AGOSTO: EL TIEMPO EN MOMENTOS

Si hay un mes que es sinónimo de vacaciones, sin duda, es el mes de agosto. Aunque los tiempos han cambiado, lo cierto es que sigue siendo por excelencia la época del año en la que la rutina de la mayoría cede ante el ocio. Ahora bien, no hay que olvidar que las vacaciones también tienen su propio protocolo. Para algunos, hacer las maletas puede ser una fuente de estrés, a pesar de que ese momento marca el inicio de una pausa más que necesaria. Lo cierto es que acordarse de todo es casi imposible, sobre todo si se deja para última hora. No todos somos previsores…Esa sensación de “algo se me ha olvidado” suele aparecer, pero, es cierto, que desaparece muy rápido: cuando ya estás en el destino que llevas anhelando durante muchos días. Si eso sucediera, solo queda asumirlo con una pizca de rabia y, por supuesto, aliviarla buscando el lado bueno de las cosas, es decir, repitiendo una y otra vez, la palabra mágica: vacaciones.

Como un relevo bien ensayado, agosto recoge el testigo del deber y lo transforma en tiempo para disfrutar. Es el mes más esperado, deseado, de hecho, son muchos los que llevan desde enero restando jornadas para ver que esos planes con los que soñaban ya son una realidad. Y en esa realidad, las sonrisas surgen solas y empiezan a borrar poco a poco esas ojeras que se han ido acumulando durante el año. Dicen que los ojos no mienten, y es verdad, porque cuando hablamos de vacaciones, brillan de una manera distinta, incluso, me atrevo a decir que especial. Da igual cuáles sean los planes, porque la felicidad se mide por lo que a cada uno le gusta. No hay normas, ni fórmulas. Solo la libertad de vivir los días libres a tu manera, sin horarios.

Eso sí, hay que reconocer que no siempre se descansa tanto porque las vacaciones también pueden convertirse en un auténtico maratón. Aprovechar al máximo conlleva exprimir el tiempo hasta límites insospechados. Hacer excursiones para conocer sitios nuevos es algo primordial cuando tu destino es un lugar nuevo en tu agenda de viajes. Reconozco que soy de las que me gusta ver y adentrarme en todo lo que los sitios me ofrecen cueste lo que cueste. Por ejemplo, si hay que madrugar para ver un bonito amanecer se hace porque la vida son esos momentos únicos que no vuelven. Ese conjunto de experiencias que refuerzan más la fuerza de la mente. El verano está para recargar las pilas y, por supuesto, para desconectar. La pilas, poco a poco, se van llenando porque a estas alturas del año llegan, en muchos casos, bajo mínimos pero lo importante es dejarse llevar por el presente que ahora nada tiene que ver con el del resto del año. La rutina cambia y con ella nuestra forma de vivir.

Vivir. Ese es el verbo que debemos conjugar todo el año, pero ahora con más motivo. Vivir sin ponerle “peros”, sin buscar la perfección que no existe. Porque mientras la buscamos, puede que se nos escape lo que realmente importa: el ahora. El tiempo es oro, sí, pero la vida es única. Y está en nuestras manos aprovecharla al máximo.

Agosto acaba de arrancar. Tenemos por delante muchos días para llenarlos de experiencias, de aventuras, de instantes y recuerdos que nos acompañen cuando vuelva el frío y la rutina. En mi caso, ya tengo planes y libros esperando. Así que, sin más, seguiré escuchando el sonido del mar, contemplando la majestuosidad de las montañas y dejándome llevar por las historias que me regalan las páginas de una buena novela. En definitiva, cuando el verano se apague y la rutina regrese, lo único que quedará será lo vivido. Y en ese balance silencioso de la época estival, ser feliz es lo que cuenta.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/08/04/agosto-el-tiempo-en-momentos/

DARSE UN CAPRICHO

Estamos listos y dispuestos para encarrilar el mes de septiembre. Un mes, sin duda, que está marcado con los comienzos, al igual que el mes de enero. El primero del año está lleno de propósitos y de sueños por cumplir. Han pasado nueve meses y seguramente nos queden muchas cosas por hacer de esa lista que inauguró este año. Todavía hay tiempo para ello, pero hay que reconocer que septiembre podría ser esa reválida que nos recuerde que hay que ponerse manos a la obra para cumplir con nuestras propias promesas. También, no hay que olvidar que se inicia el nuevo curso y éste también está cargado de oportunidades. Unas oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. 

La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.” Precisamente, el crecimiento individual nos va forjando nuestro carácter para afrontar los pros y los contras de la vida. Atrás hemos dejado unas vacaciones que nos han alimentado exterior e interiormente. Todos hemos hecho algún exceso este verano, pero los caprichos son los que nos llenan de alegría para marcar los recuerdos de una manera especial. Posiblemente, hayamos reflexionado en algún momento para marcar septiembre como el mes de los cambios. Si no se consiguen tampoco hay que frustrarse, enero vuelve a poner delante de nosotros una hoja en blanco para llenarla de los anhelos o los sueños que no perecen con el paso del tiempo. 

Si bien es verdad, volver a la rutina cuesta. Vuelven los horarios, los días cada vez tienen menos luz y el verano irá cediendo para dar paso al otoño. Los grados del termómetro también irán bajando. Habrá quien lo celebre y habrá quien empiece la cuenta atrás para el verano que viene. Nunca llueve a gusto de todos, pero la vida sigue su curso y nosotros con ella. No sabemos si esas oportunidades se darán o no, sólo el tiempo nos irá mostrando las cartas del destino. Por cierto, un destino que es, casualmente, también muy caprichoso.

Quizás, para afrontar la añoranza que nos deja el verano y las vacaciones haya que darse más de un capricho para ayudarse a uno mismo. Eso sí, siempre hay que sonreír al futuro porque aunque éste sea incierto se convertirá en recuerdos. Razón no le falta a Albert Einstein cuando afirmó: “Un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse demasiado con el futuro”. Por eso, aferrándonos a nuestro “hoy” y con los sueños en la mente hagamos caso al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: “No se trata sólo de prever el futuro, sino de hacerlo posible”. Hagámoslo.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/02/darse-un-capricho/

TIEMPO AL TIEMPO

Hemos superado el ecuador del mes de agosto, y aunque muchos vean a septiembre llamando a la puerta, todavía nos quedan días del mes que es por excelencia sinónimo de vacaciones. Sin duda, hay que aprovechar para coger fuerzas para afrontar el último cuatrimestre del año de la mejor manera posible. Es cierto que, para más de uno, septiembre comenzará con la típica depresión pos vacacional, pero la rutina se encargará de reconducir nuestra mente y nuestros horarios para romper ese paréntesis que todos hacemos durante el tiempo estival. Además, el noveno mes del año llega, como no, con la vuelta al cole. Una vuelta al colegio que vemos en las tiendas y en los centros comerciales casi desde que acabó el curso anterior. Menos mal, que cuando se trata de disfrutar no hay publicidad que nos pueda amargar. 

Sin amargarnos, vamos a centrarnos en el presente que es lo que realmente importa. Sabemos que lo que tenga que llegar, va a llegar; por eso focalicemos nuestro día a día en disfrutar. Un verbo que, para los que seguimos de vacaciones, es más fácil de conjugar pero seguro que todos hemos tenido la ocasión de desconectar desde que diera comienzo el verano. La vida son etapas, son momentos y de cada uno hay que quedarse con lo mejor. Esos recuerdos son vitales para que la fuerza de la mente nos ayude en los momentos de flaqueza. Vivir en el paréntesis vacacional eternamente es inviable porque también en él hay, aunque nos cueste reconocerlo, buenos y malos momentos. Se pueden dulcificar porque el contexto que nos rodea nos agrade pero la realidad siempre será la que es. Dijo el poeta estadounidense, Rober Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.” 

Precisamente, seguir adelante es lo que nos toca y mirar, si queremos, de reojo al calendario. Dicen que quien no se consuela es porque no quiere, pero hay quien anhela que llegue la Navidad. De momento, los décimos de lotería ya están a la venta y no seré yo quien juzgue a quienes ya piensan en los villancicos si con ello se ilusionan para superar ese “hasta luego” a la playa, a la montaña o a cualquier destino veraniego.

En definitiva, cada uno de nosotros tenemos una receta de la felicidad diferente y cada uno afrontamos los cambios como consideramos oportunos. Lo que está claro es que la vida pasa, la vivamos o no; por eso, si ser feliz es lo que cuenta, tengamos como objetivo inamovible ver en nuestro rostro y en el de nuestros seres queridos esa sonrisa que lo cambia todo y, además, puede con todo. La fuerza no siempre tiene que ser física, hay fuerza mental que puede mover montañas. La vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar y, por eso, el “hoy” vale más que cualquier “mañana” y hoy sigo viviendo de regalo para escribir otro capítulo de mi vida, ya que mientras ésta pasa, yo he decidido extraerla todo su meollo. ¿Y Tú? Ya llegará el otoño, el invierno, los villancicos… Todo pasa y todo hay que festejarlo y vivirlo. Así es la vida. 

Jimena Bañuelos

LA NOSTALGIA

Con un tiempo inestable y con más lluvia de lo habitual despedimos esta semana la estación estival. El verano ha llegado a su fin y aunque nos pese cerrar este capítulo, el tiempo pasa y la vida continúa. La nostalgia puede inundar el ambiente otoñal. Vamos perdiendo luz a medida que los días pasan y, para ser sincera, esto no lo llevo tan bien. Es cierto que adaptarse a los cambios forma parte de la naturaleza de la vida, pero dejar atrás mi estación favorita no es tan fácil. Confío en que todavía podamos disfrutar de algún “día de verano” en lo que queda de mes. 

Un mes que siempre está marcado por los recuerdos. Unos recuerdos que pasan también, por ejemplo por la infinidad de veces que he visto la final de la Vuelta Ciclista a España. Madrid y su Paisaje de la Luz se visten de gala para recibir a quienes han pedaleado por todo el país desde el 26 de agosto. El deporte nos ha acompañado durante todo el verano. Lo más sonado ha sido la conquista del mundial femenino con polémica incluida, aunque siempre se puede ver eclipsado por esa desconexión de la rutina que pretendemos alcanzar durante las vacaciones. 

Unas vacaciones, que en muchos casos, parecen muy lejanas porque el día a día se ha ido apoderando de ese relax para ir conectándonos de nuevo a la realidad que siempre llega con el mes de septiembre. Ahora, el próximo cambio será de estación y de armario. Habrá quienes tengan en el horizonte las fiestas navideñas porque ya hay colas en las administraciones de lotería. De momento, tenemos por delante el último trimestre del año y de nosotros depende que tengamos los recuerdos oportunos. La nostalgia y la melancolía son propias de estos tiempos pero superarlas está en nosotros mismos. Una pequeña escapada siempre viene bien. El “puente” más cercano será el próximo 12 de octubre y aprovecharlo para recargar energía no está demás. De momento y hasta entonces, ya he visitado La Granja un lugar que me trasladó a mi infancia. Esa niña que visitó ese palacio en una excursión escolar recordó momentos de aquella época. Todos los lugares a los que se vuelve despiertan en nosotros ese mecanismo de los recuerdos que, en este caso, me sacó más de una sonrisa. 

Una sonrisa que brota de los pequeños placeres de la vida y, por supuesto, de esos momentos que nos llenan de vida. Quizás de esta forma la nostalgia se lleve mejor. Queda mucho tiempo para que acabe este año y, hasta el momento en el que nos tomemos las uvas, tenemos que dejar escrita nuestra historia para que en el futuro que, en algún momento, será nuestro presente tengamos recuerdos a los que regresar para superar los días nublados que la vida nos presente.

Un presente que pasa siempre, y no me cansaré de decirlo, por sonreírle a la vida. Una sonrisa que ella nos devolverá aunque no sabemos cómo. Quizás en una abrazo, en un beso, en una excursión… Todo suma y todo vale con tal de ser felices. Hay que aferrarse a ella y a los momentos. Ser feliz es lo que cuenta. 

Jimena Bañuelos

DESPUÉS DE SEMANA SANTA

Con la Pascua hemos puesto punto y final a la Semana Santa. Unos días en los que el recogimiento es primordial para quienes deciden vivir estos días como marca la tradición cristiana. Es cierto que la Semana Santa es el primer puente festivo que se puede disfrutar desde que comenzara el año, de ahí, que la palabra ‘vacaciones’ haya estado muy presente en estos días pasados. Eso sí, una cosa no está reñida con la otra porque el hecho de ir a conocer las procesiones de otras ciudades ya implica dejar atrás la rutina para adentrarse en las tradiciones que rigen en cada localidad de nuestro país. 

Un país que puede presumir de su riqueza cultural porque el turismo ha hecho acto de presencia en estos días. Es cierto que Andalucía siempre está en el punto de mira en estas fechas, pero hay muchos más rincones que han recibido a sus visitantes a golpe de tambor. Por suerte, yo he podido disfrutar del Mediterráneo al que echaba mucho de menos, pero a su vez he disfrutado de la solemne procesión de Viernes Santo. En la nostalgia está mi tierra. No es justo comparar las procesiones entre sí, pero añorar aquella que ha crecido contigo sí lo es. En mi mente están mis recuerdos. Junto con mi madre añoramos aquellos ‘Viernes Santo’ heladores en los que ir a ver la procesión era algo que requería mucha fuerza de voluntad. Por no mencionar, las múltiples ocasiones en los que ésta era cancelada con la pena de quienes llevaban todo un año esperando poder procesionar. 

Afortunadamente, este mes de abril ha dado una tregua, climáticamente hablando, y en toda nuestra geografía se ha podido vivir una Semana Santa tal y como marcan las tradiciones. Es un lujo poder disfrutar de todo lo que estos días de pasión nos brindan. Por un lado, esos momentos de reflexión, y por otro, esos en los que recargarnos las pilas para volver a la rutina y verla con otros ojos. En el horizonte está el verano y el mes de mayo está llamando a nuestra puerta. El tiempo pasa muy deprisa aunque no seamos conscientes de ello. Abril está en su ecuador y lo que parecía muy lejano en el mes de enero ya forma parte del pasado. La vida vuela y nosotros con ella, por eso, no hay que despistarse porque el presente nos brinda oportunidades que a veces ni siquiera vemos. Por eso, es bueno que en la vorágine de la rutina hagamos un pausa y pensemos, con calma, lo afortunados que somos por tener todo aquello que tenemos y, sobre todo, ser conscientes, que ser felices es el motor que nos lleva a buscar y pelear por aquello que anhelamos. 

Estar feliz es algo cuestionable porque se trata de ser feliz. No es lo mismo ‘ser’ que ‘estar’ y ahí radica el cambio que nosotros mismos tenemos que provocar. Quizás sea bueno reflexionar y no es necesario que sea Semana Santa para ello. Nuestro tiempo vale mucho más que el oro y, por eso, aprender a gestionarlo es vital. Atrás han quedado estos días santos. La Pascua es sinónimo de alegría. Una alegría que tiene que perdurar porque sin ella somos nosotros mismos los que convertimos la ilusión en penumbra. Esto no puede tener buenas consecuencias porque sólo se vive una vez y está claro, a estas alturas del artículo, que ser feliz es lo que cuenta.  

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/43749/despues-de-semana-santa

VIAJAR EN EL TIEMPO Y EN LA VIDA

Siempre es bueno salir de la rutina y despejar la mente de todo aquello que nos ronda por ella. Hay sueños, preocupaciones, planes o recuerdos, por ejemplo, que nos atormentan sin poder evitarlo. Hay fechas que nos erizan la piel solo con verlas en el calendario. Éstas llevan cargadas una mezcla explosiva de sentimientos encontrados que no tienen un manual de instrucciones para poder gestionarlos. Todo depende de las circunstancias personales por las que estamos atravesando, pero lo bueno es que el tiempo pasa y esas fechas también. Ahí radica la fuerza de superar los peores recuerdos que estos días me traen por las ilusiones del porvenir. También, es justo decir que el pasado cuando vuelve tiene la capacidad, además, de fortalecer. 

La vida me cambió de la noche a la mañana y, por eso, quiero mirar al futuro con la ilusión de lo bueno que está por venir. No soy de piedra y hay imágenes imborrables que perturban el sueño, pero siempre hay un despertar que te recuerda que hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor, sin duda, es el presente. Un presente al que hay que exprimirle cada minuto y hacer lo que más nos gusta. El ocio no puede faltar en nuestro día a día. Leer, ver una película, quedar con amigos, ir al cine o a ver un musical son siempre buenos planes pero viajar, tengo que reconocer que también me apasiona. 

La mente, como he dicho, viaja sin sacar ningún billete pero la posibilidad de descubrir el mundo es apasionante. Hace unos días, Madrid se convirtió con Fitur en el centro del turismo. Por Ifema pasaron muchos visitantes deseosos de encontrar el destino apropiado para una escapada o para unas vacaciones. Ver las imágenes de esta feria con tanto público alegran a cualquiera, porque atrás quedó todo lo que el coronavirus nos arrebató. La normalidad, aunque haya costado, está volviendo, por eso, el anhelo de conocer otros lugares también ha aumentado. 

La pandemia nos enseñó, entre otras cosas, a apreciar lo que tenemos; algunos esa lección ya la teníamos más que aprendida. En mi caso fue la vida la que me enseñó a priorizar y saber valorar las pequeñas cosas. Fue una lección de esas que no se olvidan nunca. Fue dura, de hecho reconozco que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Por eso, en los días más duros en los que mi vida cambió pude viajar y soñar con todos esos destinos a los que me gustaría ir. Quiero imaginar las fotografías que haría, por ejemplo, en Praga, en Viena, en Perú, en Playa del Carmen, en Córdoba, en tanto lugares recónditos que me saquen esa sonrisa cargada de felicidad y, por supuesto, cargada de vida. 

Dicen que la vida es un viaje y ésta tiene muchos viajes en su interior. Por eso, siempre estaré dispuesta a hacer las maletas para sumar vivencias a esta vida que me dio un segundo billete para seguir disfrutando de ella.  

Jimena Bañuelos

VOLVER Y SEGUIR

Dar la bienvenida a septiembre es lo que nos toca. El mes de agosto llega a su fin y con él se van muchas vivencias, muchas instantáneas que ya forman parte de nuestros recuerdos, para afrontar, de la mejor manera posible, la vuelta a la rutina. Afortunadamente, el verano no ha terminado y todavía hay días para hacer más de una escapada para que la mítica “depresión posvacacional” sea más llevadera. La cuestión es aferrarnos a todo lo que nos queda por vivir. Los recuerdos más recientes nos sacarán más una sonrisa a pesar de la nostalgia que ellos llevan implícitos. Eso sí, lo vivido ya no nos lo va quitar nadie

Sea el mes que sea, de lo que se trata es de vivir el presente. Un presente al que hay que adaptarse según las circunstancias, pero no hay que dejar de aprovechar todas las oportunidades que éste nos brinde. Septiembre es el mes de los comienzos. En julio y agosto hemos podido desconectar de todo, lo cual, es un gran alivio para nuestra mente. Las vacaciones están para eso y cumplir su misión está en nuestras manos. Ya no hay vuelta atrás porque lo hecho, hecho está. Obviamente, podemos viajar a lo largo del todo el año y desconectar en cualquier momento de ocio. No podemos darle a la rutina el poder de llenarlo todo, porque en el día a día también tenemos que tener momentos para nosotros mismos. Ahí radica nuestro momento. Ese momento en el que podemos mitigar el estrés y la monotonía. Los días pueden parecer iguales pero no lo son. Vendrán marcados por unos horarios, pero veinticuatro horas dan para mucho. Hay que apoyarse en todo aquello que nos gusta. Todavía tengo libros pendientes por leer, películas y series que deseo ver y aunque haya exprimido el verano al máximo no me ha dado tiempo a todo. Eso sí, disfrutar lo he disfrutado como me ha pedido el cuerpo. En el fondo lo que te llevas, además de un tono bronceado, es la sonrisa que te sale al recordar determinados momentos. 

Unos momentos que ya forman parte del pasado. Un pasado al que vendrá bien recurrir en la dureza del invierno. Es cierto que el tiempo pasa, más o menos, deprisa y ya queda menos para el verano que viene. Hasta entonces solo nos queda mirar hacia delante y pensar en todo lo que nos queda por vivir. De entrada la vuelta al cole y con ella la llegada a los supermercados de los turrones. La Navidad está a la vuelta de la esquina y seguro que más de uno ha vuelto de sus vacaciones con un décimo de lotería. Lo de ser previsor, según en qué cosas, se nos da bastante bien. Vayamos día a día, pero es cierto que con septiembre también comienza el último trimestre del año. Dicen que será duro en muchos aspectos, pero habrá que tirar para adelante como sea. De todas maneras, siempre podemos pensar en rematar este año y hacer borrón y cuenta nueva en el que viene. Septiembre es el mes de los comienzos, pero nunca podrá desbancar a enero cuando el calendario da vértigo por todo lo que nos queda por delante. 

Ahora, aunque cueste volver, hay que hacerlo. La vida son etapas, son momentos y de cada uno hay que quedarse con lo mejor. Como dijo el poeta estadounidense, Rober Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.” 

Sigamos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36962/volver-y-seguir

TIEMPO AL TIEMPO

Va pasando el verano entre olas de calor y pequeños respiros térmicos, pero el calendario nos dice que septiembre está cada vez más cerca. Por eso, hay que exprimir los días que nos quedan hasta que éste sea el protagonista de nuestro calendario. A estas alturas de la estación estival, lo de disfrutar tiene que estar más que aprendido porque si no mal vamos. Atrás quedaron los veranos de las prohibiciones para dar paso a la normalidad que un día se esfumó. 

Es cierto que todos, en algún momento dado, nos hemos quejado de calor, porque veranos como éste nos los hemos conocido. Unos lo achacarán al cambio climático y otros, simplemente, nos adaptaremos a las circunstancias con unos buenos baños en la playa, en la piscina… tiraremos de granizados y de helados y así todo se lleva mejor. Ya vendrá el invierno para recordarnos estas temperaturas y estos calores. Todo llega, solo hay que darle tiempo al tiempo. 

Y el tiempo, precisamente, es el que ha hecho que Leiva no pudiera actuar en Castellón. El viento de poniente no solo puso a prueba la resistencia de las personas a unos grados de más, sino que, por seguridad, canceló la que iba a ser una noche mágica al lado del Mediterráneo. Hubo quien se quedó con muchas ganas de cantar todos sus temas, pero ya sabemos que en la vida hay que ir “partido a partido”. Una canción que une muchos sentimientos y a muchos aficionados al deporte rey.

Un deporte rey que ha dado la bienvenida a otra temporada más. La Liga ha comenzado mientras media España está ociosa y todavía no quiere saber si su equipo gana o pierde. Como hay que ir “partido a partido”, de reojo puedo estar pendiente de lo que hacen los de Simeone aunque, es cierto, que de momento esas rayas torcidas solo las puedo asimilar con el vaivén de las olas del mar. Ese mar que lo cura todo, que te hace soñar despierto, que te llena de ilusión, que te inspira a mirar hacia delante y sobre todo, que te despeja la mente dejando atrás los malos momentos. No siempre es fácil desconectar y dejar la mente en blanco, pero a mi el sonido de las olas, su movimiento y contemplar desde la orilla el agua sin fin me ayuda y mucho. Eso si, mis preferencias por Neptuno vienen de nacimiento, de quien me transmitió un sentimiento inexplicable hacia unos colores que siempre defenderé. No sé qué pensará desde el tercer anfiteatro cuando haya visto que las rayas nos han tocado torcidas este año… En fin, menos mal que en esta forma de vivir que muchos no pueden entender, ponemos en alza otros valores que están por encima del marketing, entre otras cosas.

De momento y teniendo muy presente el “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” de mi Atleti, también tengo que “apurar, apurar y apurar” lo que me queda al lado del Mediterráneo. En la vida hay tiempo para todo, pero es cierto que cada cosa a su tiempo… 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36482/tiempo-al-tiempo

OCIO

Las vacaciones tienen su protocolo. Hay a quien preparar las maletas le genera cierto estrés y eso que es el pistoletazo de salida para romper con el día a día. Es cierto que no olvidarse nada es complicado, pero ahí está el riesgo, sobre todo, de quienes apuran hasta el último momento. Ese pensamiento de “me he dejado algo” dura poco porque cuando ya se está en el destino, o asumes el olvido con la rabia contenida o te adaptas al despiste buscando el lado positivo que, sin duda, se resume en una palabra: vacaciones.

El ocio coge el testigo que la rutina deja, por excelencia, en agosto. Un mes que es anhelado por muchos. De ahí, que las sonrisas iluminen los rostros para ir borrando las ojeras que a lo largo del año han ido dejando huella en nuestras cara. Dicen que los ojos hablan por si solos y es cierto que al hablar de las vacaciones y de los planes pensados estos siempre se iluminan mucho más. No importa cuales sean estos planes porque la felicidad depende única y exclusivamente de nuestros gustos. Unos gustos que no tienen un canon preestablecido y afortunadamente nos dan la libertad para aprovechar al máximo los días de descanso.

Unos días de descanso que no siempre son tan de descanso porque las vacaciones también pueden ser agotadoras. Aprovechar al máximo conlleva exprimir el tiempo hasta límites insospechados. Hacer excursiones para conocer sitios nuevos es algo primordial, cuando tu destino es un lugar nuevo en tu agenda de viajes. Reconozco que soy de las que me gusta ver y adentrarme en todo lo que los sitios me ofrecen cueste lo que cueste. Por ejemplo, si hay que madrugar para ver un bonito amanecer se hace porque la vida son esos momentos únicos que no vuelven. Ese conjunto de experiencias que refuerzan más la fuerza de la mente. El verano está para recargar las pilas y, por supuesto, para desconectar. La pilas, poco a poco, se van llenando porque a estas alturas del año llegan, en muchos casos, bajo mínimos pero lo importante es dejarse llevar por el presente que ahora nada tiene que ver con el del resto del año. La rutina cambia y con ella nuestra forma de vivir.

Vivir es, precisamente, el verbo que tenemos que conjugar ahora y siempre, y, a ser posible, sin ponerle ningún “pero”. Ya sabemos que la perfección no existe y quizás mientras se busca se va perdiendo esa vida que solo se vive una vez. El tiempo dicen que es oro, pero la vida es única y está en nuestras manos sacarla todo el meollo. Y ese meollo ahora son las vacaciones. Agosto acaba de empezar y por delante nos presenta treinta y un días para llenarlos de vida, y recuerdos que nos impulsen hacia delante cuando el otoño se nos ponga cuesta arriba.

Y dicho esto, confieso que planes no me faltan y libros pendientes de leer tampoco. Por eso, y sin más dilación seguiré escuchando el sonido del mar, observando la grandeza de las montañas que me rodean y continuaré adentrándome en las historias que las novelas me ofrecen. Eso sí, no me olvido que en unos días se estrena la comedia musical de este verano. Tomen nota porque “Voy a pasármelo bien” es un buen título y buen lema para este mes. Toca disfrutar de agosto y el día doce ponerle como banda sonora a los Hombres G.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/36011/ocio

VERANO EN ESTADO PURO

Para llegar a la recta final de este mes de julio hemos sudado de lo lindo. Se haya estado de vacaciones o no, las temperaturas no nos han dado tregua. Cualquier acción por muy pequeña que sea se ha convertido en toda una proeza porque si no se está al amparo del aire acondicionado o de un ventilador, el calor se ha adueñado de toda nuestra energía. Nos hemos ido dejando llevar por los días con la esperanza de que tras acabar la última ola de calor todo volvería a la normalidad, pero la realidad nos ha demostrado que este verano lo vamos a llevar grabado a fuego en la memoria.

Una memoria en la que no hay recuerdos de haber vivido una estación estival parecida a ésta. Muchos ya se han convertido en expertos en el cambio climático para dar su opinión sobre el tema sin tan siquiera habérsela pedido, pero la cuestión es hablar por hablar. Algo parecido está sucediendo con los incendios que están arrasando gran parte de nuestros bosques. Nuestros paisajes se han teñido de un negro con tintes grisáceos que dejan en evidencia la inacción del hombre para conservarlos. Menos mal que, un año más, los profesionales han demostrado su calidad para extinguirlos cuantos antes. Han arriesgado sus vidas por la naturaleza y, desgraciadamente, este año las llamas se han cobrado más de una. Sin duda, una triste pérdida que no tiene que caer en el olvido.

Si de olvidar hablamos es interesante pensar en uno mismo y ser consciente de qué recuerdos mantenemos en nuestra mente. Estos vienen a nosotros cuando menos nos lo esperamos o cuando hay una fecha muy señalada. Hace apenas unos días soplé las velas de mi cumpleaños y mi infancia pasó por mi cabeza. Coincidiendo con mi estancia en el Mediterráneo, visualicé a aquella niña que jugaba en la arena, que saltaba las olas y las miles de anécdotas que me recordaron a quienes, hoy en día, me cuidan desde el cielo o dado mi condición de colchonera, desde el tercer anfiteatro. Acabo de empezar una nueva vuelta al sol que terminará cargada de vivencias que me enriquecerán como persona. No tengo ninguna duda de que el mecanismo de mi mente desechará todo aquello que borre la sonrisa. Eso sí, las lecciones siempre quedan y su motivo tendrán. Reconozco que olvidar no siempre es fácil, pero si es muy necesario para seguir avanzando. No podemos lastrarnos a lo que nos impide disfrutar, ya sea en verano o en invierno, porque el tiempo pasa. Es cierto que ahora, dadas las circunstancias, echamos de menos el otoño o nos gustaría que el tiempo pasara más deprisa, pero agosto está llamando a nuestra puerta para escribir su mejor capítulo y no caer en el olvido.

Y para convertirse en esencial nos depara treinta y un días para abrirse paso en el mundo de los recuerdos. Con calor o sin él, todavía nos queda mucho verano por delante. No renegaré nunca de mi estación favorita, pero reconozco que este mes de julio se va por la puerta grande. Creo que es el momento de que os animéis a disfrutar de los placeres de esta estación y dar por concluido este artículo porque estoy sudando la gota gorda… y esto solo lo puedo combatir con una horchata fresquita o un buen helado y a la sombra. Eso, también, es resiliencia. Sed felices.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/35784/verano-en-estado-puro

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