¡FELIZ NAVIDAD!

El tiempo pasa muy deprisa y ya estamos en la recta final para la Navidad. Es cierto que el ambiente lo envuelve de ese espíritu que lo cambia todo. Es tiempo de reencuentros y, sobre todo, de buenos deseos. Unos deseos que se han podido acumular a lo largo del año, pero que cobran más fuerza en esta época. 

Precisamente, en la época más fría del año llegan la fiestas más cálidas, siempre y cuando seas de los que adoran todo lo que la Navidad lleva implícito. Extrañar a los que no están y ver los asientos vacíos conlleva una nostalgia que hace frente a la ilusión. Estos dos sentimientos encontrados provocan un terremoto de emociones en las que, quizás, haya que dejarse llevar por el corazón. Éste es la mejor guía para dar rienda, de verdad, a lo que sentimos. La sensibilidad puede estar a flor de piel, pero no podemos olvidar que hay que disfrutar estas fiestas con quienes de verdad nos quieren. La familia y los auténticos amigos valen oro y, por eso, no podemos perder la ocasión de gozar cada momento que estemos con ellos.

En la vida en un segundo todo puede cambiar y a escasos días de celebrar la Navidad tenemos que valorar todo lo positivo que este año nos ha dejado. Hacer balance es inevitable, pero como siempre digo, de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor es abrazar a los que más queremos. Seguro que todos hemos puesto ya el árbol y el Belén, hemos comprado los turrones, polvorones, mantecados y demás dulces para preparar los días más entrañables. La banda sonora ha ido cambiando porque los tradicionales villancicos han dado paso a versiones más modernas. No descarto que más de uno coja la zambomba y la pandereta y se venga muy arriba. 

Sin duda, arriba tiene que estar el ánimo porque la Navidad, como el resto de los días del año, es única y sólo por eso hay que vivirla para guardar en la memoria unos recuerdos muy amables. Las fotos, año a año, aunque pueden parecer iguales no lo son. Éste es, sin duda, uno de los mejores motivos para disfrutar y, por supuesto, para ser felices con los que nos quieren. Los que derrochan hipocresía es mejor que se queden con ella porque el año tiene trescientos sesenta y cinco días. Tengo claro que ser feliz es lo que cuenta y, por eso, aunque estemos en la época navideña hay falsedades que no tienen hueco en ella.

Sólo tienen hueco la ilusión, los deseos y los sueños por cumplir. Estos son el motor que nos mueve a superar las adversidades que el día a día nos presenta. Ya me gustaría una Navidad de trescientos sesenta y cinco días. Quizás nos iría mejor. En realidad es todo actitud y, sin duda, la autenticidad de las personas debería ser primordial y no envolver lo que no se es en un paquete especial por estas fechas. 

Unas fechas que todos tenemos marcadas en el calendario. La Navidad nos guste o no es mágica. Cada uno de nosotros sabemos cual es el verdadero truco para que ésta sea especial. Seguiré escribiendo mi carta a los Reyes Magos y nunca faltará el deseo de ver sonreír a los míos. Su sonrisa lo cambia todo, porque la felicidad empieza ahí. 

Y dicho esto solo me queda decir de todo corazón: ¡Feliz Navidad! 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52716/feliz-navidad

CIRCLASSICA: SUEÑOS E ILUSIONES

Gente, gente y más gente. Colas, colas y más colas. Así podríamos resumir el macro puente que hemos vivido en Madrid la semana pasada. La cuenta atrás para las fechas navideñas está más avanzada y las ganas de disfrutar del ambiente van en aumento.  

Los villancicos ya se escuchan en todas partes, las compras ya se están haciendo y los turrones y demás dulces esperan decorar los platos en los hogares para endulzar a las personas lo que queda de año y dar la bienvenida al que viene.

Del que viene siempre se espera que sea mejor que el anterior, pero hasta que nos tomemos las uvas toca rematar este presente y si es posible sacar ese niño que todos tenemos dentro para buscar la ilusión que los deseos navideños nos producen. Es cierto que en el interior algunos tienen al famoso Grinch y es respetable porque estas fechas producen sentimientos encontrados. Pasar página del pasado no siempre es fácil. Quizás sea más sencillo, en esos casos, pasar esa página al ocho de enero. Si el tiempo dependiera de nosotros mismos habría muchas más posibilidades, pero lo único que tenemos es el poder de saber de qué manera queremos afrontar este presente tan nostálgico a la vez que mágico. 

Y hablando de magia, ésta es especial en Circlassica. Era una niña la última vez que fui a un circo y aunque han cambiado algunas cosas la esencia sigue siendo la misma. Siempre se dice que el circo es una gran familia y es evidente que lo es, no solo por lo que se ve sino por lo que transmite. Con la boca abierta dejaron a grandes y pequeños Anastaiia Vashchenko, Fly Gonzalez, Super Silva, The Erosrider, Icarios, Skating Flash, Ives &Ambra y Johnny Rico. Soñar y creer en los sueños es el mejor guión que puede tener Circlassica. Lo imposible es posible con constancia, trabajo e ilusión. Sin duda, es fundamental creer en uno mismo y está claro que los límites nos los ponemos nosotros. El autoestima hay que cuidarlo y mimarlo porque lo que nos susurramos a nuestro propio oído tiene mas poder y fuerza que lo que nos puedan decir los otros. La mente puede ser nuestra gran aliada, pero también nuestra peor enemiga si la ponemos en nuestra contra. 

No se trata de dudar de nosotros, se trata de creer y sobre todo, de crecer como personas a través de las experiencias y los sentimientos. Unos sentimientos que nos enseñan nuestras fortalezas y debilidades, pero en el fondo son la esencia de lo que nos dicta el corazón. Y es, precisamente, el corazón en Circlassica el que decide acelerarse ante lo imposible. El ver para creer nunca tuvo más sentido, aunque también ese corazón es el que palpita como el de un niño y aplaude ante los logros conseguidos. Ese palpitar es el que calma el alma, el que te hace olvidar la realidad que hay fuera de la carpa, el que te aleja de los problemas para adentrarte durante dos horas en otro mundo. Un mundo de infancia y adultez que se entremezcla con la música, el espectáculo y, por supuesto, las sonrisas. Si las sonrisas son pura fuerza vital, quizás el público de Circlassica y sus sonrisas sean el mejor motor para que el show marque un antes y un después en la mente de todos. Las sonrisas dan vida y de allí sales con la ilusión por bandera. Momentos así son los que hace que la vida se llene de recuerdos a los que recurrir cuando ésta muestre su lado menos amable. 

A Circlassica hay que ir y dejarse llevar por la emoción y pensar que los límites los pones tú. ¿Nos arriesgamos por nuestros sueños?

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52485/circlassica-suenos-e-ilusiones

CICATRICES

Las calles están abarrotadas de gente y la cuenta atrás para la Navidad ha comenzado. Quedan veinte días para que la época de los deseos y las buenas intenciones lo inunde todo. No está demás sacar la inocencia del niño que todos llevamos dentro para afrontar la nostalgia que está por venir. 

Un porvenir que se tiñe de dulces, de luces, de fiestas y de una hipocresía que en muchos casos en más evidente que nunca. El día a día va forjando a las personas y va mostrando con sus acciones su calidad humana. No porque estemos en diciembre eso va a cambiar. El camino se hace andando y el espíritu de la Navidad no puede nublar el juicio de todo un año. La experiencia es la madre de la ciencia y seguro que en todo lo que va dando de sí el 2023, ésta nos ha mostrado alguna realidad que nos ha dejado boquiabiertos tanto para bien como para mal aunque, generalmente, son las negativas las que nos marcan más. Las cicatrices que determinadas personas o situaciones han dejado son imborrables. Se pueden “olvidar” los momentos, pero lo que deja huella siempre produce un cambio de actitud que no se puede disimular. Las personas podemos ser más o menos transparentes, pero al final los sentimientos siempre afloran de una manera o de otra. Y, quizás, cuando estos lo hacen es porque esa cicatriz ya dolió demasiado. 

Cada persona es como es porque con el paso de los años, además de soplar más velas, ha forjado una personalidad, que si es fiel a sus principios, se vuelve inquebrantable. Las decepciones duelen, pero la sensación de soltar lastre conlleva un alivio que produce un efecto positivo en quien lo experimenta. 

Estamos en la época en la que los propósitos rondan por nuestras cabezas y quizás recibamos  felicitaciones inesperadas de las fiestas, pero la esencia de todo está en nosotros mismos. Valorar el año que dejamos atrás puede ser el principio para afrontar el nuevo calendario con otro punto de vista. Hacer borrón y cuenta nueva no es fácil, pero tampoco es imposible. 

Imposible no hay nada y los sueños y los deseos que lo inundan todo, más en el mes de diciembre, están ahí por algún motivo que tengamos que descubrir cada uno de nosotros. Ser feliz es lo que cuenta y, por eso, no puedes dejar que todos los ingredientes de esa felicidad los ponga cualquier persona. Quizás se equivoque y trunque una sonrisa que nadie puede quitarte del rostro.

Un rostro que en Navidad se ilusiona por las sonrisas de las personas que queremos. Además, se palpa la nostalgia de los que no están. Las ausencias duelen, pero más debería doler no saber disfrutar este presente como quien nos enseñó a poner el Belén o el árbol, a cantar nuestros villancicos y a soñar siempre buscando la felicidad. 

Una felicidad, insisto, que depende de uno mismo y suscita muchas envidias. Por eso, es vital saber quien puede formar parte de ella y a quien hay que alejar. Poner distancia es bueno cuando ésta ahuyenta la amargura. “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas” dijo Pablo Neruda.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52219/las-personas-y-sus-cicatrices

CUMPLIENDO 17 AÑOS… GRACIAS A MI DONANTE DE MÉDULA 

Empezar de cero no siempre es sinónimo de hacer borrón y cuenta nueva. A veces empezar de cero es dar un cambio a tu vida de ciento ochenta grados o, mejor dicho, a veces es la vida la que te da ese cambio. No somos conscientes de que cada día empezamos de cero porque en un segundo todo puede cambiar, pero hay días y días. Y hoy es para mí el “día cero” por excelencia. Hoy cumplo diecisiete años viviendo de regalo y a aquel 14 de septiembre le he ido sumando muchos minutos, muchas horas, muchos días y, por supuesto muchos años. A punto estoy de la mayoría de edad, por delante me quedan demasiadas cosas por hacer, porque gracias a mi donante de médula puedo decir con una sonrisa de oreja a oreja que “aún tengo la vida”.

Un vida que me golpeó muy fuerte con apenas veintiún años. Viví meses muy duros, superando los ciclos de quimio y la radioterapia, sacando fuerzas de donde podía y además, aunque nunca perdí la esperanza reconozco que, cuando la incertidumbre de saber si ese donante de médula ideal iba a aparecer, el vértigo daba mucho respeto. El tiempo es muy relativo. Aquellas habitaciones de La Princesa eran el contexto de un día a día cuya rutina no era como la del día anterior. Afrontar aquel presente fue una prueba muy complicada pero aprendí demasiadas cosas de mí misma y de la vida. Quizás esas lecciones grabadas a fuego en la memoria estén ahí por algo. Es cierto que el pasado hay que dejarlo atrás pero no siempre es posible. Si éste ha dejado muchas cicatrices, éstas saben perfectamente cuando hacerse notables. Es como si llevasen marcado el calendario en ellas. Pero aún así y buscando siempre el lado positivo, aunque duelan son el resultado de estar viva. 

Lo mismo sucede con esos daños colaterales que te acompañan a diario y que impiden también ese olvido tan anhelado, pero de nuevo la fuerza de la vida es la que te impulsa a escribir el futuro con la firmeza que se merece. Es cierto que no siempre es fácil convivir con esas secuelas pero lo importante es creer en ti mismo. Nadie puede juzgarte por ellas. La leucemia tomó las riendas de mi vida durante un tiempo pero gracias a mi donante de médula y a todos los que pelearon conmigo dándome fuerzas y cariño conseguimos recuperar esas riendas. Ahora, la vida se ve de otra manera. 

Han pasado diecisiete años y hoy toca brindar por la generosidad de un alemán anónimo que me regaló vida. Aquel “día cero” fue el principio de una segunda oportunidad que me dio la vida. Una vida que juega sus cartas y estamos en ella para jugarlas. A veces nos golpea pero siempre nos enseña. Por eso, nadie puede impedir los recuerdos que llegan. El pasado forma parte de lo que somos. En él hemos aprendido y nos hemos forjado, negarlo no tiene sentido y olvidarlo tampoco. No puedo olvidar la etapa más dura de mi vida porque nunca podré olvidar la mejor noticia que me han dado nunca. Escuchar de mi hematóloga: “Tienes un donante de médula compatible. Jimena, esto se acaba” me sigue poniendo la carne de gallina. El día cero lo marqué el día que escuché esas palabras y hoy me toca celebrar el “cumplevida” como se merece. Día que pasa, día que no vuelve. Sin duda, la vida es lo que nos queda por vivir. Celebrémosla. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE

Hay días que están grabados a fuego en el corazón, en la memoria e incluso la mirada delata que algo nos está pasando por la cabeza. Reconozco que de esos días últimamente tengo muchos, porque el calendario me presenta, estos días, los recuerdos más duros. Eso no lo puedo negar, pero reconozco que también hay en mí esa fuerza de la vida que me impulsa a afrontarlos de la mejor manera posible. Distraer la mente siempre será prioritario y aunque cueste, siempre estarán las personas que te quieren para ayudarte en los días que cuesta sonreír. 

A la vida hay que sonreírla porque su valor es incalculable, eso no quiere decir que sea fácil. Por eso, para evadirme de esta realidad e intentar olvidar los últimos días de enero y los primeros de febrero me adentré en una historia que me gusta desde siempre y en la que no falta el chocolate. Estoy hablando de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”. Edu Soto da vida al particular Willy Wonka y, sinceramente, su interpretación es magistral. Es justo admitir que durante las dos horas y media que dura el espectáculo consiguió no sólo que sonriera sino que me riera dejando al margen la realidad que había dejado a las puertas del Espacio Ibercaja Delicias de Madrid. Un lugar que te traslada, sin duda, a la búsqueda del mítico billete dorado para poder entrar en la particular fábrica. La escenografía es inmejorable al igual que el talento de todo el elenco. Por supuesto, no pueden faltar los Oompa-Loompas y sus particularidades. Reconozco que mi debilidad es el chocolate y durante la obra te apetece en más de una ocasión. El público no tiene, lógicamente, el billete dorado, pero se lleva, sin duda, un recuerdo tan inolvidable como lo es conocer al señor Wonka. Además, está claro que los sueños se pueden cumplir, quizás nunca tengamos que renunciar a ellos porque el destino siempre jugará sus cartas.

Unas cartas que nosotros a veces manejamos, pero no tenemos la certeza de que todo seguirá  según nuestros planes. Soñar es fundamental como motor para afrontar las calamidades. A mí me ayudó en los días más duros de mi vida y, quizás, nunca pueda olvidar los recuerdos de estas fechas, pero sí pueda enmascararlos con experiencias como la de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”. Edu Soto será siempre el Wonka español que trasladó al público de todas las edades los mensajes que van más allá y están grabados en cada billete dorado. Queda poco para que el telón de esta obra no se vuelva a levantar en Madrid, mi recomendación está clara. 

Si Charlie encontró el billete en el último momento, hasta el último día se puede disfrutar de esta obra y, por supuesto, darse un buen capricho de chocolate. A nadie amarga un dulce, y en los días más duros es cuando más se necesitan esos caprichos y a la gente que te quiere. En eso tengo suerte porque son mi billete dorado. Un billete, por supuesto, que es único y de un valor incalculable.  

Jimena Bañuelos

VIAJAR EN EL TIEMPO Y EN LA VIDA

Siempre es bueno salir de la rutina y despejar la mente de todo aquello que nos ronda por ella. Hay sueños, preocupaciones, planes o recuerdos, por ejemplo, que nos atormentan sin poder evitarlo. Hay fechas que nos erizan la piel solo con verlas en el calendario. Éstas llevan cargadas una mezcla explosiva de sentimientos encontrados que no tienen un manual de instrucciones para poder gestionarlos. Todo depende de las circunstancias personales por las que estamos atravesando, pero lo bueno es que el tiempo pasa y esas fechas también. Ahí radica la fuerza de superar los peores recuerdos que estos días me traen por las ilusiones del porvenir. También, es justo decir que el pasado cuando vuelve tiene la capacidad, además, de fortalecer. 

La vida me cambió de la noche a la mañana y, por eso, quiero mirar al futuro con la ilusión de lo bueno que está por venir. No soy de piedra y hay imágenes imborrables que perturban el sueño, pero siempre hay un despertar que te recuerda que hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor, sin duda, es el presente. Un presente al que hay que exprimirle cada minuto y hacer lo que más nos gusta. El ocio no puede faltar en nuestro día a día. Leer, ver una película, quedar con amigos, ir al cine o a ver un musical son siempre buenos planes pero viajar, tengo que reconocer que también me apasiona. 

La mente, como he dicho, viaja sin sacar ningún billete pero la posibilidad de descubrir el mundo es apasionante. Hace unos días, Madrid se convirtió con Fitur en el centro del turismo. Por Ifema pasaron muchos visitantes deseosos de encontrar el destino apropiado para una escapada o para unas vacaciones. Ver las imágenes de esta feria con tanto público alegran a cualquiera, porque atrás quedó todo lo que el coronavirus nos arrebató. La normalidad, aunque haya costado, está volviendo, por eso, el anhelo de conocer otros lugares también ha aumentado. 

La pandemia nos enseñó, entre otras cosas, a apreciar lo que tenemos; algunos esa lección ya la teníamos más que aprendida. En mi caso fue la vida la que me enseñó a priorizar y saber valorar las pequeñas cosas. Fue una lección de esas que no se olvidan nunca. Fue dura, de hecho reconozco que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Por eso, en los días más duros en los que mi vida cambió pude viajar y soñar con todos esos destinos a los que me gustaría ir. Quiero imaginar las fotografías que haría, por ejemplo, en Praga, en Viena, en Perú, en Playa del Carmen, en Córdoba, en tanto lugares recónditos que me saquen esa sonrisa cargada de felicidad y, por supuesto, cargada de vida. 

Dicen que la vida es un viaje y ésta tiene muchos viajes en su interior. Por eso, siempre estaré dispuesta a hacer las maletas para sumar vivencias a esta vida que me dio un segundo billete para seguir disfrutando de ella.  

Jimena Bañuelos

EL MUSICAL DE LA VIDA

Diciembre es un mes en el que poco a poco todo lo va envolviendo un espíritu que, nos guste o no, lo va cambiado todo a medida que pasan los días. Las calles lucen, y nunca mejor dicho, sus mejores adornos. La oscuridad de las tardes de invierno brillan gracias a ellas y son, sin duda, el preludio de lo que vamos a festejar. La Navidad cada vez está más cerca y las ilusiones y los sueños tienen derecho a aflorar más que nunca en esta época del año. 

Soñar es ilusionarse porque, precisamente, los sueños son el motor inspirador que nos mueve día a día para alcanzar aquello que sabemos que nos va a dar la felicidad que tanto anhelamos. El camino puede no ser fácil, pero la recompensa siempre merecerá la pena. Después de ver “La gran noche de los musicales”, una obra más que recomendable, podríamos decir que nuestra propia vida es un musical y nosotros vamos adaptando esas canciones a nuestras circunstancias y experiencias. Todo puede cambiar en cualquier momento, por eso, es importante saber seguir el compás que el destino nos pone por delante. 

Ahora, los villancicos comienzan a sonar. Afortunadamente, los tradicionales de zambomba y pandereta han cedido su reinado a versiones que perfectamente nos pueden acompañar en nuestra rutina prenavideña. Una rutina que nos lleva a preparar paulatinamente los planes para los días festivos. Aquellos que se consideran “El Grinch” no van a tener más remedio que pasar estos días a duras penas, porque el calendario no entiende de gustos y el tiempo pasa igual para todos. Eso sí, la actitud ayuda a que éste sea más o menos llevadero. 

Y muy llevadero y ya que he hablado de él es el musical de los musicales. El Teatro Amaya de Madrid reúne en “La gran noche de los musicales” a un elenco de artista que nos cuentan a través de los clásicos los entresijos de este género teatral, sus pros y contras, con un matiz de humor. Su talento es arrollador y no está mal revivir en noventa minutos los temas principales de “El Mago de Oz”, “El fantasma de la Ópera”, “Los Miserables”, “West Side Story”… No desvelaré el resto, pero sí puedo asegurar que es un buen recordatorio de la historia de este género. 

Madrid está plagado de musicales, los hay para todos los gustos y edades. Además, disfrutar en vivo del trabajo de quienes están sobre las tablas es un gran lujo. Reconozco que todos los que forman parte de “La gran noche de los musicales” consiguen trasladar al público a todos los escenarios posibles sin moverse de la butaca con una sencilla puesta en escena. Hacer soñar no es fácil, pero no es imposible cuando la historia es ágil y entretenida. También, tiene un gran valor ver a la orquesta sobre el escenario porque ellos también son protagonistas de esta “particular” historia. 

Y volviendo al principio y a las historias de cada uno, hay que retomar los sueños que creemos imposibles. La vida es caprichosa y “el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos” como dijo Shakespeare. Eso sí, yo sé que vivo los sueños y sueño la vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39969/el-musical-de-la-vida

TABAQUERÍA: PESSOA, BAÑUELOS Y DE JUAN

“No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada. /Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.” Estos son los primeros versos de “Tabaquería.” Un poema de Pessoa que ya forma parte de la obra de Alberto Bañuelos. El arte en estado puro. La poesía plasmada por las manos de un escultor que lleva el talento en las venas. No importa si entre sus manos tiene piedras o papel, porque con ellas transforma lo simple en verdaderas obras de arte. 

Recuerdo perfectamente la primera vez que Alberto me dejó leer en su casa el poema. Éste me enamoró como lo hizo a Alberto en su momento y me comentó lo que ya tenía en mente y le gustaría hacer con él. La idea me pareció maravillosa y aquel proyecto o sueño ya es una realidad. No es casualidad que haya comenzado este artículo con los primeros versos porque todos soñamos más despiertos que dormidos. Estos son los responsables, en muchas ocasiones, de que vayamos tirando para adelante sin importarnos las dificultades. Ese motor que encienden los sueños es difícil de parar. Por eso, estaba convencida que ese folio en el que leí “Tabaquería” se iba a convertir en algo muy especial. No puedo negar que, una vez más, este artista ha conseguido que este poema se convierta en un libro muy especial. Un libro-objeto cargado de originalidad, de mucho trabajo y, sobre todo, de mucho sentimiento porque Bañuelos siempre pone su alma en todo lo que hace. 

Si hablo de alma, no me puedo olvidar “La liturgia de las piedras”. Sabe que tengo debilidad por ellas, pero reconozco que sus cuadros también me han enamorado. Pero volviendo a “Tabaquería”, la guinda a esta obra llegó en la presentación de ésta en el Club Monteverdi de Madrid junto a La Cama Sol. Hay muchas maneras de presentar un libro y, sin duda, la de “Tabaquería” tenía que ser especial. Es cierto que lo de hablar en público no es algo que le guste a Alberto Bañuelos porque lo suyo es estar en el estudio, pero permíteme que te diga, querido Alberto, que lo hiciste muy bien. Es más, hasta el propio Jorge de Juan, quien puede presumir de tablas, reconoció que el público siempre impone. Y tiene toda la razón. Eso sí, él mejor que nadie para deleitarnos a todos recitando “Tabaquería”. El adjetivo sublime creo que se queda corto, porque durante los diez minutos y pico que estuvo al micrófono la atmósfera cambió. Todos los que estábamos allí nos dejamos llevar por su brillante interpretación. Obviamente se llevó un más que merecido aplauso y, ahí, con tu obra al lado y su voz de fondo, todo el trabajo cobró sentido. Ese momento fue único e irrepetible y ya forma parte de los recuerdos que unirán por siempre tu obra, con Pessoa y con Jorge de Juan.

Dices, querido Alberto, que nosotros construimos nuestros futuros recuerdos y no seré yo quien te lleve la contraria. Eso sí, permíteme que te agradezca que el que me ayudaste a construir el pasado jueves fue impresionante. Crear recuerdos bonitos es fácil, pero cuando te arropa la gente que te quiere siempre la intensidad de estos aumenta mucho. Somos lo que vivimos y, por eso, siempre llevaré conmigo esas instantáneas en mi mente y vendrán a mí cuando vea el nombre de Pessoa o de Jorge de Juan, por ejemplo. Tu nombre, Alberto Bañuelos, me trae muchos recuerdos y a estos hay que añadir los que nos vinculan con el poeta portugués. Brindo por tu éxito, por cómo eres y por vivir más momentos así. Concluyo con estos versos de “Tabaquería”: “El mundo es para quien nace para conquistarlo / y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/38289/tabaqueria-pessoa-banuelos-y-de-juan

Jorge de Juan recitando Tabaquería 👇

EL COLOR DE LOS RECUERDOS

Aunque el verano lo hemos dejado atrás, no podría fallar este año de calor el famoso veranillo de San Miguel. Nos aferramos a él porque en unas semanas echaremos de menos el buen tiempo, la luz y aflorarán los recuerdos de todo lo vivido. Ser muy fan de la estación estival conlleva una nostalgia que se agranda al comenzar la caída de la hoja. El tiempo pasa y con él las estaciones del año. Es cierto que los supermercados van siempre por delante y adelantan el invierno, justificado con la Navidad, para mezclar las calabazas de Halloween y los tradicionales turrones. Todo vale con tal de vender. Es cierto que las tradiciones están para cumplirlas, pero a su debido tiempo. No hay ninguna necesidad de acelerar el calendario porque todo llega, incluido el consumismo. Eso sí, este año la inflación también se unirá a las fiestas si la situación no se enmienda.

Si de enmendarse hablamos, parece que el Atleti lo ha hecho o por lo menos en Sevilla hizo los deberes para satisfacer a su afición. Una afición que espera que los suyos cumplan también en la Champions. La fase de grupos ya sabemos que es traicionera y no hay que confiarse. El famoso “partido a partido” nos deja esta noche un encuentro ante el Brujas. Hasta allí han viajado los de Simeone para regresar con tres puntos muy necesarios. No me gustaría que la noche se torciera como las rayas de la camiseta de esta temporada. Sobre este tema mejor no hablar de momento. Hay que centrarse en lo verdaderamente importante y es de justicia felicitar al eterno capitán, Koke, por agrandar su leyenda con los rojiblancos.

Y los rojiblancos lo que necesitan es ser fieles a su “coraje y corazón” porque “la Orejona” es el sueño de muchos y éste se puede cumplir. Quedan muchos minutos por jugar y muchos por sufrir, pero la afición sabe estar ahí y se dejará la voz por apoyar a los suyos. Habrá quienes lo hagan desde los diferentes estadios, pero el colchonero no importa donde esté porque siempre está pendiente de los suyos. Confieso que soy de las que viajo siempre con mi camiseta del Atleti y estoy convencida de que no soy la única. Me imagino que esto forma parte de esa forma de entender la vida que muchos no comprenden y por eso la critican. No envidio los triunfos de los demás y no presto atención a sus provocaciones. Prefiero centrarme en mi familia futbolísticamente hablando y quedarme con los momentos irrepetibles que he vivido.

Volviendo a los recuerdos de los que hablaba al principio, está claro que somos lo que vivimos y que cada uno construye su personal “albúm de fotos”. Éste tendrá muchos apartados, algunos serán bonitos, otros de épocas duras que nos habrán forjado el carácter… Obviamente, la temática de estas carpetas será variada porque la vida lo es. No negaré, a estas alturas, que mi memoria futbolística está pintada con unas rayas rojiblancas bien marcadas y rectas. Además, esos colores me acercan a quien me trasmitió “ese sentimiento inexplicable” siendo una niña y ahora desde el tercer anfiteatro estará orgulloso de lo bien que presumo de su legado.

En definitiva, “poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces”. No siempre es malo mirar para atrás…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/38049/el-color-de-los-recuerdos

CASTILLOS EN LA ARENA

Julio está llegando a su ecuador y en él damos la bienvenida a la segunda ola de calor del verano. Es lo que nos toca. La estación estival suele tener estos episodios puntuales y los quejicas aprovechan para hacer su agosto contra las altas temperaturas y, por supuesto, el calor que hace en verano. Algo que de por sí va implícito en esta estación. Si eso sirve para soltar el estrés acumulado y la irritación que provoca el termómetro desbocado, habrá que aceptarlo aunque no hay porqué compartirlo. 

Buscando siempre el lado bueno de las cosas, hay que pensar en las vacaciones o en las alternativas, que hay muchas, para mitigar la situación que tan adversa es. Es cierto que cerca del mar o perdido en la montaña todo se lleva mejor, pero en las ciudades hay piscinas y pantanos próximos para darse un buen chapuzón. 

En la playa, por ejemplo, a mi me sucede que consigo evadirme aunque sea por unos momentos de la realidad que protagoniza mi día a día. Es un buen sitio para construir castillos en la arena que permiten hacer borrón y cuenta nueva. Estos los moldeamos a nuestro antojo. Pueden ser más grandes o más pequeños pero siempre serán el reflejo de nuestra imaginación. Una imaginación que, haga calor o no, siempre nos acompaña para construir sueños y para hacernos pensar que todo puede cambiar. Los castillos en la arena tienen una duración determinada y cuando caen podemos volver a levantar otro igual o más grande que el anterior. Incluso aferrarnos a la arena mojada que todos sabemos de su fortaleza. En la vida sucede algo parecido porque de nosotros depende que cuando caigamos nos levantemos con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también evolucionan a medida que vamos cumpliendo años. 

Un año más frente al mar, construyo nuevos castillos de arena mientras me permito mirar a lo lejos y contemplar la inmensidad de un Mediterráneo que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. La vida está para vivirla y para disfrutarla, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. 

Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca porque son el mejor motor para afrontar las contrariedades que el día a día nos presenta. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. Los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… (Cada uno que complete la frase como crea conveniente).

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/35329/castillos-en-la-arena

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