SI TÚ ME DICES VEN…

Mayo ya se asoma en el calendario y empieza de la mejor manera posible: Festejando a las madres.  El próximo domingo ellas serán las protagonistas incuestionables aunque para ser justos a una madre se la festeja siempre. Ellas no necesitan un día especial porque ellas son especiales. Además,  también, es el mes de la flores. Éstas son un buen regalo para esas fieles compañeras de vida que están dispuestas a todo por ver una sonrisa en el rostro de sus hijos. Decía el poeta británico George Herbert que “una buena madre vale por cien maestros” y yo, dejando la objetividad a un lado, tengo a la mejor. Eso vaya por delante. 

De la mía puedo decir que es la mejor amiga y el mejor ejemplo a seguir, de hecho, ella es la responsable de que sea como soy. Me ha transmitido su fuerza para afrontar las adversidades pero también me ha enseñado a disfrutar. Por eso, con verla sonreír yo ya soy feliz. Madre no hay más que una y, por eso, no podemos desperdiciar los días sin demostrarles nuestro cariño. 

Las madres tienen ese instinto que la naturaleza les da y te entienden con una mirada, te aconsejan velando por tu bien y están dispuestas a todo, ya que la unión de una madre con un hijo es la más fuerte que hay. A veces no somos conscientes de todo lo que significan. De lo que sostienen en silencio, de lo que intuyen sin que se lo digamos, de cómo están incluso cuando no sabemos pedir ayuda. Una madre no necesita explicaciones: entiende, acompaña y permanece. Y en ese permanecer hay una forma de amor que no se desgasta. Siempre será perenne en el tiempo.

No sé si este año podremos abrazarnos ese día, pero tengo claro que la distancia jamás podrá romper este vínculo inquebrantable porque siempre estás ahí. Es cierto que hay gestos que pasan desapercibidos hasta que uno aprende a mirarlos con calma: las llamadas para saber si has llegado, las preguntas que parecen pequeñas pero que lo contienen todo o esa forma de estar sin pedir protagonismo. Con los años uno entiende que ahí, en lo cotidiano, es donde vive lo importante.

Por supuesto, también están los recuerdos. Los de la infancia, cuando todo parecía más sencillo, y los de ahora, que se van sumando casi sin darnos cuenta. Cada etapa tiene lo suyo, pero en todas aparece la misma persona: ella. Es cierto que no siempre decimos lo que sentimos, ya sea por vergüenza o por costumbre, pero este día, sin duda, invita a hacerlo: Quiero darte la gracias porque nunca me has fallado. Como dice la liturgia del matrimonio, estás ahí, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida. En el fondo fuiste la primera persona a la que estuve unida cuando apenas abultaba un centímetro. Eres madre, hermana, esposa, amiga…eres especial. Eres la rosa de mi vida. De niña siempre decía que de mayor quería ser como tú, ahora de mayor soy lo que soy gracias a ti. Sé que “lo dejarías todo” por mí y juntas nos pintamos la cara “color esperanza” cuando más lo hemos necesitado. Me has enseñado a ser fuerte y a “vivir mi vida” y sobre todo, me has enseñado a ser fiel a mis principios forjados en una personalidad que ha ido creciendo a medida que han ido pasando los años. 

Quizá no haya forma de devolver todo lo recibido, aunque se me ocurre una forma sincera de hacerlo: Estar a tu lado siempre; cuando haga falta, cuando lo pidas, cuando simplemente lo necesites. Porque si tú me dices “ven”, lo dejo todo.

Feliz Día de la Madre. Hoy y siempre.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/04/27/si-tu-me-dices-ven/

 MAMÁ

Mayo no podía comenzar mejor. El mes de las flores arranca celebrando el día de la madre. Precisamente las flores son un buen regalo para esas fieles compañeras de vida que están dispuestas a todo por ver una sonrisa en el rostro de sus hijos. Decía el poeta británico George Herbert que “una buena madre vale por cien maestros” y yo, dejando la objetividad a un lado, tengo a la mejor. Ella me escucha. Me entiende. Me apoya. Me aconseja. Me enseña… y tantas y tantas cosas más… De niña siempre decía que de mayor quería ser como ella y ahora que he crecido soy lo que soy gracias a ella. No tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por mí a cambio de una sonrisa. Una sonrisa que, como hija, también quiero de vuelta porque su felicidad también es la mía.

Es cierto que este año no te he enviado flores, ni te he comprado bombones o tu perfume favorito, te mando estas palabras. No estamos juntas pero el escritor estadounidense Fitzgerald decía que “puedes acariciar a la gente con tus palabras”, al menos yo lo creo así. Siento que estás conmigo aunque no te tenga. Podía haber escrito de muchos temas, pero hoy me apetecía escribir de ti. Las palabras pronunciadas se las lleva el viento pero las escritas permanecen y eso es, precisamente, lo que quiero. Me vienen a la mente muchos recuerdos porque juntas hemos pasado momentos inolvidables, tanto buenos como malos, y estos dejan huella. Hemos ido a conciertos, al cine, de vacaciones, incluso al fútbol, pero también para ser justos con la vida hemos pasado momentos muy duros. Aún así hemos sabido aprender de ellos porque, mano a mano, le ganamos la batalla al cáncer y, mano a mano, también, aprendimos a valorar las pequeñas cosas de la vida.

Esas huellas quedan marcadas en el lugar más importante. El corazón no olvida aquello que le hace vibrar. La vida nos ha puesto a prueba en muchas ocasiones, pero le hemos demostrado que juntas, además de ser un buen equipo, sabemos afrontar todo lo que se nos ponga por delante. Han pasado los años y la unión se ha hecho más fuerte. Esa unión se ha convertido en un vínculo inquebrantable. Ni la distancia puede impedir que los sentimientos estén a flor de piel porque estemos donde estemos siempre te sentiré muy cerca. Afortunadamente, la tecnología ha evolucionado mucho y ahora podemos vernos cuando queramos. No puedo negar que la nostalgia hace que te eche de menos, pero lo importante es que estás ahí las veinticuatro horas del día todos los días del año. Por eso, aunque el primer domingo de mayo sea tu día, la verdad es que tengo motivos para celebrarte los trescientos sesenta y cuatro días restantes. 

Eres valiente, luchadora, alegre, cariñosa, amable, fuerte… Podría seguir usando adjetivos porque te mereces muchos calificativos, pero lo puedo resumir diciendo que eres única. Madre no hay más que una y, por eso, tu valor es incalculable. Ya estoy restando los días para poder abrazarte y celebrar junto a ti que seas mi madre, mi mejor amiga y mi todo. Va por ti mamá, quiero verte sonreír siempre y si para ello tengo que mover cielo y tierra no dudes que lo haré porque ser feliz es lo que cuenta y tú te mereces lo mejor. Gracias por todo porque sé que eres la sombra que nunca se aleja y el reflejo que me inspira.  

Te quiere, tu hija.   

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/33075/mama

MADRES

“Abril, aguas mil”. Así se despide este mes dejando tras de sí el comienzo de una campaña electoral, un ligero aumento en las vacunaciones, un magnífico Día del libro, el fiasco de la Superliga y una cuarta ola que no ha sido tan pronunciada como se esperaba. Con este panorama arrancamos la semana en la que damos la bienvenida al mes de mayo. Un mes que no puede empezar mejor porque el próximo domingo, no es un domingo cualquiera, es el Día de la Madre.

Siendo el mes de las flores, éstas son un buen regalo para esas fieles compañeras de vida que están dispuestas a todo por ver una sonrisa en el rostro de sus hijos. Este año, el destino ha querido que, a pesar de la pandemia, pueda pasar este día con la mía y la verdad es que estar con ella es el mejor regalo que puedo tener como hija y a juzgar por su alegría también lo es para ella. Es cierto que “puedes acariciar a la gente con tus palabras” como decía el escritor estadounidense Fitzgerald, pero en estos tiempos que corren en el que los abrazos escasean y las muestras de cariño también, poder abrazar a mi mejor confidente, a mi mejor amiga, a mi mejor compañera de batallas… es, sin duda, una excelente manera de arrancar este día marcado en el calendario. Decía  el poeta británico George Herbert que “una buena madre vale por cien maestros” y yo, dejando la objetividad a un lado, tengo a la mejor. 

Las madres tienen ese instinto que la naturaleza les da y te entienden con una mirada, te aconsejan velando por tu bien y están dispuestas a todo, ya que la unión de una madre con un hijo es la más fuerte que hay. Y eso es incuestionable. 

Como incuestionable es todo lo que llevamos aguantando desde hace más de un año y que, poco a poco, podemos ir viendo una luz al final del túnel. Todavía estamos batallando para vencer la pandemia, pero las vacunas nos han dado una inyección de esperanza a todos. Afortunados son los que ya han recibido el pinchazo y los que estamos a la espera vemos con optimismo como nuestro turno está cada vez más cerca. Además, hay que reconocer que la estación estival está muy próxima y eso, sin duda, nos llena de ilusión para afrontar la recta final de la primavera en la que las protagonistas están siendo las vacunas. A veces escasean y lo ralentizan todo, pero si mantenemos las recomendaciones sanitarias ayudamos a frenar la cifra de contagios que tantos quebraderos de cabeza están dando. La pandemia ya se ha llevado muchas vidas por delante y esa es la cifra que hay dejar a cero.

Los números son los protagonistas en los partidos políticos. Acaba de arrancar la última semana de campaña en la Comunidad de Madrid y hay mucho en juego. Las encuestas, obviamente, no pueden satisfacer a todos y en el sprint final los candidatos tendrán que dejarse la piel si quieren movilizar al electorado para que éste deposite su papeleta en la urna. Los madrileños decidirán quién presidirá la  comunidad el próximo 4 de mayo. Todavía quedan días de promesas, de argumentos, de entrevistas, de demostrar el trabajo hecho, de enseñar cuál es el proyecto de futuro… Cada uno es libre de elegir a su candidato porque para gustos, nunca mejor dicho, están los colores. Eso sí, yo he decidido votar por correo, así que puedo permitirme el lujo de desconectar de la campaña y centrarme en un único color: el rosa. Rosa se llama mi madre y estos días es la protagonista de mi casa. Ella no necesita campañas porque es mi ejemplo a seguir.

Jimena Bañuelos

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/22159/madres

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