ENCENDER NUESTRA PROPIA LUZ

Estamos ya en el ecuador de noviembre y, después del siempre comentado “día del soltero”, parece que todo el universo gira alrededor del “Black Friday” y del “Cyber Monday”. Aún falta más de una semana, pero la carrera de los descuentos ya está lanzada. Es inevitable: la invitación a comprar aparece en cada esquina y la tentación de darnos un capricho, también. No seré yo quien reniegue de ello; un detalle a tiempo puede enderezar un día torcido. Las cosas como son. Y es que, aunque lo neguemos, estamos entrando en esa antesala silenciosa de la Navidad que, por mucho que intentemos frenar, acaba llegando siempre, exactamente igual que las estaciones, los recuerdos y los anhelos.

Sin embargo, en medio de todo este movimiento comercial, solemos olvidar lo esencial. Porque sí, es cierto que un regalo nos despierta una sonrisa, pero lo que realmente sostiene la vida es la salud. Esa salud que muchos solo escriben con mayúscula el 22 de diciembre, cuando la Lotería de Navidad reparte suerte, y quien no sale premiado se aferra al consuelo de “Bueno… al menos tenemos salud”. Pero la salud no es un consuelo. Es, en realidad, el auténtico gordo que nos toca cada mañana sin necesidad de bombos, décimos ni rituales. Con salud podemos soñar, caminar hacia lo que queremos, resolver lo que se complica y disfrutar de lo que llega. Ahí está lo más importante de nuestro día a día. Por eso, frente al espejo, la primera sonrisa del día debería ser para recordarnos que estamos aquí, presentes y que ese presente puede cambiar en un segundo, de ahí, la importancia de valorar lo que tenemos al margen de ese dinero que trae el azar.

El calendario avanza sin pedir permiso. Noviembre, que empezó entre flores, velas y recuerdos, está listo para cambiar de ritmo. El auténtico pistoletazo de salida a la Navidad será este sábado, cuando Madrid encienda sus luces. Y entonces ocurrirá ese pequeño milagro anual: la ciudad se transformará. Aún es pronto para decir que el espíritu de la Navidad lo inunda todo, pero sus emisarios ya están aquí. Desde el próximo fin de semana, cambiarán los colores, cambiará el aire, cambiarán los pasos de la gente porque ese encendido marca un antes y un después. Todo sonará a invierno recién estrenado aunque no sea su tiempo. Las calles intentan invitar a pasear más despacio y las ilusiones se despiertan casi sin querer. Porque la Navidad, incluso antes de llegar, tiene la capacidad de iluminar rincones que creíamos apagados. Nos guste o no.

Quizá se trate precisamente de eso: de aprender a dejarnos llevar cuando toca, sin perder de vista lo importante. Darse un capricho es válido, pero más válido es regalarnos bienestar. A veces basta una tarde tranquila, un café compartido, una conversación pendiente o un paseo sin prisa. La vida está hecha de instantes pequeños que se van acumulando sin ruido, de momentos que llegan cuando quieren y no cuando los apuramos. Intentar frenar el tiempo es inútil; llega cuando tiene que llegar, y pasa exactamente igual.

Por eso, aunque cambien las modas, los descuentos, los villancicos adelantados o las prisas que parecen acompañar cada final de año, hay algo que permanece inalterable: la necesidad de cuidarnos. De valorar lo que tenemos, de agradecer lo cotidiano y de mantener encendida esa luz interior que no depende de adornos, bombillas o escaparates. Porque cuando las luces de la ciudad se encienden, lo que realmente importa es asegurarnos de que también brillen las nuestras, las que nadie ve pero que cada uno de nosotros sabemos que son nuestro motor más importante. Ese motor que jamás debería apagarse.

Jimena Bañuelos

EL CALOR QUE LLEGA CON EL FRÍO

De repente, sin previo aviso, los termómetros se desploman. El aire se vuelve más frío e incluso más afilado cuando entra en contacto con nuestro rostro, quizás este frío nos sorprende a todos, como si no supiéramos que noviembre siempre llega puntual a su cita. Pero el cuerpo, rebelde o testarudo, en muchos casos, no entiende de calendarios. Se queja, se encoge y pide una tregua. Entre el cambio de hora y el cambio de temperatura, parece que todo cuesta un poco más. Los días se achican, la luz se esconde demasiado pronto y el verano se cuela en la memoria como una vieja canción que no queremos olvidar. Qué fácil era todo entonces: los pies descalzos sobre la arena, el olor a sal, las risas en un chiringuito que ahora guarda silencio y un hueco vacío donde sonaban los ritmos estivales. Bendito verano, con sus tardes interminables y su manera sencilla de hacernos sentir vivos.

Pero vivos estamos y noviembre nos obliga a adaptarnos, nos hace rescatar las bufandas del fondo del armario y a aceptar que los días de frío han llegado para quedarse. Quizás una buena ración de buñuelos o de la corona de La Almudena hubiera suavizado el golpe. No queda otra que tirar de refranero y repetir, casi como un mantra, eso de “al mal tiempo buena cara”. Porque si algo no puede faltar, ni en invierno ni en la vida, es el sentido del humor. Aunque el viento nos pellizque las mejillas, hay que seguir sonriendo.

Y mientras tanto, mientras las ciudades se preparan para encender sus luces. Los escaparates ya huelen a Navidad antes incluso de que hayamos terminado el otoño. Se acerca el Black Friday, esa cita que muchos esperan como si fuera la antesala de la felicidad envuelta en papel de regalo. Pero entre tanto anuncio, tanto descuento y tanta prisa por comprar, se nos olvida a veces lo más importante: que también podemos disfrutar de lo que ya tenemos, de esos pequeños placeres que tienen más valor que muchos objetos que vienen envueltos.

Noviembre no nos va a dejar fríos si sabemos, como ya dije hace una semana, bajar el ritmo. Puede ser un mes perfecto para ello. Para volver a mirar dentro. Para encender una vela, hacerse un café o un chocolate y dejar que el silencio se acomode en casa. Afuera puede hacer frío, pero dentro siempre hay espacio para la calidez de las pequeñas cosas. Una manta sobre las piernas, una buena lectura que nos lleve lejos sin movernos del sofá, una película que nos abrace cuando el día se oscurece temprano. En eso también consiste la vida: en aprender a encontrar belleza en lo sencillo. Muchas veces no necesitamos tanto el brillo de las luces como la claridad de los momentos compartidos. Esos que no se compran ni se descuentan. Porque cuando todo se apaga y me refiero a los anuncios, a las pantallas o el ruido… lo que queda es eso: un rato tranquilo, una charla sin prisa, y hasta un pensamiento amable. 

Y aunque ahora el frío se haya instalado sin pedir permiso, será en pleno invierno cuando lleguen las fiestas más cálidas del año. Esas que no necesitan sol para encendernos por dentro, porque se alimentan de abrazos, de reencuentros y de la magia sencilla de estar juntos. El termómetro podrá marcar bajo cero, pero bastará una mesa compartida, una risa o un recuerdo para que el corazón entre en calor y la temperatura ambiental suba. Porque, al final, el invierno no enfría el alma: el frío de fuera se combate con el calor de dentro. Y es entonces, justo entonces, cuando la vida nos recuerda que las emociones también saben encender sus propias luces.

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2025/11/11/el-calor-que-llega-con-el-frio/

APRENDER DEL PASADO

Aunque la cuesta de enero se esté haciendo larga, este mes está llegando a su fin. Muchos se alegrarán de ello, y no es de sorprender porque los comienzos no siempre son fáciles. Los cambios que se le piden al año nuevo no se pueden lograr de la noche a la mañana porque, como es bien sabido, hay que darle tiempo al tiempo. No hay que tener prisa pensando en el futuro o en los sueños pendientes por cumplir, todo llega si está destinado a nosotros. Eso sí, esos sueños requieren de esfuerzo, porque pocas cosas llegan como caídas del cielo. De hecho, la satisfacción de lograr aquello que se anhela produce una sensación inigualable. 

Aprender que el esfuerzo es fundamental para todo es básico para valorar todo lo que nos rodea. Por eso, la lista de propósitos no es estática y puede ir evolucionando a medida que nosotros vamos caminando por la vida. A ésta no se le puede exigir de más porque es ella la que reparte las cartas y nosotros quienes jugamos las partidas. Cada día nos enfrentamos a nuevos retos, a nuevas experiencias y, sin duda, nos “retamos” a nosotros mismos porque vamos cambiando aunque no seamos conscientes de ello. Es cierto, que si la vida en un segundo te puede cambiar, en este mismo tiempo tú también lo puedes hacer. Un mensaje, una foto, un recuerdo o cualquier acción que nos rodea nos puede enseñar algo sobre nosotros mismos o nos puede poner ante una situación que debemos afrontar como un reto. Por eso, la actitud ante todo es fundamental. Conocernos no es fácil, pero reconocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades debería ser obligatorio. 

Hace unos días, frente al mar, contemplando su plenitud me volví a encontrar con fantasmas del pasado. Sabía que iba suceder porque la mente es caprichosa, pero me he dado cuenta con el paso de los años que éste también te prepara para afrontar los recuerdos que están escritos en pretérito. Sé que soy fuerte porque la vida me mostró mi fortaleza. De hecho, de aquella dura lección, a día de hoy, tengo que reconocer que aprendí no sólo a conocerme, sino a ser fiel a mí misma. Es cierto que las comparaciones no son buenas, pero ante estos recuerdos sí lo son; porque aunque sea con los ojos vidriosos, las imágenes del pasado son una fuente de vida inigualable. El paso del tiempo me ha llevado a ver lo vivido como una evolución hasta el presente lleno de superación, de alegría, de buenos momentos y, sobre todo, de una lucha constante hacia esa felicidad que muchos anhelan y que no encontrarán por no buscar en las pequeñas cosas que nos rodean. 

Si ser feliz es lo que cuenta, sonreír a diario es vital. He dicho que he contemplado el mar recientemente y, por eso, viendo su calma, escuchando su susurrar y pensando en lo bonita que es la vida no puedo acabar estar palabras sin respirar profundamente y animar a quien haya leído hasta aquí que disfrute del presente, que enero ha podido ser mejor o peor, pero que quedan muchos capítulos de este año y todos merecen ser aprovechados. El tiempo no es oro, es vida; y ésta se nos escapa sin darnos cuenta porque nos despistamos con lo que no merece la pena. Tenemos que sonreír y fluir por ella.

Jimena Bañuelos

TODO LLEGA 

Se nos llena la boca diciendo que hay que vivir el presente, pero, a veces, eso se nos olvida y vivimos un presente eclipsado por un futuro que sabemos que más pronto que tarde va a llegar. La Navidad está a menos de cuarenta días, pero su ambiente se llevaba palpando desde el pasado mes de septiembre. Ahora, el furor por estas fiestas es imparable. Las luces ya cuelgan de las calles, se están ultimando los montajes de los árboles de Navidad, ya se puede visitar algún Belén y poco nos queda para que los villancicos sean la banda sonora de todos los lugares. No hay que olvidar que el mítico “All I want for Christmas” de Mariah Carey comenzó a sonar en cuanto Halloween cedió su paso al mes de noviembre. Habrá tiempo para todo, pero ese tiempo es nuestra vida, es nuestro presente y tiene que vivirse de igual manera. 

Hemos cruzado el ecuador de este mes. El año, si nos ponemos a pensar, ha volado porque el ritmo es frenético y no está demás pararse a reflexionar y darle un respiro a ese tiempo que va escribiendo nuestra historia particular. La vida es lo que nos queda por vivir, por eso, tenemos que valorar cada momento como único e irrepetible. El tiempo no es oro, el tiempo es vida

Una vida que cada uno decide como quiere vivir. La búsqueda de la felicidad depende de uno mismo. Hay que mirarse en el espejo y ver ese reflejo con una sonrisa y pensar qué cosas nos llevan a obtener esa línea de expresión en la cara que lo cambia todo. Ser feliz es lo que cuenta, y por eso, nadie nos puede impedir buscar esa felicidad donde consideremos que está. Su receta no es fija porque los ingredientes varían en función de la persona. Aún estamos a tiempo de cumplir algún propósito que tengamos pendiente para este año, lograrlo, será una satisfacción. Ahí también radica la felicidad, la constancia… la oportunidad de ver como un sueño se hace realidad. 

Los sueños son los que no nos dejan dormir. La vida nos da la oportunidad de luchar por ellos y eso siempre merece la pena. La Navidad, sin duda, es una época de sueños e ilusión, es un tiempo mágico por muchas razones, pero quizás sea bueno no adelantar todo lo que es material en el calendario porque lo bueno sería tener una Navidad de trescientos sesenta y cinco días al año… Quizás ese espíritu, esos valores, esos buenos deseos sean los que tengan que primar frente al egoísmo, la hipocresía y tantas cosas que eclipsan la calidad del ser humano. 

En definitiva, vivamos sin ponerle peros a la vida porque ésta en un segundo puede cambiar, y el presente es hoy, no mañana. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/11/18/todo-llega/

HOY

El mes de octubre tiene los días contados. Es cierto que el broche final llega con la noche de Halloween. Una fiesta que respeto pero que también cuestiono. No me declararé fan de ella. Lo curioso es que en los supermercados puedes comprar unas calaveras de chocolate o el tradicional turrón duro o blando. Más vale prevenir que curar, dice el refrán español pero que en pleno mes de octubre esté el calendario de adviento es demasiada previsión. 

La Navidad no está a la vuelta de la esquina aunque las luces ya cuelguen de las calles de Madrid. Por delante queda el mes de noviembre, un mes que nos puede gustar más o menos pero, sin duda, nos llega con el cambio de hora. Para este cambio, tan cuestionado, no hay previsión que valga. Las tardes se oscurecerán antes y la falta de luz reconozco que me afecta. El verano ya está escrito en pretérito, y el otoño llegó de puntillas y ahora vivimos unas borrascas que nos han trasladado a un invierno adelantado. El tiempo nos afecta de todas maneras ya sea viendo la manillas del reloj o contemplando la ciudad desde la ventana. 

Una ventana que también trae melancolía y muchos recuerdos cuando los cambios se acercan. Ya sean las calaveras, las calabazas, el turrón, los mazapanes o el cambio de hora, todo lleva implícito un matiz que nos afecta de una manera o de otra. Habrá quien se alegre y quien comience desde ya a convertirse en el Grinch que lleva dentro. Todavía quedan muchos días para el encendido de las luces, ese será el pistoletazo de salida para la época navideña. Hasta entonces y viviendo el presente habrá que centrarse en Halloween y en el Día de Todos los Santos. La tradición aquí la marcan los huesos de santo y los buñuelos. Por supuesto que hay que recordar a los que ya no están. Reconozco que desde que viví en México, el Día de Muertos forma parte de mi tradición personal. Si unos se quedan con Halloween, otros preferimos el Día de Muertos.

“El truco o trato” en mi caso es un “trato” con el pasado para que me dé la fuerza suficiente para afrontar lo que está por venir y el “truco”, sin duda, será recordar a quienes ya nos están pero que me han dejado unas grandes lecciones que me llenan de fuerza. Sé que no estoy sola porque aunque no estén me cuidan. Son esos ángeles de la guarda que no podemos olvidar.

Por eso, si más vale prevenir que curar, en estos tiempos que corren, quizás lo idóneo sea vivir el presente sin distracciones porque el futuro es incierto y lo que tenga que venir llegará. No vaya a ser que nos arrepintamos de no haber vivido y esto no tiene cura porque el tiempo pasa y no regresa. Por eso, viendo guirnaldas o abetos, seamos conscientes que el presente es HOY.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/50784/hoy

DESPUÉS DE SEMANA SANTA

Con la Pascua hemos puesto punto y final a la Semana Santa. Unos días en los que el recogimiento es primordial para quienes deciden vivir estos días como marca la tradición cristiana. Es cierto que la Semana Santa es el primer puente festivo que se puede disfrutar desde que comenzara el año, de ahí, que la palabra ‘vacaciones’ haya estado muy presente en estos días pasados. Eso sí, una cosa no está reñida con la otra porque el hecho de ir a conocer las procesiones de otras ciudades ya implica dejar atrás la rutina para adentrarse en las tradiciones que rigen en cada localidad de nuestro país. 

Un país que puede presumir de su riqueza cultural porque el turismo ha hecho acto de presencia en estos días. Es cierto que Andalucía siempre está en el punto de mira en estas fechas, pero hay muchos más rincones que han recibido a sus visitantes a golpe de tambor. Por suerte, yo he podido disfrutar del Mediterráneo al que echaba mucho de menos, pero a su vez he disfrutado de la solemne procesión de Viernes Santo. En la nostalgia está mi tierra. No es justo comparar las procesiones entre sí, pero añorar aquella que ha crecido contigo sí lo es. En mi mente están mis recuerdos. Junto con mi madre añoramos aquellos ‘Viernes Santo’ heladores en los que ir a ver la procesión era algo que requería mucha fuerza de voluntad. Por no mencionar, las múltiples ocasiones en los que ésta era cancelada con la pena de quienes llevaban todo un año esperando poder procesionar. 

Afortunadamente, este mes de abril ha dado una tregua, climáticamente hablando, y en toda nuestra geografía se ha podido vivir una Semana Santa tal y como marcan las tradiciones. Es un lujo poder disfrutar de todo lo que estos días de pasión nos brindan. Por un lado, esos momentos de reflexión, y por otro, esos en los que recargarnos las pilas para volver a la rutina y verla con otros ojos. En el horizonte está el verano y el mes de mayo está llamando a nuestra puerta. El tiempo pasa muy deprisa aunque no seamos conscientes de ello. Abril está en su ecuador y lo que parecía muy lejano en el mes de enero ya forma parte del pasado. La vida vuela y nosotros con ella, por eso, no hay que despistarse porque el presente nos brinda oportunidades que a veces ni siquiera vemos. Por eso, es bueno que en la vorágine de la rutina hagamos un pausa y pensemos, con calma, lo afortunados que somos por tener todo aquello que tenemos y, sobre todo, ser conscientes, que ser felices es el motor que nos lleva a buscar y pelear por aquello que anhelamos. 

Estar feliz es algo cuestionable porque se trata de ser feliz. No es lo mismo ‘ser’ que ‘estar’ y ahí radica el cambio que nosotros mismos tenemos que provocar. Quizás sea bueno reflexionar y no es necesario que sea Semana Santa para ello. Nuestro tiempo vale mucho más que el oro y, por eso, aprender a gestionarlo es vital. Atrás han quedado estos días santos. La Pascua es sinónimo de alegría. Una alegría que tiene que perdurar porque sin ella somos nosotros mismos los que convertimos la ilusión en penumbra. Esto no puede tener buenas consecuencias porque sólo se vive una vez y está claro, a estas alturas del artículo, que ser feliz es lo que cuenta.  

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/43749/despues-de-semana-santa

TIEMPO DE DULCES

Dicen que a nadie amarga un dulce y va a ser cierto porque tras los buñuelos y los huesos de santo  llega la corona de la Almudena. El pistoletazo de salida para los más golosos ya se ha producido porque aunque queda tiempo, los turrones lo inundan todo y los roscones de Reyes ya están en los supermercados. Las lucen de Navidad están colgadas y la cuenta atrás para su inauguración ya está en la cabeza de más de uno. Nos guste o no, y con el mes de noviembre casi recién estrenado, la Navidad va llamando a nuestras puertas. 

Lo de vivir el presente está muy bien, pero es difícil eludir el futuro próximo cuando nuestro día a día está marcado por todos los elementos que nos conducen a los últimos días del año. Las compras también tienen su fecha señalada porque este mes acaba con el “Black Friday» en el que muchos aprovecharán a cumplir los deseos de sus seres queridos. La carta de los Reyes se escribe a diario y los más avispados saben como acertar. 

Quizás y porque depende de uno mismo, el balance de este año es lo que puede esperar. Es cierto que está más que escrito para bien o para mal, pero posiblemente y fruto de vivir el presente pueda haber en este mes y medio un giro de ciento ochenta grados que lo cambie todo, en el caso de que éste pueda provocar más sonrisas y éstas han escaseado en los meses anteriores. Dicen, también, que la esperanza es lo último que se pierde y, por eso, aferrarse a ella no está demás. 

Tampoco está demás, ver de reojo si los propósitos de enero siguen en la lista de pendientes o en la lista de cumplidos. Aquí no hay excusas que valgan porque también es una decisión personal llevarlos a cabo. Aunque el ambiente empiece a tener el matiz navideño, todavía queda más de un mes y medio para renovar esos anhelos o en su defecto apurarse para cumplirlos con la satisfacción que eso conlleva. Quizás, haya sueños que podamos cumplir aunque no estén en ninguna lista. Precisamente, los sueños, muchas veces, no nos dejan dormir. Por eso, despiertos y con los cinco sentidos en alerta hay que luchar por ellos porque la satisfacción tras convertirlos en realidad es inmensa. Igual pasa lo mismo con los propósitos… (eso que lo valore cada uno).

De todas formas, confieso que me gustan las tradiciones. No renunciaré a los dulces a los que he hecho alusión al principio, porque la vida también es compartir con quien quieres esos momentos únicos que solo pasan una vez al año. Reconozco que el chocolate es y será mi debilidad, pero no me olvido que el presente es ahora. Y este “ahora” pasa en un suspiro como para despistarse con lo que vendrá. Cada cosa a su tiempo porque éste hay que disfrutarlo no vaya a ser que luego nos arrepintamos. Todo llega y todo pasa. Es ley de vida, y en la vida día que pasa, día que no vuelve. 

En definitiva, Carpe Diem. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/39143/tiempo-de-dulces

SE ESCAPA EL TIEMPO

Ya hemos superado el ecuador del mes de enero aunque su famosa cuesta parece más empinada de lo normal. La situación que estamos atravesando no es buena y las consecuencias económicas de la pandemia se hacen cada vez más evidentes. La incertidumbre lo envuelve todo y las ansias por recuperar la normalidad también. Estamos a la espera de ver cómo evoluciona la línea de contagios. Se espera que ésta comience a descender, pero es cierto que cada vez conoces a mas personas de tu entorno más próximo que ha dado positivo en algún test. La realidad es así y los que aún seguimos en “negativo” hemos ido esquivando Omicron como hemos podido. 

Afortunadamente, para muchos la vacuna ha sido su mejor aliada para sobrellevar el virus con síntomas más leves. Cada uno es libre de ponérsela o no, pero en ese debate no voy a entrar. Ya se ha encargado el tenista Djokovic de protagonizar todos los titulares en las últimas semanas. Lo suyo era la crónica de una deportación anunciada. Si hay que cumplir unas normas se cumplen y no por ser el número uno estas exentas de ellas. Las personas somos todas iguales y ninguna es superior por mucho ego o poder que tengas. Si bien es cierto, en la sociedad hay unos principios que están en sus horas más bajas, pero que hay que respetar e incluso cuidar. Decían que de la pandemia íbamos a salir mejores y más fuertes, algo más que dudoso tal y como estamos viendo el presente. 

Un presente que sigue en bucle mientras no percibamos que esto se está acabando. El hartazgo hace que nos olvidemos de la esencia de la vida. Hay que seguir, como diría Walt Whitman, extrayendo todo el meollo a la vida, pero sin olvidar los principios que nos unen como sociedad. Es cierto que cada uno tenemos los nuestros personales y estos son irrenunciables. Eso sí, hay quienes son capaces de todo por conseguir sus más anhelados deseos. La personalidad y los principios van de la mano y muchas veces las mayores decepciones vienen de ahí. Conocer a las personas no es fácil y cuando crees que lo has hecho, a veces, llegan las mayores decepciones. También, Maquiavelo nos enseñó en su “Príncipe” la naturaleza de muchas personas…

De hecho, hay personas que llegan a tu vida y se convierten en parte de tu familia y están ahí siempre aunque no notes su presencia. En cambio, hay otras que están de paso por circunstancias o por interés y cuando desaparecen incluso notas que tu propia mochila pesa menos. “El secreto, querida Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces, y sólo entonces, que estarás en el país de las maravillas”. Sabias palabras de un conejo blanco que vivía pendiente de un reloj… La vida se nos escapa más rápido de lo que nosotros creemos y lo mejor es pasarla con quien de verdad importa. El país de las maravillas es nuestro presente, el cual, es único e irrepetible. Hagamos caso a ese conejo porque es importante saber y ser conscientes de que nunca caminamos solos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29826/se-escapa-el-tiempo

MIRADAS AL VERANO

Junio suena a verano, a ocio, a buen tiempo y, después de todo lo que llevamos encima es lógico que lo recibamos con más ganas que nunca. Muchos ya tienen su planes programados, y otros están en ello porque la posibilidad de viajar ha dado un giro a la que ha sido nuestra realidad en los últimos meses. Es cierto que el virus sigue con nosotros, pero la vacunación y la saturación de nuestras mentes por las restricciones han provocado un “efecto llamada” por salir a disfrutar de los placeres de la vida.

Una vida que está llena de esperanza por ver el final de esta pesadilla. Vamos ganando terreno al virus aunque no hay que olvidar, de momento, las precauciones pertinentes. Cada vez cuesta más mantener la distancia porque los reencuentros se merecen más de un abrazo; la mascarilla, con el calor, se hace insoportable aunque hay que aguantar un poco más; menos mal, que lo del lavado de manos ya está más que superado. Lógicamente, con la cifras de la pandemia bajando y las de la vacunación subiendo las sonrisas se reflejan en las miradas. 

Miradas que desean recuperar la normalidad, miradas que reflejan ilusión porque la estación estival y las vacaciones están cada vez más cerca, miradas, en definitiva, que hablan por sí solas. Cada una lleva implícita, en el fondo, más de una historia que la pandemia ha dejado grabada en ellas.

Como también ha dejado en todos nosotros recuerdos que vuelven a nuestro presente ahora más que nunca, porque es complicado no rememorar cómo estábamos hace un año. Un año que ha parecido una eternidad ya que la pandemia ha marcado un antes y un después. Por eso, ahora lo que prevalece es el verbo “disfrutar”. Un verbo que se aprende a conjugar, precisamente, en los peores momentos porque es ahí, cuando las pequeñas cosas toman especial relevancia. Ahora bien, es importante no “olvidar” lo aprendido pero sí los malos recuerdos aunque las cicatrices que deja siempre quedan ahí. Ahora bien, éstas siempre nos dicen dónde hemos estado pero nunca a dónde vamos. 

Obviamente, todavía no podemos poner punto final a la pandemia, pero éste está cada vez más cerca. Confío en que entre todos lo conseguiremos. Estoy convencida de que cuando la vida y el tiempo se alían para bien, el futuro es prometedor y sobre todo, muy enriquecedor. Por eso, hay que seguir soñando y luchando por cumplir esos sueños. El virus nos ha privado de muchas cosas, pero no de la ilusión por todo aquello que saca una sonrisa con solo pensar en ello. Junio acaba de empezar, por delante nos quedan meses cargados de luz para recargarnos de energía. Hay que ir soltando el lastre la pandemia, hay que agradecer a la ciencia su implicación por encontrar una vacuna rápidamente, hay que valorar el trabajo de los sanitarios, en definitiva, hay que ser agradecido. Dar las gracias no cuesta nada, pero sus efectos en quien las recibe dejan huella. 

Van pasando los días y nuestra historia está dando muchos giros a nuestro favor. Dijo Charles Chaplin: “El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.” No le faltaba razón, por lo que espero que se cumplan sus palabras a rajatabla. Ya queda menos…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace a El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/23197/miradas-al-verano

Al 2015 con buena actitud

Esto ya se acaba. Quedan una horas para despedir el 2014 y dar la bienvenida a un año nuevo. El treinta y uno de diciembre es un día de fiesta, de cotillón, de uvas y sobre todo de recuerdos y deseos. Atrás quedan unos propósitos y unos sueños que si a lo largo de estos trescientos sesenta y cinco días no se han podido cumplir, aún se pueden añadir a esa lista, que seguro ya está más que preparada para el 2015.Reloj_Puerta_del_Sol[3]

Con la evaluación personal hecha, el 2014 pasará a la historia como manda la tradición. Millones de ojos estarán pendientes del que es, sin duda, el protagonista de la noche: El Reloj de la Puerta del Sol. Sus doce campanadas nos llevan de la mano al Año Nuevo. Si en la vida en un segundo todo puede cambiar, esta noche, cada tres segundos nos habremos tomado una uva y pensaremos, ilusionados, en todo lo que aún nos queda por hacer realidad. Veremos la felicidad reflejada en los que nos rodean. No es para menos, hay muchos sueños y propósitos por cumplir. Decía el escritor francés, Saint-Exupery: “El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”.

Así que con actitud positiva estrenaremos calendario. Nadie sabe lo que nos deparará el año que comienza pero está claro que la ilusión es el mejor motor para emprender todo aquello que nos hemos propuesto. Es posible que en más de una ocasión “ese motor” haya que engrasarlo con una buena dosis de paciencia pero todo, en esta vida, es cuestión de tiempo.

Así es, en treinta y seis segundos damos la bienvenida a 12 meses, o lo que es lo mismo, 52 semanas. Si hablamos de días son 365. Hay 8760 horas por vivir. Así que no desaprovechemos ninguno de los 525.600 minutos que nos brinda el 2015. Ya escribió Jovellanos que solo falta el tiempo a quien no sabe aprovecharlo. Parece mucho, pero no es tanto. El tiempo vuela, o mejor dicho, recordando al escritor español Sampedro: “El tiempo no es oro; el oro no vale nada, el tiempo es vida”.

¡Feliz Año Nuevo!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

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