SALDREMOS ADELANTE

No nos queda otra que aferrarnos a lo positivo aunque, a veces, resulte complicado encontrar ese hilo de esperanza en nuestro día a día. Es cierto que las cifras parece que dan un ligero respiro, pero no hay que confiarse. Está más que demostrado que cuando se baja la guardia volvemos al punto de partida. Un punto muy duro en el que todo cambió. Ahora, aunque el confinamiento no es tan estricto, no hay duda de que ese punto marcó un antes y un después en nuestras vidas. No estábamos preparados para vivir todo lo que está sucediendo. Por ejemplo, nadie nos enseñó cómo se actúa en situaciones tan complicadas, nadie nos avisó que las emociones son difíciles de gestionar, en definitiva, hemos ido aprendido a través de la experiencia, a pesar de que no siempre esas lecciones son fáciles de digerir. Estamos superando, con mucho esfuerzo, una pandemia que dejará huella de una manera o de otra en todos nosotros. Se está llevando muchas vidas por delante, está dejando unas secuelas con las que habrá que seguir viviendo porque esto pasará pero la vida continúa, de hecho, no podemos dejar de vivir en tiempos de pandemia. Vivir de otra manera, pero en definitiva, vivir porque cada día que pasa no vuelve.

Afortunadamente, los días van transcurriendo aunque cada vez pesen más. El hartazgo, la angustia, el sufrimiento son más que evidentes. Por eso, también hay que hacer frente a todos esos pensamientos negativos que nos invaden en nuestros momentos de mayor vulnerabilidad. Pensar en las vacunas puede ayudar aunque la incógnita con ellas no nos deja indiferentes. Quizás sea un buen momento para reflexionar en qué se debe invertir. La investigación, en general, es importante. Apostar por ella es algo de lo que nos beneficiaremos todos el día de mañana. En España hay muy buenos investigadores y lo triste es que no tengan recursos o se tengan que ir fuera para poder desarrollar su potencial. Ojalá que de esta pandemia quienes nos gobiernan se den cuenta de ello porque a juzgar por las últimas noticias tienen otras prioridades. De momento, todo su foco está puesto en las elecciones que se celebrarán el próximo domingo en Cataluña. La política es la política. Ahí, a pesar de los protocolos y las restricciones lo importante es que los ciudadanos depositen su papeletas para que otro conserve su sillón. Es una semana de promesas por parte de todos aunque lo importante es que hagan balance de cómo han sido los años anteriores. Veremos qué sucede no solo con los resultados electorales, sino con el número de contagios. 

Un número que es preocupante y que hay que frenar. De hecho, quienes siguen al pie del cañón nos piden, diariamente, por todo tipo de redes sociales mucha responsabilidad. Nuestros sanitarios están exhaustos y se merecen nuestra colaboración. Pero en esto también ha habido un punto de inflexión porque cuando los aplausos quedaron atrás, la crispación se cebó con ellos. Ahora bien, afortunadamente cada persona es un mundo y hay de todo. Hay quienes agradecemos su labor y quienes boicotean un hospital que está salvando muchas vidas y evitando un colapso sanitario, pero esto es “harina de otro costal” en las circunstancias que vivimos. 

En fin, seamos positivos, seamos optimistas, seamos responsables y, por supuesto, seamos críticos ante las decisiones incomprensibles. De éstas, llevamos muchas y sus resultados están en entre dicho. Si se tira mucho de la cuerda se rompe y ahora no está el ambiente como para caldearlo más. Es otra consecuencia de resistir una pandemia y soportar la incompetencia de unos ignorantes. 

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/19863/saldremos-adelante

NO SOY, SOMOS

Vamos a cumplir una semana de confinamiento. Estamos viviendo una situación muy complicada. Por eso, he vuelto a recurrir a mi amigo Javier Urra para que nos ayude a sobrellevar estos tiempos que corren. Os invito a leer sus palabras:

NO SOY SOMOS

Somos sociales, nos sentimos concernidos colectivamente, nos encanta donar sangre, y ayudar desbordando el propio “yo”, para alcanzar el “nosotros”. Cuando la amenaza es global, entendemos que la respuesta al unísono debe ser colectiva. Está en nuestras manos, en la higiene, en las conductas, minimizar el daño, los sufrimientos. Confiamos en los otros, y esperamos que confíen en nosotros. Reciclamos por el bien común, nos implicamos en la responsabilidad solidaria. Habrá egoístas, insolidarios, especuladores, pero la mayoría sentimos la obligación moral como un acto de esperanza en la humanidad, de libertad asumida. Es la acción fraterna la que da sentido a asumir incomodidades individuales.

El apoyo mutuo, la coordinación, nos permite captar que no estamos solos, que no somos seres aislados. Transmitir pautas de actuación, coherentes, mostrar la ejemplaridad de las acciones, es necesario como detonante de un compromiso cívico que anhela contribuir. Quien ostenta representación y reconocimiento social, debe transmitir confianzaen quienes aportan humilde y calladamente generosidad y compromiso. La situación actual a diferencia de la acontecida en el 11M, demanda perseverancia, manejo del equilibrio, de los tiempos.La fatiga, la inconstancia, los interrogantes, las dudas son componentes del ser humano, que piensa y se conduce no desde una aséptica racionalización, sino desde la vivencia de secuenciadas emociones. Tiempos de incertidumbre y temor, también de compromiso, de esperanza, de revisión de nuestra forma de vivir, colectiva e individual.

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Javier Urra. Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud Psicólogo Forense

Cooperamos, esa es la verdad, no es momento de competir, de levantar fronteras. El mundo es uno para la transmisión de enfermedades y para combatirlas. El yo y mis circunstancias orteguiano, se reconvierte en las circunstancias que confunden al yo con el tú. Nos ayudamos, nos necesitamos. Estamos convocados a una tarea colectiva, interpelados como ciudadanos. Es hora de sacrificios compartidos, estamos con los vínculos y apegos en cuarentena, siendo que la sociabilidad nos hace humanos. Ante esta prueba de estrés, reconoceremos la importancia de las denostadas “pantallas”, buscaremos compartir sonrisas para sobrevivir cuerdos, nuestra actitud positiva hará que cuidemos nuestra vestimenta en el hogar, el lavado del pelo, etc., por respeto al otro, y por no caer en el riesgo cierto de abandonarse. En este tiempo indefinido, en lo que nada de lo que acontece es normal y todo va muy rápido, en cascada, y sin embargo todo se para. Vemos en el prójimo anónimo, un aliado, ya nadie nos es ajeno. Hemos de elevar el ánimo colectivo, respirar esperanza, no transmitir aislamiento ni alejamiento.Busquemos el interés general, mentalicémonos ante el dilema de no ver a quien se desea contactar.

Seamos muy conscientes de que lo único irreversible es la pérdida de vidas, pero recordemos y dispongámonos a ayudar a los mendigos; a los presos; a los afectados por Alzheimer; a los que padecen claustrofobia; a los más mayores, solos, aislados y temerosos. Cabe en muchos casos el acompañamiento telefónico (WhatsApp; Skype), si bien hay ancianos que no tienen red social, toda la información la obtienen de la televisión ¡cuidado con no estigmatizar! Veamos la fuerza de nuestro tejido social ante los múltiples contagios silenciosos, se precisa información clara, concisa. Los ciudadanos además de resignarnos, hemos de tener una tarea, unaresponsabilidad, un hacer algo por los demás, en este caso, saber que estar confinados es una necesaria aportación.

Vivimos en la incertidumbre, y esta genera miedo. Quienes se involucran desde la medicina, la enfermería, la psicología, y otros ámbitos sanitarios compartimos un sentimiento profundo de utilidad, pero no se dude, cada persona y desde su hogar además de descubrir las muchísimas tareas que se pueden hacer en casa, comprobará que pueden ser parte esencial de una red de apoyo, de afecto, de compromiso social. Vivir con y para los demás, pues como el hilo entrelaza las perlas, la solidaridad engarza otras virtudes que nacen de la conciencia humana. Escuchemos a Platón: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

 

Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Psicólogo Forense

Académico de Número de la Academia de Psicología de España.