APRENDER DEL PASADO

Aunque la cuesta de enero se esté haciendo larga, este mes está llegando a su fin. Muchos se alegrarán de ello, y no es de sorprender porque los comienzos no siempre son fáciles. Los cambios que se le piden al año nuevo no se pueden lograr de la noche a la mañana porque, como es bien sabido, hay que darle tiempo al tiempo. No hay que tener prisa pensando en el futuro o en los sueños pendientes por cumplir, todo llega si está destinado a nosotros. Eso sí, esos sueños requieren de esfuerzo, porque pocas cosas llegan como caídas del cielo. De hecho, la satisfacción de lograr aquello que se anhela produce una sensación inigualable. 

Aprender que el esfuerzo es fundamental para todo es básico para valorar todo lo que nos rodea. Por eso, la lista de propósitos no es estática y puede ir evolucionando a medida que nosotros vamos caminando por la vida. A ésta no se le puede exigir de más porque es ella la que reparte las cartas y nosotros quienes jugamos las partidas. Cada día nos enfrentamos a nuevos retos, a nuevas experiencias y, sin duda, nos “retamos” a nosotros mismos porque vamos cambiando aunque no seamos conscientes de ello. Es cierto, que si la vida en un segundo te puede cambiar, en este mismo tiempo tú también lo puedes hacer. Un mensaje, una foto, un recuerdo o cualquier acción que nos rodea nos puede enseñar algo sobre nosotros mismos o nos puede poner ante una situación que debemos afrontar como un reto. Por eso, la actitud ante todo es fundamental. Conocernos no es fácil, pero reconocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades debería ser obligatorio. 

Hace unos días, frente al mar, contemplando su plenitud me volví a encontrar con fantasmas del pasado. Sabía que iba suceder porque la mente es caprichosa, pero me he dado cuenta con el paso de los años que éste también te prepara para afrontar los recuerdos que están escritos en pretérito. Sé que soy fuerte porque la vida me mostró mi fortaleza. De hecho, de aquella dura lección, a día de hoy, tengo que reconocer que aprendí no sólo a conocerme, sino a ser fiel a mí misma. Es cierto que las comparaciones no son buenas, pero ante estos recuerdos sí lo son; porque aunque sea con los ojos vidriosos, las imágenes del pasado son una fuente de vida inigualable. El paso del tiempo me ha llevado a ver lo vivido como una evolución hasta el presente lleno de superación, de alegría, de buenos momentos y, sobre todo, de una lucha constante hacia esa felicidad que muchos anhelan y que no encontrarán por no buscar en las pequeñas cosas que nos rodean. 

Si ser feliz es lo que cuenta, sonreír a diario es vital. He dicho que he contemplado el mar recientemente y, por eso, viendo su calma, escuchando su susurrar y pensando en lo bonita que es la vida no puedo acabar estar palabras sin respirar profundamente y animar a quien haya leído hasta aquí que disfrute del presente, que enero ha podido ser mejor o peor, pero que quedan muchos capítulos de este año y todos merecen ser aprovechados. El tiempo no es oro, es vida; y ésta se nos escapa sin darnos cuenta porque nos despistamos con lo que no merece la pena. Tenemos que sonreír y fluir por ella.

Jimena Bañuelos

UN ALTO EN EL CAMINO

Siempre es bueno hacer un alto en el camino. A veces desconectar es bueno para reiniciar nuestra mente y comenzar de nuevo. No es una huida. Es buscar una vía de escape para reforzar los pensamientos positivos. Estos son primordiales para afrontar, sin duda, la realidad vinculada a la rutina. 

Un rutina que es buena, siempre y cuando no nos genere un estrés que nos impida disfrutar de la vida. Nadie nos puede decir de qué manera tenemos que hacerlo, pero está claro que el “a vivir que son dos días” es un dicho cuyo significado se potencia en los malos momentos. No es necesario estar mal para valorar lo que tenemos. Empezar por ahí es una buena manera de ser conscientes de que en las pequeñas cosas que nos rodean hay mucha felicidad envuelta. Quizás saber desenvolverla  es algo que vas aprendiendo con el tiempo y con la experiencia. Es cierto que la madurez nos hace crecer como personas. Todos tenemos en la vida un momento que nos marcó de tal manera que nada volvió a ser como antes. 

Ese antes y después tiene que enseñarnos a mejorar en todos los aspectos de la vida. Por eso, no se nos puede olvidar la lección aprendida, pero en algún momento, serán los recuerdos los que nos muestren aquello que nos hizo cambiar. Quizás eso que sucedió en el pasado, por mucho que lo queramos olvidar nos vuelve, de vez en cuando, para mostrarnos nuestra propia esencia. 

Una esencia que me encanta recordar contemplando el mar. El susurro de las olas, el silencio, el sol como testigo y la calma, son mi mejor terapia para formatear mi disco duro. Un disco duro que está cargado de grandes momentos, pero también de lecciones muy duras que no quiero repasar, pero que son imposibles de olvidar. Frente al mar no pretendo olvidar, pero sí reforzar esa fuerza de la vida que veo en las cicatrices que han quedado. Éstas dicen que se cosen con las agujas del tiempo, pero su rastro no siempre desaparece. Tampoco pretendo que lo hagan porque ahí está, también, la esencia de la persona que soy hoy. 

Una esencia que hay que ver en los momentos en los que estas solo y en el lugar indicado. Me gusta la montaña pero frente al mar se proyectan muchos sueños, muchos deseos, muchas ilusiones y sobre todo, muchas ganas de seguir afrontando el presente con la fortaleza que la vida me mostró sin que yo misma supiera que la tenía. Aprendí a conocerme y, por eso, sé cuando se necesita una pausa. Retomar la rutina es bueno, pero no hay que dejarse llevar por ella. La vida se nos escapa de las manos y no somos conscientes de ello. 

Está claro que ser feliz es lo que cuenta y que hay que sonreír a diario. Volveré más pronto que tarde a sentarme frente al mar para abrirle mi corazón. Mientras tanto, no tengo ninguna duda de que quiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida.

Jimena Bañuelos

TIEMPO AL TIEMPO

Va pasando el verano entre olas de calor y pequeños respiros térmicos, pero el calendario nos dice que septiembre está cada vez más cerca. Por eso, hay que exprimir los días que nos quedan hasta que éste sea el protagonista de nuestro calendario. A estas alturas de la estación estival, lo de disfrutar tiene que estar más que aprendido porque si no mal vamos. Atrás quedaron los veranos de las prohibiciones para dar paso a la normalidad que un día se esfumó. 

Es cierto que todos, en algún momento dado, nos hemos quejado de calor, porque veranos como éste nos los hemos conocido. Unos lo achacarán al cambio climático y otros, simplemente, nos adaptaremos a las circunstancias con unos buenos baños en la playa, en la piscina… tiraremos de granizados y de helados y así todo se lleva mejor. Ya vendrá el invierno para recordarnos estas temperaturas y estos calores. Todo llega, solo hay que darle tiempo al tiempo. 

Y el tiempo, precisamente, es el que ha hecho que Leiva no pudiera actuar en Castellón. El viento de poniente no solo puso a prueba la resistencia de las personas a unos grados de más, sino que, por seguridad, canceló la que iba a ser una noche mágica al lado del Mediterráneo. Hubo quien se quedó con muchas ganas de cantar todos sus temas, pero ya sabemos que en la vida hay que ir “partido a partido”. Una canción que une muchos sentimientos y a muchos aficionados al deporte rey.

Un deporte rey que ha dado la bienvenida a otra temporada más. La Liga ha comenzado mientras media España está ociosa y todavía no quiere saber si su equipo gana o pierde. Como hay que ir “partido a partido”, de reojo puedo estar pendiente de lo que hacen los de Simeone aunque, es cierto, que de momento esas rayas torcidas solo las puedo asimilar con el vaivén de las olas del mar. Ese mar que lo cura todo, que te hace soñar despierto, que te llena de ilusión, que te inspira a mirar hacia delante y sobre todo, que te despeja la mente dejando atrás los malos momentos. No siempre es fácil desconectar y dejar la mente en blanco, pero a mi el sonido de las olas, su movimiento y contemplar desde la orilla el agua sin fin me ayuda y mucho. Eso si, mis preferencias por Neptuno vienen de nacimiento, de quien me transmitió un sentimiento inexplicable hacia unos colores que siempre defenderé. No sé qué pensará desde el tercer anfiteatro cuando haya visto que las rayas nos han tocado torcidas este año… En fin, menos mal que en esta forma de vivir que muchos no pueden entender, ponemos en alza otros valores que están por encima del marketing, entre otras cosas.

De momento y teniendo muy presente el “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” de mi Atleti, también tengo que “apurar, apurar y apurar” lo que me queda al lado del Mediterráneo. En la vida hay tiempo para todo, pero es cierto que cada cosa a su tiempo… 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36482/tiempo-al-tiempo

OCIO

Las vacaciones tienen su protocolo. Hay a quien preparar las maletas le genera cierto estrés y eso que es el pistoletazo de salida para romper con el día a día. Es cierto que no olvidarse nada es complicado, pero ahí está el riesgo, sobre todo, de quienes apuran hasta el último momento. Ese pensamiento de “me he dejado algo” dura poco porque cuando ya se está en el destino, o asumes el olvido con la rabia contenida o te adaptas al despiste buscando el lado positivo que, sin duda, se resume en una palabra: vacaciones.

El ocio coge el testigo que la rutina deja, por excelencia, en agosto. Un mes que es anhelado por muchos. De ahí, que las sonrisas iluminen los rostros para ir borrando las ojeras que a lo largo del año han ido dejando huella en nuestras cara. Dicen que los ojos hablan por si solos y es cierto que al hablar de las vacaciones y de los planes pensados estos siempre se iluminan mucho más. No importa cuales sean estos planes porque la felicidad depende única y exclusivamente de nuestros gustos. Unos gustos que no tienen un canon preestablecido y afortunadamente nos dan la libertad para aprovechar al máximo los días de descanso.

Unos días de descanso que no siempre son tan de descanso porque las vacaciones también pueden ser agotadoras. Aprovechar al máximo conlleva exprimir el tiempo hasta límites insospechados. Hacer excursiones para conocer sitios nuevos es algo primordial, cuando tu destino es un lugar nuevo en tu agenda de viajes. Reconozco que soy de las que me gusta ver y adentrarme en todo lo que los sitios me ofrecen cueste lo que cueste. Por ejemplo, si hay que madrugar para ver un bonito amanecer se hace porque la vida son esos momentos únicos que no vuelven. Ese conjunto de experiencias que refuerzan más la fuerza de la mente. El verano está para recargar las pilas y, por supuesto, para desconectar. La pilas, poco a poco, se van llenando porque a estas alturas del año llegan, en muchos casos, bajo mínimos pero lo importante es dejarse llevar por el presente que ahora nada tiene que ver con el del resto del año. La rutina cambia y con ella nuestra forma de vivir.

Vivir es, precisamente, el verbo que tenemos que conjugar ahora y siempre, y, a ser posible, sin ponerle ningún “pero”. Ya sabemos que la perfección no existe y quizás mientras se busca se va perdiendo esa vida que solo se vive una vez. El tiempo dicen que es oro, pero la vida es única y está en nuestras manos sacarla todo el meollo. Y ese meollo ahora son las vacaciones. Agosto acaba de empezar y por delante nos presenta treinta y un días para llenarlos de vida, y recuerdos que nos impulsen hacia delante cuando el otoño se nos ponga cuesta arriba.

Y dicho esto, confieso que planes no me faltan y libros pendientes de leer tampoco. Por eso, y sin más dilación seguiré escuchando el sonido del mar, observando la grandeza de las montañas que me rodean y continuaré adentrándome en las historias que las novelas me ofrecen. Eso sí, no me olvido que en unos días se estrena la comedia musical de este verano. Tomen nota porque “Voy a pasármelo bien” es un buen título y buen lema para este mes. Toca disfrutar de agosto y el día doce ponerle como banda sonora a los Hombres G.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36011/ocio

Oceans: El poder de la relajación

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Jenny, las manos de la relajación

Todo estaba preparado. Las velas encendidas, la luz tenue y el hilo musical sonando de fondo. Estoy a un paso de cruzar el umbral y dejar atrás el estrés de la rutina para adentrarme en una experiencia única de relax. La cabina de masaje con toques orientales es el contexto idóneo para facilitar que la mente y el cuerpo se dejen llevar a la desconexión y la relajación que tanto necesitan. Por delante sesenta minutos en los que las buenas manos, los aceites aromáticos y los olores me trasladarán a ese paraíso que mi interior reclama “a gritos”.

Así fue como empezó todo en las Termas Marinas El Palasiet. El masaje oceánico es sinónimo de relajación. Buscar el equilibrio entre el cuerpo y la mente es fundamental y para ello hay que dejar de lado todo lo que viene cargado de tensión y, por consiguiente, estrés. En muchas ocasiones no es tarea fácil, por eso, recurrir a una experiencia Oceans puede ser la mejor ayuda. Sin duda, un aliado que marcará un antes y un después.

Un después que me llama a repetir porque desde la planta de los pies hasta la cabeza se han notado sus efectos. Caen sobre mi cuerpo las primeras gotas de aceite, por supuesto con esencias de mar, para comenzar a sentir que lo mejor está por llegar. Los primeros en notar sus efectos son los más olvidados por casi todos. En los pies se encuentra reflejado todo nuestro cuerpo y por ellos empieza la desconexión. De sus plantas nace la relajación en estado puro. Una relajación que inicia su ascenso por las piernas, la espalda, los brazos para llegar hasta la cabeza y ahí apretar el botón que deja la mente en blanco. Olvidar la rutina no es fácil pero a medida que pasan los minutos la imaginación comienza a obtener el protagonismo que merece. Todos tenemos nuestro paraíso en mente y, precisamente, esa es la imagen que con total nitidez se logra perfilar en ella tras la “experiencia oceánica”.

El mar es fuente de vida. Contemplar su oleaje y dejarse llevar por él es algo que a nadie deja indiferente. Un masaje Oceans no es un masaje cualquiera. Es, simplemente, la relajación en estado puro. El que prueba, repite. Ya dijo Bohn que “la experiencia es la madre de la ciencia” y no hay respuesta científica que pueda explicar los beneficios del Oceans. Así que es el momento de que cada uno pruebe y saque sus propias conclusiones. Las mías las tengo claras y su título es: Relajación en estado puro.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Mirando al mar…

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Llegan a la mente cuando menos te los esperas. Un olor, un sabor, un objeto… pueden despertar en mi interior un torrente de recuerdos. Unos recuerdos cargados en muchos casos de añoranza y melancolía pero en muchos otros de sonrisas y felicidad. Pero es, sin duda, mirando al mar y su inmensidad cuando todas esas emociones van acompañadas por sueños e ilusiones que van y vienen en mi al ritmo de las olas que ven mis ojos.

Unos ojos que si los cierro y me dejo llevar por el mar provocan una oscuridad en la que la fuerza de los pensamientos adquiere especial relevancia. Mi mente se llena de preguntas a las que en muchas ocasiones no tengo respuesta. De esas incógnitas surgen miedos que me pueden hacer dudar pero que no conseguirán amedrentar las ganas de cumplir todo aquello que, por muy grande o pequeño que sea, me llene de felicidad. Ya decía Quevedo que “el ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

No sé si es cuestión del destino o no pero soy de las que cree que todo ocurre por alguna razón. Bajo la luz del sol y mirando al mar me adentro en mi mundo. Ese en el que yo escribo el guión de mis pensamientos y a los que muchas veces no sé que desenlace dar. Ese mundo en el que la imaginación es mi aliada construir el esbozo de los sueños que tengo por cumplir. Mirando al mar pienso y mucho. No sufro por los recuerdos que me trae. Prefiero quedarme con las cosas que me inspira. El mar es fuente de vida y como tal recarga mis baterías. Me llena de energía, me recuerda que Aún tengo la vida. Así que como dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw: “Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.” Manos a la obra.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

 

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