MALINCHE

Hace un tiempo que cayó en mis manos un libro que me fascinó. Su título me trasladaba a un país por el que tengo debilidad. “Azteca” de Gary Jennigs se adentra en la historia de México de una manera que atrapa al lector y le traslada a la época de los rituales, de las creencias y, por supuesto, a la llegada de Hernan Cortés y Malinche. Reconozco que la vida de esta mujer marcó un antes y un después, pero me llamó la atención el papel tan importante que jugó y del que tan poco se ha hablado. 

Casualmente, el tiempo ha querido que Malinche sea también el nombre de un musical que pone al público en pie. Por México tengo debilidad y durante la función me acordé de los muchos recuerdos que tengo vinculados al país azteca. Obviamente, disfruté de la creación de Nacho Cano. Su talento y el de todo el elenco es palpable desde que sube el telón. Un telón que ves, por primera vez, tras pasar por el Templo Canalla. Ahí comienza un viaje por México y su gastronomía que dará paso a la cultura en estado puro con el toque que Nacho Cano da a todos sus trabajos. 

El sol y la luna no pueden faltar en una puesta en escena que deslumbra por su potencial y que emula perfectamente lo que muchos hemos visto en México. Un México que como dice la canción es “grande, libre, mágico, nuestro mundo”. La interpretación de Malinche es espectacular y la del resto de sus compañeros también. Trasladan sentimientos, provocan risas y ponen los pelos de punta en más de un baile, pero no desvelaré más porque lo importante es acercarse hasta Ifema y vivir la experiencia en primera persona. Merece mucho la pena hacer este viaje a México sin salir de Madrid. 

Malinche es la esencia viva del encuentro entre culturas y, por supuesto, del mestizaje que tanto nos enriquece y que no hay que cuestionar ni poner prejucios. Sin duda, “luchar por ser quien soy” es una de las frases que marcan esta historia, pero hay muchas más. La vida y la muerte, la noche y el día, en definitiva, la importancia de la naturaleza y las creencias de unos y otros que conjugan a la perfección siempre que haya voluntad de aprender y respetar. Nacho Cano ha estado trabajando en este proyecto muchos años y ha conseguido crear un espectáculo que no te deja indiferente porque la música lleva su particular firma, ésa que muchos reconocen en unos acordes. Además, la historia cuenta con muchos detalles que van sorprendiendo al espectador en las casi tres horas que dura este viaje por la historia de México. 

No puedo negar que la nostalgia por este país vino a mí, pero también la alegría que la música te aporta en todo momento. Además, en la víspera del Día De Muertos, los altares no podían faltar. El naranja de la flor de Cempasúchitl es imprescindible al igual que el pan de muertos. No hay detalle que se le escape a Nacho Cano. Vaya desde aquí mi enhorabuena porque Malinche lo tiene todo para pasar a la historia no solo de México, sino de los grandes musicales de los que tanto presume Madrid. 

México es mágico y Malinche también.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/38968/malinche

RECORDANDO A LOS AUSENTES

Siempre la llegada del mes de noviembre llega cargada de nostalgia y de recuerdos de quienes ya no están con nosotros. Los cementerios se llenan de flores, de lágrimas y de unos sentimientos que sin querer te devuelven al pasado. A un pasado en el que se han vivido muchos momentos con esas personas a las que añoramos, no solo en esta época sino todo el año. “Solo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvidaré”, un mensaje de la película de “Coco” que es una enseñanza con mayúsculas y, por supuesto, una gran verdad. 

Las tradiciones a este lado del charco son distintas. Aquí, no concibo celebrar Halloween, pero reconozco que tuve la oportunidad de vivir uno al más puro estilo americano al otro lado del océano. Importar algo que no está arraigado a nuestra cultura no tiene sentido, si se hace por modas, peor me lo pones; quizás a todas esas brujas, zombies y demás seres les mueva irse de fiesta, pero para eso no hace falta excusarse en algo que no es nuestro.

No quiero “ni truco, ni trato” prefiero unos buñuelos y si me apuras hasta unos huesos de santo a pesar de que estos no me agradan demasiado, pero mi abuela tenía la costumbre de llegar siempre a  mi casa con este dulce. Esa visita era una tradición en sí. Verla disfrutar de ellos será un recuerdo de los muchos que me quedan. Obviamente, si tuviera que preparar mi altar al más puro estilo mexicano estaría su foto junto con la de mis dos abuelos. Si tengo que elegir entre Halloween y el Día de Muertos mexicano, sin duda, me quedo con este último. De hecho, desde que regresara de allí a los buñuelos y a los huesos de santo hay que añadirle le pan de muerto. 

Un pan de muerto que lleva implícito en sus ingredientes mucha historia. De México me traje muchos amigos, muchas experiencias, y por supuesto, muchas instantáneas entre las que destaco, en estos días, las que están teñidas de naranja. El naranja de la flor de Cempasúchitl. Siempre digo que soy afortunada por haber vivido en México el Día de Muertos. No me extraña que la UNESCO declarara esta fiesta como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. No olvidemos, y más en estos tiempos, estas palabras de la UNESCO: “…ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados desempeña una función social que recuerda al individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad…”

Una identidad que tiene que ser férrea a sus principios y a sus tradiciones. También, no me puedo olvidar de Don Juan Tenorio. A pesar de que intenten que Halloween lo inunde todo, los que somos cabezotas por naturaleza seremos la resistencia a las imposiciones externas. Reitero que solo incluiré en mis tradiciones el Día de Muertos porque México vive en una parte de mi corazón y, por eso, las calabazas solo las uso para hacer una buena crema y no como objeto de decoración.

Y dicho esto y recordando que Cicerón dijo: “La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”. Hoy mi homenaje tiene tres nombres: Rosario, Eusebio y José María. Tres personas que han dejado en mí una huella eterna. Mirando al cielo os abrazo, os recuerdo y os añoro. No hay duda de que sois eternos. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace de El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/27835/recordando-a-los-ausentes