EL AÑO EMPIEZA, LA VIDA CONTINÚA

 Aunque parece que fue ayer cuando descorchamos el cava y brindamos por el primer día del año, el calendario nos recuerda que estamos en el ecuador de este mes y que sin darnos cuenta llevamos caminando por el 2026 casi dos semanas. Los propósitos, seguramente, sigan intactos, sin estrenar y aún no se han visto influidos por el desgaste del tiempo. Algunos, previsiblemente, llegarán a buen puerto y otros, inevitablemente, se quedarán por el camino o reaparecerán en futuras listas. Y no pasa nada. Porque no se trata de acumular metas, sino de ser honestos con nosotros mismos y asumir hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Al final la actitud es lo que cuenta y, por eso, hay que ser realista y saber, sin engañarnos, lo que realmente estamos dispuestos a hacer o a cambiar. Indiscutiblemente, lo que debe primar es nuestra felicidad y esos propósitos son intenciones y pueden ir variando en función de nuestros deseos y, por supuesto, de nuestro presente. 

Un presente que vive instalado en el hoy y en el ahora. Es más, si nos despistamos se nos escapa entre los dedos. Sabemos que ese “hoy” no se repite ya que cada día que pasa es un día que no vuelve. No sé lo que me deparará este año, pero lo que sí sé es la intención con la que afronto todas la aventuras que el 2026 me quiera brindar. Siempre se aprende con la experiencia y no dudo que este año me dejará todo tipo de recuerdos. Eso sí, la felicidad siempre será el motor porque ésta es  el principio irrenunciable ante todo. En el fondo, ser feliz es lo que cuenta y quedan muchos capítulos por escribir a lo largo de este año. Enero acaba de empezar, pero en un suspiro ha volado la primera quincena y esto me confirma que el tiempo no es oro porque el tiempo es vida. 

Una vida que me ha enseñado a aceptarla tal y como viene, sin condiciones ni excusas, aunque a veces cueste más de lo que nos gustaría. No todo es sencillo, ni mucho menos. El camino tiene espinas y tropiezos, pero incluso ellos cumplen su función. Las cicatrices no solo duelen, también hablan de resistencia, de aprendizaje y de fuerza. Una fuerza que, aunque a veces dudemos de ella, vive dentro de nosotros. En nuestra mente y en las palabras que nos decimos en silencio. Esa conversación interna tiene un poder inmenso, mucho mayor que cualquier opinión ajena. Por eso, creer en uno mismo no es una opción, es una necesidad vital. Reconocer lo que valemos es el primer paso para empezar a querernos sin reservas. El “qué dirán” pierde sentido cuando uno ha construido su personalidad a base de experiencias reales y de lecciones que solo la vida puede enseñar.

Precisamente, esas lecciones llegan cuando menos te lo esperas. Reconozco que en enero de hace unos cuantos años comenzó para mí la enseñanza más dura. Obviamente hubo un antes y un después. Aprendí que en un segundo todo puede cambiar, entendí que nada está garantizado, pero también que la vida es, precisamente, lo que sucede después. Por eso, desde aquel momento, hay un propósito que se repite cada año en mi lista. No porque no lo haya cumplido, sino porque necesito recordarlo constantemente: la vida solo se vive una vez. Y cuando nos regala una segunda oportunidad, no es por casualidad. Es una invitación, sin duda, a vivir y a sentir. No dejemos para mañana… (ya me entienden)

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/01/13/el-ano-empieza-la-vida-continua/

MIRANDO AL MAR

Dicen que el tiempo es oro, cuando, en realidad, el tiempo es vida. Por eso, no podemos despistarnos y debemos centrarnos en lo que realmente importa. Está claro que ser felices es a lo que aspiramos y aunque no siempre sea fácil dar con las teclas exactas de esa felicidad, cuando ésta se consigue la sensación es indescriptible. 

Acabo de soplar las velas en la tarta de mi cumpleaños. Como marca la tradición he pedido ese deseo que no se debe decir a nadie para que se cumpla. En realidad, cumplir todos los deseos es lo que hace la vida mucho más interesante. Algunos no dependen de nosotros y llegan cuando menos lo esperamos y el derroche de felicidad es abrumador, en cambio, otros, los vamos forjando con el paso de los días, los meses o, incluso, los años; pero el resultado es el mismo. Es más, me atrevo a decir que la satisfacción personal es un plus a añadir a esa felicidad que tanto nos llena de vida. 

Nunca me importó cumplir años porque eso es la vida. Soplar una vela más cada año es, para mí, un sinónimo de que estamos con nuestros seres queridos para continuar escribiendo otro capítulo de nuestro propio manuscrito. Este año, frente al mar, he comenzado una década nueva, la anterior fue maravillosa y fue en México donde comencé a acumular grandes recuerdos. Estos son inolvidables  y marcaron un antes y un después. Ahora, ante la inmensidad del Mediterráneo, toca seguir soñando y pensar en todo lo bueno que está por venir. Evadirse de la realidad es fundamental para recargar la energía de la mente. En la playa se construyen muchos castillos de arena, algunos duran muy poco y se deshacen en un suspiro; en cambio, hay otros que se caen y se vuelven a levantar para recordarnos que en la vida hay que hacer, en más una ocasión, borrón y cuenta nueva para levantarse tras cada caída con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. 

La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también hay una evolución a medida que vamos cumpliendo años. 

Por eso, teniendo muy claro que la vida es lo que nos queda por vivir, me permito mirar a lo lejos y contemplar el mar que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. Está claro que la vida es hoy, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca. Gracias a ellas, las adversidades se llevan mucho mejor. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. 

En definitiva, los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… 

Jimena Bañuelos

ZOLTAR Y LOS DESEOS

Si toca quejarse del tiempo, pues nos quejamos. Es cierto que los termómetros han bajado, dicen que vienen lluvias, muy necesarias, e incluso la nieve puede hacer acto de presencia y todo esto acompañado con un viento polar que no hemos tenido en pleno invierno. Habrá que resignarse a las inclemencias meteorológicas aunque nos pese. En mi caso que anhelo con ansiedad el sol, el calor y la llegada de la primavera y el verano esta cuesta está siendo más dura que la de enero. 

Marzo llega con más luz y, a priori, con mejor tiempo. Si bien es cierto este mes concluye con la Semana Santa. Ésta suele estar marcada también por la meteorología pero nadie se atreve, de momento, a aventurarse con las predicciones para ella. Es la primera escapada vacacional que tenemos y todos aspiramos a disfrutar de ella, ya sea, solemnemente u ociosamente. Habrá que ir día a día viendo la evolución de todo. Al fin y al cabo es así como tenemos que vivir. 

Por delante, de momento, llegan los días grandes de las Fallas de Valencia. En Castellón ya hemos despedido la Magdalena con la nostalgia de lo vivido e iniciando la cuenta atrás para las fiestas del año que viene. Ahora toca acercarse a contemplar los monumentos falleros y apreciar su arte y su sátira. De ésta pueden ir sobrados porque la actualidad que hemos vivido ha dado para mucho. Nadie se libra de ser un ninot y, salvo el indultado, el resto arderán como marca la tradición. Las llamas lo consumirán todo el próximo día 19. El día del padre en el que, además, festejaremos a nuestros cómplices en la vida. 

Una vida que vamos construyendo como queremos. A veces, tiritaremos de frío y otras se nos pondrá la carne de gallina por otros motivos, pero eso es la esencia de estar vivos. Sin duda, una esencia que tiene un valor incalculable aunque en muchas ocasiones no la valoremos como se merece. Vivir es disfrutar y podemos ser “disfrutones” a nuestra manera. Cada uno tenemos nuestras metas, nuestros sueños, nuestras ilusiones a las que no tenemos que renunciar, sino que debemos pelear por ellas. Hace dos días volví a ver al mítico Zoltar. Recuerdo cuando vi al auténtico en Los Ángeles. Concede deseos como en la película de “Big”, y por un momento, me vinieron a la mente esas ilusiones que nunca se apagan aunque el calendario corra. Un deseo cumplido puede ser un sueño hecho realidad y eso es algo impagable. 

Hace una semana escribí que prefiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida, me reafirmo en mis palabras. Llevo mucho años viviendo de regalo. Ese deseo se ha cumplido. No ha sido Zoltar, fue donante de médula, pero al fin al cabo, la vida me dio otra oportunidad. Una oportunidad que también me permite, como he dicho, continuar soñando. Sueño, con los pies en la tierra, pero sueño porque sé que algún día aquello que no me deja dormir, estará en mi despertar. La vida, esa que solo se vive una vida, cuando da una segunda oportunidad es por algo. 

Si tengo que pedir un deseo ahora mismo a Zoltar, lo tengo muy claro porque conozco mis prioridades. Acaso tú, lector, ¿lo tienes tan claro? 

La vida es ahora y en un segundo todo puede cambiar… Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

UN ALTO EN EL CAMINO

Siempre es bueno hacer un alto en el camino. A veces desconectar es bueno para reiniciar nuestra mente y comenzar de nuevo. No es una huida. Es buscar una vía de escape para reforzar los pensamientos positivos. Estos son primordiales para afrontar, sin duda, la realidad vinculada a la rutina. 

Un rutina que es buena, siempre y cuando no nos genere un estrés que nos impida disfrutar de la vida. Nadie nos puede decir de qué manera tenemos que hacerlo, pero está claro que el “a vivir que son dos días” es un dicho cuyo significado se potencia en los malos momentos. No es necesario estar mal para valorar lo que tenemos. Empezar por ahí es una buena manera de ser conscientes de que en las pequeñas cosas que nos rodean hay mucha felicidad envuelta. Quizás saber desenvolverla  es algo que vas aprendiendo con el tiempo y con la experiencia. Es cierto que la madurez nos hace crecer como personas. Todos tenemos en la vida un momento que nos marcó de tal manera que nada volvió a ser como antes. 

Ese antes y después tiene que enseñarnos a mejorar en todos los aspectos de la vida. Por eso, no se nos puede olvidar la lección aprendida, pero en algún momento, serán los recuerdos los que nos muestren aquello que nos hizo cambiar. Quizás eso que sucedió en el pasado, por mucho que lo queramos olvidar nos vuelve, de vez en cuando, para mostrarnos nuestra propia esencia. 

Una esencia que me encanta recordar contemplando el mar. El susurro de las olas, el silencio, el sol como testigo y la calma, son mi mejor terapia para formatear mi disco duro. Un disco duro que está cargado de grandes momentos, pero también de lecciones muy duras que no quiero repasar, pero que son imposibles de olvidar. Frente al mar no pretendo olvidar, pero sí reforzar esa fuerza de la vida que veo en las cicatrices que han quedado. Éstas dicen que se cosen con las agujas del tiempo, pero su rastro no siempre desaparece. Tampoco pretendo que lo hagan porque ahí está, también, la esencia de la persona que soy hoy. 

Una esencia que hay que ver en los momentos en los que estas solo y en el lugar indicado. Me gusta la montaña pero frente al mar se proyectan muchos sueños, muchos deseos, muchas ilusiones y sobre todo, muchas ganas de seguir afrontando el presente con la fortaleza que la vida me mostró sin que yo misma supiera que la tenía. Aprendí a conocerme y, por eso, sé cuando se necesita una pausa. Retomar la rutina es bueno, pero no hay que dejarse llevar por ella. La vida se nos escapa de las manos y no somos conscientes de ello. 

Está claro que ser feliz es lo que cuenta y que hay que sonreír a diario. Volveré más pronto que tarde a sentarme frente al mar para abrirle mi corazón. Mientras tanto, no tengo ninguna duda de que quiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida.

Jimena Bañuelos

Una sonrisa en Navidad

Quedan escasas veinticuatro horas para que se escuche el sonido que da el pistoletazo de salida a la Navidad. Los bombos están preparados y las bolas también. Los sueños inundan nuestras mentes pero eso es lo que toca en esta época del año. Eso sí, aunque la fortuna no nos premie con el gordo, nos premia con muchas cosas más. Sin duda, la salud es la más importante porque sin ella pocos sueños podremos hacer realidad. En diez días comienza un nuevo año cargado de propósitos pero también cargado de ilusiones.

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Puerta del Sol (Madrid)

El tiempo pasa y de qué manera. Aun tengo en mi mente muy reciente la Navidad del año pasado. Veo el calendario y me cuesta creer que estemos apurando el 2016. Son días de hacer balance. Las cosas buenas deben pesar más que las malas. La vida nos da una de cal y otra de arena, pero esas son, precisamente, las lecciones que debemos aprender. Reconozco que este año venía marcado por el aniversario más especial para mi, pero eso no ha sido impedimento para intentar cumplir mis sueños. A día de hoy, puedo sonreír porque algunos se han hecho realidad. Eso sí, la maquinaria de los sueños sigue funcionando con un ritmo intenso… y que no pare, porque como dice Paolo Coelho “la posibilidad de cumplir los sueños hace que la vida sea interesante”…

No sé si el famoso “gordo” o su sequito de premios rozarán alguno de mis números. Solo la Fortuna lo sabe, pero de lo que estoy convencida es de que me llenarán de sentimientos. Si a éstos les añades los recuerdos, surge una mezcla emotiva que solo se da en esta época. La Navidad, nos guste o no, siempre nos toca el corazón. Hace días que las luces cuelgan en las calles. Los turrones, polvorones, mazapanes… llevan desde octubre en las estanterías de los supermercados. Los juguetes cobran especial protagonismo. Los villancicos se convierten en la banda sonora. Y todo esto y mucho más nos indica que nuestra rutina tiene algo especial. Algo que no podemos negar, es más, es algo que debemos disfrutar.

Reconozco que no es fácil estar alegre cuando hay sillas vacías en la mesa o cuando los recuerdos no son buenos. Pero estoy segura de que el mejor adorno de Navidad puede ser, precisamente, una sonrisa. Esta fue otra lección que me dio la vida, a veces cuesta ponerla en práctica, pero sus efectos no tienen precio. La Navidad y su espíritu ya están aquí. La cuenta atrás está llegando a su fin. Así que toca sacar la zambomba, la pandereta, el Omeprazol y sobre todo, toca vivir el momento porque solo hay una Navidad del 2016. Pronto formará parte del pasado y su recuerdo depende de cómo queramos escribirlo. Yo lo tengo claro: Quiero hacerlo sonriendo. ¿Y tú? Carpe Diem.

¡FELIZ NAVIDAD!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Mirando al mar…

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Llegan a la mente cuando menos te los esperas. Un olor, un sabor, un objeto… pueden despertar en mi interior un torrente de recuerdos. Unos recuerdos cargados en muchos casos de añoranza y melancolía pero en muchos otros de sonrisas y felicidad. Pero es, sin duda, mirando al mar y su inmensidad cuando todas esas emociones van acompañadas por sueños e ilusiones que van y vienen en mi al ritmo de las olas que ven mis ojos.

Unos ojos que si los cierro y me dejo llevar por el mar provocan una oscuridad en la que la fuerza de los pensamientos adquiere especial relevancia. Mi mente se llena de preguntas a las que en muchas ocasiones no tengo respuesta. De esas incógnitas surgen miedos que me pueden hacer dudar pero que no conseguirán amedrentar las ganas de cumplir todo aquello que, por muy grande o pequeño que sea, me llene de felicidad. Ya decía Quevedo que “el ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

No sé si es cuestión del destino o no pero soy de las que cree que todo ocurre por alguna razón. Bajo la luz del sol y mirando al mar me adentro en mi mundo. Ese en el que yo escribo el guión de mis pensamientos y a los que muchas veces no sé que desenlace dar. Ese mundo en el que la imaginación es mi aliada construir el esbozo de los sueños que tengo por cumplir. Mirando al mar pienso y mucho. No sufro por los recuerdos que me trae. Prefiero quedarme con las cosas que me inspira. El mar es fuente de vida y como tal recarga mis baterías. Me llena de energía, me recuerda que Aún tengo la vida. Así que como dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw: “Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.” Manos a la obra.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

 

 

Al 2015 con buena actitud

Esto ya se acaba. Quedan una horas para despedir el 2014 y dar la bienvenida a un año nuevo. El treinta y uno de diciembre es un día de fiesta, de cotillón, de uvas y sobre todo de recuerdos y deseos. Atrás quedan unos propósitos y unos sueños que si a lo largo de estos trescientos sesenta y cinco días no se han podido cumplir, aún se pueden añadir a esa lista, que seguro ya está más que preparada para el 2015.Reloj_Puerta_del_Sol[3]

Con la evaluación personal hecha, el 2014 pasará a la historia como manda la tradición. Millones de ojos estarán pendientes del que es, sin duda, el protagonista de la noche: El Reloj de la Puerta del Sol. Sus doce campanadas nos llevan de la mano al Año Nuevo. Si en la vida en un segundo todo puede cambiar, esta noche, cada tres segundos nos habremos tomado una uva y pensaremos, ilusionados, en todo lo que aún nos queda por hacer realidad. Veremos la felicidad reflejada en los que nos rodean. No es para menos, hay muchos sueños y propósitos por cumplir. Decía el escritor francés, Saint-Exupery: “El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”.

Así que con actitud positiva estrenaremos calendario. Nadie sabe lo que nos deparará el año que comienza pero está claro que la ilusión es el mejor motor para emprender todo aquello que nos hemos propuesto. Es posible que en más de una ocasión “ese motor” haya que engrasarlo con una buena dosis de paciencia pero todo, en esta vida, es cuestión de tiempo.

Así es, en treinta y seis segundos damos la bienvenida a 12 meses, o lo que es lo mismo, 52 semanas. Si hablamos de días son 365. Hay 8760 horas por vivir. Así que no desaprovechemos ninguno de los 525.600 minutos que nos brinda el 2015. Ya escribió Jovellanos que solo falta el tiempo a quien no sabe aprovecharlo. Parece mucho, pero no es tanto. El tiempo vuela, o mejor dicho, recordando al escritor español Sampedro: “El tiempo no es oro; el oro no vale nada, el tiempo es vida”.

¡Feliz Año Nuevo!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Mensajero de la Fortuna

La fecha del estreno está clara. Será el próximo lunes cuando se levante el telón y comience el espectáculo. Hasta ese mismo día, muchos son los candidatos pero sólo uno será el protagonista. Un papel que, sin duda, asignará la diosa Fortuna. Ella será la responsable de la felicidad de todos los agraciados por “el Gordo”. Pero como en toda obra que se precie también habrá actores de reparto: Un segundo, un tercero, dos cuartos y hasta ocho quintos que gozarán de la compañía de muchos “extras”.

Pero para que nuestros sueños se puedan cumplir se han tenido que cruzar en nuestras vidas aunque sólo sea durante cinco minutos a los que podíamos llamar “mensajeros de la Fortuna”. Y es que los loteros reparten a lo largo del año muchos premios pero vender “el Gordo” son palabras mayores.

Ilusiones tengo muchas y soñar me encanta; así que decidí acercarme a una administración de lotería. Vi las largas colas de la popular Doña Manolita pero no podía esperar, así que paseando un día por el Barrio Salamanca de Madrid decidí entrar en Doña Melen. También había gente y tuve que esperar, pero me consolaba no tener que estar en la calle. Con una sonrisa en el rostro me saludó Alejandro. Como buen lotero me preguntó por mi favorito y dejé en su mano la decisión. Me comentó que la terminación en cinco es una de las más solicitadas pero el trece bate records. Sin olvidar, claro el está, el sesenta y nueve. Por supuesto, que hay números más feos que otros pero todos están dentro del bombo, me recordó Alejandro. Continuamos hablando sobre los décimos más buscados. Sin duda, las fechas personales son muy solicitadas pero los aniversarios populares también. Este año, apuntaban Ana y Sara, las compañeras de Alejandro, que, por ejemplo, la muerte de la duquesa de Alba y la proclamación de Felipe VI como rey se agotaron en muy poco tiempo.

Mi número no tiene ninguna relación personal conmigo pero desde ese día es mi número. Lleva mis sueños o al menos, ante el agobio, la nostalgia y estrés de estos días me hace pensar en todo aquello que tan fácilmente me devuelve la sonrisa. ¿Será esa la magia de la lotería?…Quien sabe…

Loteria-Navidad_TINIMA20131112_0789_18Desde luego, cada persona es un mundo. Por eso, precisamente, me vinieron a la mente los disfraces con los que muchos deciden presenciar el sorteo. Está claro que anécdotas hay muchas pero me impactó cuando Alejandro me contó que el otro día una persona compró cinco décimos y los rompió en la propia administración…En fin, hay que creer en la suerte porque ya dijo el poeta griego Eurípides: “Puede privarnos de riquezas la fortuna, pero no de ánimo”…

Así que con mucho ánimo afrontan en Doña Melen los últimos días. La actitud es fundamental. Les espera un domingo muy atareado pero saben que merece la pena. Sueñan con colgar en la administración 347 el popular cartel de “Vendido Aquí”. La cuenta atrás ha comenzado. Todavía quedan décimos. Eso me hace recordar al escritor francés Montesquieu cuando decía que “no hay hombre a quien la fortuna no vaya a visitarlo alguna vez en la vida”… ¿Y si la diosa decide pasar por Doña Melen? Yo, por si acaso, ya lo he hecho.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Doña Melen está en http://www.loteriasmelen.com . Y en : c/Principe de Vergara 1

Sueños por Navidad

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Apenas quedan en el calendario de adviento ventanas por abrir. El espíritu de la Navidad ya se pasea por los rincones de todas las ciudades, y no es para menos, quedan diez días para celebrar la que es, sin duda, la fiesta más familiar… Desde pequeños cantamos: La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va… o 25 de Diciembre: Fun, fun, fun…

La panderetas ya están preparadas, las zambombas no pueden faltar para acompañar a los populares villancicos, que por cierto, estos días se convierten en la banda sonora oficial. Estamos ya en la línea de salida para que el veintidós, y como manda la tradición, sea el sonido del cántico de los niños de San Ildefonso el que inaugure estas fiestas. Hasta entonces hay tiempo para comprar lotería, turrón, escribir la carta a los Reyes Magos, y por supuesto, para dejar aflorar esos sueños e ilusiones que como cada año en esta época cogen más fuerza… Y es que es Navidad y, nos guste o no, todos soñamos: Despiertos o dormidos.

Con el espíritu de la Navidad llega también el nerviosismo de los más pequeños y de los más mayores…Seamos realistas…Que cada uno piense en sus motivos pero seguro que los hay para estar alterado… Las alegrías llegan tarde o temprano, y no sólo de la mano del famoso Gordo de Navidad, y no me refiero al rojiblanco. La lotería ayuda, y más en estos tiempos…Cinco números cambiarán la vida de muchos porque sea el premio que sea nunca viene mal… Hablamos de números pero todos pensamos en cinco letras… Y es que la salud es el premio de los trescientos sesenta y cinco días del año.

La última hoja del calendario está llegando a su fin. Es el momento de reunirse, de emocionarse por los reencuentros, de llorar las ausencias. Escribió el autor de Cuento de Navidad, Charles Dickens: “El recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad”. Y si las velas brillan más, también hay sillas vacías que son capaces de llenar de sentimientos los corazones. Es más, una ¡Feliz Navidad! como decía Dickens es “la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!

Algo tiene la Navidad que con gordo o sin él siempre deja algún kilo de más, y sobre todo, muchos sueños por cumplir…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

Con energía al 2014

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Si no se ha hecho balance del 2013 todavía se está a tiempo. Aún quedan algunas horas para valorar lo que el año que estamos a punto de despedir nos ha dejado. Es cierto, que habrá cosas buenas y algunas que no lo serán tanto, pero seguro que de todas y cada una de las experiencias que hemos vivido algo hemos aprendido. Así es la vida, una lucha constante. Los que ya son difíciles de cumplir son los propósitos que ese ya lejano uno de enero nos hicimos.

Hecho el balance y con la mente en el 2014 cenaremos esta noche. Las buenas intenciones están a punto de saturar nuestras cabezas. Seamos realistas: Está claro que no todas se podrán cumplir pero, al menos, habrá que intentarlo. Y es que sin lucha no hay victoria.

Hay muchas ilusiones y sueños con ganas de ser una realidad. Así se presenta un 2014 en el que confío. Ser optimista no es una opción tiene que ser un hábito de vida. Las malas noticias llegan solas, pero con una sonrisa como escudo es más fácil hacerlas frente.

Todo está preparado: el reloj, las uvas, el cava… Y el gracioso que mientras el resto de la familia se está atragantando con las uvas se dedica a poner caras con el único fin de forzar esa carcajada llena de…en fin…es lo que tiene la Nochevieja: En ella está todo permitido.

Serán treinta y seis segundos intensos. Estaremos llenos de nervios, pendientes del carillón, de escuchar los cuartos y engullir las tradicionales uvas… Y todo: Para estrenar juntos un calendario nuevo. Dijo Coelho: “Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos”. Y desfilarán…Pasarán las horas, los días, los meses y cuando nos queramos dar cuenta volveremos a estar despidiendo otro año.

Las esperanzas, los sueños y los buenos deseos cobran especial fuerza esta noche. Esperemos que no decaigan a lo largo de los meses…porque…¡cuidado!.. dice un proverbio árabe: “Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.”  ¡FELIZ AÑO!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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