ESPERANZA E ILUSIÓN

Poco a poco todo va recuperando cierta normalidad o, al menos, se intenta vivir de la mejor manera posible. Afortunadamente, la situación está evolucionando favorablemente y el optimismo está puesto en el futuro a corto plazo. El anhelo de que las restricciones comiencen a desaparecer son uno de los temas de conversación que no faltan cuando se habla de la pandemia. Cada vez queda menos para dejar atrás el mes de febrero y quien sabe si en marzo se inicie una nueva etapa. La esperanza sigue ahí y la ilusión no la podemos abandonar.

Si continúo hablando de esperanza e ilusión tengo que hacer alusión, sin quererlo, al Atlético de Madrid. Hace tiempo que no escribo sobre los rojiblancos, pero mañana se la juegan en la Champions. La irregularidad de los de Simeone es evidente a estas alturas de la temporada. Sin duda, dan una de cal y otra de arena a su afición. Después del desastre contra el Levante viajaron hasta Pamplona para ganar por tres goles a los locales. La victoria era necesaria, no solo por los puntos sino por la dosis de moral para afrontar el partido ante el Manchester United. Es cierto que nunca hay que dejar de creer, pero también los sueños hay que alimentarlos con hechos y actitudes. Ojalá sigan la estela de “El Sadar” y tras el himno de la Liga de Campeones derrochen todo el coraje y el corazón en el Metropolitano al igual que la afición lo hace en las gradas. No está siendo una temporada fácil y la actitud ante las adversidades es fundamental. Por delante los rojiblancos tienen dos partidos para sellar el pase a los cuartos de final. Dice el refrán que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy así que si se encarrila la eliminatoria en casa mucho mejor. Si hay que sufrir se sufre, pero tampoco es necesario llevarlo a niveles extremos. De lo que no hay ninguna duda es de que hay mucho en juego dentro y fuera del campo. Hay demasiadas preguntas en el aire que pronto tendrán una respuesta clara. El tiempo pone a cada uno en su sitio. A buen entendedor pocas palabras bastan.

Por suerte, tenemos muchas cosas para evadirnos de la realidad. El fútbol es una más. Lo importante es despejar la mente del día a día que nos lleva sin pena ni gloria a una rutina que sigue marcada por la pandemia. Hay que distraerse con nuestras aficiones. Un buen libro, una buena serie, una película, un buen paseo… En definitiva, ellas son las mejores aliadas para afrontar nuestros momentos de debilidad, porque la mente no siempre puede estar derrochando fortaleza. Menos mal que los días cada vez tienen más horas de luz y la primavera está llamando a la puerta. En estos dos años hemos superado momentos muy duros y por eso, no es el momento de tirar la toalla, es mejor que caigan las mascarillas que tanto nos agobian. Hay que tirar para adelante en este último empujón. Tengo claro que quiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LA PAUSA

Los días van pasando y la resaca de los corazones que han inundado la previa al día de San Valentín ya se va diluyendo. Esa necesidad de mostrar el amor hacia el otro cada 14 de febrero es la rendición al marketing que nos han implantado a lo largo de los años. Me parece muy bien quienes lo quieran celebrar porque mostrar los sentimientos nunca está de más, eso sí siempre que sea por convicción y no por cumplir. Es cierto que durante la pandemia que estamos viviendo las relaciones humanas también han sufrido sus consecuencias. Muchas se han deteriorado y otras, quizás, hayan salido reforzadas. Esto depende de la personalidad de cada uno y, obviamente, de la resiliencia a las diferentes situaciones que se nos plantean en nuestro día a día. 

Un día a día que sigue marcado, por desgracia, por la situación del coronavirus. La normalidad puede estar más cerca pero siempre está la incertidumbre sobrevolando todo el ambiente. De momento, podemos respirar aire puro en las calles o en los parques dejando de lado las mascarillas. Si bien es cierto y como el miedo es libre cada persona decide si quiere prescindir de ella o no. Reconozco que pararse en un parque sin mascarilla a respirar aire puro es ganar un aliento de libertad. Es parar el tiempo y sentir que todo vuelve a ser “prácticamente” como antes. Ese oasis es, sin duda, la mejor medicina con la que combatir el hartazgo pandémico del que tanto se está hablando. Estamos cansados, pero no rendidos porque llevamos demasiado como para tirar la toalla. 

Si de tirar la toalla hablamos, dejaría por imposible a López Obrador. Volviendo a San Valentín, si lo que quiere es hacer una “pausa” en la relación con España solo le ha faltado añadir el típico “no eres tú soy yo” porque con la que está cayendo en el país azteca más le vale centrarse en él. Si analizamos la pandemia no está para dar ejemplo, si analizamos la corrupción tampoco y así podría enumerar muchos asuntos de unas tierras a las que quiero mucho y que forman parte de mi corazón, eso vaya por delante. Ahora bien, no puedo obviar los datos de los periodistas que han sido asesinados allí en lo que va de año. Cinco en mes y medio es para hacérselo mirar. Quizás “la pausa” sea, como decía la semana pasada, otra cortina de humo que el presidente mexicano necesita para nublar la realidad a su pueblo. Hay que tener cuidado porque “la política es el paraíso de los charlatanes” como dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw. De todas maneras ha sido casualidad que su “pausa” haya coincidido con que acabo de finalizar el magnífico libro de Gary Jennings que se titula “Azteca”… No estaría demás que López Obrador echara la vista al pasado. En fin, la pausa que no ruptura es para serenar la relación tal y como aseguró el mismo. No sabe cómo llamar la atención. Eso sí, su fijación-rencor con España va para largo. Espero por el bien de los mexicanos que sus palabras les entren por uno oído y les salgan por el otro como suele decirse. México tiene problemas que el presidente no quiere afrontar. No estaría de más que el propio López Obrador pausara su mente antes de hablar, por ejemplo.

Esto hablando de la pausa de López Obrador porque ha sido el último en utilizar este término, pero a mi cabeza me viene otra pausa que está grabada a fuego en la memoria de muchos. Dejando la política a un lado la mítica “pausa de hidratación” del Atleti es digna de recordar. Esa sí que ha escocido y mucho a toda una afición. Esa pausa sí que será recordada en los anales de la historia, pero la otra, de momento, pasará sin pena ni gloria. Esta naciendo, sin querer, el arte de la pausa. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/30752/la-pausa

CORTINAS DE HUMO

Ahora sí y ahora no. Ese es el juego que hay con el uso de la mascarilla en exteriores. Parece increíble pero el criterio para tomar las decisiones es de chiste. A estas alturas de la pandemia, tenemos más que claro las diferentes incongruencias que hay en determinadas medidas de protección. Es curioso porque con el paso de los meses ya nos hemos acostumbrado a estos bandazos de repente. Algunos son una cortina de humo para encubrir otros acontecimientos. Hay que disimular y aparentar que se están haciendo cosas, no importa cuales con tal de inundar los titulares. Unos titulares que hay que coger con pinzas en determinados casos. 

Hablando de casos, los de coronavirus parece que están descendiendo porque la sexta ola comienza a tener una curva a la baja. Esperemos que esto dure y nos permita seguir disfrutando de las sonrisas en las calles porque de una semana a otra está claro que todo puede cambiar. Ahora bien, su uso en los interiores todavía está vigente. Todavía no tenemos fecha para desprendernos de ella, pero alguno expertos ya apuntan a que el principio del verano puede ser una opción siempre y cuando no surja ninguna otra variante. Ojalá se cumplan sus pronósticos porque la saturación pandémica está en unos niveles más que elevados. Recuperar la normalidad es el anhelo de todos y poner fin a la pandemia también. Ahora bien, si miramos de reojo a Dinamarca, su criterio ha sido, como suele decirse, por las bravas. No sé yo cómo se tomará la decisión aquí, pero visto lo visto en la trayectoria de decisiones todo es posible. Esperemos que prime la salud…

Una salud que tenemos que cuidar en todos los sentidos. La semana pasada celebramos el día del Cáncer. Éste tiene muchos lazos con sus respectivos colores, pero hay algo común a todos ellos y es la fuerza que une a quienes luchan contra la enfermedad. Esa fuerza nace de las ganas de vivir y de los sueños por cumplir, al menos, esa fue mi mayor motivación. Ahora bien, quiero recordar que hay que apostar por la investigación para que los tratamientos vayan evolucionando y sean mejores ante esta dura enfermedad. Y aunque ahora hablo del cáncer, la investigación hay que extenderla a todos los campos. Además, dentro de la salud no se nos puede olvidar la salud mental. La Covid-19 está pasando factura aunque ésta puede verse perjudicada por diferentes motivos. Si nos preocupamos por lo que comemos también nos tenemos que preocupar por nuestros pensamientos. Lo que nos decimos a nosotros mismos es más importante que lo que escuchamos a nuestro alrededor. Los halagos siempre son agradables, pero las críticas pueden ser demoledoras si se nos taladran en la mente.

Una mente que tiene demasiada fuerza aunque muchos no lo crean. Reconozco, por ejemplo, que mi fuerza mental me ayudó desde el momento en el que escuché: “Tienes una leucemia”, pero ésta necesitó unirse a la fuerza de la vida para hacer el combo perfecto. Por eso, de las muchas enseñanzas que nos ha dejado la pandemia hay que quedarse con lo efímeros que somos, con que todo puede cambiar en un segundo y que la salud hay que valorarla siempre y no solo el 22 de diciembre. “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos» dijo Nietzsche. No tengo nada más que añadir…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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EL NEGATIVO Y EL POSITIVO

El mes de enero ha quedado atrás y con él su temida cuesta entre otras cosas. A veces tengo la sensación de que los primeros treinta y un días del año duran más de lo normal, pero esa percepción es personal y siempre está vinculada a lo que el día a día nos depara. Hoy estamos de estreno y por delante tenemos veintiocho jornadas en los que iremos ganando luz. Si el tiempo lo permite el frío debería ir remitiendo según avancen las semanas. A estas alturas no voy a negar que me gusta el buen tiempo y la llegada de la primavera es el preludio del verano. Aún así, vayamos día a día viendo qué es lo que nos depara el futuro a corto plazo. 

Evidentemente, las ansias de recuperar la normalidad están aumentando. Los datos están desvelando una ligera mejoría pero si pudiéramos medir el hartazgo de las personas estoy convencida de que los valores serían muy altos. No sabemos cuando va a terminar todo esto y esa sensación provoca una bomba de sentimientos que ni nosotros mismos sabemos controlar. Para ella no hay vacuna porque en cualquier momento nuestro carácter puede dar un giro de ciento ochenta grados. Las consecuencias de tanto aguante son cada día más palpables. Hay que reconocer que cada persona es un mundo, pero seguro que muchos coincidimos en que la situación pandémica está siendo muy larga. Las noticias que nos llegan son de todo tipo. Unos días son alentadoras, en cambio, otros son demoledoras. Ese subir y bajar del optimismo al pesimismo también pasa factura. 

Una factura que nos agota mentalmente en la mayoría de los casos. Está claro que hay que seguir viviendo, pero cada persona es libre de elegir cómo lo quiere hacer. No es bueno juzgar cuando alguien prefiere estar más aislado del resto. Sus motivos tendrá, pero la felicidad depende de nosotros mismos y no de los consejos de los demás. Es agotador recibir palabras vacías solo por el hecho de quedar bien. A estas alturas de la pandemia, creo que ya sabemos como gestionarnos a nosotros mismos. Conocemos los consejos que han sido el mantra desde marzo de 2020, pero el escenario ha ido cambiando y el bicho ha tenido diferentes nombres a los que hemos hecho frente a golpe de Antígenos y otras pruebas para controlar su transmisión. En definitiva, se trata de protegernos mutuamente, pero no estamos exentos de contagiarnos en el momento que menos lo esperemos. Ahora tener unos Antígenos es tan básico como tener el Paracetamol, pero es la realidad que hay y a la que no podemos renunciar.  

Obviamente, ya hemos renunciado a muchas cosas en estos dos años como para seguir perdiéndonos momentos que se convertirán en futuros recuerdos. Demos a febrero la oportunidad de dar un giro a la historia. Es el mes mas corto, pero quizás nos sorprenda. La esperanza es lo último que se pierde y yo nunca he renunciado a ella. Reconozco que estoy cansada de todo, pero no por eso voy a tirar la toalla. Con precaución y con ganas de disfrutar doy la bienvenida a un mes que me trae duros recuerdos a los que sabré sobreponerme porque como decía Neruda: “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Y yo, ante todo, quiero ser feliz. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SE ESCAPA EL TIEMPO

Ya hemos superado el ecuador del mes de enero aunque su famosa cuesta parece más empinada de lo normal. La situación que estamos atravesando no es buena y las consecuencias económicas de la pandemia se hacen cada vez más evidentes. La incertidumbre lo envuelve todo y las ansias por recuperar la normalidad también. Estamos a la espera de ver cómo evoluciona la línea de contagios. Se espera que ésta comience a descender, pero es cierto que cada vez conoces a mas personas de tu entorno más próximo que ha dado positivo en algún test. La realidad es así y los que aún seguimos en “negativo” hemos ido esquivando Omicron como hemos podido. 

Afortunadamente, para muchos la vacuna ha sido su mejor aliada para sobrellevar el virus con síntomas más leves. Cada uno es libre de ponérsela o no, pero en ese debate no voy a entrar. Ya se ha encargado el tenista Djokovic de protagonizar todos los titulares en las últimas semanas. Lo suyo era la crónica de una deportación anunciada. Si hay que cumplir unas normas se cumplen y no por ser el número uno estas exentas de ellas. Las personas somos todas iguales y ninguna es superior por mucho ego o poder que tengas. Si bien es cierto, en la sociedad hay unos principios que están en sus horas más bajas, pero que hay que respetar e incluso cuidar. Decían que de la pandemia íbamos a salir mejores y más fuertes, algo más que dudoso tal y como estamos viendo el presente. 

Un presente que sigue en bucle mientras no percibamos que esto se está acabando. El hartazgo hace que nos olvidemos de la esencia de la vida. Hay que seguir, como diría Walt Whitman, extrayendo todo el meollo a la vida, pero sin olvidar los principios que nos unen como sociedad. Es cierto que cada uno tenemos los nuestros personales y estos son irrenunciables. Eso sí, hay quienes son capaces de todo por conseguir sus más anhelados deseos. La personalidad y los principios van de la mano y muchas veces las mayores decepciones vienen de ahí. Conocer a las personas no es fácil y cuando crees que lo has hecho, a veces, llegan las mayores decepciones. También, Maquiavelo nos enseñó en su “Príncipe” la naturaleza de muchas personas…

De hecho, hay personas que llegan a tu vida y se convierten en parte de tu familia y están ahí siempre aunque no notes su presencia. En cambio, hay otras que están de paso por circunstancias o por interés y cuando desaparecen incluso notas que tu propia mochila pesa menos. “El secreto, querida Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces, y sólo entonces, que estarás en el país de las maravillas”. Sabias palabras de un conejo blanco que vivía pendiente de un reloj… La vida se nos escapa más rápido de lo que nosotros creemos y lo mejor es pasarla con quien de verdad importa. El país de las maravillas es nuestro presente, el cual, es único e irrepetible. Hagamos caso a ese conejo porque es importante saber y ser conscientes de que nunca caminamos solos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29826/se-escapa-el-tiempo

PROPÓSITOS

Un año por delante y muchas experiencias por vivir. Da vértigo pensar en lo que nos deparará este 2022, pero día a día iremos descubriendo el destino. El futuro siempre es incierto aunque, como marca la tradición, el Año Nuevo se llena de esos propósitos que sin saber si los vamos a cumplir, al menos nos dan una sensación de satisfacción solo con pensar en ellos. Queda todo un año por delante para llevarlos a cabo y si no es posible siempre se pueden prorrogar para más adelante. A veces, la intención es lo que cuenta.

Y con los propósitos en mente y los regalos de reyes recién abiertos toca, poco a poco, volver a la normalidad. A esa realidad que se ve envuelta en un espíritu que, por desgracia, solo dura en los días más entrañables del año. Una pena pero es así. Además, este año la Navidad ha tenido un claro protagonista. Es la época de reencuentros por excelencia, pero muchos se han visto frustrados por Omicron. Esta variante ha hecho estragos en muchas familias porque los positivos han adquirido un protagonismo que no esperábamos o que no queríamos esperar. De hecho, estamos intentando doblegar esta ola que ha convertido a los tests de antígenos en el entrante de muchas comidas o cenas. Una falsa sensación de seguridad que ha dado más de una sorpresa. Eso sí, renunciar a las reuniones está claro que no estaba en la mente de muchos. En fin, el sentido común de cada uno es particular y la práctica requiere su tiempo. Quizás la Navidad lo haya envuelto entre sus luces y sus tradiciones y éste pasó a un segundo plano sin pensar en la consecuencias. 

Unas consecuencias que todavía están presentes. Contagiarse es muy fácil, pero prevenir también lo es. Hay que reconocer que estamos agotados de la pandemia porque ésta sigue con nosotros. Las medidas ya nos cansan y nuestra ansia por recuperar todo lo que el coronavirus se llevó por delante nos pueden. Hablan de que estamos más cerca del final y ojalá sea así. Hemos aprendido muchas lecciones de todo esto. Quizás esos propósitos de Año Nuevo no sean tan prioritarios como antes del Covid-19 porque nuestro mundo ha cambiado. Está claro que ser feliz es lo que cuenta y que la salud es fundamental. En la vida en un segundo todo puede cambiar, por eso, disfrutar cada día sería el mejor propósito de todos. Los habrá buenos y los habrá malos porque no todos son un camino de rosas. Precisamente, de las espinas se aprenden las mejores enseñanzas. 

En definitiva, tenemos un año por delante para disfrutar de nuestros seres queridos, para cumplir los sueños que quedaron aplazados y escribir nuestra propia historia de puño y letra. Seguro que a todos nos gustará dar carpetazo a la pandemia, esperemos que el 2022 nos premie con ello. Nos merecemos volver a sonreír sin mascarilla porque aunque las miradas hablan por sí solas, pero a la vida hay que sonreírla sin condiciones. Los propósitos empiezan por ahí

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29577/propositos

REGALAR MOMENTOS

Seis días y bajando. La cuenta atrás para la Navidad está en la recta final y con ella muchos están preocupados de los preparativos. Unos preparativos que incluyen en algunos casos los famosos test de antígenos. Como todo en la vida éstos tienen a sus partidarios y a sus detractores, pero hay quienes valoran la prevención en esta época de reuniones. Una reuniones que conllevan no solo el riesgo de contagio que ven algunos, sino la oportunidad de vivir momentos inolvidables con las personas que más nos importan. Esos recuerdos pueden ser la mejor inyección de ánimo y moral a quienes la fatiga pandémica les está pasando factura. Un soplo de aire nuevo siempre sienta bien y un buen abrazo lo puede cambiar todo. La precaución no está de más pero el sentido común es el mejor aliado para afrontar estos días tan entrañables. 

Como entrañable es la ilusión que transmiten los más pequeños. Ellos son el motor de ese espíritu navideño que lo envuelve todo. La inocencia es lo que tiene y a pesar de que los adultos vivamos rodeados de preocupaciones, también por cuestión de salud, es bueno dejarlas de lado y recuperar a ese niño que todos llevamos dentro. Es cierto que el mejor regalo es poder estar con los tuyos en estas fechas. Por eso, ya que hace un año soñábamos con disfrutar de esta Navidad con la mayor normalidad posible, no hay que dejar escapar la oportunidad que tanto anhelábamos. 

Anhelar momentos o sueños es bueno ya que son un buen motor para “tirar para adelante” en los momentos más complicados. Todo pasa. El tiempo, aunque en las malas parece que se ralentiza, en el futuro, el doloroso pasado será un mero recuerdo que no duró tanto. La perspectiva lo cambia todo y la situación también. Lo que ahora nos desborda, más adelante será una nimiedad. Eso sí, lo que no puede faltar es la actitud con la que afrontamos ese todo. 

Una actitud que en estos momentos pasa por decorar las casas, poner el Belén y el árbol y si es preciso cantarse algún que otro villancico porque el mítico “All I want for Christmas is you” de Mariah Carey o “El tamborilero” de Raphael han vuelto a casa por Navidad. De hecho, cada vez hay más cantantes que se animan a sacar un villancico en estas fechas. Eso sí, los populares siempre estarán en los recuerdos de quienes siendo unos niños “taladrábamos” a nuestra familia con “Los peces en el río” o “Ande, ande, ande la marimorena”, entre otros. Quizás, después de todo lo que hemos vivido desde marzo del 2020, sea un buen momento para sacar la zambomba y darle a la vida la alegría que el virus nos quitó. Está siendo una etapa muy dura, pero no podemos permitir que este bicho y sus mutaciones nos roben más experiencias. 

En definitiva, todavía estamos a tiempo de escribir la carta a Papa Noel y a los Reyes Magos y pedir esos recuerdos que están por venir… Tenemos mucho tiempo para construirlos… Pongámonos manos a la obra. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29084/regalar-momentos

TIRANDO DE REFRANES

Continuamos con la cuenta atrás para la Navidad y para que acabe el año. Las ganas de recuperar la normalidad son más que evidentes, sólo hay que observar el comportamiento de las personas. Es natural que nos apetezca volver a las viejas costumbres porque aunque sigamos con la pandemia como telón de fondo la situación ha mejorado, a pesar de que los contagios estén en aumento. El porcentaje de vacunados ha hecho que España esté llevando esta nueva ola, provocada por la variante Omicron, mejor que otros países europeos. El tiempo nos dirá si son necesarias más restricciones, aunque si bien es cierto, volver a reunirse con los seres queridos lleva implícito extremar la cautela. 

Hace un año todo era muy diferente. Si recordamos la situación nos daremos cuenta de lo que hemos mejorado y, por supuesto, ese es el mejor motivo para no relajarnos en exceso. Los excesos, en el mes de diciembre, tienen otros protagonistas. Esa tradición también se cumple en muchos casos y no está mal caer en la tentación de los dulces y las comidas abundantes porque “una vez al año, no hace daño” como dice el refranero. 

Un refranero que es sabiduría en estado puro, dice: “Frío coral, un mes antes y otro después de Navidad”, puesto que, aunque todavía no ha llegado el invierno, todos hemos sentido el desplome de las temperaturas. Es cierto que es lo que toca, pero desde noviembre vamos encogidos por las calles y a paso ligero para mitigar el viento que corta el rostro. No podemos olvidar, si comenzamos con los balances de este año, que la gran nevada Filomena llegó a Madrid en enero. No sé si el “año de nieves, año de bienes” ha cumplido con lo esperado. Lo que está claro es que a superar retos no nos gana nadie, ni que estuviéramos jugando a “Jumanji.” 

La vida es un juego y estamos en ella jugando nuestras cartas. Llega la época del año en la que nacen propósitos nuevos, otros se acumulan a los de años anteriores y, sobre todo, se ponen todas nuestras expectativas en el año que comienza. Un año al que, sin duda, hay que pedirle mucha salud porque la pandemia nos ha enseñado muchas lecciones, pero el valor de la salud es incalculable. Sin ella pocas cosas se pueden hacer. Por eso, seamos conscientes de la realidad que tenemos y disfrutemos del presente con las precauciones pertinentes. La Navidad está a la vuelta de la esquina y renunciar a estar con nuestros seres queridos seguro que no está en nuestros planes. “Más vale prevenir que curar”, de nuevo el refranero. El 2021 tiene los días contados y “no hay mal que cien años dure”… Ahí lo dejo.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LUCES, COMPRAS Y NAVIDAD

Llegó el momento de despedir el penúltimo mes del año y dar la bienvenida a Diciembre. Las luces de Navidad ya están encendidas, y aunque el ambiente esté siendo muy frío, porque las temperaturas se han desplomado, la cuenta atrás para las fiestas ha comenzado. En muchas personas nacerá el espíritu de la ilusión propio de las fechas, en cambio otras se convertirán en auténticos “Grinch” que solo desean pasar la página del calendario. Nos guste o no, todo llega y, por supuesto, todo pasa. 

Pasar unos días diferentes depende de nosotros mismos. La Navidad te puede agradar más o menos  ya que son demasiados los sentimientos que remueve. La nostalgia es, sin duda, uno de ellos porque las ausencias se sienten aún más. Son muchos los recuerdos que brotan en los días previos y muchos más en los días señalados. Ahora bien, reconozco que los que ya no están me enseñaron a disfrutar y a vivir esta época del año como toca y aunque sea por honrar su memoria me resisto a que crezca en mí ese “Grinch” que todos llevamos dentro. Es cierto que hay sentimientos encontrados, pero la vida solo se vive una vez y estas fiestas son irrepetibles. Además, la pandemia ya nos ha privado de muchas y eso se nota. 

Y se nota en las calles de Madrid, la cuales, estaban abarrotadas el fin de semana pasado. Era extraño ver a tanta gente en la Gran Vía, en la calle Preciados, en la Puerta del Sol… pero la normalidad es eso. Lo que vimos el último año no era real y, por eso, de una manera o de otra hay que mirar al futuro con optimismo. Sabemos que todavía hay que tomar precauciones y en jaque ha puesto a los científicos la última variante sudafricana, pero la vida continúa y nuestro papel es seguir viviéndola y jugar con las cartas del destino como mejor podamos. Eso sí, reunirnos con nuestros seres queridos bien se merece extremar esas medidas. A pesar de eso, reconozco que palpar esa “normalidad” en el centro de Madrid da motivos para la esperanza. Está claro que al año que viene hay que pedirle el fin de la pandemia, pero como eso no está en nuestra mano, habrá que apostar por la salud y por recuperar los momentos, los abrazos y los besos perdidos. 

Evidentemente, el famoso Black Friday también influyó en el aforo de las calles porque, se comprara o no, por salir a echar un vistazo no se perdía nada. Los más previsores, posiblemente, en estas fechas ya tendrán solucionadas todas las compras de Navidad; en cambio el resto apuraremos hasta el último día para comprar el regalo que alguien anhela. Sin agobios y con una cuenta atrás que da margen de maniobra, el ambiente prenavideño ha comenzado. Sin duda, el puente de la Constitución y la Inmaculada, de la semana que viene, marcará un antes y un después. Eso sí, cuando escuchemos el sonido de los bombos del próximo 22 de diciembre ya estaremos en Navidad. Los villancicos serán la banda sonora que amenicen estos días, solo las campanadas les quitaran el protagonismo porque el Año Nuevo es el Año Nuevo y todos tenemos ganas de estrenar el calendario con la esperanza de dejar atrás lo peor que hemos vivido. Hasta entonces, preparémonos para lo que viene… Fun, fun, fun. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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EL GUSTO POR LA PROVOCACIÓN

Con la Liga, la Champions y la Copa del Rey en juego, el otro día me dijeron: “Oye, tu Atleti ¿qué?” Y mi respuesta fue: “Bien, gracias”. A continuación se hizo el silencio. A las personas, a veces, se las ve venir y en otras ocasiones para evitar el conflicto es mejor callarse. Dice el refrán que dos no discuten si uno no quiere y, precisamente eso es lo que me pasó puesto que la primera pregunta era, sin duda, una pregunta muy envenenada. No merece la pena dedicar tu tiempo a quien no lo valora porque el tiempo es oro y el tiempo es vida. 

En mi vida he discutido muchas veces de fútbol porque siempre defenderé a mis colores, pero también critico a los míos cuando las cosas no se hacen como se deberían hacer. Ahora bien, de ahí a una banal provocación hay un trecho porque ni el momento ni el lugar eran los adecuados. Si hay algo que puede al ser humano es la sensación de ser el centro de atención, una actitud cuestionable porque muchos secundarios son más relevantes que el propio protagonista. 

El protagonismo, si de futbol hablamos, para mí siempre será rojiblanco. Desde niña tengo ese sentimiento tan especial que muchos no pueden entender y, por eso, rabian más de lo que piensan. Con orgullo digo: “Soy del Atleti”, pero con ese mismo orgullo, por ejemplo, aprendí a ser humilde, a saber pelear, a estar en las buenas y en las malas. Ser del Atleti es algo inexplicable, de ahí que no acepte lecciones de quienes siempre se creen superiores. Seguro que más de uno se ha dado por aludido pero yo no he citado a nadie. ¡Qué fácil es provocar sin argumentos! 

Y sin argumentos, ellos mismos responden. El fútbol es una afición, el Atleti me ha dado grandes momentos en la vida. Tengo recuerdos en rojiblanco, pero la vida es mucho más que tu equipo gane o pierda. Obviamente, la vida va más allá del fútbol. 

Precisamente, hay quienes no pueden dejar al margen al deporte rey y también hay personas que viven en una provocación continua. Les da igual el tema, la cuestión es provocar. Eso sí, tienen que entender que no todos estamos dispuestos a entrar en conflicto porque lo de debatir no suele ir con ellos. Sinceramente, nunca me gustó tener la sensación de estar perdiendo el tiempo. Cada minuto que pasa, no vuelve y, después de lo que estamos viviendo, mi prioridad está en disfrutar y en ser feliz. Por eso, aquello que me borra la sonrisa prefiero evitarlo. Lógicamente, habrá cosas que no pueda porque estén escritas en el destino, pero las que dependan exclusivamente de mí saldrán de mi vida sin pena ni gloria. 

Y sin pena ni gloria, el provocador se dio media vuelta y se marchó con sus ansias de superioridad por donde había venido. “Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra” como dijo el político francés Georges Clemenceau, pero si sabes gestionar el silencio en el momento oportuno éste es más provocador que cualquier palabra. A los hechos me remito. No es fácil hacerlo, pero en esta vida todo se puede aprender. Es cuestión, también de prioridades y las mías las tengo muy claras.  

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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