Mirando al mar…

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Llegan a la mente cuando menos te los esperas. Un olor, un sabor, un objeto… pueden despertar en mi interior un torrente de recuerdos. Unos recuerdos cargados en muchos casos de añoranza y melancolía pero en muchos otros de sonrisas y felicidad. Pero es, sin duda, mirando al mar y su inmensidad cuando todas esas emociones van acompañadas por sueños e ilusiones que van y vienen en mi al ritmo de las olas que ven mis ojos.

Unos ojos que si los cierro y me dejo llevar por el mar provocan una oscuridad en la que la fuerza de los pensamientos adquiere especial relevancia. Mi mente se llena de preguntas a las que en muchas ocasiones no tengo respuesta. De esas incógnitas surgen miedos que me pueden hacer dudar pero que no conseguirán amedrentar las ganas de cumplir todo aquello que, por muy grande o pequeño que sea, me llene de felicidad. Ya decía Quevedo que “el ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

No sé si es cuestión del destino o no pero soy de las que cree que todo ocurre por alguna razón. Bajo la luz del sol y mirando al mar me adentro en mi mundo. Ese en el que yo escribo el guión de mis pensamientos y a los que muchas veces no sé que desenlace dar. Ese mundo en el que la imaginación es mi aliada construir el esbozo de los sueños que tengo por cumplir. Mirando al mar pienso y mucho. No sufro por los recuerdos que me trae. Prefiero quedarme con las cosas que me inspira. El mar es fuente de vida y como tal recarga mis baterías. Me llena de energía, me recuerda que Aún tengo la vida. Así que como dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw: “Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.” Manos a la obra.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

 

Con energía al 2014

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Si no se ha hecho balance del 2013 todavía se está a tiempo. Aún quedan algunas horas para valorar lo que el año que estamos a punto de despedir nos ha dejado. Es cierto, que habrá cosas buenas y algunas que no lo serán tanto, pero seguro que de todas y cada una de las experiencias que hemos vivido algo hemos aprendido. Así es la vida, una lucha constante. Los que ya son difíciles de cumplir son los propósitos que ese ya lejano uno de enero nos hicimos.

Hecho el balance y con la mente en el 2014 cenaremos esta noche. Las buenas intenciones están a punto de saturar nuestras cabezas. Seamos realistas: Está claro que no todas se podrán cumplir pero, al menos, habrá que intentarlo. Y es que sin lucha no hay victoria.

Hay muchas ilusiones y sueños con ganas de ser una realidad. Así se presenta un 2014 en el que confío. Ser optimista no es una opción tiene que ser un hábito de vida. Las malas noticias llegan solas, pero con una sonrisa como escudo es más fácil hacerlas frente.

Todo está preparado: el reloj, las uvas, el cava… Y el gracioso que mientras el resto de la familia se está atragantando con las uvas se dedica a poner caras con el único fin de forzar esa carcajada llena de…en fin…es lo que tiene la Nochevieja: En ella está todo permitido.

Serán treinta y seis segundos intensos. Estaremos llenos de nervios, pendientes del carillón, de escuchar los cuartos y engullir las tradicionales uvas… Y todo: Para estrenar juntos un calendario nuevo. Dijo Coelho: “Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos”. Y desfilarán…Pasarán las horas, los días, los meses y cuando nos queramos dar cuenta volveremos a estar despidiendo otro año.

Las esperanzas, los sueños y los buenos deseos cobran especial fuerza esta noche. Esperemos que no decaigan a lo largo de los meses…porque…¡cuidado!.. dice un proverbio árabe: “Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.”  ¡FELIZ AÑO!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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