MÁS ALLÁ DEL CALOR

Hace apenas unos días superábamos la primera ola de calor del verano sudando la gota gorda, nunca mejor dicho. Hubo noches en las que dormir parecía una misión imposible, los ventiladores estaban funcionando a pleno rendimiento y los aires acondicionados no daban tregua. Las conversaciones empezaban y terminaban con un: “Qué calor hace”. Pues bien, ahora estamos en las mismas. Si aquello nos parecía lo peor, ahora sin apenas una tregua, estamos inmersos en la segunda ola de calor. El verano es así. Resignarse es una opción ya que la estación estival es imprevisible e intensa si estamos pendientes del termómetro. Es más, nos obliga a buscar la sombra como si ésta fuera un tesoro y a llevar agua con nosotros a todas partes. Ahora nos quejamos, pero cuando llegue septiembre seguro que nos repetimos: “Qué rápido ha pasado”.

El tiempo pasa y aunque ahora los treinta y muchos grados nos parezcan una barbaridad, en el fondo son los recuerdos que nos deja esta estación porque unidos a ellos están los helados, las sobremesas interminables, las fiestas de los pueblos, los refrescos en una terraza, los días de playa o de montaña y un sinfín de experiencias en las que el tiempo parecía detenerse. Ahora, el reloj pierde su protagonismo y su importancia porque dejando de lado la rutina aprendemos, aunque sólo sea durante unas semanas, a vivir un poco más despacio. 

A quienes no les importa el termómetro estos días es a los que tienen señalado en su calendario el día de hoy. Empezaron a cantar a comienzos de año: “Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo…” Y acaban hoy con “siete de julio: San Fermín”. Ayer se escuchó el cohete que anuncia lo que está por venir. Pamplona está celebrando sus días grandes. Las calles están abarrotadas, los pañuelos rojos son una marea y el blanco que los acompaña es la imagen de un legado que pasa de generación en generación. Siempre me ha llamado la atención la capacidad que tienen las tradiciones para sobrevivir al paso del tiempo. No hay que olvidar que vivimos en una sociedad que cambia a una velocidad vertiginosa porque todo se renueva o caduca en la inmediatez. 

Afortunadamente, los recuerdos siempre permanecen. Quizás, por eso, las tradiciones tienen algo mágico. No son únicamente una fecha marcada en el calendario o una fiesta que se repite año tras año. Son como una máquina del tiempo que nos traslada a todo aquello que nos hace sentir bien. Tal vez, ese sea el mejor motivo que hay para conservarlas. Es cierto que no podemos vivir anclados en el pasado pero volver a él para que nos recuerde la felicidad que se esconde en los pequeños acontecimientos merece mucho la pena. Las cosas sencillas son las esenciales. Son un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. El verano siempre nos regalará un instante al que volver. Él es el responsable de que levantemos la vista del móvil, dejemos de lado el ordenador, la agenda, los horarios, la rutina y nos digamos a nosotros mismos que también está permitido parar.

En definitiva, el verano nunca se mide por los grados que marca el termómetro, sino por los recuerdos que somos capaces de construir. Al final, cuando septiembre vuelva a llamar a la puerta, no pensaremos en las olas de calor que hemos soportado, sino en las personas con las que las hemos compartido. Porque, al final, el verano siempre acaba donde empezó: en esos pequeños momentos que, sin hacer ruido, terminan convirtiéndose en los mejores recuerdos de nuestra vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/07/06/mas-alla-del-calor/

VOLVER Y SEGUIR

Dar la bienvenida a septiembre es lo que nos toca. El mes de agosto llega a su fin y con él se van muchas vivencias, muchas instantáneas que ya forman parte de nuestros recuerdos, para afrontar, de la mejor manera posible, la vuelta a la rutina. Afortunadamente, el verano no ha terminado y todavía hay días para hacer más de una escapada para que la mítica “depresión posvacacional” sea más llevadera. La cuestión es aferrarnos a todo lo que nos queda por vivir. Los recuerdos más recientes nos sacarán más una sonrisa a pesar de la nostalgia que ellos llevan implícitos. Eso sí, lo vivido ya no nos lo va quitar nadie

Sea el mes que sea, de lo que se trata es de vivir el presente. Un presente al que hay que adaptarse según las circunstancias, pero no hay que dejar de aprovechar todas las oportunidades que éste nos brinde. Septiembre es el mes de los comienzos. En julio y agosto hemos podido desconectar de todo, lo cual, es un gran alivio para nuestra mente. Las vacaciones están para eso y cumplir su misión está en nuestras manos. Ya no hay vuelta atrás porque lo hecho, hecho está. Obviamente, podemos viajar a lo largo del todo el año y desconectar en cualquier momento de ocio. No podemos darle a la rutina el poder de llenarlo todo, porque en el día a día también tenemos que tener momentos para nosotros mismos. Ahí radica nuestro momento. Ese momento en el que podemos mitigar el estrés y la monotonía. Los días pueden parecer iguales pero no lo son. Vendrán marcados por unos horarios, pero veinticuatro horas dan para mucho. Hay que apoyarse en todo aquello que nos gusta. Todavía tengo libros pendientes por leer, películas y series que deseo ver y aunque haya exprimido el verano al máximo no me ha dado tiempo a todo. Eso sí, disfrutar lo he disfrutado como me ha pedido el cuerpo. En el fondo lo que te llevas, además de un tono bronceado, es la sonrisa que te sale al recordar determinados momentos. 

Unos momentos que ya forman parte del pasado. Un pasado al que vendrá bien recurrir en la dureza del invierno. Es cierto que el tiempo pasa, más o menos, deprisa y ya queda menos para el verano que viene. Hasta entonces solo nos queda mirar hacia delante y pensar en todo lo que nos queda por vivir. De entrada la vuelta al cole y con ella la llegada a los supermercados de los turrones. La Navidad está a la vuelta de la esquina y seguro que más de uno ha vuelto de sus vacaciones con un décimo de lotería. Lo de ser previsor, según en qué cosas, se nos da bastante bien. Vayamos día a día, pero es cierto que con septiembre también comienza el último trimestre del año. Dicen que será duro en muchos aspectos, pero habrá que tirar para adelante como sea. De todas maneras, siempre podemos pensar en rematar este año y hacer borrón y cuenta nueva en el que viene. Septiembre es el mes de los comienzos, pero nunca podrá desbancar a enero cuando el calendario da vértigo por todo lo que nos queda por delante. 

Ahora, aunque cueste volver, hay que hacerlo. La vida son etapas, son momentos y de cada uno hay que quedarse con lo mejor. Como dijo el poeta estadounidense, Rober Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.” 

Sigamos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36962/volver-y-seguir

CREAR MOMENTOS

Continuamos pasando calor, el termómetro sigue sin darnos tregua y el mes de julio está siendo muy difícil de llevar. Desde luego, la climatología nos está poniendo a prueba porque desde que llegara la pandemia, se han ido sucediendo diferentes fenómenos. No hay que olvidar que Filomena nos dejó las calles teñidas de blanco y, quizás, su recuerdo sea, en estos momentos, de lo más refrescante. 

Esos recuerdos de la nieve pueden ayudar a nuestra mente a sobrellevar lo que estamos viviendo, pero lo cierto es que todavía nos queda mucho verano y según dicen los expertos nos queda más de una ola de calor por delante. Eso sí, no podemos permitir que estas temperaturas nos impidan disfrutar de todo lo que hemos anhelado durante el pasado invierno. Los deseos del pasado para estas fechas pueden convertirse en realidad porque aunque el coronavirus sigue con nosotros, cada vez éste está más en un segundo plano. Vivir y disfrutar es lo que más nos apetece y para conseguirlo hay que hacer frente a lo que nos venga, como también afrontamos, en su momento, lo más duro de la pandemia. Parece que hemos olvidado por todo lo que hemos pasado, pero este verano, sin restricciones, era nuestro mejor sueño hace un par de años.

Presumir de los destinos vacacionales es una opción para mostrar al mundo destinos increíbles con sonrisas inigualables. Espero que todas esas sonrisas no duren solo los segundos en los que se toma la instantánea, porque la dictadura de las redes sociales es la que impera en nuestro día a día. La felicidad no está en una foto. Está en los sentimientos que vivimos en cada momento. Esa sensación, de que ese momento es único e irrepetible, es lo que hace que nuestra mente guarde en un apartado especial el recuerdo con todo lujo de detalles. Pasarán los años y sabremos hasta la hora y el día en que visualmente grabamos aquel instante. El pasado puede ayudar a afrontar el presente siempre que nos aferremos a lo mejor de él. No se puede vivir anclado en lo que vivimos, pero no hay que olvidar que también forma parte de la persona que somos en la actualidad. 

Podemos pensar que vendrán tiempos mejores. El presente es muy efímero y el futuro está por llegar, pero siempre hay que verlo con la esperanza de que todo puede cambiar. No hay que olvidar  la actitud que nosotros tenemos ante el tiempo porque en ella reside, en gran parte, la manera en la que aceptamos lo desconocido. Lo de ser resiliente ya lo doy por superado aunque también ante el calor hay que serlo. Si es necesario quejarse para sentirse mejor se hace, pero que la queja no abandere todo el día.

Y hablando de días, ya queda uno menos para que pase este episodio. Vendrán otros pero lo importante es lo que nos llevamos. Por ejemplo, largos baños en el mar, en la piscina, unos refrescos con amigos… Cada uno sabe como disfrutar los momentos porque cada uno es el autor de su propia memoria. Eso sí, no nos olvidemos que con calor o con frío: Ser feliz es lo que cuenta.  

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/35557/crear-momentos

A mi madre

Es valiente. Es luchadora. Es cariñosa. Es amable. Es fuerte. Podría seguir usando adjetivos porque se merece muchos calificativos, pero lo puedo resumir diciendo que es única. De niña quería ser como ella y ahora, muchos años después intento seguir todos sus consejos y enseñanzas. No hay ninguna duda de que estoy hablando de mi madre. Hoy, como cada primer domingo de mayo, es el día de la madre y la protagonista eres tú.

No te he regalado flores porque tu misma eres una de ellas. Eres, sin duda, la rosa de mi vida. Una rosa tan especial como la de la película La Bella y La Bestia. Una rosa que se mantiene firme ante la adversidad, pero que no pierde su esencia aunque las situaciones sean complicadas. Eres una rosa sin espinas porque como decía el escritor estadounidense Fitzgerald “puedes acariciar a la gente con tus palabras”, y esto no lo puede decir cualquiera. Eres una rosa que hay que cuidar porque eres sensible y puro sentimiento, pero los que te queremos sabemos como protegerte para que tu día a día sea como te mereces.

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Madre e hija

Dicen que la unión de una madre con su hijo es la más fuerte. Esto no es una hipótesis es una realidad. Juntas hemos vivido muchas experiencias. Las buenas son fáciles de recordar. Hemos ido a conciertos, al cine, de vacaciones, incluso al fútbol, pero también para ser justos con la vida hemos pasado momentos muy duros. Aún así hemos sabido aprender de ellos porque, mano a mano, le ganamos la batalla al cáncer y, mano a mano, también, aprendimos a valorar las pequeñas cosas de la vida. Desde el año en el que todo cambió, nuestra unión se fortaleció; porque de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y eso es lo que hemos hecho para seguir disfrutando intensamente cada minuto que estamos juntas, cada conversación que tenemos, en definitiva, cada momento madre e hija.

Decía George Herbert, poeta británico, que “una buena madre vale por cien maestros” y yo tengo a la mejor. Porque además eres hija de otra gran mujer que nos ha enseñado no solo a ser fuertes sino a no perder la sonrisa. Ya sé, mamá, porque eres como eres. Llevas en los genes la fortaleza y la grandeza de mi abuela y, eso, no hay ninguna ciencia que lo pueda rebatir. Ha sido la vida, a lo largo de los años, la que ha demostrado con hechos cómo sois y cómo nos habéis enseñado a crecer. Gracias a las dos porque madre no hay más que una, pero sentimientos hay demasiados.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

Julio Montalvo: Amistad y música

“Sin música la vida sería un error”. Tenía toda la razón Nietzsche cuando pronunció estas palabras. No importa tu estado de ánimo porque la variedad de estilos musicales siempre se adaptan a ti. Las melodías, las canciones y sus letras marcan cada etapa de la vida, o mejor dicho cada momento del día. No tengo un estilo que me guste más que otro, lo que colecciono, gracias a la música, son recuerdos inolvidables.

Hablando de recuerdos, pienso en como empezó mi amistad con Julio Montalvo. La sonrisa que este cubano luce siempre en su rostro te invita a llenarte de vitalidad, y no es para menos, porque si a ésta le sumamos lo que consigue transmitir con su trombón, sin duda, los sentimientos se ponen a flor de piel. El jazz es el protagonista de la vida de este viejo rockero que admira a Police, Sting o The Beatles, entre otros. Su fiel compañero es el trombón pero en su corazón está su primer instrumento: el violín. De padre violinista aprendió a enamorarse de la música y nunca se cansará de escuchar piezas como el Concierto en Re Mayor de Piortr Tchaikovsky. Han pasado muchos años desde que comenzó, por eso, de su trayectoria profesional mucho se puede hablar. Ha tocado con Perico Sambeat, David Pastor, Mike Mossman, Glaston Galliza y hasta David Bisbal confió en su profesionalidad. Me permito hacer alusión a la carrera de Montalvo porque su humildad es otra característica que lo define.

Con mi amigo Julio Montalvo. Puro jazz.

Con mi amigo Julio Montalvo. Puro jazz.

Y si de definiciones hablamos, él mismo se considera un “músico, poeta y loco”, eso sí con un gran corazón. No lo digo yo, lo dice todo aquel que lo conoce. “El hijo de Elsa” como Montalvo se auto presenta es un maestro de las notas musicales. Sabe transmitir, sabe emocionar y sabe hacer disfrutar, porque él es el primero que es un apasionado de su profesión. Por eso, para no echar de menos a este amigo me quedo con los cd’s y el DVD que con tanto cariño recibo. Julio, que tan bien me conoce, sabe que en más de una ocasión la música es la mejor medicina para determinados momentos. Así que aunque la distancia o el tiempo no me permitan estar cerca de este trombonista, su música nunca deja de acompañarme. Además, a los buenos amigos siempre se los echa de menos.

Julio Montalvo, cubano de nacimiento, comparte el cariño a su tierra con sus sentimientos españoles. Es un maestro del jazz, es el “jefe” de su trombón pero es un servidor de su público. Y como público, y parafraseando a Ingrid Bergman en Casablanca, te digo: “Tócala otra vez, Julio”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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