DESDE CASA… EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

“En cada amanecer hay un vivo poema de esperanza, y, al acostarnos, pensemos que amanecerá”. Eso decía el escritor español Noel Clarasó, por eso, al levantar la persiana y ver como los rayos de sol entran en mi casa pienso que ya queda un día menos para disfrutar de la primavera, para volver a abrazar a mi gente, para pisar las calles de Madrid, para animar a mi Atleti en el Metropolitano, para recuperar esa rutina que tanto anhelo. En definitiva, sueño despierta que esta pesadilla es otra prueba que la vida me ha puesto por delante. Esta vez, el confinamiento es global pero las experiencias y los sentimientos que emanan entre cuatro paredes son muy particulares. Confieso que hay recuerdos que han vuelto, porque ya se encargó la vida de darme una dura lección, pero confieso, también, que de todo aquello aprendí a ser fuerte, a estar sola, a adaptarme a las circunstancias y a vivir en la incertidumbre.

Son muchas las preguntas que me hago, pero apenas puedo responder ninguna porque que de virus no tengo ni idea. Eso sí, de lo que estoy segura es que de esta saldremos todos adelante, a pesar de que muchos se han quedado en el camino. Pero por ellos, hay que ser tenaces, aguantar en nuestras casas y pensar que la unión hace la fuerza. Los que velan por nosotros no llevan capa, tan solo se han armado como han podido para hacer frente a lo desconocido. Ellos, vestidos de blanco, azul, verde, con bolsas de plástico, con máscaras improvisadas lo están dando todo por nosotros y a cambio nos piden algo tan sencillo como que nos quedemos en casa. Esto puede no ser fácil. Nuestro ritmo de vida se ha parado en seco, de repente y sin avisar; pero las cosas pasan y el destino nos ha traído algo que ni nos imaginábamos.

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Un día menos para disfrutar de  la primavera en Madrid

El confinamiento puede ser más o menos agradable dependiendo de nosotros mismos y de nuestra actitud. Creedme que es mucho mejor aislarse en casa que en la habitación de un hospital. Mi apartamento es pequeño, sin grandes vistas. Me acompaña mi saco de boxeo, mi televisión, mis libros y, lo más importante, la fuerza de mi mente. Estuve aislada en peores condiciones y no me derrumbé ya que todo puede cambiar de la noche a la mañana. La incertidumbre es un arma de doble filo, pero lo bueno es que al no tener un guion nos podemos aferrar a lo positivo. Pensamos, diariamente, en el pico que la curva tiene que hacer. Un pico que está cada vez más cerca y solo por eso, hay que ser positivos y ver el mañana como el principio de un futuro prometedor. “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”, como apuntó el escritor libanés Gibran.

Todo pasa, lo bueno y lo malo; solo que en lo malo parece que el tiempo se ralentiza. Pero el tiempo no entiende de virus, ni de actitudes, ni de sueños, ni de deseos. El tiempo pasa y somos nosotros los que nos adaptamos a las circunstancias. Ahí está la clave. Dejar de quejarse y asumir el presente. Ahora, me aferro a la esperanza de que llegará el día en que hayamos vencido “al bicho”. Hace años la vida me enseñó a valorar las pequeñas cosas, a vivir con lo imprescindible en una habitación de hospital, a soñar con un futuro incierto y a aprender lo importante que es sonreír a la vida que tan efímera es. Repito que de esta saldremos juntos, ayudándonos unos a otros y espero que cada uno aprenda la lección que le corresponde. Quizás podamos mejorar como personas, como sociedad y recuperar algunos valores… Quien sabe… Por mi parte, seguiré confinada en mi casa, ayudando a quién lo necesite dentro de mis posibilidades porque hoy más que nunca me acuerdo de que cómo nació: “Aún tengo la vida”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

NO SOY, SOMOS

Vamos a cumplir una semana de confinamiento. Estamos viviendo una situación muy complicada. Por eso, he vuelto a recurrir a mi amigo Javier Urra para que nos ayude a sobrellevar estos tiempos que corren. Os invito a leer sus palabras:

NO SOY SOMOS

Somos sociales, nos sentimos concernidos colectivamente, nos encanta donar sangre, y ayudar desbordando el propio “yo”, para alcanzar el “nosotros”. Cuando la amenaza es global, entendemos que la respuesta al unísono debe ser colectiva. Está en nuestras manos, en la higiene, en las conductas, minimizar el daño, los sufrimientos. Confiamos en los otros, y esperamos que confíen en nosotros. Reciclamos por el bien común, nos implicamos en la responsabilidad solidaria. Habrá egoístas, insolidarios, especuladores, pero la mayoría sentimos la obligación moral como un acto de esperanza en la humanidad, de libertad asumida. Es la acción fraterna la que da sentido a asumir incomodidades individuales.

El apoyo mutuo, la coordinación, nos permite captar que no estamos solos, que no somos seres aislados. Transmitir pautas de actuación, coherentes, mostrar la ejemplaridad de las acciones, es necesario como detonante de un compromiso cívico que anhela contribuir. Quien ostenta representación y reconocimiento social, debe transmitir confianzaen quienes aportan humilde y calladamente generosidad y compromiso. La situación actual a diferencia de la acontecida en el 11M, demanda perseverancia, manejo del equilibrio, de los tiempos.La fatiga, la inconstancia, los interrogantes, las dudas son componentes del ser humano, que piensa y se conduce no desde una aséptica racionalización, sino desde la vivencia de secuenciadas emociones. Tiempos de incertidumbre y temor, también de compromiso, de esperanza, de revisión de nuestra forma de vivir, colectiva e individual.

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Javier Urra. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo Forense

Cooperamos, esa es la verdad, no es momento de competir, de levantar fronteras. El mundo es uno para la transmisión de enfermedades y para combatirlas. El yo y mis circunstancias orteguiano, se reconvierte en las circunstancias que confunden al yo con el tú. Nos ayudamos, nos necesitamos. Estamos convocados a una tarea colectiva, interpelados como ciudadanos. Es hora de sacrificios compartidos, estamos con los vínculos y apegos en cuarentena, siendo que la sociabilidad nos hace humanos. Ante esta prueba de estrés, reconoceremos la importancia de las denostadas “pantallas”, buscaremos compartir sonrisas para sobrevivir cuerdos, nuestra actitud positiva hará que cuidemos nuestra vestimenta en el hogar, el lavado del pelo, etc., por respeto al otro, y por no caer en el riesgo cierto de abandonarse. En este tiempo indefinido, en lo que nada de lo que acontece es normal y todo va muy rápido, en cascada, y sin embargo todo se para. Vemos en el prójimo anónimo, un aliado, ya nadie nos es ajeno. Hemos de elevar el ánimo colectivo, respirar esperanza, no transmitir aislamiento ni alejamiento.Busquemos el interés general, mentalicémonos ante el dilema de no ver a quien se desea contactar.

Seamos muy conscientes de que lo único irreversible es la pérdida de vidas, pero recordemos y dispongámonos a ayudar a los mendigos; a los presos; a los afectados por Alzheimer; a los que padecen claustrofobia; a los más mayores, solos, aislados y temerosos. Cabe en muchos casos el acompañamiento telefónico (WhatsApp; Skype), si bien hay ancianos que no tienen red social, toda la información la obtienen de la televisión ¡cuidado con no estigmatizar! Veamos la fuerza de nuestro tejido social ante los múltiples contagios silenciosos, se precisa información clara, concisa. Los ciudadanos además de resignarnos, hemos de tener una tarea, unaresponsabilidad, un hacer algo por los demás, en este caso, saber que estar confinados es una necesaria aportación.

Vivimos en la incertidumbre, y esta genera miedo. Quienes se involucran desde la medicina, la enfermería, la psicología, y otros ámbitos sanitarios compartimos un sentimiento profundo de utilidad, pero no se dude, cada persona y desde su hogar además de descubrir las muchísimas tareas que se pueden hacer en casa, comprobará que pueden ser parte esencial de una red de apoyo, de afecto, de compromiso social. Vivir con y para los demás, pues como el hilo entrelaza las perlas, la solidaridad engarza otras virtudes que nacen de la conciencia humana. Escuchemos a Platón: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

 

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Psicólogo Forense

Académico de Número de la Academia de Psicología de España.