ENCENDER NUESTRA PROPIA LUZ

Estamos ya en el ecuador de noviembre y, después del siempre comentado “día del soltero”, parece que todo el universo gira alrededor del “Black Friday” y del “Cyber Monday”. Aún falta más de una semana, pero la carrera de los descuentos ya está lanzada. Es inevitable: la invitación a comprar aparece en cada esquina y la tentación de darnos un capricho, también. No seré yo quien reniegue de ello; un detalle a tiempo puede enderezar un día torcido. Las cosas como son. Y es que, aunque lo neguemos, estamos entrando en esa antesala silenciosa de la Navidad que, por mucho que intentemos frenar, acaba llegando siempre, exactamente igual que las estaciones, los recuerdos y los anhelos.

Sin embargo, en medio de todo este movimiento comercial, solemos olvidar lo esencial. Porque sí, es cierto que un regalo nos despierta una sonrisa, pero lo que realmente sostiene la vida es la salud. Esa salud que muchos solo escriben con mayúscula el 22 de diciembre, cuando la Lotería de Navidad reparte suerte, y quien no sale premiado se aferra al consuelo de “Bueno… al menos tenemos salud”. Pero la salud no es un consuelo. Es, en realidad, el auténtico gordo que nos toca cada mañana sin necesidad de bombos, décimos ni rituales. Con salud podemos soñar, caminar hacia lo que queremos, resolver lo que se complica y disfrutar de lo que llega. Ahí está lo más importante de nuestro día a día. Por eso, frente al espejo, la primera sonrisa del día debería ser para recordarnos que estamos aquí, presentes y que ese presente puede cambiar en un segundo, de ahí, la importancia de valorar lo que tenemos al margen de ese dinero que trae el azar.

El calendario avanza sin pedir permiso. Noviembre, que empezó entre flores, velas y recuerdos, está listo para cambiar de ritmo. El auténtico pistoletazo de salida a la Navidad será este sábado, cuando Madrid encienda sus luces. Y entonces ocurrirá ese pequeño milagro anual: la ciudad se transformará. Aún es pronto para decir que el espíritu de la Navidad lo inunda todo, pero sus emisarios ya están aquí. Desde el próximo fin de semana, cambiarán los colores, cambiará el aire, cambiarán los pasos de la gente porque ese encendido marca un antes y un después. Todo sonará a invierno recién estrenado aunque no sea su tiempo. Las calles intentan invitar a pasear más despacio y las ilusiones se despiertan casi sin querer. Porque la Navidad, incluso antes de llegar, tiene la capacidad de iluminar rincones que creíamos apagados. Nos guste o no.

Quizá se trate precisamente de eso: de aprender a dejarnos llevar cuando toca, sin perder de vista lo importante. Darse un capricho es válido, pero más válido es regalarnos bienestar. A veces basta una tarde tranquila, un café compartido, una conversación pendiente o un paseo sin prisa. La vida está hecha de instantes pequeños que se van acumulando sin ruido, de momentos que llegan cuando quieren y no cuando los apuramos. Intentar frenar el tiempo es inútil; llega cuando tiene que llegar, y pasa exactamente igual.

Por eso, aunque cambien las modas, los descuentos, los villancicos adelantados o las prisas que parecen acompañar cada final de año, hay algo que permanece inalterable: la necesidad de cuidarnos. De valorar lo que tenemos, de agradecer lo cotidiano y de mantener encendida esa luz interior que no depende de adornos, bombillas o escaparates. Porque cuando las luces de la ciudad se encienden, lo que realmente importa es asegurarnos de que también brillen las nuestras, las que nadie ve pero que cada uno de nosotros sabemos que son nuestro motor más importante. Ese motor que jamás debería apagarse.

Jimena Bañuelos

EMPATÍA

Febrero tiene los días contados y eso que este año bisiesto nos brinda un 29 de febrero que para muchos estará marcado en su calendario. Los aniversarios de este día llegan ‘oficialmente’ cada cuatro años, aunque los implicados en ellos tienen el privilegio de decidir cuando festejan esta fecha tan señalada. 

El calendario es una guía que nos marca el tiempo, pero lo que hacemos con éste depende de nosotros mismos. El segundo mes del año está llegando a su fin y eso implica dar la bienvenida a marzo y con él, aunque todavía nos quede mucho invierno, llega la primavera, la luz, los días son más largos y además, la primera escapada vacacional para muchos. La Semana Santa cerrará marzo a ritmo de tambores, de silencio y solemnidad para quienes la viven a flor de piel. En cambio, las playas y las montañas serán los destinos más ociosos. Al fin y al cabo se trata de vivir como nosotros queremos sin ninguna imposición, porque la vida se nos escapa más deprisa de lo que nos creemos. 

Es cierto que somos dueños de nuestras decisiones, de nuestro tiempo, pero también es cierto que somos los responsables de no aprender de los errores y de creernos que siempre lo malo les sucede a los demás. La empatía, tengo claro, que está en peligro de extinción, porque sale a la luz en momentos puntuales pero, por desgracia, a medida que el reloj avanza y los días corren, ésta pierde toda su fuerza. Una fuerza que debería ser permanente y constante porque no sabemos que nos va a deparar el destino. 

Un destino que juega sus cartas y lo hace de una manera muy caprichosa. Podemos tener planes pero hay que asumir que estos se pueden truncar en cualquier momento. Siempre es fácil buscar soluciones porque también se aprende a afrontar los problemas, pero ante todo, hay que tener presente que este destino cuando reparte sus cartas no debe olvidarse de la salud. Ésta es primordial para todo.

Un todo que hay que valorarlo día a día. Las personas fuertes no lo pueden ser siempre porque es cierto que éstas no son de piedra por mucho que algunos lo crean. Precisamente, esa fortaleza les hace saber que batallas librar y que batallas dejar pasar porque no les merece ningún esfuerzo. Estas personas tienen muy claras sus prioridades. Quizás haya sido la vida la que con un dura lección se las haya enseñado o quizás esa vida les haya ido madurando de tal manera que su mente tiene muy claro el camino a seguir.

Y dicho esto, con la hoja del calendario de febrero a punto de ser arrancada, no queda otra que soñar con un mes de marzo ilusionante. Esa ilusión con la que se comienza el año y que no se debería de perder a lo largo de los doce meses. Está claro que el futuro, aunque es incierto, cuando éste es certero puede distar mucho de lo que nuestra imaginación nos había mostrado. Por eso, lo que tenga que ser, será; pero no dejemos por el camino esa empatía con los demás. Hemos repetido hasta la saciedad la palabra ‘resiliencia’, pero la empatía es fundamental. Hay personas que carecen de humanidad, pero eso no lo tienen que pagar, precisamente, quienes más necesitan ser arropadas. Nadie sabe las batallas que cada uno lleva en su interior. Una sonrisa es un buen escudo, pero quiero acabar con estas palabras de Molière: “Las apariencias engañan la mayoría de las veces; no siempre hay que juzgar por lo que se ve.”

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/02/26/empatia/

A POR UN AÑO NUEVO

Llegaron los Reyes Magos, se han apagado las luces, la nostalgia navideña ha quedado atrás para dar paso a la realidad. Una realidad que se llama rutina a la que hay que volver. Puede no ser fácil, pero todo pasa. Lo vivido ha quedado atrás y por delante tenemos un futuro en el que están los regalos más deseados, los restos de lo dulces navideños y, por supuesto, toda una vida. 

Comenzar el año y estrenar el calendario puede dar cierto vértigo porque por delante tenemos muchos días en los que viviremos la cara y la cruz de la vida, pero sobre todo, en los que ganaremos experiencia y forjaremos aún más nuestra personalidad. Cada reto al que nos enfrentamos nos deja una marca, puede ser una cicatriz de recuerdo o simplemente un pellizco en el corazón. Todo dependerá de la lección que la vida nos quiera dar. 

Es cierto que con el inicio del 2024 también han cobrado protagonismo los tradicionales propósitos. De momento, está grabado a fuego en la mente de todos, pero con el tiempo es muy probable que alguno de ellos se vaya diluyendo. Quizás no sea la motivación la que lo mantiene vivo y, por eso, al caer en un segundo plano podamos prescindir de algo que considerábamos vital. Sin embargo, un año da para mucho y, probablemente, surjan nuevos propósitos que asumir con el paso de los meses. Nunca sabes lo que te depara el presente, del futuro es mejor ni pensar. La incertidumbre de éste no te lleva a nada bueno, será el día a día el que escriba el porvenir. 

Un porvenir en el que no debe faltar la salud. Un deseo imprescindible que no debería haber faltado en la mente de todos mientras nos comimos las tradicionales doce uvas. Unas uvas en las que hay que pedir deseos o sueños al destino. Éste comienza con la alegría de dar la bienvenida a un nuevo año. La vida está para vivirla y sacarle el máximo partido. Por delante tenemos todo un calendario para ir escribiendo nuestra propia historia sin que nadie nos dicte lo que escribir o nos sostenga el bolígrafo. Ser fiel a nosotros mismos tiene que ser el propósito por excelencia porque los principios y la personalidad son irrenunciables. 

Nuestra propia historia podrá tener unos capítulos más interesantes que otros, unos serán de acción, otros de comedia, seguro que habrá intriga y esperemos que mucha felicidad. Llevamos nueve páginas del capítulo de “Enero” y nos queda mucho por delante… Ya dijo Agatha Christie: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/53089/a-por-un-ano-nuevo

LA INVESTIGACIÓN EN LA VIDA

Acabamos de celebrar el Día Mundial contra el Cáncer y una de las palabras más repetidas a lo largo de la jornada fue, sin duda, la investigación. Sin ella pocos avances se pueden hacer pero para ello es primordial que se invierta en la ciencia. No puede caer en el olvido, por ejemplo, de quienes nos gobiernan. Los diagnósticos de cáncer van en aumento y lo cierto es que mejorar los tratamientos e incluso personalizarlos es lo que los investigadores han conseguido con el paso del tiempo. Por eso, todavía queda mucho por hacer y la investigación, sea el día que sea, siempre debería ser esencial.

Muchos testimonios inundaron las redes sociales y es cierto que cuando te diagnostican un cáncer tu vida cambia drásticamente, pero siempre se puede contar con la confianza de los sanitarios que te acompañarán durante todo el proceso. Ellos viven contigo tus mejores días y tus horas más bajas, pero siempre  están a tu lado para hacerte saber que no estás solo. Es cierto que yo siempre me sentí arropada por los míos y por todo el personal sanitario que vivió conmigo cada ciclo de quimio, cada sesión de radioterapia y, por supuesto, el trasplante que lo cambió todo. 

Afortunadamente, la investigación ha ido mejorando los datos se supervivencia pero insisto en que todavía queda mucho por hacer. El sábado el lazo que había que lucir era el verde. El color  de la esperanza que no se puede perder en ningún momento porque durante la lucha contra el cáncer también se vive y, por supuesto, también se sueña. Aferrarse a la vida es incuestionable cuando la incertidumbre lo inunda todo. Aprender a convivir con la enfermedad y las buenas noticias siempre llegan cuando menos te los esperas. Por eso, para que éstas sean cada vez más frecuentes hay que apostar por todos esos proyectos de investigación que necesitan inversión para poder seguir adelante. Quizás muchas respuestas a demasiadas preguntas estén esperando en los laboratorios.

La sanidad es importante y la investigación también porque sin salud pocas cosas se pueden hacer. Un cáncer te enseña a valorar el presente, a valorar las pequeñas cosas y los momentos vividos. El tiempo puede ser tu aliado o tu peor enemigo, pero mientras luchas contra el cáncer el tiempo es oro en todos los sentidos. Además, al margen de la investigación científica, está la investigación personal  y gracias a ella te las ingenias para que nada te impida hacer aquello que más deseas.

Si hablamos de sentidos, la vida hay que exprimirla con los cinco sentidos y el sexto que vas desarrollando con el tiempo y que se agudiza en los peores momentos. Decía Pau Donés que “vivir es urgente” y lo es, porque nunca sabes cuando el guión puede dar un giro inesperado y el sentimiento de arrepentimiento de lo “no vivido” puede ser desolador para nuestra mente. En definitiva, ser feliz es lo que cuenta y en la vida, a veces, es mejor pedir perdón que permiso… A buen entendedor, pocas palabras bastan. 

Jimena Bañuelos

UN GORDO LLENO DE VIDA

Su sonido es inconfundible y su banda sonora consta de números y premios. Si hay un día al año en el que todos despertamos con una ilusión especial es el 22 de diciembre. El sorteo extraordinario de la Lotería da el pistoletazo de salida a la Navidad. Los sueños que nos han acompañado desde que compramos nuestros décimos pueden tener ese empujón económico que necesitamos, pero está claro que las probabilidades son muy pocas. Menos mal que de ilusión también se vive. 

Precisamente, si hablamos de vivir estamos atravesando una época muy dura. “El Gordo” llenará de euforia a los agraciados pero todos tenemos que estar pendiente del verdadero gordo que nos acompaña día a día. La salud es fundamental y la pandemia nos ha enseñado a valorarla aún más. Con ella puedes pelear por cumplir esos sueños que te desvelan. Sin ella poco se puede hacer porque cuando ésta se pierde siempre adquiere un gran valor. Un valor que está en alza desde que el coronavirus lo cambió todo. 

Adaptarse a esos cambios también es importante porque la vida no tiene un guion preestablecido. Jugar nuestras cartas es nuestra mejor opción, aunque el destino también pone de su parte. Mañana, el azar juntará un bolita con un número y otra con el mayor premio. Quienes lo tengan abrirán todos los informativos y derrocharán esa felicidad que solo se ve en este día tan señalado. Ahora bien, hay otros “gordos” en la vida. Unos “gordos” que son más importantes que el que sale mañana, de hecho, te pueden cambiar la vida o regalar vida como fue mi caso.

No puedes huir de tu pasado cuando éste está en tu presente. Convives con él y, por eso, intentas centrarte en lo positivo. De hecho, el destino ha querido que recientemente ese pasado me haya recordado lecciones que tenía algo nubladas. Obviamente, la principal es que “aún tengo la vida” y si a eso me aferré hace quince años no lo puedo soltar ahora. Aquel donante lo cambió todo. Ese “gordo” es el mejor premio que me ha dado la vida. Gracias a él he podido celebrar, de momento, quince navidades. Por eso, aunque comienza una época de nostalgia por los que no están en la que los sentimientos están, en muchos casos, a flor de piel hay que brindar con las personas que quieres por la salud y por un futuro cargado de ilusión. A mi “gordo” le debo sonreír todos los días por la vida que me ha dado. Una vida que me enseñó a elegir lo que me hace feliz. El futuro siempre es incierto pero es de valientes afrontar lo desconocido. Decía el filósofo alemán, Friedrich Nietzsche: “Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Del pasado me quedo con todo aquello me ha hecho ser la persona que soy hoy en día. Me enseñó a ser fuerte, a ser resiliente, a ser positiva, a luchar por lo que quiero y, por supuesto, a celebrar cada Navidad. “El gordo” lo cambió todo. Vivo el presente y ahora este presente tiene villancicos como banda sonora, luces por doquier, dulces que cumplen con las tradiciones y muchos momentos por disfrutar. 

Es tiempo de celebrar la Navidad. Es nuestro ahora y el ahora en un suspiro es pasado. Cada uno es autor de su historia, yo la mía la quiero escribir de tal manera que si tengo que releerla sea capaz de sacar una sonrisa. Esto depende de mí. Todo es cuestión de actitud. Así es la vida.

¡FELIZ NAVIDAD!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

RESILIENCIA

“Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”, es decir, resiliencia. Una palabra que muchos han conocido cuando empezó la pandemia, otra cosa es ponerla en práctica. La capacidad de adaptarse a las circunstancias es fundamental para afrontar todos los cambios que estamos experimentando día a día. A estas alturas todos somos conscientes de la situación tan complicada que vivimos. La incertidumbre de no saber cuando terminará nos agobia, nos angustia pero tenemos que aliarnos con la esperanza porque cada vez está más cerca la salida de este túnel. Queremos dejar atrás el 2020 cuanto antes y cada vez queda menos. Es cierto que antes tenemos que celebrar la Navidad. Una Navidad que va a seguir existiendo a pesar de las circunstancias. Quizás no podamos hacer grandes reuniones, pero lo más importante es velar por la salud de todas las personas a las que queremos. 

La salud, a estas alturas del año, es lo más valorado y estos días preocupa la situación por la que están atravesando muchas ciudades. La curva de contagios está ascendiendo sin control y hasta que veamos los resultados de las medidas adoptadas aún quedan muchos días. Es cierto que la gestión en Madrid, a pesar de las críticas que ha recibido, es un claro ejemplo de cómo se puede doblegar la curva. Eso sí, no se puede bajar la guardia ni confiarse en exceso. No se pueden repetir los errores del pasado porque las consecuencias del verano las estamos pagando desde el mes de septiembre. 

Afortunadamente, no todo son malas noticias si nos centramos en la pandemia porque el anuncio de la vacuna ha sida una inyección de moral para muchos. Aferrarse a la ilusión de que el final está más cerca, es una ayuda muy necesaria dado el agotamiento mental que cada vez está más presente. La posibilidad de recuperar lo que el coronavirus nos arrebató de la noche a la mañana significa hacer realidad lo que llevamos meses soñando. Está claro que hemos aprendido a valorar todo lo que antes era insignificante. La vida da lecciones que marcan un antes y un después. Este año es, sin duda, un master de resiliencia porque vivimos al día, con cambios permanentes y muchos de ellos se van a quedar más tiempo del que nos creemos. Adaptarnos es fundamental y ahí nace la fuerza para afrontar todo lo que venga. La incertidumbre no suele ser buena compañera de vida, pero es mejor estar preparado para reaccionar ante ella a que ésta nos pille desprevenidos.

Seamos conscientes de la realidad. Seamos responsables y aceptemos que no se trata de “Salvar la Navidad”, se trata de salvar vidas, porque la cifra de muertos es escalofriante y lo triste es que muchos ven en ella solo un número. Un número, no olvidemos, que tiene nombre y apellidos. Una familia que llora su ausencia, una ausencia que se notará en las próximas fiestas. Por eso, centrémonos en cuidar de los nuestros y aceptemos que esta Navidad será diferente, pero será una buena Navidad si podemos celebrar que nuestros seres queridos están bien a pesar de las circunstancias. La tecnología juega a nuestro favor y una videollamada puede ser el mejor regalo que podemos recibir. Yo lo tengo claro. La salud es lo primero y a ser resiliente ya me enseñó la vida hace unos años. Hay lecciones que no se olvidan.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17584/resiliencia

DECISIONES CON TÍTULO DE PELÍCULA

Las medidas contra la pandemia se han endurecido en casi toda España. Es lógico ya que la situación en muchas Comunidades Autónomas es crítica. Las cifras no dan tregua y los hospitales están a punto de colapsar. Está claro que la segunda ola está dejando en evidencia que no hemos aprendido de los errores del pasado o, simplemente, que la responsabilidad individual está en entredicho. No es bueno generalizar pero sí es cierto que las medidas adoptadas están afectando a los sectores vinculados al ocio. Por mi tierra, Burgos, seguro que están echando de menos tomarse unas “tapitas”, pero la salud de todos prima sobre los efectos en la economía. De momento, y para ser sinceros, Madrid ha mejorado notablemente. Las medidas, tan cuestionadas, de la presidenta están dando sus frutos y los datos así lo corroboran. Espero que también sirvan esas cifras para quitarnos a los madrileños el estigma de ser los “supercontagiadores” del país.

Un país que ha estado pendiente de lo que sucedía en Estados Unidos mientras el Gobierno adoptaba medidas muy cuestionables. De “Salvar la Navidad” hemos pasado al “Ministerio de la Verdad”. Ni que estuviésemos viviendo una película, quizás el 2020 lo sea pero parece que ahora lo que se cuestiona es la información periodística. Como un jarro de agua fría ha caído ese anuncio en la profesión y no es para menos. Es cierto que las noticias falsas se propagan a una velocidad descomunal pero no está en los principios del periodismo su elaboración. Los medios y los periodistas, entre los que me incluyo, somos los responsables de hacer un buen trabajo y no podemos estar sometidos a la “censura” que quieren imponer desde Moncloa. Es cierto que todavía no han dicho cómo lo van a llevar a cabo, pero con la ocurrencia ya tenemos suficiente. De hecho, se la podían aplicar los propios miembros del Ejecutivo ya que en sus declaraciones han salido a la luz más de una declaración de dudosa veracidad que el tiempo ha demostrado su falsedad. Que den ejemplo es un buen principio y si no que se abstengan al buen trabajo periodístico. Quizás sea éste el que se les atragante, pero el artículo 20 de nuestra Constitución así lo avala. La libertad de prensa es incuestionable.

Como incuestionable es que el castellano es la lengua de todos a pesar de sus detractores, pero todo vale por mantener el poder o por sacar adelante unos presupuestos… Lo que nos queda por ver con tal de aferrarse a un sillón, mientras a diario mueren más de trescientas personas en el mejor de los casos. Me abruma la “normalización” que hemos hecho de la cifra de fallecidos. La insensibilidad a la que nos han llevado. Sería bueno hacer examen de conciencia porque en la película que nos quieren vender para salvar la Navidad se olvidan de que este año habrá un récord de ausencias.
Sinceramente, nos iría mejor si algunos políticos dejaran la demagogia a un lado y se preocuparan por los ciudadanos, porque las consecuencias de sus decisiones las pagamos los de siempre. Y a estas alturas del año, cuando el hartazgo y el desánimo están en alza, tonterías las justas.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/17382/decisiones-con-titulo-de-pelicula

ALARMA

Estamos a escasos días de despedir el mes de octubre, un mes que ha estado marcado por la evolución de la pandemia. Los datos no son nada buenos. Las medidas han llegado a cuenta gotas y no por igual en todo el territorio español. En Madrid hemos pasado por distintas fases, algo que generaba muchas dudas entre la población ante el desconocimiento de qué se podía hacer y qué no. Pues bien, después de visitar al Santo Padre, el presidente del Gobierno no tardó ni veinticuatro horas en decretar el Estado de Alarma en toda España. Un Estado de Alarma que en principio dura quince días y su prórroga está en manos del Congreso. Teniendo esto muy presente, Sánchez nos anunció que su pretensión es que dure hasta el nueve de mayo. Casi nada. En seis meses pueden pasar muchas cosas. No hay que olvidar que si analizamos los discursos de Fernando Simón no parece que la situación fuese tan crítica. En fin, entre políticos anda el juego porque parece que solo hay un interés en todo esto y no es precisamente el sanitario. Es una pena pero es lo que se palpa en el ambiente. La batalla política es evidente e innecesaria en estos tiempos. Nos aseguraron que de esta situación saldríamos más fuertes, algo que dudo bastante. Quizás sea mejor no hacer suposiciones y esperar a que llegue el final y ver cómo nos encontramos. 

Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, pero ésta puede estar cargada de duros recuerdos. No hay que olvidar que la cifra de los fallecidos no es únicamente un número. Son personas, son familias que han perdido a un ser querido. Estamos a escasos días de celebrar el Día de Muertos, un fiesta muy señalada en México. En estos tiempos de pandemia este ritual cobra especial significado. Rendirles un homenaje es algo que no podemos obviar y más cuando la soledad ha acompañado a muchas personas en sus últimos momentos de vida. Es triste pero es la realidad de este año. Un 2020 que pasará a la historia por su dureza y que de una manera o de otra nos ha marcado a todos. Es fácil decir que hay que ser fuerte, pero de la teoría a la práctica hay un trecho. Esta última es bastante más complicada porque requiere de mucha fuerza mental y, por supuesto, de una gran capacidad de adaptación. 

Nos decían en julio que habíamos derrotado al virus y no era cierto, pero la ansias por salvar el verano estaban ahí. Era obvio que en septiembre iba a llegar la segunda ola, ésta se adelantó a agosto y ahora no tenemos que sorprendernos por cómo estamos. En la responsabilidad individual de cada uno reside la clave para que la curva vaya en aumento o, por el contrario, descienda. Ha comenzado el Estado de Alarma, veremos como es su evolución. Por delante tenemos todo el mes de noviembre, de la Navidad mejor ni hablamos. Es el momento de vivir el día a día teniendo siempre las recomendaciones muy presentes. A mí, lo que realmente me alarma es que por encima de la salud esté primando el interés político. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/16980/alarma

AFRONTAR PSICOLÓGICAMENTE EL CORONAVIRUS

Mi buen amigo Javier Urra nos da las pautas para afrontar la situación que estamos viviendo. Os invito a que os adentréis en este artículo porque toda ayuda es buena, y más, cuando viene de los profesionales:


AFRONTAMIENTO PSICOLÓGICO

Humanos, siempre vulnerables. Desde el poder de la convicción social hemos de dar ejemplo de responsabilidad individual y colectiva.

En esta etapa de incertidumbre la sociedad civil ha de dar un paso adelante. Este no es momento para la sobrerreacción o el sálvese quien pueda. Hemos de apoyar a nuestros sistemas sanitarios, evitando el pánico.

Desde luego estamos en crisis y se aprecia la vulnerabilidad de la salud, de la economía. Quiebras en cadena, de producción, de turismo, en las bolsas. Tenemos una pandemia, pero veamos si también va a ser de generosidad o de egoísmo.

Es hora de que nuestros jóvenes muestren su altruismo y responsabilidad, ahora toca cuidar, preservar, a los más mayores.

Precisamos ante tanta sorpresa, ante un hecho inesperado, liderazgos sociales, solidaridad, comprensión, compromiso. Este es un mundo en que hay globalización también de las personas, y necesitamos de una gobernanza global.

WhatsApp Image 2020-03-17 at 11.25.44Evitemos o al menos limitemos en lo posible la desinformación, sigamos lo que la Organización Mundial de la Salud (O.M.S) nos señala, así como nuestras autoridades sanitarias. En un momento de incertidumbre exponencial, con un periodo que es indefinido de tiempo, acostumbrados como estamos a la movilidad humana, nos adaptaremos al teletrabajo y nos resultará difícil el dejar de tocar y ser tocados, del contacto, del piel con piel.

Apreciaremos las carencias. Observaremos la inmoralidad de los especuladores, conoceremos de las bancarrotas, del sufrimiento de los países sin red sanitaria.

Una crisis económica mundial es previsible, o al menos una recesión económica con aumento del desempleo, y como siempre en los avatares de la vida, afectará a los más desfavorecidos, a quienes están en situación precaria, a las personas sin hogar.

Vivimos, algunos malviven, con altos niveles de desigualdad. Pero llegados a este punto, la psicología nos enseña que hemos de ser más resilientes, que hemos de fortalecer la capacidad de resistencia social.

Es importante la actitud ante esta gran disrupción, y saber que aislarse es un riesgo grave. Conozcamos lo que acontece desde un enfoque clínico, sigamos los informes oficiales de noticias.

Hemos de adaptarnos a título individual y comprobar que no todo en la vida está bajo control, que vuelven viejos fantasmas, que hay quien nos transmite escenarios apocalípticos, y por contra nos encontramos con la arrogancia de los irresponsables. Estamos ante el vacío, ante la sensación de que todo puede quebrar, nos preocupa lo impalpable, la conciencia de fragilidad.

La realidad es la que es, y la que hacemos. No somos inmortales. Mantengamos (en lo posible) la normalidad, no nos obsesionemos, no seamos abducidos por la sobreinformación. Busquemos la verdad, y desde luego busquemos el apoyo afectivo. Afrontemos la situación ayudando a los demás, manejando el autocuidado, apoyándonos en seres queridos ante la ansiedad. No perdamos la perspectiva, no nos sintamos acosados y acorralados, y desde el autocuidado mantengamos nuestra salud mental.

En caso de nerviosismo abrumador, tristeza persistente, angustia o pánico, acudamos a un psicólogo clínico. Pues estos expertos en salud mental ayudan a las personas a lidiar con el estrés extremo. Aportan formas constructivas de manejar la adversidad.

No es broma, decir que hay que recurrir en lo posible al humor. El tema es grave, pero puede ser largo, y el ser humano necesita agarrarse, acogerse a fortalezas que le den perspectiva, que le den seguridad. Al respecto pensemos en la baja mortandad. Seamos conscientes del inmenso porcentaje de personas que se curan. Realicemos acciones que nos transmitan sensación de control, como el lavarnos las manos y seamos responsables de lo que hacemos, pues podemos ayudar.

Cuidado con las redes sociales y con el contagio del miedo y del pánico. Que el miedo no nos conduzca a manejarnos por impulsos. Si bien, la red social nos puede mantener conectados fomentando la sensación de normalidad y proporcionando valiosos medios para compartir sentimientos. Han de preocuparnos y mucho las personas que viven solas, y más si son mayores. Con respecto a los niños, hay que explicarles, informales de manera honesta y apropiada para la edad, hay que involucrarles, son ciudadanos de pleno derecho. Los niños observarán los comportamientos y emociones de los adultos, para acompasar sus propios sentimientos. 

Esta sociedad falsamente se siente muy segura, y de pronto todo parece desplomarse o al menos quedar en suspenso, a partir de ahí, hay una sensación de que el problema es global pero la afectación es individual, y muchos, los más, no saben qué hacer. Por un lado, hay que retirarse a los hogares, para evitar la propagación, por otro, muchos profesionales hemos de estar allí donde nuestra labor es esencial, donde los otros nos esperan. Y en ese sentido todos los que estamos concernidos en el ámbito de la salud, ya sea física o mental, tenemos un compromiso social ineludible. No hemos de acentuar los efectos de la epidemia por coronavirus Covid-19, con unas conductas de alerta personal y socialmente inadecuadas. Los ciudadanos del mundo hemos de asumir nuestra responsabilidad individual, sin ser paralizados por el miedo, sin entrar en pánico, ni obsesionarnos con la preocupación de enfermar. Hemos de tener capacidad para interesarnos por otros asuntos sin sobreexponernos a una información que satura y limita.

No podemos mantenernos en un estado de alerta permanente obsesionados por preocupaciones y sensaciones impedidos para dormir, trabajar, o salir del hogar.

Cuidemos en no reconvertir el miedo y la frustración en agresividad o violencia. Pensemos también en cuando esto pase.

Sigamos los consejos científicos, evitemos consumir y propagar información no contrastada.

Fortalezcamos nuestra capacidad de adaptación, de resolución de problemas. Mantengamos y compartamos desde el análisis de realidad una actitud optimista y esperanzada.

No magnifiquemos, ni trivialicemos el riesgo.

El ser humano es resiliente, afronta el sufrimiento, la incertidumbre, la ansiedad y la angustia.

Algunas personas somos población de riesgo, otras son y serán afectadas con el consiguiente deber de aislamiento.

Hoy la tecnología permite mantenerse conectado con los seres queridos.

Además será el momento de ocuparse, leyendo libros, viendo películas, escribiendo, para no caer en la soledad, la desesperanza y el miedo.

La especie humana sigue en evolución, esta es una prueba de compromiso, de sentirse concernido la solidaridad.

El brote eclosionó en una ciudad de China, la epidemia se extendió por el mundo, una pandemia, que nos enseña, que somos un solo mundo, que no conoce de fronteras ni nacionalismos.

Somos la suma de individualidades que compartimos la misma existencia.

Que aprendemos a seguir viviendo con restricciones, que modificamos costumbres, que prescindimos de lo que nunca habíamos pensado.

Como sociedad universal saldremos fortalecidos.

Este seísmo social nos recuerda la importancia de los abuelos, el acuerdo en la pareja, lo esencial de la escuela, el encuentro en el hogar durante días de padres e hijos, la flexibilidad laboral.

Creo que podemos y debemos aprender y aprovechar mucho.

 

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo

Forense Académico de Número de la Academia de Psicología de España

*Texto avalado por la Academia de Psicología de España

La importancia de un “buen gordo”

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Quedan poco más de quince días para acabar el año. Se dice pronto, pero a lo largo de estos casi trescientos sesenta y cinco días ha habido muchas sonrisas, muchas alegrías y, por qué no decirlo, alguna que otra tristeza. Muchos de ellos habrán pasado a los anales de nuestra vida sin pena ni gloria pero otros, en cambio, habrán dejado huella para siempre.

En esta época del año todo se ve diferente. La Navidad está llamando a la puerta y nos guste o no a todos nos afecta. Bajo el influjo del “espíritu navideño” todo son buenos deseos, buenos propósitos y buenas comidas porque, queramos o no, es el ambiente de estas fechas el que nos llena de una ilusión especial que con el paso de los meses vamos perdiendo. La batería de los sueños se recarga en Navidad, pero sus efectos deberían durar todo el año. Es cierto que la Navidad es especial pero al igual que el 25 de diciembre, cada día es único e irrepetible. ¿O no? Esa fue una lección de la vida.

Pero hablando de cosas únicas, único es el Sorteo Extraordinario del próximo día 22. Quien más y quien menos tiene en su cabeza el número de sus sueños. Sueños por cumplir, sueños que hacen brillar a los ojos de una manera especial, en definitiva, sueños que quizás el azar convierta en realidad. La diosa Fortuna será la que decida pero las responsables de llevar nuestra imaginación a límites inigualables son cinco cifras. Eso sí, las que siempre nos consuelan son cinco letras: Salud. Sin ella, poco se puede hacer. Es valorada cuando se pierde o como consuelo, pero gracias a la salud podemos disfrutar y pelear por cumplir todo aquello que anhelamos.

Si se trata de anhelar, a lo largo de la vida hay muchas cosas. Algunas pueden ir escritas en la carta a los Reyes Magos pero otras están escritas en la mente y en el corazón. Soñar con “el gordo” más preciado de estos días no es mi prioridad. Tuve mi “gordo” particular hace ya nueve años. No gané dinero sino salud. De ese “gordo” sé muy poco. Desconozco la terminación de su nombre aunque sé “la administración” que me lo dio. “Si lo importante es compartirlo” desde Alemania llegó la generosidad cargada de mi vida de mi donante. Por eso, cada año que pasa es la “pedrea” especial que me toca: años de vida. Y si ésta me sigue premiando así, lo tengo claro…No puedo pedir más.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

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