CORAJE Y CORAZÓN EN EL FÚTBOL Y EN LA VIDA

Un sentimiento que no se puede explicar pero que une a toda una familia que disfruta viendo a los suyos luchar como hermanos en el terreno de juego. El Atlético de Madrid nos está brindando muchos momentos de alegría y euforia sin dejar de lado el “sufrimiento” que va de la mano de las rayas rojiblancas. Ser del Atleti es algo que no todos pueden entender, pero los colchoneros tampoco se lo vamos a explicar porque es nuestra forma de entender la vida y de vivirla. 

El pasado sábado la victoria y los tres puntos tenían una dedicatoria especial. Hace once años nos dejó Luis Aragonés y desde el tercer anfiteatro siempre resonará que hay que “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” porque en la semana en la que se avecina el derbi con mayúsculas, está claro que nunca se puede dejar de creer. No hay que olvidar el arrojo que tenía “el Sabio de Hortaleza”. Es cierto que antes del Real Madrid y siendo fieles al “partido a partido” hay que medirse en Copa al Getafe. Habrá que pelear, como siempre; pero la satisfacción de ver a los de Simeone triunfando en su casa es algo que no se olvida y, por supuesto, se festeja cantando, si es preciso, el himno a pleno pulmón. 

El Atlético de Madrid está a un punto del líder. Todo puede cambiar en Concha Espina. No sé cual es la previsión meteorológica para el próximo sábado a las nueve de la noche, pero está claro que el ambiente estará más que caldeado dentro del Santiago Bernabéu. Neptuno y Cibeles se mirarán de reojo porque hay algo más que tres puntos en juego. Decía Aragonés que “sólo hay un campeón y va de rojo y blanco” y no le faltaba razón. Por eso, esas rayas tienen que dejar su huella en la casa del eterno rival. No hay excusas que valgan. No puede faltar el coraje y corazón que nos abandera siempre y, por supuesto, aunque toda la afición no pueda estar dentro del estadio, estará apoyando a los suyos desde distintas ubicaciones. La victoria, aunque sea sufriendo ante los merengues, siempre es mucho más dulce. El Atleti está en un buen momento y tiene que seguir cosechando triunfos y alegrías. Los corazones ya los tenemos preparados y aguantan lo que sea necesario por gritar los goles de los de Simeone. No importa si son en los noventa minutos de partido o agonizando en el añadido, los colchoneros sabemos que está en nuestro ADN llegar al límite. Tenemos hasta el sábado para “calentar” nuestra ganas de triunfo. 

Cuando digo que el Atleti es otra forma de entender la vida, me refiero también a los detalles. Ante el Mallorca pudo pasar desapercibido para muchos, pero los jugadores llevaban un brazalete verde por el Día Mundial del Cáncer que se celebra, precisamente, hoy. Reconozco que se me ponen los ojos vidriosos cuando estos días recuerdo el momento de mi diagnóstico, pero me aferré a mi fuerza y a quienes estuvieron conmigo hasta el final. Gané, sigo disfrutando de la vida y de mi Atleti porque durante todo el proceso soñé con volver al estadio de la mano de mi padre, como bien dice el himno de Sabina, y lo conseguí. Por eso, ese sentimiento inexplicable, ese coraje y corazón no pueden faltar en el día a día. La vida me ha dado otra oportunidad y la sigo escribiendo en rojo y blanco. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/02/04/coraje-y-corazon-en-el-futbol-y-en-la-vida/

APRENDER DEL PASADO

Aunque la cuesta de enero se esté haciendo larga, este mes está llegando a su fin. Muchos se alegrarán de ello, y no es de sorprender porque los comienzos no siempre son fáciles. Los cambios que se le piden al año nuevo no se pueden lograr de la noche a la mañana porque, como es bien sabido, hay que darle tiempo al tiempo. No hay que tener prisa pensando en el futuro o en los sueños pendientes por cumplir, todo llega si está destinado a nosotros. Eso sí, esos sueños requieren de esfuerzo, porque pocas cosas llegan como caídas del cielo. De hecho, la satisfacción de lograr aquello que se anhela produce una sensación inigualable. 

Aprender que el esfuerzo es fundamental para todo es básico para valorar todo lo que nos rodea. Por eso, la lista de propósitos no es estática y puede ir evolucionando a medida que nosotros vamos caminando por la vida. A ésta no se le puede exigir de más porque es ella la que reparte las cartas y nosotros quienes jugamos las partidas. Cada día nos enfrentamos a nuevos retos, a nuevas experiencias y, sin duda, nos “retamos” a nosotros mismos porque vamos cambiando aunque no seamos conscientes de ello. Es cierto, que si la vida en un segundo te puede cambiar, en este mismo tiempo tú también lo puedes hacer. Un mensaje, una foto, un recuerdo o cualquier acción que nos rodea nos puede enseñar algo sobre nosotros mismos o nos puede poner ante una situación que debemos afrontar como un reto. Por eso, la actitud ante todo es fundamental. Conocernos no es fácil, pero reconocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades debería ser obligatorio. 

Hace unos días, frente al mar, contemplando su plenitud me volví a encontrar con fantasmas del pasado. Sabía que iba suceder porque la mente es caprichosa, pero me he dado cuenta con el paso de los años que éste también te prepara para afrontar los recuerdos que están escritos en pretérito. Sé que soy fuerte porque la vida me mostró mi fortaleza. De hecho, de aquella dura lección, a día de hoy, tengo que reconocer que aprendí no sólo a conocerme, sino a ser fiel a mí misma. Es cierto que las comparaciones no son buenas, pero ante estos recuerdos sí lo son; porque aunque sea con los ojos vidriosos, las imágenes del pasado son una fuente de vida inigualable. El paso del tiempo me ha llevado a ver lo vivido como una evolución hasta el presente lleno de superación, de alegría, de buenos momentos y, sobre todo, de una lucha constante hacia esa felicidad que muchos anhelan y que no encontrarán por no buscar en las pequeñas cosas que nos rodean. 

Si ser feliz es lo que cuenta, sonreír a diario es vital. He dicho que he contemplado el mar recientemente y, por eso, viendo su calma, escuchando su susurrar y pensando en lo bonita que es la vida no puedo acabar estar palabras sin respirar profundamente y animar a quien haya leído hasta aquí que disfrute del presente, que enero ha podido ser mejor o peor, pero que quedan muchos capítulos de este año y todos merecen ser aprovechados. El tiempo no es oro, es vida; y ésta se nos escapa sin darnos cuenta porque nos despistamos con lo que no merece la pena. Tenemos que sonreír y fluir por ella.

Jimena Bañuelos

A SERGIO NADER

No voy a negar que tengo un nudo en la garganta, que estas palabras se tiñen de luto porque hay noticias que caen como un jarro de agua fría sin avisar. Nunca pensé que te dedicaría un artículo porque te has ido. De hecho, en septiembre, hace apenas un mes y medio, a pesar de la distancia quise celebrar contigo y tu hermano Pepe el aniversario de El Valle. Fue allí donde nos conocimos y donde nació nuestra particular familia vinculada al periodismo y a ese periódico que siempre estará en mi cabecera de medios. 

La vida te enseña, muchas veces, a base de golpes, pero de estos hay que reponerse. No sé el tiempo que nos llevará a los que te conocíamos asumir tu ausencia, pero estoy convencida que jamás te vamos a olvidar y, por eso, siempre vas a estar con nosotros. Alberto Cortez escribió estos versos que resuenan mucho ahora mismo en mi cabeza y a la vez hacen que mi corazón se quiebre, pero siento que te los mereces allá donde estés: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, con la llegada de otro amigo./ Cuando un amigo se va, queda un tizón encendido, que no se puede apagar, ni con las aguas de un rí­o./ Cuando un amigo se va, galopando su destino, empieza el alma a vibrar, porque se llena de frío”. 

Precisamente, ese frío tenemos que llenarlo con el calor de nuestros abrazos. Seguramente, mi querido Pepe los necesite al igual que toda la familia. Es cierto que estoy a nueve mil kilómetros de distancia de México, pero, aún así, no hay distancia que pueda impedir la llegada de los sentimientos y eso es lo que hoy estas palabras quieren transmitir a todas esas personas las que tras conocer tu partida, se nos han puesto los ojos vidriosos. Es cierto que los recuerdos regresan para mostrarnos todo lo que hemos vivido y, por eso, mi mente me ha llevado a México, a esa redacción que tanto quiero, a verte en tu mesa, a recordar tu caballerosidad, en definitiva, a volver a vivir el pasado en el presente. 

Dicen que el tiempo cura la heridas, pero las cicatrices permanecen. Nada será igual porque ya no estás, pero los que seguimos vivos tenemos la responsabilidad de mantener tu legado vivo. Nos costará al principio, pero nos guiarás cuando lo necesitemos. Ya te estamos echando de menos. Acaba de pasar el Día de Muertos y, te aseguro que nunca te vamos olvidar. Desde España te honro, tendré que recomponerme porque como se dice aquí “cuando un amigo se va, algo se me muere en el alma”.

Y dicho esto, tengo que agradecer a la vida, a que “aún tengo la vida” que te pusiera en mi camino. México siempre será especial y la familia Nader también. Me duele escribir estas palabras de despedida, pero sé que los recuerdos se han inmortalizado y en ellos siempre estarás, querido Sergio. 

Descansa en Paz.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/11/04/a-sergio-nader/

CUMPLIENDO 18 AÑOS… GRACIAS A MI DONANTE DE MÉDULA 

Más de seis mil quinientos cincuenta días después de aquel ‘día cero’ sigo celebrando el mejor regalo que me han hecho nunca. Aquel catorce de septiembre de hace dieciocho años era el día más anhelado por mí. Iba a marcar un antes y un después. La vida me daba otra oportunidad gracias a la generosidad de mi donante de médula. A aquel joven alemán siempre le estaré eternamente agradecida. Han pasado los años y aunque no hay que mirar atrás, hay recuerdos que la mente nos los proyecta como si hubieran sucedido el día anterior. 

Precisamente, por mi mente ronda aquella habitación del hospital de La Princesa, aquel ir y venir de las enfermeras y la hematóloga, las miradas que cruzaba con mis padres cuando me agarraban la mano para asegurarme que todo iba a salir bien y, por supuesto, esa fortaleza que salía de mi cuerpo cuando apenas podía andar o sujetar un bolígrafo. Todo eso y, por supuesto, la imagen de ese ‘regalo alemán’ que iba a entrar en mi cuerpo para dar un giro de ciento ochenta grados a la leucemia que lo truncó todo. Era el principio del final. Estaba cada vez más cerca de tomar, de nuevo, las riendas de mi vida. Ese había sido mi sueño desde el momento en el que me diagnosticaron y aunque hubo momentos muy complicados, tenía a grandes aliados conmigo. Eran el aliento para seguir adelante, pero necesitaba a ese donante, a mi Hans, como yo le llamo. Sigue siendo mi Hans y continuaré brindando por él y por las experiencias que me quedan por vivir. Quiero seguir sumando días a ese 14 de septiembre porque el tiempo no es oro, el tiempo es vida.  

Reconozco que afrontar aquel presente fue una prueba muy complicada. La vida cuando te enseña, a veces, pone lecciones muy complicadas; pero reconozco que aprendí demasiadas cosas de mí misma y, por supuesto, de la vida. Las prioridades cambian y más cuando sólo tienes 21 años y, de repente, te ves en una cama de un hospital donde sólo importa el hoy y te aferras a esos sueños que, quizás, te den algo de paz. Soñar nunca está demás porque puedo asegurar que hoy muchos de los sueños que surgieron en los peores momentos, entre quimios y vómitos, se han hecho realidad. 

Una realidad que hoy, 14 de septiembre, me muestra como estoy hoy y como estaba hace dieciocho años. No voy a negar que se me pone la carne de gallina y hasta alguna lágrima sale de mis ojos, pero son las consecuencias de poder decir bien alto que ‘Aún tengo la vida’. Una vida cargada de sueños, aunque tengo que ser sincera y reconocer que también convivo con algún daño colateral que otro y, obviamente, unos días se llevan mejor que otros, pero que nadie puede juzgarme por ello. De hecho, esas cicatrices no son una debilidad, son la muestra más evidente de lo que es ‘la fuerza de la vida’. Lógicamente, lo único que importa es creer en uno mismo y centrarse en lo que realmente importa: saber conjugar sin ningún ‘pero’ el verbo vivir. 

Tengo claro que la vida, esa que sólo se vive una vez, cuando da segundas oportunidades es por algo. Seguiré sonriendo al presente porque motivos no me faltan. Hoy cumplo 18 años de esta segunda oportunidad. Brindo por la salud, por Hans, mi donante, y sobre todo, brindo por seguir sumando días a ese ‘día cero’ que tan marcado está en el calendario. Día que pasa, día que no vuelve. Sin duda, la vida es lo que nos queda por vivir. Por eso, celebrémosla.

Jimena Bañuelos

MÉXICO Y EL VALLE: LA NOTICIA HECHA PERIÓDICO

Poco a poco vamos encarrilando el mes de septiembre. Volver a la rutina no siempre es fácil, pero como lo mejor es buscar el lado positivo de las cosas, hay que mirar al porvenir con una sonrisa. Septiembre es también un mes con muchas celebraciones. En diferentes puntos de la geografía española están festejando a sus patrones. La música seguro que no falta y la diversión está más que garantizada, por eso, al ritmo de verbenas siempre se lleva mejor los comienzos de este mes. 

Si de festejar hablamos, está claro que no me puedo olvidar, porque mi corazón así me lo indica, que para México es su mes más patrio. En apenas unos días los festejos se iniciarán como marcan las tradiciones. Obviamente, me uno a ellas porque “a nueve mil kilómetros de distancia” me dieron la oportunidad de formar parte de una gran familia periodística, de sentirme como una mexicana más y, aunque han pasado los años, esa amistad se ha vuelto inquebrantable. Sus cimientos son muy sólidos y, además, nuestra pasión por el periodismo pone la guinda a este maravilloso pastel. ‘El Valle’ también celebra este mes su aniversario, y habrá, por supuesto, que soplar por sus treinta y cuatro años. Allí me di cuenta todavía de que la esencia del periodismo está viva, sólo hay defenderla ante quien quiere acabar con ella. Su director, Pepe Nader, predica con el ejemplo. Cada día en su columna escribe sin pelos en la lengua. No importa si incomoda o no, pero la realidad es la que le dicta su opinión. Es cierto que la puedes compartir o no, pero la libertad nace en sus palabras. El periodismo incomoda y ejercerlo en un país que es líder en los asesinatos de periodistas tiene un valor extra llamado: coraje y valentía.

Por eso, nunca olvidaré esa oportunidad que me llegó estando muy lejos de mi casa. Dicen que en la vida todo pasa por algo y quizás sea cierto porque tanto lo bueno como lo malo nos va forjando nuestra forma ser, nuestro carácter y, por supuesto, va marcando nuestro camino. Precisamente, en mi camino por tierra mexicanas tuve muchas ocasiones en las que crecí como persona. También, volví a ejercer la profesión que ha sido mi vocación desde niña. Por eso, este mes toca celebrar los años que cumple ‘El Valle’. Estaré lejos de esa redacción, de esos amigos que brindarán por muchos años más, pero la distancia no puede impedir que mi mente me llevé hasta allí para abrazar a todos ellos y para agradecer a Pepe y a Sergio Nader que sigan contando conmigo. 

La verdadera amistad traspasa fronteras y el tiempo tampoco puede con ella, porque lo importante y puro siempre prevalece. El destino quiso que los “nueve mil kilómetros de distancia” se acortaran tanto y se redujeran a cero en la mítica Puerta del Sol de Madrid. Allí nos vimos y allí nos reencontramos. Fueron muchos recuerdos los que nos vinieron a la mente. El tiempo es relativo y, a pesar de los años transcurridos, fue como si nos viéramos a diario. Vivir el momento y disfrutarlo es fundamental. Por eso, brindemos, como hizo mi querida Victoria, por todo lo que nos ha unido y por la salud. 

Asimismo, estoy convencida y seguro que mi querido Pepe también, que nos quedan muchas experiencias por vivir y muchas historias por contar. Lo que está claro es que hay que ir paso a paso y disfrutar cada momento. Estos son oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. 

México marcó un antes y un después en mí. Un después maravilloso que significa mucho. La vida está llena de aventuras…Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.”

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/09/mexico-y-el-valle-la-noticia-hecha-periodico/

MIRANDO AL MAR

Dicen que el tiempo es oro, cuando, en realidad, el tiempo es vida. Por eso, no podemos despistarnos y debemos centrarnos en lo que realmente importa. Está claro que ser felices es a lo que aspiramos y aunque no siempre sea fácil dar con las teclas exactas de esa felicidad, cuando ésta se consigue la sensación es indescriptible. 

Acabo de soplar las velas en la tarta de mi cumpleaños. Como marca la tradición he pedido ese deseo que no se debe decir a nadie para que se cumpla. En realidad, cumplir todos los deseos es lo que hace la vida mucho más interesante. Algunos no dependen de nosotros y llegan cuando menos lo esperamos y el derroche de felicidad es abrumador, en cambio, otros, los vamos forjando con el paso de los días, los meses o, incluso, los años; pero el resultado es el mismo. Es más, me atrevo a decir que la satisfacción personal es un plus a añadir a esa felicidad que tanto nos llena de vida. 

Nunca me importó cumplir años porque eso es la vida. Soplar una vela más cada año es, para mí, un sinónimo de que estamos con nuestros seres queridos para continuar escribiendo otro capítulo de nuestro propio manuscrito. Este año, frente al mar, he comenzado una década nueva, la anterior fue maravillosa y fue en México donde comencé a acumular grandes recuerdos. Estos son inolvidables  y marcaron un antes y un después. Ahora, ante la inmensidad del Mediterráneo, toca seguir soñando y pensar en todo lo bueno que está por venir. Evadirse de la realidad es fundamental para recargar la energía de la mente. En la playa se construyen muchos castillos de arena, algunos duran muy poco y se deshacen en un suspiro; en cambio, hay otros que se caen y se vuelven a levantar para recordarnos que en la vida hay que hacer, en más una ocasión, borrón y cuenta nueva para levantarse tras cada caída con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. 

La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también hay una evolución a medida que vamos cumpliendo años. 

Por eso, teniendo muy claro que la vida es lo que nos queda por vivir, me permito mirar a lo lejos y contemplar el mar que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. Está claro que la vida es hoy, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca. Gracias a ellas, las adversidades se llevan mucho mejor. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. 

En definitiva, los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… 

Jimena Bañuelos

UN TROFEO LLAMADO VIDA

El verano está cada vez más cerca. Se respira en el ambiente que la estación estival está llamando a la puerta. Las clases están llegando a su fin, los festivales cobran protagonismo; si añadimos que el buen tiempo es el que nos acompaña a diario y las horas de sol protagonizan su mejor momento, podemos asegurar que la palabra “vacaciones” también está llamando a la misma puerta.

Una palabra que nos ilumina el rostro. Es necesario desconectar de la rutina para poder hacer un paréntesis y olvidar, aunque sea por un tiempo, los problemas, las preocupaciones y dar rienda suelta a esos placeres de la vida que no siempre están en nuestros planes. 

Unos planes que se han ido fraguando desde el frío invierno hasta la primavera y que ahora pueden ser ese sueño hecho realidad. Junio llega esta semana a su ecuador y con él todo lo que he mencionado. Es cierto, que además, este año, los amantes del fútbol no se pueden quejar porque la Eurocopa de Alemania arrancará el próximo viernes. España no debutará hasta el sábado pero las quinielas y las apuestas por las selecciones que llegarán a la final ya son un hecho. Todos tenemos a nuestros favoritos y todos somos conscientes de cómo llegan las diferentes selecciones a la competición. Sólo los mejores se llevarán la copa. 

Toca vivir un principio de verano en el que el deporte será el protagonista. Eso sí, tras su estela tocará encender la llama olímpica en París. No todo va ser fútbol. Los Juegos Olímpicos nos permiten disfrutar del deporte con mayúsculas. No todo se reduce al balompié. Los récords a batir son muchos y para conseguirlo hay demasiadas horas de esfuerzo y sacrificio detrás. Un sacrificio que bien se merece una medalla, un podio y unas lágrimas de emoción. 

Precisamente, lágrimas de emoción es lo que me produce a mí el ecuador de este mes. Esta semana brindaré como cada trece de junio por la mejor noticia que me han dado en la vida. Los aniversarios están para celebrarlos y más aún cuando es una fecha que marcó un antes y un después. Es verdad que el número trece tiene muchos detractores porque las supersticiones siempre están ahí. Confieso que nunca creí en ellas y después de aquel trece de junio aún menos. Es más, era martes y trece y se cumplen, precisamente, dieciocho años desde que escuché a mi hematóloga decir: “Jimena, tienes un donante de médula compatible”. Llevaba meses soñando con ese momento. Me imaginaba cómo sería y llegó cuando menos me lo esperaba. Recuerdo aquel día perfectamente. Aquella habitación del hospital, aquella cama y lo más importante, la cara de mi madre llena de emoción al escuchar a mi doctora pronunciar esas palabras. Esos abrazos serán inolvidables porque en el ambiente, a pesar de mi situación, se respiraba felicidad, se respiraba alegría, se palpaba la emoción. Son recuerdos que eternamente me pondrán la carne de gallina. Son recuerdos cargados de sentimientos y estos siempre llegan al corazón. Ahí todo cambió. Ese sueño se había convertido en realidad. El día del trasplante estaba más cerca y el principio del fin tenía una fecha señalada. ¿Es o no es motivo para celebrar cada año el 13 de junio?

Celebrar es signo de alegría y de victoria. Si hago el símil con el deporte, aquel 13 de junio me llevé la medalla de oro y la Copa como una campeona. Eso sí, tengo que reconocer que fue un alemán el que me entregó esos trofeos en forma de vida. Un vida que sigo disfrutando y aunque dicen que ésta no da segundas oportunidades cuando lo hace es para extraerla todo el meollo sin ponerle ningún pero. 

En definitiva, no seré yo quien apueste por los campeones de la Eurocopa porque tengo mi particular debilidad… Es comprensible, hay vida mucho más allá de que tu equipo gane o pierda. Lo importante es tener esa vida. Ahí lo dejo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/06/10/un-trofeo-llamado-vida/

MADRE NO HAY MÁS QUE UNA

Madre e hija

Mayo está llamando a la puerta y está pidiendo el testigo a un mes de abril que se despide con temperaturas más propias de febrero, aunque los alérgicos saben bien que estamos en primavera. Cerramos un capítulo más de este año para dar la bienvenida al mes de la flores. Éste arranca con un día muy señalado. Rendir homenajes a las madres nunca está demás.

El próximo domingo es el Día de la Madre y siendo el mes de las flores, éstas son un buen regalo para esas fieles compañeras de vida que están dispuestas a todo por ver una sonrisa en el rostro de sus hijos. Decía el poeta británico George Herbert que “una buena madre vale por cien maestros” y yo, dejando la objetividad a un lado, tengo a la mejor. Eso vaya por delante.

Las madres tienen ese instinto que la naturaleza les da y te entienden con una mirada, te aconsejan velando por tu bien y están dispuestas a todo, ya que la unión de una madre con un hijo es la más fuerte que hay. Y eso, también, es incuestionable. 

La distancia nunca podrá impedir un sentimiento, este año no estaremos juntas pero el escritor estadounidense Fitzgerald decía que “puedes acariciar a la gente con tus palabras”, al menos yo así lo creo. Siento que estás conmigo aunque no te tenga. Podía haber escrito de muchos temas, pero hoy me apetecía escribir de ti. Las palabras pronunciadas se las lleva el viento pero las escritas permanecen y eso es, precisamente, lo que quiero.

Quiero darte la gracias porque nunca me has fallado. Como dice la liturgia del matrimonio, estás ahí, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida. En el fondo fuiste la primera persona a la que estuve unida cuando apenas abultaba un centímetro. Eres madre, hermana, esposa, amiga…eres especial. Eres la rosa de mi vida. De niña siempre decía que de mayor quería ser como tú, ahora de mayor soy lo que soy gracias a ti. Sé que “lo dejarías todo” por mí y juntas nos pintamos la cara “color esperanza” cuando más lo hemos necesitado. Me has enseñado a ser fuerte y a “vivir mi vida” y sobre todo, me has enseñado a ser fiel a mis principios forjados en una personalidad que ha ido creciendo a medida que han ido pasando los años. 

Unos años que están cargados de recuerdos. Todavía quedan muchos más para ir llenando nuestra memoria. Hay que reconocer que el árbol de la vida es así y hay que regarlo con la felicidad de ir viéndolo crecer mientras asienta firmes sus raíces. Una raíces que, obviamente, están unidas a mi madre. Por eso, vayan estas palabras como regalo y aunque no estemos juntas el domingo seguimos muy unidas.  

Acabo con estos versos de Antonio García Barbeito: “por lejos que me encuentre/ de ti, todas mis raíces/ siguen estando en tu vientre”

Jimena Bañuelos

A MI PADRE

Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros”, y no le faltaba razón porque lo que he aprendido del mío es de matrícula de honor. Es cierto que no eres el responsable de que sea del Atleti, pero sí de que sea como soy. Eres mi amigo, mi cómplice, mi confidente y fuiste mi fiel compañero en la batalla más dura y, por eso, ganamos aquella guerra. Hemos vivido muchas experiencias juntos de las que tenemos grandes recuerdos. No hay álbum de fotos, ni memoria en un teléfono que pueda almacenar todos esos momentos. 

Tengo que reconocer que me lo has dado todo a cambio de una sonrisa, y siempre recibirás una porque verte feliz es, sin duda, lo que más anhelo. Esta felicidad es el fruto de nuestra complicidad y ésta no necesita más que una mirada para que nos entendamos. No negaré, a estas alturas, que me acusan, y con razón, de ser la niña de sus ojos, y si ese es mi mayor delito, acepto la condena. Y puestos a elegir prefiero una cadena perpetua. Es cierto que madre no hay más que una y su valor es incalculable pero un padre, si es como tú, no tiene precio. No te cambiaría por nada. 

Hoy es 19 de marzo y celebramos el Día del Padre. Lo dice el calendario y la tradición, pero tú y yo podemos festejar todos los días del año porque sabemos que el tiempo pasa muy deprisa y que éste en un segundo puede cambiar. Esa niña de tus ojos hoy te rinde un homenaje a pesar de la distancia. Hay que reconocer que no hay distancia suficiente que pueda impedir que los sentimientos lleguen. 

Unos sentimientos que nacen del corazón y cuando éste los dicta hay que plasmarlos tal y como son. Las palabras pueden ser simples letras que se han unido, pero aquí están creando un texto en el que hay algo más que letras. Mi padre siempre está ahí. Sabe escuchar y sabe aconsejar. Han pasado los años y con ellos las etapas de la vida, una vida que nos ha unido de una manera inquebrantable porque nos ha puesto a prueba y, como he dicho antes, salimos triunfantes. Sin duda, se creó un punto de inflexión muy importante. Ahí nació esa unión que nos hizo más fuertes. Y de esa fuerza hemos ido tirando para afrontar las idas y venidas de la vida. Ésta no es un camino de rosas, pero las cicatrices nos recuerdan que tenemos la piel curtida para afrontar lo que venga. Sabemos disfrutar de nuestros momentos porque también eres divertido, generoso, ingenioso, cocinillas y muchas cosas que tú y yo sabemos. La rosa más importante la compartimos a diario porque es mi madre, tu mujer y el apoyo que ambos necesitamos. 

Aprovechando que en Valencia celebran hoy ‘La Cremà’ de las Fallas, quememos de nuestra memoria aquello que nos hace daño. Pensemos, papá, que más pronto que tarde celebraremos este día juntos sin mirar al calendario. La cuenta atrás ya ha comenzado. Mientras tanto, sigamos disfrutando de la vida, eso sí, día a día.

Afortunadamente, porque ‘aún tengo la vida’ van estas palabras. No tengo un regalo que darte pero sí un homenaje que rendirte. ¡Feliz Día del Padre!

Jimena Bañuelos

DÍAS SEÑALADOS

Enero está a punto de agotarse. Parece que fue ayer cuando iniciamos este calendario y sin darnos cuenta vamos a pasar la primera página para poner el broche final al primer capítulo. La historia depende de quien la escriba, por eso, para algunos este mes habrá sido muy satisfactorio, en cambio, para otros la cuesta de enero habrá sido más pronunciada de lo normal. Sin embargo, todos coincidimos en lo primordial que es adaptarse a las circunstancias, y plasmarlas como mejor podamos en la memoria de los recuerdos. Ahí reside la importancia de lo acontecido.

He de reconocer que este viaje al que llamamos vida tiene sus pros y sus contras. Viajar no solo es conocer nuevos lugares, nuevas costumbres o tener experiencias diferentes. El verbo viajar también se debe conjugar a nivel personal. Este viaje tiene como único destino conocernos a nosotros mismos. Quizás, esto sea más costoso porque el vértigo de vernos frente a nuestros puntos más débiles no sea tarea fácil. Esa experiencia puede ser la más bonita o la más dura si no estamos preparados para ella. 

Es cierto que con el paso del tiempo vamos cambiando. Los años nos transforman física y mentalmente. Nuestra personalidad se forja con lo que vivimos, con lo que vamos aprendiendo, y es bueno que ésta sea férrea porque la fuerza de la mente es vital, ya que los planes de la vida cambian de la noche a la mañana. Puedes cancelar un viaje, perder un avión, un tren, o un autobús, por ejemplo, pero cuando la vida se une al destino y ésta da un giro de ciento ochenta grados a los planes, esto no hay manera de solucionarlo. Si es para bien será la felicidad la que lo inundará todo pero si no es así, fortalecer tu mente y afrontar el porvenir es la clave para encauzarlo todo. 

Con ese todo me refiero a todos los aspectos que son importante para nosotros en ese momento. La mente sabe cuando necesita recordarte determinados momentos de tu vida. Esto siempre lo hace, por supuesto, con el calendario en la mano. El dos de febrero siempre será el día que me dieron la peor noticia de mi vida, pero también el día que me convirtió con mucha fuerza, mucho coraje, y mucho valor en la persona que soy hoy. El presente viene marcado por el pasado, pero éste aunque duela recordarlo, me ayuda a comparar como estoy ahora, y únicamente por eso tengo motivos de sobra para sonreírle a la vida. Ese antes y el después de oír aquel diagnóstico será inolvidable pero me puso frente al espejo de una realidad diferente en la que nunca hubiera pensado, pero esa realidad me cambió y me descubrió cosas de mí misma que ni yo conocía. 

Siempre digo que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y sigo creyendo en eso a “pies juntillas”. El próximo domingo será el Día Mundial contra el Cáncer y hasta en eso el destino quiso que ese día de hace muchos años viera en primera persona la primera bolsa de quimio de las muchas que vieron después. No sé si todo sucede por algo porque esto no se puede demostrar, pero, sinceramente, sí que lo creo. 

Y creo que la vida me dio una gran lección aunque ésta fuera muy dura. Me marcó, por supuesto, pero también me cambió. No me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me enseñó. Soy una superviviente que solo quiere ser feliz porque si la vida me ha dado una segunda oportunidad es para poner en práctica la dura teoría que aprendí y las prioridades que me marqué. Luché, gané y eso se traduce en vivir sin ponerle ningún ‘pero’ a esta vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en el periódico El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/53877/dias-senalados

Archivos