EL ESCUDO DE TODOS

“Aquí me pongo a contar, motivos de un sentimiento que no se puede explicar”. Con esta gran verdad comienza el himno del Centenario del Atleti, pero es que sólo los que entendemos esta forma de vivir sabemos de lo que hablamos. Es, una de nuestras premisas, que nunca hay que dejar de creer y que hay que luchar como hermanos, por eso, la vuelta a nuestro verdadero escudo es el mejor regalo que los rojiblancos podemos tener, precisamente, por el 120 aniversario de nuestro equipo. 

Un símbolo que vuelve al año que viene y que, sinceramente, nunca se tuvo que ir. Quizás, la polémica se pudo haber evitado con una votación como la que se ha hecho ahora. Es cierto que el tiempo pasa y las cosas van cambiando, pero esto no se puede aplicar a todo. Los sentimientos tienen sus propias reglas porque las dicta el corazón. El escudo antiguo es nuestra vida, nos representa y en él hay muchos recuerdos inolvidables. Estoy convencida de que todos podemos mirar la grada del tercer anfiteatro del Metropolitano e imaginarnos la sonrisa de quienes ya nos están derrochando esa felicidad por recuperar aquello que era nuestro. 

Y tan nuestro que es un triunfo que la afición ha valorado y celebrado como una gran victoria. No es para menos. Confieso, y los que me conocen bien lo saben, que nunca me gustó que giraran al oso. No tengo un explicación clara que dar, simplemente, que si el cambio ya me chocó, lo del oso me impactó porque no le encuentro sentido. Afortunadamente, ahora va a volver todo a la normalidad. Mi escudo es el escudo con el que aprendí lo que es ser del Atleti. En él hay una historia personal escrita de mi puño y letra. Hay recuerdos de todo tipo, pero los más emotivos consiguen que se pongan los ojos vidriosos. Por ejemplo, durante la experiencia más dura de mi vida, anhelaba volver al Vicente Calderón “con mi papá de la mano” como canta Sabina y ver a mi Atleti. Recuerdo que lloré y besé ese escudo al que también me aferré en las distintas habitaciones del hospital. Aquel sueño se cumplió y mi papá y yo entramos en nuestra casa rojiblanca sabiendo que habíamos ganado un “partido” complicado y una de las fiestas tenía que ser al lado del Manzanares. 

“El escudo no se toca” llevaba gritando la afición muchos años. Y no se debe de tocar porque está tatuado en nuestra piel y en nuestro corazón. Y si se toca, no puede ser sin permiso y sin una causa justificada. Afortunadamente, el coraje y corazón que también nos abandera nos ha acompañado hasta conseguir una votación vinculante. Nos puede costar un fichaje, pero ganamos más de lo que perdemos. Estoy convencida de ello. Los colchoneros hemos dado una lección de constancia. Dijo Simeone: “Si se cree y se trabaja, se puede”. Pues dicho y hecho. Nadie ha olvidado a Luis Aragonés afirmando: “ Y usted no pise ese escudo”.

En definitiva, un escudo que es una segunda piel, un escudo que nos saca sonrisas, un escudo que es nuestra seña de identidad, un escudo que nos une y no nos separa… Un escudo que está de vuelta y nos llena de felicidad. Y esto es lo más importante. La cuenta atrás ha comenzado y su bienvenida será como se merece. ¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos

Viñeta de Jorge Crespo

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46769/el-escudo-de-todos

ILUSIONES 

Estamos en verano y le hemos dado la bienvenida como se merece. La noche de San Juan marca un antes y un después. Las tradiciones están para cumplirlas, y con hoguera o sin ella, siempre se puede hacer un punto de inflexión en este año. Dejar atrás el pasado y quemar o borrar de nuestra mente aquello que nos hace daño siempre será positivo. Es bueno pedir deseos y tener sueños pendientes por cumplir. Estos son nuestra mejor motivación para seguir adelante y afrontar las adversidades que se nos van presentando. No son pocas, pero en la balanza también están las ilusiones para equilibrarla. 

Unas ilusiones que varían de unas personas a otras y están condicionadas, sin duda, por la propia situación. De una manera o de otra, Ortega y Gasset tenía razón. En el fondo, la célebre cita: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” nos marca nuestro presente y nuestro entorno. Todo puede cambiar pero para ello tiene que haber una actitud. Ésta se puede apoyar en quienes están dispuestos a ayudarte a convertir esa circunstancia en algo mejor, o al menos, a añadirle un oasis de esperanza en ella. 

Ilusión es, precisamente, lo que se vivió hace una semana en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Un hospital en el que hay historias muy duras de pequeños luchadores que, desde su inocencia, viven la parte más dura de la vida. Sin embargo, son un ejemplo a seguir. Verles sonreír no tiene precio y eso es lo que consiguieron Lorca y el Mago Roncero en el salón de actos. No puedo negar que mi pasado vino a mi presente porque, en el fondo, mi corazón tiene cicatrices que en determinados momentos se sienten aún más. No obstante, por eso, había que contagiarse de la inocencia de los más pequeños y dejarse llevar por la magia y la música. Dos grandes compañeras que siempre ayudan en las peores situaciones. 

Con los acordes de la guitarra de Lorca recordamos, los más mayores, canciones que hemos cantado en más de una ocasión. Aquel verano de “Bésame en la boca” forma parte de la vida de muchos. La música se intercaló con la magia del Mago Roncero. La expectación era máxima porque nadie supo como se anudaron los pañuelos, como pudo averiguar el destino de un viaje o la carta que habían seleccionado. La magia no solo estuvo en sus manos. La magia estuvo en el ambiente porque hacer sonreír dentro de un hospital no es fácil, pero no es imposible. Lorca y Roncero consiguieron que durante casi hora nos olvidáramos de nuestra circunstancia. El coctel era perfecto: ilusión más sueños más música más magia no podía fallar. Y no lo hizo.

La vida se va llenando de capítulos. Unos son más amables que otros y las historias se van escribiendo día a día. El martes veinte de junio no fue un martes rutinario en el Niño Jesús. El veinte de junio se escribió de otra manera. Cada uno destacará de él lo que quiera, pero yo me quedo con que la esperanza y la fuerza nacen de uno mismo, pero si le añades unas notas musicales o la magia de la vida todo se lleva mejor. Lo importante es ser feliz y no perder la sonrisa.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/46515/ilusiones

ALEJANDRO FERNÁNDEZ, EL ALMA DE MÉXICO EN MADRID

A las puertas del verano y con un calor propio de la época, Madrid esperaba con ansias al artista mexicano que llevaba cinco años sin venir por España. Él dijo que nos han pasado muchas cosas en este tiempo. Ha sido una pesadilla lo que hemos vivido, pero sus fans estaban esperando la cita  para reencontrarse con el artista. Bajo la atenta mirada de su madre y con un WiZink Center lleno hasta la bandera, Alejandro Fernández no defraudó.

El reloj marcaba las nueve y media de la noche y como buen mexicano se hizo de rogar. “Ahorita empieza” se escuchaba entre el público y los que sabemos el verdadero significado del “ahorita” mexicano sabíamos que la hora tenía ese matiz de esperada. Eso, en definitiva, fue lo de menos porque por delante teníamos dos horas y media de concierto para disfrutar del talento de este gran artista. Arrancó su gira “Amor y Patria” con la canción “Tantita Pena” que puso al público en pie recibiéndole entre aplausos. La espera ya era lo de menos, porque desde el momento en el que sonaron los primeros acordes, lo que importaba era disfrutar de lo que “El Potrillo” y su equipo nos tenían preparado. 

El cóctel de canciones entre el pop y mariachi fueron embriagándonos a todos de una emoción que se iba notando a medida que pasaba la noche. Las banderas mexicanas no faltaron porque, sin duda, Alejandro Fernández es el alma de este país. Es más, toda Hispanoamérica estaba representada en los asientos y en la pista del Palacio de Deportes de la capital. Eso sí, el mexicano no dudó en abrazar la bandera de España sobre el escenario porque sabe que aquí es tan querido como al otro lado del charco.

Sus canciones fueron emocionándonos a todos. Recorrió las de su último disco pero no faltaron los clásicos que rindieron al público a sus pies. “Canta Corazón», “Me dediqué a perderte”, “Se me va la voz”, “Se que te duele”, “Hoy tengo ganas de ti”, “Abrázame”, “Mátalas”… y así una lista de canciones que culminaron con un gran homenaje a su padre, Vicente Fernández. Por supuesto, con el corazón en un puño “El  Rey” sigue siendo el rey haya donde esté. 

“Quiero que vuelvas” es algo más que un tema. Es una petición propia de que ya estoy restando días para el próximo concierto en Madrid. México significa mucho para mí. En tierras aztecas viví una temporada que me marcó y me enseñó grandes lecciones vida. Allá dejé a grandes amigos y el paso del tiempo y la distancia no ha conseguido romper esos lazos. Más pronto que tarde estoy segura de que nos volveremos a encontrar. De momento, el culpable de emocionar y remover todos esos grandes recuerdos tiene nombre y apellido: Alejandro Fernández. No es un reproche, es mi gratitud por conseguir que me olvidara del presente, y despertar esa parte de mi corazoncito mexicano que tanta vida me da. 

En definitiva, querido Alejandro, la espera ha merecido la pena, pero que no pasen otros cinco años. Este “ahorita” sí que se nos ha ido de madre en el tiempo como dirían allá. Por eso, espero que quieras pronto “volver, volver” tal y como cantaste el pasado sábado en Madrid. Gracias por acercarme a mi gente mexicana a través de la música. Un gran hilo conector que, sin duda, cruzó el charco desde que sonaron los primeros acordes. Ahora, con la resaca del concierto, y ya que no la cantó Alejandro Fernández, lo hago yo aunque no estoy a la altura, pero sí me llena de sentimientos cuando hablo o canto a mi México, lindo y querido…

Jimena Bañuelos

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MADRES Y VÍNCULOS

La mejor manera de comenzar el mes de mayo es festejando el “Día de la Madre”. Cada uno de nosotros tenemos a la mejor del mundo y cada uno de nosotros estamos en lo cierto porque una madre es especial. De la mía puedo decir que es la mejor amiga y el mejor ejemplo a seguir, de hecho, ella es la responsable de que sea como soy. Me ha transmitido su fuerza para afrontar las adversidades pero también me ha enseñado a disfrutar. Por eso, con verla sonreír yo ya soy feliz. Todos los días habría que festejar a las madres, pero si tienen un día especial es para brindarles el mejor homenaje que podemos hacerles los hijos. Madre no hay más que una y, por eso, no podemos despreciar los días sin demostrarles nuestro cariño. 

Un cariño que nos lleve a la felicidad junto a ella. Cada uno sabe cuales son las teclas que tiene que tocar para que su madre se sienta especial. No siempre es fácil acertar con el mejor regalo, pero lo que tengo claro es que siempre el mejor obsequio será nuestra compañía. El destino ha querido que este año la mía esté junto a mí y, por eso, el domingo no fue un día cualquiera. 

Está claro que todos los días son especiales por el hecho de tener la oportunidad de seguir escribiendo la historia de nuestras vidas. Mi madre me enseñó que su felicidad está vinculada a la mía y, por eso, tras la experiencia más dura que hemos vivido, sólo quiero sonreírle al presente. Un presente que esta semana nos trasladará al Madrid más castizo. Es cierto que esta burgalesa de Madrid sigue teniendo pasión por su tierra, pero con el paso de los años, las tradiciones van calando. Por delante se avecinan unos días cargados de chotis, de rosquillas, de pasarse por la pradera, de pedirle al santo sobre todo mucha salud y, por supuesto, de disfrutar también de las muchas actividades que hay organizadas. Me quedo, sin duda, con la Zarzuela y las antologías que hay preparadas. Un género musical que a mi madre le fascina y su pasión me la trasladó a mi desde muy pequeña. 

Al final, la vida está llena de vínculos. Un vínculo que van formándose desde nuestra infancia. Nuestras madres son nuestros pilares fundamentales, lo mismo sucede con nuestros padres y el tiempo se encarga de entretejer todo eso, para que a medida que vamos creciendo y madurando todo eso vaya forjando nuestra propia personalidad. Un personalidad que marca nuestro carácter pero también nuestra forma de afrontar el día a día. Además, hay que reconocer que todos tenemos ese recuerdo de aquello que nos gusta porque les gustaba a nuestros padres. Quizás, algo así me suceda a mí con el “género chico”, pero reconozco que esos recuerdos van más allá. 

Un más allá que está vinculado con el futuro y que, sin duda, a medida que pasa el tiempo se irá llenando de más recuerdos, de más experiencias… y los vínculos se irán endureciendo y forjando de tal manera que seamos nosotros mismos, pero cargados de matices que hemos adquirido de nuestros padres y, por supuesto, de nuestros abuelos. El árbol de la vida es así y hay que regarlo con la felicidad de ir viéndolo crecer mientras asienta firmes sus raíces. 

Jimena Bañuelos

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120 AÑOS MOLESTANDO

La mejor manera de despedir el mes de abril es festejando el aniversario del Atleti. Todos los años, el día 26 está marcado en el calendario de los colchoneros como un día especial, pero en esta ocasión las 120 velas que tenía su tarta merecieron un especial homenaje. Hubo partido, hubo victoria y, por supuesto, hubo cánticos a raudales porque la afición siempre está orgullosa de  los colores. Para la ocasión, el Metropolitano se llenó de banderas que se ondearon a la vez que el himno se sentía en cada rincón del estadio. Eso solo fue el principio de lo que vendría después. 

Los rojiblancos sabemos que con el Atleti todo puede suceder. Sabemos perfectamente cual es nuestro ADN, pero lo asumimos y a pesar de ver como íbamos por debajo en el marcador, el día tenía que tener un final feliz. Gritar los goles en el estadio fue, sin duda, lo que todos anhelábamos y los nuestros nos concedieron ese deseo de aniversario. 

Un aniversario en el que hasta las rayas rojiblancas cedieron el protagonismo a la camiseta con  nuestros orígenes. El pasado estuvo presente para ver como el espíritu continua intacto por muchos años que pasen. La afición es la responsable de que la familia rojiblanca se una siempre en las buenas y las malas. Homenajeamos a las leyendas y vimos y aplaudimos el spot que nos recuerda que llevamos 120 años molestando… y los que nos quedan porque “partido a partido” seguimos vibrando como al principio.

Un principio que, sin duda, a muchos nos recordó a nuestro propio pasado. Un pasado que también te lleva a pensar en quienes están en el tercer anfiteatro y con quienes has crecido celebrando muchos momentos en la historia del Atleti. Por ejemplo, era una niña cuando conquistamos el doblete, pero lo tengo grabado a fuego en la memoria, a fuego porque lo viví con quien me inculcó el verdadero sentimiento colchonero. Gracias a él, el Atleti es mi forma de entender la vida. Es cierto que muchos no lo entienden, pero, sinceramente, tampoco tengo ni tiempo ni ganas para explicárselo. Soy del Atleti y siempre lo seré. Haber vivido el 120 aniversario fue algo muy especial que ya forma parte de mis vivencias rojiblancas pero todavía me quedan muchas más.

La vida, más allá del fútbol, la disfruto “partido a partido” y es cierto que “nunca dejo de creer” porque sé cual es el motor que me mueve para extraer todo su meollo. Ser feliz es primordial y cada uno decide como quiere serlo. Tengo muchos sueños por cumplir y estos no siempre son fáciles de lograr, de hecho, en más de una ocasión tendré que poner mucho “coraje y corazón” para conseguirlos, pero esto no me importa porque aprendí, hace años, que aún tengo la vida para, precisamente, ponerme la vida por montera. Quizás, a muchos les moleste, pero si mi Atleti lleva 120 años molestando, yo puedo seguir siendo yo misma pese a quien pese. Es lo que hay.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/44453/120-anos-molestando

EVADIRSE CON LOS LIBROS

Vivimos marcados por días señalados y uno de ellos es, sin duda, el 23 de abril. El día del libro es una fiesta para quienes amamos la lectura. Es cierto que para gustos están los colores, como suele decirse, pero los libros tienen un infinita variedad. Pueden ser de suspende, de amor, de miedo, de fantasía, de aventuras, de autoayuda… En definitiva ningún lector está huérfano de escoger la historia en la que quiere adentrarse. Esa historia que le lleva a otra realidad y que consigue, precisamente, alejarle de la que vive en su día a día. Evadirse es primordial y, un libro siempre conseguirá sorprendernos de alguna manera, porque su capacidad para no dejarnos indiferentes va intrínseca en ellos. No siempre es fácil buscar un hueco en la rutina para abrir un libro y más, hoy en día, en el que las series proliferan a una velocidad abismal, pero dice el refrán: “Querer es poder”, y por eso, no hay excusas que valgan para disfrutar de la lectura. Confieso que tengo una buena torre de libros pendientes, pero verla me saca una sonrisa porque me esperan grandes historias y aventuras. Sin duda, tengo ganas de adentrarme en “Libres” de Ana Santamaría y disfrutar de cada uno de los cuentos que ha elegido minuciosamente para debutar como escritora. Lo mismo me sucede con “Talhara” de Antonio García Barbeito y así con cada uno de ellos…

Decía el escritor norteamericano Edmund Wilson que “no hay dos personas que lean el mismo libro” y es cierto, porque todo nos influye cuando nos adentramos en sus páginas. Ya se sabe que el recuerdo que deja un libro, a veces, es más importante que el libro en sí. Yo no podría decir cuál es mi favorito porque quedarse con uno sólo no es fácil. Si bien es cierto, hay un pequeño grupo que releo con gusto porque sus enseñanzas y sus aventuras siempre son reconfortantes. El autor francés François Mauriac lo tenía claro: “Dime lo que lees y te diré quién eres, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”. Eso sí, no puedo negar que hay uno que siempre ocupará un lugar especial en mi corazón. Aún tengo la vida nació de mi propia experiencia, de mi propia valentía y sobre todo, de esa lección de vida que marcó un antes y después. En el fondo, cada uno escribe sus propios capítulos y no todos son fáciles, pero sí se puede aprender de cada vivencia. 

Sé, como bien dijo Borges, que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo” pero siempre es agradable dar buenos consejos. Leer puede ser un hábito en tu vida, solo hace falta dar, a los libros, esa oportunidad. No siempre se acierta a la hora de elegir, pero también de los errores se aprende. Aconsejar tampoco es una tarea fácil, pero quién te conoce bien sabrá acertar con el adecuado. Es cierto que en mi caso, por ejemplo, es sencillo porque en mis estanterías los hay de todo tipo. En su día dijo Vargas Llosa: “Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, sin duda, es una de las mejores cosas y, de hecho, es hasta un vicio.

Un vicio al que no renunciaré nunca, porque el poder de los libros es indescriptible. Coincido con Borges en que: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Un libro siempre enriquece y eso se nota. Por eso, no me demoro más escribiendo porque me voy a poner a leer. Tengo ganas de comenzar todas las aventuras que me esperan… Os iré contando.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/44257/evadirse-con-los-libros

ACCIÓN- REACCIÓN

Dicen que no hay que mirar al pasado, pero cuando éste vuelve, a veces, duele demasiado. Es muy fácil hablar de ‘pasar página’ pero cuando la página se reescribe es complicado evitar determinadas palabras que tiempo atrás hicieron mucho daño. La vida te enseña a aprender continuamente de ella, pero hay lecciones que llegan sin avisar y cuesta buscar ese punto que te hace crecer como persona y que forja esa personalidad con la que afrontas el día a día. 

Las personas no cambian, pero estoy segura de que sí lo hacen cuando la vida juega sus cartas y no hay más remedio que aliarse con lo que ésta te tiene preparado. Ahí, sin duda, es el momento de sacar esa fuerza interior que brota de nosotros mismos. Esa ‘fuerza de la vida’ que nos lleva a afrontar los contratiempos con una valentía insólita que nos vapulea de nuestra zona de confort. Esa fuerza lleva intrínseca que a pesar del miedo podamos sonreír al porvenir. Descubrir en qué miedo te has convertido en valiente es, sin duda, una de las mejores satisfacciones personales que puedes tener. Hace mucho tiempo vencí a mis miedos pintando todo el porvenir de color esperanza y todavía es ese color el que brota cuando las adversidades llegan sin avisar. Eso sí, siempre con la sonrisa por bandera y la positividad como mejor compañera de viaje.

Hace unos días vi el musical “Los chicos del coro”. Un espectáculo digno de ver no sólo por la brillante interpretación de los protagonistas que derrochan talento sobre las tablas, sino porque también está cargado de mucha emoción. Una emoción que comienza desde el momento en el que el famoso “acción-reacción” sale a la luz. Más allá de la historia que se vive en el Teatro La Latina de Madrid, en la vida toda acción tiene su reacción y ésta última depende de nosotros mismos. Afrontar lo que sucede puede determinar la manera en la que las cosas nos afecten. Todo puede cambiar en un minuto y soñar no ocupa lugar, pero la vida es caprichosa y es, precisamente, la que nos pone en el camino muchas rosas y más de una tiene demasiadas espinas. Por eso, aferrarse a nuestra fuerza es vital, ésta se va entrenando con los años porque hay que aprender a pelear nuestras propias batallas desde niños. No es fácil, pero lo que fuimos es lo que somos y, por supuesto, lo que seremos, pero curtidos por nuestra propia experiencia. 

Una experiencia que nos puede en más de una ocasión trasladar al pasado. Esto puede doler, pero también puede traer recuerdos que nos llenen de “vida” para afrontar el presente. Las comparaciones no son buenas, pero a veces son necesarias cuando nos demuestran todo aquello que hemos logrado con el paso de los años. Valorar el presente siempre es necesario, pero valorar aquello que nos marcó y nos forjó nuestra personalidad es primordial

Por eso, si toda acción tiene su reacción como nos dicen desde el internado “Fondo del Estaque”, seamos valientes y asumamos que nuestra reacción siempre tiene que ser para salir más fuertes, más seguros y más felices. De la vida, valga la redundancia, nos llevamos lo que hemos vivido y esto solo depende de nosotros y nuestra actitud. Nuestra propia acción-reacción.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/43994/accion-reaccion

DESPUÉS DE SEMANA SANTA

Con la Pascua hemos puesto punto y final a la Semana Santa. Unos días en los que el recogimiento es primordial para quienes deciden vivir estos días como marca la tradición cristiana. Es cierto que la Semana Santa es el primer puente festivo que se puede disfrutar desde que comenzara el año, de ahí, que la palabra ‘vacaciones’ haya estado muy presente en estos días pasados. Eso sí, una cosa no está reñida con la otra porque el hecho de ir a conocer las procesiones de otras ciudades ya implica dejar atrás la rutina para adentrarse en las tradiciones que rigen en cada localidad de nuestro país. 

Un país que puede presumir de su riqueza cultural porque el turismo ha hecho acto de presencia en estos días. Es cierto que Andalucía siempre está en el punto de mira en estas fechas, pero hay muchos más rincones que han recibido a sus visitantes a golpe de tambor. Por suerte, yo he podido disfrutar del Mediterráneo al que echaba mucho de menos, pero a su vez he disfrutado de la solemne procesión de Viernes Santo. En la nostalgia está mi tierra. No es justo comparar las procesiones entre sí, pero añorar aquella que ha crecido contigo sí lo es. En mi mente están mis recuerdos. Junto con mi madre añoramos aquellos ‘Viernes Santo’ heladores en los que ir a ver la procesión era algo que requería mucha fuerza de voluntad. Por no mencionar, las múltiples ocasiones en los que ésta era cancelada con la pena de quienes llevaban todo un año esperando poder procesionar. 

Afortunadamente, este mes de abril ha dado una tregua, climáticamente hablando, y en toda nuestra geografía se ha podido vivir una Semana Santa tal y como marcan las tradiciones. Es un lujo poder disfrutar de todo lo que estos días de pasión nos brindan. Por un lado, esos momentos de reflexión, y por otro, esos en los que recargarnos las pilas para volver a la rutina y verla con otros ojos. En el horizonte está el verano y el mes de mayo está llamando a nuestra puerta. El tiempo pasa muy deprisa aunque no seamos conscientes de ello. Abril está en su ecuador y lo que parecía muy lejano en el mes de enero ya forma parte del pasado. La vida vuela y nosotros con ella, por eso, no hay que despistarse porque el presente nos brinda oportunidades que a veces ni siquiera vemos. Por eso, es bueno que en la vorágine de la rutina hagamos un pausa y pensemos, con calma, lo afortunados que somos por tener todo aquello que tenemos y, sobre todo, ser conscientes, que ser felices es el motor que nos lleva a buscar y pelear por aquello que anhelamos. 

Estar feliz es algo cuestionable porque se trata de ser feliz. No es lo mismo ‘ser’ que ‘estar’ y ahí radica el cambio que nosotros mismos tenemos que provocar. Quizás sea bueno reflexionar y no es necesario que sea Semana Santa para ello. Nuestro tiempo vale mucho más que el oro y, por eso, aprender a gestionarlo es vital. Atrás han quedado estos días santos. La Pascua es sinónimo de alegría. Una alegría que tiene que perdurar porque sin ella somos nosotros mismos los que convertimos la ilusión en penumbra. Esto no puede tener buenas consecuencias porque sólo se vive una vez y está claro, a estas alturas del artículo, que ser feliz es lo que cuenta.  

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/43749/despues-de-semana-santa

MUCHA VIDA DESPUÉS DEL TRASPLANTE

Ya hemos dado la bienvenida a la primavera y hemos cambiado la hora al reloj para poder disfrutar de más horas de luz. El tiempo acompaña, la Semana Santa está a la vuelta de la esquina y el mes de marzo está agotando sus días. Todo pinta bien para rematar el tercer capítulo de los doce que tiene el año. Tengo que destacar que mañana, por ser el último miércoles del mes, se celebra el ‘Día Nacional del Trasplante’, un día para celebrar que la vida da segundas oportunidades a quienes han recibido uno. Nadie sabe cuando puede necesitar la ayuda de otra persona, por eso, nunca hay que dejar de lado la generosidad, porque ésta puede dar un giro de ciento ochenta grados en la vida de cualquier persona. 

En mi caso, esa segunda oportunidad llegó de un donante de médula que lo cambió todo. La ilusión de saber que tenía un donante me hizo afrontar con más fuerza la recta final de aquella leucemia que se convirtió en la protagonista de una historia, la de mi vida, a la que no estaba invitada. Muchos amigos se convirtieron en grandes compañeros de batalla, pero, es cierto, que necesitábamos a ese donante que liderara la batalla final. Un giro en la historia que me ha permitido seguir cumpliendo sueños y viviendo experiencias únicas. También, me enseñó a valorar las pequeñas cosas y, por supuesto, a saber cuales son las prioridades que tienen que regir el día a día. El tiempo es oro y la vida es única, por eso, no merece la pena malgastar “ese oro” con quien no lo merece. 

Aprender a valorarse es primordial para marcar la diferencia entre lo que puede estar en tu vida para siempre o lo que, simplemente, está de paso. Esto sin olvidar que nosotros mismos estamos, a su vez, de paso. Por eso, alejarse de lo tóxico es fundamental para que nuestra propia felicidad no se contagie de aquello que podemos evitar. La vida es una constante toma de decisiones, pero siempre tiene que primar nuestro bienestar y nuestra alegría. Nadie tiene derecho a borrarnos la sonrisa porque no sepan valorar algo tan simple como que en la vida en un segundo todo puede cambiar, para bien o para mal. Está claro que cuando has recibido un trasplante, la escala de valores varía y no todos comprenden el verdadero poder que te da haber aprendido que la vida es mucho más que una opinión, que un qué dirán o que unas palabras dichas para hacer daño. 

No concibo perder mi tiempo con quien no valora lo que eso significa. Vivo de regalo, nunca mejor dicho, porque alguien me ‘regaló vida’ y, por eso, todo lo que aprendí en las habitaciones del hospital entre quimios, punciones medulares y tratamientos muy duros no lo olvidaré jamás. Llevo grabado a fuego en mi mente esas lecciones y nadie puede cuestionarme aquello que son mis principios. Luzco mis cicatrices con orgullo porque éstas me recuerdan donde he estado y lo que he peleado, pero no me dicen a dónde voy porque el destino será quien marque el porvenir. Un porvenir que también irá acompañado con esos “daños colaterales” o secuelas que quedaron después de plantarle a cara a la leucemia y vencer con honores en el trasplante de médula. Serán mis compañeras de vida, pero nadie puede hablar de ellas, ya que son mías, vivo con ellas y no me arrebatan la felicidad. 

Por eso, teniendo claro que ser feliz es lo que cuenta, y que “aún tengo la vida” que es lo más preciado, celebro el “Día Nacional del Trasplante” asegurando que mi sonrisa no se toca y que la historia la escribo yo ‘de mi puño y letra’ y no voy a permitir que nadie me sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/43380/mucha-vida-tras-el-trasplante

19 DE MARZO, DÍA DEL PADRE 

Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros” y el mío he de reconocer que es uno de los mejores. Acabamos de festejar el Día del Padre, una fecha marcada en el calendario para homenajear al mejor compañero de vida, al mejor ejemplo a seguir y al mejor pilar en el que me he podido apoyar siempre. Juntos hemos vivido momentos muy felices y he de reconocer que durante la etapa más dura de mi vida fue mi gran compañero de batalla. Aquella “guerra” nos puso a prueba y, además de salir victoriosos, nos unió mucho más. Por eso, está claro que estamos preparados para lidiar con lo que la vida nos ponga por delante. Por supuesto, también nos toca celebrar todo lo que nos brinde cada día. 

El Día del Padre es un día especial, pero todos los días son especiales porque seguimos compartiendo confidencias. Me acusan, y con razón, de ser la niña de sus ojos, y si ese es mi mayor delito, acepto la condena. Y puestos a elegir prefiero una cadena perpetua. Tengo que reconocer que no eres el responsable de que sea del Atleti pero sí de que sea como soy. Me lo has dado todo a cambio de una sonrisa y siempre recibirás una porque verte feliz es, sin duda, lo que más anhelo. Una felicidad que es sinónimo de complicidad, la que tenemos nosotros con tan solo una mirada. Es cierto que madre no hay más que una y su valor es incalculable pero un padre, si es como tú, no tiene precio. No te cambiaría por nada. 

Como tampoco cambiaría el Día del Padre por el Día de las Personas Especiales. Un padre es único y es cierto que personas especiales en mi vida tengo muchas, pero cada una tiene su propia celebración o mejor dicho, cada una lo es por algún motivo en especial. Sin embargo un padre es inigualable. Querrán convencernos del cambio de nombre, pero los que somos rebeldes por naturaleza seguiremos haciendo y festejando lo que nos dé la gana. Somos versos sueltos que vivimos bajo nuestros principios. Estos son irrenunciables y como lo es el 19 de marzo. Siempre estará marcado en el calendario como un día especial. Quizás y, aprovechando que es el día de la Cremà de las Fallas de Valencia, habría que quemar esas ideas incomprensibles y absurdas que pasan por las mentes vacías de quienes buscan llamar la atención sin ton ni son, anunciando una tontería tras otra. La paciencia tiene un límite y ya cansa que quieran imponer tonterías a costa de las tradiciones de siempre. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero nunca dejaré de festejar el Día del Padre. Él se merece una fiesta a diario, pero en su día especial hay que brindar el correspondiente homenaje. 

Este año, el destino me ha permitido estar con él y no cambiaría por nada la comida familiar del pasado domingo. El presente es hoy y aunque la fiesta ya forma parte del pasado y de los recuerdos, jamás olvidaré la celebración porque la vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar y extraer todo su meollo es cuestión de actitud, por eso, si en Valencia ya están restando días para volver a disfrutar de sus fiestas, yo estoy restando días para volver a festejarle. Eso sí, por delante tenemos trescientos sesenta y cinco días para llenarlos de experiencias y momentos únicos que  son la antesala del próximo 19 de marzo. La cuenta atrás ha comenzado y mi padre y yo seguiremos disfrutado de la vida, eso sí, día a día y, por supuesto, partido a partido. 

Jimena Bañuelos

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