POR QUÉ DICIEMBRE HUELE A INFANCIA

Sólo le queda una hoja al calendario y eso significa que el aire comienza a oler distinto. Hay un momento en el año en el que cuando llega el frío, éste no solamente acompaña sino que parece anunciar que se acerca algo bueno. Ahí te das cuenta de que se avecina el puente de diciembre y con él regresa la liturgia más íntima que repetimos año tras año: poner el belén, vestir el árbol y dejar que los villancicos suenen despacio, como quien vuelve a casa después de mucho tiempo.

Abrir las cajas donde duerme el belén siempre es un acto cargado de emoción. No son cajas al azar: guardan dentro pequeños tesoros familiares. En cuanto se levantan las tapas, todo se impregna de  un olor que mezcla el papel viejo con el polvo amable y un eco de infancia inconfundible. Y ahí, entre figuritas envueltas en papel amarillento, aparece el recuerdo más tierno: el belén de la abuela.

Aquel belén no era perfecto, pero tenía una magia que ninguna tienda puede vender. Cada vez que iba a su casa, avanzaba un pastor, giraba un Rey Mago, acercaba una oveja al portal. Creía que nadie se daba cuenta, pero la abuela siempre sonreía cuando veía el cambio, como si tú y las figuras llevarais una conversación secreta. Muchas de aquellas figuritas ya no están: se rompieron entre manos pequeñas e impacientes de esa niña, fueron víctimas de una inocencia que no sabía medir su fuerza. Pero algunas, milagrosamente, han sobrevivido. Están hoy en esa caja, con sus golpes y sus cicatrices, como testigos de esa infancia de muchos que se cultivó también mientras se jugaba a construir un mundo diminuto donde todo era posible.

Poner el belén ahora es casi un acto de homenaje. Extiendes el papel de montaña, acomodas el musgo y, sin darte cuenta, buscas con la mirada esas figuras antiguas, como quien busca rostros queridos entre una multitud. Y cuando colocas al pastorcito que lleva desde tus primeros recuerdos, sientes que, por un instante, la abuela vuelve a estar ahí a pesar de la distancia, observando en silencio, orgullosa de que esa tradición siga viva.

Después llega el árbol. Se despliega con la solemnidad de un viejo ritual. En él no pueden faltar las bolas de colores, con brillos y ahora hasta tus personajes de ficción pueden tener un hueco en una rama. Es cierto que los tiempos cambian, pero el espíritu permanece. Cada adorno es un recuerdo, es una pequeña biografía, y es, sin duda, el recuerdo de alguna persona. Y cuando el abeto queda iluminado, parece que respira. Como si también él reconociera que diciembre ya se ha instalado en casa. Entonces suenan los villancicos. Los de siempre. Los que sonaban en la cocina de la abuela,  mientras preparaba algo caliente. Los que tú, sin darte cuenta, sigues tarareando igual. Su melodía tiene esa capacidad misteriosa de ordenar las nostalgias, de traer de vuelta lo que se creía perdido, de encender una calidez que ninguna calefacción consigue.

El puente de diciembre no es sólo un alto en el camino. Es un regreso a quienes fuimos y a quienes nos enseñaron, con gestos sencillos, a amar la Navidad. Es el momento en el que todo se transforma, las casas recuperan su brillo interior, y, de algún modo, aunque a algunos les cueste reconocerlo, nosotros también.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/12/02/por-que-diciembre-huele-a-infancia/

ENTRE LA NOSTALGIA Y LA RUTINA

Esta semana nos despediremos de agosto, un mes que se marcha cargado de recuerdos, de vivencias intensas, de experiencias inolvidables y de instantes que ya se han convertido en parte de nuestra historia personal. Con la nostalgia que todo esto conlleva, nos toca dar la bienvenida a septiembre, ese mes que, más que un final, representa en muchos casos un nuevo comienzo. Menos mal que el el verano aún no ha dicho su última palabra. De hecho, todavía quedan días de sol, escapadas improvisadas y momentos que pueden suavizar la temida «depresión posvacacional».

Al final, lo más importante es aferrarnos con mucha fuerza a lo que aún está por venir. Los recuerdos más recientes nos sacarán más de una sonrisa a pesar de la nostalgia que ellos llevan implícitos. Eso sí, lo vivido ya no nos lo va a quitar nadie. Son momentos que ahora habitan en el pasado, en ese rincón de la memoria donde se guardan los instantes que alguna vez fueron presente. Y ahí se quedarán, como pequeños tesoros, para recordarnos quiénes fuimos, qué sentimos, cuánto reímos y cómo amamos.

Sea el mes que sea, de lo que se trata es de vivir el presente. Un presente al que hay que adaptarse según las circunstancias, pero no hay que dejar de aprovechar todas las oportunidades que éste nos brinde. Septiembre nos ofrece un nuevo comienzo, una especie de “segundo enero” en el que redefinir metas, rutinas y prioridades. Tras un verano en el que muchos hemos desconectado (como se merece), ahora toca reconectar con lo cotidiano sin perder de vista lo esencial: no dejar que la rutina nos absorba por completo. Los días pueden parecer repetitivos, pero cada uno guarda algo distinto si sabemos mirar. Aunque vengan marcados por horarios y rutinas, veinticuatro horas siguen siendo un mundo de posibilidades. Por eso, es importante apoyarse en aquello que nos hace feliz. Aún tengo libros que esperan ser leídos, películas y series por descubrir, planes que quedaron a medias. Y aunque exprimí el verano tanto como pude, no me ha dado tiempo a todo. Eso sí, disfrutar lo he disfrutado como me ha pedido el cuerpo. En el fondo lo que te llevas, además de un tono bronceado, es la sonrisa que te sale al recordar determinados momentos. 

Ahora esos momentos ya son pasado, y eso, aunque duela, también tiene su belleza. Porque en el fondo vivir es eso: ir despidiéndose de esos momentos mientras se abren paso nuevos capítulos. El tiempo va avanzando, con o sin nosotros, y en su paso nos va enseñando que nada es para siempre, pero todo lo vivido tiene un lugar eterno en la memoria.

El verano se va alejando pero no hay que olvidar que todavía queda mucho por vivir. Septiembre marca la vuelta al cole, el regreso a la rutina, y el inicio de ese tramo final del año que parece ir más deprisa que nunca. En nada estaremos viendo turrones en los supermercados y hablando de planes navideños. De hecho, muchos regresan de sus vacaciones con un décimo de lotería en el bolsillo para tentar la suerte venidera… Eso también es aferrarse a la ilusión de lo que está por venir.

Volver cuesta, sí. Porque implica dejar atrás. Pero la vida es una suma de etapas y momentos. Como dijo el poeta Robert Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante”. Pues… Sigamos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/25/entre-la-nostalgia-y-la-rutina/

DARSE UN CAPRICHO

Estamos listos y dispuestos para encarrilar el mes de septiembre. Un mes, sin duda, que está marcado con los comienzos, al igual que el mes de enero. El primero del año está lleno de propósitos y de sueños por cumplir. Han pasado nueve meses y seguramente nos queden muchas cosas por hacer de esa lista que inauguró este año. Todavía hay tiempo para ello, pero hay que reconocer que septiembre podría ser esa reválida que nos recuerde que hay que ponerse manos a la obra para cumplir con nuestras propias promesas. También, no hay que olvidar que se inicia el nuevo curso y éste también está cargado de oportunidades. Unas oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. 

La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.” Precisamente, el crecimiento individual nos va forjando nuestro carácter para afrontar los pros y los contras de la vida. Atrás hemos dejado unas vacaciones que nos han alimentado exterior e interiormente. Todos hemos hecho algún exceso este verano, pero los caprichos son los que nos llenan de alegría para marcar los recuerdos de una manera especial. Posiblemente, hayamos reflexionado en algún momento para marcar septiembre como el mes de los cambios. Si no se consiguen tampoco hay que frustrarse, enero vuelve a poner delante de nosotros una hoja en blanco para llenarla de los anhelos o los sueños que no perecen con el paso del tiempo. 

Si bien es verdad, volver a la rutina cuesta. Vuelven los horarios, los días cada vez tienen menos luz y el verano irá cediendo para dar paso al otoño. Los grados del termómetro también irán bajando. Habrá quien lo celebre y habrá quien empiece la cuenta atrás para el verano que viene. Nunca llueve a gusto de todos, pero la vida sigue su curso y nosotros con ella. No sabemos si esas oportunidades se darán o no, sólo el tiempo nos irá mostrando las cartas del destino. Por cierto, un destino que es, casualmente, también muy caprichoso.

Quizás, para afrontar la añoranza que nos deja el verano y las vacaciones haya que darse más de un capricho para ayudarse a uno mismo. Eso sí, siempre hay que sonreír al futuro porque aunque éste sea incierto se convertirá en recuerdos. Razón no le falta a Albert Einstein cuando afirmó: “Un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse demasiado con el futuro”. Por eso, aferrándonos a nuestro “hoy” y con los sueños en la mente hagamos caso al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: “No se trata sólo de prever el futuro, sino de hacerlo posible”. Hagámoslo.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/02/darse-un-capricho/

CUMPLIENDO 17 AÑOS… GRACIAS A MI DONANTE DE MÉDULA 

Empezar de cero no siempre es sinónimo de hacer borrón y cuenta nueva. A veces empezar de cero es dar un cambio a tu vida de ciento ochenta grados o, mejor dicho, a veces es la vida la que te da ese cambio. No somos conscientes de que cada día empezamos de cero porque en un segundo todo puede cambiar, pero hay días y días. Y hoy es para mí el “día cero” por excelencia. Hoy cumplo diecisiete años viviendo de regalo y a aquel 14 de septiembre le he ido sumando muchos minutos, muchas horas, muchos días y, por supuesto muchos años. A punto estoy de la mayoría de edad, por delante me quedan demasiadas cosas por hacer, porque gracias a mi donante de médula puedo decir con una sonrisa de oreja a oreja que “aún tengo la vida”.

Un vida que me golpeó muy fuerte con apenas veintiún años. Viví meses muy duros, superando los ciclos de quimio y la radioterapia, sacando fuerzas de donde podía y además, aunque nunca perdí la esperanza reconozco que, cuando la incertidumbre de saber si ese donante de médula ideal iba a aparecer, el vértigo daba mucho respeto. El tiempo es muy relativo. Aquellas habitaciones de La Princesa eran el contexto de un día a día cuya rutina no era como la del día anterior. Afrontar aquel presente fue una prueba muy complicada pero aprendí demasiadas cosas de mí misma y de la vida. Quizás esas lecciones grabadas a fuego en la memoria estén ahí por algo. Es cierto que el pasado hay que dejarlo atrás pero no siempre es posible. Si éste ha dejado muchas cicatrices, éstas saben perfectamente cuando hacerse notables. Es como si llevasen marcado el calendario en ellas. Pero aún así y buscando siempre el lado positivo, aunque duelan son el resultado de estar viva. 

Lo mismo sucede con esos daños colaterales que te acompañan a diario y que impiden también ese olvido tan anhelado, pero de nuevo la fuerza de la vida es la que te impulsa a escribir el futuro con la firmeza que se merece. Es cierto que no siempre es fácil convivir con esas secuelas pero lo importante es creer en ti mismo. Nadie puede juzgarte por ellas. La leucemia tomó las riendas de mi vida durante un tiempo pero gracias a mi donante de médula y a todos los que pelearon conmigo dándome fuerzas y cariño conseguimos recuperar esas riendas. Ahora, la vida se ve de otra manera. 

Han pasado diecisiete años y hoy toca brindar por la generosidad de un alemán anónimo que me regaló vida. Aquel “día cero” fue el principio de una segunda oportunidad que me dio la vida. Una vida que juega sus cartas y estamos en ella para jugarlas. A veces nos golpea pero siempre nos enseña. Por eso, nadie puede impedir los recuerdos que llegan. El pasado forma parte de lo que somos. En él hemos aprendido y nos hemos forjado, negarlo no tiene sentido y olvidarlo tampoco. No puedo olvidar la etapa más dura de mi vida porque nunca podré olvidar la mejor noticia que me han dado nunca. Escuchar de mi hematóloga: “Tienes un donante de médula compatible. Jimena, esto se acaba” me sigue poniendo la carne de gallina. El día cero lo marqué el día que escuché esas palabras y hoy me toca celebrar el “cumplevida” como se merece. Día que pasa, día que no vuelve. Sin duda, la vida es lo que nos queda por vivir. Celebrémosla. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

TRADICIONES EN SAN FERMÍN

Avisados estamos de que viene otra ola de calor, pero el verano tiene estas cosas. Lo normal es que el termómetro suba y nos toque sobre llevarlo de una manera o de otra. Bienvenidas son las piscinas, las playas y por supuesto las sombras en la montaña. Cada uno decide como afrontar estos embistes de la estación estival. Un verano que arrancó, precisamente, con el calor de las hogueras de San Juan y desde entonces vamos enlazando una fiesta tras otra. Pamplona está celebrando un San Fermín con todas sus tradiciones, la ciudad se viste de rojo y blanco para vivir una semana con una intensidad frenética. Casualmente, los toros allí son bienvenidos. No voy a entrar en polémica pero es la realidad. 

Como todos los años, y como marca mi particular tradición, a las ocho de la mañana, con más o menos sueño, hay que estar frente al televisor. Desde niña viví muchos encierros con mi abuelo y, por eso, desde que nos dejó sigo levantándome para verlos con la sensación de que sigue a mi lado. Los sentimientos se encienden con una chispa de recuerdos y estos no los podemos controlar porque la vida nos los va mostrando sin avisar. El calendario es un buen aliado para la rutina, pero también es el responsable de que haya fechas que nos pellizquen el corazón aunque intentemos disimular. 

Se puede disimular durante unas horas en el día, pero siempre llega el momento en el que el corazón nos pide dar riendas suelta a eso que nos está haciendo sobreactuar. Los sentimientos son los que son y los recuerdos no se pueden cambiar porque están escritos a sangre y fuego en nuestra memoria. Es cierto que unos son más agradables que otros, pero tanto los buenos como los malos permanecen en nuestra mente. Olvidar no es tan fácil como nos quieren hacen creer porque siempre habrá algo que nos lleve al pasado. 

Y el pasado aunque esté escrito en pretérito, en ocasiones, recurre al presente. Esto es bueno si sirve, por ejemplo, para coger fuerzas para el futuro o para rendir un homenaje a quienes ya nos están con nosotros. Por eso, con el chupinazo de Pamplona y sabiendo que nos dejaste un nueve de julio de hace muchos años siendo yo una niña, continúo viviendo estas fiestas como si estuvieses conmigo. Es cierto, querido abuelo, que “sólo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvido” porque compartí contigo grandes experiencias, me enseñaste muchas cosas. Probablemente más de las que tú te podías imaginar, y sin duda, me marcaste mucho. En mí hay una parte de ti y bien orgullosa que estoy de ello. 

Seguiré fiel a mis principios, también a los futbolísticos que me inculcaste. Siempre el rojiblanco presente en nuestra vida. Una vida que disfrutaré como tú lo hacías. Te fuiste muy pronto pero tu legado es eterno. Nos faltarían tipos de tu imprenta para escribir todo aquello que nos dejaste. Ya no hablo solo por mí sino por todos los que tuvimos la suerte de convivir contigo. 

Recordar a quien quieres mirando al pasado siempre es bueno, porque nuestro presente está marcado por lo que hemos vivido siendo unos niños. La memoria es selectiva, pero sabe a qué aferrarse y, sin duda, en mi caso, aferrarme a mi abuelo nunca está de más. Ese es el motor que nunca me ha fallado esté donde esté. Va por ti abuelo. Te echo de menos.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/47026/tradiciones-en-san-fermin

EL ESCUDO DE TODOS

“Aquí me pongo a contar, motivos de un sentimiento que no se puede explicar”. Con esta gran verdad comienza el himno del Centenario del Atleti, pero es que sólo los que entendemos esta forma de vivir sabemos de lo que hablamos. Es, una de nuestras premisas, que nunca hay que dejar de creer y que hay que luchar como hermanos, por eso, la vuelta a nuestro verdadero escudo es el mejor regalo que los rojiblancos podemos tener, precisamente, por el 120 aniversario de nuestro equipo. 

Un símbolo que vuelve al año que viene y que, sinceramente, nunca se tuvo que ir. Quizás, la polémica se pudo haber evitado con una votación como la que se ha hecho ahora. Es cierto que el tiempo pasa y las cosas van cambiando, pero esto no se puede aplicar a todo. Los sentimientos tienen sus propias reglas porque las dicta el corazón. El escudo antiguo es nuestra vida, nos representa y en él hay muchos recuerdos inolvidables. Estoy convencida de que todos podemos mirar la grada del tercer anfiteatro del Metropolitano e imaginarnos la sonrisa de quienes ya nos están derrochando esa felicidad por recuperar aquello que era nuestro. 

Y tan nuestro que es un triunfo que la afición ha valorado y celebrado como una gran victoria. No es para menos. Confieso, y los que me conocen bien lo saben, que nunca me gustó que giraran al oso. No tengo un explicación clara que dar, simplemente, que si el cambio ya me chocó, lo del oso me impactó porque no le encuentro sentido. Afortunadamente, ahora va a volver todo a la normalidad. Mi escudo es el escudo con el que aprendí lo que es ser del Atleti. En él hay una historia personal escrita de mi puño y letra. Hay recuerdos de todo tipo, pero los más emotivos consiguen que se pongan los ojos vidriosos. Por ejemplo, durante la experiencia más dura de mi vida, anhelaba volver al Vicente Calderón “con mi papá de la mano” como canta Sabina y ver a mi Atleti. Recuerdo que lloré y besé ese escudo al que también me aferré en las distintas habitaciones del hospital. Aquel sueño se cumplió y mi papá y yo entramos en nuestra casa rojiblanca sabiendo que habíamos ganado un “partido” complicado y una de las fiestas tenía que ser al lado del Manzanares. 

“El escudo no se toca” llevaba gritando la afición muchos años. Y no se debe de tocar porque está tatuado en nuestra piel y en nuestro corazón. Y si se toca, no puede ser sin permiso y sin una causa justificada. Afortunadamente, el coraje y corazón que también nos abandera nos ha acompañado hasta conseguir una votación vinculante. Nos puede costar un fichaje, pero ganamos más de lo que perdemos. Estoy convencida de ello. Los colchoneros hemos dado una lección de constancia. Dijo Simeone: “Si se cree y se trabaja, se puede”. Pues dicho y hecho. Nadie ha olvidado a Luis Aragonés afirmando: “ Y usted no pise ese escudo”.

En definitiva, un escudo que es una segunda piel, un escudo que nos saca sonrisas, un escudo que es nuestra seña de identidad, un escudo que nos une y no nos separa… Un escudo que está de vuelta y nos llena de felicidad. Y esto es lo más importante. La cuenta atrás ha comenzado y su bienvenida será como se merece. ¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos

Viñeta de Jorge Crespo

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46769/el-escudo-de-todos

YO TE QUERRÉ, EL HOMENAJE A FRANCISCO ALONSO

“Tomar la vida en serio, es una tontería, hay que gozarla, hay que reír. / Tomar la vida en serio, es una tontería, pues de un berrinche, puedes morir.” Después de lo que hemos vivido en los últimos años está claro que ese podría ser el lema con el que afrontar el presente, pero esos versos van acompañados de unos acordes y forman parten de nuestra historia musical. El maestro Alonso los compuso y solo hay que ver o escuchar la zarzuela Luna de Miel en El Cairo para tararearlos como corresponde. Ahora, gracias al ‘proyecto Zarza’, y el homenaje que rinden estos jóvenes al maestro, el público del Teatro de La Zarzuela de Madrid pudo revivir algunas de las obras maestras del legado de Alonso. 

Yo te querré es el título que lleva este homenaje de José Luis Arellano a Francisco Alonso. La zarzuela hecha por jóvenes y para jóvenes es, sin duda, una gran idea. El elenco está lleno de talento y grandes voces que cautivan a un público que ve como tras el dilema de la autora y el director surge una obra que mezcla el pasado con el presente, cuyo vínculo de unión son los míticos temas de Alonso y por supuesto, el amor y las ganas de vivir. Este compositor granadino marcó una época y ahora que la música está muy marcada por determinados ritmos, viene bien acercar la zarzuela a quienes desconocen la importancia de ésta en nuestra cultura. 

Yo te querré va más allá de recordar al maestro Alonso porque es también un homenaje a nuestros padres y abuelos que en más de una ocasión nos cantaron “Por la calle de Alcalá, con la falda almidoná, y los nardos apoyaos en la cadera…” solo con escuchar el nombre de esta popular calle madrileña. Lo mismo sucede, por ejemplo, con el popular pasodoble La Banderita y así con todo el listado de canciones que este espectáculo de hora y media brinda al público. Un público, por cierto, que abarca todas las edades, lo que demuestra que ‘proyecto Zarza’ cumple con su objetivo. Ahora solo falta que tenga el respaldo de las Administraciones y pueda girar por todo el país porque nuestra cultura hay que valorarla y no dejarla caer en el olvido por las modas que lo inundan todo. 

Por supuesto, si he hablado de talento sobre las tablas, lo mismo sucede con la orquesta. Es un lujo ver tocar los instrumentos en directo desde el patio de butacas y bajo la atenta dirección de Lucía Marín se nota que hay un gran trabajo para que esta obra sea un éxito. Reconozco que este magnífico proyecto cumple con su objetivo, te saca más de una sonrisa y trae, de paso, muchos recuerdos de quienes te descubrieron al maestro Alonso cantándote en algún momento alguna canción suya. Además, yo que vivo de regalo y que sé lo que es que la vida te dé una segunda oportunidad enfatizo que “tomar la vida en serio, es una tontería, hay que gozarla, hay que reír”. 

Eso sí, si cada uno somos el personaje de nuestra propia obra, siempre será mejor escribirla con una sonrisa, disfrutando de lo que nos gusta y dejando de lado los cánones que nos imponen. La banda sonora la elegimos nosotros mismos y seguro que en alguna ocasión el maestro Alonso está presente en nuestra vida, porque los abuelos y los padres nos marcan para siempre. 

Jimena Bañuelos

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CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE

Hay días que están grabados a fuego en el corazón, en la memoria e incluso la mirada delata que algo nos está pasando por la cabeza. Reconozco que de esos días últimamente tengo muchos, porque el calendario me presenta, estos días, los recuerdos más duros. Eso no lo puedo negar, pero reconozco que también hay en mí esa fuerza de la vida que me impulsa a afrontarlos de la mejor manera posible. Distraer la mente siempre será prioritario y aunque cueste, siempre estarán las personas que te quieren para ayudarte en los días que cuesta sonreír. 

A la vida hay que sonreírla porque su valor es incalculable, eso no quiere decir que sea fácil. Por eso, para evadirme de esta realidad e intentar olvidar los últimos días de enero y los primeros de febrero me adentré en una historia que me gusta desde siempre y en la que no falta el chocolate. Estoy hablando de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”. Edu Soto da vida al particular Willy Wonka y, sinceramente, su interpretación es magistral. Es justo admitir que durante las dos horas y media que dura el espectáculo consiguió no sólo que sonriera sino que me riera dejando al margen la realidad que había dejado a las puertas del Espacio Ibercaja Delicias de Madrid. Un lugar que te traslada, sin duda, a la búsqueda del mítico billete dorado para poder entrar en la particular fábrica. La escenografía es inmejorable al igual que el talento de todo el elenco. Por supuesto, no pueden faltar los Oompa-Loompas y sus particularidades. Reconozco que mi debilidad es el chocolate y durante la obra te apetece en más de una ocasión. El público no tiene, lógicamente, el billete dorado, pero se lleva, sin duda, un recuerdo tan inolvidable como lo es conocer al señor Wonka. Además, está claro que los sueños se pueden cumplir, quizás nunca tengamos que renunciar a ellos porque el destino siempre jugará sus cartas.

Unas cartas que nosotros a veces manejamos, pero no tenemos la certeza de que todo seguirá  según nuestros planes. Soñar es fundamental como motor para afrontar las calamidades. A mí me ayudó en los días más duros de mi vida y, quizás, nunca pueda olvidar los recuerdos de estas fechas, pero sí pueda enmascararlos con experiencias como la de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”. Edu Soto será siempre el Wonka español que trasladó al público de todas las edades los mensajes que van más allá y están grabados en cada billete dorado. Queda poco para que el telón de esta obra no se vuelva a levantar en Madrid, mi recomendación está clara. 

Si Charlie encontró el billete en el último momento, hasta el último día se puede disfrutar de esta obra y, por supuesto, darse un buen capricho de chocolate. A nadie amarga un dulce, y en los días más duros es cuando más se necesitan esos caprichos y a la gente que te quiere. En eso tengo suerte porque son mi billete dorado. Un billete, por supuesto, que es único y de un valor incalculable.  

Jimena Bañuelos

VIAJAR EN EL TIEMPO Y EN LA VIDA

Siempre es bueno salir de la rutina y despejar la mente de todo aquello que nos ronda por ella. Hay sueños, preocupaciones, planes o recuerdos, por ejemplo, que nos atormentan sin poder evitarlo. Hay fechas que nos erizan la piel solo con verlas en el calendario. Éstas llevan cargadas una mezcla explosiva de sentimientos encontrados que no tienen un manual de instrucciones para poder gestionarlos. Todo depende de las circunstancias personales por las que estamos atravesando, pero lo bueno es que el tiempo pasa y esas fechas también. Ahí radica la fuerza de superar los peores recuerdos que estos días me traen por las ilusiones del porvenir. También, es justo decir que el pasado cuando vuelve tiene la capacidad, además, de fortalecer. 

La vida me cambió de la noche a la mañana y, por eso, quiero mirar al futuro con la ilusión de lo bueno que está por venir. No soy de piedra y hay imágenes imborrables que perturban el sueño, pero siempre hay un despertar que te recuerda que hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor, sin duda, es el presente. Un presente al que hay que exprimirle cada minuto y hacer lo que más nos gusta. El ocio no puede faltar en nuestro día a día. Leer, ver una película, quedar con amigos, ir al cine o a ver un musical son siempre buenos planes pero viajar, tengo que reconocer que también me apasiona. 

La mente, como he dicho, viaja sin sacar ningún billete pero la posibilidad de descubrir el mundo es apasionante. Hace unos días, Madrid se convirtió con Fitur en el centro del turismo. Por Ifema pasaron muchos visitantes deseosos de encontrar el destino apropiado para una escapada o para unas vacaciones. Ver las imágenes de esta feria con tanto público alegran a cualquiera, porque atrás quedó todo lo que el coronavirus nos arrebató. La normalidad, aunque haya costado, está volviendo, por eso, el anhelo de conocer otros lugares también ha aumentado. 

La pandemia nos enseñó, entre otras cosas, a apreciar lo que tenemos; algunos esa lección ya la teníamos más que aprendida. En mi caso fue la vida la que me enseñó a priorizar y saber valorar las pequeñas cosas. Fue una lección de esas que no se olvidan nunca. Fue dura, de hecho reconozco que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Por eso, en los días más duros en los que mi vida cambió pude viajar y soñar con todos esos destinos a los que me gustaría ir. Quiero imaginar las fotografías que haría, por ejemplo, en Praga, en Viena, en Perú, en Playa del Carmen, en Córdoba, en tanto lugares recónditos que me saquen esa sonrisa cargada de felicidad y, por supuesto, cargada de vida. 

Dicen que la vida es un viaje y ésta tiene muchos viajes en su interior. Por eso, siempre estaré dispuesta a hacer las maletas para sumar vivencias a esta vida que me dio un segundo billete para seguir disfrutando de ella.  

Jimena Bañuelos

PASADO, PRESENTE Y FUTURO

La nostalgia endulzada de estos días ha dado paso a las ilusiones del año que acabamos de estrenar. Atrás quedó el pasado y sin cargar con él hay que afrontar todo lo que nos deparen los días venideros. No siempre es fácil desvincularse de él porque algún que otro lastre nos puede acompañar en nuestro día a día. Convivir con ellos, quizás, sea la mejor solución para poder disfrutar del porvenir. El destino es caprichoso y por delante nos quedan muchas jornadas hasta que vuelva a llegar el momento de hacer balance de un año a punto de caducar. 

Las ilusiones no caducan y los sueños tampoco. Pueden ir cambiando con el paso del tiempo, pero nunca dejan de existir. Son ese motor que nos impulsa a hacer cosas que no están en nuestros planes, pero es en esos momentos en los que nuestro propio empuje debe vencer al miedo. Un miedo que nos acompaña, pero que no tiene licencia para arrebatarnos la alegría y la satisfacción que conseguimos al alcanzar aquello que creíamos inalcanzable. Obviamente, y seguro que en el deseo de todos, está la salud. Sin ella poco se puede hacer. Es el pilar fundamental para afrontar los reveses que no están en la hoja de ruta que nosotros nos marcamos. Lo cierto es que a la vida poco le importa los planes que tengamos porque ya se encarga ella de hacer la correcciones precisas al guión que nosotros mismos nos hemos escrito. 

Precisamente, son esas correcciones las que nos hacen crecer como personas. Nos enseñan a descubrirnos, a valorarnos, a conocernos y, por supuesto, a adaptarnos a ellas nos guste o no. A la vida no se la puede hacer correcciones, somos las personas las que tenemos que aprovecharnos de ella para sacarle el máximo partido en las buenas y en las malas. La vida solo se vive una vez y ya que estamos de paso no es necesario ponerle tantos “peros”. Es cierto que el futuro tiene como ingrediente fundamental la incertidumbre y a su vez la emoción por ver que nos depara. No es complicado plantearse como nos gustaría que fueran los próximos meses, pero lo cierto es que en nuestra mano está convertir este año, que está recién estrenado, en el mejor de nuestras vidas y así sucesivamente. 

La esperanza dicen que es lo último que se pierde y siempre está ahí para hacernos mejorar. También ayuda, y mucho, llenarse de ella. Es una buena compañera en los buenos y los malos momentos. Siempre se puede mejorar porque la felicidad no es estática. Ésta en un segundo puede aparecer y desaparecer, pero siempre será uno de los pilares fundamentales de la vida. En definitiva, ser feliz es lo que cuenta y cada uno sabe como alcanzarla. 

Por eso, entre mi “aún tengo la vida” y “ponerme la vida por montera” hay una línea muy fina. Vivir es lo único que se puede escribir en esa línea y mientras ésta esté recubierta de salud solo puedo sonreír al día a día y disfrutar cada momento. Así serán los recuerdos que deje en el pasado cuando el 2023 se agote, pero hoy son mi presente y toca vivirlo.   

Jimena Bañuelos

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