AHÍ ESTÁ, AHÍ ESTÁ

Todavía quedan días para que acabe el mes de noviembre, pero esta semana arranca la cuenta atrás para la Navidad. Un mes es mucho tiempo, sin embargo, el encendido de las luces en las calles madrileñas y el tradicional Black Friday son, sin duda, un buen comienzo. 

Es cierto que los turrones y demás dulces llevan meses en los supermercados y la lotería para el sorteo extraordinario de Navidad está disponible desde verano, pero con la llegada del frío y las calles iluminadas todo se acentúa. Todavía el espíritu navideño no lo inunda todo, pero el próximo viernes es un buen día para comenzar a comprar los regalos a nuestros seres más queridos. Los más previsores se pondrán manos a la obra aunque la adrenalina de hacerlo en los últimos días nunca está demás. Cada uno dedica su tiempo como quiere para preparar las fiestas venideras, lo que está claro es que todavía queda un mes para planificar las cenas, las comidas, los regalos y todo lo que la Navidad conlleva. 

Hasta entonces y como regalo adelantado para todos, ya se ha quitado la lona que cubría la mítica Puerta de Alcalá. El monumento lucirá su esplendor para el deleite de todos. Los daños sufridos por la contaminación, el paso de Filomena y demás clemencias meteorológicas habían hecho mella en ella por no olvidar las grietas que han ido surgiendo con el paso del tiempo. No hay que olvidar esa canción que todos hemos tarareado en alguna vez: “Ahí está viendo pasar el tiempo, la Puerta de Alcalá”. Por eso, ahora el “Mírala, mírala” cobra más sentido. Tanto madrileños como turistas podemos pasear por el Paisaje de la Luz contemplando todo el esplendor que éste nos ofrece. 

Ya se respira Navidad en Madrid y el resto de ciudades. Todas tienen todo a punto para dar el pistoletazo de salida. Antes nos queda el puente por excelencia del año. La Inmaculada y la Constitución, tan cuestionada por unos, nos brindan a primeros de diciembre la oportunidad de disfrutar de las actividades culturales que la prenavidad nos ofrece. También, sin duda, es un buen puente para decorar los hogares, poner los belenes y prepararse para lo que está por venir…

Un futuro inmediato que nos sirve para apurar los propósitos no logrados de este año, preparar la lista de los del año que viene y por supuesto, comenzar el balance de un 2023 que como todos tendrá sus luces y sus sombras. 

Y con luces y sombras sigamos viendo pasar el tiempo y disfrutando de él porque eso es señal de que estamos vivos y éste es, sin duda, el mejor regalo que recibimos a diario y que no tiene precio. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/51737/ahi-esta-ahi-esta

DÍA DE MUERTOS Y SU PAN

Toda fiesta va vinculada a un dulce y ahora estamos en la época de los buñuelos y los huesos de santo. Por eso es un buen momento para meterse en la cocina y con el delantal puesto ponerse manos a la obra. Delante de mí tengo harina, azúcar, mantequilla, huevos y el resto de los ingredientes pero esta vez los dulces españoles van a ser sustituidos por el tradicional pan de muerto mexicano. Un dulce que está vinculado con uno de los días más internacionales que tiene México

Es cierto que el tiempo pasa pero los recuerdos permanecen y, por eso, me apetece volver a México a través de sus tradiciones, sin olvidar por supuesto que estamos en la época también de Don Juan. Festejar el Día de Muertos es rendir un homenaje a quienes ya nos están con nosotros pero que nos han marcado de una manera o de otra. El tiempo pasa, las cosas cambian pero los recuerdos no se olvidan. Hace años era mi abuela la que traía siempre los huesos de santo, tan queridos por unos y tan odiados por otros. Siempre he sido más de buñuelos pero su ilusión al llegar a casa con una cajita de su dulce favorito bien merecía hacer el esfuerzo y comerse uno. Los recuerdos siempre vuelven o como decía Cicerón: “La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”. 

Una memoria que se rinde en los altares del Día de Muertos. Una fiesta que hace años, en Francia, fue declarada por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Sin duda, esta festividad es “…una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo…” Tuve la suerte de vivirla en tierras aztecas y he de reconocer que te marca un antes y un después. La UNESCO afirmó que “ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad…”

Es cierto que a este lado del charco como al otro los difuntos son honrados por las familias. La ausencia siempre se va a notar pero aprender a vivir con ella es los que nos toca a los que estamos vivos. Con esos recuerdos unos visitamos los cementerios y otros construyen los míticos altares. Los primeros se llenan de lágrimas, de flores y de sentimientos en un día en el que el negro del luto por la pérdida cambia de color. En México, la protagonista es la flor de Cempasúchitl que, además de ser el símbolo del resplandor del sol, significa que la persona no ha sido olvidada. Una flor que tiñe todo de naranja. Un color que no es de Halloween y que simboliza mucho más que las calabazas.

Lo cierto es que no hace falta que sea noviembre para echar de menos a los que no están porque ya escribió el historiador francés Lamartine: “A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.”

Jimena Bañuelos

Enlace a El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/51027/dia-de-muertos-y-su-pan

HOY

El mes de octubre tiene los días contados. Es cierto que el broche final llega con la noche de Halloween. Una fiesta que respeto pero que también cuestiono. No me declararé fan de ella. Lo curioso es que en los supermercados puedes comprar unas calaveras de chocolate o el tradicional turrón duro o blando. Más vale prevenir que curar, dice el refrán español pero que en pleno mes de octubre esté el calendario de adviento es demasiada previsión. 

La Navidad no está a la vuelta de la esquina aunque las luces ya cuelguen de las calles de Madrid. Por delante queda el mes de noviembre, un mes que nos puede gustar más o menos pero, sin duda, nos llega con el cambio de hora. Para este cambio, tan cuestionado, no hay previsión que valga. Las tardes se oscurecerán antes y la falta de luz reconozco que me afecta. El verano ya está escrito en pretérito, y el otoño llegó de puntillas y ahora vivimos unas borrascas que nos han trasladado a un invierno adelantado. El tiempo nos afecta de todas maneras ya sea viendo la manillas del reloj o contemplando la ciudad desde la ventana. 

Una ventana que también trae melancolía y muchos recuerdos cuando los cambios se acercan. Ya sean las calaveras, las calabazas, el turrón, los mazapanes o el cambio de hora, todo lleva implícito un matiz que nos afecta de una manera o de otra. Habrá quien se alegre y quien comience desde ya a convertirse en el Grinch que lleva dentro. Todavía quedan muchos días para el encendido de las luces, ese será el pistoletazo de salida para la época navideña. Hasta entonces y viviendo el presente habrá que centrarse en Halloween y en el Día de Todos los Santos. La tradición aquí la marcan los huesos de santo y los buñuelos. Por supuesto que hay que recordar a los que ya no están. Reconozco que desde que viví en México, el Día de Muertos forma parte de mi tradición personal. Si unos se quedan con Halloween, otros preferimos el Día de Muertos.

“El truco o trato” en mi caso es un “trato” con el pasado para que me dé la fuerza suficiente para afrontar lo que está por venir y el “truco”, sin duda, será recordar a quienes ya nos están pero que me han dejado unas grandes lecciones que me llenan de fuerza. Sé que no estoy sola porque aunque no estén me cuidan. Son esos ángeles de la guarda que no podemos olvidar.

Por eso, si más vale prevenir que curar, en estos tiempos que corren, quizás lo idóneo sea vivir el presente sin distracciones porque el futuro es incierto y lo que tenga que venir llegará. No vaya a ser que nos arrepintamos de no haber vivido y esto no tiene cura porque el tiempo pasa y no regresa. Por eso, viendo guirnaldas o abetos, seamos conscientes que el presente es HOY.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/50784/hoy

EL CÁNCER Y SUS COLORES 

Hay conciertos, carreras, espectáculos… y todos ellos se tiñen de rosa para dar visibilidad al cáncer de mama. Será el próximo diecinueve de octubre cuando se celebre su día mundial y aunque hay una fecha señalada, lo cierto es que todo el año hay que estar concienciado de lo importante que es apoyar a quienes padecen esta dura enfermedad y, por supuesto, a quienes investigan para mejorar los tratamientos y dar con las claves que acaben con el cáncer. 

Con el rosa como telón de fondo se recuerda la importancia de las revisiones periódicas porque la detección precoz es fundamental. Además, todas las actividades que se realizan son un punto de encuentro entre la solidaridad y la esperanza porque las que han vencido a la enfermedad son las heroínas de las que lo están sufriendo. Está bien buscar un reflejo que te inspire a pelear. Ante esta dura enfermedad, sentirse querido y apoyado es la mejor combinación para todos los pacientes de cáncer sin importar qué tipo sea. 

No hay que olvidar que el cáncer no sólo se tiñe de rosa. Son muchos los tipos que hay y cada uno tiene su señal. Si hablamos de colores, el arco iris no puede englobar a todos. Les da un color que los identifica, pero en el fondo el primer nombre de la enfermedad es el mismo. Seis letras que unidas muestran en un instante la cara y la cruz de la vida. Afrontar el jarro de agua fría que te cae cuando oyes esa palabra en un diagnóstico no es fácil, pero de luchadores está lleno el mundo. Ser optimista es la mejor actitud. Ahí empieza esa fuerza de la vida que te impulsa a afrontar lo que venga por delante. Esa fuerza cargada de adrenalina que te ayuda incluso cuando sientes que todo a tu alrededor se cae. En ese momento, los que te quieren estarán siempre a tu lado para ayudarte a poner punto final a la enfermedad y celebrar con ellos la vida. No hay que olvidar que “nunca sabes lo fuerte que eres, hasta que ser fuerte es tu única opción”. Este mensaje está escrito en muchos colores. 

Es cierto que el próximo jueves todo se teñirá de rosa, aunque lo importante siempre es transmitir fuerza a quien lo necesita y, volviendo al principio de este artículo, pedir ayudas para esa investigación de la que muchos se olvidan. En esto también hay que concienciarse. Precisamente, en la investigación radica la esperanza de que todo mejore. Encontrar nuevos tratamientos y mejorar los que ya existen es fundamental.

Por eso, aunque estos días todo sea de color rosa, insisto que los lazos son de muchos colores y todos igual de importantes. La solidaridad no entiende de colores. Me alegra ver que los colores nos unen por una buena causa. Lo que está claro es que la unidad hace la fuerza y que entre todos podemos convertir ese arco iris en un único lazo lleno de ilusión y esperanza. Ahí radica la fuerza de la vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/50548/el-cancer-y-sus-colores

12 DE OCTUBRE

Aunque no será hasta el jueves cuando se celebre oficialmente el día de la Hispanidad, los actos festivos ya han comenzado en Madrid. La unión entre culturas estrecha, más que nunca, sus lazos estos días. No es tan complicado ver los vínculos que nos unen aunque el Atlántico nos separe. La Hispanidad ofrece muchas culturas de las que todos nos podemos enriquecer. Es importante valorar las tradiciones, la gastronomía, la música, los bailes… y todo lo que envuelve la Hispanidad.  

Aprender nunca está demás y abrir los horizontes personales enriquece mucho. Nunca podré olvidar  todo lo que México me enseñó. Allí, a nueve mil kilómetros de mi hogar, encontré otro. Los cambios siempre nos enseñan y hay que valorar con la mente muy abierta lo que otras culturas nos pueden ofrecer. Llegué al país azteca conociendo perfectamente los tópicos que todos conocemos de él, pero con el paso de los días y los meses fui convirtiéndome en una mexicana más. Aquella experiencia fue inolvidable y aunque hace muchos años de aquello y no he regresado por allí, los recuerdos siguen perennes en mi mente. Hay tradiciones que sigo cumpliendo y, por ejemplo ya espero con ganas poder disfrutar de un pan de muerto como manda la tradición. México es mucho más que el picante aunque éste sea lo que lo abandera. México tiene una riqueza ambiental, gastronómica, cultural y, por supuesto, lingüística que no te dejan indiferente. 

Es cierto que estoy hablando de México porque me robó el corazón, pero en unos días será el colombiano, Carlos Vives, el que protagonice el concierto más esperado de esta Hispanidad. Confieso que me gusta su música y que he tenido la ocasión de verle de gira por España más de una vez. Aquí también tiene su público. Un público que espera con ganas moverse al ritmo de sus vallenatos. El entorno no puede ser mejor. La Puerta de Alcalá y sus aledaños acogerán al colombiano y a todos los que se acerquen hasta allí sin importar el acento que tengan. 

Si de acentos hablamos todos son bienvenidos. Es cierto que esta semana cobran más protagonismo, pero lo justo es que el resto del año todos convivan sin importar la entonación al hablar o las expresiones regionales. La integración tiene que ser la bandera que rija la sociedad porque sin ella la Hispanidad será solo una festividad en el calendario. 

Un calendario que nos muestra lo que vamos viviendo y que nos dice lo que está por venir, pero en ningún momento nos indica cómo tenemos que disfrutar los días venideros. Por eso, sigamos festejando los días porque ahí radica la vida. No podemos pedir más, la vida no entiende de acentos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/50287/12-de-octubre

SER DEL ATLETI 

Hace más de un mes volvió la Liga, ahora ha vuelto la Champions y el Atleti sigue siendo el Atleti. Hay cosas que no cambian, pero el sentimiento sin igual por los colores rojiblancos son intocables. Los colchoneros sabemos, porque lo sufrimos a diario, de lo que es capaz el equipo que dirige Simeone. Somos conscientes de que hasta que no se pita el final de un partido todo es posible, pero hemos comenzado a vivir en una montaña rusa de sufrimiento que es demasiado veloz para el mes en el que nos encontramos. Queda por delante mucha temporada y los corazones ya han infartado en algún momento. Quizás, haya que hacer un poco de autocrítica para ver como se afrontan los encuentros venideros. Es cierto, y eso no está en nuestra mano, que la fortuna también influye por no hablar de los que visten de negro, pero lo importante es ver en los nuestros a un equipo que se deja la piel en el terreno de juego. 

Los colchoneros hemos demostrado que sabemos ganar, y lo más importante, que sabemos perder porque nuestros colores están por encima de todo. Eso no lo pueden decir otros equipos por mucho que intenten menospreciar al Atleti. En su día dijo Simeone que había que ir “partido a partido” y es cierto que vivir el presente y pensar en el día es, sin duda, lo que provoca que el trabajo tenga un objetivo claro. Además, ese futuro cercano llegará a ser el presente y habrá que vivirlo con la intensidad que se merece. De hecho, ese famoso lema ha calado en jugadores y entrenadores de otros equipos. Quizás el del Atleti no vaya tan desencaminado a la hora de afrontar los partidos. Eso sí, la teoría está clara y el espíritu también, ahora toca ver los resultados y sumar puntos. La afición anhela cantar los goles y darlo todo desde las gradas del Metropolitano o desde donde esté. 

Pues dicho y hecho, y en el mejor escenario posible. En casa y ante el eterno rival. Ni uno ni dos, tres goles de cabeza para demostrarles a los merengues que el Atleti reina en su casa. Puede tener altibajos pero siempre derrocha coraje y corazón cuando los de Concha Espina se acercan al Metropolitano. La euforia se instaló en un ambiente que olía a fiesta. Eso es el Atleti. Deja recuerdos que no se olvidan, deja momentos grabados a fuego en el corazón. Nadie puede comprender nuestra forma de entender la vida, ni pretendemos que lo hagan. Los colchoneros somos así y sabemos disfrutar cada momento, cada gol, al igual que sabemos sufrir. Por eso, que no nos den lecciones porque cuando menos te lo esperas somos los rojiblancos los que las damos. Lo del derbi del domingo fue una master class ante quienes presumen de títulos, una lección de humildad que puede escocer, y mucho, pero que ya está grabado en los anales de esta Liga. La vida te enseña a golpes en muchas ocasiones y en el deporte rey lo hace a base de goles, de victorias y de derrotas. Está claro que los de Simeone supieron dar la batalla al Real Madrid. Ahora, es el momento de pedirles cabeza, nunca mejor dicho, para lo que queda de temporada. 

Una temporada que no sabemos lo que nos depara. Lo iremos viendo y sufriendo, pero siempre con la cabeza muy alta. Siempre estaré orgullosa de mi Atleti y por eso, la mejor forma de concluir estas palabras es gritando con una sonrisa de oreja a oreja: “¡Aúpa Atleti!”

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/49754/ser-del-atleti

LA NOSTALGIA

Con un tiempo inestable y con más lluvia de lo habitual despedimos esta semana la estación estival. El verano ha llegado a su fin y aunque nos pese cerrar este capítulo, el tiempo pasa y la vida continúa. La nostalgia puede inundar el ambiente otoñal. Vamos perdiendo luz a medida que los días pasan y, para ser sincera, esto no lo llevo tan bien. Es cierto que adaptarse a los cambios forma parte de la naturaleza de la vida, pero dejar atrás mi estación favorita no es tan fácil. Confío en que todavía podamos disfrutar de algún “día de verano” en lo que queda de mes. 

Un mes que siempre está marcado por los recuerdos. Unos recuerdos que pasan también, por ejemplo por la infinidad de veces que he visto la final de la Vuelta Ciclista a España. Madrid y su Paisaje de la Luz se visten de gala para recibir a quienes han pedaleado por todo el país desde el 26 de agosto. El deporte nos ha acompañado durante todo el verano. Lo más sonado ha sido la conquista del mundial femenino con polémica incluida, aunque siempre se puede ver eclipsado por esa desconexión de la rutina que pretendemos alcanzar durante las vacaciones. 

Unas vacaciones, que en muchos casos, parecen muy lejanas porque el día a día se ha ido apoderando de ese relax para ir conectándonos de nuevo a la realidad que siempre llega con el mes de septiembre. Ahora, el próximo cambio será de estación y de armario. Habrá quienes tengan en el horizonte las fiestas navideñas porque ya hay colas en las administraciones de lotería. De momento, tenemos por delante el último trimestre del año y de nosotros depende que tengamos los recuerdos oportunos. La nostalgia y la melancolía son propias de estos tiempos pero superarlas está en nosotros mismos. Una pequeña escapada siempre viene bien. El “puente” más cercano será el próximo 12 de octubre y aprovecharlo para recargar energía no está demás. De momento y hasta entonces, ya he visitado La Granja un lugar que me trasladó a mi infancia. Esa niña que visitó ese palacio en una excursión escolar recordó momentos de aquella época. Todos los lugares a los que se vuelve despiertan en nosotros ese mecanismo de los recuerdos que, en este caso, me sacó más de una sonrisa. 

Una sonrisa que brota de los pequeños placeres de la vida y, por supuesto, de esos momentos que nos llenan de vida. Quizás de esta forma la nostalgia se lleve mejor. Queda mucho tiempo para que acabe este año y, hasta el momento en el que nos tomemos las uvas, tenemos que dejar escrita nuestra historia para que en el futuro que, en algún momento, será nuestro presente tengamos recuerdos a los que regresar para superar los días nublados que la vida nos presente.

Un presente que pasa siempre, y no me cansaré de decirlo, por sonreírle a la vida. Una sonrisa que ella nos devolverá aunque no sabemos cómo. Quizás en una abrazo, en un beso, en una excursión… Todo suma y todo vale con tal de ser felices. Hay que aferrarse a ella y a los momentos. Ser feliz es lo que cuenta. 

Jimena Bañuelos

A EL VALLE Y A MÉXICO

Semana de fiesta para México. Ese país que me abrió sus puertas hace unos años y el que ocupa una parte de mi corazón. Es verdad que las noticias que nos llegan del país azteca a este lado del charco nunca son buenas generalizando, pero a nueve mil kilómetros de Madrid hay un destino que brinda la oportunidad de conocer lugares maravillosos, aprender costumbres de otras culturas e incluso te conoces a ti mismo. Al menos, eso me sucedió a mí. Fueron muchos los días que pasé extrañando a mi país pero sintiéndome, a la vez, como una mexicana más. 

La distancia no siempre se lleva bien. El Atlántico puede ser eterno pero lo bueno es encontrar en el destino a personas que sin conocerte mucho te brindan oportunidades y te ofrecen su amistad. Es preciso celebrar el día grande de México como se merece porque hay algo que me dice que así lo tengo que hacer y además, no solo es México es EL VALLE también el que festeja su aniversario. 

Un aniversario que me llena de alegría porque gracias a Pepe Nader y a su hermano, Sergio, tengo un hueco que me sigue vinculando a México y, por supuesto, que me blinda esa amistad que nació hace muchos años. Si hablamos de periodismo, EL VALLE es un buen ejemplo. Mantener la esencia del que como dijo Gabriel García Márquez “es el mejor oficio del mundo” no siempre es fácil. Todos sabemos que las presiones externas existen y cada vez más, pero siempre hay alguien que resiste. Esa resistencia, para mí, es el periodista de vocación. El que valora el periodismo desde su esencia. No estaría de más hacer un repaso de las grandes películas que el cine nos ha dado para recordar lo que de verdad importa. Es cierto que con el paso del tiempo y el avance de las tecnologías nada es como es antes, pero si antes se juntaban los tipos para crear textos y contar la verdad; ahora que es mucho más fácil juntar y corregir esos textos, hay “otros factores” que lo impiden. No seré yo quien los analice porque creo que están claros, lo que sí tengo claro son mis principios y esos no los cambio por nada. 

Y hablando de cambios, México sí que los necesita pero EL VALLE sólo puede ir a mejor. La base es sólida y se adapta al destino y lo que éste nos depare. Es de justicia decir que extraño ver a quienes forman esa redacción y una buena plática con el director. Estoy convencida de que ese destino que juega las cartas, en una baza me dará la oportunidad de conjugar el verbo “extrañar” en pretérito. Mi particular cuenta atrás ha comenzado, mientras tanto, vayan desde Madrid mis felicitaciones para todos y mi agradecimiento a EL VALLE. Nueve mil kilómetros de distancia no pueden acabar con los sentimientos de este corazoncito mexicano que presume de tener una columna donde “las noticias se hacen periódico”. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/49276/a-el-valle-y-a-mexico

SEPTIEMBRE

Siempre la vuelta de vacaciones cuesta asumirla, pero si además el tiempo no acompaña el retorno a la rutina es más duro. Ha llegado una DANA que ha plagado todo los rincones de agua. Era necesario que lloviera pero cambiar el bikini por el paraguas no es tan agradable. Los cambios hay que asumirlos y el primero de todos es volver a transformar el día a día saliendo del paréntesis que es la estación estival. 

Septiembre es un mes de comienzos y no sólo por la inevitable vuelta al cole, sino porque es un mes  que tiene un matiz de esas ilusiones que también tenemos a comienzos de año. Han pasado nueve meses desde que por nuestra mente pasaran los míticos propósitos de Año Nuevo y, ahora, es el momento de recordar los que tenemos pendientes y de ilusionarnos con la que está por llegar. Es cierto que muchos pasan por esa depresión pos vacacional, pero el poder de la mente es capaz de hacer frente a eso con nuevos sueños por cumplir. Nunca es tarde para luchar por aquello que realmente nos va a llenar de una felicidad inexplicable.

La felicidad no tiene unos ingredientes concretos, porque depende de nosotros mismos. Los niños anhelan ver a sus compañeros de colegio y los adultos, lo reconozcamos o no, tenemos esos sueños que ya he mencionado y que no debemos renunciar a ellos. Ir superando las adversidades recargan el motor que nos mueve día a día. La rutina es una carrera de obstáculos con sus subidas y sus bajadas, pero el verano ha sido el mejor aliado para hacer frente a lo que nos deparan los últimos meses de este año. No negaré que también septiembre es un mes nostálgico porque los recuerdos de las instantáneas tomadas vendrán a nuestra mente en más de una ocasión, pero eso es la vida. Hay que seguir para adelante y recordar los momentos que nos han sacado más de una sonrisa. 

Un sonrisa que nunca nos debe de faltar por mucha pena que nos dé decir “el final del verano”, pero todavía estamos en verano. No tendremos el mar, ni la montaña, ni el sol perenne de julio y agosto pero sí la esperanza de aferrarnos a los últimos días de la que es mi estación favorita. Ya llegará el otoño con sus cosas, pero el presente es hoy y es ahora. Con paraguas o sin él, hay que seguir disfrutando. Septiembre me lo recuerda todos los años porque es un mes que me llena de vida pero también me trae, sin yo quererlo, los momentos más duros por los que he pasado. La cara y la cruz de la vida siempre van de la mano. De la primera gozamos sin valorarla demasiado y de la segunda aprendemos a la fuerza. Por eso, demos a este mes que acaba de comenzar la posibilidad de ser el mejor del año porque día a día iremos sumando experiencias que nos harán crecer como personas y nos enseñarán a comprender eso que llamamos vida y que no tiene un manual que nos la explique. 

Ser feliz es lo que cuenta porque el tiempo aunque es relativo; el tiempo es oro y éste vale lo mismo llueva, truene o haga sol. El tiempo, en definitiva, es vida. 

Jimena Bañuelos

TRADICIONES EN SAN FERMÍN

Avisados estamos de que viene otra ola de calor, pero el verano tiene estas cosas. Lo normal es que el termómetro suba y nos toque sobre llevarlo de una manera o de otra. Bienvenidas son las piscinas, las playas y por supuesto las sombras en la montaña. Cada uno decide como afrontar estos embistes de la estación estival. Un verano que arrancó, precisamente, con el calor de las hogueras de San Juan y desde entonces vamos enlazando una fiesta tras otra. Pamplona está celebrando un San Fermín con todas sus tradiciones, la ciudad se viste de rojo y blanco para vivir una semana con una intensidad frenética. Casualmente, los toros allí son bienvenidos. No voy a entrar en polémica pero es la realidad. 

Como todos los años, y como marca mi particular tradición, a las ocho de la mañana, con más o menos sueño, hay que estar frente al televisor. Desde niña viví muchos encierros con mi abuelo y, por eso, desde que nos dejó sigo levantándome para verlos con la sensación de que sigue a mi lado. Los sentimientos se encienden con una chispa de recuerdos y estos no los podemos controlar porque la vida nos los va mostrando sin avisar. El calendario es un buen aliado para la rutina, pero también es el responsable de que haya fechas que nos pellizquen el corazón aunque intentemos disimular. 

Se puede disimular durante unas horas en el día, pero siempre llega el momento en el que el corazón nos pide dar riendas suelta a eso que nos está haciendo sobreactuar. Los sentimientos son los que son y los recuerdos no se pueden cambiar porque están escritos a sangre y fuego en nuestra memoria. Es cierto que unos son más agradables que otros, pero tanto los buenos como los malos permanecen en nuestra mente. Olvidar no es tan fácil como nos quieren hacen creer porque siempre habrá algo que nos lleve al pasado. 

Y el pasado aunque esté escrito en pretérito, en ocasiones, recurre al presente. Esto es bueno si sirve, por ejemplo, para coger fuerzas para el futuro o para rendir un homenaje a quienes ya nos están con nosotros. Por eso, con el chupinazo de Pamplona y sabiendo que nos dejaste un nueve de julio de hace muchos años siendo yo una niña, continúo viviendo estas fiestas como si estuvieses conmigo. Es cierto, querido abuelo, que “sólo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvido” porque compartí contigo grandes experiencias, me enseñaste muchas cosas. Probablemente más de las que tú te podías imaginar, y sin duda, me marcaste mucho. En mí hay una parte de ti y bien orgullosa que estoy de ello. 

Seguiré fiel a mis principios, también a los futbolísticos que me inculcaste. Siempre el rojiblanco presente en nuestra vida. Una vida que disfrutaré como tú lo hacías. Te fuiste muy pronto pero tu legado es eterno. Nos faltarían tipos de tu imprenta para escribir todo aquello que nos dejaste. Ya no hablo solo por mí sino por todos los que tuvimos la suerte de convivir contigo. 

Recordar a quien quieres mirando al pasado siempre es bueno, porque nuestro presente está marcado por lo que hemos vivido siendo unos niños. La memoria es selectiva, pero sabe a qué aferrarse y, sin duda, en mi caso, aferrarme a mi abuelo nunca está de más. Ese es el motor que nunca me ha fallado esté donde esté. Va por ti abuelo. Te echo de menos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/47026/tradiciones-en-san-fermin

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