro que todos los días son especiales por el hecho de tener la oportunidad de seguir escribiendo la historia de nuestras vidas. Mi madre me enseñó que su felicidad está vinculada a la mía y, por eso, tras la experiencia más dura que hemos vivido, sólo quiero sonreírle al presente. Un presente que esta semana nos trasladará al Madrid más castizo. Es cierto que esta burgalesa de Madrid sigue teniendo pasión por su tierra, pero con el paso de los años, las tradiciones van calando. Por delante se avecinan unos días cargados de chotis, de rosquillas, de pasarse por la pradera, de pedirle al santo sobre todo mucha salud y, por supuesto, de disfrutar también de las muchas actividades que hay organizadas. Me quedo, sin duda, con la Zarzuela y las antologías que hay preparadas. Un género musical que a mi madre le fascina y su pasión me la trasladó a mi desde muy pequeña. 

Al final, la vida está llena de vínculos. Un vínculo que van formándose desde nuestra infancia. Nuestras madres son nuestros pilares fundamentales, lo mismo sucede con nuestros padres y el tiempo se encarga de entretejer todo eso, para que a medida que vamos creciendo y madurando todo eso vaya forjando nuestra propia personalidad. Un personalidad que marca nuestro carácter pero también nuestra forma de afrontar el día a día. Además, hay que reconocer que todos tenemos ese recuerdo de aquello que nos gusta porque les gustaba a nuestros padres. Quizás, algo así me suceda a mí con el “género chico”, pero reconozco que esos recuerdos van más allá. 

Un más allá que está vinculado con el futuro y que, sin duda, a medida que pasa el tiempo se irá llenando de más recuerdos, de más experiencias… y los vínculos se irán endureciendo y forjando de tal manera que seamos nosotros mismos, pero cargados de matices que hemos adquirido de nuestros padres y, por supuesto, de nuestros abuelos. El árbol de la vida es así y hay que regarlo con la felicidad de ir viéndolo crecer mientras asienta firmes sus raíces. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/44736/madres-y-vinculos

120 AÑOS MOLESTANDO

La mejor manera de despedir el mes de abril es festejando el aniversario del Atleti. Todos los años, el día 26 está marcado en el calendario de los colchoneros como un día especial, pero en esta ocasión las 120 velas que tenía su tarta merecieron un especial homenaje. Hubo partido, hubo victoria y, por supuesto, hubo cánticos a raudales porque la afición siempre está orgullosa de  los colores. Para la ocasión, el Metropolitano se llenó de banderas que se ondearon a la vez que el himno se sentía en cada rincón del estadio. Eso solo fue el principio de lo que vendría después. 

Los rojiblancos sabemos que con el Atleti todo puede suceder. Sabemos perfectamente cual es nuestro ADN, pero lo asumimos y a pesar de ver como íbamos por debajo en el marcador, el día tenía que tener un final feliz. Gritar los goles en el estadio fue, sin duda, lo que todos anhelábamos y los nuestros nos concedieron ese deseo de aniversario. 

Un aniversario en el que hasta las rayas rojiblancas cedieron el protagonismo a la camiseta con  nuestros orígenes. El pasado estuvo presente para ver como el espíritu continua intacto por muchos años que pasen. La afición es la responsable de que la familia rojiblanca se una siempre en las buenas y las malas. Homenajeamos a las leyendas y vimos y aplaudimos el spot que nos recuerda que llevamos 120 años molestando… y los que nos quedan porque “partido a partido” seguimos vibrando como al principio.

Un principio que, sin duda, a muchos nos recordó a nuestro propio pasado. Un pasado que también te lleva a pensar en quienes están en el tercer anfiteatro y con quienes has crecido celebrando muchos momentos en la historia del Atleti. Por ejemplo, era una niña cuando conquistamos el doblete, pero lo tengo grabado a fuego en la memoria, a fuego porque lo viví con quien me inculcó el verdadero sentimiento colchonero. Gracias a él, el Atleti es mi forma de entender la vida. Es cierto que muchos no lo entienden, pero, sinceramente, tampoco tengo ni tiempo ni ganas para explicárselo. Soy del Atleti y siempre lo seré. Haber vivido el 120 aniversario fue algo muy especial que ya forma parte de mis vivencias rojiblancas pero todavía me quedan muchas más.

La vida, más allá del fútbol, la disfruto “partido a partido” y es cierto que “nunca dejo de creer” porque sé cual es el motor que me mueve para extraer todo su meollo. Ser feliz es primordial y cada uno decide como quiere serlo. Tengo muchos sueños por cumplir y estos no siempre son fáciles de lograr, de hecho, en más de una ocasión tendré que poner mucho “coraje y corazón” para conseguirlos, pero esto no me importa porque aprendí, hace años, que aún tengo la vida para, precisamente, ponerme la vida por montera. Quizás, a muchos les moleste, pero si mi Atleti lleva 120 años molestando, yo puedo seguir siendo yo misma pese a quien pese. Es lo que hay.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/44453/120-anos-molestando

EVADIRSE CON LOS LIBROS

Vivimos marcados por días señalados y uno de ellos es, sin duda, el 23 de abril. El día del libro es una fiesta para quienes amamos la lectura. Es cierto que para gustos están los colores, como suele decirse, pero los libros tienen un infinita variedad. Pueden ser de suspende, de amor, de miedo, de fantasía, de aventuras, de autoayuda… En definitiva ningún lector está huérfano de escoger la historia en la que quiere adentrarse. Esa historia que le lleva a otra realidad y que consigue, precisamente, alejarle de la que vive en su día a día. Evadirse es primordial y, un libro siempre conseguirá sorprendernos de alguna manera, porque su capacidad para no dejarnos indiferentes va intrínseca en ellos. No siempre es fácil buscar un hueco en la rutina para abrir un libro y más, hoy en día, en el que las series proliferan a una velocidad abismal, pero dice el refrán: “Querer es poder”, y por eso, no hay excusas que valgan para disfrutar de la lectura. Confieso que tengo una buena torre de libros pendientes, pero verla me saca una sonrisa porque me esperan grandes historias y aventuras. Sin duda, tengo ganas de adentrarme en “Libres” de Ana Santamaría y disfrutar de cada uno de los cuentos que ha elegido minuciosamente para debutar como escritora. Lo mismo me sucede con “Talhara” de Antonio García Barbeito y así con cada uno de ellos…

Decía el escritor norteamericano Edmund Wilson que “no hay dos personas que lean el mismo libro” y es cierto, porque todo nos influye cuando nos adentramos en sus páginas. Ya se sabe que el recuerdo que deja un libro, a veces, es más importante que el libro en sí. Yo no podría decir cuál es mi favorito porque quedarse con uno sólo no es fácil. Si bien es cierto, hay un pequeño grupo que releo con gusto porque sus enseñanzas y sus aventuras siempre son reconfortantes. El autor francés François Mauriac lo tenía claro: “Dime lo que lees y te diré quién eres, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”. Eso sí, no puedo negar que hay uno que siempre ocupará un lugar especial en mi corazón. Aún tengo la vida nació de mi propia experiencia, de mi propia valentía y sobre todo, de esa lección de vida que marcó un antes y después. En el fondo, cada uno escribe sus propios capítulos y no todos son fáciles, pero sí se puede aprender de cada vivencia. 

Sé, como bien dijo Borges, que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo” pero siempre es agradable dar buenos consejos. Leer puede ser un hábito en tu vida, solo hace falta dar, a los libros, esa oportunidad. No siempre se acierta a la hora de elegir, pero también de los errores se aprende. Aconsejar tampoco es una tarea fácil, pero quién te conoce bien sabrá acertar con el adecuado. Es cierto que en mi caso, por ejemplo, es sencillo porque en mis estanterías los hay de todo tipo. En su día dijo Vargas Llosa: “Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, sin duda, es una de las mejores cosas y, de hecho, es hasta un vicio.

Un vicio al que no renunciaré nunca, porque el poder de los libros es indescriptible. Coincido con Borges en que: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Un libro siempre enriquece y eso se nota. Por eso, no me demoro más escribiendo porque me voy a poner a leer. Tengo ganas de comenzar todas las aventuras que me esperan… Os iré contando.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/44257/evadirse-con-los-libros

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